-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una adaptación de serie Titanic estrenada en 2012 como conmemoración al centenario del hundimiento del trasatlántico RMS Titanic, no guarda semejanza alguna con la película de 1997, y gran parte de los personajes son de carácter ficticio/Los personaje pertenecen a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización corre por mi cuenta para la dramatización de la historia, así como las modificaciones que sucedan a lo largo de la trama.
Capitulo 8
La cena había sido por lejos una de las mejores experiencias que Tenten hubiera tenido en su vida y no lo decía solo porque culinariamente hablando hubiera quedado más que satisfecha—incluso un poco más—sino porque había tenido a su lado en la mesa al compañero perfecto, alguien que entendiera lo que pensaba, que comprendiera sus razones para luchar y que en consecuencia hiciese una crítica constructiva. Claro que había sido extraño pagar por la comida, cosa que jamás se hacía en primera clase, pero había valido la pena la experiencia, más de lo que había esperado que sería. Ahora y luego de la cena, en solitario, ella y Neji paseaban por la vacía cubierta privada de primera clase, bajo el puente, protegidos del frió nocturno por el techo encima de ellos. No era tarde ni nada parecido, pero a esa hora de la noche gran parte de los pasajeros pertenecientes a primera clase ya estaban descansando en sus camarotes o pretendía hacerlo en un futuro cercano al cotillear, bromear y jugar temporalmente en los fastuosos salones hasta hartarse. Era maravilloso tener esa cubierta—casi, porque igualmente había uno que otro pasajero transitando en las proximidades, aunque eran pocos—para ellos dos, pudiendo disfrutar plenamente del silencio que se generaba entre ambos y que solo rompían cuando les resultaba absolutamente imperioso comunicarse con otra cosa que no fueran sus miradas.
-Fue una cena maravillosa- comento Tenten, rompiendo con el silencio existente hasta ese momento. -Han sido muy generosos con los desconocidos, los ingleses no somos así- comparo inevitablemente. Una brisa ligeramente fuerte la hizo estremecer, abrazándose en un intento por palear el frió, con motivo de las delgadas y traslucidas mangas de su vestido. En respuesta, el Hyuga se quitó la chaqueta de su traje y la coloco sobre los hombros de la pelicastaña que se ruborizo sutilmente. -Morirás de frío- protesto, aunque sin desear quitarse la chaqueta de encima.
-No si estas a mi lado- tranquilizo Neji, viéndola atentamente a los ojos.
Era un gesto muy caballeroso de parte del señor Hyuga tanto como para hacer sentir nerviosa a Tenten lo cual ya era digno de admiración, con lo revolucionaría que era desde luego que había sentido pasión o interés hacia ciertos jóvenes que había conocido, ya tenía la edad para casarse de hecho, pero Neji era completamente diferente de cualquier otro chico que hubiera conocido anteriormente y el Hyuga pesaba igual de ella; era valiente, intrépida, ingeniosa, no temía decir lo que pensaba y defender sus creencias con argumentos férreos, no era el tipo usual de chica que solo quería opulencia y prestigio, de hecho parecía detestar todo aquello tanto como él que por años había rehuido de la interacción social con los más adinerados pese a ser el heredero de una enorme fortuna, al igual que él, Tenten veía más allá de las meras apariencias y había acabado por enamorarse perdidamente de su valor y de la fortaleza en su corazón, solo que aún no encontraba ni las palabras ni el momento adecuado—ni siquiera ese—para confesarle lo que sentía y pedirle que fuera su esposa, temía ser demasiado impetuoso o apresurado. Habiendo hecho abandono del salón comedor por un momento, Jin Namiashi encontró a una pareja en su camino hacia su camarote; su hija y el heredero de la familia Hyuga, a solas, muy juntos, en la cubierta. No era correcto que una muchacha respetable ve exhibiera a esa hora de la noche, a solas con un hombre y Tenten lo sabia, solo que no le importaba.
-Nos iremos a dormir en un minuto- dio a saber Jin, rompiendo con el romántico momento y haciendo que ambos voltearan a verla.
-Buenas noches, mamá- despidió Tenten, con más premura de la que inicialmente pretendía.
Sabía que su presencia resultaba inoportuna, al fin y al cabo Jin también había sido joven tiempo atrás y por primera vez veía el amor brillar en los ojos de su hija, tal vez ella ni siquiera lo supiera, más era así. Sonriéndoles a ambos, Jin accedió a retirarse a su camarote, confiando en que Tenten no cometería ninguna locura y en que Neji era el caballero que ella creía que era. Viendo partir a lady Jin, Neji tenía que reconocer que había sido un momento extremadamente incomodo, y es que se habían acostumbrado tanto el silencio y la soledad imperante en la cubierta en que estaban, sumergidos en su propia interacción y conversación que casi habían ignorado que estaban en un barco y en que había mucha gente que lo transitaba, que no tendrían la ocasión de estar ahí; tan a gusto y a solas, por mucho tiempo, si lo que quería era declarar sus sentimientos, tenía que hacerlo y rápido, aunque sin parecer irrespetuoso. Encogiéndose de hombros ligeramente, intentando palear el nerviosismo con motivo de su comportamiento, Tenten sintió el aroma de la loción impresa en la tela de la chaqueta, rodeándola como un aura protectora…jamás en toda su vida, excepto en sus recuerdos de infancia, se había sentido tan a salvo y a gusto en toda su vida, como si ese fuera el lugar correcto, como si estuviera con la persona indicada, nadie se lo había dicho ni aun ella a sí misma, tan solo lo sabía y ya, lo decía su corazón, pero…¿sus sentimientos serían correspondidos? Sin saber muy bien que hacer, Tenten tan solo pudo alzar la vista al cielo, al firmamento plagado de estrellas titilantes y que hubieron conseguido serenarla momentáneamente.
-Está tan tranquilo y despejado- comento la pelicastaña, haciendo hacía si la chaqueta para protegerse del frío.
-Has disfrutado más de lo que pensabas, admítelo- menciono el ojiperla, con cierta mofa.
-Admitiré lo que yo quiera- protesto Tenten, apartando su iteres del cielo cubierto de estrellas.
-No te opongas a todo- rió Neji, no sabiendo que más decir para hacerle ver la verdad, pero increíblemente ella si lo estaba escuchando, -elige tus batallas, si luchas por una causa, asegúrate de que sea una causa que te importa y no solo para hacer enojar a tus padres.
-Parece que me conoces muy bien, de repente- concluyo la pelicastaña, ligeramente divertida.
-Y parece que tú me gustas mucho, de repente- concordó el Hyuga, siguiéndole la corriente y aprovechando la instancia para decir aquello,
Ya lo había dicho y no había vuelta atrás, estaba tan enamorado de ella que no podía callar por más tiempo aquello que sentía; los separaban distancias territoriales muy grandes, él vivía en Filadelfia y ella en Inglaterra, volver a verse no era algo tan fácil, pero si algo tenían a su favor es que sus respectivas familias estaban a favor de que hubiera un enlace entre ambos, entonces, ¿Por qué postergar más lo que todos querían? No, un faltaba la opinión de alguien, la de Tenten que mantuvo los labios entreabiertos, sorprendida, no sabiendo que decir pero no mostrando indignación sino alegría en sus ojos, ocasión que Neji no pudo desaprovechar. Ni aunque se lo hubieran dicho, Tenten no podría haber imaginado que él le correspondería a sus sentimientos, pero todo discurrió demasiado rápido para ella que fue sorprendida con un beso apasionado que la hizo alejarse completamente de la realidad a la que intento aferrarse vagamente, poyando una de sus manos en el hombro del Hyuga. No era más que un roce, intenso pero cálido, permitiéndoles conocer el tacto y sabor de sus bocas aunque muy superficialmente, había respeto, pero también un fuego que la tentaba a dejarse atrapar, una llama incandescente en la que quería quemarse. Separándose lentamente, rompiendo el beso, ambos se observaron el uno al otro, como esperando una respuesta, una que en este caso solo Tenten podía dar.
-Bueno, señor Hyuga- suspiro Tenten, sin darse cuenta de que había estado conteniendo el aliento, -ya tenemos un secreto- sonrió con mofa, haciéndolo sonreír también a él.
El viaje debía durar siete días, siete días de los cuales llevaban cinco conociéndose, pero por ahora era suficiente para que el magnetismo que había surgido entre ambos desde su primer encuentro se transformara en algo más, un nuevo sentimiento que ninguno de los dos había experimentado jamás pero que los obnubilaba por completo; amor.
