-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una adaptación de serie Titanic estrenada en 2012 como conmemoración al centenario del hundimiento del trasatlántico RMS Titanic, no guarda semejanza alguna con la película de 1997, y gran parte de los personajes son de carácter ficticio/Los personaje pertenecen a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización corre por mi cuenta para la dramatización de la historia, así como las modificaciones que sucedan a lo largo de la trama.


Capitulo 9

¿Qué es lo que podía sentir una persona que era correspondida en su afecto sincero? Plenitud, eso era lo que Sasuke sentía, recostado sobre su cama en su camarote, intentando conciliar el sueño luego de otra larga jornada de trabajo, ansiando con todo su corazón el día en que el Titanic atracase en Nueva York, Itachi y él pudieran comenzar una nueva vida con mejores oportunidades y Sakura estuviera a su lado…pero en medio de la sutil bruma del sueño que caía sobre él, el Uchiha frunció el entrecejo para si en cuanto dejo de escuchar el ruido de los motores, no solo tenía el sueño ligero sino que encima de eso y durante el último tiempo se había acostumbrado a escuchar el ruido de los motores que hacían funcionar el barco día sí y día también, Itachi trabajaba en las calderas para asegurarse de que eso sucediera, pero esta era la primera ocasión—desde que habían iniciado la travesía hasta ahora—en que ocurría algo así. Abriendo los ojos, Sasuke solo pudo ver las penumbras del oscuro interior de su camarote, sentándose sobre la litera para cerciorarse de que su mente no le jugaba ninguna broma y que en efecto el barco ya no se estaba moviendo y así era, ¿pero que podría haber ocurrido para que el barco se detuviera? Fuera lo que fuera no podía ser algo bueno por lo que con cuidado y para no despertar a nadie bajo de la litera sin reparar en que había despertado a su compañero de camarote—y que tenía el sueño casi tan ligero como él—que se sentó torpemente sobre la cama, observándolo atentamente pese a lo difícil que ya de por si resultaba en medio de la oscuridad.

-¿Qué sucede?—pregunto Tenma sin percatarse que, por el tono de su voz, había logrado despertar a sus dos vecinos de litera.

-¿Por qué se detuvieron los motores?—pregunto Sasuke únicamente, recibiendo como respuesta un extraño silbido de aire que resulto audible para todos, —¿Qué fue eso?—estaba seguro de haber sido el único en escucharlo.

-Suena como un escape de vapor—contesto él, sintiendo como si se le helase la sangre, bajando de la litera de inmediato.

Ante tan infausto panorama, el inmediato impulso de todos ante ese ruido no fue sino abandonar el camarote; necesitaban información, pasajeros de tercera clase o no pero era vital saber que estaba pasando antes de ser los últimos en enterarse.


Como madre que era, Konan estaba sobradamente acostumbrada a tener un ligero dormir, no podía ser de otro modo ya que ella era quien siempre debía ocuparse de todo lo referente a su casa y a la rutina de sus hijos mientras que Nagato trabajaba para que pudieran subsistir, claro que sus responsabilidades como esposa y madre también eran un trabajo pero no todo el mundo lo veía así. En medio de su sueño un silbido cruzo el aire hasta llegar a sus oídos, no lo suficientemente fuerte como para despertar a su hijos afortunadamente pero si lo bastante fuerte como para despertarla a ella que de inmediato se sentó sobre la litera, contemplando la oscuridad del camarote, prestando suma atención a su entorno o para asegurarse de que su mente no le estaba jugando una broma, pero la frecuencia del silbido contra el aire disminuyo mas no se eliminó, prueba de que no había soñado nada, eso y que ya no se escuchaba el acompasado eco de los motores funcionando contra el casco. Lucida y clara de ideas gracias a su sueño ligero, Konan golpeo el pecho y zarandeo ligeramente el hombro de su esposo que dormía profundamente en comparación de como lo había hecho ella pero que al sentir movimiento de su parte no dudo en despertarse tan pronto como se lo permitieron sus sentidos, sentándose con torpeza sobre la cama ante la oscuridad que visibilizada y entre la que apenas podía distinguir el rostro de su esposa pero sabía instintivamente que se trataba de ella, pero si algo si escucha era un extraño silbido contra el aire y que lo hizo reaccionar a toda velocidad.

-Nagato, ¿Qué es eso?—pregunto Konan en prácticamente un susurro para no despertar innecesariamente a sus hijos al no saber que ocurría.

-Quédate aquí, iré a ver—contesto Nagato, bajando de la litera cuanto antes y abandonando el camarote en espera de saber más.

-No pasa nada, sigan durmiendo—tranquilizo la peliazul a sus hijos que se frotaban los parpados perezosamente, intentando despertar y saber qué es lo que pasaba.

Nagato y ella ya estaban lo bastante preocupados, sus hijos no tenían por qué saber que sucedía realmente, no habría muchos que pudieran hacer de todas formas, por lo que Konan prefería mantenerlos ajenos a cualquier acontecimiento, por ahora. Aun adormilados, sus hijos obedecieron a medias, algunos preocupados sobre porque su padre había abandonado el camarote sin razón alguna y otros resignándose a obedecer a su madre y continuar durmiendo, todos escuchando ese curioso silbido que cruzaba el aire como si se tratase de un silbido de gas en medio de un mar de silencio en que los motores ya no se escuchaban. El Titanic se había detenido, pero ¿Por qué?


Puede que fuera un noble de gran fortuna pero antes que todo eso Raido era un hombre de negocios, por lo que no era nada extraño para él quedarse trabajando hasta tarde y en medio de la oscuridad mientras su esposa Jin dormía profundamente luego de que hubieran regresado a su camarote tras la cena con los Hyuga en el restaurante de Gatti, sentado delante de su escritorio en el mini despacho que había improvisado en la sala, con sus documentos y él siendo solo iluminados por una pequeña lámpara…pero toda su atención, hasta entonces enfocada en su trabajo, se dirigió al entorno, sintiendo algo sospechoso y que no pudo identificar hasta prestar atención al silencio impoluto que reinaba, solo roto por el eco de las olas contra el aire sin nada mas que obstaculizara la paz, sin el característico y acompasado sonido de los motores. No deseando preocupar ni despertar innecesariamente a su esposa por ello, Raido se levantó con sigilo de la mesa de la sala en dirección hacia la puerta principal que abrió, frunciendo el ceño al ver a un tumulto de personas, en su mayoría pasajeros vestidos con ropa abrigadora y usando chalecos salvavidas, así como oficiales menores o camareros que cargaban bajo sus brazos chalecos auxiliares para entregárselos al resto de los pasajeros. Cerrando la puerta a su espalda, observando a toda esa gente transitando por el pasillo, Raido por fin diviso a una cara conocida; el segundo oficial Kakashi Hatake que les indicaba a los pasajeros a donde dirigirse y a quien se aproximó tan pronto como le resulto posible para intentar saber qué es lo que estaba pasando, porque se habían detenido los motores y porque había tanto ajetreo a esa hora de la noche.

-Señor Kakashi, ¿puede decirme que está pasando?—pregunto el Namiashi, profundamente desconcertado ante tan confuso comportamiento de parte de todos.

-Siento tener que decir esto, mi lord, pero hemos chocado contra un iceberg—confeso el Hatake sin titubeo alguno en cuanto vio a pasillo deshabitarse de actividad, a solas con el conde.

-¿Qué?, ¿Cuándo?—aquello era impensable para Raido, ¿no se supone que el Titanic era el barco más seguro del mundo?

-Hace media hora—respondió el peligris en casi un suspiro, aún demasiado sorprendido de lo ocurrido.

-Pero no podemos estar en un peligro real, no en este barco—afirmo él, intentando convencerse de ello ante los recientes acontecimientos de los que acababa de enterarse.

-Suba a las mujeres a cubierta en seguida, y que vayan abrigadas—fue todo lo que pudo instruir para proseguir con su camino y cumplir con sus propias obligaciones.

-Espere—detuvo Raido inevitablemente, no pudiendo o no queriendo aceptar que fuera a ocurrir lo peor tan abruptamente, —no se ira a hundir—planteo, dejando sus palabras al aire, ni como pregunta ni como afirmación.

