-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una adaptación de serie Titanic estrenada en 2012 como conmemoración al centenario del hundimiento del trasatlántico RMS Titanic, no guarda semejanza alguna con la película de 1997, y gran parte de los personajes son de carácter ficticio/Los personaje pertenecen a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utilización corre por mi cuenta para la dramatización de la historia, así como las modificaciones que sucedan a lo largo de la trama.
Irritante, curioso, anecdótico, apocalíptico, divertido, incongruente...existían mil y un adjetivos que adjudicarle a los integrantes de la banda de música del fastuoso salón de primera clase del barco y que habían abandonado su lugar, situándose en la cubierta de paseo, en un lugar donde no estorbaran a los pasajeros que intentaban abordar un bote mientras tocaban afanosamente sus instrumentos; chelo, violín, violonchelo y contrabajo...¿no intentarían salvarse? no tenía caso hacer el esfuerzo, eran empleados en el barco, no pasajeros, ni siquiera de última categoría, aunque intentaran salvarse solo conseguirán sumergirse en las aguas heladas y llegar a un bote salvavidas ni se diga. Nadie los estaba escuchando, o por lo menos nadie se quedaba a escucharlo por un segundo siquiera, única y enteramente siguiendo su camino, pero era bueno tocar las diversas piezas musicales que conocían para mantenerse en calor ante el frió aire nocturno y que estaba muy cerca del punto de congelamiento. Tras terminar de tocar la pieza Orfeo, lentamente los músicos se detuvieron para recuperar el aliento así como para observarse entre sí y al ambiente mismo; personas iban y venían delante de sus ojos, algunos abordaban botes y los que no lo conseguían se marchaban al otro lado del barco, pero nadie se detenía a oírlos o dirigirles una mirada siquiera, como si ni siquiera estuviera ahí, aunque a decir verdad estaban acostumbrados, siempre les sucedía lo mismo en el salón de primera clase.
-¿Supongo que esto tiene algún sentido?— pregunto Mangetsu, señalando con la mirada su arco y violín como si eso otorgara alguna respuesta.
-No sé a ti, pero yo no tengo nada mejor que hacer— obvio Yagura encogiéndose de hombros distraídamente. En ese momento por fin alguien se detuvo a escucharlos, se trataba de la encantadora jovencita que días atrás había pedido oír el vals de otoño; su primera oyente real. —Aquí está la jovencita que adora el vals de otoño— reconoció intercambiando una sonrisa con sus compañeros.
-¿Lo tocarían para mí?— solicito Tenten, conmovida porque la reconocieran aun en ese momento.
Manteniendo la sonrisa ladina en su rostro y sin necesidad de tan siquiera intercambiar una mirada con sus compañeros de trabajo, Yagura comenzó a interpretar el vals de otoño en su violín a la par que el resto de sus amigos con sus instrumentos mientras Tenten se mantuvo escuchándolos por tantos segundos como le fue posible, olvidándose por un breve instante que sus padres y ella estaban esforzándose por encontrar un bote que abordar, hasta que su padre llego a su lado, sujetándola del brazo y trayéndola de vuelta a la realidad, pero sin lograr sacarla de su ensueño. Sonriendo ligeramente como agradecimiento a los músicos, Raido retomo su camino en compañía de Tenten que aletargo su andar con el único propósito de escuchar la dulce música que era interpretada en su honor, y aun cuando se alejó de todas formas, continuo escuchando la música...
Tras el choque del Titanic contra el iceberg, todos los funcionarios que se encontraban al interior del barco sabían muy bien cuáles eran sus obligaciones, los oficiales y marineros se encargaban de preparar los botes, hacer entrega a los pasajeros de los chalecos salvavidas y guiarlos a abordar los botes una vez estuvieran preparados, priorizando la ley del mar; mujeres y niños primero. Pero eso era en el exterior, en el interior todo era más complejo, caótico y enrevesado. En la sala de calderas, en el fondo del buque, los fogoneros aun cubiertos de hollín no dejaban de palear agua dentro de las calderas para apagarlas según las órdenes dadas por el capitán mientras la brecha al costado del barco—que no era excepcionalmente pronunciada—dejaba que se filtrara agua que a ese punto les llegaba a la altura de las rodillas, más nada impedía que ellos realizaran su trabajo, y entre ellos se encontraba Itachi, no sabiendo si se encontraba empapado de sudor o bien mojado por el agua que a intentaba sobrepasarle la altura de las rodillas. En medio de esta labor es que las compuertas que cerraban la calderas comenzaron a bajar lentamente y ante lo que los fogoneros intentaron abandonar el lugar presurosos, pues una vez que esas puertas se cerraran no podrían salir, torpes en su andar en medio del agua hasta deslizarse por las salidas, uno detrás del otro, haciéndole espacio a Itachi que a diferencia de ellos había viajado junto a su hermano con quien en ese momento tenía que reunirse.
-¡Itachi, vete!, ¡Rápido, no voltees!— apremio Kisuke, solo sintiéndose tranquilo al quedarse encerrado al verlo escapar a tiempo.
Las puertas herméticas del Titanic habían sido creadas en base a un buque alemán, eran las mejores en todo el mundo y que estaban hechas para evitar que el agua ingresara presurosamente en el barco, y si bien se cerraban lentamente esto era engañoso ya que al final caían con la fuerza de un hacha, así que quienes alcanzaron a salir—Itachi entre ellos—se sintieron infinitamente afortunados, más no así quienes se quedaron al interior y que sin embargo continuaron paleando agua dentro de las calderas para apagarlas, utilizando lo mejor posible el tiempo que les quedaba. Jadeando profundamente al escapar del agua, Itachi se revolvió el cabello por inercia, volteando a ver a su espalda la puerta que acababa de cerrarse...desearía poder haber ayudado a sus compañeros y a Kisuke, pero ya era tarde para volver atrás o cambiar de idea, todo lo que en ese momento debía hacer era buscar a su hermano, tenía que encontrar a Sasuke y protegerlo, tenía que hacer que obtuviera un lugar en un bote salvavidas a como diera lugar, solo entonces pensaría en salvarse, solo entonces.
