-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una adaptación de serie Titanic estrenada en 2012 como conmemoración al centenario del hundimiento del trasatlántico RMS Titanic, no guarda semejanza alguna con la película de 1997, y gran parte de los personajes son de carácter ficticio/Los personaje pertenecen a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización corre por mi cuenta para la dramatización de la historia, así como las modificaciones que sucedan a lo largo de la trama.


Capítulo 5

El colosal buque se desplazaba por el amplio mar que lucía completamente calmo, como si se fusionara con el cielo sin luna y estrellado de principio a fin, de entre los pasajeros todos estaban celebrando, ¿Cómo no hacerlo? Estaba navegando a bordo del buque más hermoso que se había visto nunca cual crucero de placer para desembocar en un futuro que quizás fuera mejor de lo que idealizaban que seria, personas de todas las nacionalidades, edades y etnias…todos unidos en el Titanic. Tercera clase era un caos comparado con primera clase donde el gran salón era ocupado por parejas que al pie de la hermosa escalinata bailaban y entablaban conversaciones, formando grupos y ya enterándose de los últimos chismes luego de que la cena hubiera llegado a su fin desde ya hacía varios momentos atrás, haciendo más ameno el ambiente se encontraba la orquesta musical que tocaba todo tipo de valses, los predilectos a la hora de bailar y desarrollar u cotilleo de carácter romántico y que parecía resultar completamente en este caso. No pudiendo evitar su interés, Tenten se acercó a los músicos apenas estuvieron hubieron cesado de tocar el tan famoso vals de Johannes Strauss, reparando en la joven que se acercó apenas hubieron concluido la pieza, el violinista principal no presento protesta alguna ante una posible sugerencia, tocaban con el fin de hacer ameno el ambiente aristocrático, una petición que hiciera feliz a alguien era un logro personal para ellos.

-¿Desea alguna canción en concreto?- consulto el violinista.

-¿Conoce otoño, de Archibald Joyce?- inquirió Tenten sin exteriorizar su favoritismo.

-Conocemos todos los valses, señorita- contesto amablemente.

A una edad prudente y siendo inglesa pese a su inmenso e inderrotable espíritu de revolucionaria, había resultado imposible para Tenten no enamorarse del vals siendo tal vez la melodía o pieza que más variantes tenia y que era distinto en cada rincón del mundo, Archivald Joyce definitivamente era su compositor predilecto, tenía el austero y noble aire de temple aristocrático que llamaba a cautivar a cualquier con un tinte romántico muy especial, claro, era esperable en la mayoría de las jóvenes casaderas de su edad pensar así con respecto a la música, pero no en el caso de Tenten. Escuchar música era un vicio general dentro de la mayoría de las sociedades del mundo, más en una tan conservadora y apolillada—y eso Tenten lo decía—como la inglesa, pero no para ella, tenía que ser excepcionalmente detallista y con un fin para que le gustase y aun así no era partidaria de expresar su gusto bailando, prefería escuchar y visualizar en su mente el lugar idílico en que deseara estar. Saludando respetuosamente a la familia del conde Namiashi, Neji se acercó con cautela a la rebelde joven que hubo volteado a la par que él se situaba tras suyo, no iba a negarlo, el heredero de la familia Hyuga era muy atractivo pero era todo lo que ella usualmente despreciaba; adinerado, prodigioso, aristocrático y más, ¿Cómo podría existir algo entre ellos? Era todo lo que sus padres querrían y tenía pedigrí, venia de una buena familia y era alguien culto e inteligente, esto le gustaba, pero no sabía si enamorarse entraba en sus planes durante este viaje.

-¿Me concede el placer?- pidió Neji caballerosamente.

-No sabes si va a ser un placer- intento discernir Tenten que no se consideraba precisamente una maravillosa bailarina.

-Correré con ese riesgo- acepto el Hyuga de todos modos, esbozando una sonrisa.

Con el fin de hacerla reír, y baya que resulto, el noble señor Hyuga la hizo girar una vez antes de iniciar un vals modesto y no demasiado confiado, no cuando ambos tenían sobre si las vigilantes miradas de sus padres y sí que Neji podía suponer lo que sus padres—especialmente su madre—estarían pensando de él, estarían pensando en lo inusual que era su comportamiento y en cómo se desenvolvía con increíble facilidad con alguien del sexo opuesto, algo que desde luego era extraño en él, pero quizás la razón tras este extraño comportamiento no fuera sino la persona correcta y esa era Tenten. No sabía si era el hecho de que fuera la persona más aventurera y contradictoria que hubiera conocido o que fuera una especie de caja de sorpresas con un espíritu imbatible y eso lo sabía con solo llevar un par de horas—quizás ni siquiera eso—entablando una profunda conversación con ella. Siguiendo el ritmo de la música y relajándose ante su vals favorito, Tenten se permitió ser cortes y no porque su madre y su padre la estuvieran viendo con orgullo al comportarse con una dama, sino porque Neji era de su agrado y más, lo sabía, pero el punto por el que no se permitía comportarse como una dama era porque ese tipo de conducta no iba con ella y porque él definitivamente no era su tipo, de hecho era todo lo contrario, pero aun así extrañamente se sentía atraída por él.