-Espero que no, mi lord- fue todo lo que Kakashi pudo contestar, ni siquiera sabiendo con certeza que es lo que sucedería.

No podía mentirle descaradamente como tal vez si harían otros, ¿de que serviría mentir? Independiente de si disponían del tiempo suficiente para evacuar a los pasajeros o no, lo importante era intentar salvar a tantas personas como pudieran y hacer que se mantuvieran a salvo, y no lo harían permaneciendo en el barco. Estático en el pasillo por un par de segundos, viendo al segundo oficial marcharse para continuar con su trabajo, Raido intento creer que lo que había oído era una mentira, alarmismo, pero no lo era, su subconsciente se lo decía así como su sentido de prevención. Debía salvar a su esposa y a su hija, solo eso era importante ahora.


-Rápido, tenemos que vestirnos—indico Raido tan pronto como retorno al camarote, cerrando la puerta tras de sí y encendiendo la luz, —nos quieren en la cubierta, ya desperté a Tenten y estará aquí pronto pero debemos darnos prisa—explico ingresando en la recamara que compartía con su esposa que se mostró sumamente desconcertada.

Luego de acudir al camarote de su hija y decirle toda la verdad—porque a ella no podía mentirle, era lo más insensato del mundo ocultarle la verdad a alguien tan perspicaz como Tenten—así como indicarle que se vistiera tan abrigadamente como pudiera, Raido retorno a su camarote para prepararse así como para despertar a su esposa, pero no quería decirle la verdad a Jin, por lo menos aun no, aferrándose a la idea de que el Titanic era el barco más seguro del mundo como él tanto había creído con anterioridad, si se lo había dicho a Tenten era porque prefería que ella se imaginase el peor de los escenarios, pero Jin…ella era completamente diferente. Partiendo por como la habitación se ilumino por la luz eléctrica, Jin apenas y tuvo tiempo de procesar las palabras que su esposo acababa de pronunciar, parpadeando para adaptar sus ojos a la luz a la par que se estiraba como si de un gatito se tratase, sentándose con torpeza y lentitud sobre el colchón, intentando entender o imaginar en su mente que es lo que podría haber ocurrido como para que los pasajeros fueran molestados a esa hora de la noche, ¿Por qué los querían en cubierta? No tenía sentido y evidentemente tenía el signo de pregunta pintado en el rostro pero Raido no le contesto, buscando su estuche de joyas que siempre guardaba bajo la almohada, tendiéndoselo, dándole a saber que no era ninguna broma y que necesitaba vestirse. Salvando a Raido de contestar preguntas que no quería responder, la puerta del camarote se abrió permitiendo el ingreso de su leal mayordomo Naruto en compañía de la señorita Hyuga que cerró la puerta tras de sí al ingresar.

-¿Se ha enterado, mi lord?—corroboro el Uzumaki, sin mencionar detalle alguno suponiendo que su señor prefería no alarmar a su esposa.

-Si, en efecto—asintió el Namiashi, agradeciendo como siempre su discreción, —señorita Hyuga, ayude a mi esposa a vestirse—indico a la doncella de su esposa que no dudo en abrir los cajones del tocador para buscar todo lo necesario y cumplir con su trabajo. —Es solo un ejercicio de seguridad, pero quiero que estemos todos—mintió para no preocupar a su esposa, tomando el collar de brillantes del estuche que ella había abierto sobre su regazo, ayudándola lo más posible al ceñirlo alrededor de su cuello.

-¿Cómo que un ejercicio de seguridad?, ¿en medio de la noche?—refuto Jin, no viéndole sentido alguno a nada de lo que él le estaba explicando, —¿qué ocurre?—pregunto en espera de una respuesta sincera o más esclarecedora.

-Hemos chocado contra algo y nos quieren en la cubierta—minimizo Raido, encogiéndose de hombros con falsa despreocupación, mas viendo algo de miedo en los ojos de Jin al escucharlo.

-Si no hay nada de qué preocuparse, prefiero quedarme aquí hasta que sepamos más—contesto ella, controlando sus emociones para no permitir que el miedo le nublase el juicio. —¿Qué hace esto aquí?—cuestiono al revisar el interior de su estuche con joyas.

-¿A qué te refieres?—inquirió su esposo, inclinándose sobre su hombro, no viendo nada extraño a diferencia de ella.

-Este broche—señalo, sosteniendo entre sus manos un pequeño broche recubierto por diamantes, —no lo llevaba anoche—había dos broches en el estuche pero ella solo había llevado uno…que cosa más extraña.

Desde su lugar ante el tocador, Hinata no se atrevió a alzar la vista hacia el espejo delante de ella por temor a quedar en evidencia así como Naruto que fingió estoicismo, volteando a ver a cualquier lado con tal de no parecer sospechoso; si, durante la cena de sus señores en el restaurante de Gatti habían descendido a las bodegas en la sección de equipaje, tomado el broche que Hinata había guardado entre sus pertenecías y retornando a tiempo al camarote de sus señores donde Hinata había aprovechado su ausencia para devolver el broche dentro del estuche, por lo que luego de ayudar a su señora a prepararse para dormir, Hinata había guardado todas las joyas en el mismo estuche que lady Jin siempre mantenía bajo la almohada, creyendo que todo se olvidaría como si jamás hubiera sucedido y eso espero, guardando total silencio y tan solo reservándose a cumplir con su trabajo, profundamente agradecida con Naruto que en silencio la contemplo desde su lugar en el umbral de la recamara, estando dispuesto a culparse si hacía falta para protegerla…la había juzgado mal, en el pasado siempre había creído que ella era inalcanzable, que tenía valores morales que él olvidaba por simple capricho pero ahora descubría que ella era tan humana como él, estaba desesperada por ayudar a quienes le eran importantes como su padre que estaba tan enfermo, ¿Cómo no arriesgarlo todo por ella? El incómodo silencio—depende de que arista se viera—se vio interrumpido en cuanto llamaron respetuosamente a la puerta del camarote que fue abierta por uno de los camareros que se asomó ligeramente como para dar el mensaje que debía entregar a todos los pasajeros:

-A cubierta, órdenes del capitán, con los chalecos salvavidas—comunico respetuosa y velozmente el camarero.

Aprovechando que la puerta del camarote de sus padres se encontraba abierta por obra de un camarero que había llamado a su puerta, Tenten ingreso en total silencio a la par que la puerta se cerraba tras de sí, apretándose las manos cubiertas por guantes de cuero marrón claro a juego con la simple falda y botines de cuero que había escogido, medias negras, blusa blanca de cuello alto y mangas ceñidas en las muñecas, suéter de terciopelo negro bajo un abrigo del mismo color, sobre este el chaleco salvavidas que sabía debía llevar y su largo cabello castaño cayendo desordenadamente sobre sus hombros. No le temía al mar si esa era la cuestión, no, de tenerle miedo al mar no se habría subido al Titanic para empezar, pero tampoco era tan tonta como para no darse cuenta de que multiplicando el número de botes salvavidas—veinte en total; dieciséis estándar y cuatro desplegables—por la capacidad y el número de pasajeros que iban a bordo del barco…quienes no muriesen ahogados morirían por hipotermia, por lo que fuera lo que fuera a suceder ella prefería quedarse junto a sus padres tanto como le fuera posible. Mucho más tranquilo al ver a Tenten vestida como él le había indicado que debía vestirse—para cualquier posibilidad, ya fuera subir a un bote o tener que quedarse en el barco-, Raido recibió gustoso el abrigo que Naruto le ayudo a colocarse, agradeciendo mentalmente que no se le hubiera ocurrido cambiarse de ropa y ponerse el pijama luego de la cena, eso disminuía la pérdida de tiempo en el camarote y facilitaba el trayecto había la cubierta superior, bueno, en parte.

-Bien, ya estamos todos—celebro Raido, más tranquilo al ver a toda su familia y amigos reunidos.

Lo único importante ahora era mantenerse juntos lo más posible, si podían salvarse todos, perfecto, pero no ser así ojala y pudieran salvarse las mujeres, ellas eran más importante, porque en esta noche era imposible asegurar quien viviría y quien no, mas había que hacer un intento por sobrevivir, aunque fuera eso.