Encontrar un lugar en la cubierta superior del barco era una verdadera odisea, una especie de soneto o leyenda proveniente de la mitología griega de forma trágica y que cobraba vida, como un lienzo en movimiento delante de todos quienes eran espectadores y participes, protagonistas de su propia historia, clamando en silencio o verbalmente porque uno de los oficiales a cargo de llenar los botes a lo largo de babor y estribor les permitiera subir, los más estrictos al protocolo llenaban los botes únicamente con mujeres y niños hasta el límite que era de cuando mucho setenta personas, pero quienes se mostraban temerosos del peso los llenaban con menos, bajándolos sin importar que aun quedara espacio para más, temiendo correr cualquier posible peligro. En medio de esta tragedia griega es que Raido Namiashi sostuvo las manos de su esposa e hija, adelantándose hacia el borde de la cubierta a través de su fuerza hasta tener delante el segundo oficial Kakashi Hatake y que estaba a cargo de dirigir el descenso de los botes, una cara conocida que esperaba entendiera su premura por salvar a su familia, pero en cuanto Raido contemplo los botes que supuestamente estaban terminando de ser llenamos, negó en silencio al ver espacio suficiente para subir a una docena más de mujeres o niños…al diablo el protocolo y lo que estaba bien o mal, él quería salvar a su familia como todos, ¿es que nadie tenia corazón en ese momento?
-¿Por qué diablos no los llenan?— cuestiono Raido en voz alta, absteniéndose de decir algo menos digno de un caballero.
-Es peligroso, corremos el riesgo de que se partan— contesto Kakashi volviendo ligeramente la mirada, —los hombres podrán nadar desde las escotillas— añadió mecánicamente, lo importante era salvar a las mujeres y niños, los hombres ya verían que hacer. —Bájenlo— ordeno finalmente, considerando que el bote estaba lleno.
Puede que el plan que Kakashi había diseñado tuviera fallar, era humano, tenía derecho a fallar y equivocarse pero lo verdaderamente importante era salvar a mujeres y niños, a tantos como pudieran cuando menos y eso era precisamente lo que él estaba tratando de hacer desde su humilde lugar de segundo oficial, porque si desde el comienzo hubiera podido ser primer oficial tal vez habría puesto más énfasis en añadir más botes salvavidas, porque los veinte con que contaban—dos de ellos desplegables—no eran suficientes para las 2.200 personas que había abordo y eso cualquier individuo que se considerado inteligente podía verlo a simple vista. Resignado y sin soltar las manos de su esposa e hija, Raido retrocedió en medio del tumulto de gente para buscar con la mirada otro bote que abordar, llenándose de esperanza en cuanto diviso a varios metros un bote que recientemente estaba siendo situado en los pescantes y que no tenía pasajeros a bordo, la oportunidad perfecta. Sujetando la mano de su padre, Tenten intercambio una ligera mirada con su madre Jin al intentar abrirse camino en medio de la gente para llegar al bote que estaba siendo colocado en los pescantes, pero algo la hizo alejarse brevemente de la realidad, ese algo fue ver que Neji y el señor Hiashi Hyuga ayudaban a su madre a abordar el bote, y sin pensarlo dos veces Tenten soltó la mano de su padre y corrió desesperadamente hacia el pelicastaño.
-¡Neji!— chillo Tenten antes de abrazarlo con todas sus fuerzas, sintiéndose tranquila al sentir los brazos de él a su alrededor.
-¿Estás bien?— pregunto él antes de romper el abrazo y cunar su rosto entre sus manos, examinándola de arriba abajo. —Sube a un bote enseguida— apremio sosteniendo las manos de ella, alzando la mirada hacia el señor Namiashi y su esposa que se encontraban tras Tenten. —Tenten, quiero que te salves— declaro sin apartar sus ojos de ella, —Si no sobrevivo…
-No digas eso— interrumpió ella, haciéndose una idea del discurso que él prensaba proferir y que ella se negaba a oír, esto no podía ser el final. —Los hombres se salvaran, en primera, en segunda y en las bodegas, sobrevivirán, intenta hacerlo por favor— rogó sin poder ocultar que se le quebrara la voz a causa de la angustia que significa imaginar ese escenario.
-Y lo haré— garantizo Neji, no se estaba dando por vencido ni nada pero quería que ella supiera que él no la culparía por intentar vivir lo mejor posible, —pero si algo sucede…prometo traerte suerte el resto de tu vida— aseguro con una triste sonrisa.
-Te amo, Neji Hyuga— declaro Tenten en respuesta a sus sinceros deseos, —eres el único hombre al que se lo he dicho— añadió en caso de que él se hiciera una idea equivocada.
-Y espero ser el único— agradeció él con inevitable arrogancia, haciéndola reír aunque fuera de forma efímera, —pero si no lo consigo, se feliz aunque yo no esté a tu lado— solicito no precisando una respuesta, solo deseando que ella supiera que la estaría observando desde donde fuera que estuviera; a su lado o en el otro mundo.
-Me niego a decirte adiós— advirtió ella, dejándose guiar por él para subir al bote, sin soltar su mano ni apartar su mirada de la suya.
-Y yo, pero si quieres que este feliz; sube— insistió Neji, accediendo a soltar su mano solo cuando el oficial a cargo del bote la ayudo a subir.
