-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una adaptación de serie Titanic estrenada en 2012 como conmemoración al centenario del hundimiento del trasatlántico RMS Titanic, no guarda semejanza alguna con la película de 1997, y gran parte de los personajes son de carácter ficticio/Los personaje pertenecen a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización corre por mi cuenta para la dramatización de la historia, así como las modificaciones que sucedan a lo largo de la trama.
Capítulo 4
El barco había iniciado su viaje, y en su interior los pasajeros de todas las clases de acomodaban debida y placenteramente en sus aposentos, algunos aguardando los cotilleos-especialmente de primera y segunda clase-o la cena que tendría lugar por la tarde y noche-por parte de los pasajeros de tercera clase- y que de igual modo se aguardaba sin importar la clase que fuera. Pero si bien los pasajeros tenían la opción de relegarse a sí mismos, ese no era el caso de los tripulantes y trabajadores que se encargaban de aclimatar los salones de primera y segunda clase para que ninguno de los pasajero a quienes deberían de atender tuviera el más mínimo reproche, aunque Sasuke hubo de admitir que no le resultaba molesto ejercer el rol de tripulante, por decir algo. Al igual que el resto de los presentes su labor no era otra que preparar la mesa y posteriormente-más tardíamente esa noche-atender a la elite o clase más alta. No es como si esto distar en demasía de la realidad de su vida, en Inglaterra pasar de la tercera clase un nivel más alto era prácticamente imposible, era por causa de esto que él y su hermano Itachi aspiraban a un futuro mejor en América, allí era mucho más fácil mejorar individualmente su condición de vida.
Como trabajadora de la línea White Star, desde hace años, Sakura tenía el beneficio de poseer un acceso casi total a cada rincón del Palacio, excepto a la Sala de Calderas y solo porque no se le ocurría ir allí o porque no tenía tiempo para hacerlo más bien, así que, por causa de este Acceso Total; no dudo e recorrer los salones del barco y comprobar personalmente que todo estuviera en orden, sorprendiéndose-muy disimuladamente-al dar on el mismo hombre conque había chocado en el pasillo hacia aproximadamente una hora. Con las manos cruzadas tras la espalda, de pie en el umbral de la entrada del salón, analizo con atención los movimientos y gestos de aquel hombre que tanto atrapaba su atención, percibiendo o notando como-al acomodar cada copa en su correspondiente lugar en la mesa, requería de acomodarse las mangas de la chaqueta que claramente eran un tanto más largas de lo que él seguramente querría, ya que le resultaban un tanto estorbosas. Vio su oportunidad de intervenir en cuanto el encargado del personal de primera clase-Kakuzu-hubo abandonado el salón por al menos un instante.
-No lo hicieron para ti, ¿no?- supuso Sakura.
Sasuke se congelo sutilmente en su lugar al escuchar esa voz, levantando la mirada hacia el umbral del salón y encontrándola a ella que le dirigió una cálida sonrisa a cambio, lo cierto es que había esperado no tener la oportunidad de verla otra vez, pero aparentemente la providencia estaba de su lado, y no podía agradecerlo más-mentalmente, claro-de lo que lo hacía en ese momento. Claro que no es como si pudiera decir que la ropa o uniforme que estaba usando fuera perfectamente acorde con su talla, pero…la única pieza de ropa con que tenía problema era la chaqueta, no estaba muy seguro de poder cumplir perfectamente con su trabajo teniendo un uniforme que estaba fastidiándolo más que enalteciéndolo o haciéndolo lucir-política y socialmente hablando-correcto ante la apolillada y costumbrista clase alta.
-Prefiero no pensar en la clase de hombre para el que hicieron esto- afirmo Sasuke, dándose por vencido.
-¿Te lo arreglo?- ofreció Sakura, buscando la aguja en el bolsillo de su delantal.
-Gracias- acepto el Uchiha, aproximándose a ella y viéndola buscar un poco de hilo en el bolsillo de su delantal. No estaba seguro de qué lugar ocupaba ella en cuanto a tripulación se trataba, pero de cualquier forma precia llevar consigo todo lo necesario para salir de cualquier tipo de problema. -Estas preparada para todo- elogio sinceramente.
-En mi trabajo no se llega lejos sin aguja e hilo- rio Sakura, justificando su razón o razones para emplear tales materiales. -Voltéate- indico.
Ella mejor que nadie sabía lo difícil que era iniciar un trabajo como lo que significaba ser tripulante en un barco, había iniciado esta labor cuando era muy joven y aun hoy lo había para ayudar a su familia, su padre había muerto hace año y su madre no contaba con la salud idónea para trabajar, cosa que había llevado a Sakura a ignorar sus sueños de niñez y-a la primera oportunidad-emprenderse en cualquier clase de trabajo, ascendiendo por lo mismo hasta llegar a donde se encontraba, y estaba más que conforme y feliz con eso. Ayudo a Sasuke a quitarse la chaqueta, permitiéndole así continuar con su trabajo mientras ella arreglaba su uniforme. Volteando a verla e intentando no distraerse demasiado en el proceso, Sasuke deseo saber más de ella, porque estaba allí, que planes tenía para el futuro, quería descubrir con aun más magnánima fascinación todo cuanto rodeaba a la mujer que estaba a solo unos pasos de él, no entendía como pero cobraba una importancia sin igual para él y quería comprender todo aquello que la hacía ser quien era.
-¿Es tu primer viaje a Nueva York?- pregunto Sasuke
-No, trabajo para la linea White Star desde hace años- contesto Sakura con total serenidad, sin distraerse demasiado de su labor.
-¿Y no has pensado en quedarte en América?- indago él con igual curiosidad.
-¿Ese es tu plan?, ¿Vivir en América?- rió la pelirosa, intrigada por su opinión.
-Míralo de esta forma, nunca podría beber de una copa como esta, si me quedara en Europa- comparo el Uchiha, alzando una de las copas de cristal que acomodaba sobre la mesa.
-¿Y todos en América comen en porcelana y beben en cristal?- supuso Sakura con ironía.
-Al menos tienen la oportunidad de hacerlo- justifico sin apartar su mirada de la de ella.
Se supone que esa era la razón tras el "sueño americano", como lo llamaba la mayoría de la gente; América era una tierra en auge y que carecía de los comportamientos costumbristas que limitaban a las personas que residían en Europa, además, la oferta de pasar de una clase a otra solo mediante el trabajo era más que atrayente ya que ningún otro lugar de Europa contaba con semejante posibilidad y merecía la pena aprovecharla, no estaba seguro de poder acceder a otra situación semejante ene l futuro y quería tomar las riendas de su propia vida ya mismo, Itachi pensaba igual, así que no había porque esperar más. Sakura no dudaba de la ideología imperante en la mayoría de los pasajeros con respecto a América, pero ya que ella no ambicionaba más de lo que tenía no podía entender el afán por buscar algo aún más lejano y que aportara mayores beneficios de los que quizá, ya disfrutarían, al menos eso pensaba ella. Pero, como siempre, era inevitable que cualquier momento agradable terminara abruptamente, y es instancia no hubo sido diferente para Kakuzu, el encargado del comedor de primera clase, y que calificó como una falta de respeto simplemente colosal que uno de los camareros-más enfáticamente el novato entre ellos-no estuviera totalmente vestido como dictaba el reglamento.
-Uchiha- irrumpió Kakuzu abruptamente, sorprendiendo a Sasuke y a Sakura que de igual modo levanto la mirada, apurando su labor ya terminada para salvarlo de un posible predicamento, -¿puedo saber porque estas a medio vestir?- regaño exigiendo una explicación.
