Las personas cambian como las estaciones, no pueden permanecer estáticas. Y cuando Armin se percata de los cambios en sus amigos, tanto físicos como de carácter mientras están bajo la sombra de un viejo árbol comiendo hogazas de pan que robaron de la cocina, repara en que él también lo ha hecho—o al menos ha cambiado a medias— ya que físicamente sigue exactamente igual, a diferencia de Jean con su incipiente barba que presume a todos, Connie con su altura alardeante de 1.80 o Eren con su cabello largo de héroe griego.
Armin ha dejado de ser aquel chiquillo ingenuo y de buen corazón. Ahora es alguien más perspicaz y que puede llegar a ser muy cruel si lo desea. Y Armin no sabe si eso le gusta o no.
Cuando el rubio vuelve a ojear días después de aquella observación el libro del mundo exterior de su abuelo, la excitación y emoción que sentía de niño es diferente, es un poco más tenue. Y Armin teme que un día sus sueños se desvanezcan como la espuma del mar. Teme dejar de anhelar como un niño, y que su curiosidad se apague como las luciérnagas.
Cierra el libro con un suspiro que suena a cansancio y molestia, porque alguien no deja de tocar su puerta. Se levanta con languidez y la abre. Connie y Jean están recargados en el marco, con sonrisas demasiado alegres y grandes para su comodidad.
—Aún no estas listo—le reprocha el más alto del grupo al notar que aún lleva el uniforme militar, a diferencia de ellos que se han puesto sus ropas informales.
Armin vuelve a suspirar, en verdad no tiene ganas de ir. Su cuerpo se siente cansado y pesado debido a las noches de insomnio que ha tenido con el capitán, unas cuantas horas de sueño le vendrían de maravilla. Pero sus amigos le incitan y apuran a cambiarse, lo hace casi a regañadientes mientras Connie ojea sus cosas y Jean se queda sobre su cama.
Se siente incómodo y cohibido al sentir la mirada del más alto por unos segundos mientras se quita los pantalones, pero decide ignorarlo y seguir con su labor. No es que no haya notado las miradas de concupiscencia que suele darle Jean en ocasiones, sobretodo durante las últimas semanas. Sería un tonto si no se diera cuenta que el más alto se interesa en él de una forma más allá de una amistad.
Sin embargo Armin prefiere ignorar ese hecho y continuar como si nada, porque no sabe si es capaz de corresponderle de la misma manera, y esta seguro que Jean también lo sabe, y es por eso que no intenta más. Aunque en parte le agradece esto, porque ya tiene suficiente con los sentimientos confusos que le produce el capitán.
…
Cuando Levi se encuentra a Armin con el cabello más despeinado de lo usual y con el olor del alcohol desprenderse como perfume de su cuerpo mientras camina tambaleante por el pasillo que se dirige a su habitación, este no puede evitar mirarlo con desaprobación y un poco de desagrado.
—Estas ebrio—musita.
Armin no sabe si Levi esta molesto por el tono de su voz, porque no nota la diferencia de su voz cuando esta molesto o no lo esta. Así que asume lo primero por la manera en que su ceño se frunce de manera casi imperceptible.
—Lo siento... —se disculpa agachando la mirada. No sabe porque pide disculpas, pero igual lo hace porque Levi le sigue viendo con desaprobación—. Solo bebi un poco, pero parece que mi cuerpo no tolera muy bien el alcohol.
Siempre que Armin acompaña a los chicos en esas noches de diversión, no prueba una sola gota de alcohol. Sin embargo, esa noche había decidido por primera vez unirseles. ¿Porqué lo había hecho?, la respuesta era simple; curiosidad.
Armin tenia curiosidad por saber que se sentía estar borracho, y sí era tan bueno como decían. No obstante, no fue nada como esperaba, su mente se sentía nublada, incapaz de percibir las inhibiciones morales, y se sentía mareado y con ganas de vomitar.
Sí no fuera porque todavía le quedaba algo de cordura, ahora mismo, en lugar de estar frente a Levi estaría en la habitación de Jean, haciendo cosas de las que seguramente se arrepentiría por la mañana.
—Será mejor que me vaya a mi cuarto...—murmura mientras da media vuelta apoyándose de la pared más cercana.
