-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una adaptación de serie Titanic estrenada en 2012 como conmemoración al centenario del hundimiento del trasatlántico RMS Titanic, no guarda semejanza alguna con la película de 1997, y gran parte de los personajes son de carácter ficticio/Los personaje pertenecen a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización corre por mi cuenta para la dramatización de la historia, así como las modificaciones que sucedan a lo largo de la trama.


Capítulo 7

Domingo 14 de abril de 1912

El viaje por el atlántico, rumbo Nueva York, no era ningún viaje por placer, ni nada parecido, o por lo menos no para los miembros de la tripulación y los fogoneros que trabajan arduamente en las calderas, ni para los jóvenes y doncellas que asistían a los pasajeros de segunda y primera clase, pero quizás si lo fuera para los pasajeros que al interior de los salones y "bodegas" de tercera clase, habían visto pasar el tiempo con parsimonia y comodidad, todo por una vida mejor en el continente americano. Según lo previsto, el día martes 16 habrían de atracar en Nueva York, en solo dos días el viaje inaugural del Titanic habría terminado con buen pie y sin contratiempo alguno y co tanto lujo y placer que la reputación del trasatlántico pasaría a la historia, tal y como ya lo había hecho su buque hermano, el Olympic. Como acostumbraba a hacerse en cada domingo, un clérigo religioso, católico, se encontraba empleando uno de los sones de tercera clase con la asistencia de gran parte de los pasajeros que escuchaban su prédica en respetuoso e inmerso silencio. Volviéndose hacia la cruz, el hombre inclino su cabeza contra el alta en devota sumisión antes de erguirse y volverse hacia los fieles que se encontraban presentes y que por inercia y costumbre se alzaron de los escaños que hasta entonces habían ocupado, algunos sosteniendo pequeñas biblias de bolsillo y otros con rosarios en las manos.

-In nomine patris, et filii, et spiritu sancti, amen- el clérigo hubo alzado la mano derecha y realizado la señal de la cruz para los presentes.

Para quienes viajaba en tercera clase, no era otra cosa sino las gracias, aquello que podían darle a Dios, las gracias por una nueva oportunidad de vida que se abría ante ellos, a nueva oportunidad de padres, esposas, hijos e hijas de acceder a aquello que en sus antiguos hogares les había estado simplemente vedado; ascender, mejor. De entre los pasajeros presentes que lentamente hubieron abandonado el salón, para retornar a sus camarotes, Pein en particular sabía que Europa era una tierra plagada de errores y que estaba feliz de haber abandonado, mientras que por otro lado América ofrecía sus virtudes y oportunidades como un tesoro arrebatador, utópico e idílico que si podía convertirse en realidad. ¿Existía algo mejor? Especialmente para alguien con...su pasado. Nagato por otro lado, desviando ligeramente la mirada hacia su familia, se tomó un momento de silencio para observar el crucifijo que había sido la figura más central durante la misa; si estaba cometiendo un error al llevar a su familia a América, lo ignoraba, más una parte de él repentinamente quiso saberlo, porque todo—hasta ahora—estaba siendo demasiado maravilloso como para ser verdad, incluso mejor de lo que él había esperado. Durante la misa había reparado en que Pein se encontraba sentado delante de él, pero no hubo sido hasta ahora—cuando el pelinaranja se volvió, colocándose el abrigo—que hubieron tenido oportunidad de dirigirse la palabra.

-Iré a estirar las piernas a cubierta- comento Nagato.

-Yo no, ir por otra dosis de religión- admitió Pein que en un corto lapsus de tiempo había hecho amistad con Nagato, -anglicana esta vez- enfatizo ligeramente divertido.

-¿Por qué?- se interesó el Uzumaki.

-Porque es en primera clase- obvio el pelinaranja como si fuera lo más obvio del mundo. Tengo curiosidad, ¿tú no?- solo conocían esas bodegas de paredes blancas, ¿Po qué no ver más, cuando se tenía la oportunidad?

-Trabaje en este barco, ¿recuerdas? conozco hasta el último recoveco- aludió Nagato, sonriendo ante dicha curiosidad. No necesitaba conocer nada, ya lo había visto. - Pero no te estropeare la aventura- alentó, ya que la curiosidad no tenía por qué ser un pecado, dependiendo de las circunstancias.

-Así soy yo, siempre estoy listo para una nueva aventura- menciono Pein orgullosamente, desviando la mirada hacia Konan.

Sentada aun en su escaño y acomodando los cabellos de sus hijos, Konan alzo la mirada al sentirse observada, encontrándose con la mirada de Pein, intentando evadir el interés que sentía por él, por todos los medios posibles y no solo porque supiera que estaba mal escuchar a su corazón en esta oportunidad, sino porque debía pensar en su familia antes que nada. Aparentemente Nagato o había conseguido darse cuenta del sentido impreso en las palabras que Pein acababa de pronunciar, ni tampoco en la mirada que osadamente le había dirigido a ella, y era mejor que no se diera cuenta de nada, al fin y al cabo nada pasaba entre ella y Pein. Dirigiéndole una sonrisa confiada a su amigo, como si no sucediera absolutamente nada, Pein abandono el salón, sabiendo que tarde o temprano habría de encontrarse con Konan, era lo bastante fácil de leer como para que él pudiera predecir lo que haría en consonancia con él. Siguiendo con la mirada la partida de su amigo, Nagato solo desvió la mirada de las puertas en cuanto su esposa se situó a su lado, junto al resto de sus hijos. En solo días se había dado cuenta de lo buen amigo que podía ser Pein, pero insólitamente sentía, por momentos…como si prácticamente no lo conociera, como si hubiera una parte o un pasado de él que simplemente se ocultara de tal modo que resultaba inaccesible, para que nadie lo descubriera, pero esas solo debían ser imaginaciones suyas, ¿cierto?

-¿Qué quería?- inquirió Konan, intentando no parecer interesada en lo absoluto.

-Me dijo que iría a la misa anglicana, aunque no parece el típico practicante- rió Nagato, alzando la mirada hacia las puertas que el pelinaranja había cruzado momentos atrás.

-La gente es una caja de sorpresas- sonrió la peliazul, intuyendo las razones de Pein para colarse a primera clase.

-Dijo que quería echar un vistazo- aclaro el Uzumaki que en lo personal no entendía o veía razón a aquella curiosidad.