La noche era tranquil pero fría, cortante como un tozo y hielo, un cristal filoso que pudiera lastimar a alguien, más afortunadamente y en su uniforme Kakashi se sentía protegido del peligroso aire nocturno, muy común en esa parte de atlántico norte y todavía más en esa época, lo sabía bien por su experiencia en el mar. Pronto seria momento de que se dirigiera al puente, debía suplir al jefe de oficiales Asuma Sarutobi como la autoridad de más alto rango en el puente y a su vez cuando su turno terminase el primer oficial Yamato lo suplicaría luego de las veintitrés horas para permitirle dormir hasta la mañana del día siguiente. El salón comedor de primera clase estaba repleto de gente, todos cotilleando y sumergidos en su propio mundo, más él aun así reparo en la señorita Mirai Sarutobi que meditabunda, perdida en sus propios pensamientos, paseaba en solitario por el salón, enfundada en un elegante vestido de seda dorada, con el cabello recogido tras la nunca por un cintillo o diadema color perla y con una copa de champagne en su mano derecha; por su aspecto suponía que había estado jugando a las cartas como de costumbre. Luego de haber jugado una mano de cartas se había aburrido; había dejado que sus compañeros de juego le ganasen la primera vez, porque eran señores de alcurnia carentes de práctica, ella lo notaba, pero de ahora en adelante no les dejaría tan fácil ganar. Alzo la mirada frente a ella, encontrándose con el siempre amigable y cordial segundo oficial Kakashi Hatake.
-¿Se ha cansado de jugar a las cartas?- supuso Kakashi, ligeramente divertido.
-No, perdí- corrigió Mirai tranquilamente.
-Oh, me cuesta mucho creer eso- negó el Hatake, acompañándola en su breve paseo.
-Solo en esta mano de bridge, no lo olvide- rió la Sarutobi haciendo alusión de una de sus muchas actuaciones cinematográficas. Con sutileza aunque no demasiado, sujeto del brazo al segundo oficial, haciendo que dieran media vuelta con motivo de la aparición de lady Hana Shiba y su esposo Kankuro. -¿Esa fastidiosa señora Shiba también le molesta?- curioseo al ver que el Hatake comprendía sus razones para evitar un posible y problemático encuentro.
-Creo que la lista de pasajeros no está a la altura de sus expectativas- más bien afirmo Kakashi, quien ya había tenido que oír varios comentarios de su parte.
-Ni su propio pasado, si me permite decirlo- comento Mirai, cono.
-Creía que los americanos no se fijaban en eso- cuestiono el peligris, ligeramente confundido.
-Oh, sí que nos fijamos- esclareció la pelinegra, sabiendo mejor que nadie lo confusa que resultaba la filosofía estadounidense, -solo que no nos importa- añadió sonriendo con sorna.
Por supuesto que interesarse por la vida de otros y cotillear al respecto era divertido, ¿Quién no disfrutaba de apuntar con el dedo a otros antes que señalarse a sí mismos? Claro que no era correcto en lo absoluto, pero era una práctica común. Todos los hombres pertenecían al mundo, todas las mujeres podían ser mujerzuelas, todos eran iguales, otros eran más resistentes que otros a las tentaciones o eso pretendían hacer, pero nadie era de piedra, todos tenían sentimientos y por lo mismo es que nadie tenía derecho a juzgar a otros ni a hacerlos sentir inferiores por tan solo obtener una pisca de placer personal, ¿No era eso lo que predicaba la religión, el sermón religioso al cual habían asistido esa mañana? Contrario a la señorita Mirai Sarutobi, que era extremadamente liberal con motivo de su juventud y crianza estadounidense, pese a haber vivido tantas aventuras Kakashi pensaba muy diferente, claro que había vivido una vida licenciosa, como la de muchos hombres antes de casarse; ya podía imaginar lo que se diría de él en el futuro si se investigaba su historia, relatándolo como un aventurero empedernido y de hecho la gente que conocía su pasado solía ver mal que actualmente viviera como un hombre de familia común y corriente, como si jamás hubiera tenido un estilo de vida tan diferente y cuestionable. Él en lo personal jamás juzgaría a nadie y le agradaba saber que no era el único que pensaba así.
-Ha hablado la voz del futuro- predijo Kakashi con admiración.
-Eso espero- correspondió la Sarutobi, aunque temiendo no llegar a la altura, -¿o no debería decirlo?- se corrigió de inmediato, temiendo cometer un error fatal.
-Usted puede decirme lo que quiera- tranquilizo el Hatake con caballerosidad, logrando que la Sarutobi se sonrojase aunque muy ligeramente.
-Señorita Mirai- Shisui, sentado a la mesa la hizo volver a la realidad, -tenemos cuatro picas, su turno- animo ya que tenían un juego de cartas que continuar.
-El deber me llama- se disculpó Mirai, sonriéndole en todo momento.
-Es una lástima- fue todo cuanto Kakashi pudo decir, disculpándola.
Sonriendo, Mirai regreso a su asiento, algo nerviosa, pero nerviosa de un modo agradable. Siempre resultaba encantador para Mirai hacer nuevos amigos, pero de entre todo lo que hubiera podido esperar a bordo del Titanic, entablar amistad con el segundo oficial era definitivamente algo que no había esperado lograr en lo absoluto, pero estaba feliz de haberlo hecho; era tremendamente agradable…y muy guapo, debía reconocerlo, una combinación que por momentos la hacía sentir igual de nerviosa que una adolescente enamorada. Para Kakashi era todo un honor conocer a un ídolo del cine moderno y que era todavía más encantadora de lo que él había imaginado que sería y a quien trataba con la máxime caballerosidad posible, aunque extrañamente—y así se lo decía su esposa Rin, aludiéndola como una de las virtudes por la que se había enamorado de él—siempre parecía dar a entender ser un casanova aun cuando ni por asomo pretendiese serle infiel a su esposa que lo esperaba en Inglaterra. No, era un hombre de familia, salvaje en conducta avada, un vago retirado pero hombre de familia al fin y al cabo. Bueno, ya era tarde y debía retirarse a dormir para retomar su turno en el puente al día siguiente, había relevado al capitán Sarutobi y ahora Yamato lo había relevado a él. Abandonando el elegante saló ve encontró en su camino con la señora Tsunade Senju a quien saludo amablemente en su camino; ella era por lejos uno de los pasajeros más agradables que había conocido en mucho tiempo.
-Buenas noches, señora- saludo Kakashi cortésmente.
-Buenas noches- contesto Tsunade amablemente, permitiéndole seguir con su camino. -¡Aquí están!- saludo a los señores Hana y Kankuro Shiba a quienes había buscado afanosamente luego de la cena. -Parecían solos en el comedor esta noche, podríamos haber cenado juntos- observo preguntándose su motivo para cenar solos en una mesa tan grande.
-Oh, no, lo pasamos de maravilla- tranquilizo Hana, obviamente por las apariencias, -¿verdad, Kankuro?- dicho esto le arrebató a su esposo el pequeño plato que estaba devorando, dejándolo sobre la mesa.
Por supuesto que Hana no pretendía asumir que habían sido descartados de la cena en el restaurante de Gatti por razones que aun hoy no entendía, no, resultaría vergonzoso decir simple y llanamente que no los habían invitado, en lugar de eso era mejor disfrazar la verdad con palabras dulces delante de la señora Tsunade que si bien era muy conocida por todos los pasajeros de primera clase, no dejaba de ser una nueva rica, no alguien que provenía de la nobleza ni había nacido con una fortuna cuantiosa…no, era una mujer que había entrado a su mundo de la noche a la mañana. Contraria a la mayoría de los insípidos ricachones apolillados, Tsunade se consideraba muy diferente del esquema tradicional que el destino tenía trazado para su vida; había nacido en Hannibal, Misuri en una familia pobre pero trabajadora, había asistido a la escuela hasta los trece años para luego trabajar en una fábrica tabacalera de la sociedad Tobacco Company Garth. Las largas jornadas de trabajo, los bajos salarios y las luchas de la clase obrera le habían enseñado de fortaleza y a forjarse un carácter fuerte y decidido que la había vuelto muy independiente del modelo tradicional que tenían las mujeres en la actualidad. Con dieciocho años se había trasladado a la ciudad minera de Leadville, Colorado, con dos de sus hermanos mayores y mientras trabajaba en una tienda había conocido a su esposo Hiroshi, no había sido el hombre rico que una chica de dieciocho años hubiera esperado, pero…lo había amado, debía reconocerlo y habían tenido dos hijos juntos, aun cuando hoy estuvieran separados.