A una persona que trabajaba para un barco no se le pedían opiniones ni se le daban detalles, solo se le exigía que cumpliese con su responsabilidad y velara por los pasajeros a bordo del buque por lo que luego de que uno de uno de los camareros llamara a su puerta para informarle de que el Titanic había chocado con un iceberg y de que se requería su ayuda, Sakura dudo ni por un momento en vestirse, no con su uniforme como trabajadora de la línea White Star sino con la ropa más abrigadora que le resulto posible; suéter de cuello alto, falda, medias, botas, y encima de todo un abrigo, uniéndose a todos los trabajadores de la sección de segunda clase que estaban desempacando todos los chalecos salvavidas disponibles y distribuyéndolos entre los pasajeros que no estaban para nada de acuerdo con la idea de acudir a un ejercicio—que es lo que se les había dicho que pasaba—en medio de la noche y llevar algo tan molesto como un chaleco salvavidas, pero a Sakura no le pagaban por consultar la opinión de nadie sino que por cumplir con su responsabilidad y por lo que trato de hacer entrega de un chaleco salvavidas a cada pasajero que veía en su camino por los pasillos, llamando a los camarotes de tantos pasajeros como le era posible para que despertaran o tomaran conciencia de que estaba pasando algo serio. En permanente movimiento y sin detenerse, Sakura diviso a un par de metros suyo al segundo oficial Kakashi Hatake, aproximándose a él para recibir instrucciones más claras sobre qué es lo que debería hacer, no importándole su trabajo solamente sino brindar tanta ayuda como pudiera en caso de que la colisión con el iceberg fuera más seria lo que ella creía.

-¿Qué debo hacer, señor?—consulto Sakura, lamentando ser un obstáculo en su camino pero no deseando ser un lastre al no saber qué hacer.

-Lleve a la cubierta a todas las mujeres y niños de segunda clase, y que se pongan el chaleco salvavidas—instruyo el Hatake observándola muy seriamente ya que lo que estaban viviendo era todo menos un juego.

-¡Señor!—llamo la pelirosa antes de permitirle seguir con su camino, —¿se va a hundir?—pregunto casi en un susurro para no ser oída pero si con la suficiente claridad como para que él la entendiese.

-Eso parece—asintió Kakashi, no pudiendo ocultarle la verdad, no a ella que solo cumplía con su trabajo como hacían todos, ninguno sabiendo sí podrían salvarse.

-Bien, señor—contesto la Haruno, aclarando su mente y no permitiendo que ninguna emoción desbocada interfiriera con su deber.

-Y usted póngase uno—indico él al ver que ella no estaba dando el ejemplo a los pasajeros, recibiendo un vago asentimiento como respuesta, lo que le permitió seguir con su camino.

Ninguno de los dos podía decir si sobrevivirían a esta noche si el Titanic se hundía a menos que un barco de rescate llegase a tiempo, la ley del mar anteponía a mujeres y niños por encima del resto de los pasajeros si de ocupar botes salvavidas se trataba, mujeres y niños que fueran pasajeros, no tripulantes, ellos serían los últimos en poder optar a subir a un bote…¿Qué posibilidad real tenia de salvarse? Sakura ni siquiera se molestó en hacerse esa pregunta, ¿Qué importaba si se salvaba o no? Importaban más los pasajeros, hombres, mujeres, niños y ancianos que pasaban junto a ella, algunos con chalecos salvavidas puestos o en las manos y otros que no tenían uno, por lo que ella les hizo entrega de uno sin siquiera dudarlo. No se trataba de su vida, se trataba de la supervivencia de los demás.


-Contactamos con el Carpathia y vienen de camino, pero están a cuatro horas de distancia—informo Asuma en un intento por ser de ayuda, más sabía que estas palabras no resultaba un bálsamo sino más bien todo lo contrario.

Escuchar esas palabras resulto un puñal en el corazón de Hiruzen aunque no lo demostró, de espaldas al señor Asuma que como jefe de oficiales se encargaba de estar al tanto de toda la situación en su nombre, permaneciendo a su lado en el puente, a espera de órdenes que cumplir…el señor Shisui ya lo había dicho; el Titanic tan solo tenía una expectativa de dos horas de vidas cuando mucho, con suerte, y el único barco lo bastante cerca como para responder al llamado de auxilio—tanto la antigua señal CQD como la actual SOS—emitido había sido el RMS Carpathia, casualmente de su rival la naviera la línea Cunard, que se encontraba a nada menos que cuatro horas de distancia…cuando llegase a su ubicación el Titaic ya se encontraría en el fondo del Atlántico, no existía otra posibilidad. Observando por una de las ventanas del puente de mando, delante del timón y con las manos cruzadas tras la espalda, Hiruzen pudo contemplar como a lo lejos se divisaba un barco, de menor tamaño que un buque de gran envergadura como el Titanic evidentemente pero que bien podría ser de ayuda, más aun cuando los radiotelegrafistas hubieran enviado la señal de auxilio a todo buque próximo en un radio de más de 60 millas, ¿pero porque ese barco no había respondido si estaba a solo kilómetros de distancia?, ¿Qué podía estar haciendo para no advertir que los pasajeros del Titanic dependían de toda ayuda posible para sobrevivir?

-¿Y ese barco en el horizonte?, ¿Por qué no responde?—pregunto Hiruzen al aire, no esperando respuesta alguna sino intentando hallarla por cuenta propia, —¿Qué estarán haciendo?—los radiotelegrafistas de aquel barco debían estar durmiendo, esa era la única explicación posible para su desentendimiento.

-Los botes están listos, debemos cargarlos—anuncio Kakashi, ingresando en el puente a toda prisa rompiendo con la calma presente hasta ese momento. —Solo tenemos noventa minutos, señor, tengo que empezar—apremio con la firme idea de que debían usar al máximo el tiempo del que disponían para llenar los botes.

-¿Conoce bien los procedimientos de evacuación?—consulto el capital únicamente, sin apartar la mirada del horizonte.

-Claro; no llenar los botes para que no se rompan, subir a mujeres y niños, y los hombres deberán nadar para ocupar los lugares vacantes—declaro el peligris, habiendo aprendido de memoria el protocolo que dictaba el código naval.

-¿Y ha discutido todo eso con el señor Shisui?—pregunto el Sarutobi, recordando el peso y número de pasajeros como máximo con que se habían probado los botes en Belfast.

-Estoy seguro de que lo aprobara, señor—afirmo el Hatake, ya que en situaciones como esta todos ellos estaban sujetos a imponer el bienestar de los pasajeros por encima del propio, —¿tengo su permiso?—quiso confirmar, solo recibiendo a cambio ya que el capitán se encontraba un demasiado sobrecogido por lo que estaba sucediendo. —Tenemos que empezar a cargarlos, señor—recordó de viva voz, sabiendo lo imperdonable que resultaría en la conciencia del capitán no hacer hasta lo imposible por salvar tantas vidas como pudieran. —¿Señor Asuma?—pregunto ya que él era la máxima autoridad en el buque, tan solo estando bajo las órdenes del capitán.

-Creo que deberíamos escuchar la opinión del capitán—contesto Asuma, para nada de acuerdo con tanta premura de su parte, prefiriendo seguir las órdenes del capitán por encima de cualquier cosa.

-Mujeres y niños primero, sí—respondió Hiruzen por fin, sabiendo que aquello era lo mejor y asintiendo como apoyo a su respuesta.

Dándose por satisfecho con aquella respuesta, intercambiado una mirada con el jefe de oficiales Asuma Sarutobi que creía tener la razón, Kakashi abandono el puente rumbo a la cubierta para empezar cuanto antes la evacuación y lanzamiento de los botes salvavidas. Sin apartar la mirada del horizonte, donde aún podía ver a lo lejos las luces de ese otro buque, Hiruzen eligió mantener su mente temporalmente lejos de la realidad que apresaba a su buque; se hundiría, una tragedia como no había vivido en su carrera. El barco no contaba con el número de botes suficientes como para salvar a todos los pasajeros…morir con el barco era el deber un capitán y él estaba dispuesto a cumplirlo, pero a cambio deberían salvarse tantas mujeres y niños como fuera posible, solo eso pedía.