Primera clase tenía un servicio religioso más…abierto, ¿abierto era la palabra más adecuada con la que referirse? Puede que si ya que la fe protestante o anglicana de los nobles caballeros y adineradas damas aceptaba nuevos adeptos u oyentes siempre que alguien tuviera la voluntad de querer participar, ya sea que fuera de la clase alta o no, y conocer los salones de primera clase era una oportunidad que nadie, y se enfatizaba nadie, querría perderse, Aunque Konan se repitiera mentalmente, una y otra vez, que no era correcto dejarse llevar por la curiosidad, siendo ya una mujer adulta y madre por encima de todo; quería conocer primera clase. Nunca tendría una oportunidad real de estar ahí, no en este viaje, no tenía nada de malo saciar su inocente curiosidad asistiendo a otro oficio religioso, ¿o sí? Seguramente Dios comprendería que tenía buenas intenciones al margen de todo cuanto pudieran decir las circunstancias. Acariciando la mejilla de su hija Ayaka que se acomodaba el cabello en un gesto de minimalista vanidad, Konan intento reconsiderar su idea, sabiendo que inevitablemente y ya fuera que lo buscara o no, quizás se encontraría con Pein en primera clase, pero su curiosidad por lo desconocido podía incluso más que el temor y la contención de sus sentimientos. Manteniendo la mirada baja y concentrándose en los rostros de sus hijos, Konan sonrió para sí, sin alzar la mirada hacia su esposo.

-Quizás vaya yo también- menciono Konan con genuino interés por ver más de lo que había visto de ese buque, hasta entonces.

-¿Para qué?- Nagato no quería sonar tan escueto, pero su esposa no tenía motivos por lo que hacer alfo así.

-Para ver la primera clase- la peliazul alzo la mirada hacia él, encogiéndose de hombros con obviedad.

-El señor te va a castigar- sonrió el Uzumaki, recordando que solo hacía unos instantes había concluido el rito religioso.

-No creo que Dios me condene por una pisca de curiosidad- Konan casi parecía una niña por la inocente sonrisa que tenía, y es que no creía que lo que quisiera hacer estuviera…mal.

-¿Y si es un Dios como el del antiguo testamento?- comparo Nagato, en el peor de los casos.

-Pues me arriesgare- acepto sencillamente la peliazul.

-Ve, adelante- consintió el pelirrojo, que se sentía egoísta privando a su esposa de descubrir aquel buque. Besándole la mejilla a su esposo, Konan observo por última vez a sus hijos antes de abandonar el salón, seguida por la vista de Nagato que la siguió con la mirada hasta verla desaparecer. -Ustedes vienen conmigo- les sonrió a sus hijos.

Su esposa merecía sacar su curiosidad, al menos por un momento.


-Lady Namiashi- saludo el capitán Hiruzen.

-Buenos días- contesto Jin, inclinando respetuosamente la cabeza al verlo.

-Buenos días, capitán- saludo Tenten con una cálida sonrisa.

En uno de los más fastuosos salones del enorme comedor de primera clase, conectados con la gloriosa escalinata cuya cúpula hacia centellar la luz del sol; el capitán Hiruzen Sarutobi tenía la labor de oficializar la ceremonia religiosa, ataviado en su uniforme y sus debidas condecoraciones. Aunque no sería él quien diera el correspondiente grado de espiritualidad al rito religioso en sí, sino un clérigo anglicano que se encontraba presente, pero el, como capitán, tenía la labor de llevar a cabo el rito como su mano derecha. El capitán reviso el libro de oraciones que sostenía, identificando el habitual ceremonial que siempre realizaba en alguno de sus viajes, pero que por momentos lo hacía sentirse fuera de práctica. Inclinando la cabeza al entrar en el salón, con el permiso del segundo oficial Kakashi Hatake, que le entrego amablemente una copia del libro de oraciones, Konan intento sentirse no tan fuera de lugar ante los elegantes trajes de las otras damas presentes, ni ante la opulencia que reinaba en cada rincón; en ese momento no le extraño que llamaran a la zona de tercera clase como "bodegas", lo parecían en comparación con aquellos enormes salones. Busco el primer lugar disponible, intentando no molestar a nadie, pero dándose cuenta tardíamente que había ido a parar exactamente al lado de Pein que se percató de inmediato de su llegada…inevitablemente pensó en cambiarse de lugar, pero , ¿Qué imagen daría?

-No tenga miedo de la fuerza de sus sentimientos- murmuro Pein, sin poder evitarlo.

Las palabras del pelinaranja hubieron hecho eco en sus pensamientos, haciéndola sentir todavía más vulnerable y frustrada consigo misma; si, se había casado muy joven y con el primer hombre por el que había sentido algo más que amistad, ¿Había sido un error? Tal vez, pero Nagato era su compañero de vida, o imaginaba nada en el mundo además de lo que tenía y ahora que por primera vez fantaseaba con la posibilidad de algo más, se daba cuenta de todo cuanto podía arriesgar por una locura infantil. Intentando pensar con todas sus fuerzas en su familia y con el prudente raciocinio que la ocasión ameritaba, Konan mantuvo la frente en alto y la vista en un punto invisible en la nada misma, como si no sintiera nada y como si nada pudiera molestarla en lo absoluto, logrando que Pein cesara de hablarle. Por su parte, el segundo oficial Kakashi Hatake hubo dirigido una vaga sonrisa a quienes cruzaban el umbral del prominente salón, siendo uno de los pocos momentos libres de deber y protocolo del cual podía disfrutar durante este viaje, hasta ahora, sin romper con su turno de trabajo y vigilancia nocturna, claro. El matrimonio Akimichi, intentando no obnubilarse con la magnífica elegancia y opulencia que existía en primera clase y de la cual por primera vez eran testigos, se hubo detenido en el umbral del salón, sonriéndole al segundo oficial que le tendió los respectivos libros de oraciones a necesitar durante el ceremonial anglicano.

-¿Podemos pasar, solo somos de segunda clase?- consulto Choji, sin reparar en la sutil mirada que le dio su esposa.

-Todo el mundo es bienvenido al servicio- contesto Kakashi, invitándolos a pasar.

La verdad es que Kakashi creía férreamente que él no era nadie en particular como para hacer distinción de una clase social u otra, ¿Por qué lo haría si había empezado de lo más bajo? Literalmente tenia mil y un historias que contar hasta llegar al actual ritmo de su vida, por eso no le molestaba que incluso algunos pasajeros de tercera clase asistieran al servicio religioso, es más, estaba complacido con ello. Tan estoicamente como le era posible, acompañando a su esposo y despidiéndose con la mirada del segundo oficial, Karui hubo apretado disimuladamente los dientes ante la pasada sinceridad de su esposo, una de sus mayores virtudes y defectos al mismo tiempo. Si, quizá no fuera una dama noble como Jin Namiashi u otra de las insulsas y arrogantes mujeres que estaban presentes en el opulento salón y a quienes sintio analizarla co la mirada, pero tenía más dignidad que ellas porque nunca, jamás se había dejado pisotear y era precisamente por esto que detestaba que se refirieran a ella como "solo", ella podía ser todo cuanto quisiera, podía lograr todo lo que se propusiera y podía estar al nivel de cualquier otra persona, ¿Por qué ningunearla entonces? Nadie tenía derecho de hacerlo. Encontrando un lugar vacío, Karui y su esposo Choji se hubieron sentado uno al lado del otro, más ni aun así ella hubo conseguido sosegar la tempestad que llevaba dentro de su corazón.