-Es muy amable, señora Senju, gracias- agradeció Kankuro.
-¿Es su primer viaje a Nueva York?- curioseo Tsunade con genuino interés.
-Para mi si, pero mi esposo es todo un trotamundos- contesto Hana, orgullosa de la experiencia de su esposo en el mar.
-También yo, he estado en casi todas partes- concordó la Senju, igualmente orgullosa de su experiencia.
-Cielos…- suspiro la señora Shiba, camuflando su sorpresa, -¿y que dice el señor Senju al respecto?- no pudo evitar preguntar
-Ni una palabra, ya no está conmigo- contesto Tsunade negando resignadamente.
-Oh, lo siento- se disculpó Kankuro, temiendo haberla incomodado.
-No lo sienta, no está muerto- tranquilizo la Senju divertida con la sola idea de que eso pasara, -solo se está divirtiendo en otra parte, tenemos dinero suficiente para que ninguno se aburra- rió procediendo a beber de la copa de la copa de champagne que llevaba.
Pobre pero trabajador, Hiroshi había ascendido en su trabajo como minero hasta descubrir oro con el cual de la noche a la mañana había logrado renombre socialmente como un nuevo rico. Con el dinero habían comprado una magnifica mansión y había mejorado indudablemente su forma de vida, por lo que Tsunade no había tenido ninguna razón para volver a trabajar. Había emprendido viajes alrededor del mundo pero su matrimonio ve había deteriorado tal vez por el dinero o no, eso era algo que Tsunade aún no sabía. Tras 23 años de matrimonio, decidieron separarse de común acuerdo, repartiéndose entre ambos la fortuna para vivir sin problemas ni resentimientos el uno al otro, aunque no estaban oficialmente divorciados. Tras su separación había aprovechado para viajar por el mundo a sus anchas, a bordo del buque gemelo del Titanic; el Olympic, para dirigirse a Europa, había visitado Egipto, donde se había encontrado con Kiba Inuzuka y su joven esposa Tamaki con quienes había retornado a Francia para posteriormente embarcar en el Titanic. Contraria a su esposo que reía fascinado ante aquella broma, para Hana era algo extraño que una mujer—desde la perspectiva inglesa—se tomara tantas libertades y tuviera un vida casi disoluta luego de haber iniciado su propia vida lejos de su esposo. Bueno, así eran los americanos; puritanos en público y pervertidos en privado, nunca se sabía que esperar de ellos y Tsunade era el claro ejemplo.
-Que tranquilizador- murmuro Hana, sin dejar de sorprenderse por sus costumbres americanas.
-Creía que todos sabían mi historia- comento Tsunade ante la sorpresa que veía.
-¿Es muy larga?- inquirió la señora Shiba, temiendo que así fuera.
-No, Hiroshi abrió su propia granja en colorado y cuando se dio cuenta había descubierto oro y éramos ricos- resumió la Senju, divertida cada vez que lo relataba. -Hace que uno crea en los cuentos de hadas- y lo parecía, al menos para ella.
-Desde luego que sí- concordó Kankuro, completamente de acuerdo.
-¿Por qué no fueron al restaurante de Gatti con el resto de su mesa?- se interesó Tsunade, efectuando la pregunta que la había picado su curiosidad desde la cena.
-Pues…porque no nos apetecía- contesto Hana con tranquilidad.
-Porque no nos invitaron- contesto Kankuro al mismo tiempo.
-Oh, ellos se lo pierden- tranquilizo Tsunade, despidiéndose y sonriéndoles a ambos.
Conocía perfectamente a la clase alta, había sufrido sus desprecios desde que era una niña que había intentado ganar su lugar en el mundo tan solo a través del trabajo duro y actualmente aunque fuera una de ellos, no todos la trataban igual, consideraban—algunos—que era una arribista común que provechaba las circunstancias y actuaba en consecuencia, más no era así, sol disfrutaba actualmente de lo bueno que le había dado la vida, emprendiendo rumbo a Estados Unidos donde su nieto se encontraba enfermo, quería visitarlo y estar junto a él, este viaje era de placer, pero no solo eso. Nadie tenía derecho e hacer sentir inferior a nadie, ni aun cundo pudiera merecerlo, y ella en lo personal jamás haría semejante cosa. Sonriéndoles amablemente, Tsunade procedió a retirarse, no a su camarote, ya era tarde y aún quedaban días de travesía que disfrutar. La sociedad londinense si bien se consideraba más moderna que ninguna otra, era tremendamente tradicionalista y apolillada, no podía abandonar su pasado, y por supuesto esto se trasladaba a la vida continuaba donde simplemente no se podía aceptar que alguien sin alcurnia y prestigio perteneciera a la clase alta de la noche y la mañana, y como buena londinense Hana pensaba igual, puede que la señora Tsunade Senju fuera de lo más agradable, pero…no pertenecía a su mundo, no sabía comportarse según las costumbres de a clave alta, en lugar de ello seguía sus propias costumbres y aquello era por demás impropio.
-Es como si me obligaran a hablar con una prostituta común- mascullo ella inevitablemente, apretando las manos por lo bajo, -¿y por qué tenías que decirle que no nos invitaron?- eso había sido lo más humillante que le había ocurrido en mucho tiempo.
-Porque lo pregunto- contesto Kankuro simplemente, sin ver cuál era el problema.
-Me voy a la cama, nos vemos luego- bufo Hana, no deseando en lo absoluto discutir a esa hora.
En ese momento era mejor retirarse a dormir—además de que ya era tarde—que discutir con su esposo quien, tras su partida, siguió comiendo tranquilamente del plato que ella le había arrebatado…
Ya era tarde aunque no demasiado en el puente del Titanic donde los oficiales de mayor rango se encontraban reunidos junto al capitán y el señor Danzo Shimura; el reloj marcaba las 21:00 horas. Que Danzo, como presidente de la línea White Star, estuviera presente en la travesía inaugural del Titanic no era extraño en lo absoluto, a decir verdad siempre participaba en cada viaje inaugural porque quería formar parte de un innovadora experiencia y oír de los pasajeros que era perfecto y que debía mejorar para implementarlo con prontitud en próximos viajes y en buques nuevos que pudieran ver creados. Pero su razón para estar en el puente en ese momento era otra; desde hace un tiempo—desde el mismo día en que había iniciado el viaje inaugural—el señor Shimura le había insistido lo apremiante y beneficioso que sería aumentar la velocidad del rumbo y llegar el martes en la mañana a Nueva York en lugar de hacerlo por la noche, sería un triunfo, algo que lograría encabezados de los periódicos…más aun con su reputación, semejante fama no era algo que interesara al capitán Sarutobi. Era el capitán de los millonarios, no por sus logros dignos de elogios sino porque velaba arduamente por el bienestar de sus pasajeros pro igual y esta vez no aumentaría la velocidad en los motores y turbinas solo por un capricho; dejaría que su experiencia lo guiara, al fin y al cabo llevaban un buen tiempo.
-Nosotros nunca competimos, señor Danzo, es Cunard quien ostenta esa medalla- recordó el capitán Sarutobi con algo de sorna.
-Yo no hablaba de competir, sino de ganar algo de tiempo- corrigió Danzo de un espléndido humor…aunque sería mejor si el capitán siguiera su sugerencia, -creo que a ese ritmo podríamos llegar medio día antes-y era cierto, ¿Por qué no aprovechar la ocasión y dejar a todos con la boca abierta llegando a Nueva York antes de lo previsto?
-El lujo y la fiabilidad me parece suficiente, señor- reitero Hiruzen calmadamente, confiando en su experiencia.
Estaba al servicio de la naviera White Star desde hace treinta y dos años; el Majestic, el Republic, el Baltic, el Adriatic, el Olympic y ahora el Titanic, es eran los nombres de tan solo algunos de los muchos buques que había conducido por el mar como capitán y ninguno había sufrido un daño que hiciera peligrar a los pasajeros salvo en el Republic que al colisionar con otro buque había hecho perecer a seis personas en la colisión, pero no por su imprudencia; de hecho todos los pasajeros habían conseguido ver trasladados a otro barco—a través de sus botes salvavidas—antes de que se concretara el hundimiento. Él seguiría todos los procedimientos aunque el señor Shimura no estuviera de acuerdo, no era su deber hacerlo feliz a él sino proteger todas las vidas a bordo. Como dueño y presidente de la naviera White Star debía velar por los intereses de su compañía, heredada de su padre, debía lograr que los buques creados bajo su permiso generaran las ganancias esperadas y resultaran algo completamente inigualable, el cual era el caso del Titanic. Si la posibilidad de ganar más elogios estaba al alcance de la mano, ¿Por qué no tomarla? Pero por mucho que le preocupase el prestigio de su compañía, Danzo no era ningún inconsciente, quería que todos los pasajeros estuvieran a salvo y para que esto fuera seguro debía de confiar en el criterio del capitán Sarutobi que tenía décadas de experiencia que respaldase su oposición.