-No sé por qué estoy haciendo esto, odio este tipo de cosas- admitió Tenten, evadiendo ligeramente su mirada.

-Eso suena interesante- bromeo Neji, siguiendo el ritmo.

-Por favor, no flirtee conmigo señor Hyuga, solo se arrepentirá- advirtió ella, mordiéndose el labio inferior para no reír.

-¿Por qué?- inquirió el Hyuga sin darse por vencido.

-Porque yo no soy su tipo y desde luego usted no es el mío- comparo la inglesa, siguiéndole el ritmo.

-¿Y quién lo es?- volvió a requerir, confundido sobre qué clase hombre seria su tipo.

-Escritores y rebeldes furiosos ante las injusticias actuales- sonrió la Namiashi, que tristemente no tenía la experiencia suficiente en el amor como para estar segura de su crítica hacia los hombres, ni mucho menos para elegir a uno en particular.

-¿Un coleccionista no puede odiar la injusticia?- discutió, no considerándose menos guerrillero o luchador que cualquier rebelde que luchara por la justicia.

-No cuando este el heredero de la mayor fortuna de Filadelfia- contesto ella, sacando a relucir su título que lo hacía opuesto a los ideales que ella sostenía.

-Es duro recibir clases de igualdad por parte de la hija de un conde inglés- equilibro él, que tenía todo el derecho a contradecirla teniendo en cuenta quien era.

Observando con una mezcla de orgullo y esperanza la conversación que Tenten y el heredero de la familia Hyuga sostenían mientras bailaban se encontraba Raido Namiashi y su esposa Jin que se hubieron acercado hasta donde se encontraba le dueño de White Star, claro que sabían que era precipitado tener fe en que Tenten fuera a intentar ser una joven conservadora, meticulosa e integra para permitirse enamorar a alguien correcto y viceversa, pero se decía que la esperanza era lo último que debía perderse y por ahora ellos preferían aferrarse a ese ideal sin importar que tal iluso pudiera parecer. Nada más verlos, Danzo hubo interrumpido momentáneamente su conversación para recibirlos apropiadamente, junto a él y pese a su disidencia de ideas se encontraba el señor Shisui que ya tomaba exhaustivos apuntes sobre las mejoras a implementar en el buque una vez regresara a Southampton, esa era la verdadera razón por la que viajaba, eso y realizar mejoras de último minuto para que todo marchara a la perfección, aunque de momento nadie tenía ningún tipo de queja a ofrecer, ni siquiera los pasajeros de tercera clase, según tenía entendido, y le causaba una inmensa satisfacción ver que su creación marchaba maravillosamente. Al igual que el ilustre señor Jiraiya que contaba con una excepcionalmente hermosa acompañante.

-Danzo- saludo Raido.

-Hola- secundo el Shimura, tanto por amistad como por educación.

-No sé cómo agradecerle que nos allá ayudado en tan poco tiempo- gratifico, infinitamente agradecido por la ayuda brindada.

-Olvídelo- desestimo Danzo, encontrando con la mirada a la hija del ilustre conde. -Veo que lady Tenten ya ha encontrado pareja- celebro, esperando que su felicitación fuera del agrado del conde Namiashi.

-Eso espero, pero lo dudo- contradijo Rai, no sabiendo si disfrutar de ese momento, especialmente sabiendo lo voluble que era su hija. -Señor Shisui, debe estar muy orgulloso- elogio al diseñador que no pudo evitar asentir únicamente, siendo demasiado humilde para sus abismales logros.

-Y el señor Jiraiya, ellos son lord y lady Namiashi- presento Danzo.

-Es un placer- saludo Jiraiya.

Jiraiya era un hombre muy acaudalado, quizás el único individuo sobre el Titanic que pudiera rivalizar con iba Inuzuka y su millonaria fortuna, solo que Jiraiya particularmente había heredado su cuantiosa fortuna de su difunto padre, aunque él en lo personal no se consideraba un hombre que supiera mucho de negocios, había sido capaz de sostener medianamente el basto capital que aun poseía y del que disfrutaba con amplio desparpajo. No pensaba mentir ni por asomo, no era ningún jovenzuelo, de hecho y con su esposa y tres hijas esperándolo en casa muchos esperarían que se dedicara a la idílica y monótona vida que llevaría cualquier hombre casado, pero Jiraiya se consideraba a sí mismo como un hombre de aventuras y que disfrutaba esperar cada nuevo acontecimiento, y si tenía una compañera que lo seguía sin dilación alguna esa era Emi, una flamante cantante francesa que le seguía el ritmo sin ningún problema y junto a quien había abordado esa tarde en Cherburgo, ya habituado a residir en Francia—más enfáticamente en Paris—desde hace ya mucho tiempo. De pie junto a él, Emi permaneció en silencio, no veía motivo para presentarse y no se refería a educación sino porque…¿Cómo se presentaría y justificaría el motivo por el que era su acompañante?, ¿Abiertamente diría que era su amante mientras la esposa de él se quedaba en casa con las niñas? Dios santo, no, seria horriblemente vergonzoso.