-¿Qué quisiste decir con "solo"?- increpo Karui apenas se hubieron encontrado solos. -Yo no soy "solo" nada- puntualizo, ofendida en su orgullo.

Los londinenses en su mayoría eran individuos sometidos bajo costumbres apolilladas, establecidas centralmente por un sistema de clases y tal vez la mayor razón de esto fuer que tenían un nivel jerárquico sumamente establecido, encabezado por un rey y luego todos los demás estaban por debajo de eso. Precisamente por estas costumbres, tradiciones y el modo de vida que tenían es que no hubieron tardado en escucharse murmullos entre los presentes que no hubieron dudado en reparar en los no…aristocráticos presentes. Era la sociedad de clases existente e imperante en la sociedad inglesa lo que hacía que muchos de los nobles señores y hermosas damas se sintieran seguros, con su propio poder, por lo que la presencia de terceros no tan deseado hubo generado incomodidad, no para los miembros de la tripulación, pero si para los pasajeros que cotillearon entre si y que se hubieron sentido indignados en su arrogancia y títulos nobiliarios—heredados o no—por tener que aguantarlos. Se suponía que el viaje borde de aquel trasatlántico era un viaje por placer, ¿no? Pues esta experiencia en particular no era precisamente de lo más placentera. De entre los presentes, Hana y su esposo Kankuro Shiba, fueron quienes hubieron visto con menor tolerancia la presencia de personas…no tan agradables, especialmente Hana que se sentía ofendida como nunca.

-No me parece normal que los pasajeros de segunda, los sirvientes y los de tercera, vengan a misa con nosotros- murmuro Hana, casi temblando de inquietud. -Mejor volveré al camarote- dispuso levantarse en el acto.

-El capitán se decepcionara si lo hacemos- detuvo Kankuro en un susurro, sujetándola del brazo.

Las apariencias eran algo fundamental, puede que fuera lo único que se pudiera encontrar por encima del orgullo y las costumbres, así que resignadamente, apretándose las manos con disimulada frustración, Hana se hubo mantenido junto a su esposo y en ese salón, pro dignidad y apariencia. Sentado tras el matrimonio Shiba y en compañía de su hija Tenten y su esposa Jin, Raido Namiashi rio tan sutilmente como le fue posible ante lo que acababa de oír; no lo iba a negar, como todo miembro de la nobleza, vivía de la expectativa como todos, pero no permitía en ningún momento que eso generara prejuicios hacia personas de otras clases y menos en un momento así en que todo debería de ser recogimiento y calma…tal vez fuera por esto que Tenten era tan revolucionara, porque no tenía prejuicios y sentía que todos deberían hacer igual, lo cual no era tan fácil, este fue el motivo de su risa y lo que inevitablemente atrajo la atención de su esposa Jin que si bien no se mostraba emocional en ningún sentido, casi, casi se veía tentada a carcajearse por lo bajo, como él. Para Jin, aquello no era gracioso, no como para su esposo, obviamente, más debía reconocer que no sabía cómo sentirse, resultaba sospechoso tener a personas de diferentes clases reunidas en un mismo espacio, casi la hacía sentir preocupación al no saber que esperar, pero no prejuicios.

-Puedes reírte, pero es muy raro que nos metan aquí, todos apelotonados- menciono Jin, casi apretando los labios al hablar para no dar una imagen impropia de ella, - y la mitad parecen sospechosamente católicos- sonó prejuiciosa, aunque en el fondo esa no hubo sido su intención.

-No creo que a Jesús le importe en lo más mínimo- contesto Raido calmadamente.

Reparando en el efecto de sus palabras, Jin desvió la mirada hacia su esposo, sonriéndole por su respuesta; como siempre, Raido tenía razón, era mejor solo disfrutar de la misa e ignorar los prejuicios, aunque fuera solo una vez.


Al margen del servicio religioso y con el pasar de las horas, hubo sido bastante fácil continuar con la habitual jornada de trabajo que en nada se relacionaba con la opulenta y sociable rutina de los pasajeros de primera clase. Esa mañana el trabajo había sido mínimo, en cierto modo Sasuke había tenido su propio descanso, por la menos unas cuantas horas, más conforme el atardecer se hacía presente en el ambiente, con ello surgía el omento de acondicionar el salón comedor para la cena de aquella noche, más aun así este parecía ser su día de suerte porque mientras que sus compañeros de trabajo se encontraba atareados con mesas atestadas de pasajeros ilustres…el solo tenía a dos en su mesa, pero esta vez y como nunca, planeaba ser meticuloso en su actuar, esa era la única razón por la que estaba tardando. Devolviendo su reloj de bolsillo al interior de su delantal, Sakura se hubo tomado el atrevimiento de dirigir hacia primera clase, más enfáticamente al salón comedor, sabiendo que encontraría a Sasuke allí; se había hecho una costumbre para ambos pasar tiempo juntos, tanto durante algunos breves momentos de su jornada de trabajo como durante sus ratos libres, y la Haruno debía reconocer que lo estaba viendo como a un buen amigo, y puede que más pero cada vez que sus pensamientos iban en esa dirección, se contenía de albergar alguna idea errónea, no tenía derecho a pensar así, además apenas comenzaban a conocerse.

-¿Qué estás haciendo?- indago Sakura, analizando la labor que el Uchiha estaba llevando a cabo.

Mientras el resto de los presentes trabajaban a toda prisa, intentando no perder ni siquiera un minuto de su tiempo en algún detalle en específico, Sasuke parecía realizar todo con absoluta calma, casi con temor a equivocarse en el más insignificante de los detalles, por primera vez en mucho tiempo realmente parecía estar concentrado en su trabajo y en nada más, realizando un gesto y evaluándolo meticulosamente antes de proceder, esto le resultaba tanto curioso como divertido. Tan concentrado como había estado hasta ese minuto, Sasuke reconoció la voz que hubo roto con su "concentración", volviéndose y encontrando a Sakura que con las manos tras la espalda le hubo dirigido la misma radiante sonrisa de siempre. Durante una de sus primeras conversaciones juntos, días atrás, ella había dicho que era una mala influencia y quizás tuviera razón, pero desde ese día Sasuke había tomado la voluntaria decisión de…reformarse, ya no cometería las mismas imprudencias y locuras, ni iría tras una nueva aventura a la primera oportunidad, no a partir de ahora pensaría mejor las cosas y eso se lo debía a ella que prontamente se situó a su lado para analizar la labor que estaba llevando a cabo y que a él continuaba pareciéndole de lo más curiosa y por lo que precisamente se estaba esforzando en ella, aunque fuera mínima.