-Soy un simple pasajero, dejo a su amplio criterio lo que es mejor- obvio Danzo pasivamente, aunque sin darse por vencido del todo, -pero imagine lo que sucedería si llegamos el martes por la mañana, sorprendiendo a todos- vio un brillo de duda en los ojos del capitán y se aferró a ello con todas sus fuerzas. -Se retiraría con honores- ludio en prácticamente un susurro para otros no lo oyera, haciendo que el capitán lo observara con ligera severidad. -Bueno, creo que mi cama me llama, caballeros, buenas noches- se despidió finalmente, inclinando caballerosamente la cabeza ante los presentes.
Aquello era cierto; era el último viaje del capitán Sarutobi por el mar, cuando volviera a Inglaterra se retiraría y viviría en paz junto a su esposa, no quería nada más y no podría dormir tranquilo si tomar todas las precauciones correspondientes; no acataría las pretensiones del señor Shimura, solo seguiría su conciencia y experiencia, ya era momento de retirarse del puente pero dejaría a cargo a los oficiales más competentes para encargarse de todo. A esa altura de su travesía ya se habían recibido 7 avisos de icebergs, aunque no era para nada extraño siendo que evitaban próximos a las costas de Terranova, Canadá; donde abundaban los témpanos de hielo. Los mensajes de hielo eran comunes en esa época del año y todavía más en la ruta que surcaban, tanto así que habían comenzado a recibir alertas de hilo en la zona desde el 12 de abril, pero no había de que preocuparse ya que al fin y al cabo se esperaba que todo iceberg peligroso podría ver avistado a tiempo como para esquivarlo, y la mejor forma de avistar un iceberg era manteniendo una velocidad superior a veinte nudos—la que llevaban entonces—para poder divisarlo con mayor facilidad. todos conocían esa travesía y como conducirse; era un viaje normal, ¿Por qué preocuparse? No había ninguna razón, todo era…extrañamente perfecto. El mar estaba en calma, pero surcando el agua a esa velocidad, podrían crear olas sutiles que al chocar en la base del hielo permitirían divisar cualquier peligro.
-Hemos recibido varios avisos de hielo por parte de otros barcos en la zona, señor- recordó Yamato inevitablemente, aludiendo a los mensajes anteriormente recibidos por los radiotelegrafistas.
-Mantendremos la velocidad, así podremos avisar cualquier peligro a tiempo, es la ley- tranquilizo Hiruzen, ya teniendo experiencia suficiente en el mar como para saberlo. -He tenido suficiente por hoy, daré una vuelta y luego me iré a dormir- dio a conocer, mencionando entre líneas que lo informaran de lo que sea que sucediera mientras él no se encontrara en el puente, -que tengan una buena noche, señores- se despidió cordialmente.
-Igualmente capitán- despidió Asuma, inclinando respetuosamente la cabeza.
Sonriéndoles cálidamente, el capitán inicio la cabeza antes de abandonar el puente, dejando a solas al jefe de oficiales Asuma Sarutobi y al primer oficial Yamato, quienes se observaron en silencio entre sí. El problema con barcos de semejante tamaño—si bien su lujo y velocidad era en cierto modo irrefutable—era que resultaba difícil maniobrarlos con igual facilidad que a un pequeño barco; necesitaban tiempo para avistar algún peligro por ello llevaban el ritmo de veintidós nudos para que su velocidad hiciera rozar las olas contra cualquier objeto sólido y lo hiciera visible. El Titanic era un barco magnifico, pero un buque creado por humanos con fallas humanas; todo diseño humano podía fallar y lo mejor que se podía hacer para proteger a los pasajeros era pensar en lo inimaginable y anteponer su seguridad por encima de todo lo demás y eso es lo que estaban haciendo.
Era una noche perfecta, ¿Qué podía salir mal?
-Es muy tarde, no querrá que lo molesten- regaño Sakura, volteando a ver si alguien los seguía, nerviosa a más no poder.
-Claro que sí, ya lo veras- animo Sasuke, divertido por verla tan nerviosa. Afortunadamente y como si hubiera llamado a su hermano mayor con el pensamientos, vio a su hermano mayor cruzar el pasillo frente a ambos -¡Itachi!- llamo claro y fuerte haciendo que se detuviera.
Luego de haberle propuesto matrimonio a Sakura—sin anillo, por supuesto, ya que aun no tenía uno—y por su insistencia es que ella había acabado por acceder a acompañarlo al área privada y a los camarotes de los fogoneros para conocer a su hermano mayor, Itachi; era una costumbre que cada vez que una pareja tuviera deseos concretos de unir sus vidas se presentaran a sus familias para formar parte de un mismo entorno, y ya que estaban a bordo de un barco la persona más cercana era Itachi, la única familia que Sasuke tenía, ya en un futuro el Uchiha podría conocer a su madre Mebuki que aguardaba en Inglaterra. Como de costumbre, Itachi estaba cubierto de polvo y hollín desde de la cabeza a los pies, con espacios contables de su camisa blanca que no tenían algún mancha. A esa hora de la noche lo único que Itachi podía hacer además de consumir un pequeño refrigerio para mantener la fuerza era descansar un momento en su camarote y luego volver a trabajar en la sala de calderas, lo que pretendía hacer ahora, pero entre sus planes definitivamente no contaba que su hermanito fuera en su búsqueda acompañado por la chica que le quitaba el sueño; la recordaba muy bien, era la única chica que había hecho que Sasuke quisiera dejarlo todo y se cuestionara si era lo bastante bueno para querer unir su vida a la de alguien más. Esa chica sin duda alguna era especial pese a lo tierna e inofensiva que se veía.
-Veníamos a buscarte- aludió el menor de los Uchiha, aunque fuera obvio.
-No deberías traer a una chica a estos camarotes- regaño Itachi, si lo que su hermanito pretendía era lograr una buena impresión familiar definitivamente no lo estaba logrando.
-Tal vez no- concordó Sasuke, sabiendo como siempre que su hermano tenía razón…en parte. -La señorita Haruno- presento volteando a ver a Sakura que le dirigió una cálida sonrisa a Itachi.
-Le dije que era muy tarde- secundo la Haruno, igualmente sabiendo que estaría en problemas si alguien la veía en esa parte del barco.
-No lo es, me alegro de conocerla- tranquilizo Itachi, feliz de que alguien fuera la voz de la conciencia de su hermanito y nadie mejor que ella. -Le ha causado una gran impresión a mi hermano pequeño- comento inevitablemente con el simple deseo de hacer sentir incomodo a Sasuke. -¿Allora di la quiesta?- pregunto en italiano, espero que ella pudiera entenderlo.
-Hablo un poco de italiano- corroboro Sakura, al entenderlo con claridad, sorprendiendo a ambos hermanos. -La respuesta es que me lo ha preguntado y no le he dicho que sí- sonrió ligeramente divertida, ya que lo que Itachi acababa de preguntarle era si Sasuke le había pedido matrimonio.
-Pero no has dicho que no- recordó Sasuke en caso de que ella lo hubiera olvidado.
Claro que en realidad sol estaba bromeando, claro que quería casarse con Sasuke aunque el Uchiha le hubiera hecho la petición más inesperada e improvisada que ella hubiera podido llegar a imaginar en su vida, pero era perfecto para ella, aunque hacerse de rogar siempre era divertido, especialmente con aquellos hermanos que resultaban tan enternecedores por el fuerte vínculo que los unía; definitivamente conocer a Itachi Uchiha era el mayor honor que había tenido en su vida hasta entonces. Verbalmente al menos, Sakura no le había dicho que aceptaba casarse con él, pero en una relación como la suya definitivamente sobraban las palabras; desde su primer encuentro algo inexplicable los había unido y un hoy no necesitaban de conocerse más para ya dar por hecho que eran perfectos el uno para el otro, ella le había dado un nuevo sentido a su vida, por primera vez sentía que había alguien en el mundo que pudiera comprender su forma de ser sin emitir ninguna palabra. Sasuke era más bien reservado, siempre se había dedicado—desde que había cumplido la edad apropiada—a trabajar para que ambos pudieran optar por un futuro mejor, nunca había intentado encontrar el amor pero ahora por fin y por primera vez el mor llegaba a su vida y de mano de la persona adecuada; una chica dulce, amable, responsable y llena de buenos sentimientos. Eso hacia inmensamente feliz a Itachi, lo enorgullecía.