-Permítanme presentarles a una buena amiga, Madame Emi- planteo el ilustre hombre.

-Enchanteé- saludo Raido educadamente.

-Me temo que estoy muy cansada, si me disculpan- se excusó Emi, saludando y despidiendo con la mirada.

-Por supuesto- contesto el conde Namiashi, suponiendo la razón.

Jin no supo si bien sentir lastima, empatía o…nada, ella en lo personal había sido educada con el fin de ser un modelo integra en su vida y en su matrimonio, eso se enseñaba que una mujer debía hacer y aun con sus aspiraciones justicieras y revolucionarias Tenten hacia igual, un mujer que dejara atrás todos estos ideales y se conformara con ser poco menos que un plato de segunda mesa que ni siquiera tenía un nombre en concreto, ¿Qué se podía pensar?, ¿Existía alguna clasificación real en ello? Sintiéndose ligeramente incomodo con la conversación que por cierto no le interesaba, Shisui aprovecho la ocasión para retirarse, a esas alturas y tan lejos de casa la única actividad que lo consolaba era tomar notas en su bitácora, eso era mucho más productivo y profesional. Justo al instante en que Raido y Danzo iniciaban una nueva conversación ante la partida de los demás, Jin hubo escuchado el cambio en la música, de solemne a más divertida y escandalosa y apostaría lo que fuera a que era algún tipo de baile americano ya que algunos se alejaron de la "pista de baile" al ya no ser capaces de seguir el ritmo, más a ella le resulto enternecedor ver a su hija y al heredero de los Hyuga intentando apañárselas, él especial, hasta que alguien hubo aparecido para elevarlo.

-¿Me permite?- solicito Lee.

-No creo que sea una costumbre inglesa- protesto Neji, con la debida educación, desde luego.

-Pero si somos americanos- sonrió, divertido por el formalismo de parte de su compatriota.

-No pasa nada- tranquilizo Tenten, permitiéndole a Neji dejar el campo libre, por decir algo.

-Soy Rock Lee- se presentó finalmente, asombrando por no tener que ejercer de guía en el baile.

-Encantada- sonrió tente, más animada y a gusto con este baile que conocía a la perfección.

-¿Conoce también este baile o es una costumbre inglesa?- inquirió, divertido por su dominio, para ser una inglesa.

-Se sorprendería- rió, permitiendo que él la hiciera girar.

Varias de las parejas que si conocían el baile de vez en vez hubieron volteado a verlos por bailar con tanta soltura, por no hablar de aquellos que servían de espectadores, más a Tenten no podría haberle importado menos, claro que bailar con Neji había sido vigorizante, pero esto…Dios, ¿existía algo mejor que dejar todo atrás con un solo baile? Era maravilloso, en lugar del vals que era pausado, lento y rutinario esto era animoso y divertido y se lo repetía mentalmente mientras sentía como sus tacones chocaban contra el suelo, tomándose cualquier tipo de confianza con Rock Lee que hacia igual, sonriéndole a cada momento. Donde estaba y haciendo temporalmente oídos sordos a la conversación entre su esposo y el dueño de White Star, Jin no supo que pensar, por los gestos del joven Hyuga—mientras hablaba con sus padres, pero sin dejar de observar a Tenten—sabía que él afortunadamente no estaba molesto pero quizás si lo estaba consigo mismo, aparentemente por no dominar ese baile o no como el nuevo acompañante de su hija, le gustaría por una ocasión que Tenten estuviera exenta de algún tipo de polémica pero aparentemente pedirle tal cosa era demasiado, de algún modo y sin importar dónde ni cundo fuera, pero su hija siempre conseguía destacar en el peor de so sentidos, esa parecía ser su huella personal.

-¿Pero qué problema tiene?…- murmuro Jin, confundida.

-Quiere decir que esta juntos, pero que no casados- el conde Namiashi hubo aceptado la explicación que Shimura acababa de darle con respecto a la "relación" que sostenían el señor Jiraiya y Madame Emi, -¿No es un poco extraño en un barco como este?- inquirió, siendo que a su parecer una semana lejos de casa habría de emplearse en otros fines y no en la infidelidad.

-Supongo que todos somos hombres de mundo- comparo Danzo, señalando lo obvio y que a Raido le hubo hecho gracia.

-Puede lord Namiashi sea un hombre de mundo, pero yo no soy una mujer de mundo y me alegro de ello- intervino Jin, ya que la conversación había dejado de parecer agradable, -buenas noches- se excusó, sin sentir o tener deseo alguno por disculparse.