Proceder en su trabajo nunca había resultado más difícil para Sakura como ahora, teniendo que atenerse a los caprichos que los pasajeros bajo su responsabilidad tuvieran si de cumplir órdenes o seguir indicaciones se trataba, sin importar que su supervivencia dependiera de ello, teniendo que intentar persuadirlos lo más posible a entrar en razón pero no más o faltaría a su compromiso, ya que ella era solo una empleada más en el barco, no un oficial, y ni aunque lo fuera no podía ofender ni agredir a los pasajeros, eso iba contra su política de trabajo. Los pasajeros a los que tenía el deber de guiar a abandonar sus camarotes, usando chalecos salvavidas y dirigiéndose a la cubierta de botes pertenecían solo a segunda clase, no necesitaba preocuparse de los sirvientes ya que ellos se encontraban bajo el cuidado y protección de sus nobles señores de primera clase, más aun así tener que insistir una y mil veces a los pasajeros que usaran los chalecos salvavidas estaba comenzando a acabar con su paciencia luego de brindar ayuda al matrimonio Akimichi, esencialmente a la señora Karui a vestirse. Puede que su deber en ese momento fuera colocarse ese incomodo chaleco salvavidas y subir a cubierta, pero Karui se negaba a hacerlo hasta tener consigo todo lo que fuera a necesitar como lo eran sus joyas, ¿Qué posesión más valiosa tenía en la vida, materialmente hablando?

-Por favor, póngaselo y venga conmigo—insistió Sakura, perdiendo la cuenta de cuantas veces había dicho eso.

-No, debo recoger mis joyas—protesto Karui, negándose a usar el chaleco salvavidas, no solo porque le resultase incomodo sino porque aún no tenía sus joyas en su poder.

-Olvídate de eso—protesto Choji, apenas y creyendo su frivolidad en un momento tan inoportuno.

-No las dejare aquí, ¿Qué más me queda de los últimos años?—obvio ella como justificación ante su terquedad.

-Cuando estén listos diríjanse a la sección de segunda clase de cubierta—indico la Haruno, resignada a cumplir con su trabajo tanto como ellos se lo permitieran.

-Por supuesto, hasta para ahogarnos somos de segunda clase—se quejó la Akimichi con sarcasmo antes de abandonar el camarote hacia la oficina del sobrecargo.

No era necesario remarcar la diferencias de clases sociales en ese momento, ya la sociedad lo hacía en nombre de todos todo el tiempo, y lo último que Sakura quería hacer era agregar más leña al fuego en ese momento en que las tensiones parecían estar a mil por segundo para estallarles en la cara a todos, pero quisiera sonar así o no todos los pasajeros tenían cubiertas independiente a las cuales dirigirse en cuanto la evacuación de los botes se trataba, no lo decía ella, lo decían los oficiales que ya estaban comenzando a preparar los botes para cargarlos según tenía entendido, por lo que todo lo que Sakura pudo hacer al ver partir a la señora Akimichi sin un chaleco salvavidas fue bufar para sí, no sabiendo que más hacer para ayudar. Valiéndose de la temporal distracción de la joven camarera, Choji tomo uno de los chalecos salvavidas que se encontraban sobre la cama y lo paso por la cabeza de la joven pelirosa, colocándoselo y amarrando los cordones a ambos lados de su cuerpo pese a que ella se resistiera de incomodidad, pero él prefería que ella contara con toda la ayuda posible, después de todo ya estaba ayudando noblemente a concientizar a los tontos pasajeros entre los que se encontraban su esposa y él. Otras colegas suyas, camareras de segunda o primera clase tal vez estuvieran dando el ejemplo y usando los chalecos pero ella prefería cumplir con su trabajo antes de pensar en sí misma, sumado a que el chaleco le parecía sumamente incomodo sobre la ropa, restringiendo sus movimientos, por eso es que simplemente no lo estaba usando.

-No…no me gusta—se quejó Sakura inevitablemente, aun sabiendo que era tarde ya que tenía el chaleco puesto gracias a él.

-Si no lo lleva puesto los hombres como yo pensaremos que no hace falta—le hizo entender Choji con una amigable sonrisa.

-¿Los hombres como usted?— no entendió ella, confundida porque se rotulara de ese modo.

-Los que no afrontamos la realidad—afirmo él con tranquilidad, pasando junto a ella para abandonar el camarote.

-Gracias…- agradeció la pelirosa, volteando a verlo, no pudiendo dejarlo partir sin decirle eso.

Dirigiéndole una última sonrisa en respuesta a su agradecimiento, Choji abandono el camarote para seguir a su esposa, esperando poder convencerla de subir a la cubierta de botes cuanto antes. Aun algo aturdida por lo que acababa de comprender, Sakura cargo el resto de chalecos salvavidas que había dejado cobre la cama entre sus brazos mientras abandonaba el camarote para seguir asistiendo a los pasajeros, porque no importa que es lo que ella pensara, no podía incumplir su trabajo, tenía que brindar su ayuda lo más posible, ¿Cómo viviría consigo misma si no lo hiciera?


-Sakura, ¡Sakura!—llamo el Uchiha, intentando hacer que su voz se alzara por encima de las de los demás presentes.

Luego de enterarse de que es lo que estaba pasando realmente, vistiéndose a toda prisa y no necesitando tomar nada de su camarote, Sasuke se dirigió de inmediato hacia el área de segunda clase antes de que los camareros a cargo de tercera clase cerraran las rejas e impidieran el paso del resto de los pasajeros, buscando a Sakura de inmediato tan solo para encontrar que su camarote se encontraba vacío y que ella se hallaba intentando cumplir con su trabajo en medio del pasadizo que conectaba segunda y primera clase donde todas las nobles damas se encontraban en una disputa contra la oficina del sobrecargo para intentar recuperar sus joyas. Identificar a Sakura en medio de la multitud resulto todo un reto para Sasuke en un principio, alzando la voz en vano en medio de los gritos de aquellas mujeres banales que intentaban recuperar sus joyas, no fue hasta que diviso su inconfundible melena rosada que pudo encontrar un camino que seguir en medio de la multitud, encontrándola en medio de una labor que para algunos parecería sin sentido, pero que ella llevaba a acabó con entereza con su característica entrega por ayudar a otros. Pese a escuchar la voz de Sasuke llamándola fervientemente, Sakura no le prestó atención, intentando hacer entrega de gran parte de los chalecos salvavidas que aun traía consigo a tantos pasajeros como pudiera pero nadie quería aceptarlos, todos ellos preferían intentar recuperar sus posesiones del sobrecargo, desesperándola de frustración para cuando Sasuke llego a su lado, la tranquilizaba que él estuviera ahí pero la desesperaba no poder hacerles entender a los pasajeros la tragedia que iba a ocurrir.

-No quieren ponérselos— pronuncio Sakura, descorazonada, no sabiendo que más hacer para cumplir con su trabajo.

Ya fuera que Sasuke estuviera de acuerdo con la forma de pensar de Sakura o no, sabía bien que ella no intentaría salvarse hasta haber cumplido con su trabajo, porque poseía valores morales intachables y que el resto del mundo olvidaba con facilidad, eso es lo que había hecho que se enamorara de ella; su corazón inocente, su consciencia noble e incorruptible y su sentido del deber, por lo que con el propósito de ayudarla y asegurarse de que quedase libre de trabajo cuanto antes para lograr que ella pudiera llegar a un bote salvavidas—porque de otro modo él sentía no poder morir tranquilo—, Sasuke no dudo de quitarle de las manos al menos la mitad de los chalecos salvavidas con los que ella cargaba, apenas y pidiéndoles opinión a las damas en su camino, pasándoles los chalecos por encima de sus cabezas y colocándoselos tan rápido como le era posible, aprovechándose de la distracción que las embargaba en su mayoría por intentar acercarse lo más posible a la oficina del sobrecargo para recuperar sus joyas o posesiones más preciadas que llevar consigo, indicándoles únicamente que se dirigieran a cubierta cuanto antes ya fuera que tuvieran o no la intención de hacerlo, porque ellos dos no tenían otra opción salvo la de intentar ayudar, no obligar a nadie a hacer algo que no quisieran, el libre albedrío era algo que todos tenían en el ese momento. En cuanto a los chalecos restantes, no hicieron más que entregárselos a todos los pasajeros en su camino, ya fueran hombres o mujeres y que no llevasen uno puesto o en las manos.