Tal vez en ese momento y soltando la mano de Tenten, viendo al oficial ayudar a acomodarse en uno de los lugares del bote que continuo siendo llenado con lady Jin Namiashi y otras mujeres que esperaban obtener un lugar, Neji debería haberle dicho a Tenten que su miedo de no salir vivo del hundimiento se debía a algo bastante real; no sabía nadar, su madre de hecho se había subido al bote con lágrimas en los ojos al temer lo que pudiera pasare, pero de serle posible intentaría encontrar un chaleco salvavidas y salvarse, solo eso podía prometer a su madre y a Tenten de quien no aparto la vista ni por un momento. Que lady Jin y su hija la señorita Tenten hubieran abordado el bote que estaba siendo llenado en ese momento no significaba que solo ellos intentaran, Hinata agradeció con la mirada a uno de los marineros que la ayudo a abordar el bote, sentándose a la diestra de lady Jin a quien tenía el deber de acompañar incondicionalmente como su dama de compañía, estrechando entre sus brazos el libro que su padre le había obsequiado y que no iba a permitir se apartara de su lado. Para su sorpresa y en ese momento, Naruto—quien la había acompañado tanto como amigo como mayordomo del conde Namiashi—se arrodillo al costado del bote, cara a cara con ella, alargando una de sus manos para encontrarla con la suya en un gesto íntimo que la hizo sonrojar ante el sencillo roce sin importar que ella llevase guantes.
-Hinata— llamo Naruto en medio del caos de gritos y ordenes de los oficiales y que se alzaban como un coro.
-¿Qué sucede? No tenemos mucho tiempo— contesto ella, esforzándose para que no le temblara la voz ante su propio nerviosismo por su cercanía.
-Es una carta con mis sentimientos por ti— explico el Uzumaki antes de tenderle un sobre sellado que ella recibió sin palabras, —no la abras ahora— aclaro con una incontenible sonrisa, suponiendo la curiosidad que debía estar sintiendo.
-Nos veremos muy pronto— protesto Hinata, conociendo su tenacidad y sabiendo o queriendo creer que sobreviviría, no podía ser de otro modo.
-Intenta pensar en mi alguna vez, solo eso te pido— solicito el rubio a modo de temporal despedida, sin molestarse en contradecir sus palabras.
Tras nada más decir esto, Naruto rompió el contacto entre sus manos, levantándose del suelo pero sin dejar de observarla en ningún momento a la par que ella mantenía su mirada entrelazada con la suya, apenas y percatándose de que el bote ya se encontraba lleno y que los pescantes lentamente comenzaban a bajarlo, tan solo advirtiendo el movimiento cuando vio que estaba alejándose de Naruto de quien se esforzó en no apartar los ojos, contestando a su confesión con una triste sonrisa; pensaría en él siempre, había mentido por ella, la había prometido, había estado dispuesto a correr peligros tan solo para ayudarla, ¿y ella no iba a pensar en él tan siquiera por una hora de cada día? Qué curioso, su moral casi inexistente la había irritado en el pasado, pero ahora su buen corazón la había enamorado, lástima que fuera un poco tarde para reconocer la fuerza de sus sentimientos, ojala y lo hubiera hecho mucho antes…
De extremo a extremo del barco, de proa a popa todos los oficiales se esforzaban por cargar los botes hasta la medida precisa con pasajeros a toda velocidad para no perder segundo alguno que resultaba precioso, cargando los botes con pasajeros de primera y segunda clase claro esta ya que ellos parecían tener preferencia en tanto en el fondo del barco los integrantes de las bodegas eran segregados por los rígidos camareros de primera y segunda clase que los veían como cucarachas. Ya fuera que supiera lo que pasaba en el barco o no, a Hana en nada le pudo haber importado abordar un bote y salvar su vida en ese momento ni aun cuando su esposo Kankuro la sujetara del brazo e intentar forzarla a abordar uno de los botes que estaba siendo preparando para ser bajado, no podía abordar un bote sin su querido Haimaru, sin su amigo incondicional. Puede que para Kankuro y el resto del mundo Haimaru solo fuera un perro, un animal sin importancia real, pero para ella no, para ella era como su hijo y no iba a dejarlo ni en broma, estaba dispuesta a hundirse con el barco de ser preciso. En ese mismo momento y sin que se diera cuenta, por la escalera de la cubierta y que conectaba con las cubiertas inferiores ascendió un oficial cargando en brazos a dos pequeños perritos mientras otros de diferentes tamaños lo seguían, algunos sujetos a través de sus correas por otro oficial y algunos simplemente recorrieron las cubiertas en busca de sus dueños.
-Esto es una locura, ¿Qué posibilidades tienen los perros de sobrevivir en las bodegas?— cuestiono Kankuro, intentando que ella comprendiera lo erróneo que era su proceder para que abordara el bote mientras aun podía.
-No, no me iré— insistió Hana, inamovible…hasta que vio a su adorable amigo llegar corriendo a su lado, brincando contra la falda de su vestido, —¡Haimaru!— chillo con emoción, cargándolo en sus brazos de forma inmediata, abrazándolo amorosamente.
-Ya sube al bote— apremio su esposo, sujetándola del hombro y empujándola ligeramente para acercarla al bote que estaba terminando de ser cargado con sus últimas pasajeras.
-Kankuro…— suspiro ella, conmovida por su sacrificio, por anteponer su bienestar por encima del propio, puede que estuvieran casados pero lo que estaba haciendo era demasiado noble.
Muchos de los hombres, si es que no casi todos los que se encontraban a bordo del barco, morirían o se congelarían en las aguas heladas cuando ya no pudieran escapar del inevitable final, entre ellos posiblemente incluso su esposo, Kankuro, quien en ese momento la estaba empujando a abordar el bote y salvarse...tenía un nudo en la garganta, quería decir que no abordaría el bote sin él, pero no era tan fácil, ¿que conseguiría al revelarse? solo postergar lo inevitable, en lugar de ello solo podía aferrarse a su fe y creer que volvería a ver a su esposo, quería creerlo y nadie la haría cambiar de parecer. Sosteniéndole la mirada a su esposo una última vez, Hana por fin dio un paso hacia adelante y pretendió abordar el bote, pero algo la detuvo, ese algo fue el señor Kiba Inuzuka quien se encontraba a la diestra de su esposo y cargaba en sus brazos a su querido perro Akamaru a quien cobijaba como a un niño pequeño con ayuda de su abrigo; veía la preocupación en sus ojos, él quería salvar a Akamaru tanto como ella quería salvar a Haimaru a quien en ese momento igual cargaba en brazos, quería quitarse ese peso y angustia de encima y sabía muy bien cómo. Con una sonrisa en su rostro, Hana volteo a ver al señor Inuzuka, entendiendo uno de sus brazos para que él le entregara a Akamaru, si podía ayudarlo de alguna forma, estaba más que dispuesta a hacerlo y llevar a ese adorable perrito consigo.