La educación era lo que menos le importaba cuando se aludía que los hombres tenían toda la libertad del mundo y eso significaba tener amantes y frecuentarlas, quizás Raido no lo supiera porque no tenía medios con los que enterarse, no si ella no se lo decía, pero estaba al tanto de que además de Tenten, él tenía una hija con otra mujer. Tenía más de cuarenta años y ya no era la misma mujer ingenua que se había casado con él, pero eso no disminuía en lo absoluto el sentir de un infidelidad, menos aún esa conversación sin importar que su esposo solo lo hubiera hecho hace muchos años. Existía una comparación que algunas mujeres hacían; un hombre se casa para tener una esposa y una amante, es decir que en el tiempo que duraba su vida, tenía dos vidas, una con una mujer distinta y el rol de la esposa siempre era ser educada, correcta y callada, algo que el tiempo le había enseñado a hacer a Jin que no hubo volteado en ningún momento, disponiéndose a retirarse a su camarote y sintiendo los presurosos paso de su esposo que se esforzó por alcanzarla. Tenten tenía su propio camarote, no debían vigilar que se durmiera temprano, era muy independiente y responsable aunque no lo demostrara y Jin al menos confiaba en que su hija hiciera eso estando en el Titanic, un paraje bastante desconocido cuando menos.

-Me ha padecido que Madame Emi estaba avergonzada-opinó Raido, alcanzándola finalmente.

-Y no me extraña- suspiro Jin con una pisca de empatía, -¿Qué vamos a hacer con Tenten?- cuestiono, volteando a ver a su hija.

Acababan de salir del problema de las manifestaciones de sufragistas, que quizás más de alguno de los pasajeros supiera que habían tenido lugar y en que su hija había participado, y ahora resultaba que Tenten no era capaz de comportarse como se esperaba que hiciera, ¿Qué hacer con su hija? Esa era la interrogante.


En contraste con el bullicioso paraje que era primera clase, donde todos eran felices y se deleitaban con el lujo que casi parecía barroco, segunda clase estaba sumida en el silencio luego de que los habitantes de este lugar hubieran cenado en el restaurante de Gatti y ahora de regreso en sus camarotes todos se preparaban para dormir, dejando temporalmente en el pasado el gesto que Sasuke había tendido con ella es que Sakura continuo llevando a cabo su trabajo; las mujeres de segunda clase—contraria a primera clase—carecían de doncellas que abrieran la cama por ellas o que las asistieran, podía parecer increíble perro ese era su trabajo y no tenía problema en llevarlo a cabo con igual eficiencia que ejecutaría cualquier otro. Estaba convencida que de no ser por Sasuke habría llegado tarde al trajo y en el peor caso la despedirían por ello, pero afortunadamente esto no había pasado y en consecuencia le debía mucho a Sasuke, lamentaba no volver a verlo otra vez cuando el Titanic regresara a Inglaterra, pero eso era lo que él quería; vivir en América junto a su hermano, interferir en ese camino no le concernía en lo absoluto, ella estaría bien mientras él estuviera feliz, y en verdad esperaba que lo fuese. Dejando atrás estos pensamientos, Sakura se detuvo ante la puerta de uno de los camarotes al cual llamo apropiadamente hasta recibir una respuesta desde el interior.

-¿Quiere que le abra la cama, señora?- consulto Sakura educadamente.

-No, gracias- desestimo la dama.

-Oh, está bien- la Haruno cerró la puerta sin más, después de todo otros agradecerían no tener que cumplir con su trabajo permitiéndole a otros hacer cosas por sí mismos, pero a Sakura no le agradaba quedarse de brazos cruzados. -¿Quiere que le abra la cama, señora?- consulto, tocando a la puerta del siguiente camarote.

-Adelante- permitió Karui.

Teniendo la entera aprobación con la que ingresar en la habitación, Sakura inmediatamente-cerrando la puerta tras de si—se dirigió a abrir las camas, ignorando voluntariosamente el tenso pero divertido ambiente, ver a ese matrimonio charlar o discutir entre si le recordaba un poco a sus padres cuando era niña, solo que su padre intentaba hacer reír a su madre para evitar las peleas, algo muy útil. De pie frente al tocador, deshaciéndose del formal vestido y blusa que había usado durante el día y la cena en el restaurante de Gatti, Karui no sabía si mantenerse callada o contrariar aún más a su esposo, quizás Choji no lo supiera pero ella estaba al tanto de los encubrimiento que realizaba en nombre del conde Namiashi, sabía que como abogado se encargaba de todo lo que un abogado haría e incluso más y eso le molestaba, no por ser un empleado es que su esposo habría de hacer todo eso a la primera orden que se le diera, en el pasado había creído que Choji era un hombre comprensivo y con orgullo propio, y en efecto seguía siendo así solo que no objetaba si alguien llegaba a intentar pisotear su orgullo, era demasiado dócil y eso era algo que ella no iba a pasar por alto, si él no pensaba defenderse entonces ella lo haría por él, pero no se quedaría callada.