-Póngaselo y súbalo a la cubierta—indico Sasuke, sin reparar en quién pero si haciendo entrega de un chaleco salvavidas a cada persona en su camino.

-Diríjase a la cubierta de segunda clase—instruyo Sakura, un paso por detrás de él, asegurándose de que las indicaciones fueran claras.

Mientras ambos se desvivían entregando hasta el último de los chalecos salvavidas en su poder, el sobrecargo dio por terminado su trabajo, cerrando su oficina ante la indignada mirada de las mujeres que protestaron de inmediato. Todos debían subir a cubierta sin excepción, postergar lo inevitable no tenía sentido.


Los pasajeros de tercera clase que habían conseguido abandonar su área de residencia a tiempo podían considerarse afortunados porque tenían la vaga esperanza de poder subir a un bote salvavidas mientras que el resto de ellos se encontraban encerrados en sus propias dependencia, con camareros de tercera clase—que formaban parte de ellos—bloqueando cada puerta que conducía a las cubiertas superiores, puertas cerradas con llave. Nadie en el barco—y por nadie obviamente se referían a los elitistas pasajeros de primera clase—querían ver a los pasajeros de tercera clase deambulando por ahí y acaparando el espacio en los botes salvavidas, por lo que por ahora era mejor retenerlos hasta que tantos pasajeros de primera clase pudieran subir a los botes, solo entonces permitirían que las mujeres y niños pasaran para ocupar un espacio, el resto tendría que esperar a que llegase su turno, algo bastante difícil ya que solo existían veinte botes salvavidas y probablemente más de la mitad de los pasajeros no tuvieran otra opción que saltar al agua y nadar para salvarse. Por supuesto que a los pasajeros de tercera clase no les hacia ninguna gracia estar encerrados como animales en medio de los pasillos que habían transitado diariamente en su travesía, sin poder escapar de ellos y sin tener claro que es lo que estaba sucediendo en las cubiertas superiores, solo que sea lo que fuere no era seguro quedarse ahí y esperando, necesitaban obtener información y la única forma era subir por su propia cuenta y averiguar que ocurría, aunque claro que eso resultaba difícil con los malditos camareros custodiando las entradas como gárgolas.

-¿Qué pasa?, ¿No podemos subir?—cuestiono uno de los pasajeros, cansado de no saber qué es lo que estaba sucediendo.

-A su debido tiempo—contesto uno de los camareros, de brazos cruzados y con las rejas cerradas a su espalda.

-¿Cuándo será a su debido tiempo?—pregunto su compañero quien no podía ser de piedra e ignorar lo que pasaba, —porque podremos mantenerlos aquí siempre—obvio en un susurro para no angustiar a nadie.

-No se preocupen, no hay ningún peligro—se expresó el camarero, ignorando la pregunta de su compañero, tan solo concentrándose en cumplir con su deber y mantener a los pasajeros allí.

-¿Está seguro?—pregunto otro de los pasajeros, sintiendo que no era correcto bajarle el perfil a lo que sea que estuviera ocurriendo, si no era algo serio ¿por qué no podían pasar?

-Este es el Titanic, es más seguro que estar en tierra—contesto él con inquebrantable seguridad, intentando convencerse de ello para no flaquear.

-¿Qué pasa con los niños?, ¿ellos no pueden pasar?—pregunto nuevamente su compañero, no considerando justo mantener a todos encerrados solo porque sí.

-¿Y qué les acompañen una manada de madres histéricas?—contrario el camarero sencillamente, reservándose a cumplir las órdenes que les habían sido dadas. —Los niños serán atendidos pronto, no se preocupen por ellos—contesto a la multitud que no supo si conformarse con ello o no, pero guardando temporal silencio.

Las ordenes de mantener a los pasajeros de tercera clase ahí y encerrados no habían sido dadas por el capitán sino por camareros de primera clase que estaban por encima de ellos así como por el dueño del barco, el señor Danzo Shimura a quien no pensaban desobedecer, después de todo él sabía que es lo que era mejor para todos. Entre los pasajeros habían mujeres y niños que no tenían por qué estar encerrados, ellos merecían poder subir a las cubiertas y encontrar un lugar en los botes pero ninguno sabia de ello porque no se les había ocultado toda información referente a la colisión del Titanic con el iceberg y quienes sabían algo elegían no divulgarlo para no causar pánico así como por tan solo haber oído rumores, nada concreto. Afortunadamente muchos de los pasajeros—principalmente mujeres y niños—estaban usando los chalecos salvavidas como se les había indicado que hicieran y vestían ropa abrigadora, entre el enorme grupo de personas que esperaban por información o por la oportunidad de salir a las cubiertas superiores se encontraba Konan quien terminaba de ceñir a sus hijos los abrigadores suéteres y chaquetas de que disponían luego de haberse vestido tan apresuradamente como les había sido posible, esperando poder abandonar tercera clase y subir a las cubiertas superiores pero no lo habían conseguido, ahora ella se encontraba aguardando junto a sus hijos a que Nagato apareciera luego de volver a intentar obtener algo de información de parte de los mismos pasajeros que estaban tan desesperados como ellos de poder salir de ahí y saber que pasaba con exactitud.

-Otro barco vendrá por nosotros muy pronto, solo estamos esperando a que llegue—tranquilizo Konan a sus hijos que asintieron ante sus palabras, confiando en que lo que ella decía era verdad. —¿Pudiste ver algo?—pregunto en cuanto sintió a su esposo situarse a su lado.

-No mucho, están sacando los botes—contesto Nagato, sonriéndoles a sus hijos para instarlos a mantener la calma, —Dicen que no hay peligro, pero mienten—añadió en un sutil susurro para que solo ella lo escuchase. —Cargaremos contra ellos—revelo, volviendo el rostro hacia donde estaban los camareros custodiando las puertas.

Eso no sonaba como una idea al azar sino un plan concreto, prueba de que todos los presentes ante las puertas estaban desesperados por salvar sus vidas y permitir que las mujeres y niños entre ellos llegaran a los botes y se salvaran…era algo arriesgado y difícil de realizar pero que tenían que hacer, no por ellos mismos sino por las vidas de inocentes, por lo que ella solo pudo asentir, no aprobando ni desaprobando tal medida en tanto permitiese que sus hijos sobrevivieran, eso es todo lo que Nagato y ella podían pedir. Sintiéndose permanentemente observada desde hacía ya varios minutos, Konan volvió ligeramente el rostro a su espalda, observando a Pein que la observaba en medio de la muchedumbre, a varios pasos de ella, más al pendiente de ella que de su propia persona como debería hacer, ¿volvería a verlo?, ¿sobreviviría él?, ¿sobreviviría ella? Era imposible saberlo.


-Sujétese de mi mano, cuidado con el escalón, señora—guió Hayate, sujetando en todo momento la mano enguantada de la noble dama.

Aun cuando ya se hubiera informado a gran parte de los pasajeros—principalmente a los de primera y segunda clase, desde luego—a bordo del barco, apenas y había un reducido grupo de personas en la cubierta de botes al momento de comenzar a preparar los botes salvavidas para cargarlos, los pasillos del interior del buque estaban repletos de personas que o buscaban a toda prisa subir a las cubiertas o creaban un tumulto en la oficina del sobrecargo para recuperar sus valiosas joyas, convirtiendo a los pasillos en verdaderas trampas que hacían perder el tiempo, más aun así oficiales como Hayate Gekko preferían no pensar en porque no había más pasajeros dispuestos a subir al primer bote que estaba preparado para cargar a los pasajeros, pasando cuarenta minutos de la media noche. Ayudado por un grupo de marinos, el quinto oficial ayudo a la noble dama Kaguya Otsutsuki a cruzar de la cubierta al interior del bote salvavidas, esperando a que ella se sentase con seguridad antes de ayudar a la doncella que la asistía a encontrar su lugar. En espera de poder ser de ayuda de algún modo—aunque la verdadera intención de Sasuke era lograr que Sakura se fuera en un bote salvavidas—, Sasuke y Sakura intentaron ser de tanta ayuda cómo fue posible, ayudando al reducido grupo de pasajeros a subir mientras los marinos se cercioraban de que el bote estuviera apropiadamente preparado para ser bajado una vez todos hubieran abordado el boto salvavidas.