-Deme a Akamaru, se lo entregare a su esposa— sugirió Hana noblemente, sabiendo que él desearía que su pequeño amigo se salvara.
-Gracias— asintió Kiba con una ligera sonrisa antes de entregarle a su amigo, Tamaki lo necesitaría y protegería más que él.
-Nada de perros en los botes— detuvo el oficial al ver a la dama cargando a dos perros entre sus brazos, ocuparían un espacio innecesario en el bote.
-Dios mío…¿piensa impedírmelo?— desafío ella airosamente, sujetándose la falda el vestido para subir al bote.
¿Quién podía ser tan desalmado para dejar morir a un animalito indefenso que necesitaba de amor y protección? Hana prefirió ignorar la parte oscura de su mente que se imaginaba a los pobres animales que existían en el mundo y no tenían tan siquiera un techo donde cobijarse. Ayudada por los marineros que llevarían el timón y remos del bote, Hana abordo sin soltar a Haimaru y Akamaru de sus brazos hasta sentarse, acariciando sus pelajes antes de alzar su rostro hacia donde estaba Kankuro justo cuando el bote comenzó a ser bajado; ojala y este no fuera el adiós, no quería creer que esta sería la última vez que vería a esposo, no podía ser el adiós.
Tercera clase era un área relegada del resto del barco, las rejas que conducían hacia segunda clase y de ahí a primera y las cubiertas superiores donde estaban llenando los botes se encontraban cerradas firmemente, custodiadas por los camareros que en días anteriores habían atendido a los pasajeros de tercera y segunda clase, ahora pareciendo verdugos ante ratas, prohibiéndoles el paso. En medio de la enorme multitud de hombres, mujeres, niños y ancianos que esperaban a que las puertas les fueran abiertas, el oficial Tokuma Hyuga se abrió camino hacia las puertas, subiendo las escaleras hasta volver a espalda a la reja y desde ese lugar contemplo a los pasajeros que con ardua paciencia se resignaban a esperar que les abrieran las puertas, ataviados en sus ropas más abrigadoras y portando los chalecos salvavidas, así si no obtenían sitio en un bote, al menos flotarían de caer al agua y nadar para salvar sus vidas. Desde su lugar y con las manos cruzadas estoicamente tras la espalda, Tokuma recorrió a todos los presentes con la mirada, escuchando difusamente sus murmullos y conversaciones, no había italianos a la vista o por lo menos sus voces y distintivo acento no se oían lo cual resulto por demás confuso para el Hyuga, ¿dónde podían estar? eran pasajeros como todos los demás e incluso habían trabajado para ganar su salario durante la travesía, tenían derecho a subir a un bote como todos tanto estaban intentando hacer.
-¿Qué pasa con los italianos?— pregunto Tokuma en un susurro insignificante pero que fue oído por el camarero a su lado.
-Están encerrados a cal y canto— contesto él como si nada, volviendo el rostro ante la mirada de cólera que el oficial le dirigió. —Es mejor así— garantizo ya que nadie quería preocuparse por ellos, órdenes del señor Danzo Shimura.
-No se olvide de liberarlos— advirtió el Hyuga sencillamente, para nada de acuerdo con ese proceder.
Cosa de ingleses, se dijo el Hyuga mentalmente, negando en silencio para sí, no era de su agrado que se procediera de aquella forma contra personas inocentes que habían trabajado con diligencia para los pasajeros que ahora estaban siendo salvados mientras ellos estaban encerrados como animales, sin poder luchar por sus vidas…solo esperaba que al final pudieran salvarse, lo deseaba de verdad. En ese momento y con sus ropas aun húmedas por haberse encontrado hasta las rodillas en el agua en las ahora cerradas calderas, los fogoneros cubiertos de ceniza y hollín surcaron el pasillo exterior a la sección de tercera clase, dirigiéndose exclusivamente hacia las cubiertas supriores en espera de obtener u lugar en un bote u ofrecer para comandarlos y así salvarse, o al menos hallar un chaleco salvavidas, pero sus propias preocupaciones no impidieron que al atravesar el pasillo no se percataran de que las puertas de reja que daban a tercera clase se encontraban cerradas y custodiadas por camareros de segunda y tercera clase así como por un oficial, los demás pasaron de largo ante ese escenarios, preocupados de sus propias vidas, pero Itachi no, él se acero a las puertas, aferrando sus manos a los barrotes y negando en silencio al ver a hombres, mujeres, niños y ancianos encerrados como si fueran animales, ¿es que acaso tenían pensado dejarlos morir? era insoportable para él atestiguar aquella injusticia.
-¿Por qué los retienen aquí? Hay mujeres y niños— cuestiono Itachi, recibiendo una reprobatoria mirada del jefe de camareros que se dedicó a ignorarlo lo más posible. —Dejen que salgan y tengas las oportunidades de los demás— demando, pensando en su hermano y esperando que Sasuke no se encontrara encerrado, no, esperaba que no.
-Váyanse— intento disuadir el camarero en vano, percibiendo el acento en la voz de ese hombre; otro italiano, lo que faltaba.
-¡No esperen a que los liberen, corran!, ¡Quieren que se ahoguen!— grito el Uchiha a todo pulmón a modo de advertencia, suponiendo o dando por hecho que intentarían silenciarlo.