-Y vino a conocerme- menciono Itachi que estaba igualmente feliz que su hermanito por ver que la pelirosa había accedido a su propuesta, -eso parece una buena señal- en su opinión significaba que esa chica correspondía plenamente a los sentimientos de Sasuke.
-Puede que sí- acepto Sakura, siguiéndoles el juego a ambos, -pero también implica poca disciplina, así que me voy a la cama antes de que me vean en la parte del barco- tenía que dormir o de lo contrario no podría despertarse tiempo para trabajar mañana temprano. -Buenas noches, señor Uchiha, ha sido un placer- se despidió sonriendo en todo momento.
Inclinando ligeramente la cabeza a modo de despedida y dirigiéndole una última mirada a Sasuke, la Haruno se retiró con una permanente sonrisa en el rostro. Ambos hermanos se observaron entre si antes de que Sasuke siguiera a Sakura; no dejaría que regresara sola a su camarote, la acompañaría y luego se iría a dormir, no antes. Negando para sí, Itachi rió por lo bajo al ver desaparecer a su hermano menor en el pasillo, emprendiendo rumbo a la sala de calderas. ¿No era hermoso el amor?
Era una noche extraña en todo el barco; reinaba una calma casi extraña, no incomoda, pero era solo semejante al silencio que precedía a una tormenta, pero nadie comentaba nada, solo disfrutaban de las maravillosas frivolidades que en ese momento ofrecía la primera clase luego de haber cenado hacía ya varios minutos, entregándose de lleno al juego, los cotilleos y el divertimento. Usualmente la rutina que Shisui tenía establecida era encerrarse en su camarote por las noches y tomar notas de las mejoras a implementar en el Titanic a partir de su próximo viaje luego de que regresaran a Inglaterra desde Nueva York, de hecho si él estaba a bordo del Titanic era para realizar mejoras de última hora y para asegurarse de que todo marchara según lo previsto, pero esta vez había elegido entretenerse en el salón de primera clase, jugando a las cartas en compañía del señor Kiba Inuzuka, el señor Jiraiya y la señorita Mirai Sarutobi que por cierto estaba ganándoles estrepitosamente a los tres hombres, aunque en su defensa él estaba falto de práctica, más acostumbrado a refugiarse en los libros que en las cartas y los juegos de azar. Los tres hombres, rendidos, dejaron sus cartas sobre la mesa antes de que la joven actriz chillara de alegría revelando su mano ganadora por tercera vez en aquella noche, no frustrándolos sino haciéndolos reír, todavía más cuando el magnate Kiba Inuzuka emitió un burlesco insulto por lo bajo, muy impropio pero divertido de ver en un aristócrata y eso bien lo sabía él.
-Para mí- se jacto Mirai, apropiándose de las cartas de sus competidores. -He ganado cinco corazones, más cincuenta puntos por el insulto de este caballero tan travieso- contó en voz alta sonriéndole coquetamente al señor Inuzuka que rió ante sus palabras. -¿A quién le toca?- se interesó ya deseando ganarles otra vez.
Como actriz y miembro de la pare más activa de la sociedad juvenil, la señorita Mirai tenía la tendencia de participar en todo momento de los juegos de azar y múltiples tipos de divertimento, cosa que ellos no hacían; claro que formaban parte de la primera clase y contaban con múltiples tipo de privilegio pero muchos tenían trabajos y una rutina diaria que seguir, lo que les impedía practicar el juego tanto como quisiera, pero perder era mejor que ganar; siempre se aprendía algo nuevo de las derrotas. Desviando la mirada de a señorita Mirai que revolvía las cartas, Shisui recorrió con la mirada a todos los presentes en el enorme salón, intentando ver alguna brizna de molestia, alguien que no estuviera plenamente satisfecho con el Titanic, más no era así, todos se sentían a gusto, como si estuvieran en sus propios hogares, plenamente a gusto y eso lo llenaba de dicha, saber que noches de trabajo habían dado su fruto. Una sonrisa se plasmó en su rostro al ver aparecer al capitán Sarutobi que a esa hora se retiraba de su turno en el puente para irse a dormir, y disculpándose con sus compañeros de juego, el Uchiha se levantó de la mesa y aproximo con prontitud hasta donde estaba el capitán. Muchas veces él se sumergía en tomar notas y no convivía tanto con los pasajeros como si hacia el capitán quien cada noche cenaba en una mesa distinta y hablaba personalmente con los pasajeros de la clase alta, incluso esa noche había cenado en el restaurante de Gatti.
-¿Todo bien?- se interesó Shisui en caso de que él supiera algo que él no.
-Eso parece, pero el señor Hatake ha perdido los binoculares- informo Hiruzen divertido por aquella anécdota, -según Genma Shiranui, todo es culpa suya; no hay almacenamiento suficiente- inculpo con mofa al Uchiha que rió por lo bajo.
Aquello no era sino una especie de broma personal; los vigías del Titanic debían tener binoculares, era una ley, pero nadie quería que se distrajeran jugando con ellos por lo que temporalmente los habían decomisado hasta nuevo aviso, además todos los marineros experimentos sabían que la mejor forma de avistar un iceberg era a simple vista y no con ayuda de binoculares. La línea White Star se enorgullecía de tener un equipo de vigilas muy dedicado y calificado a bordo de todos sus buques para avistar a tiempo cualquier objeto peligroso—iceberg o lo que fuera—para evitar una posible colisión. Sonriéndose a modo de despedida el capitán Sarutobi se retiró decididamente a su camarote y Shisui volvió a la mesa para concentrarse en el juego de cartas. Era una noche perfecta y él estaba fuera de su camarote, tenía que aprovecharla.
Las penumbras de la noche lo cubrían todo, pero aun cuando hubiera transcurrido más de una hora desde que había regresado a su camarote, Hana no conseguía dormir ni un poco, estaba inquieta y al razón de su inquietud estaba a una cantidad incalculable—para ella—de metros lejos de su persona, en la única área del barco a la que ella no podía ir; las bodegas, su pequeño y amigable Haimaru, su mejor amigo en el mundo, el único que la comprendía y a quien llevaba años teniendo consigo, él la acompañaba cuando estaba sola, la escuchaba y ella lo mimaba por su lealtad y cariño incondicional. Normalmente, en Londres, dormía al pie de su cama en su propia pequeña cama, pero ahora ella tenía que soportar que su criaturita estuviera lejos, en una jaula, ¿No era abominable?, ¿Por qué su amigo debía estar encerrado en lugar de junto a ella? No pudiendo más con la inquietud, Hana se sentó sobre la cama y encendió la luz aledaña a su mesa de noche, despertando a Kankuro por el abrupto contraste entre la luz y la oscuridad. Parpadeando par acostumbrarse a la luz, Kankuro dirigió de inmediato su mirada hacia el reloj sobre la mesa de noche, tras su esposa que permaneció sentada y en silencio; 23:37, ¿Cómo era posible? La noche era perfecta, queda, el ruido de los motores era lo único que rompía con la quietud del ambiente, resultando algo insignificante siendo que ya todos los pasajeros acostumbrados, ¿Por qué su esposa no conseguía dormir?
-¿Qué pasa?- murmuro Kankuro, aun entre dormido.
-No dejo de pensar en Haimaru- murmuro Hana, inquieta.
-Está bien- tranquilizo él aunque muy vagamente debido al sueño que tenía.
-No está bien- protesto la pelicastaña sin dudarlo, -está en una jaula, solo, en la oscuridad...- le dolía el corazón de tan solo imaginar lo solo que debía sentirse.