-Su uniforme no estaba bien ajustado, y se lo he arreglado antes de iniciar el servicio- contesto Sakura en lugar de Sasuke, sorprendiéndolo y ayudándolo a colocarse la chaqueta para comprobar efectivamente sus palabras.
Era un tanto absurdo pero; muchos de los encargados del personal era trabajadores que tenían bajo su mando trabajadores con el fin de cumplir un rol determinado, ella lo sabía bien ya que su albor era encargarse del comedor de los pasajeros de primer clase, pero aun así era bastante molesto que personas sin autoridad creyendo poder jactarse de algo que no poseían frente a otras personas que cumplían el mismo rol que ellos. Vaya, se dijo Sakura, riendo mentalmente, puedo ser más persuasiva de lo que yo misma creía serlo. Sasuke mantuvo absoluto silencio, conteniendo su propia satisfacción al ver que la repuesta de Sakura era más que suficiente para Kakuzu que volvió abandonar el salón, aparentemente confiando en que todo se hiciera como se esperaba que sucediera, pero aun así Sasuke no volteo a ver a Sakura hasta estar completamente seguro de que nada le impediría hablarle con libertad, y cuando fue capaz de hacerlo se sintió ligeramente abrumado por la dulce sonrisa de ella que inconcebiblemente siempre parecía tener un ánimo sin par e inigualablemente positivo para tratar a todos, o al menos a él según veía.
-Gracias- contesto Sasuke, recobrado el aliento.
-Sera mejor que me vaya- se despidió Sakura con una luminosa sonrisa.
-¿Te veré más tarde?- consulto el Uchiha, ya ansiando la próxima oportunidad de poder volver a verla.
-Tal vez- se detuvo Sakura, incapaz de negarle explicaciones y sin dejar de sonreírle, -cuando termine la cena estaré en el comedor de sirvientes, aunque tal vez no- bromeo, riendo melodiosamente.
Dándole la espalda y siguiendo con su camino hacia el umbral de las puertas del salón que se mantenían abiertas de par en par, Sakura regreso la aguja e hilo al interior del bolsillo de su delantal, no se estaba fijando por donde iba, pero pese a aquello conocía muy bien el barco, había estado entre los tripulantes de varios de los primeros viajes del RMS Olympic, el barco-hermano mayor del Titanic, y eran tan similares, prácticamente idénticos, que era prácticamente imposible perderse; de hecho, estaba segura de que podría dar con su destino aun cuando le vendaran los ojos. Esta inocencia tan embriagante así como su carisma y bondad la hacían indudablemente atrayente para él pero aun cundo comprendiera que era necesario cumplir co los roles propios que les exigían sus circunstancias como tripulantes, Sasuke no deseaba dejarla ir, aun, no sin saber su nombre.
-No se tu nombre- volvió a insistir Sasuke, siguiéndola antes de que cruzar el umbral hacia el pasillo, desconcertándola por su persistencia, -si tengo que ir a buscarte, debo saber a quién busco- relaciono, justificando su curiosidad.
-No puedo ir muy lejos, esto es un barco- puntualizo un tanto divertida, pero ni ella misma podía evitar desear saber su nombre y conocer más de él. -Sakura, Sakura Haruno- se prestó cortésmente.
-Sasuke Uchiha- se presentó él de igual manera. -¿Te veo más tarde?- reitero con ansiedad
-Yo diría que no veras a nadie si no vuelves al trabajo- señalo la Haruno, observando por encima del hombro de él.
Suponiendo que era aquello a lo que ella podía estarse refiriendo, Sasuke no se sorprendió en lo absoluto al voltear y ver a Kakuzu a un par de pasos de él y que, nuevamente, limitaba hasta donde llegaba su actuar mientras se encontrara en el trabajo. Tendrían que dejar el resto de su conversación para más tarde si es que ninguno de los dos quería pagar un precio inmerecido por ello, peo al menos no eran unos completos desconocidos entre si esta vez. Si, indudablemente estaban iniciando con buen pie.
En el exterior de la nave reinaba un ajetreo casi idílico mientras la gente despedía a los pajeros desde el puerto, viendo como la colosal nave de la línea White Star emprendía su glorioso y entrañable viaje inaugural, que algunos presenciaban con nostalgia, recordando el primer viaje-en su día-del RMS Olympic. Los pasillos del área de primera clase estaban vacíos de ajetreo, todos los pasajeros pertenecientes a esta clase debían de estar preparándose para la cena que tendría lugar esa noche, así que Tenten no tuvo el más mínimo problema en recorrer la escasa distancia que la separaba del camarote en que residían sus padres y a los cuales ingreso cerrado las puertas tras de sí y entornando los ojos al escuchar la siempre eterna charla entre sus padres, siendo tan diferentes entre sí; a Tenten le sorprendía que estuvieran cazados, pero se amaban y eso era lo importante, o eso es lo que ella había aprendido además del hecho de títulos y privilegios nobiliarios.
-¿Por qué tenemos que tomar el té con ellos?- gruño Jin, sentándose frente a la mesa
-Para ser educados, Akimichi trabaja para mí- justifico Raido, sonriéndole disimuladamente a su hija que se abstuvo de reír.
-Entonces he de suponer que ya cobra por ello- supuso lady Namiashi con espontanea displicencia. -¿Cómo está tu camarote?- pregunto a su hija, revisando la correspondencia traída a su camarote momentos atrás.
-Bien, igual que este- contesto Tenten observando con curiosidad todo a su alrededor y observando disimuladamente a los criados que acomodaban sus pertenencias.
-Que bien, el capitán estará en nuestra mesa en la cena- leyó Jin, sonriendo para sí misma ante este privilegio.
-¿Qué hora es?- consulto Tenten, tomando el reloj del bolsillo del traje de su padre. -Sera mejor que me cambie-planteo, devolviéndoselo luego de haber visto la hora.
-No te cambies, nadie se cambia la primera noche- declaró Raido.
-¿Por qué?- cuestiono Tenten, necesitando una explicación.
-Es la costumbre, solo arréglate un poco- reitero Jin.
-Sigo sin entender porque- insistió Tenten, cruzando los brazos por sobre su pecho.
Tenten era alguien particular para su propio entorno, clase y época, por decir algo parcialmente, era individualista y tremendamente feminista, consideraba que la igualdad de las mujeres debía ser respetada a toda costa, por esto-contra al voluntad de sus padres-es que participaba de manifestaciones sufragistas y demás, luchado por su férrea creencia de igualdad. Sabía que la sociedad londinense y europea como tal era tremendamente apolillada, restrictiva y costumbrista, por eso y pese a su renuencia tenía pensado disfrutar el viaje en que ella y sus padres se embarcarían a América en pro de que un cambio de aire la resultase provechoso, pero lejos de esta forma de pensar Tenten parecía más inspirada a regresar el viejo continente con ideas más modernistas, anarquista y feministas, porque estaba convencida de que en el "nuevo mundo"-como se le había apodado en el pasado-no pensaban con tantas limitaciones como hacían en Londres o Europa. A Jin no le hacia la más mima gracia la insistente negativa de parte de su hija, pero desde hace años se ha resignado a ignorar este actuar de parte de Tenten, ya que desgraciadamente no podía cambiarla, ni es como si pensara en cambiar a su guerrillera hija.
-¿Qué importancia tiene?- rió su padre, intentando entender su negativa a este proceder
-Pues, no me gusta eso de las costumbres, si hago algo me gusta saber porque lo hago- justifico Tenten, manteniendo su individualismo.
-No durarías mucho en el ejército- bromeo Raido, pellizcándole la nariz.