¿Italiano? Si, ¿Anarquista? Tal vez, pero en ese momento Itachi no era ni lo uno ni lo otro, solo era un pasajero más en ese barco que se estaba hundiendo y que representaba las voces de todos los pasajeros de tercera clase que estaban del otro lado de las rejas y que eran ignorados adrede por esos sujetos de apariencia encumbrada y regia, ¿de qué les servía el uniforme y el salario si llevaban sobre sus conciencias decenas de muertes?, ¿es que por solo pertenecer a la tercera clase y ser más pobres no tenían el derecho a salvarse? Itachi se negó a creer eso, protestando contra los "verdugos" que custodiaban las rejas y forcejando con sus manos para abrir las rejas con todas sus fuerzas. En medio del tumulto de pasajeros que clamaba por una oportunidad para salvarse, en total silencio Nagato y Pein intercambiaron una vaga mirada entre sí, asintiendo en silencio; habían llegado a un acuerdo desde el primer momento en que se les había prohibido a los pasajeros de tercera clase salir de "su área" para salvarse, solo estaban esperando a que cundiera el caos para actuar y escapar de ahí, y en ese momento lo hizo; los camareros abrieron la rejas para hacer ingresar por la fuerza al Uchiha y en un leve descuido los pasajeros que estaban al frente no dudaron en golpear a los camareros y correr a toda prisa por las ahora abiertas puertas como si sus vidas dependieran de ello, había llegado la oportunidad y no podían desperdiciarla.
-¡Konan, ahora!— indico Nagato con un grito antes de que le bloquearan el paso a su esposa y sus hijos.
Sin dudarlo ni por un momento y sujetando las manos de sus hijos que a su vez se tomaron de las manos entre sí, Konan corrió a toda prisa hacia las puertas sin voltear ni una sola vez, confiando en su esposo la seguiría al igual que Pein y así fue, porque los camareros se dieron por vencidos ante tan inútil forcejeo, no teniendo otra pion salvo dejar pasar a los pasajeros de tercera clase. Forcejando continuamente con los camareros que le sujetaban ambos brazos, Itachi fue conducido por los pasillos hacia una puerta de acero que fue brevemente abierta para ingresarlo a una yerma celda que se cerró a su espalda, encontrándose cara a cara con un grupo de individuos a quienes reconocía; eran los italianos, los habían encerrado a propósito para que se ahogaran, y ahora a él también...
-Cuidado con el escalón— advirtió Sasuke, sosteniendo la mano de una de las damas para ayudar a subir al bote.
-Siguiente— indico Sakura, alentando a tantas mujeres como pudiera a subir mientras aun fuera posible.
Probablemente en ese momento Sasuke debería estar intentando hacer que Sakura abordara un bote salvavidas y se salvara que era lo vitalmente importante para él en ese momento, pero la inocente pelirosa se encontraba completamente volcada a brindar tanta ayuda como le fue posible a los pasajeros que intentaban hallar un lugar en los botes salvavidas, insistía en no sentirse digna de pensar en salvarse cuando habían decenas de mujeres y niños que merecían mucho más un lugar en los botes que ella, y ya que Sasuke no pensaba dejarla sola, en ese momento la estaba ayudando a hacer que los pasajeros de segunda clase abordaran los botes que estaban siendo bajados medianamente llenos desde la cubierta superior a la cubierta de paseo de primera clase, apremiando en utilizar el escaso tiempo de que disponían y llenando los botes hasta donde era el límite, y tal vez un poquito más. A cargo de guiar a los pasajeros hacia las cubiertas superiores para abordar los botes que aún no eran llenados del todo o para que abordasen los desplegables una vez fuesen bajados, Shibi Aburame frunció el ceño al encontrar la cubierta de segunda clase abarrotada, con una joven pareja indicándoles a mujeres y niños de rango sociales desconocidos a subir en botes que ya estaban casi llenos por mujeres y niños de primera clase, por lo que se abrió paso entre la gente para aproximarse y corroborar que estuviera siguiendo el protocolo apropiado al hacer que los pasajeros abordaran los botes.
-¿Son damas de primera clase?— pregunto el Aburame, interrumpiendo brevemente la labor de la joven pareja
-No, señor— contesto Sakura, restándole importancia a ese tonto formalismo, pensando en salvar gente y no títulos.
-Solo estamos cargando a las damas de primera clase— recordó Shibi, menospreciando a las mujeres que en ese momento estaba intentando abordar el bote.
-¿Tiene hielo en las venas?— recrimino Sasuke cara a cara delante de él, ¿importaba el titulo si se moría en las aguas heladas? Más de la mitad de las personas a bordo morirían, era la verdad.
-¿Qué está pasando aquí?— pregunto el primer oficial Yamato Kinoe, haciéndose presente.
-Estamos intentando ayudar señor— contesto Sakura, intentando evitar quizás un posible confrontamiento.
-Son de segunda clase y deberían estar en otra cubierta, señor— se defendió el Aburame ya que esa era la normativa del protocolo.
-Esta aquí para ayudar, olvídese de esas bobadas— sugirió Yamato sencilla y escuetamente. —Mujeres, niños y hombres, aborden— índico en voz alta abriéndoles paso a tantos pasajeros como pudiera.
Con una sonrisa ladina de silente triunfo, Sasuke aparto la mirada del despectivo oficial, indicándoles al resto de las damas y pasajeros que se aproximasen mientras pudieran para abordar el bote antes de que fueran bajados terminantemente. Tomando esas palabras como una señal, Karui llego al frente por pura fuerza de voluntad, estrechando una de sus manos contra la de su esposo Choji, intercambiando una mirada con la dulce pelirosa que a lo largo de la travesía la había asistido incondicionalmente siempre que la hubiera necesitado y a quien le sostuvo la mano, recibiendo de buena gana su ayuda para subir al bote, volteando a ver a su esposo que la siguió muy de cerca. Había oportunidad de que ambos se salvaran, de que hombres abordaran los botes y sobrevivieran, y había que aprovecharla.