Haimaru tenía su propia cama donde descansar, recorría toda a casa a gusto, ella paseaba por las calles de Londres con él a su lado en todo momento, era su mejor compañía y no podía hacerse siquiera a la idea de que su mejor amigo estuviera solito, en la oscuridad en las bodegas, acompañado por otros perros que le resultaban desconocidos y que tal vez incluso pudieran asustarlo como el pequeño pekinés que era. No podría estar tranquila hasta volver a ver a su pequeño amigo al día siguiente, paseando con él en la cubierta. Muchos perros no necesitaban de comodidades y tal vez para Haimaru no fuera difícil adaptarse a las circunstancias que significaba dormir en las bodegas, pero esa no era su vida, Haimaru no era ningún perro callejero para dormir en una jaula. La verdad él no podía entender a su esposa en lo absoluto; había visto a animales durmiendo en la calle y subsistiendo por sí mismos, si todos los privilegios a los que Hana acostumbraba a Haimaru haciendo que—en casa—prácticamente comiera en bajilla de porcelana a la mesa, sinceramente creía que Hana estaba exagerando, era solo una semana de incomodidades con paseos para estirar los músculos, eso ya de por si era suficiente, eran animales, no necesitaban de tantas comodidades, podían dormir en cualquier parte. Bufando sutilmente, Kankuro ve acomodo mejor sobre el colchón, dándole la espalda a su esposa, más que dispuesto a seguir durmiendo como si nada.
-Pero es un perro- refuto Kankuro, acomodándose mejor sobre la cama, -¿No has oído eso de una vida de perros?- bromeo, decidido a seguir durmiendo.
-Esa no es la vida de mi perro- contrario Hana, aún muy inquieta.
No podía dormir, temía por su querido migo que guardaba en la bodegas. Hana no supo porque, pero temió que pudiera ocurrir una desgracia…
El frió que imperaba en el interior de las cubiertas era terrorífico, pero estar a metros de altura por sobre la popa, aislados del resto del mundo, era algo que nadie podía experimentar abordo, nadie salvo los vigías Obito y Deidara. El llamado nido de cuervos, un mástil elevado con una especie de palco en lo alto albergaba a los dos hombres que protegían al Titanic, divisando con su aguda visión cualquier peligro, abrazándose a sus abrigos y con el cabello cubierto por gorras, más nada los distraía de su trabajo. El clima era perfecto, un cielo despejado y cubierto de estrellas…pero era extraño, era como si el margen del mar en el horizonte no existiera y se creara una bruma que dificultaba la visibilidad, no se podía ver donde acababa el cielo y comenzaba el mar. El Titanic surcaba veloz el mar casi congelado, la velocidad que llevaban era perfecta, más que idónea para visibilizar algún peligro…pero no había nada en el horizonte. Una brisa ligeramente más fuerte y fría que las anteriores los hizo estremecer, sin desviar la vista del horizonte, tratando de mantener el escaso calor corporal que tenían, junto a ellos. De pronto una mancha oscura—diferente de las otras que cubría el espacio entre el mar y el cielo—pareció crecer, aproximándose hacia su dirección y ambos fruncieron el ceño, enfocando su visión…palideciendo de inmediato ante lo que veían. Se trataba de un enorme iceberg que inexplicablemente no había resultado visible, no hasta ahora que lo tenían casi frente a sus caras, a cuando máximo quinientas yardas de distancia.
-Maldito Iceberg…- mascullo Deidara por lo bajo, tocando a toda velocidad a campana que estaba sobre ambos en tres oportunidades, dando la alarma. De inmediato tomo el auricular del teléfono de emergencia, llamando al puente, no obteniendo respuesta de inmediato, lo cual lo puso todavía más nervioso. -¡Contesten, malditos!- chillo al borde de la desesperación.
La distancia que los separaba de chocar directamente con el iceberg no era demasiada—teniendo en cuenta la velocidad a la cual el buque surcaba el mar, por lo que no podían perder el tiempo, tenían que cambiar el curso cuanto antes. Fuera del puente, a metros de este, apoyado delante del barandal, el primer oficial Yamato relevaba al segundo oficial Kakashi Hatake desde hacía horas, pero aun cuando tuviera que estar en el exterior, montando guardia, nada lo hubo preparado para la extraña masa oscura que veía elevarse desde el horizonte y que apenas y era visible del todo. Al interior del puente ve encontraba en solitario el intendente Mizuki al timón y que se hubo extrañado ante la alarma procedente del puesto de los vigías, más él, en solitario en el interior del puente, no podía soltar el timón para contestar el teléfono que comenzó a sonar a su espalda en cuanto se hubieron detenido las campanadas. Acudiendo en su ayuda apareció el sexto oficial Maito Gai, que se encontraba de turno esa hora, llevando consigo una humeante taza de té caliente con limón. Deteniéndose ante el teléfono, el sexto oficial descolgó el auricular y espero una respuesta de parte de los vigías; si habían dado la altera de emergencia desde luego que no podían estar exagerando, había algo ahí afuera que podía hacer peligrar las vidas de los pasajeros y ellos necesitaban información para saber que hacer exactamente.
-¿Sí?, ¿Qué es lo que ves?- cuestiono Gai de inmediato.
-¡Iceberg a la vista!-gritó Deidara, casi con desesperación.
-Gracias- contesto el sexto oficial, colgando el teléfono y aproximándose a toda prisa al umbral que daba con el exterior. -¡Iceberg a la vista!- notifico fuerte y claramente a primer oficial
-¡Viren!- ordeno Yamato, ingresando a toda prisa al puente. -¡Deprisa!- espeto al intendente Mizuki.
Entrando en el espacioso puente a toda velocidad, chocando en el proceso con el sexto oficial Mito Gai, dirigiéndose hacia el telégrafo que conectaba con la sala de máquinas, inclinando la palanca hasta la maniobra de "a toda velocidad hacia popa". Bajo el puente y el resto de las cubiertas en que los pasajeros eran ajenos a lo que ocurría, los ingenieros y engrasadores se movieron como locos dentro de la sala de máquinas una vez que hubo llegado la altera desde el puente instándolos a cambiar el curso realizado hasta entonces. El barco había seguido un camino por días, si cambiaban tan abruptamente de rumbo significaba que algo muy serio estaba ocurriendo en la superficie y ellos solo podían cumplir con su trabajo, cerrando las válvulas de vapor y frenando los enromes y potentes motores de pistón de cuatro pistón de cuatro pisos de altura que controlaban las hélices y que permitían la movilidad del buque; si iban a virar, necesitaban disminuir la velocidad. Recibiendo de igual modo la alerta; en la sala de caldeas todos los fogoneros comenzaron a cerrar las puertas de los enormes hornos llameantes para que el aire no alimentara el fuego. En el puente, el intendente Mizuki viro el timón por completo y tan rápido como le fue posible, sabiendo que en ese momento evitar una colisión dependía en parte de que tan ágil fuera, y tan solo se permitió respirar en cuanto el timó llego al limite, impidiéndole moverlo hacia estribor
-Al máximo- informo Mizuki, ya no siendo capaz de mover el timón en esa dirección.
-¡Timón al tope!- informo Gai, gritando hacia el exterior.
Corriendo desde el interior del puente hacia el exterior, al barandal por el cual había divisado aquella mancha oscura, Yamato abrió los ojos a más no poder al ver que la mancha en el horizonte hora ve alzaba en la forma de un enorme iceberg incluso más grande—superficialmente—que el Titanic. Tristemente los barcos no tenían frenos y el Titanic requería de un kilómetro para detenerse, pero en este caso—con el Iceberg prácticamente encima—lo único que podían hacer era reducir la velocidad y virar a estribor; la única forma era virar a estribor y luego a babor para rodear el Iceberg y no chocar con él, todo eso con un timón que pesaba cien toneladas pero que afortunadamente era muy maniobrable, pero que aún no viraba en la dirección correcta para evitar la colisión. Lo único que Yamato pudo hacer en ese instante, ante el barandal, fue ver como el tempano de hielo crecía delante de sus ojos, cada vez más próximo de colisionar contra ellos y viceversa. Lo frustraba que la maniobra ejecutada aun no diera resultado, pero a decir verdad no tenían tiempo, no el que se habían empleado originalmente en la prueba de mar del buque antes de que iniciara su viaje inaugural, sabía que todos los operarios en la sala de máquinas y los propios fogoneros hacían cuanto podían para evitar que sucediera una catástrofe, más en ese momento parecí no servir de nada. Lo único que podían hacer todos ellos era esperar a que el curso cambiara…
-Vamos, vira, vira- murmuro Yamato para sí, apretando fuertemente las manos…pero entonces y por fin la proa del barco comenzó a alejarse del iceberg y rápidamente. -Si…- existía la posibilidad de que salieran indemnes y pudieran evitar la colisión.
