—Para decir de una forma más científica que es una estrella: es un cuerpo celeste, compuesto por plasma que genera energía en su núcleo a través de procesos de fusión nuclear. Pero de forma más general se puede decir que es un astro con luz propia, visible como un punto brillante en el cielo. Ahora piensa que cada una de las estrellas existentes hicieran una supernova, produciendo en el proceso millones de agujeros negros que empezarían a engullir todo a su alrededor. El universo colapsaria y entonces...
—Armin... —el rubio levanto la vista del libro entre sus manos hacia Eren, que lo miraba con el ceño fruncido y lo había interrumpido en su teoría—. Deberías dejar de leer los libros que Hanji te presta. A veces dices cosas que me dan escalofríos.
—Ah... lo siento, Eren—se disculpa dejando el libro de astronomía a un lado—. ¿De que quieres hablar?—pregunta para cambiar el tema.
Eren hizo una mueca, no sabía sí sacar el tema a relucir, pero Mikasa que estaba a su lado le dio un asentimiento indicándole que procediera.
—Bueno... últimamente has estado muy decaido, Mikasa y yo lo hemos notado—comenzó a hablar el moreno—. No queremos presionarte y obligarte a que nos digas que te pasa, pero casi no has comido en los últimos días y tienes las ojeras muy marcadas, como sí no has dormido en semanas... ¿solo queremos saber sí todo esta bien contigo?
Armin les ojea un segundo en lo que analiza cómo responder. Porqué por una vez en su estratégica vida, el rubio no sabe que decir o como actuar. Se siente como en medio de un bosque extenso, sin saber que hacer, ni que rumbo tomar. Mentirles es la opción más factible, o simplemente esquivar la pregunta, pero por una vez desea hablarles de lo que le aqueja, o más bien de la persona que es el causante de su estado deplorable.
—Yo... creo que... me enamoré de alguien—susurra con las mejillas arreboladas—. Sin embargo, parece que mis sentimientos no son correspondidos.
Eren y Mikasa se le quedan viendo con los ojos abiertos, Armin no es de las personas que hablen de sus sentimientos. Mucho menos que hable de amor.
—Bueno, esa chica debería agradecer lo afortunada que es de que estés enamorado—dice Eren tocandole el hombro—. Eres bien parecido y muy inteligente...
—No es una chica de la que estoy enamorado...—réplica Armin de forma queda.
Eren no es alguien que entienda a primera instancia, tampoco es alguien que logré entender que el amor no tiene forma ni tiempo, que simplemente puedes amar a alguien porque sucedió. Sin embargo, porque Eren conoce a Armin como la palma de su mano y viceversa, entiende lo que quiso decir.
—¿Es un chico...?—inquiere cauteloso. Armin solo asiente con la cabeza oculta entre las rodillas—. ¿Es alguien que conocemos?
—Si...
—¿Es Connie?
—¿Qué?—Armin se voltea a verlo alterado—. ¡Claro que no!
—¿Floch?
—¡No!
—¿Jean?
—¡No!
—¿Entonces, soy yo?
—¡Por supuesto que no!—Armin suspira y se enmaraña los mechones de oro—. Solo... olvidenlo, bien.
—Armin...—Mikasa que se había mantenido callada hasta entonces, intervino—. Nosotros siempre te apoyaremos. Lo importante es tu felicidad, no interesa quien sea la persona. ¿No es asi, Eren?
—Absolutamente.
Armin sonríe apacible ante sus respuestas, Mikasa siempre tiene las palabras correctas para reconfortarle.
—Gracias, Mikasa.
—¿Y nos dirás quién es?—inquirió Eren.
—No.
—¿Eh? ¿Porqué no?
—Porque esa persona nunca me correspondera de la misma manera. Y sí se los digo, iran a reclamarle como dos madres preocupadas por su hijo.
Eren arruga los labios, y mira hacia otro lado, indignado. El rubio ríe ante su reacción.
Armin piensa que se siente como los viejos tiempos de reclutas, cuando aún no cargaban con el peso de la supervivencia de la humanidad sobre sus hombros, cuando todo era un poco menos gris y triste. Cuando aún podían reír por cualquier tontería sin sentido.
Eren y Mikasa le toman los hombros, le abrazan y lo arrastran con ellos hacía la hierba. Ruedan sobre la pequeña colina. Huele a humedad y a hojas secas, siente como se le empapa el olor en la ropa y las manos.
Las estrellas continuan estáticas, colgando como pequeños cristales luminosos de una lámpara. Armin las observa recostado sobre el pasto junto a sus mejores amigos. Eren le quita los restos de hierba a Mikasa del cabello carbón entre sonrisas y sonrojos compartidos. Y Armin por un momento, les envidia y contempla en silencio.
Eren con su osadía inmaculada que reverbera de sus ojos esmeraldas, Mikasa con su protección cándida rebosante de su piel de cuarzo, y las quimeras de Armin cinceladas de lirios en su pecho; conforman un singular acoplamiento de amigos tan distintos en un universo síncope.