-No pretendía ser desagradable- discernió Choji, divertido por como su esposa exageraba con facilidad.

-Ya viste como nos miró cuando él nos invitó al té, estaba tan escandalizada como si le hubiésemos escupido en la cara- discutió Karui, sin evidenciar la confusión que sentía al no saber de qué lado estaba su esposo realmente. -¿Podría ayudarme con esto?- pidió a la joven al no poder desabrochar el cuello de su blusa.

-Sí- acudió Sakura, ocultando su interina diversión por la conversación que estaba escuchando.

-Estas exagerando- rió Choji, algo cohibido por la presencia de una tercera persona en la conversación.

-Yo no lo creo- bufo Karui que contrario a él era capaz de seguir discutiendo aun frente a la servicial doncella, -¿Y se puede saber porque aceptaste ir a una misa anglicana? Claro lord Namiashi, es un placer lord Namiashi- murmuro, fingiendo un tono servicial, respondiéndose a sí misma tal incógnita.

-Me pareció interesante- opinó el Akimichi, encogiéndose inocentemente de hombros.

-Y el collar, por favor, no es fácil de abrir, tiene que apretarlo- pidió Karui, suavizando la voz para la doncella que no tenía culpa alguna de la ineptitud de su esposo. Abriendo cuidadosamente el broche, Sakura le entrego el collar a la noble dama. -Gracias- sonrió infinitamente agradecida.

Sabía que el personal que asistía a los pasajeros de segunda clase solo cumplía con su trabajo más aun así Karui se sentía extraña al contar—al menos durante una ocasión—con una especie de doncella, con una casi imperceptible sonrisa, Sakura se hubo despedido, abandonando la habitación, y tomando un instante—ya fuera de está para analizar o que había escuchado de la conversación—pensó que tal vez este hecho le permitiera llevar satisfactoriamente a cabo su trabajo, no era alguien que disfrutara de los cotilleos pero cuando solo se podían acatar órdenes y cumplir u protocolo…algo de diversión no dañaba a nadie, ¿cierto? Guardando su collar dentro del estuche junto a las demás joyas que había usado ese día, Karui termino de soltar su cabello frente al tocador, quizás la esposa del conde Namiashi no supiera de sus infidelidades pero igualmente las había cometido, Karui no iba a suponer que su esposo era más honorable que todos los hombres del mundo, pero si más que el conde Namiashi, y aunque Karui no fuera tan aristocrática, se consideraba en cierto grado más digna que la condescendiente esposa del conde, si, estaba mal pensar así, pero ¿Cómo no hacerlo? Sobre todo teniendo en cuenta que el domingo habrían de estar con ellos en la ceremonia de la misa anglicana y durante el té, pues al parecer Karui tendría que soportarlo porque no había ninguna salida con la que evitar ese compromiso.

-¿Quién se cree que es una mujer?- cuestiono Karui, sin intención alguna de acabar con esa discusión.

-Cree que es una condesa y tiene razón- obvio Choji, por si es que su esposa lo olvidaba.

-También cree que es irlandesa y no lo es- contrario ella con una pisca de diversión.

-Creció en el condado de Wicklow…- protesto el Akimichi.

-¿Y si hubiera crecido en un perrera, que sería?- chillo Karui, señalando lo que para él y debería ser más que obvio.

-Los anglo-irlandeses…- intento protestar Choji, divertido por la diferencia de ideas entre ambos.

-Los llamados anglo-irlandeses son primero ingleses y nunca irlandeses, nos han aplastado desde siempre y ahora esperas que siente a charla con ella mientras tomo un té…- pronuncio ella con una mezcla de ira y frustración.

-No estas siendo razonable- discutió Choji, igualmente calmado, porque de nada le servía intentar seguir el airoso ritmo de discusión que ella sostenía.

-Primero dejas que te arrebaten tus sueños, después que te inviten al té en primera clase y acabas siendo su mascota, pidiendo una caricia a tu amo- comparo Karui, sabiendo lo polémica que era su analogía, pero era necesaria.

Choji únicamente la observo sin presentar protesta alguna, ¿De que serviría? Karui tenía razón y él no pensaba negarlo, pero cuando no se pertenecía a la privilegiada primera clase sol se podía hacer una cosa, conformarse con las migajas que dejaban los nobles señores, y aun con toda su dignidad eso era lo que Choji debía hacer, aun cuando a ella no le gustase esa era la realidad.