Entornando los ojos, Tenten solo asintió, complaciendo a sus padres. En ocasiones no podía ganar cada batalla que estuviera frente a ella, eso lo entendía bien, pero nunca se daba por vencida, por eso seguía insistiendo tanto en cambiar las cosas, quería formar su propia vida, no que alguien luchara las batallas por ella y le ofreciera todo en bandeja de plata; quería autonomía.
Era considerablemente inevitable que el atardecer y la noche se cerniera con prontitud sobre el coloso buque que surcaba los mares y que ya había hecho una brevísima parada en Cherburgo para recoger más pasajeros, y ahora que los ilustres pasajeros de primera clase estaban reunidos en el salón comedor para disfrutar de su primera noche en aquel viaje inaugural, los sirvientes de primera clase gozaba de su propia oportunidad de tener un respiro y cenar entre compañeros de labor. Naruto mantuvo la puerta abierta para que la señorita Hinata Hyuga ingresara, ambos servían a la familia Namiashi desde hace años y si bien su relación era…amistosa, Naruto albergaba sus dudas y opinión propia al respecto, y Hinata igual, no es como si-individualmente-fueran desagradables entre sí, pero sostenían diferencia que tendían a aparecer irreconciliables, pero las ignoraban para asistir a lord Raido y lady Jin Namiashi, respectivamente. Allí, presentes, se encontraba un considerable grupo de personas, como era esperable en una situación así.
-¿Cenan aquí los sirvientes de primera clase?- corroboro Naruto.
-¿Por qué, hay muchos sirvientes en segunda clase?- pregunto uno de los presentes de forma arisca. -¿Para quién trabaja?
Naruto mentiría si dijera que no estaba habituado a circunstancias semejantes con que tratar en su vida; era irónico pero en privado los propios sirvientes pese a su condición como tal tendían a comportarse como si fueran miembros de la aristocracia al igual que sus amos o patrones para luego rendirles pleitesía y bajar la cabeza estando frente a ellos, nada más alejado de la realidad; claro que Naruto jamás actuaba de esa forma ni pensaba así pero era un tanto incongruente que se pudiera ser tan cínico, él y el conde Raido Namiashi eran muy cercanos entre si y los años de servicio que Naruto llevaba con él le había garantido su amistad, no soñaría con aspirar a más, pero era entre divertido y burlesco que esto sucediera con otros individuos.
-Soy el mayordomo del conde Namiashi, y ella es la señorita Hyuga- presento el Uzumaki.
-Dama de compañía de la condesa- añadió Hinata, agradecida por la defensa presentada.
-Señorita Hyuga, Misuno Zai ¿dama de la condesa Therumi?- se presentó Misuno avanzando hacia ella esperando que la recordase.
-Ya recuerdo, nos conocimos en casa de la duquesa Yamanaka- sonrió la Hyuga.
-En efecto- sonrió Misuno con indiscutible amabilidad.
En viajes y reuniones aristocráticas era inevitable coincidir y reencontrarse con amigos muy queridos, más Naruto esta vez no contaba con esta oportunidad, no como Hinata que entablaba amistades con mayor facilidad ante lo que significaba servirle a una condesa, ni más ni menos, así que indudablemente-y sin llegar a vanagloriarse con aquello-Naruto sabía que debía sacarle partido a u galantería y hacer más llevadero el viaje conociendo a alguien. Sara bebió tranquilamente de su taza de té, observando distraídamente a los presentes que formaban círculos propios con que sostener charlas y entablar o reintegrarse a amistades de cualquier tipo, al igual que los presentes; ella igualmente disfrutaba la quietud de este momento libre para destensarse un poco del trabajo, pero desgraciadamente no conocía a nadie de entre los presentes como para entablar una conversación duradera, por lo que decididamente e mantuvo al margen de la mayoría de los presente, o al menos lo hizo hasta que un galante caballero rubio se el acerco sonriéndole amigablemente, saludo al que Sara respondió de igual modo.
-¿A quien asiste usted?- curioseo Naruto
-A Madame Emi- contesto Sara.
-¿Y viaja sola?- se interesó él, ya que no tenía idea de la lista total de pasajeros de primera clase que encontraban a bordo del barco.
-Nada de eso, esta con el señor Jiraiya, el millonario- aludió Sara, dirigiéndole una mirada que el Uzumaki comprendió de inmediato.
-Entiendo- sonrió Naruto, siguiéndole la corriente.
-¿En verdad lo entiende?- bromeo la pelirroja, genuinamente cómoda con él que era más que agradable.
-Puede que él no, pero yo sí, perfectamente-intervino Hinata, restringiendo el comportamiento de Naruto como sentía que era su deber.
-Discúlpeme- se excusó el Uzumaki, disculpándose con Sara que le sonrió amistosamente.
Estaba tratando con una mujer agradable y estaba distrayéndose por unos míseros minutos que quizá olvidaría estando al servicio de lord Namiashi, y aun cuando esto y otras cosas fueran simples nimiedades, Naruto no entendía porque Hinata siempre tenía que acabar por dirigir sus acciones y estipularle lo que estaba bien y estaba al; si, el comportamiento de ella no poseía macula alguna pero aun así Naruto no creía haber cometido un crimen que mereciera la pena capital como para que ella lo lapidara de aquella forma tan insistente. Obsequiándole una última mirada a Sara, Naruto se dirigió hasta donde estaba Hinata, sujetándola suavemente del brazo y guiándola a un punto apartado del salón para que nadie más tuviera que escuchar su conversación o fuera a divertirse curioseándolos. Hinata no necesito una explicación para saber lo que Naruto diría, lo conocía bien, pero de todas formas le molestaba la ligereza con que se tomaba todo cuanto sucediera, como si nada tuviera una consecuencia y no tuviera que preocuparse por nada más que su propia satisfacción y placer. Su calidad de sirvientes impedía deseos semejantes, primero estaba su trabajo y luego ello, las cosas eran así de sencillas.
-No empecemos el viaje con mal pie- mascullo Naruto, viéndola entornar los ojos ante su regaño, -¿No podemos llevarnos bien con ellos? Es solo una semana- pidió encarecidamente.
-Señor Uzumaki, como ambos sabemos, no comparto su elasticidad moral- recordó Hinata, objetando ante su criterio de fingirse de la vista gorda. -Yo tengo principios y usted no, esa es la diferencia- puntualizo, enfatizando nuevamente las diferencias entre ambos.
Parte de lo que significaba ser miembro de la tripulación o trabajar al interior de un buque significaba cumplir con un horario y reglamento que igualmente estipulaban un tipo de conducta, así que Sakura siempre cumplía con ello en su sólida experiencia. Una parte de ella se sentía ansiosa y expectante de a quienes vería o atendería en este viaje trasatlántico, pero y si bien esto le otorgaba curiosidad el verdadero centro de su atención-en ese momento-se encontraba lejos de aquel lugar, cumpliendo con sus propias responsabilidades-muy similares a las suyas-en el comedor de Primera Clase y pensando con ella en el posible tercer encuentro entre ambos y que se había prometido sostener en cuanto pudieran, al fin y al cabo ya sabían sus nombres y roes, esto era suficiente por ahora. Pero, por ahora era mejor que se olvidara de estos pensamientos y cumpliera con su deber y trabajo, luego de esta rutina indiscutiblemente podría hacer o pensar lo que quisiera durante su breve descanso luego de la cena. Carraspeo ligeramente, llamado la atención e los presentes que entonces repararon en su repentina presencia.
-¿Les gustaría ocupar sus lugares para cenar?- dispuso Sakura.
-Disculpe, todos somos empleados de familias inglesas y escocesas, ¿podemos sentarnos juntos?- consulto Hinata observando a Misuno que asintió, compartiendo su opinión.