-Hoy solo tengo a dos- explico Sasuke, obviando el por qué para su mínima labor, esta noche. -Los Hyuga organizan una fiesta para el capitán en el restaurante de Gatti, han invitado al lord inglés y a su familia, a los Inuzuka, los Yuya, a la actriz, así que solo quedan los Shiba- intento no reír al decir esto último.

-¿Qué habrán hecho mal?- pregunto Sakura, manifestando sus pensamientos en voz alta, recibiendo como respuesta una negativa de parte de Sasuke que solo se encogió de hombros, la verdad es que no había como saberlo.

-¿Debería sentarlos juntos, o mantener la distancia?- consulto el Uchiha, algo inseguro sobre que sería "políticamente correcto"

-Yo no haría esa pregunta en un bar abarrotado- bromeo la Haruno.

Ahí estaba ese sentido del humor tan particular y que lo hizo contener una carcajada forzosamente ne caso de que apareciera el jefe de camareros, ya había recibido reprimendas anteriormente y por supuesto que ahora no quería otra. Riendo melodiosamente y cubriéndose los labios, Sakura admiro el elegante salón, casi sintiendo deseos de pertenecer a ese mundo que le resultaba absolutamente lejano.

-Me encantaría trabajar aquí- admitió la pelirosa, ligeramente soñadora al confesarlo en un suspiro. -Con los caballeros tan inteligentes, y las damas con sus bonitos vestidos y sus brillantes diademas- todo aquello era un mundo que no conocía, pero Sasuke llevaba días y noches enteras en él, casi, casi…le tenía envidia, casi.

-¿No te preguntas porque ellos tienen tanto y tu tan poco?- curioseo el Uchiha, ya que él muchas veces se había hecho esta pregunta, sin encontrar respuesta alguna.

-No creo que tenga tan poco- contesto la Haruno tras meditarlo por menos de un segundo. -No creo en la envidia, te carcome por dentro, además siempre habrá ricos y pobres- obvió encogiéndose de hombros distraídamente.

Antes, cuando había sido una niña, se había preguntado porque habían diferencias entre las personas, o más enfáticamente porque debían existir ricos y pobres, separados por niveles sociales tan irreconciliables; nunca le había encontrado sentido a eso, ni respuesta, ni aun hoy, pero había aprendido a vivir con las diferencias sin que le molestaran en lo absoluto. Nunca le había faltado nada en su vida; había tenido techo, cama, padres que la amaban y comida cada día sin importar que no fuese demasiada y hoy tenía un trabajo relativamente estable, ¿Qué más se podía pedir?, ¿Riqueza, fortuna, gloria? El poder y la riqueza—valga la redundancia—corrompían a las personas, les hacían olvidar lo mejor de sí mismos, los hacia egoístas, por lo que ni aun cuando tuviera la oportunidad hubiera deseado pertenecer al mundo en que vivían los pasajeros de primera clase. Encontrar a alguien que pensara igual que él le parecía insólito, bueno, además de su hermano Itachi aunque él era un caso aparte a decir verdad; puede que sus padres hubieran muerto cuando él había sido un niño y que inmediatamente Itachi hubiera tenido que hacerse cargo de él, más ni aun así había sentido que le hubiera faltado algo en la vida, es decir, si, había visto las desigualdades entre las personas, pero nunca había permitido que eso lo afectara y se alegraba que también hubiera sido así para Sakura.

-Tal vez- acepto Sasuke, no habiendo pensado en las cosas de esa forma, no hasta que ella le hubiera planteado la posibilidad, -pero conozco un lugar donde es más fácil pasar de un grupo a otro; América- cito sabiendo que eso la animaría.

-Eso dicen- rió Sakura, admitiendo que comenzaba a contagiarse de su esperanza.

-Allí se puede llegar desde lo más alto a lo más bajo, sino se tiene miedo al trabajo- evidencio el Uchiha en base a todo cuanto su hermano mayor le había comentado, tras sus viajes.

-¿También una mujer?- curioseo la Haruno, interesada por sus palabras. -Yo no tengo miedo al trabajo. ¿Puedo llegar a la cima?- realmente quería saber si era posible que esa "tierra de esperanza" distaba tanto de la apolillada realidad londinense bajo la cual había crecido.

Afortunadamente cuando su padre había muerto ella había tenido la edad suficiente como para conseguir un trabajo serio, primero como una simple mucama para algunas damas nobles y de ahí a una camarera en varios de los buques de la naviera White Star, un trabajo que había mantenido por años hasta llegar a hoy, no le había disgustado hacer el trabajo que fuera preciso hasta obtener algo de estabilidad, para ella y para su madre, entonces, ¿Por qué una mujer no podría cumplir el sueño americano, igual que un hombre? Tal vez esa no fuera su intención en lo absoluto, pero solo quería saber si Sasuke la trataba o veía diferente solo por el hecho de que fuera una mujer, como hacían muchos otros. La valentía no se encontraba en un hombre o en una muer en particular, se encontraba e cualquier persona que no se dejara inmutar por el temor, que pudiera superar las limitaciones y luchar por algo aún más importante, aquello en lo que se creía; esto es lo que Sasuke creía con respecto a la pregunta de Sakura, más no necesitaba responderle eso, estaba convencido de que ella lo sabía. Por otro lado y viendo la interrogante en los ojos de la Haruno, se sintio tentado a pronunciar otra respuesta que quizás la confundiría, pero que sintio que no podía contener por más tiempo, aunque fuera osado de su parte referirse a eso:

-¿Y una pareja?- se aventuró a preguntar Sasuke, sin negar su curiosidad, más deseando saciar la propia, -¿Y si los dos desean iniciar una nueva vida?, ¿Qué no podrían conseguir?- especifico, esperando ver algo en esos hermosos ojos que le diera al respuesta que necesitaba.