Luego del incidente que había tenido lugar en el comedor de sirviente Naruto había pensado que todo podría solucionarse con tiempo y paciencia, cumpliendo con lo dicho tenía pensado arreglar el desastre que había causado al libro de la señorita Hyuga, se comprometía a hacerlo pasara lo que pasara, pero su idea de tolerancia había desaparecieron en cuanto—de regreso al camarote de los señores Namiashi, que estaban próximos a volver de la cena y celebración en el salón comedor de primera clase—habían regresado a sus deberes, entonces y a cada momento libre Hinata lo había observado más furiosa de lo que él recordaba haberla visto y con una actitud aún más distante con él mientras abría la cama del matrimonio y se dedicaba ampliamente a acomodar las almohadas, sabanas y la colcha. Siempre lo había considerado un idiota en muchos sentidos, pero ahora más que nunca es que su opinión sobre el señor Uzumaki se allá por los suelos, ese libro la había acompañado desde niña, su padre se lo había obsequiado en el primer aniversario tras la muerte de su madre y escrito esa dedicatoria cuando había comenzado a trabajar como doncella de una lustre dama como lo era al condesa Namiashi, era un hombre que actualmente estaba muy enfermo y ahora cuando estaba a tantos kilómetros de su hogar, Naruto no encontraba nada mejor que hacerle una broma, ni aun así se hubiera reído porque no le gustaba perder el tiempo, no como a él.

-Llevo veintiún años con ese libro- se quejó Hinata, incapaz de dejar lo sucedido en el pasado, no, era demasiado.

-Lo sé…- intento disculparse Naruto que ya no sabía cuántas veces le había pedido perdón, sin éxito, en los últimos minutos

-Sin un rasguño, sin una mancha hasta esta noche- prosiguió la Hyuga, terminando de preparar la cama.

-Lo siento mucho y ya le dije que o arreglare- se comprometió el Uzumaki, y cuando el prometía algo lo cumpla aun arriesgando su vida.

Vaya que reconocía que había cometido un error, pero estaba dispuesto a remediar lo sucedido aun cargando con la incredulidad de ella que no veía solución posible a lo sucedido, él conocía una forma de arreglar el libro hacer que estuviera como nuevo y se lo demostraría, seria digno de su perdón. Deteniéndose frente a él, Hinata pensó inmediatamente en contrariarlo, porque no sabía si podía creerle o confiar en él, no después de lo sucedido, pero no alcanzo a hacerlo en cuanto la puerta de la suite se abrió repentinamente, permitiendo el ingreso del conde y la condesa Namiashi ante lo cual ambos se separaron con presteza para cumplir con sus responsabilidades y fingir que entre ellos no sucedía nada, porque de lo contrario podrían tener alguna especie de problema con sus señores. Ingresando furiosa en el camarote, Jin dejo conscientemente atrás a su esposo, otra vez, porque estaba furiosa con la situación; el comportamiento de Tenten, el machista punto de vista que al parecer todos los hombres compartían y las personas que estaba en primera clase, nadie más digno que otros, pero que si se encontraban por debajo de lo esperado, ni aun cuando el viaje solo fuera una semana, Jin no se sentía capaz de soportarlo. Cerrando la puerta tras de sí, infinitamente calmado en contraparte con su esposa, Raido percibió la tensión en el ambiente y que emanaba de dos personas a quienes conocía muy bien.

-¿No podemos quejarnos sobre la mesa?- cuestiono Jin, airosa, cruzando la habitación hacia su tocador lo más pronto posible. -La actriz y su madre, no quiero pensar cómo se ganaba la vida antes de ser actriz- farfullo, negando para sí, quitándose los pendientes frente al tocador.

-A mí me han caído bien- opinó el Namiashi distraídamente, intercalando su mirada de Naruto a Hinata.

-Y qué me dices de Kaguya, habla como si fuera una reina y solo es una costurera oportunista- gruño, molesta por tratar con tantos individuos absurdamente arrogantes.

-Solo son personas, Jin, que intentan llegar de Southampton a Nueva York, como nosotros- comparo Raido ya que él en lo personal elegía no juzgar a nadie de antemano. -¿Todo está bien, Naruto?- consulto, llevando ya rato reparando en el extraño comportamiento entre él y la doncella de su esposa.

-Si, muy bien, señor- contesto el Uzumaki, presto y servicial.

Preparando el camisón de la señora Namiashi, Hinata levanto imperceptiblemente la mirada hacia Naruto que hubo sentido en respuesta, cualquier problema que tuvieran debían dejarlo pasar, no iban a armar algún tipo de problema en su trabajo si sus señores se daban cuenta de la animadversión con la que cargaban; por ahora olvidarían el incidente.


Varias personas ya habían hecho abandono del salón de primera clase, pero esos eran una minoría, por mucho que la media noche comenzara a verse próxima, aun había muchas personas que tenían energía suficiente para prolongar su diversión o bien bailando hasta el cansancio o jugando a las cartas en la sala de fumadores que si bien era mayoritariamente ocupada por hombres, estaba sirviendo como una especie de casino de apuestas y juegos de azar para aquellos interesados. Divertido tanto con el panorama presente como con el ánimo de aquellos que aún estaban notoriamente despiertos a esa hora, la orquesta de primera clase tocaba con igual ánimo para las parejas que continuaban bailando, especialmente americanos como era el caso de la deslumbrante señorita Mirai Sarutobi que en el joven Rock Lee había encontrado el compañero ideal para bailar amenamente, entablando una conversación de por medio, no es como si Mirai pensara en considerarse vieja ni nada por el estilo, pero contar con un punto de vista innovador e incuestionablemente más joven que ella siempre era una experiencia agradable, aun cuando la situación fuera abruptamente interrumpida por una madre sobreprotectora y conversadora que no vio tan favorecedoramente que su hijo estuviera junto una joven tan encantadora y con su…reputación.