-Si eso quieren- acepto la Haruno con una sonrisa.
Su planteamiento así como al petición de la Hyuga fueron más que suficientes para que todos comenzaran a ocupar sus lugares correspondientes en la larga mesa, aun así manteniendo los mismos grupos de conversación que habían tenido lugar anteriormente. Naruto de momento se negó a ocupar su lugar, deseando quitarse una duda de encima con respecto a la encantadora y muy amable camarera que se mantuvo de pie pacientemente y aguardando a que da persona ocupase su lugar en la mesa. Como siempre, no existía prisa laguna, por lo que Sakura al menos tuvo un ápice de segundo en que divagar por su pensamientos, o al menos hasta que el Uzumaki se hubo acercado a ella, y tras él se encontraban la señorita Hyuga y la señorita Zai, aún se encontraban otros tantos presentes, revoloteando y concluyendo sus conversaciones antes de decidirse buscar un punto coincidente en la mesa y que fuera de su completo agrado.
-¿Atiende siempre a los criados y mayordomos?- supuso Naruto.
-Normalmente, también atiendo los camarotes de los pasajeros de segunda clase- confirmo Sakura.
-Somos pasajeros de primera clase- objeto Misuno ante esta posible comparación.
-Son sirvientes de primera clase, en todos los sentidos-corrigió Sakura sin perder su buen humor.
Como siempre existían desavenencias, pero lo importante era hacer llevadero el viaje, no forjar amistades, aunque-en cuanto a esto-creía tener a alguien en mente co quien confraternizar en algún momento futuro, si la ocasión lo permitía, claro.
El momento crucial de la noche estaba por tener lugar, y en la sala contigua al portentoso salón se hallaban reunidos ya varios o l gran mayoría de los más ilustres presentes entre los cuales claramente se encontraba Hiruzen Sarutobi, el "Capitan de los Millonarios" y Capitán de aquel elegante y confiable trasatlántico a quienes inmediatamente se acercó la familia Namiashi que habría de compartir la mesa con él. Frente a él estaba el hombre más adinerado que pudiera estar en aquel portentoso buque; nada más y nada menos que Kiba Inuzuka, un orgulloso y exitoso empresario estadounidense, constructor de bienes raíces, inversor, inventor, escritor, teniente coronel de la Guerra hispano-estadounidense y miembro prominente de la familia Inuzuka, así como decenas de otras características que solo conseguían enaltecerlo, junto a él y luciendo irrefutablemente elegante se encontraba su esposa Tamaki que mantenía las manos cruzadas sobre su vientre para ocultar lo mejor posible su embarazo de cinco meses y que-pese a su posición social-resultaba polémico, Kiba era 29 años mayor que ella, divorciado y tenía dos hijos; sin embargo, y pese a la oposición familiar ambos gozaban de un matrimonio bienaventurado y que los hacia felices, se suponía que eso era lo importante. Hacía apenas un año habían partido de luna de miel en el RMS Olympic, en el viaje previo a su colisión con el HMS Hawke, posteriormente sosteniendo una larga luna de miel en Europa y Egipto para esperar a que los chismes o polémicas sobre su matrimonio se calmaran.
-Lord Namiashi, ¿conocemos a los señores Inuzuka?- presento Hiruzen.
-Buenas noches- saludo Kiba.
-Es un placer- sonrió Tamaki.
Pero y si bien el matrimonio Inuzuka bien podía acaparar las miradas de todas las formas posibles, alguien apareció atrapando la atención del capitán Sarutobi que conocía muy bien a dicha persona; la señorita Mirai Sarutobi, una muy talentosa actriz y modelo que se estaba haciendo muy conocida y cuya aplastante belleza dejaba a muchos de los presentes totalmente boquiabiertos. Tras unas bien merecidas vacaciones de seis semanas en Italia con su madre, Mirai había decidido abordar el Titanic para regresar a Estados Unidos para hacer una nueva serie de cintas. Lo cierto es que, y pese a su éxito, Mirai no podía decir que su vida había sido fácil, porque si lo dijera esto resultaría una mentira aún más colosal que el propio Olympic y Titanic, juntos. Su padre había muerto cuando ella solo había contado con tres años de edad, y su madre había vuelto a casarse enviudando nuevamente años más tarde. Desde una edad temprana y de forma independiente había recurrido a actuar como cantante y bailarina en diversas producciones teatrales y de vodevil para surgir y ganar un futuro mejor para ella y su madre, actuando en "The Dairymaids" hacia solo cinco años atrás, también había sido corista en espectáculos, y para mayor "reconocimiento" se había casado, pero estaba separada desde hace un año, aunque el divorcio no estaba concretado. Bueno, nadie era perfecto, pero vivir era lo importante y ella sabía como hacerlo y muy bien.
-Y un toque de glamour para su mesa, ¿Ya conocen a la señorita Mirai?- presento el Sarutobi, alzando la mirada hacia la bellísima joven que rió abrumada.
-Lo dudo- sonrió Mirai. -No creo que les interese un trabajo como el mío- bromeo, haciendo inconsciente alarde de su avasallador carisma. -Esta es mi madre- presento ignorándose a sí misma y enalteciendo a su progenitora.
-Hola- saludo Kurenai.
-La señorita Mirai es una estrella de cine- chillo Tenten muy disimuladamente y para que únicamente su madre la escuchara.
Esta mención o elogio de parte de Tenten iba dirigida para expresar lo halagada que se sintio en cuanto la aclamada celebridad le estrecho la mano, pro su madre Jin pensaba diferente, para ella alguien que ascendiera tanto desde un lugar tan bajo nunca dejaba de ser insignificante, por no hablar de que sus intenciones jamás eran claras, y su reputación…todo un escándalo. Pero se suponía que esa era la diferencia entre Europa y América, el rompimiento con las normas y conducta habituales. Como siempre era habitual que se alardeara de los pasajeros que convivían en tercera clase, y ya se estaba haciendo eco con el matrimonio Inuzuka, así como con la señorita Mirai, pero si una familia se hacía notar por su grandeza americana era la familia Hyuga, una ilustre dinastía de empresarios de Filadelfia, Pensilvania, y que habían decidido abordar el Titanic en Cherburgo para regresa a los Estados Unidos.
-El señor y la señora Hyuga, y su hijo, Neji- presento Hiruzen.
-Hola. Kiba, que gusto verte- saludo Hanako, la madre de Neji, sonriéndole amistosamente al ilustre y adinerado señor Inuzuka.
El heredero de la familia Hyuga, -hijo de los señores Hizashi y Hanako Hyuga-Neji, inexplicablemente sintió como su atención era irremediablemente atrapada por una de las presentes, la hija de los condes Namiashi según no había escuchado mal, no tenía idea de su nombre pero ansiaba saberlo, usualmente era distante de los cotilleos y socializaciones, pero con solo verla ya ansiaba saber más de ella. Su habitual comportamiento y tendencia a participar de manifestaciones publicas había hecho que Tenten pudiera actuar con naturalidad, igualdad u osadía frente a las personas, y no le molesto romper con cualquier regla a la hora de centrar su atención en el hijo de la familia Hyuga, quien le sostuvo la mirada y viceversa por al menos unos cuantos segundos, sonriendo para sí y mordiéndose el labio inferior con sutileza, guardando para sí misma su opinión con respecto a lo atractivo que era. No había muchos jóvenes americanos-de su edad-en el buque, conocer a alguien con quien compartir ideales quizá fuera una buena oportunidad de entablar amistad y tal vez algo más.