Quizás era un error realizar una pegunta tan profunda en ese preciso momento, si advertencia alguna, pero, ¿Cómo callar lo pensaba desde el primer en que la había visto? Quizás fuera precisamente el factor "contra reloj" lo que lo impulsaba y a la vez hacia adicto a ella y su presencia, haciendo que se sintiera de un modo en que jamás se había sentido anteriormente, era como si—literalmente—tuviera a la razón de su vida delante de él, casi a su alcance. Viéndolo a los ojos con máxime atención, Sakura no supo que contestar, no supo si la pregunta estaba buscando algo e especifico de ella, peor solo sabía que por un momento, sumergid en su mirada, sintió como si todo en el mundo pudiera desaparecer salvo ellos; sentía algo por él, ni siquiera sabía que, ya que nunca había tenido la oportunidad de enamorarse o vivir del amor, ¿Cómo saber si se estaba enamorada? Quiso contestarle algo, pero de inmediato se arrepintió de ello, quizás la respuesta que fuera a darle se debiera al desconcierto y a un impulso, no a la sinceridad que solía mostrar. Al no recibir contestación a su interrogante y viceversa, Sasuke procedió a continuar con su labor, contando esta vez con la asistencia de Sakura que se mantuvo a su lado en todo momento, sintiéndose infinitamente a gusto a su lado y viceversa.

-¿Es tu sueño?- más bien afirmo la Haruno, asombrada por su perspectiva del mundo.

-Tengo muchos sueños- el Uchiha creía que quizás fuera tonto al asumirlo, pero sentía que no podía mentirle, no a ella, -este es el corazón de todos ellos- admitió encogiéndose de hombros.

Siendo sinceros, ambos vivían de sus sueños, aunque tal vez Sakura fuera quien menos oportunidad tuviera para realizarlos, pero se entendían; compartían la misma perspectiva.


-Pero Filadelfia está demasiado lejos- objeto Raido ahora que evaluaba mejor las cosas.

-Es mejor un pez gordo yanqui, que un anarquista ingles con una bomba- adujo Jin, a modo de comparación, volteando a verlo y esperando hacerlo comprender el problema que tendrían si no insistían en que Tenten se relacionara con Neji.

El temor de todo padre era ver a su hijo o hija crecer y alejarse más y más con el pasar del tiempo, aún más si se trataba de su única hija que pese a ser una rebelde incondicional a las costumbres y tradiciones inglesas, era su mayor tesoro en el mundo. La familia Hyuga poseía una gran fortuna en Filadelfia, era una vida segura para cualquier joven que estuviera buscando esposo y quizás en otro momento, Raido hubiera aceptado que su hija contrajera matrimonio, pero ahora…no estaba muy seguro de eso, le parecía que Filadelfia estaba demasiado lejos de Londres como para visitarla con regularidad. Jin no iba a mentir, tampoco resultaba a agradable para ella separarse de su única hija, pero se trataba del bienestar de Tenten que finalmente había aprendido del sosiego y la cordura gracias a la positiva influencia de Neji, por fin su deseo de que su hija fuera una joven educada y de bien se estaba volviendo realidad sin mucho esfuerzo, ¿Por qué desaprovechar la ocasión entonces? Los padres de Neji le había dicho a Raido y ella que estaba encantados con Tenten y que estarían más que satisfechos con un matrimonio entre ambos, el más ventajoso hasta la fecha y quizás el único lo bastante glorioso teniendo en cuenta los antecedentes que Tenten tenía, habiendo participado en tantas manifestaciones. Solo los estadunidenses podían ver aquello como algo positivo y merecía aprovecharse la ocasión.

-¿Este broche es muy ostentoso?- se preguntó Jin, analizando hasta el último detalle de su ajuar, -¿Debería usar uno más pequeño?- medito en voz alta, recordando que tenía un broche más pequeño que quizás se vería mejor.

-Debemos irnos- apremio Raido, revisando su reloj de bolsillo y recordando que aun debía ir por Tenten que debía de haber terminado de arreglarse, en su camarote.

-Oh, qué más da- bufo la Namiashi, sosteniendo su abanico de plumas y dándose el ultimo visto ante el espejo. -Este servirá- se convenció con un deje de frivolidad.

Era una condesa y tenía una vida exitosa en su mayoría, si otros no tan afortunados se desvivían presumiendo de todo cuanto poseían, ¿Por qué ella en lo personal no tendría el derecho a exhibirse aunque fuera por una ocasión? No era un pecado ser vanidosa y no podían crucificarla por eso, ¿cierto? Al fin y al cabo no era la única que lo hacía. De pie tras la condesa Namiashi, Hinata se hubo mantenido callada e imperturbable, más con el corazón en vilo al pensar en que la condesa le pidiera sacar el broche que hasta entonces se mantenía con su equipaje, en las bodegas, ¿Cómo se explicaría entonces? Afortunadamente y tras darse una última mirada en el espejo, la condesa hubo desistido de esta idea, retirándose junto a su esposo, permitiéndole recuperar el aliento que conscientemente había cesado de tener por causa de su justificado temor. Habiendo escuchado toda la conversación, Naruto emergió desde el camarote aledaño, dirigiéndole una vaga sonrisa a Hinata que alzo la mirada hacia él, pese a ser una persona tan nerviosa, esta vez la Hyuga había sido capaz de contenerse para o queda en evidencia.. A toda prisa y sabiendo que el tiempo sería escaso, Hinata se aproximó a él ya que esta era la primera vez que tenían servida e bandeja la opción de remediar el problema que ella había ocasionado y que si bien debería de solucionar sola, Naruto quería ayudarla insistentemente.

-¿Ahora?- consulto Hinata, casi temblando de los nervios.

-Ahora- corroboro Naruto con una sonrisa, trasmitiéndole calma.

Era algo sumamente arriesgado, lo sabían, si eran descubiertos, perderían sus trabajos y en el peor de los casos irían directamente a la cárcel, si posibilidades de resarcirse y demostrar que no habían hecho absolutamente nada con malas intenciones. Se saltarían la cena en el comedor de sirvientes, usarían ese tiempo para bajar y buscar el broche en el equipaje de Hinata, más no podía haber error alguno. Abriendo la puerta, Naruto y Hinata abandonaron el camarote, cerrando la puerta tras de sí.