Sin embargo antes de dar el primer paso Levi lo toma del brazo y lo lleva dentro de su habitación casi a arrastras, para luego arrojarlo a la cama sin delicadeza, como si fuera un simple saco de carne y huesos.
—Quedate ahí—le ordena—. Te traeré un café, vuelvo en un momento...—se detiene en el marco de la puerta y voltea a verle—. Intenta no vomitar en mi cuarto, Arlert. ¿Si quieres seguir en este mundo?
Armin traga saliva nervioso.
Levi vuelve exactamente diez minutos después, con una bandeja y una taza con el olor profuso del café negro en el aire.
—Ten—musita Levi, y Armin no tarda en llevarse la taza a la boca sintiendo en su paladar el sabor amargo del café—. Sí vuelves a venir en ese estado a mi habitación, no dudare en agarrarte a patadas como a Eren—le advierte.
—No lo volveré a hacer, capitán.
El silencio se apodera de la instancia, y Armin vuelve a sentir esa tensión entre dos personas que no saben como hablar porque la situación se ha vuelto incómoda. Deja la taza vacía a un lado y siente la mirada afilada del capitán sobre él.
—¿Porqué traes la camisa así?—Inquiere Levi arqueando una ceja al notar como Armin tiene la camisa desabrochada hasta la mitad, dejando al descubierto su pecho definido y lampiño.
Armin se piensa dos veces el responder con sinceridad, o arriesgarse a mentir. Porqué sigue siendo un pésimo mentiroso, y Levi sabe perfectamente cuando miente.
—Bueno... cuando llevaba a Jean a su habitación comenzó a ponerse... cariñoso—murmura, esperando que Levi no se moleste mucho por ese "incidente"—. Creo que quizás me confundió con alguna de las chicas que suele meter a hurtadillas al cuartel y entonces me...— Y antes de que Armin pueda terminar de explicar, Levi en cuestión de medio segundo lo ha empujado, poniéndose encima de él y sujetandole las muñecas con tanta fuerza como para dejarle una marca y haciendo que suelte un gimoteo de dolor. La escena es como si un lobo estuviera sobre su presa pequeña e indefensa a punto de devorarla.
—¿Capitán...?
Levi es demasiado torpe para expresar lo que siente. Por eso siempre termina siendo burdo con sus palabras y acciones, pero Armin de alguna manera ha aprendido a leerlo, como a un libro demasiado complejo para la comprensión de los demás.
Por esa razón, cuando Levi baja el rostro y le besa y muerde sobre los labios delgados de forma brusca y acelerada. Armin entiende el mensaje intrínseco que intenta incrustarle bajo la piel.
El cuerpo de Armin Arlert solo pertenece a Levi Ackerman.
Armin sabe que sus labios tienen sabor a alcohol barato, pero a Levi no parece molestarle, ya que continúa con los besos; después sobre su mejilla, sobre su cuello y clavícula, para que luego la lengua del capitán le deje un recorrido de saliva sobre el pecho niveo. Armin no puede evitar gemir ante el contacto húmedo de la lengua de Levi sobre su piel caliente. Levi lleva una de sus manos a la entrepierna de Armin y masajea por encima de los pantalones unos momentos. Sin embargo, cuando el rubio siente como toda la sangre de su cuerpo se empieza a acumular en un solo lugar, Levi se detiene.
—Ahora duerme, Arlert—le susurra al oído, para luego incorporarse rápidamente y dejarlo allí sobre la cama, confundido y con ganas de más. Levi suele hacer ese tipo de cosas para molestarlo y vengarse, siempre deteniéndose para dejarlo caliente y aturdido al final.
—En serio piensa dejarme asi—le reclama.
—¿Si tantas ganas tienes, porque no vas con el cara de caballo para que te coja?
—¿Esta molesto?
—¿Porqué habría de estarlo?
—Es solo mi amigo, capitán.
—¡Me importa una mierda tus amistades, Arlert!. Solo cállate y duermete... Tengo jaqueca y me molesta tu voz en este momento.
Armin obedece sin rechistar. Se acomoda sobre la cama, arropándose mientras Levi le observa desde un pequeño sofá en una esquina de la habitación. Poco a poco sus párpados comienzan a pesar hasta que ya no puede mantenerlos abiertos.