-Lee, ya es hora de que te acuestes- llamo la mujer.

-No lo puedo creer- murmuro Rock Lee, incrédulo y avergonzado.

-Debería irse, o me acusaran de rapto de menores- sugirió Mirai sin perder su buen humor.

-Madre, tengo diecisiete años- protesto él al ver que su madre no tenía intención alguna de irse.

-Eso no importa- desestimo, tomando de la mano a su hijo y llevándoselo, dando por terminado aquel baile, -estoy segura de que la señorita Mirai se las arregla sin ti- garantizo, llevándose a su hijo como si de un niño se tratara.

-No puedo creer que hayas…ha sido tan embarazoso, me has dejado en ridículo- discutió, abochornado por la humillación hacia la señorita Sarutobi.

Quieta en su lugar, apretándose las manos en un gesto nervioso, Mirai se sintio conmovida por la humillación hacia aquel divertido joven que ciertamente contaba con la desgracia de tener una madre sobreprotectora que lo escoltara, sabía que su carrera como actriz causaba polémica, sobre todo si había tenido más de un romance con alguno de los directores que la contrataban, pero eso era durante y después de haber rodado una película, no antes, no era el tipo de mujer que empleaba su belleza con el fin de obtener trabajo, aunque sabía de algunas que si lo hacían con este fin, por no hablar de antes de ello cuando había tenido que hacer poco menos que malabares para ganarse la vida y ayudar a su madre, afortunadamente eso era el pasado pero estaba convencida de que eso le aportaba igual dignidad que a cualquier noble dama de origen aristocrático. Observando este hecho, al pie de la escalinata, Kakashi se apresuró a dejar su gorra sobre una de las mesas, si algo no le permitía su conducta como caballero—aun siendo hombre casado y con una familia esperándolo—era dejar a una dama desamparada, menos a alguien como la señorita Sarutobi que, meditabunda y cabizbaja, levanto su confundida mirada al verlo detenerse frente a ella.

-¿Puedo?- solicito, sorprendiendo a la bella joven que no supo que decir al desconocer su identidad. -Segundo oficial Kakashi Hatake, a su servicio- se presentó, esta vez contando con la total aprobación de la actriz.

-¿No está haciendo algo inapropiado?- inquirió Mirai, curiosa mientras se dejaba guiar por él.

-El bienestar de los pasajeros es lo único importante- contesto el Hatake, aparentemente dedicado a no permitir que una mujer como ella se quedara sin compañero de baile.

-Me alegra saberlo- sonrió la Sarutobi, mantenido ese aire ingenuo sobre si, más no con un interés especial por conquistar al gallardo oficial que le resultaba indudablemente agradable.

-Además soy su admirador- admitió Kakashi, haciéndola girar y encontrándose con su deslumbrante sonrisa.

-Usted es aún mejor- protesto divertida, ya que él era el caballero más galante que había conocido en su vida.

-No, me encanto en Miss Mascarada y en Manos Sobre el Mar- elogio el Hatake, no pudiendo evitar manifestar su más sincero interés.

-Vaya, es usted un auténtico fan- celebro, sonriéndole pícaramente.

Habiendo viajado muchas veces por su trabajo, Mirai había conocido a muchos hombres, pero ninguno como el segundo oficial que coquetamente le hizo un guiño, haciéndola sonreír todavía más, extrañamente no lo veía como a una conquista, no como había victo a muchos hombres en su vida hasta entonces; lo veía como a un amigo.


-¿Tienes bebidas?- curioseo Sasuke

-En mi camarote, pero no hagas ruido- advirtió Itachi.

Contrastando en demasía con el bullicioso ambiente imperante en primera clase, los pasillos de los camarotes de tercera clase estaba sumidos en el más profundo de los silencios, a esa hora gran parte de los pasajeros—si es que no todos—estaba dormidos o se preparaban para ello, más aun así y luego de dar otro paseo por la cubierta tras despedirse de Sakura, Sasuke había esperado que el turno de su hermano terminara, fuera de la sala de calderas, y con el fin de pasar algo de tiempo juntos luego de que las largas horas de trabajo los hubieran separado es que se dirigían a su camarote. Ambos hermanos ofrecían una disidencia sin precedentes para cualquiera que los viera, claro que de haber estado vestidos igual hubieran podido pasar prácticamente por gemelos debido a su enorme semejanza, pero en ese momento lo que los hacia tan diferentes entre sí eran sus roles a cumplir como tripulantes del barco; Itachi casi completamente cubierto de ceniza y hollín por trabajar en las sucias calderas mientras que Sasuke lucia impecable en su uniforme como camarero de primera clase sin una sola mancha, más ninguno de los dos reparaba en esa diferencia, especialmente porque para ellos no era importantes. Apenas y tas abrir la puerta del camarote ambos hermanos vislumbraron, para su decepción, que no estaban solos y si bien era algo esperable en un camarote de tercera clase, el punto de su decepción no era ese sino más bien otro.