Tras lo que pareció una eternidad, por fin la popa del barco viro hacia la izquierda, hacia estribor, alejándose de colisionar con el iceberg, pero el Titanic era tan largo que la popa aun iba en la dirección precisa del impacto, la única forma que existía de evitar una colisión era virar a babor esta vez. Bajo el agua, el costado del barco impacto contra el hielo que corto de lleno el sólido hierro y acero, abriendo una serie de pequeñas pero letales brechas en forma de clave morse a lo largo del, bajo el nivel del agua. El Titanic estaba hecho de los mejores materiales posibles, pero nada podía resistir a semejante impacto, ni aun el barco más resistente del mundo. Yamato sintió el suelo y el barandal temblar en cuanto el hielo comenzó a chocar contra el caso, el propio intendente Mizuki bajo la mira hacia el timón que sostenía entre sus manos y que temblaba como si fuera a despedazarse en cualquier momento. Todo el barco se estremeció, desde primera a tercera clase. En la sala de calderas, se abrió una brecha en el casco, no demasiado grande pero que de inmediato hizo ingresar agua helada que cayó al interior de la sala y sobre quienes la habitaban y que finalmente pudieron saber qué es lo que ocurría en el exterior. El casco siguió impactando con el hilo, rompiendo fragmentos que cayeron sobre la cubierta, como prueba de que aquello era completamente real, y eso devolvió de inmediato a Yamato a la realidad:
-¡Timón a babor!- ordeno Yamato sin abandonar su lugar, necesitando atestiguar todo con sus propios ojos.
-¡Timón a babor!- repitió Gai en su nombre al intendente Mizuki, al interior del puente.
Tal y como había hecho hace tan solo unos minutos, el intendente Mizuki viro el timón por segunda vez solo que hacia la dirección contraria era vez, hacia babor al mismo tiempo que el oficial Yamato regresaba al puente, deteniéndose ante el panel que activaba las compuertas herméticas en la última planta del barco y que activo en ese preciso momento. El barco estaba dividido en dieciséis compartimentos herméticos a prueba de agua que se cerraban con compuertas que perfectamente atravesarían el piso si se dejaran caer con fuerza al pesar una tonelada y tardaban treinta segundos en cerrarse con ayuda de cilindros hidráulicos que ralentizaban su caída. Segundos que el Titanic no tenía. Por ahora necesitaban detener el agua que estaba entrando en el Titanic.
Un fuerte temblor recorrió todo el buque en el preciso instante en que el iceberg hubo impactado el costado del barco, de refilón, se hubo sentido con especial fuerza en tercera clase, despertando a algunos de los pasajeros con el sueño ligero, en segunda clase por otro lado se hubo sentido como un temblor en tierra, ligero pero a la vez fuerte, pero en primera clase debido al ajetreo nadie hubo advertido nada, ni siquiera quienes estaban próximos las ventanas de aspecto francés que reflejaban lo que sucedía en el exterior, tanto así que nadie advirtió el iceberg aun cuando fuera visible desde el exterior. Sumergidos en sus propias conversaciones y cotilleos, riendo y bromeando, gran parte de los presente de pie o moviéndose constantemente no pudieron advertir el temblor, solo lo hicieron aquellos que se encontraban sentados ante las mesas como fue el caso del propio diseñador del barco, el señor Shisui. Hasta entonces jugando a las cartas en compañía de la señorita Mirai y el señor Inuzuka; el señor Jiraiya se había retirado hacia menos de treinta minutos a su camarote, más aun así los tres se inquietaron y paralizaron por mera inercia ante el repentino temblor. Eran londinenses—excepto la señorita Mirai—y no acostumbraban a sentir que la tierra se moviera bajo sus pies, y todavía menos el mar, no cuando se suponía que ese barco debería de resultar lo más estable en el mundo, por algo todos decían que era prácticamente inhundible.
-¿Qué fue eso?- pregunto Mirai en voz alta, ligeramente sobresaltada.
-Nada, estoy seguro- contesto Shisui, intentando tranquilizarse al mismo tiempo.
No conocía nada que pudiera hacer estremecer a un barco del tamaño del Titanic, ni siquiera un temblor en el mar. Algo había ocurrido, algo muy serio, eso es todo cuanto Shisui pudo inferir de inmediato, pero necesitaba saber que exactamente…
-Anote en la bitácora la hora exacta- fue todo cuanto Yamato pudo decir, aún demasiado sobresaltado.
La corriente que los llevaría a Nueva York pasaba muy al sur de los campos de hielo, para que no corrieran ningún peligro, ¿Cómo es que ese Iceberg había parecido de la nada? Algo muy extraño había ocurrido, no habían podido verlo, no por descoordinación sino por el clima inusualmente perfecto, solo habían podido verlo cuando ya lo había tenido delante de los ojos. La maniobra empleada para evitar una colisión frontal con el iceberg debería ser suficiente; por primer vez imperaba el temor, el temor porque de suceder lo peor tenían a más de 2, 200 almas a bordo—entre pasajeros y tripulación—y apenas veinte botes salvavidas, lo requerido por la ley pero que en este caso era insuficiente. Aun delante del timón, el intendente Mizuki lo observo en silencio, como intentando descifrar que pensaba y sentía con respecto al último acontecimiento, ¿Qué hacer?, ¿Habían salido indemnes o iban a hundirse? Haciendo eco en sus pensamientos, l puerta del puente e abrió abruptamente, rebelando al capitán Hiruzen Sarutobi quien por lo visto se había despertado con la colisión; apenas y había podido vestirse debido a la preocupación sentida tras ser despertado por un temblor, algo imposible en el mar, menos aún en un barco y que en este caso solo podía tener una explicación; habían impactado contra algo, ¿Qué cosa? Necesitaba información de sus propios subordinados para saberlo.
-¿Qué fue, señor Yamato?- cuestiono el capitán de inmediato.
-Un iceberg, señor- contesto Yamato, superando su inicial estupor, sorprendiendo al capitán con sus declaraciones. -Vire al tope a estribor y active los motores en reversa pero estaba muy cerca, trate de virar a babor para rodearlo, pero lo golpeamos…- había hecho todo lo posible, pero había sido imposible no chocar con un iceberg que había aparecido de la nada.
-Cierren las puertas- ordeno Sarutobi abandonado el puente y aproximándose al barandal que daba con la cubierta, intentando observar que es lo que había pasado realmente.
-Están cerradas, señor- dio a saber el primer oficial, siguiéndolo en todo momento.
-Paren todo- ordeno finalmente el capitán, no podían seguir transitando el mar con el agua entrando al interior del buque a cada momento. -Traigan al carpintero, que recibe el barco- ordeno algo nervioso al ver trozos del iceberg desperdigados por la cubierta de paseo.
-Sí, señor- acato Yamato, retirándose de su presencia para cumplir con su orden.
Hiruzen observo con inquietud los trozos de hielo que cubrían parte de la cubierta, usualmente cosas como aquellas, pero si habían logrado evitar una peligrosa colisión frontal al tan solo rozar el hielo, ¿Qué podía ir mal? Aun con toda su experiencia en el mar, en ese momento Hiruzen sabía que solo una persona podría tranquilizar sus inquietudes; quien había diseñado el Titanic, el señor Shisui.
Haber sentido el temblor, estando en primera clase, había inquietado mucho a Shisui; él estaba a bordo para asegurarse de que todo marchara a la perfección, para proteger a los pasajeros de cualquier imprevisto, pero era obvio—para él al menos—que había sucedido algo que escapaba de su autocontrol. Como el diseñador del Titanic, Shisui conocía lugares específicos del barco por los que acceder a los mismos pasillos que empelaban los tripulantes más calificados para observar el daño generado y comprobar si había algún peligro real para los pasajeros o no. Aun vestido con traje y corbata, tal cual como se había encontrado en el salón de primer llave, Shisui se codujo velozmente por el pasillo, detenido por el eco de pasos—no los suyos—que parecían seguirlo, volviéndose y encontrando al capitán Sarutobi quien, enfundado en su uniforme como la última vez en que se habían visto horas atrás, lo alcanzo con prontitud. Él si sabía realmente que es lo que había pasado y por su expresión cansina, Shisui de inmediato supo que estaban tratando con algo serio, muy serio. Aceptar un error era importante y por primera vez en mucho tiempo Hiruzen creía que toda su experiencia era nada, ¿Por qué no habían podido evitar la colisión?, ¿Cómo era difícil que un iceberg de semejante tamaño, según lo dicho por el señor Yamato—no pudiera ser divisado a tiempo? Todo se había combinado para crear una situación completamente inverosímil, para ellos.