En la cubierta perteneciente a segunda clase, el oficial Yamato estaba llenando los botes con la mayor cantidad de pasajeros posibles, ya fueran hombres, mujeres, primera, segunda o tercera clase, le daba igual, todo lo que importaba era salvar a tantas personas como fuera posible, incluso superando el número de personas que el bote podía admitir; hasta ahora todos los oficiales se habían ceñido a llenar los botes con menos de 70 pasajeros por bote, 70 era el límite de personas con que habían sido probados en Belfast, pero esta vez Yamato permitió incluso que setenta y siete personas llenaran el bote, pero ese era el límite, no podían dejar que más personas subieran al bote o se rompería. Respirando con tranquilidad, Konan envolvió sus brazos alrededor de sus hijos antes de alzar la mirada hacia Nagato y Pein que se encontraban de pie en la cubierta le dirigieron una ligera sonrisa cada uno, gracias a ellos había podido subir al bote y quería creer que todo saldría bien, que ella, su familia y Pein se salvarían, pero ellos no habían podido subir al bote que estaba lleno hasta el tope. Pero tan concentraba como estaba en su propia plenitud, Konan era ajena de la preocupación de su hija mayor, Ayaka, que aferraba sus manos al borde del bote, temiendo descender la mirada y contemplar el mar bajo el bote y al cual le tenía tanto miedo, intentando no pensar en el miedo, más en ese momento escucho algo que le heló la sangre por completo.
-Está lleno, hay que bajarlo o se romperá— susurro Yamato al oficial que estaba a cargo del bote.
-¡Se partirá, el bote se partirá!— chillo Ayaka al oír aquello, zafándose del agarre de su madre y saltando del bote de regreso al barco, corriendo a toda prisa para alejarse.
-¡Ayaka!— llamo Konan, dispuesta a bajar del bote y buscar a su hija, pero siendo detenida por Nagato que se aproximó levemente al bote, estrechándole las manos.
-La encontrare, lo prometo— garantizo antes de apartarse de ella porque el bote debía ser bajado, no quedaba tiempos.
Sosteniéndole la mirada a su esposa una última vez, como si supiera que no iba a volver a verla, como si temiera que esa sería la última vez que se vieran, Nagato aparto la mirada para seguir el trayecto por el que habían venido desde tercera clase, confiando o queriendo creer que ese habría sido el camino que su hija había seguido al momento de huir, perdiéndola entre la multitud pero siguiéndola a toda prisa. Estático en su lugar, Pein se aproximó lo más posible al bote que comenzó a ser bajado, estrechando las manos de Konan entre la suyas, emitiendo una sola petición en su mente; Recuérdame, Konan mientras clavaba su mirada en la de ella, deseando recordarla siempre y viceversa ya que Konan le sostuvo la mirada de igual modo, hasta que él se apartó y siguió los pasos de Nagato tan rápido como le fue posible para encontrar a Ayaka. Que prueba más dura, no sabía que es lo que más le dolía a su corazón; si temer perder a su hija, si temer perder a su esposo o a Pein, solo sabía que su corazón le dolía más de lo que nunca antes hubiera sentido, aferrándose a su fe, aferrándose a toda última esperanza.
Por encontrarse durante tanto tiempo—minutos preciosos—en las cubiertas de segunda y primera clase ayudando a los pasajeros a encontrar un chaleco salvavidas y prestando auxilio a los oficiales para hacer que los botes fueran llenados con tantos pasajeros como fuera posible, Sasuke inevitablemente había comenzado a albergar un miedo en el centro de su pecho; estaba ayudando a Sakura, porque sabía que su corazón era demasiado noble para desear abordar un bote hasta no haber ayudado a que muchos otros se salvaran antes, pero por muy noble que fuese su actuar, incontables fueron los momentos en que deseo cargarla sobre su hombro a pesar de sus protestas y hacerla subir a un bote, porque en ese momento y llegando a cubierta para por fin intentar salvarse tras haber brindado su ayuda a tantos pasajeros como les había sido posible, ¿y que encontraban? Nada, la cubierta de proa a babor del barco estaba vacía, todos los botes que antes habían reposado sobre las cubiertas ahora ya no estaban, debían encontrarse en el agua repletos de pasajeros y alejándose del barco, el tiempo se les estaba acabando, habían desperdiciado sus oportunidades y saberlo hizo que Sasuke se frustrara más de lo que nunca lo hubiera hecho en toda su vida, no le importaba morir, a decir verdad eso estaba fuera de discusión, pero si iba a morir al menos Sakura debía salvarse, solo podría morir tranquilo sabiendo que ella se salvaría.
-Te dije que pasaría esto, lo sabía— bufo Sasuke, revolviéndose el cabello, aproximándose al borde de la cubierta, viendo los botes alejarse cada vez más del barco.
-No pudieron irse todos…— suspiro Sakura, casi sin habla, habían veinte botes, no podían haber llenado todos los botes, aun había demasiada gente en el barco.
-¡Espera!— el Uchiha detuvo a uno de sus compañeros de camarote y que con uniforme corría hacia el oro lado de la cubierta, —¿Queda algún bote?— consulto, sin dejar de aferrarse a la esperanza.
-Han bajado un desplegable en el otro extremo y están intentando bajar otro, si lo consiguen serán los últimos— contesto él, invitándolos a seguirlo, iba a ofrecerse como timonel, los marineros se estaban acabando y se necesitarían tantos hombres como pudieran.
-Vamos— apremio Sasuke de inmediato, sostenido una de las manos de Sakura entre la suya.
Sujetándose torpemente la falda con su mano libre para no tropezar, Sakura se esforzó por mantenerse a la par de Sasuke quien era mucho más veloz que ella, pero que sostuvo su mano contra la suya en todo momento, negándose a dejarla atrás, negándose a no intentar salvarla, si había una posibilidad de sobrevivir ella debía tomarla sin importar que él no lo lograra, nada de eso importaba, uno de los dos tenía que sobrevivir, al menos uno de los dos, y ese uno tenía que ser Sakura.