-Cuidado, acaba de llegar el hada de azúcar- bromeo Kisuke.

-¿A quién ha llamado hada?- reto Sasuke, nada divertido por la broma.

-Déjenlo en paz, es mi hermano- discutió Itachi, esperando que esto fuera suficiente para evitar una pelea.

-Yo que tu no lo diría en voz alta- rió el Maboroshi a modo de sugerencia.

Negando burlonamente y marchándose junto a su compañero, entre risas, ambos hombres hicieron abandono del camarote con tal de evitar una pelea, algo que a Sasuke no le hubiera molestado hacer en lo más mínimo, sacudiéndose la manga del traje cuando se dio cuenta que habían pasado junto a él antes de cerrar la puerta, teniendo en cuenta el confuso e injustificado castigo que había tenido y que había postergado y minimizado su tiempo junto a Sakura, lo que menos quería ahora era otro castigo igual de ridículo solo por ensuciar el uniforme que habría de usar durante esa semana y que tenía pensado cuidar con su vida, en la medida de lo posible, claro, no quería que lo lanzaran por la borda por un error—que quizás Kakuzu pudiera considerar-imperdonable. Sentándose descosidamente sobre la cama, Itachi busco bajo la litera su moral y pertenecías desde donde saco un par de botellas, ni él ni su hermano eran especialmente aficionados a beber ni nada parecido, no escomo si tuvieran tiempo para ello con el tipo de vida que llevaban, pero luego de un estresante primer día de trabajo, todos merecían darse la oportunidad de dejar lo sucedido atrás, especialmente teniendo como jefes a dos auténticos idiotas como lo eran Kisuke y Kakuzu en cada caso.

-Kisuke Maboroshi, jefe de fogoneros- dio a saber el Uchiha, tendiéndole la botella, -siempre hay uno- suspiro resignado, después de todo solo era una semana.

-Con un imbécil basta- bufo Sasuke que en lo personal tenía su propio idiota con quien lidiar.

-¿Y en primera como son?- indago Itachi que hasta entonces había contestado las averiguaciones de su hermanito menor más él no las suyas.

-El jefe de camareros es mi Kisuke Maboroshi particular, pero el resto está bien- desestimo Sasuke, ya que él tenía menos tiempo libre del que disponer.

-¿Has hecho amigos?- averiguo el Uchiha, conociendo a su hermano menor

-Tal vez- contesto Sasuke, encogiéndose de hombros.

No era la clase de persona que formaría amistades solidas en una semana, de hecho precisaba de una gran cantidad de tiempo con tal de aprender a confiar plenamente en alguien, pero aun cuando no supiera si considerar a Sakura una amiga era correcto, Itachi pudo ver entre líneas la chispa de diversión en los ojos de su hermano menor, y conociéndolo tan bien como lo conocía, Itachi apostaba lo que fuera a que su hermanito finalmente se había enamorado.


PD: prometí actualizar antes del fin de semana y lo cumplo, ansiando de todo corazón satisfacer sus expectativas respecto a esta historia y cualquier otra que sea de su agrado :3 dedico la actualización-como siempre-a DULCECITO311 (cuyos comentarios adoro), y a todos aquellos que siguen la historia en todas sus formas, sin excepción :3 Les recuerdo que si tienen alguna sugerencia con respecto a series o películas que quieran como adaptaciones, apreciaría que la aportaran, recordándoles que este fic, y los otros que hago, son por y para ustedes, reiterando parte de los nuevos personaje que comienzan a hacerse presentes, y recordandoles que pueden comentar que fic quieren que inicie de los que ya había planeado, actualizare "El Sentir de un Uchiha" durante este fin de semana y la próxima semana "El Siglo Magnifico: La Sultana Sakura" y el próximo fin de semana "El Clan Uchiha" :3 los amo, cariños, besos, abrazos y hasta la próxima.

Personajes Históricos/Nuevos:

-Benjamin Guggenheim-Jiraiya: es un acaudalado millonario, inversionista y hombre de negocios que aborda el Titanic en Cherburgo, su nombre y prstancia en el buque sera una de las mayores leyendas de aquellos que eligieron abordar este crucero de muerte.

-Léontine Pauline Aubart-Madame Emi: es la amante, amiga y compañera de viaje del noble inversionista y acaudalado millonario durante su viaje en el Titanic, es una mujer que por su afecto a Jiraiya es capaz de ignorar las habladurías a su persona por la relación ilícita que sostienen.