¡Es un milagro! Aquí les va otro capítulo :)


Capítulo 7: El príncipe más joven

Y sucedió que el rey del país realizo una gran cacería en el bosque, y porto se podían escuchar los cuernos junto con los ladridos de los perros y los gritos de alegría de los cazadores. De Hermanos y Hermanas.

Serena soltó un chillido y torpemente se tropezó con el Príncipe Zoicite, quien rápidamente logro estabilizarla. "Darien? Darien Shields?" Dijo soltando un aliento y observando fijamente al príncipe.

Frunciendo el ceño, el príncipe más joven inclino la cabeza hacia un lado, su cabello negro alborotado le caía sobre sus vibrantes ojos de color azul. "Disculpa?" Dijo él, sus labios curvándose con diversión mientras observaba como el color de Serena desaparecía de su rostro, el cual regresó diez veces más al reconocer la voz que había escuchado incontables veces en clase y cuando se colocaba estratégicamente en la fila de la cafetería.

"Darien, eres tú!" Dijo rápidamente mientras que se abalanzaba hacia él, envolviéndolo en un ferviente abrazo. Él intentó de manera desesperada en atraparla y estabilizarse, todo al mismo tiempo, pero el impulso de su cuerpo hizo que cayera al suelo junto con Serena. "Oh! Lo siento mucho, estas bien?" Le preguntó ella, pero sin esperar su respuesta se acurrucó sobre su cuello. "Se siente increíble ver una cara familiar, no sabes lo mucho que echo de menos mi hogar, y aun cuando todos han sido muy buenos conmigo realmente extraño a mama, a Melvin, la escuela y todos los estudiantes. Verte aquí me recuerda lo mucho que quiero regresar a casa, así que no te molestes si he sido muy directa contigo ya que realmente no nos conocemos muy bien, pero es increíble encontrarte aquí!"

Con una sonrisa de oreja a oreja, se hizo hacia atrás para poder observarlo y al no obtener ninguna reacción del aturdido muchacho, se inclinó de nuevo sobre uno de sus hombros. "Realmente eres tú Darien? ¡No puedo creerlo! ¿Como llegaste aquí? ¿Como supiste?" Su alegría rebosante le había hecho ignorar la incómoda situación en la que se encontraban los dos, delante de la familia real, pero la verdad era que ella no podía pensar en nada más que abrazarlo, su única conexión con el mundo real, su escuela, sus amigos que no había visto en días— unos pocos días que se sentían como años. Sin embargo, no tardó mucho en darse cuenta que el príncipe no le estaba devolviendo el abrazo. Ella se hizo hacia atrás, un fruncido de molestia apareció en su rostro. "Darien?"

El cuerpo del chico estaba rígido, como si tuviera miedo de mover un solo dedo y la observaban como quién observa a un gato parlante quien intenta convencer a la gente de que hay vida en la luna.

Serena parpadeo incomoda, la sonrisa desapareciendo de su rostro, y pregunto de nuevo, "Darien?" Al haberle regresado la razón, Serena se vio no en el gran comedor del Castillo Aysel, pero en el auditorio del colegio Crossroads, rodeada no de la familia real sino de sus compañeros, quienes podían ser tan bondadosos como crueles. Y haber hecho tambalear no a cualquier Darien, sino que a Darien Shields, le pareció abominable. Todo esto se le ocurrió mientras que miraba fijamente los ojos atónitos de su amor imposible de los últimos cuatro años.

Respirando con dificultad, se quitó rápidamente de encima de él, tambaleándose y volviendo a tropezar con el Príncipe Zoicite, quien silenciosamente la mantuvo firme. Temblando, se llevó las manos hacia la boca. "Lo… lo siento mucho. Se que no fue nada... eh… apropiado, pero es que… verte… solo…"

La Reina Luna se aclaró la garganta, interrumpiendo las palabras sin sentido de Serena, y pregunto, dejándola en desconcierto, "Endymion, cariño, ya conocías a Lady Serena?"

El Príncipe, aun sentado en el piso de mármol, movió su curiosa mirada desde Serena a su madre y viceversa, respondiendo lentamente y conmocionando aún más a Serena, "Yo… no creo haber tenido el placer…"

Serena se estremeció. "Que?" Intento soltar una risita como si el hubiera hecho una broma, pero pudo ver que Darien no se estaba riendo y tampoco tenía una mirada burlona. No, lucia realmente confundido y quizá un tanto nervioso. "Darien, ¿qué quieres decir? Digo, ya sé que no somos tan cercanos y no me sorprendería si no te supieras mi nombre, pero… hemos ido a la misma escuela por los últimos cuatro años. ¡Hemos tenido clases juntos! Me senté detrás de ti en algebra, recuerdas? Soy la chica que te presto un lápiz. Serena. ¿Serena Tsukino?"