El barco estaba hecho un caos, pero un caos organizado; gente iba y venía a pleno trote sobre la cubierta, de proa a popa buscando un bote al cual abordar, principalmente hombres que esperaban salvar a sus mujeres u obtener piedad de algún oficial y salvarse al encontrar en lugar en los botes, pero esto último era excepcionalmente difícil, la mayoría de los oficiales estaban siguiendo al pie de la letra la ley de "mujeres y niños primero", eran contados los oficiales que llenaban los botes pensando en salvar vidas y no solo a ciertos individuos, aunque fuese le ley. De entre los individuos que se encontraban en esta carrera por sobrevivir tal vez se pudiera destacar al joven Rock Lee de diecisiete años, estaba solo en el barco ahora que su madre estaba a salvo en uno de los botes que ya habían sido bajados y que se estaban alejando para no ser succionados cuando el barco se hundiera. Su madre en vano había intentado convencer a los oficiales de que aún era "un niño" y que podía subir al bote, sin éxito obviamente, aunque Rock Lee le había prometido que estaría bien por su cuenta, no era un niño pero si un hombre y debía luchar por mantenerse vivo, aunque fuera imposible. Paseándose en la cubierta, Sora alzo la mirada al ver una cara conocida a quien de inmediato no dudo en llamar de viva voz; por poco y había creído que su amigo había abordado un bote hace ya mucho tiempo, y le preocupaba el desenlace que él pudiera tener al permanecer en el barco todavía.
-¡Rock Lee!— llamo Sora en un grito, haciendo que su amigo detuviera su carrera y se aproximase a él, —no te has subido a un bote— afirmo con preocupación, remiendo lo que pudiera pasarle al permanecer en el barco.
-No, era demasiado mayor para entrar con los niños a pesar de los intentos de mi madre— asintió el pelinegro con ligera mofa, aunque su madre sí que se había esforzado por intentar convencer a los oficiales, él había sido testigo de ello.
-Antes estaban cargando a hombres de este lado— menciono él, evidenciando el por qué había esperado o pensado que su amigo se salvaría, —¿Y qué vas a hacer?— pregunto con inevitable curiosidad, en caso de que tuviera un plan.
-Nadar, supongo— obvio Rock Lee, encogiéndose de hombros sin demasiada preocupación y si la sentía al menos la ocultaba bien, aproximándose al borde de la cubierta para divisar el mar bajo el buque.
-Creo que es más seguro descender por las cuerdas— opino Sora a su lado, contemplando pensativamente el mar y la estructura del barco.
-Ya nada es seguro— obvio él, volteando a verlo, porque saltar desde esa altura bien podía ser un suicidio, —yo solo sé que saltare lo más lejos posible— aseguro en caso de que muriera y alguien hablara de él, al menos seria valiente y no moriría como un cobarde.
¿Apocalíptico, místico? tal vez, pero todos quienes murieran o sobrevivieran esta noche pasarían a la historia por lo que hicieran, tanto si vivían como si no, y ya que habían dejado de catalogarlo como a un niño pequeño, Rock Lee estaba firmemente determinado a convertir en un hombre, y vivir con honor o bien morir con gloria, pero no sería un donnadie, no se permitiría ese epitafio. Poniendo fin a tan apresurada carrera, Sasuke suspiro mucho más tranquilo al ver que el desplegable aún estaba siendo llenado cuando Sakura y él se encontraron lo suficientemente cerca, y su inmediato impulso fue, sin soltar la mano de Sakura, sujetarla por los hombros e indilgarla hacia el bote que estaba siendo llenado con inexorable calma por mujeres y niños, Sakura dudo por un momento en su sería correcto subir, ¿estaba bien querer salvar su propia vida? Aun habían mujeres y niños en el bote que merecían un lugar mucho más que ella, duda que Sasuke percibió pero a la que no tuvo palabras de aliento para rebatir, a él no le importaba ser egoísta pero a Sakura si, y no podría obligarla a nada que ella no quisiera. Yendo en ayuda de ambos, el oficial Shikaku Nara que habría de comandar el bote que estaba siendo llenado reconoció a la joven pelirosa que aguardaba al costado del bote, había trabajado entre las damas de segunda clase, podría ser de gran ayuda y consuelo para con las mujeres y niños que ya estaban a bordo, y merecía salvarse, era demasiado joven.
-Suba, señorita, las mujeres la necesitan— aconsejo el oficial Nara, teniéndole la mano para ayudarla a subir.
-Sube, hazlo por mí, por favor— insistió Sasuke a su espalda en cuanto ella volteo a verlo. Resignada y sin protestar, Sakura agradeció la ayuda del oficial Nara, abordando el borde y volteando a ver a Sasuke tan pronto estuvo a bordo, entrelazando sus manos contra las suyas al menos una última vez. —No te he besado aun— recordó él con una sonrisa ladina, no sabiendo si sería el momento apropiado compartir tal intimidad.
-Bésame en Nueva York— rebatió Sakura, no quería decirle adiós, no podría, quería creer que él también encontraría lugar en un bote, debía ser así.
-¿Itachi Uchiha logro salir de las calderas?— pregunto Sasuke, solo aceptando subir a un bote salvavidas una vez se reencontrara con su hermano, no antes.
-Sí, pero dicen que lo encerraron junto con los italianos— contesto el fogonero con preocupación, él y sus compañeros habrían deseado ayudar al Uchiha pero les había resultado imposible.