Los sentimientos eran lo más complejo que podía existir en el mundo, nunca se tenían las respuestas o señales suficientes como para inferir sobre ellos a menos, claro, que se conocería a esa persona desde siempre o lo suficiente para predecir lo que podría hacer, más ni aun así era una ciencia exacta. Las mujeres en particular era algo aparte del mundo mundano, nunca se podía evaluar una reacción de ellas en base a…menos aun desde la perspectiva de un hombre, por lo que resultaba aún más frustrante para Sasuke querer confesar lo que sentía por ella, pero sin saber si sería correspondido o rechazado. Sentado sobre su cama, en su camarote y "disfrutando" de su breve descanso antes de volver a las calderas, Itachi hubo escuchado atentamente la ardua explicación de su hermano menor que por primera vez se había enamorado en serio; usualmente ambos eran objeto de atención y eso no podía negarlo, pero de ahí a ver en serio a una mujer…eso era algo totalmente diferente. Esta chica llamada Sakura, debía de ser verdaderamente excepcional, porque Sasuke no era nada fácil de atrapar y aun cuando Itachi quisiera conocerla para darle el "visto bueno", por ahora debería intentar ayudar a su hermano a evaluar si confesarse era la mejor opción de cara al futuro, o no, especialmente ahora que el tiempo iba en cuenta regresiva, solo quedaban dos días para atracar en Nueva York y solo dos días para dar el paso crucial antes de que fuera tarde.

-¿Cómo sabes que sentirás lo mismo cuando estemos en tierra?- se aventuró a cuestionar Itachi.

-Lo sé- contesto Sasuke únicamente, muy seguro de lo que sentía.

-Entonces díselo- obvio el mayor de los Uchiha, no viendo donde estaba el problema que le impedía a su hermanito confesar sus sentimientos.

-Bien, ¿Y qué le ofrezco?- inquirió el menor de los hermanos, evidenciando el porqué de sus problemas. -¿Un hombre que no tiene nada salvo grandes sueños?- odiaba criticarse a sí mismo, pero esta vez tenia razón, no tenía nada que pudiera agradar a Sakura. -No es suficiente- bufo para sí, casi dándose por vencido.

Siempre, hasta antes de conocer a Sakura, había estado muy seguro de sí mismo y es que pese a su juventud había sido tan arrogante como cualquiera y convencido de que podría lograr todo cuanto se propusiera sin importar lo imposible que pareciera, todo por sus creencias y sueños, pero ahora conocía a esta hermosa mujer de sentimientos honestos y perspectivas pacifistas que había venido a sacudir todo en cuanto creía y volviéndose el eje central de sus pensamientos; por primera vez en su vida se había enamorado y no tenía ni la más remota idea de que hacer. De pie y de brazos cruzados, casi paseándose como un león enjaulado delante de su hermano que meditaba en silencio, Sasuke se sentía próximo a la desesperación, sabía que estaba perdiendo tiempo producto de su indecisión, pero temía a la negativa que Sakura pudiera sentir, ¿Y si se sentía presionada?, ¿Y si no lo veía como más que a un amigo o ni siquiera eso? Sabía que, por ahora, no volvería a verla hasta después de la cena, cuando tenía un breve momento de descanso, más debía tener algo que decirle en ese momento, algo insignificante, lo que fuera. Por una vez, Itachi Uchiha no tenía una respuesta, no sabía que aconsejarle a su hermano y es que en temas del amor, él era igual de inexperto, podían literalmente lloverles las mujeres, pero de ahí a tener experiencia en el amor…había un gran trecho

-Sera mejor que te vayas, pronto van a servir la cena- fue todo cuanto Itachi pudo decir, intentando encontrar una respuesta lo más pronto posible. Era duro fracasar, usualmente era el quien siempre tenía todas las respuestas, ese era su rol como hermano mayor, más esta vez no sabía que decirle a Sasuke para animarlo. Escuchando sus pasos hacia la puerta, Itachi se hubo dado cuenta de una opción que si bien podía no ser tan viable, por ahora era la única lo bastante buena como para resultar exitosa. -Sasuke- el menor de los Uchiha se volvió antes de abandonar la habitación, centrando su atención en su hermano mayor, -ofrécele tus sueños- sugirió Itachi con una ligera sonrisa.

Si Sasuke siempre había admirado de su hermano mayor, era el modo con que, aun en la desesperanza, podía encontrar una respuesta asertiva a todo cuanto sucediera y esta vez en nada hubo sido diferente. Con una sonrisa ladina, Sasuke abandono el camarote de su hermano, cerrando la puerta tras de sí; esta vez era todo o nada, o Sakura le correspondía o lo rechazaba y estaba dispuesto a aceptar esa respuesta, fuera cual fuera.


Restaurante de Gatti

Pese a encontrarse en el área perteneciente a segunda clase, el restaurante del señor Gatti era uno de los lugares más exclusivos del barco y al que no muchos podían acudir; costoso, sí, pero que merecía la pena ser visitad pro su lujo y el famoso café parisino que tenía aledañamente. Gaspare Antonio Pietro Gatti había sido elegido por la línea White Star para administrar los restaurantes a la carta a bordo del Olympic y Titanic, y empleaba a los trabajadores de sus propios restaurantes, en Inglaterra, como miembros de la tripulación colindante a bordo. Franceses, italianos, suizos, alemanes, belgas…no hacia distinción si de nacionalidad se refería y puede que fuera precisamente por esto que imperara el exclusivo aire europeizado del cual Inglaterra casi carecía por ser una isla. Ante una larga mesa se encontraban cenando y chalando amenamente los matrimonios Hyuga, Namiashi, Inuzuka, Yuya, así como la encantadora actriz Mirai Sarutobi y su madre Kurenai. Si alguien disfrutaba particularmente de la cena esas personas eran Raido Namiashi y Hanako Hyuga que respectivamente querían emparejar a sus hijos que evidentemente habían caído en el amor, ¿Cuándo más se tendría una oportunidad así y que a su vez fuera perfecta y socialmente aceptable? Ambos tenían tanto en común como para entablar conversación de inmediato a la par que mantenían un ojo vigilante sobre sus hijos que se encontraban sentados uno al lado del otro, muy cerca de ellos.

-¿Cómo ha conseguido librarse de esos pesados de los Shiba?- se interesó Raido genuinamente.

-Simplemente no los invite. Los métodos más antiguos son los mejores- confeso Hanako con complicidad. -Además, si hubiera venido, habríamos sido trece en la mesa- obvio, casi palideciendo ante la sola mención.

-No me arriesgaría a eso en mitad del océano- reconoció el Namiashi.

-Yo tampoco, soy muy prejuiciosa- admitió la Hyuga entre risas.