…
Mientras camina rumbo al comedor, una pequeña figura muy conocida se encamina frente a él. El rubio lleva unos papeles en mano que parecen robar toda su atención, ya que ni siquiera lo ha visto o ya habría huido, como ha hecho últimamente cada vez que lo ve fuera de los entrenamientos que hacen con los nuevos reclutas. Cada vez que intenta acercarse o sacar el tema, este lo evita o cambia el tema.
Armin...—Jean lo llama, y en cuanto este lo ve parece querer escapar. Asi que se apresura para llegar hasta él.
Ambos se encuentran a mitad del pasillo donde grandes huecos cuadrados hacen de ventanas para ventilar el lugar. El rubio le mira cauteloso, Jean piensa que ya debe suponer de lo que quiere hablar.
—¿Estas evitandome?—Jean le pregunta mientras lo acorrala contra la pared y evita que huya.
—¿Qué?
—Después de los entrenamientos prácticamente huyes de mi. No intentes negarlo porque te conozco Armin.
—En serio fui tan evidente...—susurra—. En verdad lo siento, Jean.
—Fue por lo que paso la otra noche ¿No es así?—el mutismo del más bajo se lo confirma—. —Sobre lo que paso aquella vez... yo estaba muy ebrio y no pense con claridad. Hacer eso estuvo mal...—la cara de Jean ha enrojecido—. Discúlpame. No debi hacerlo.
—Esta bien, no es necesario que te disculpes.
Jean se mentiría a si mismo si no admitiera que esperaba que el rubio finalmente se fijará en él luego de lo que casi pasaba entre ellos la otra noche. Pero también sabe que Armin no lo ve más haya de un amigo cercano. Le molesta, porque Armin era bellísimo, cualquiera —ya fuera hombre o mujer— que lo viera pensaría lo mismo. Porque el rubio con su aspecto delicado, un tanto femenino incluso. Sus facciones redondas y enormes ojos azules idiotizaban a gran parte de la población en las murallas. Seguramente pretendientes le debían sobrar. Incluso él era uno de esos. Se sentía patético. Incluso podría rogarle por migajas de amor.
—Armin—ambos voltean al origen de la voz, encontrándose con unos ojos pequeños y alargados cargados de aburrimiento y algo más que Jean no logra identificar—. Ya tienes el papeleo que te dio Hanji.
—Si, capitán. Justo iba a su oficina.
—Ven conmigo—Levi le ordena, da media vuelta y comienza su marcha con el rubio detrás de él, mientras el más alto mira con cierta rabia al veterano, no solo por interrumpir su charla con Armin, sino por ser quien ocupa el lugar que Jean tanto desea.
…
Ayudar al capitán era algo que también estaba en su rutina, no era algo que disfrutará realmente. Era casi como el trabajo de las hormigas, ir y venir con más papeles, ordenarlos y sentarse a esperar a que Levi le de alguna otra orden.
Armin está sentado en la silla del escritorio frente al capitán ordenando alfabéticamente el papeleo de este. El azabache se le ha quedado mirando, como si quisiera decirle algo, pero parece que se arrepiente al final. El rubio reprime un suspiro y desvía la mirada. Levi entorna los ojos hacia los papeles en su mano nuevamente, y Armin vuelve a mirarle, pero sólo de reojo, sin levantar el rostro.
El menor nunca se consideraría un sabelotodo, pero si una persona con muchos conocimientos básicos, también alguien muy observador de su alrededor y las personas. Con una inteligencia superior, tal vez. Pero incluso así, Armin se siente como un completo tonto.
Y la razón es; su estúpido amor adolescente con el capitán Levi Ackerman. Cuando veía parejas caminando en la plaza pensaba que el amor era algo diferente de lo que esta sintiendo en ese momento. Culpa, adrenalina, enojo, alegría, miedo, celos y vergüenza son las emociones que le invaden a diario. Aunque tampoco pensó que sería como en los cuentos o libros donde todo es felicidad y mariposas en el estómago.
Pero Armin esperaba que no fuera doloroso amar a alguien. Levi le lastima con su indiferencia y rechazo emocional cada día. Solo lo utiliza como un juguete, para luego dejarlo ahí en un rincón.
Claro que él fue el idiota que decidió meterse a la boca del lobo por su cuenta, así que reprocharse a si mismo es algo idiota de su parte. Pero sus pensamientos no dejan de revolotear una y otra vez, suspira nuevamente. Observa a Levi un momento. Se pierde en las líneas de su rostro; su nariz recta, sus ojos alargados de un color azul metálico, sus labios de cerezas y la sombra de una barba afeitada.
Armin tiene el impulso de tocarle el rostro, pero se abstiene de hacerlo. Porque él no es nada más que...
Caen las diez, junto con la luz de luna que dibuja figuras sobre la habitación casi en penumbras. La vela yace derritiendose sobre una esquina del escritorio, alumbrando solo la mitad del lugar. Levi tiene una pila de hojas escritas a su derecha, y otra a su izquierda, esperando a ser llenadas por él.