-Chocamos contra un iceberg, bueno, lo hemos rozado- informo al capitán a un muy sorprendido Shisui que obviamente no había previsto semejante acontecimiento. -Yamato ha ordenado todo a estribor y ha dado marcha tras a los motores, pero estaba demasiado cerca- fue todo cuanto pudo decir, sabiendo que se había hecho todo lo posible.
Aun escuchando al capitán Sarutobi, Shisui avanzo con presteza por la escalera hacia la puerta que separaba el área de servicio—comunicada a las demás cubiertas por puertas que solo el personal más calificado conocía—del resto del buque, viendo ambos, con enorme sorpresa la prominente brecha infringida al casco con motivo de la colisión con el iceberg. La conclusión a lo dicho por el capitán Sarutobi solo tenía una explicación; habían colisionado con él, o al menos lo habían rozado y por lo mismo es que debía evaluar los daños para saber si estaban ante algo irremediable o que les permitiera llegar a Nueva York sin contratiempos, obviamente ambos esperaban que fuera esto último, el Titanic no podía sufrir ningún daño, no en su viaje inaugural, era impensable. Pero ahí y delante de ambos se alzaba una prominente brecha en el casco que permití que una gran cantidad de agua entrase al barco, pero eso no era necesariamente preocupante; si activaban las bombas podrían drenar el agua, lo que realmente necesitaban era saber cuan extenso era el daño, cuantos compartimientos abarcaba. Solo entonces ve podría hacer un diagnóstico sobre lo que se podría hacer. Por su parte el capitán no era capaz de decir nada, para él el Titanic era sencillamente le barco más seguro del mundo, imposible de hundir pero…¿Cuál era la realidad?, ¿Qué ocurría realmente?, ¿Podría continuar el viaje?
-¿Y ahora qué?- inquirió Sarutobi que si bien era el capitán, estaba sometido a su conocimiento como profesional en ese instante.
-Averigüemos cuantos compartimientos más han sido afectados- contesto, requiriendo de más información para generar un diagnostico concluyente.
Dicho esto ambos hombres se movilizaron a través de la escalera de servicio hacia el siguiente compartimento, a la altura suficiente como para no correr riesgo alguno de entrar en contacto co el agua. Había dicho tanto sobre los materiales empleados en su buque y que le habían parecido insuficientes, pero en realidad él había sido demasiado perfeccionista; los remaches no era defectuoso, el metal no era quebradizo y su diseño no tenía fallas imperdonables, tan solo era un diseño humano que había fallado bajo el poder de la madre naturaleza. Había alentado desde el principio a gastar todavía más dinero para que el Titanic fuera perfecto, habían pedido una grúa alemana—traída desde Berlín—para armarlo, lo habían construido y armado como un buque de guerra, mejor que a ningún barco que hubiera sido construido anteriormente, pero el daño hecho por el iceberg era inimaginable, como diseñador lo peor que había previsto era un impacto que afectara a cuatro de los dieciséis compartimientos herméticos inundados…irónicamente, si el impacto hubiera sido frontal, el daño sería muchísimo menor. Habían tocado el iceberg de refilón pero de todas formas el casco ya estaba perforado…no había nada que hacer, estaban condenados y cuando mucho tendrían poco más de una hora, tal vez incluso dos en el mejor de los casos, antes de que el barco se fuera a pique; debía calcularlo pero era algo matemático. Pero la brecha en el casco y a través de la cual se colaba agua lo hizo estremecer de los pies a la cabeza, nervioso, aterrado de lo que se avecinaba.
-Solo ha llegado hasta aquí- suspiro el Sarutobi, aliviado.
-Sí, pero…ha penetrado en el quinto compartimiento- la voz de Shisui tembló al saber lo que eso significaba. -Si hubiese sido el tercero o incluso el cuarto…- no había remedio para esa situación, no había nada que hacer.
-¿Qué quiere decir?- cuestiono Hiruzen, esperando su resolución
-Que tenemos una hora, dos horas con suerte- diagnóstico el Uchiha, intentando no equivocarse en sus cálculos.
-No se puede hundir…- protesto Hiruzen, se suponía que el Titanic era el barco más seguro del mundo, no podía hundirse.
-No puede flotar, no por mucho tiempo- obvio Shisui, había diseñado el buque de arriba abajo y sabía que algo así podía pasar, no se había previsto pero podía pasar.
Comprendía el terror que sentía el capitán Sarutobi por aceptar la realidad, él tampoco quería aceptarlo pero era un realidad, el buque en qué ahora yacían a bordo, aparentemente seguro, se hundiría y lo único que ellos podían hacer en aquella situación era salvar a tantas personas como pudieran, porque no sobrevivirían todos, quienes no tuvieran un lugar en los escasos veinte botes salvavidas morirían en las aguas heladas…e incluso puede que ellos también. Metros más abajo, los fogoneros se empeñaban en apagar las calderas con la misma agua que se colaba por la brecha en el casco para que los motores pudieran detenerse según lo previsto; como jefe de fogoneros, lo único que Kisuke Maboroshi sabia es que la luz roja de alarma en las calderas se encendía cuando los motores debían detenerse y él debía hacer que sus subordinados apagaran las calderas, no tenía ni idea que est pasando, solo que tenía que cumplir con su trabajo. Itachi, de entre los demás fogoneros, dejo de palear agua a las calderas alzando la mirada hacia la elevada escalera de servicio donde se encontraban el capitán y el señor Shisui quienes dirigieron la mirada hacia él al sentirse observados, más no sabiendo que decir para aplacar su preocupación, ¿Qué estaba pasando realmente?, ¿Por qué debían apagar las calderas?, ¿Contra qué habían chocado? Kisuke se detuvo de pie unto él, observando con idéntica incertidumbre al capitán y al diseñador del barco antes de decidirse regresar al trabajo.
-¡Vamos!- apremio Kisuke, golpeándolo en el hombro y haciéndolo volver al trabajo.
Sin más que hacer y abandonando sus preocupaciones, Itachi continuo paleando el gua al interior de las calderas como hacían todos los demás fogoneros; habían pedido que su pagaran los motores y para lograrlo el fuego en las calderas debía extinguirse. El agua caía sobre ellos y sobre los platos de los hornos, como si ya no hubiera un costado…era una pesadilla. La noche que inicialmente había sido perfecta ahora era una auténtica pesadilla.
PD: Saludos, besos y abrazos a todos ustedes, mis hermosos y queridos lectores, espero que esta actualización les resulte satisfactoria :3 Les recuerdo nuevamente que durante mis vacaciones actualizare todas mis historias nuevamente y además iniciare dos fics nuevos, por lo que les aconsejo que se mantengan atentos en caso de que estén interesados y quieren leer alguno :3
Personajes:
-Tsunade Senju como Molly Brown
-Maito Gai como James Paul Moody
-Mizuki como Robert Hichens
-Deidara como Frederick Fleet
-Obito como Reginald Lee
Mitos Sobre el Titanic:
-Velocidad: a lo largo de la historia el capitán Edward John Smith ha sido considerado como el culpable directo del hundimiento del Titanic por ordenar que se navegara a una velocidad superior a veinte nudos en campos de hielo, pero lo cierto es que todos los capitanes sabían que así se podría divisar mejor el hielo.
-Materiales Débiles: por mucho tiempo se ha creído que el Titanic se hundió por estar hecho de materiales de mala calidad o que eran defectuosos, pero esto en realidad es una mentira, los diseñadores del Titanic incluso exigieron que se pagara más dinero para que fuera el más seguro de la época.
-Brecha de Setenta Metros: aun hoy se cree que la colisión con el iceberg genero una rajadura de varias decenas de metros en el casco, pero eso también es falso. Claro que la fuerza del impacto fue monumental, inaguantable por cualquier material, pero en realidad solo se abrieron pequeñas brechas secuenciales en el casco a lo largo de las seis primeras secciones del barco, el límite imaginado en la época en cuanto a seguridad.
Pronto actualizare otras de mis historias; "Lady Sakura: Flor de Cerezo", "El Clan Uchiha" y "Operación Valkiria":3 como siempre la actualización está dedicada a DULCECITO311(a quien dedico y dedicare todas y cada una de mis historias, enviándole mis mejores deseos por navidad :3) y a todos aquellos que sigan cualquier otro de mis fics :3
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Rey de Konoha" (una adaptación humanizada además del rey león que se me ha venido recurrentemente a la cabeza), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de además iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia , si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "El Conjuro 2 Naruto Style-Enfield" (que iniciare dentro de poco), así como "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de una de estas dos historias, lo cual espero que los tranquilice y anime a su vez. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