No solo se trataba de dinero y reputación, lo cual usualmente era esencial en todo matrimonio; era evidente que sus hijos estaban enamorados…solo necesitaban un ligero empujón en la dirección correcta y ellos como padres que eran, se los darían. El restaurante a la carta, administrado por Gatti era mucho más grande que el restaurante ya visto en el RMS Olympic, con una capacidad para 150 personas y con más de 60 empleados y mozos para encargarse de todo, en su mayoría de nacionalidad francesa e italiana, y solo se permitían atender a pasajeros de primera clase, y las mesas debían reservarse con anticipación. Incluso en la década de 1890, cenar en público, no era considerado socialmente aceptable por algunas clases altas, especialmente por la nobleza y los "viejos ricos", por lo que se consideraba necesario dividir aún más a los pasajeros de primer clase. Sonriendo en todo momento, Tenten intento no parecer tan absortar por la conversación que sostenían con el caballeroso heredero de los Hyuga en cuya mirada carga de intenciones ocultas podía perderse con facilidad siendo que él podía leerla como si fuera un libro abierto, algo que nadie había podido hacer, ni siquiera sus padres que por momentos—al no entender sus ideales de revolución y libertad—fácilmente preferían ignorarla o postergar alguna conversación antes que hablar con ella por largo tiempo. Neji Hyuga definitivamente era diferente de cualquier hombre que hubiera conocido antes.

-Su madre, nos ha invitado a Newport mientras estemos en América- comento Tenten, secretamente emocionada por visitar un lugar nuevo. -¿Cree que intenta emparejarnos a nuestras espaldas?- inquirió a modo de broma

-A mi espalda no, le pedí que los invitara- confeso Neji para sorpresa de la joven Namiashi que intento no parecer demasiad abrumada, de hecho quería pasar mucho más tiempo con él aunque no sabía cómo decírselo. -Es pero que no le importe- añadió el caballerosamente, obteniendo una sonrisa a cambio, repuesta obvia de que estaba disculpado. -Es un lugar encantador, ¿ha navegado alguna?- pregunto curioso.

-La verdad es que no es navegado nunca- admitió la Namiashi, algo sonrojada por su falta de experiencia en tal práctica.

-Bueno, habrá que arreglar eso- sonrió el Hyuga sin dejar de verla.

Era una noche simplemente perfecta y nada podría arruinarla, nada.


La cena había concluido como una más, nada más y nada menos aunque con cierto silencio, al menos en el caso del Uchiha que durante la cena se había mantenido al margen, como silente espectador y oyente de la conversación que escasamente había sostenido el matrimonio Shiba por no ser incluidos a la cena en honor al capitán Sarutobi en el restaurante de Gatti. La verdad es que no tenía ni idea de porque personas tan adineradas malgastaban su dinero en un restaurante costoso siendo que podrían comer gratuitamente en ese lujoso salón comedor en que él y sus compañeros de trabajo despejaban las mesas, y es que precisamente el problema de diferencia de clases es que dichas diferencias eran prácticamente irreconciliables. Llevando a cabo su trabajo, aunque algo distraído, Sasuke intento pensar en que hacer esa misma noche o a la primera oportunidad del día siguiente, tenía que proponerle a Sakura que se casara con él, claro que albergaba en su mente las dos caras de la moneda; ser aceptado o bien rechazado, pero todo eso sería consecuencia de un intento y no podía desistir sin haber librado la primera batalla. Asomando la cabeza por el umbral del elegante salón, Sakura dio un vistazo a la escasa actividad que aún había ahí, reconociendo a Sasuke de entre quienes se encontraba presentes, aun cuando le diera al espalda; su altura, su forma de moverse y el color de su cabello le resultaban totalmente inconfundibles.

-¿Puedo interrumpirte?- indago Sakura, apareciendo en el umbral de la puerta.

-Claro, hoy termine antes- evidencio Sasuke, recogiendo los últimos platos y cubiertos.

-Dos de mis sirvientes se perdieron la cena, y no quisiera que se fueran a la cama con hambre- aludió ella, lamentando molestarlo, pero no teniendo a nadie tan cercano a quien recurrir.

-Encontrare algo- tranquilizo él, comprometido a ayudarla.

-Gracias- sonrió la pelirosa, recorriendo con la mirada el enorme saló que no cesaba de llamar su atención por el sinfín de hermosos detalles trazados en él, de principio a fin. -¿Así que todos han ido al restaurante de Gatti?- más bien afirmo, recordando que él le había dicho eso anteriormente.

-Sí, todos excepto los Shiba, y a la señora Hana no le ha gustado eso- acoto el Uchiha ligeramente divertido al rememorar la conversación que había oído, una de sus virtudes como permanente espectador. -Debió resultar costoso para el señor Hyuga- supuso únicamente ya que comer en el restaurante de Gatti no era gratis, no como en primera clase.

-¿Por qué pagar si pueden comer en primera clase, gratis?- pregunto la Haruno al aire, confundid ante semejante despilfarro irracional.

-No tengo la respuesta- negó él, encogiéndose distraídamente de hombros. -¿Por qué no han cenado?- se interesó recordando el problema que ella tenía con dos sirvientes que no habían cenado.

-No lo sé, quizás hacían algo para sus jefes- supuso ella, aunque quizás la otra opción fuera que se hubieran vuelto más cercano ente si, y de ser así, estaba feliz por ellos. -Continúa con lo que estabas diciendo antes- invito, deseando escuchar de todo corazón la opinión que él tuviera que dar, fuera cual fuera.

-¿Qué estaba diciendo antes?- bromeo Sasuke, fingiendo que no recordaba su anterior conversación.

-Lo de…tus sueños- recordó Sakura, volviendo su rostro hacia el de él, genuinamente interesada.

-¿Y qué pasa con "tus sueños"?- contrario el Uchiha, más interesado en conocerla aún más que en contarles cosas sobre él.

-Creo que no tengo sueños- musito la Haruno, llamando la atención de él que alzo la mirada en su dirección, casi incrédulo por lo que oía, -no como los tuyos- añadió ya que quizás fuera erróneo admitir lo primero como algo irrefutable, -yo espero a ver qué pasa, y luego intento sacarle provecho- discernió puesto que aquello parecía tener más sentido en relación con su forma de ser.

-Yo creo en hacer que pase- puntualizo él, teniendo su propia perspectiva del "destino".

-Yo también, claro- concordó ella, -cuando se tiene la oportunidad- acoto como aclaración.