-No tenemos mucho tiempo, vamos, dense prisa—apremio Hayate al pequeño grupo de mujeres que subir al bote.

-Tienen que haber más mujeres—menciono Sasuke, en un intento por no parecer tan nervioso de como realmente se encontraba.

-Bueno, aquí no hay mujeres, dejen entrar a los hombres— planteo Kaguya con absoluta calma desde su lugar al interior del bote salvavidas, —Tenji—llamo a su esposo, alargando su mano hacia él.

-El señor Hatake ha sido muy claro; solo mujeres y niños—protesto el Gekko, haciendo valer el reglamento de su superior así como lo que establecía el código naval.

-Pero si no hay nadie más—obvio ella, encogiéndose de hombros, no viendo ningún problema en llenar el bote que era la finalidad de esa evacuación.

-Si no sube nadie, lo haré yo—declaro Tenji, sin importarle el maldito protocolo, subiendo por su cuenta al bote junto a su esposa. —Vamos, señores—animo al grupo de marinos que de inmediato se vio tentado a seguirlo.

-Esperen un momento—detuvo Hayate, aceptando llenar el bote con la mayor cantidad de pasajeros posibles pero no con tripulantes.

-Necesitan de alguien que lleve el timón—se justificó uno de los marinos, tomando la responsabilidad de dirigir el bote.

-Está bien—acepto él, haciéndose a un lado para permitirles subir, todo por intentar evitar un posible motín.

-Muy bien, bájennos—indico Kaguya al ver que el bote estaba lo suficientemente lleno como para dar el trabajo por hecho.

-No pueden bajarlo con tan pocas personas, hay espacio para muchos más—objeto Sakura de inmediato, viendo a la perfección que el bote aun podía cargarse con dos docenas de personas más, todos podían ver eso.

-Oficial, por favor, de la orden de bajar el bote—insistió Tenji ya que no había nadie más que pudiera subir y llenar el resto del bote.

-Llévensela a ella—sugirió Sasuke, sujetando el brazo de Sakura que se resistió de inmediato ante tal idea.

-¡No!—negó ella, zafándose de su agarre. —No puedo irme, todavía no—otros merecían ocupar en el bote mucho más que ella, no podía ser tan egoísta.

En total y a bordo del bote salvavidas debían encontrarse entre veinte o veinticinco personas cuando mucho tanto entre pasajeros como tripulantes, menos de la mitad de la capacidad de que disponía para ser cargado—el total eran de 77 e incluso más si el peso estaba bien distribuido—, eso era absolutamente vergonzoso. Por ley un barco debía llevar la menor cantidad de botes salvavidas que fuera posible porque los barcos eran creados para ser botes salvavidas en sí mismos, barcos como el Titanic contaban con todas las medidas de seguridad—subdivididos individualmente para hacer que cada compartimiento fuera estanco e independiente entre sí para evitar una inundación conjunta—posibles, de hecho el Titanic llevaba un elevado número de botes salvavidas para el numero de subdivisiones herméticas con las que contaba. Puede que fuera tonto de su parte pero ella era solo una empleada, ¿Qué derecho tenia de ocupar un lugar en un bote salvavidas? Agradecía el intento de Sasuke por protegerla pero ella no podía aceptar dejar al resto de los pasajeros a su suerte, no podía abandonar el barco aun. Honestamente Kaguya se sentía a salvo en ese bote salvavidas que estaba listo para ser lanzado, el Titanic había demostrado no ser lo suficientemente seguro, iba a hundirse después de todo, pero era mejor no tentar a la suerte ni llenar el bote en demasía, por eso es que prefería que dieran la tarea por cumplida y lo bajaran cuanto antes, para no dar tiempo a indeseables a subir y relacionarse con ellos.

-Lo intentamos—obvio Kaguya sin ninguna muestra de arrepentimiento, —bajen el bote—reitero, inamovible en su posición, estrechando su mano con la de su esposo.

-Bájenlo—accedió Hayate en un suspiro, sin otra opción, dirigiendo a los marinos a su derecha e izquierda para que comenzaran a bajar el bote con ayuda de las cuerdas y los pescantes.

Sin otro remedio, Sasuke y Sakura tuvieron que contemplar en silencio—así como el quinto oficial Hayate Gekko, que habría deseado llenar el bote con más pasajeros—como los pescantes y cuerdas hacían descender lenta y manualmente el bote salvavidas con ayuda de los marinos que sujetaban las cuerdas con firmeza, solo moviéndolas para que el pequeño bote bajase con lentitud y uniformidad. ¿Era demasiado de su parte pedir que ella tuviera el idéntico ceso para pensar en si misma que el que tenía para pensar en los demás? A Sasuke ya no le importaba sobrevivir, llegar a Nueva York y luego casarse con ella, no, todo lo que quería era hacer que vivir su vida valiera la pena y lograr que ella subiera a un bote salvavidas pero ella estaba haciendo demasiado difícil tan labor, ¿Cómo estar tranquilo ahora? Ella era demasiado noble, demasiado noble para ese mundo egoísta. Como una muestra de sarcasmo o paradoja, si así podía inferirse, cuando el bote fue bajado en su totalidad y estuvo por su cuenta en el agua bajo la dirección de los marinos que remaron para alejarse del Titanic, un grupo de pasajeros mucho más prominente que el que había abordado el bote llego a cubierta, todos aparentemente pertenecientes a primera clase, vistiendo ropa abrigadora y chalecos salvavidas, todos ellos listos para abordar un bote que acababa de ser bajado y que los habría albergado a todos si tan solo hubieran llegado antes y si tan solo el bote no hubiera sido bajado hace tan solo un par de minutos.

-Este bote se ha ido, vayan hacia el otro lado—indico Sasuke al grupo de pasajeros que apenas y pudieron creer haber llegado tarde, no teniendo otra opción salvo dirigirse a otro punto de la cubierta en busca de un bote que pudiera salvarlos. —Debiste irte, debería haberte obligado—menciono evidentemente frustrado por su desatino.

-¿Ahora puedes obligarme a hacer cosas?—cuestiono Sakura, falsamente ofendida en un intento por eliminar la tensión del ambiente.

-Ojala pudiera—admitió el Uchiha, observándola, deseando que lo hubiera escuchado y se hubiera ido en el bote.

Si, ojala pudiera haber logrado que ella hubiera subido a ese bote, así al menos podría morir tranquilo sabiendo que había garantizado que ella estuviera a salvo, pero no lo había logrado, ella era tan terca como el para permitirse ser egoísta y salvarse cuando aún habían muchos pasajeros a bordo que merecían tener un lugar en un bote, ella era demasiado noble como para salvarse y abandonar a otros a su suerte. Aún quedan botes, intento consolarse Sasuke, sosteniendo la mirada de Sakura que solo pudo observarlo en silencio, sabiendo cuales eran sus pensamientos, pero no pudiendo darle la tranquilizadora respuesta de si querría salvarse antes que otros que merecían aún mas sobrevivir a esta noche.


Si bien inicialmente la cubierta de botes se había encontrado prácticamente vacía, como si los pasajeros a bordo del buque no le hubieran tomado peso al hecho de que—lo quisieran creer o no—el Titanic iba a hundirse, cuanto más se aproximaban a la una de la madrugada más y más pasajeros—de primera clase principalmente, cabe mencionar—comenzaron a llegar a cubierta con desesperación y en busca de un lugar en los botes salvavidas que comenzaron a ser preparados en conjunto ante la elevada demanda de pasajeros y el tiempo que comenzaba a correr con más velocidad por cada instante que pasaba, con oficiales altamente calificados dirigiendo la evacuación entre quienes se encontraban el quinto oficial Hayate Gekko, el segundo oficial Kakashi Hatake, el primer oficial Yamato Kinoe y el jefe de oficiales Asuma Sarutobi quien se había asegurado de dar órdenes a los camareros de asegurarse de que ningún pasajero de primera clase permaneciera en sus camarotes sino que todos se dirigieran a la cubierta fuera cual fuera el modo. Pero pasajeros como Hana Shiba se negaban a abandonar el Titanic, no porque no creyeran que no se fuera a hundir o porque requirieran regresar a su camarote en busca de alguna posesión material sino porque se negaba a abandonar el barco sin su mejor amigo Haimaru que hasta donde sabia continuaba encerrado en las bodegas, en el área que se encontraba por debajo de la línea de flotación.