-Tal vez podamos entrar…- supuso el capitán hasta que finalmente hubieron llegado los últimos integrantes de su mesa, -oh, el señor y la señora Shiba- presento en cuanto estos hubieron hecho acto de presencia.
-Perdón por haberlos hecho esperar, pero tenía que ver a donde habían llevado a mi cariñito- se disculpó Hana.
-Su pekinés, los perros deben viajar en jaulas- explico su esposo, Kankuro.
-Haimaru en una jaula, me siento como William Gilbert, ¿Quién liberara a los perros?-cito Hana burlonamente.
-Estoy con usted, también encerraron a mi perro- apoyo Kiba, -¿Por qué no iniciamos juntos una revuelta?-alentó
-Sin duda- asintió Hana, emocionada con su oferta.
Su oferta no era el vano, el mismo había abordado el Titanic en compañía de su leal amigo y mascota; Akamaru, y en lo personal-justo como a la señora Hana-no le hacía gracia mantenerse alejado de su amigo que estaba alojado en los comportamientos de equipaje, en una jaula. Bueno, encontrar amistades en viajes de ese tipo jamás era un problema.
Las puertas del salón comedor fueron inmediatamente abiertas en cuanto cada uno de los pasajeros se hubo encontrado en su correspondiente lugar, sin excepción alguna, permitiendo así que fueran tendidos debidamente. Ciertamente los allí presentes-europeos, londinenses o americanos-eran únicamente personalidades cualquiera, pero su elite, nivel social o superioridad aristocrática o montaría los hacia cobrar importancia como para merecer ser tratados como si fueran miembros de la realeza. Pero esta compleja apología era nada cuando se formaba un vínculo que unía a las personas, y eso es lo que sucedía entre Tenten y Neji que se encontraban sentados juntos y que aprovechaban en su totalidad la ocasión de conocerse mejor, compartiendo sus logros y analizando o comprobando así que era lo que tenían en común. Usualmente Tenten se reservaba su opinión para sí misma y así evitar discrepancias innecesarias, pero con Neji estaba descubriendo que coincidía en muchas ideas de la que ya discutían los americanos en el nuevo mundo, se sentía totalmente a gusto tratando con él.
-Mi mayor posesión, son los ensayos de Francis Beicon- admitió Neji para encanto de la joven.
-¿Primera edición?- se interesó Tenten genuinamente.
-No la primera, la segunda; 1598-rió Neji, ya que lamentablemente no había conseguido dar con semejante tesoro. -Se la mostrare si quiere- ofreció recibiendo un inmediato asentimiento de parte de la señorita Namiashi.
-Es triste que todos nuestros libros y fotos antiguas estén emigrando estos días- suspiro Tenten tristemente.
-Buscando una vida mejor- corrigió Neji, evitando que se entristeciera.
El conocimiento era un logro, eso es lo que Neji pensaba al respecto de los libros que consideraba su auténtico tesoro, y en espera de adquirir más conocimiento legado del pasado es que se estaba transformando en un asiduo coleccionista de libros, sin molestarse en ocultarlo. Hanako guardo absoluto silencio, observado con una sonrisa el comportamiento tan abierto y fraternal que había surgido entre él y la señorita Namiashi; Neji, sumergido en la lectura y erudición, tendía a alejarse de las personas ascendiendo en los estratos del conocimiento y la teología, la sorprendía que hubiera encontrado a alguien con quien sentirse cómodo, o más bien tan pronto. Además, la señorita Tenten era muy bella y provenía de una familia de influencia muy respetada…no le molestia tenerla como nuera, en el más glorioso de los casos, aunque aún no sabía si era correcto o posible aspirar a tanto. Raido se encontraba sentado junto a la señora Hyuga y hubo analizado con igual sorpresa la amabilidad y amistad compartida por su hija y el heredero de los Hyuga, había creído que Tenten se mostraría más aria o respecto al viaje en el Titanic, pero aparentemente no era así.
-Neji parece divertirse- admiro Hanako para curiosidad del conde Namiashi, -normalmente es muy tímido- añadió como justificación.
-Eso no es un problema para Tenten- corroboro Raido.
Ambos padres se sonrieron entre sí; tenían la misma idea en mente.
La cena había acabado hacia solo un par de minutos, y aun cuando tuviera deberes que cumplir como sirvientes que eran, contaban con tiempo sobrante en que divertirse hasta que terminar la cena de los pasajeros de primera clase, cuando decididamente habrían de regresar a sus labores, pero por ahora aun contaban con tiempo que desperdiciar en sí mismos. Sakura termino de recoger los platos y piezas de porcelana de la mesa siendo voluntariamente ayudada por varias de las propias doncellas, no es como si precisara ayuda en su trabajo, de hecho se bastaba sola para cumplir con sus responsabilidades, porque así podía sentirse útil como tanto le gustaba actuar, manteniendo su independencia, pero la ayuda obsequiada siempre era bien recibida fuera cual fuera el motivo. Hinata se dirigió hacia uno de los sofás del salón, cargando entre sus manos un libro, pero no cualquier libo; uno que jamás abandonaba y que deseaba leer en aquel instante libre para así sentirse próxima a su hogar, sentir que no importaba la distancia para que los sentimientos la mantuvieran cercana a los suyos, a quienes tanto amaba.
-¿Le gustaría un juego?- ofreció Naruto.
-No, gracias, prefiero leer- desestimo Hinata, sentándose sobre el sofá y dándole la espalda al rubio.
Había leído aquel libro decenas de miles de veces, sabia como iniciaba, como se desarrollaba, que había en él y como terminaba, pero aun así no se aburría al leerlo, era un obsequio de su padre Hiashi que se encontraba enfermo, su hermana menor Hanabi era aún muy joven como para trabajar así que se dedicaba a cuidarlo, y Hinata daba cada céntimo de su salario para comprarle medicina, pero el dinero llegaba volverse insuficiente aun en su condición como sirvienta y doncella de una condesa, sabía que si le alcanzaba para medicina no podría comprar comida y viceversa, pero quería creer que aun había esperanza, algo que hacer, eso le había enseñado su madre que había muerto hace ya muchos años, que no debía darse por vencida. Hinata era alguien muy seria y reflexiva, o eso es lo que Naruto podía inferir de ella pese al largo tiempo que llevaban conociéndose y trabajando juntos, no recordaba haberla visto u oído reír, y aunque su idea fuera arriesgada; una broma siempre era motivo de risa, así que sin demora es que el Uzumaki se situó tras ella, sorprendiéndola al quitarle el libro de las manos.
-¿Qué tenemos aquí? Las fabulas de Esopo, no lo he leído- bromeo el Uzumaki.
-¿Puede devolvérmelo?- pidió Hinata.
Conocía muy bien a Naruto, era alguien alegre, infantil y muy bromista, si algo le producía divertimento sencillamente lo hacía y este caso hacia ella no era diferente, por lo que-levantándose el sofá e intentando alcanzar su libro-Hinata no dudo en intentar pedirle aquello que era valioso para ella con el máximo respeto, pero Naruto alejo el libro de ella, alzando su brazos, continuando con la broma. Solo quería escucharla reír, en tanto esto sucediera le devolvería el libro, no era su intención molestarla, pero si saber si era realmente capaz de sentir a efusividad propia de su género como mujer…pero la interferencia era algo que escapaba de su control, sorprendiéndolo en cuanto uno de los sirvientes se hubo autoinvitado a la broma, quitándole el libro de las manos. Naruto se hubo arrepentido de inmediato de haber pensado en aquella broma en cuanto vio como burlescamente e pasaba el libro entre sí, volviendo la broma que él había ideado en un juego de mal gusto, un juego infantil con el propósito de fastidiar y hacer que ella se sintiera mal, nada parecido a lo que él había dilucidado inicialmente.