Armin aún con los ojos semiabiertos busca a tientas el cuerpo que usualmente esta junto a él. Pero no lo encuentra, como cada mañana.
Gruñe. No quiere levantarse, lo único que quiere es dormir hasta muy, pero muy tarde. Pero se levanta y se dirige a las duchas, porque apesta a alcohol. Tanto su ropa como su piel están impregnadas con ese olor tan característico, y desea quitárselo.
El agua esta fría, le congela la piel. El líquido gélido le recorre la espalda y los pectorales, bajando por su abdomen hasta sus piernas y perderse en el desagüe. Se enjuaga el cabello y toma un mechón de cabello entre el índice y el pulgar. Lo piensa unos momentos, tal vez sea tiempo de que su cambio sea completo. Termina de bañarse y coloca la toalla alrededor de su cintura para salir de las duchas e ir a su cuarto, y luego ir en busca de Mikasa.
…
Armin podría contar con los dedos de la mano las veces que el rostro impasible de Levi se ha desmoronado a uno de impresión. Y ahora puede sumar uno más, ya que el capitán se ha quedado estático con la mirada fija en él y su nueva apariencia.
—Pensé que era tiempo de un cambio—le dice rascándose la nuca—. ¿No le gusta?
La estoica expresión de Levi vuelve, y le mira de arriba abajo durante unos momentos, observándolo analíticamente.
—Ahora pareces el hijo bastardo de Erwin—suelta—. Pero al menos, el cara de caballo dejará de confundirte con una chica cuando este borracho.
La sonrisa de Armin se fuerza. Hay cosas que no pueden cambiarse, por más veces que las estaciones cambien, como la determinación de Eren o que Mikasa nunca dejará su bufanda guardada en un baúl, al igual que nunca cambiara el amor que Levi sigue sintiendo por Erwin Smith.
Más Armin simplemente le ve, con sus ojos azules, y disimula los sollozos de desesperación crujiendo tras sus costillas. Es doloroso ocultar el dolor, más frente a la persona que lo causa. Pero Armin se mantiene imperturbable, mientras el capitán le acorrala contra la puerta.
—¿Vamos a mi habitación... o prefieres hacerlo sobre el escritorio?—le susurra con una ladina sonrisa.
Sus orbes de hielo tiritan un poco, y Armin sigue a Levi como esclavo por los incandescentes pasillos. Le rugen las entrañas de agujeros negros cuando las caricias de Levi lo hacen sentir vulnerable y hermoso y despreciable al mismo tiempo.
Le consume la efervescencia de dolor al sentir su entrada —que no ha sido dilatada como otras veces— invadida por el miembro grueso y viril del capitán, haciendo que su rostro se transfigure a una pequeña mueca de dolor que no pasa desapercibida por el mayor.
Para sorpresa de Armin, Levi espera paciente a que se adapte a la intromisión en su cuerpo antes de comenzar a embestirlo, le masturba para que haga caso omiso al dolor, y el menor gime ante su tacto experto. Armin siente como sus huesos de porcelana se derriten junto con sus músculos en un horno de éxtasis bajo el cuerpo del capitán. Su corazón late como un reloj estropeado, apunto de detenerse, y Armin tiembla como hoja al viento de otoño.
¿Porqué su cuerpo es tan débil ante él?
Hay gotas de sudor caliente cayendo, resbalando sin cesar desde su cabeza y las sienes, haciendo que su flequillo se pegue a su frente. Intenta mantener los ojos abiertos todo el tiempo que pueda, porque Levi no deja de susurrar con esa voz de terciopelo que no se duerma aún.
Quiere suplicarle que se detenga, que su débil cuerpo ya no soporta esta tortura de placer, pero lo único que sale de sus labios son gemidos que se remueven en el espacio de la habitación una y otra vez, como una incesante y penosa melodía que le recuerda lo endeble que es.
Su boca se ha secado como un arroyo en el desierto, y pide como un moribundo, los labios húmedos de Levi sobre los suyos. Sus besos le queman el alma. Y cuando por las mejillas de Armin resbalan lágrimas entremezcladas de tristeza y placer cuando vuelve a correrse por segunda vez en el aguado nocturno, siente astillas de vergüenza insertarse en su pecho de arena mientras Levi le acuna el rostro con sus manos de arcilla.
…
Gracias a los que leen esta historia :)