Lo curioso de los sueños es que por más hermosos que fueran y por más voluntad que se pusiera en ello, en el peor de los casos podían llevar a una persona por la senda equivocada si ese sueño no era realista y si afectaba a otros, por ello nunca se había dejado llevar demasiado pro las ideas infantiles que si habían tenido otros niños y niñas de su edad, aun cuando su difunto padre Kizashi si la hubiera incitado a ello. No iba a decir que su vida no tenía sentido si un sueño, porque si tenía sueños, pero breves, aquellos que solo estaban a su alcance y que más que aportarle a sí misma, siempre le permitían ayudar a otros, ¿eso era realmente un sueño? A veces sentía que sí, pero ahora no estaba muy segura. Itachi le había aconsejado ofrecer su sueños como ese algo tan valioso que mereciera aprobación y aunque no creía que eso fuera suficiente, Sakura realmente parecía cautivada pro su perspectiva para ver la cosas; no tenía un anillo y estaban en medio de su jornada de trabajo, pero ahí y teniéndola delante de él, Sasuke hubo ratificado e que estaba enamorado de esta hermosa mujer y que deseaba—de todo corazón—ser digno de ella y de ganar su amor. Había cometido muchas locuras en su vida, unas más grandes que otras y puede que esta fuera la más grande, pero aun así y dejando los platos sobre la mesa, viéndola atentamente a los ojos como si nada más importara, Sasuke e decidió a formular su declaración:

-Entonces…- tomando aire, Sasuke centro su completa atención en ella, más que predispuesto a cualquier reacción que ella pudiera tener; -¿te casarías conmigo?

-¿No…es mejor que limpies la mesa primero?- rió Sakura por inercia, pensando en que estaba bromeando, tenía que ser una broma.

-Hablo en serio- refuto Sasuke al escucharla reír y admitiendo que, viniendo de él, verdaderamente parecía una broma.

-No lo haces- rió la Haruno, negando para sí.

-Si, lo hago- reitero el Uchiha, tomándola de las manos. Aquellas palabras desorientaron a Sakura que si bien había reído hasta hacia medio segundo, ahora no hacía sino verlo incrédula, absorta por su declaración. -Sé que somos el uno para el otro, sé que tú eres perfecta para mí- evidencio él, sumamente convencido de lo que decía, el tiempo así se lo había demostrado.

-Señor Uchiha, acabamos de conocernos- protesto Sakura, algo divertida por ser la única que estaba pensando con racionalidad en ese momento.

-Te he contado cosas, y tú me has contado cosas a mí- contesto el Uchiha con total normalidad, como si aquello fuera suficiente y lo era, o al menos para él.

-Eso tendrá sentido en Italia, pero yo soy londinense y somos menos impulsivos- comparo la Haruno, absteniéndose de soltar una carcajada por el simplista análisis que él había realizado con respecto a su relación.

-Dame una oportunidad- pidió Sasuke, dispuesto a arrodillarse y suplicarle cuanto hiciera falta con tal de ser digno de ella.

-¿Y no podríamos conocernos, primero?- se aventuró a sugerir la pelirosa, algo abrumada por la rapidez con que todo se estaba gestando

-No, porque si nos separamos al llegar a Nueva York, si tú vuelves a Inglaterra, no volveremos a vernos- objeto el moreno, estrechándole las manos y temiendo que se alejara.

Sabía que eso sucedería tarde o temprano y tenía miedo, cuando—el martes—el baro atracara el Nueva York comenzaría una cuenta regresiva aún más desesperante y no para llegar a un destino sino para separarlo y esta vez quizás fuera para siempre ya que él no tenía pensado volver a Inglaterra, no como ella. Pedirle que renunciara a la vida que había tenido hasta entonces igualmente era egoísta, y de hecho no pensaba pedírselo, pero quería tiempo junto a ella para demostrarle que la amaba de verdad y ver si ella podía corresponderle, y solo entonces analizar si pasa el resto de sus vidas juntos era realmente una opción. Una parte de ella quería decir que si, quería responderle que accedería a lo que quisiera por más loco que sonase, siguiendo tal vez el único acto impulsivo que había deseado vivir, pero nuevamente una apolillada pregunta revotaba en su mente, ¿eso estaba bien? Ni siquiera sabía que es lo que sentía por Sasuke, solo para empezar, era casi una completa locura acceder a lo que él le estaba proponiendo, más aun cuando lo supiera, no lo sentía así. Por otra parte, pensar en separarse del Uchiha se sentía como algo que no quería hacer, se había vuelto tan cercanos en tan corto tiempo que imaginar que esos días felices e convirtieran en nada, no cobraba sentido en su vida, aquello relente y por un momento le pareció la verdadera locura en aquel plano, pero no se sentía capaz de admitirlo.

-Vaya…- suspiro la Haruno al tomarle el peso, no solo a sus palabras sino también a la realidad que tan próxima estaba, -¿en tu vida todo es tan dramático?- inquirió con una pisca de curiosidad ya que ella nunca antes había pensado en el giro que darían los acontecimientos.

-Dame una oportunidad, por favor, no te arrepentirás- prometió el Uchiha, conteniendo el aliento por mero nerviosismo y sin conseguir apartar sus ojos de ella. -Te lo prometo- reitero intentando no parecer demasiado insistente.

La idea era tentadora demasiado, pero ¿Cómo saber si lo que sentía era realmente amor? Claro, Sasuke parecía muy seguro, pero, ¿y ella? Dios…no sabía que decir, más afortunadamente la palabras del Uchiha habían dejado una brecha en la cual apoyarse y sentir que no todo era hacer o morir. Esbozando una inocente sonrisa, Sakura asintió ligeramente, percatándose de como el Uchiha finalmente parecía ser capaz de volver a respirar.

Lo intentarían, se darían la oportunidad de ser felices.


PD: Hola, mi queridos lectores y lectoras, sé que me ausente por bastante tiempo, pero tengo mis razones; primero, me dejaron salir de vacaciones una semana después de lo provisto y segundo…mi internet murio literalmente por lo que me vi forzada a contratar otra y no fue hasta hoy que tuve la oportunidad de subir las actualizaciones que he escrito en todo el tiempo que ha transcurrido, incluso tuve que hacer mis trabajos por el teléfono en caso de que no me crean y mi teléfono es muy rudimentario así que imagínense :3 Nos encontramos en la noche del hundimiento del legendario Titanic, en solo cuestión de horas impactara contra el iceberg, creado por la naturaleza, cobrando cientos de vidas :3 durante las próximas semanas actualizare mis fic "El Siglo Magnifico: Mito Mei & Mikoto", "Operación Valkiria", "Lady Sakura: Flor de Cerezo" o "La Bella & La Bestia":3 como siempre la actualización está dedicada a DULCECITO311(a quien dedico y dedicare todas y cada una de mis historias, rogando su perdón y el de todos por haber tardado tanto en actualizar, pues no hay justificación que valga:3) y a todos aquellos que sigan cualquier otro de mis fics :3

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia") "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), así como un fic únicamente dedicado al origen del clan Uchiha (según mi criterio) y centrado en Indra Otsutsuki y sus descendientes, por no hablar de las películas del universo de "el Conjuro" ("El Conjuro-Naruto Style 2: Enfield" que iniciare dentro de poco, "Sasori: La Marioneta" y "Sasori: La Creación") prometiendo iniciar estas historias a lo largo de este año. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3