-Por favor, por favor- rogó la Hyuga.
-A mi querida y pequeña Hinata, espero que estos ejemplos sean una fuente de fortaleza durante tu vida, de papá, navidad de 1891- leyó burlescamente uno de los sirvientes.
-Está bien, ya es suficiente- intervino Naruto.
-Ya basta, terminen con esto- espeto Sakura de inmediato.
Había ignorado el inicio de esta broma porque había pasado por ella en ocasiones anteriores en su vida, pero cuanto más tiempo pasaba más se percataba Sakura de que eso ya no era una broma, era una situación humillante y agresiva, ya no era algo de lo que mereciera la pena reírse y eso lo notaron o reconocieron varios de los presentes que hubieron guardado total silencio, sin saber qué es lo que pasaría. Esperando que pudiera intervenir y dar por terminada aquella "broma" que había iniciado con un fin conscientemente diferente, Hinata levanto su suplicante mirada hacia Naruto que-con o sin la petición de ella-pretendió quitarle el libro de las manos al hombre…que lo ignoro arrojándolo en la dirección de alguien más que lo atrapo a tiempo, pero fue horriblemente claro para Hinata escuchar como una de las páginas del libro sufría un corte entre la atrapada.
-¡Devuélvanmelo!-exigió Hinata, perdiendo la paciencia
-Regrésenselo, por el amor de Dios- ordeno Sakura, harta de semejante broma.
-Devuélvaselo- sentencio Naruto al hombre, arrebatándole el libro de las manos, revisándolo minuciosamente y tendiéndoselo cuidadosamente a Hinata. -Lo siento, solo quería hacerle una broma, puedo arreglarlo si quiere- se disculpó señalando el pequeño rasgón que tenía una de las páginas.
Realmente lo sentía, su intención al momento de jugarle aquella broma no había sido ofenderse, lo cierto es que desconocía muchas cosas con respecto a la familia de Hinata pero elegía que permanecieran así, ella tendría su motivos para mantener su vida privada en el anonimato, pero el resultado de la broma era sencillamente espantoso y lo reconocía. Hinata solo asintió tristemente, aferrándose al libro a su pecho sin dirigirle una sola mirada, abandonando con lentitud y en silencio el salón, haciendo más grande la culpa que Naruto sentía.
Tenía que disculparse con ella y merecer su perdón.
Primera clase estaba llena de cotilleos, segunda clase puro ajetreo y chismes, pero tercera clase…allí había un caos gloriosamente divertido en su espontanea naturalidad, sin restricciones de ninguna clase, dese luego que ser atendidos o servidos por mozos era algo nuevo para algunos, pero para la mayoría que bebían y charlaban a gusto no era algo muy diferente del habitual aspecto que tendría una taberna de categoría cualquiera, o así es como Pein veía las cosas, acompañado por Nagato Uzumaki. Estar ahí reunidos, apelotonados, para abreviar más las cosas, era inevitable fraternizar y encontrar a individuos con que sentirse lo bastante cómodo para entablar conversación, y Pein no hubo desaprovechado la oportunidad pese a su pasado y antecedentes que afortunadamente nadie conocía. Ambos continuaron con su conversación en tanto el mesero hubo dejado frente a ellos dos copas con cerveza, para hacer más amena y agradable la conversación de lo que ya de por si era.
-¿Y por qué Nueva York?- inquirió Nagato con curiosidad.
-¿Por qué no?- cuestiono Pein, bromista y con un tono filosófico en su voz. -Mis razones no son diferentes de las de los demás- añadió, divagando y ocultando su motivo para abandonar su tierra natal en pro del sueño americano. -Europa ha sido un error para mí, quiero empezar de nuevo- relaciono, bebiendo de su cerveza.
-¿No deberíamos quedarnos para cambiar las cosas?- refuto
-Ya lo intente lo suficiente- rió Pein, divertido con su idealismo.
-¿Te has rendido?- supuso Nagato, siguiendo su ánimo bromista y satírica.
-Y me da igual que la gente lo sepa- contesto Pein, encogiéndose de hombros. -Que los oprimidos se levanten contra el látigo de sus amos, me voy al nuevo mundo y no pienso volver- sentencio alzando su copa.
-Salud- apoyo Nagato, coincidió, chocando su copa contra la de él.
Konan se hubo mantenido alejada de aquella conversación, claro que recordaba a aquel hombre llamado Pein, le había hecho un favor insuperable hacia horas atrás, antes de abordar el barco, encontrando a su hijo menor, pero aun cuando tuviera la opción de participar de la conversación, se negaba a hacerlo. No entendía como o porque pero se sentía incomoda en presencia de él, una atracción extraña que no podía controlar y que sentía y ante la que él parecía corresponderle como si leyera su mente. Centrada en su trabajo de costura, Konan se sobresalto al dejar caer un carrete de hilo, congelada e incapaz de levantarse par recogerlo en cuanto lo vio rodar en dirección hasta donde estaba Pein. El pelinaranja se inclino para recoger el carrete de hilo, sucesivamente acompañado por ele Uzumaki, acerándose hasta la esposa de este, percibiendo silenciosamente-para si mismo-el modo en que respondía a la misma atracción que sentí por ella; no era una atracción cualquier, sabia diferenciar por su cuenta la profundidad de los sentimientos que estaba albergando por ella y que eran más que simple, vasallaje a su belleza.
-Se le cayó esto- tendió Pein.
-¿No le das las gracias?- cuestiono Nagato ante la negativa de su esposa
-Gracias- asintió Konan para no causar una discusión.
-Él es Pein, ella es mi esposa Konan-presento el Uzumaki, decidiendo hacer lo mismo que ella y así evitar un problema.
-Un placer, señora Uzumaki- declaro el pelinaranja.
De no ser por la presencia de Nagato, Konan se hubiera sentido perdida, tan próxima Pein que se mantuvo de pe tras ella, sonriendo sutilmente-para no ser descubierto por Nagato-al comprobar que la atracción sentida era tan compartida como él ya sabía o intuía que era, pero oculto su satisfacción, volteando a ver a Nagato, fingiendo absoluta ignorancia antes de dejar el carrete de hilo sobre la mesa, frente a Konan, y regresando de forma absolutamente calmada a su lugar, como si no hubiera sucedido absolutamente nada. Nagato se mantuvo de pie hasta que Pein hubo regresado a su lugar, acercándose con cautela a su esposa por si es que algo le molestaba o se sentía mal, puesto que actuar con displicencia no era propio de ella, jamás lo había sido en lo absoluto y necesitaba entenderla.
-¿Te ocurre algo? Eso no es propio de ti- se preocupó Nagato.
-No es nada- desestimo Konan, levantándose.
La señora Uzumaki junto prontamente todas sus cosas, cargándolas y abandonando el salón rumbo a sus aposentos sin demora alguna, no podía rendirle explicaciones a Nagato, mucho menos si ni ella misma podía entender lo que estaba pasando o lo que sentía por Pein.
Sakura acomodo distraídamente el mantel de la mesa, aguardando pacientemente en los últimos minutos que tenia de tiempo libre, sentada frente a la mesa y ya sin saber qué hacer para pasar los pocos segundos que le quedaban. No era específicamente seguro que Sasuke fuera a buscarla ese día exactamente, quizá estuviera tan atareado como ella, pero una parte de si le decía que esperara y viera que podía suceder, pero su tiempo se estaba agotando y lo corroboro al revisar el reloj que pendía del bolsillo de su delantal, debía dirigirse a su trabajo y esa era la única verdad certera que sabía que debía de ser así. Había perdido la cuenta de cuantos pasillos había recorrido lo más rápido posible, pero había corrido como nunca, porque se había quedado luego de su hora de trabajado y luego de que la cena hubiera llegado a su fin, cumpliendo con un castigo que no entendía como había caído sobre él, pero lo importante para él en ese momento no era eso sino más bien dar con Sakura, y suspiro con alivio para sí-recuperando el aliento-en cuanto la vio erguirse de la silla y voltear a verlo al escucharlo aparecer tras ella.