Sintiendo como se le helaba la sangre con esa sola respuesta, Sasuke volteo ligeramente para encontrar su mirada con Sakura una última vez antes de dirigirse hacia toda prisa a las cubiertas inferiores, sabiendo bien que ella estaría a salvo a diferencia suya. Realmente era una suerte que hubiera trabajado en el barco a lo largo de esa efímera semana, gracias a ello había aprendido varios atajos que lo llevaban con mayor facilidad hacia su habitación sin necesidad de dar rodeos, lo que en ese momento utilizo como guía, más necesitando sujetarse del barandal al bajar a toda prisa por las escaleras húmedas por el agua que subía de nivel a cada momento y que de rozarle los tobillos pronto le llego a la altura de las caderas, buscando quitarle el equilibrio más él no lo permitió, encontrando apoyo incluso en las paredes con tal de no caer al agua. Los pasillos de tercera clase que él había visto por última vez hace menos de una hora, ahora se encontraban inundados de agua, mueles, maletas y ropa flotaban en medio del agua haciendo que desconociera por completo el entorno que antes había llamado aunque fuera temporalmente "hogar", ¿Cómo encontrar a su hermano de esa forma? Se sentía aún más perdido que el primer día en que había pisado el barco. Como auxilio a sus pensamientos es que vio a uno de los camareros de tercera clase transitando por el mismo pasillo que él, lo que lo motivo a acercársele tan rápido como le fue posible.
-¿Sabe dónde encerraron a los italianos?— pregunto Sasuke de inmediato, luchando por no trastabillar ante el movimiento oscilante del agua.
-¿Quieres unirte a ellos?— cuestiono el camarero con el propósito de seguir su camino e ignorarlo desmedidamente.
-¡¿Dónde están?!— exigió el Uchiha tomándolo del cuello, cansado de ser un caballero y tratar con cortesía a quienes no merecían su respeto.
-Tras esa esquina en la última puerta— contesto él, llevándose una mano al cuello en cuanto el Uchiha lo soltó, siguiendo su indicación, —pero no podrás liberarlos, la puerta seguirá cerrada hasta que hunda en el fondo del océano— menciono con veneno antes de seguir con su camino sin más.
-¡Itachi!— llamo Sasuke con todas sus fuerzas al doblar en la esquina, contemplando la puerta cerrada a la que de inmediato se acercó con torpeza en medio dela gua, forcejando en vano con la perilla que no cedió ni un ápice. —No puedo abrirla— grito sintiendo los golpes de manos y puños del otro lado de la puerta.
-¡Está cerrada con llave!— grito Itachi, que tonto era su hermano menor, ya debería de haber subido a un bote, no estar ahí intentando salvarlo,
-¡Ayaka!— grito Pein en medio de los pasillos vacíos, buscando a la hija mayor de Konan.
-¡Espere!— llamo el menor de los Uchiha, sintiendo la presencia de aquel desconocido como una señal de ayuda, apresurándose en alcanzarlo, sintiendo torpe en medio del agua. —Se lo suplico, por favor, ayúdeme— rogó desesperado, no podría irse, no sin su hermano.
-Está bien— accedió el pelinaranja con un suspiro, siguiendo los pasos del azabache en dirección hacia la pesada puerta de hierro que examino antes de pensar en qué hacer. —¿Tiene un trozo de alambre o algo?— consulto antes de recordar y buscar el pasador que tenía en el bolsillo, no precisaba de nada más para abrir la puerta, o eso esperaba.
-¿Y eso?— pregunto el Uchiha con inevitable curiosidad, viendo desde su lugar un simple pasador.
-Algo que me dieron para abrir una cerradura que no lo necesitaba, Dios quiera que sirva para esto— contesto Pein antes de sumergirse en el agua y tratar de abrir la cerradura, conteniendo la respiración tanto como le fue posible.
-Itachi, empujen hacia afuera— índico Sasuke con voz clara y fuerte en medio del rugido del agua. Del otro lado de la puerta, Itachi y los demás italianos empujaron con todas su fuerzas hasta que la puerta cedió y se abrió, apresurándose por abrazar a su hermano que correspondió al instante. —Gracias, es un buen hombre— se apresuró a agradecer el menor de los Uchiha, no queriendo parecer desagradecido.
-No lo soy— negó el pelinaranja, había cometido muchos errores y crímenes en su vida, era todo menos un buen hombre.
-Al menos si muere ahora, ira directamente al cielo— protesto el azabache, porque si lo había ayudado a él y a su hermano, no podía ser una mala persona.
-Mucha gente no estaría de acuerdo— comparo Pein, esbozando una ligera sonrisa. —Buena suerte— deseo a ambos hermanos que asintieron en respuesta antes de marcharse.
Siguiendo con la mirada a esos dos hermanos hasta perderlos de vista, sintiendo el agua llegarle hasta las caderas, Pein apoyo su espalda contra la pared detrás de sí, pegando la cabeza al frió material y contemplando el techo por al menos un par de segundos, echándose hacia atrás los cabellos húmedos que se le pegaban a la frente antes de volver la mirada hacia el pasillo por el que los hermanos Uchiha habían desaparecido, no importa si no se sentía digno de pelear por sobrevivir al interior de ese barco como si estaban haciendo tantos otros, buscaría a Ayaka, la hija de Konan, quería al menos morir sabiendo que le daría una razón de peso para sonreír, solo entonces podría morir satisfecho, no antes…
PD: hola, hola mis amores, tenía planeado actualizar esta historia la semana pasada pero una jaqueca me resto inspiración y aletargo mi trabajo, por lo que me disculpo, esperando que esta nueva actualización sea de su agrado :3 las siguientes actualizaciones serán "Queen: The Show Must Go On" a más tardar el viernes de serme posible y "El Velo del Amor" el próximo domingo :3 como siempre, este nuevo capitulo esta dedicado a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (dedicándole todas y cada una de mis historias, agradeciendo su incondicionalidad para con este despreciable intento de escritora), y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias,y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Dracula de Bram Stoker: recientemente y gracias a mi madre me hice con este clásico del terror que llevaba casi una década deseando leer, e inspirándome en gran parte de las películas de vampiros que he visto, principalmente en Van Helsing de 2004-maravillada por la actuación de Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran como Aleera, Verona y Marishka-, estoy pensando en hacer una historia de vampiros, obviamente protagonizada por Sasuke y Sakura, así como por Tenten e Ino, y titulada hasta ahora como "Reina de los Vampiros", como siempre veo necesario comentar la posible creación de toda nueva historia, esperando contar con su aprobación y sugerencias si las tienen.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