-¡No! No me iré sin Haimaru—insistió Hana sin importar que su esposo la guiara por la cubierta hacia uno de los botes.

-Se razonable, Hana—intento hacer entender Kankuro, intentando no perder la paciencia con ella, —jamás encontraremos esa jaula y puede que ya se halla ahogado.

-No…- se negó ella, ni siquiera queriendo imaginar ese escenario, —no quiero subir—protesto, decidida a mantenerse en el barco en tanto no tuviera a su gran amigo consigo.

-Dejen que las damas pasen al frente—indico Kakashi en un intento por dispersar el tumulto a su espalda y que luchaba por abordar el bote ya cargado.

-Señor Hatake—llamo Raido a su espalda, —¿Cuántas más puede llevar?—pregunto en espera de que su esposa e hija pudieran subir.

-Estos están llenos pero hay uno en el otro lado—contesto el Hatake volviendo ligeramente el rostro hacia él, —¡este bote está lleno, atrás!—alzo la voz al tumulto que insistía en querer subir al bote.

-¿Alguien más para este bote?—pregunto Hayate, dirigiendo la evacuación hacia el bote aledaño.

-Sube, no tardare mucho—indico Jiraiya a su amiga, sosteniendo su mano antes de entregarla bajo la jurisdicción del quinto oficial y los marinos que ayudaban a las damas a subir.

-Pero ni siquiera está lleno—protesto Emi al encontrarse a bordo del bote junto a su doncella Sara.

-Solo mujeres y niños—contesto el oficial Gekko, infranqueable a romper el reglamento esta vez, solo cargando los botes tal y como dictaba la ley.

-Querrá decir mujeres y niños primero, pero no solo—corrigió ella, para nada de acuerdo en dejar atrás a los hombres solo por una estúpida ley que ella no conocía.

-Me temo que son ordenes, señora—insistió él con la máxime caballerosidad, mas haciendo valer el reglamento.

Es cierto, tácitamente la ley del mar no especificaba con literalidad que mujeres y niños debían ser los primeros en abordar los botes salvavidas primero que los hombres para ser rescatados en un naufragio, tal ley no estaba escrita en ninguna parte pero si se había establecido así desde el hundimiento del HMS Birkenhead, un buque de la Marina Real Británica que se había hundido en 1852 tras colisionar con unas rocas en las costas de Sudáfrica, a bordo se habían encontrado 490 soldados, 25 mujeres, 31 niños y 134 componentes de la tripulación, desde entonces—cuando el teniente a cargo del buque había ordenado que los primeros en abandonar el barco y ocupar los únicos dos botes salvavidas debían ser las mujeres y los niños—cada marino, ya fuera oficial o de baja categoría sabía que se debía priorizar que los lugares en los botes fueran ocupados por quienes más los necesitaban, los hombres por otro lado podrían nadar hacia los botes tras el hundimiento sin importar que los botes solo pudieran salvar a la mitad de los pasajeros. Abriéndose paso entre la multitud de personas desesperadas por encontrar sitio en los botes salvavidas, Kiba Inuzuka susto la mano de su esposa Tamaki entre las suyas en todo momento hasta que el quinto oficial reparo en su presencia y la ayudo a subir al bote con mucho cuidado, contrario a otros pasajeros que querían salvar sus propios pellejos, Kiba no quería salvarse de no ser necesario como ahora, no quería desamparar a su joven esposa que estaba embarazada de cinco meses y que podía verse afectada por toda esta traumática experiencia, quería asegurarse personalmente que ella estuviera a salvo sin importar que fuera impropio para algunos.

-Sube, ten cuidado—indico Kiba, siguiendo con la mirada a Tamaki hasta que ella se encontrase sentada dentro del bote. —¿Puedo acompañarla?—pregunto al oficial, estando dispuesto a aceptar la respuesta, fuera cual fuera.

-Me temo que no, señor—contesto Hayate, lamentando tener que negarle la oportunidad de salvarse, pero reglas eran reglas.

-Solo se lo pido debido a su estado, está embarazada—menciono él únicamente en caso de que eso le permitiera subir y estar junto a Tamaki.

-Lo siento mucho, señor—volvió a negarse el quinto oficial, más para su tranquilidad el Inuzuka se conformó con su respuesta. —¡Bajen el bote!—indico a los marinos a ambos lados del bote y que sostenían las cuerdas, aflojando ligeramente su agarre para proceder a bajar el bote con lentitud.

Era duro tener que ser tan estrictos siendo hombres que sabían que no podrían subir a un bote salvavidas, pero el primer bote había sido bajado con apenas un puñado de pasajeros a bordo, algo imperdonable, por lo que ahora los oficiales estaban siguiendo el reglamento al pie de la letra lo más posible, llenándolos tanto como consideraran pertinente y solo con mujeres y niños, dejando subir a un pequeño número de marinos única y exclusivamente para dirigirlo, no con otro fin, por lo que no podían permitir que ningún hombre abordara ya que ocuparía el lugar que una mujer o un niño podría necesitar. Para todas las mujeres a bordo de los botes no era tranquilizador saber que estarían a salvo por llevar abrigos y chalecos salvavidas, no tenían el corazón de piedra como para pensar que los hombres en la cubierta y observándolas sobrevivirían por su cuenta, no…no había posibilidad de saber quién sobreviviría y quien moriría y eso les llenaba el corazón de terror, algunas eran madres, otras prometidas, esposas, ¿Cómo no pensar en que quienes morirían eran hombres buenos que ningún mal le habían hecho al mundo como para merecer morir de esa forma? En un intento por transmitirle calma a su esposa tal y como hacían otros hombres en cubierta, observando a sus respectivas mujeres o hijas, Kiba sostuvo la mirada de Tamaki en todo momento mientras el bote comenzó a ser bajado, mucho más preocupado por ella que por sí mismo…Dios, había tenido una buena vida, ¿de qué podía quejarse? Solo de tal vez no poder ver crecer al hijo que Tamaki estaba esperando, pero por todo lo demás había sido inmensamente feliz, podía morir tranquilo.

-Estaré bien, tranquila—sosegó el Inuzuka, sin apartar su mirada de la de Tamaki en ningún momento. Aunque la idea fuese descabellada, se quitó los guantes que en nada necesitaría, arrojándoselos a su esposa que los recibió confundida. -Me los devolverás cuando volvamos a vernos—contesto a la desconcertada mirada de su esposa, sonriéndole para tranquilizarla.

No podía saber si promesa hecha al aire se cumpliría, no podía saber si sobreviviría a esta noche pero si lo intentaría con todas sus fuerzas, eso era todo lo que podía prometerle de forma inconsciente. Aferrándose a esa idea en su mente, Tamaki se colocó los guantes tan rápido como le fue posible, sonriéndole en todo momento a su esposo, sin apartar sus ojos de los de él mientras se despedían y el barco comenzaba a ser bajado por las cuerdas en los pescantes…no, esta no podía ser la última vez que se vieran, se negaba a creerlo, los hombres se salvarían, debían hacerlo.


-¡Mamá, por favor!—rogó Mirai, a punto de perder la paciencia ante la necedad de su progenitora que se empecinaba en ignorar lo que pasaba.

-No puedo, no hay más que discutir, voy a quedarme aquí—se opuso Kurenai tajantemente, negando a hacer nada hasta saber que pasaba con seguridad.

Realmente era una fortuna para Mirai que su madre y ella no hubiera retornado a sus camarotes ni se hubieran reparado para dormir como si habían hecho otros, no, ellas tan solo habían regreso a sus habitaciones para buscar abrigos que las protegieran del frió para retornar al comedor de primera clase donde muchos de los camareros y oficiales estaban haciendo entrega de chalecos salvavidas a todos quienes pasaran, la propia Mirai estaba llevando un chaleco por encimad el abrigo pero su madre se negaba a hacerlo, creía en la fiabilidad del navío a bordo del cual viajaban y no quería lucir aparatosa con un chaleco que sentía no necesitar en lo absoluto. Era frustrante para Mirai que su madre pensase así, claro que ella misma no quería creer que el barco se fuera a hundir, ¿pero no era mejor tomar todas las precauciones en caso de que sucediera lo peor? No se trataba de alarmismo sino que solo de sentido común, pero su madre parecía no estar pensando en lo absoluto mientras que otros pasajeros comenzaban a desocupar el salón rumbo a las cubiertas superiores como se les había indicado que hicieran. En medio de su ajetreada labor de recorrer el interior de los salones para asegurarse de que todos los pasajeros supieran que había ocurrido algo importante y que por órdenes del capitán debían dirigirse a la cubierta superior, Kakashi diviso a la señorita Mirai Sarutobi que parecía estar sosteniendo una discusión con su madre a quienes no dudo en aproximarse para ser de ayuda de serle posible.