-Perdón, lamento no haber llegado antes, el jefe se enfadó conmigo y me obligo a limpiar todas las copas y tazas del barco- se disculpó el Uchiha de inmediato, daño todo de sí para no ofenderla por algo que ni siquiera comprendía como le había sucedido.
-¿Y por qué?- se sorprendió Sakura
-Por todo y por nada- contesto Sasuke ya que ni él entendía el motivo.
-Oh- fue lo único que Sakura pudo decir, asimilando este hecho, pero recordando de inmediato que el tiempo libre se le estaba agotando rápidamente y que debía dirigirse a su trabajo. -Bueno, yo estuve aquí como te dije, y ahora debo irme- declaro siguiendo con su camino.
-Pero es temprano, tenemos algo de tiempo para caminar- discutió él, siguiéndola de forma insistente.
-No es pronto, y no tengo tiempo para nada- contradijo ella, sin detener su andar, absteniéndose de reír al ser seguida por el Uchiha.
Estaba en ese barco por una razón; cumplir con su trabajo o con un fin determinado y declarado por el reglamento de la línea White Star, no podía hacer su voluntad en el horaria que correspondía a su hora de trabajo, debía acatar las reglas por los cinco días que durara el viaje a Nueva York, luego de asistir a las damas de segunda clase tendría tiempo libre, pero eso sucedería casi a media noche o un poco antes, y para eso aun faltaba tiempo. No quería sonar descortés, pero no tenía tiempo para pasarlo con él, aunque deseaba hacerlo. Había esperado todo el día-desde que se habían despedido-conteniendo su ansias de hablar con ella, aceptando ese "castigo" y cumpliéndolo a increíble velocidad, no, esta vez no esperaría, la seguiría a donde fuera con tal de pasar unos cuantos minutos más con ella, y algo le decía que estos pensamientos eran correspondidos de parte de ella, no importa a donde pensase en dirigirse, él estaba más que dispuesto a seguirla.
-¿A dónde vas?- insistió Sasuke, sin dejar de seguirla
-A atender a las damas de segunda clase- contesto la Haruno, aludiendo su rango como camarera de segunda clase.
-¿No pueden arreglárselas sin ti?- cuestiono el Uchiha, deseando pasar más tiempo con ella, conociéndose mejor
-Espero que no, si pudieran yo perdería mi trabajo- rio Sakura, divertida por su pregunta.
-¿Puedo ir contigo?- consulto Sasuke ya que, de momento, esta era la única forma de seguirla.
-¿Dónde?, ¿A los camarotes?- pregunto ella, deteniéndose producto de la sorpresa ante su atrevimiento.
-No, pero podría acompañarte por la cubierta, tal vez- ofreció el Uchiha, justificando su disposición.
-¿Cómo llego por ahí a segunda clase?- cuestiono Saura, notoriamente desconcertada por su sugerencia.
Había viajado en el RMS Olympic, por lo tanto conocía la estructura del Titanic y cada uno de sus pasillos, o secretos, -dependiendo como se viera-pero estaba convencida de que su memoria no fallaba en lo absoluto al insistirle, mentalmente, que no existía una posibilidad clara con que conducirse a segunda clase; o más bien no con la eficiencia que ella acostumbraba a dirigir su actuar, además, él apenas y llevaba un día en aquel trasatlántico, no comprendía como podía saber exactamente como guiarla, pero ciertamente le intrigaba saberlo. Entendía el porqué de esta pregunta de parte de Sakura, y ciertamente no estaba tan convencido de que su logística fuera del todo buena al no conocer de arriba abajo aquel buque, pero…esperaba no equivocarse al decir que conocía un modo en que acompañarla y perder algo de tiempo de igual manera, si ella confiaba en él, desde luego, y afortunadamente parecía ser así
-Por una ruta…un tanto complicada- demostró Sasuke, indicándole que lo siguiera.
Sasuke no había errado tanto en su teoría, su ruta si daba con segunda clase, solo que para llegar allí debía esforzarse un poco más de lo habitual, siendo veloz en todo momento, pero podría, confiaba en que podría hacer aquello, aun gozaba de unos cuantos minutos que desperdiciar, aunque-siendo honesta-no consideraba un desperdicio el pasar su tiempo con él, observando distraídamente como el mar y el cielo-tan oscuros entre si-parecían unirse por el borde del barandal de la cubierta de paseo de primera clase. Ya sabía varias cosas con respecto a Sasuke, la primera de todas es que una vez el Titanic atracase en Nueva York no volvería a verlo, abandonaría el servicio y permanecería en América, lo cual no sabía porque pero la entristecía, y segundo; tenía un hermano mayor llamado Itachi que era fogonero en las calderas, al menos no viajaba solo, para ella la alegría que le producía el entretenimiento del trabajo finalizaba por las noches cuando recordaba que su madre estaba en Londres y que no tenía a nadie que la esperara…al menos, escuchando a Sasuke, sentía que alguien estaba al pendiente de ella y esto era un sentir extraño y maravilloso al mismo tiempo.
-Esta noche el capitán estuvo en mi mesa, pero no volverla a pasar, cena en una mesa diferente cada noche- comento el Uchiha.
-¿Qué tal el resto de tu mesa?- pregunto interesada por la "gloria" imperante en primera clase
-Los ingleses, millonarios yanquis…- enumero Sasuke un tanto divertido.
-¿Buena gente?- cuestiono ella, interesada.
-Eso parecen, en su mayoría- corrigió él, encogiéndose de hombros.
La verdad es que no podía ni tenía el derecho de ejercer un juicio valórico con respecto a los pasajeros que atendía, no los conocía para inferir algo más ala de lo que se oía o veía de ellos, esa era una verdad que debía reconocer ya fuera que le gustase o no, su hermano Itachi se lo había hecho ver antes de urdir congruentemente aquel plan del que era participe, pero de todas formas intentaba no interesarse en los cotilleos, no obtendría nada de ello y tampoco le interesaba saber algo de lo que poder hablar con su hermano, además estaba convencido de que Itachi tendría muchos mejores temas sobre los cuales discutir. Las palabras de Sasuke coincidían perfectamente con su opinión, porque su deber no era otro que asistir a las personas-ya fueran pasajeros ilustres o sirvientes-bajo un reglamento ceñido y certero, poco y na podía opinar con respecto a las conductas, comportamiento, moral o reglas que imperaban en ellos, porque no le pagaban por interferir en la vida de las personas o buscar ser partícipe de los cotilleos, su deber era servir, nada más…pero en ocasiones le habría gustado saber qué clase de ideología reinaba en la mente de esas personas que se comportaban de forma tan frívola y que se jactaban de su autoridad, dependiendo de su rango social u origen, ya fuera aristocrático o no.
-Como los míos, al menos los pasajeros, los sirvientes son otra cosa- comparo Sakura, expresando empatía y desdén en su voz al recordar lo sucedido anteriormente. -Se creen mejores que sus jefes en son susceptibles- esclareció recibiendo un asentimiento de parte de Sasuke ya que pensaba igual que ella. -Antes casi tuvimos una pelea, un mayordomo bromeo con una criada, quitándole su libro…casi acaba mal- menciono con añoranza.