El menor lleva cerca de tres horas ayudándole, Levi le mira de reojo de vez en cuando con una pizca de molestia que pasa desapercibida por el rubio. El ambiente se siente pesado, Levi lo detesta. Le surge la idea de deshacerse del rubio unos minutos, su cabeza se siente apunto de explotar por los pensamientos turbulentos que tiene y no quiere al menor cerca.
—Ve y preparame un té—la repentina orden del capitán le desconcierta. Levi no toma algo que no esta hecho por él.
—¿Un té?
—¿Estás sordo, mocoso? Claramente te dije que fueras a prepararme un té.
Armin obedece. Toma la bandeja que tiene la tetera y la taza de porcelana vacía y se la lleva. Levi suspira con cansancio, se recuesta sobre la silla, y se masajea las sienes. La llegada de Arlert solo había causado que su mundo se colapsara.
Y Levi no sabe si eso le molesta o no.
Armin no sabe si ese día es su día de mala suerte o simplemente el de las malas casualidades. Floch está en la cocina, y en cuanto lo ve parece querer asesinarlo con la mirada afilada que tiene. El rubio se dirige hacia la estufa y empieza a llenar la tetera para salir lo más rápido de ahí.
Escucha los pasos de Floch acercarse, el chico pelirrojo se coloca a su derecha, mirando por encima de su hombro. Su cercanía le incomoda, pero no dice nada.
—¿No crees que últimamente pasas mucho tiempo con el capitán, Arlert?
La repentina pregunta le hace brincar en su sitio, voltea a verle y Floch le mira de forma intrigante.
—Solo le ayudó con el trabajo que la comandante Hanji le deja, es mejor trabajar en equipo para avanzar lo más rápido posible.
—Supongo que ayudarle es lo mínimo que puedes hacer, ya que gracias a él estas aquí y ahora—dice con su típica lengua ávida.
Armin no rebate, solo agacha la mirada, esperando a que el té este listo. Floch se le acerca más, casi a la altura de su oído para susurrarle lo más bajo posible.
—Seguramente has escuchado sobre los rumores de que él capitán esta teniendo relaciones con uno de los nuevos reclutas. Parece que al capitán Levi le gusta la carne fresca, deberías tener cuidado, si no quieres ser, como decirlo... su próxima cena.
La sonrisa torcida de Floch hace que Armin sienta ganas de romperle los dientes en ese instante, pero se reprime porque no puede mostrar ninguna emoción. No frente a Floch, que claramente lo esta probando.
—Gracias por preocuparte, pero se bien como cuidarme.
Floch deja la cocina después de su respuesta, que claramente no es la que esperaba. Debe ser más cuidadoso de ahora en adelante, sobretodo con Floch que parece sospechar algo.
Cuando Armin regresa, Levi esta frente a la ventana de espaldas—Aqui esta su té, capitán—dice colocando la bandeja en el borde del escritorio—. ¿Capitán?
Levi consideraba que no era una persona de vicios, a no ser que la obsesión con la limpieza y beber té cada cuatro horas se consideré uno. Pero en general pensaba que no tenía ningún vicio, aunque últimamente comenzaba a dudar de esto. El chico frente a él estaba comenzando a convertirse en un vicio muy adictivo. Eso no era bueno. Voltea y mira a Arlert, intentando en vano que la rabia de pensar que alguien más que no sea él le toque le haga hervir la sangre.
—¿Que hay entre el cara de caballo y tú?
—¿Eh?
—Has estado muy cercano a él estos últimos días ¿No crees?
Armin ha estado instruyendo a un grupo de nuevos reclutas de la legión junto a Jean. Aunque para ser más precisos, Jean es quien guia a los reclutas en la rutina de ejercicios que deben hacer, mientras Armin intenta ayudarlo.
Levi toma la taza con té negro y bebe un sorbo antes de continuar.
—Incluso esta tarde te encontre con él demasiado cerca. Eso me molesta.
Armin quiere reír por la ironía, Levi esta celoso de que haya pasado algo con Jean. Cuando es todo lo contrario, él es quien debería estarlo. Porque Levi ha estado con ese nuevo recluta que menciono Floch y otros tantos, el menor lo sabe hace mucho pero Armin simplemente tiene que reprimir sus celos y reproches.
—No piensas responder, mocoso. ¿Ya te la metió hasta hacerte gemir como niña?—la mirada de Levi se ha oscurecido y la tensión en su mandíbula es más que notoria.
—¿Y que si ya la hizo?—Armin no sabe porque ha dicho eso, tal vez el que Levi tenga celos le infla el orgullo y quiere molestarlo—. Usted se ha cogido a la mitad de los nuevos reclutas, porqué no puedo hacer lo mismo yo también.
—Cállate, Arlert—le ordena molesto.
—No, no lo haré. No soy de su propiedad, puedo estar con quien se me antoje.
Armin siente sus piernas temblar un poco cuando Levi comienza a acercarse más a él, y su mirada ensombrecida le intimida de forma un tanto aterradora.
—¿Quieres retarme Arlert? Bien, el único que saldrá perdiendo serás tú.
…
Gracias por leer :)