-¿Puedo ayudarla?—consulto Kakashi en caso de que su presencia no fuera bien vista o útil en lo absoluto.

-Mi madre no quiere ponerse el chaleco—contesto Mirai, desesperada, no pensando en salvarse a sí misma sino a su madre, pero ella era demasiado terca como para escucharla.

-Y no pienso subirme a un bote—confirmo ella, sosteniéndole la mirada a su hija como certera respuesta.

-Escuche, señora Yuhi—inicio el Hatake con calma, tomando respetuosamente el chaleco salvavidas de las manos de la señorita Sarutobi, —¿quiere ayudar a Mirai?—pregunto, conociendo la respuesta, logrando empatizar con el sentir de madre de ella, ayudándola a colocarse el chaleco, manteniendo contacto visual con ella en todo momento, recordándole la importancia de escuchar a su hija. —Ella no se ira sin usted, así que para que ella se salve, usted debe salvarse—conocía bien a la señorita Mirai y sabía que ella no subiría a un bote a menos que su madre también lo hiciera.

-Gracias, señor Hatake—suspiro Mirai con una sonrisa, casi a punto de estallar en llanto, no sabiendo como agradecerle que hiciera esto por ella.

-¡Espere!—detuvo el peligris, aproximándose a uno de los anaqueles del salón, tomando una botella y regresando junto a ella lo más rápido posible. —Llévese esto— tendió, haciéndole entrega de la botella que Mirai observo claramente confundida.

-No llevare una botella de brandi—obvio ella con el entrecejo fruncido, no entendiendo porque le pedía que se llevase esa botella.

-Puede que otros en el bote lo necesitan, sobre todo si rescatan a alguien del mar—explico Kakashi, ya que debían imaginarse el peor de los escenarios.

Nadie podía afirmar con seguridad quien sobreviviría a esta noche y quien no, ni siquiera entre los mismos pasajeros de primera clase que a ojos de algunos tendrían preferencia de encontrar los mejores—o primeros—lugares en los botes salvavidas, no, y aun cuando lograsen subir a un bote salvavidas, ¿Qué garantizaba la supervivencia? El único barco lo suficientemente como para auxiliarlos, el Carpathia, estaba a alrededor de cuatro horas de distancia, para cuando llegase el Titanic ya se habría hundido desde hacía horas…por lo que todo lo que Kakashi podía pedirle a la señorita Mirai, como intrépida dama que había forjado su propio destino, era que llevase algo consigo para ayudar en caso de un posible rescate de las heladas aguas para evitar que los ocupantes de los botes o a quienes rescatasen del agua murieran de hipotermia, incluso si él no sobrevivía. Había conocido a este hombre en su primera noche a bordo del Titanic, siempre se había mostrado tan afable con ella, tan respetuoso y galante, tan amable...Mirai no quería hacerse a la idea de que probablemente muriera y ella no pudiera hacer nada para ayudarlo, pero ¿Por qué pensaba así? Si podía hacer algo, ayudarlo en su trabajo de garantizar la seguridad de los a pasajeros, él lo haría dirigiendo la evacuación a los botes salvavidas y ahora le confiaba mantener con vida a quienes lograran salvar de la hipotermia, ¿Cómo podía traicionar su amistad y no cumplir con lo que le estaba pidiendo? Era lo mínimo que podía hacer, aunque su mente y su corazón no querían creer que no pudiera volver a verlo.

-Gracias…- contesto Mirai con los ojos relucientes de lágrimas, pero prometiéndole que haría lo que él le estaba pidiendo.

Nadie quería aceptarlo, nadie quería afirmarlo de viva voz por temor a que se hiciera realidad pero a esas alturas ya era un hecho real y al que no podía permanecer ajenos por más tiempo; el Titanic iba a hundirse y pocos tendrían la suerte de sobrevivir a lo que estaba por venir, el barco que días atrás habían dicho era prácticamente imposible de hundir estaba por vivir sus minutos y horas más oscuras antes de hundirse en el fondo del Atlántico.


PD: Saludos, mis amores, les envió todo mi afecto mas sincero :3 Les confieso que temí no poder completar este capitulo a tiempo, llevaba toda la semana planeando su desarrollo pero mi querida abuela esta sufriendo lo que parece ser un comienzo de demencia o un trastorno del sueño y apenas tuve cabeza o corazón para escribir, por lo que pido perdón y comprensión :3 Cumplo con lo prometido que es actualizar mis historias una por una, se que me he tardado mas incluso de lo que yo tenia previsto, pero lo culpo con este nuevo capitulo y con los que continuare actualizando en las próximas semanas :3 Como siempre, este nuevo capitulo esta dedicado a mi queridisima amiga DULCECITO311(a quien envió todo mi afecto, dedicandole cada una de mis historias), y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Curiosidades:

SS Californian: fue un barco de vapor de carga y pasajeros, perteneciente al holding Compañía Marina Mercante de J. P. Morgan y la naviera línea Leyland. La noche del hundimiento del RMS Titanic, este buque se habría encontrado en la misma zona y habría sido negligente de la tragedia que sucedía pese a ser el barco más cercano al lugar donde se produjo el hundimiento. Las investigaciones posteriores al hundimiento del Titanic concluyeron que el Californian podría haber salvado más vidas, o incluso todas las vidas a bordo del barco si hubiera respondido tempranamente a las peticiones de socorro del Titanic. El nombre del capitán del SS Californian, Stanley Lord, quedo manchado hasta su muerte como un ser de alma pusilánime ante la tragedia, y fue despedido de la linea Leyland Line, la prensa lo persiguió durante muchos años describiéndolo como un ser humano absolutamente carente de sentimientos y sociópata. Lo cierto es que debido a un espejismo de agua fría—algo muy común en el área del hundimiento del Titanic, en el Atlántico Norte—el capitán Stanley Lord no fue capaz de identificar al Titanic sino que lo confundió con un barco de carga cualquiera y al momento de realizar señales de clave morse con las luces del puente, el firmamento lleno de estrellas impidió la comunicación para saber que pasaba en realidad, impidiendo que el Californian acudiera en ayuda del Titanic a tiempo como para salvar mas vidas.

Mujeres y Niños Primero: El HMS Birkenhead fue un navío de guerra británico de transporte de tropas y uno de los primeros navíos pertenecientes a la Marina Real Británica con casco de hierro de su época, fue diseñado como una fragata de vapor y después reconvertido en buque de transporte de tropas antes de ser puesto en servicio en 1846. Se hundió el 26 de febrero de 1852 mientras transportaba tropas desde la bahía de Algoa a Danger Point, cerca de Gansbaai, a unos 140 kilómetros de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. No había suficientes botes salvavidas—solo habían dos botes para un total de 643 personas entre pasaje y tripulación—para todos los pasajeros, por lo que los soldados se mantuvieron en calma, permitiendo a las mujeres y los niños ocupar los botes de forma segura. Sólo 193 de las 643 personas pudieron sobrevivir al hundimiento y la caballerosidad de los soldados dio origen al protocolo de "mujeres y niños primero" a la hora de abandonar un barco que se está hundiendo. No fue hasta el 15 de Abril de 1912, en el hundimiento del Titanic, que el protocolo fue mas estricto que nunca ya que el capitán Edward John Smith habría exigido a los oficiales que los botes—dieciséis botes normales y cuatro desplegables—fueran llenados solo con mujeres y niños a tal punto que entre los sobrevivientes—705 personas de las 2200 que iban a bordo—se encontraban en su mayoría mujeres y niños.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia, si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3