-Pero no paso- concluyo Sasuke en base a sus palabras.
-Al final se lo devolvió- corroboro la Haruno con una sonrisa, -creo que él siente algo por ella, pero no sé si él lo sabe, o ella- opinó compartiendo por primera vez su opinión ante lo sucedido por causa de la "broma". -Tengo que irme, no debería estar en primera clase, eres una mala influencia- regaño bromista, revisando el reloj en su bolsillo. -No puedes venir conmigo- detuvo, divertida por su insistencia.
-Puedo intentarlo- discutió el Uchiha.
Le resultaba divertido que lo calificara como "una mala influencia", así que no esperaba quedarse tras y regresar a su camarote, ya había legado hasta allí junto a ella y la seguiría en la medida de lo posible como hizo en aquel momento, siguiéndola mientras subía la escalera que conectaba con la cubierta superior y que era mayoritariamente transitada por pasajeros de tercera clase, aunque también de primera clase como lo era una mujer de aspecto aristocrático y lujoso que llevaba un pesado abrigo, sujetando la mano de su pequeña hija de a lo mucho dos años, paseando con ella, pareciendo agotada y ansiosa por dormir en contraparte con la pequeña que llegaba a saltar a causa del ánimo que sentía y que era propio de su edad. Resulto un tanto divertido tanto para él como para Sakura observar una escena así de empática y entrañable, usualmente se tenía a pensar que los millonarios y aristócratas carecían de corazón y alma…por lo visto esta incidencia era un error.
-Estoy intentando que camine hasta que se rinda- declaro la madre, divertida.
-¿Necesita ayuda, señora?- se ofreció Sakura
-No, gracias, está haciendo un poco de frio, deberíamos entrar- agradeció la mujer, cargando en brazos a su hija.
-Adiós- sonrió la Haruno, siguiéndolas con la mirada hasta que hubieron desparecido de su rango de visión.
Era muy curioso y extraño-en el mejor de los sentidos-que alguien se preocupara tanto por las personas, hasta la fecha había conocido a personas únicamente egoístas y que siempre parecían centrarse en sí mismos y en nada más que en ello y sus ambiciones o aspiraciones, pero…Sakura era lo opuesto, no interfería en cotilleos ni parecían interesarle en lo absoluto, sonreía todo el tiempo y se emocionaba con la posibilidad de ser útil, estaba perpetuamente al pendiente de las emociones y sentimientos de las personas aún ante que en los suyos, y esto lo afirmaba cuanto más sabía de ella y la veía atentamente, el interés que sentía por ella se estaba tornando en algo más y estaba totalmente convenido de ello, siguiéndola de igual manera hacia las puertas de la cubierta y que conectaban inmediatamente con segunda clase, pero que eran severamente resguardadas por un fornido hombre que ejercía como guardia y que obstaculizo el paso de Sakura que se detuvo preocupada, internamente nerviosa por la posibilidad de llegar tarde a su trabajo, por primera vez.
-¿Se puede pasar?- consulto Sakura
-No sin permiso de un oficial, señorita- se opuso el guardia.
-Necesito ir a segunda clase- declaro ella en espera de que esto fuese suficiente.
-Pues no debería estar en primera clase, ¿no es así?- reto el guardia nuevamente
-Por favor, estoy retrasada- pidió la Haruno de todo corazón.
-Debió pensar en eso antes- discutió el guardia, descalificando su profesionalismo.
-Oye, primera clase, segunda clase, ¿Qué hay de tu propia clase?- cuestiono Sasuke, harto de semejante negativa injustificada, -¿No tienes lealtad?- discutió airadamente.
Su hermano era fogonero y él camarero de primera clase, sus estratos de trabajo eran opuesto y sus propios salarios y condiciones igualmente, pero ninguno de los dos olvidaba de donde procedían, a donde pertenecían ni quienes eran, quienes olvidaba sus orígenes eran personas que no dudaban en pasar por encima de otras personas; todos en ese barco estaban condicionados a trabajar por un objetivo en común, considerarse superior era algo que nadie debía permitirse y Sasuke espero haberlo dejado más que claro. Sakura se abstuvo de decir algo, tremendamente sorprendía por lo que acababa de escuchar…nadie jamás había hecho algo así por ella, nadie la había defendido de aquel modo, como si significase algo importante para Sasuke, y la enterneció pensar así, pero guardo su opinión y reacción para sí misma, expectante ante lo que el guardia decidiera hacer luego de esta tajante declaración.
-Solo esta vez- permitió el guardia, abriendo la puerta para que pasara. -No vuelva a intentarlo- advirtió reprobatoriamente.
Asintiendo apresuradamente Sakura cruzo el umbral antes de que tal oferta fuera retirada, y casualmente la puerta se cerro inmediatamente tras de sí, pero aun con esto no podía dirigirse hacia su trabajo, tenía que despedirse de Sasuke debidamente, era lo mínimo que podía hacer luego de que él la hubiera ayudado. Gracias, pronuncio Sakura mudamente con sus labios desde el otro lado de la puerta, observándolo por la ventana, despidiéndose de él que le sonrió ladinamente. La había ayudado como nunca nadie más había hecho jamás
PD: nuevamente me disculpo ante mi demora al actualizar, pero como ya había dicho intento apoyarme no solo en lo que dice la serie sino también en datos históricos que simplemente no pueden pasarse por alto ya que le dan sentido a la historia :3 dedico esta historia a DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro), y a todos aquellos que siguen la historia en todas sus formas, sin excepción :3 Si tienen alguna sugerencia con respecto a series o películas que quieran como adaptaciones, apreciaría que la aportaran, recordándoles que este fic, y los otros que hago, son por y para ustedes, reiterando parte de los nuevos personaje que comienzan a hacerse presentes, y recordandoles que pueden comentar que fic quieren que inicie de los que ya había planeado :3 los amo, cariños, besos, abrazos y hasta la próxima.
Fics proximos:
-Operación Valkiria (casting y resumen ya hecho, al igual que la portada)
-Sasuke: el Indomable (casting y resumen ya hecho, y la historia ya visualizada, portada ya hecha)
-Cazadores de Sombras (con el prologo y tres primeros capítulos ya hechos, así como la portada)
-Cazadores de Sombras: Los Orígenes (historia ya visualizada, con prologo y portada en proceso)
-El Clan Uchiha (precuela de "El Sentir de un Uchiha", portada ya hecha e historia visualizada :3)
-El Siglo Magnifico: Indra y el Imperio Uchiha (sin casting pero con la historia ya visualizada y la portada ya hecha)
-El Siglo Magnifico: Mito, Mei & Mikoto (casting ya hecho, sin resumen y con la historia ya visualizada)
-La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber (casting y resumen ya hechos, historia visualizada y diseñada en conjunto con la portada y el vestuario)
Personajes Históricos/Nuevos:
-Harry Widener-Neji Hyuga: empresario estadounidense y bibliófilo, asi como miembro de la familia Hyuga y unico heredero.
-John Jacob Astor IV-Kiba Inuzuka: estadounidense, constructor de bienes raíces, inversor, inventor, escritor, teniente coronel de la Guerra hispano-estadounidense y miembro prominente de la familia Inuzuka. Es el pasajero más rico a bordo del Titanic, así como una de las personas más ricas del mundo en ese momento.
-Madeleine Astor-Tamaki Inuzuka: socialité estadounidense y esposa del empresario Kiba Inuzuka (29 años mayor)
-Dorothy Gibson-Mirai Sarutobi: actriz de cine mudo, modelo y cantante estadounidense