Ninguna señal de reconocimiento. Viendo de manera desesperada a su familia, Darien finalmente negó con la cabeza y con la ayuda de Malachite, se levantó y sacudió los pantalones. "Lo siento, pero creo que me has confundido con alguien más. Soy el Príncipe Endymion del Reino Aysel," admitió, con un mínimo tono de burla en su calmada voz. "Y te aseguro que nunca nos hemos visto. Estoy seguro que lo recordaría." Su expresión se volvió un tanto seductora al levantar una de sus cejas.

Serena sintió que sus piernas se debilitaban, de la misma manera en que se sentían cuando en raras ocasiones los bellísimos ojos azules se habían encontrado con los suyos, pero se vio forzada a sostener el peso de su cuerpo mientras que se despegaba del respaldo de Zoicite y se alejaba del Príncipe. Bajo su escrutinio, el príncipe levanto la barbilla e hizo atrás los hombros. Sus ojos eran del mismo color, la misma forma, sus pómulos y mandíbula igualmente fuertes y angulares, sus labios se movían de la misma forma peculiar, pero…

Había algo diferente.

Serena parpadeo con incredulidad.

Los labios de Darien siempre se movían hacia la izquierda cuando estaba siendo sarcástico.

Los labios del príncipe se movían hacia la derecha.

Serena trago saliva.

Quizá era su estatura, pero el príncipe también parecía un poquito más alto.

Y si, sus hombros eran más amplios, sus brazos más grandes, su pecho más formado y tenía una pequeña cicatriz arriba de su ceja derecha— en cambio la cara de Darien no tenía ninguna imperfección.

"Oh," murmuro Serena con la voz temblorosa. "Oh, Mis disculpas. Debo haber… pensando que tu… es que lucen tan…" hizo una pausa, intentando ordenar sus pensamientos y finalmente desvió la mirada hacia el piso de mármol. Aclarándose la garganta, murmuro. "Si me disculpan." Se dio la vuelta y salió corriendo del comedor, dejando confundidos a todos los miembros de la familia real.


Serena se apresuró por los corredores sin dirección alguna. Sabía que podía regresar a su habitación, a los jardines o quizá a la biblioteca. No importaba a dónde. Donde sea, pensó. Dónde sea menos al gran comedor.

Una pared apareció de repente delante de ella y se estrelló contra ella, gritó, cayó al suelo y se quedó sin aliento.

Levanto la mira para ver no a una pared, sino a un Seiya algo irritado.

"Tu!" Grito ella, señalando al hombre.

Él levanto una ceja en respuesta.

"Tu hiciste esto! ¡Tú y tus amigos los guardianes! ¿Por qué? ¿Lo sabias? ¿Es alguna clase de broma? ¿Se están burlando de mí?" Gritaba mientras soltaba sollozos de frustración.

"Sobre que estas balbuceando?" Le pregunto él, fingiendo interés.

"No te atrevas a hacerte el que no sabe!" Grito Serena entre llantos. "Debes de haberlo sabido! Quizá el gato o el viejo o… alguien debe haberlo sabido! Esto es una broma para ti, no es así? Una enferma... pervertida…" No pudo continuar puesto que la voz se le trabo y se encontró luchando hasta para respirar por los violentos sollozos que la atacaban.

"Bueno, eso sí que fue un show," rio una voz pequeña, la cual apenas se escuchaba por los llantos de la chica. Hota volaba por el corredor por el que Serena había pasado y se sentó cómodamente sobre el piso de mármol, sus manos de manera picara sobre sus caderas.

Serena inmediatamente coloco la mirada enrojecida sobre el hada y se limpió las lágrimas con su manga. Forzando a su mandíbula para que no temblara, continuo su enfadada interrogación, pero esta vez hacia la guardiana miniatura. "Por qué nadie me dijo sobre él?"

"Supongo que te refieres al Príncipe Endymion?"

Serena la fulminó con la mirada.

Bueno querida, como se suponía que íbamos a saber qué reaccionarias de esa manera por una cara bonita? Sé que el joven príncipe es bastante guapo, pero honestamente, estás siendo algo melodramáticas, no lo crees?"

Las lágrimas de Serena se detuvieron tan rápido como había salido. Con el rostro enrojecido miro amenazadoramente al hada, casi convencida de que le estaban haciendo una broma.

"No, no lo creo," dijo entre dientes. "Él— ese príncipe— luce exactamente, bueno, casi exactamente como este chico que… que conozco! De mi mundo. Un chico que yo… al que… alguien pudo haberme alertado!"

Hota inclino la cabeza con calma. "Ahora esto sí que es emocionante e interesante. Lo admito. Hasta es dramático. Pero no logro entender cómo es que nos afecta a nosotros. Solo porque te recuerda a alguien no quiere decir que puedes comportarte así. El Príncipe Endymion es solo un Príncipe de cuentos de hadas, igual que sus hermanos, y lo ha sido desde el día en que nació. Yo lo he visto crecer. Todos lo hemos hecho. Estas exagerando."

"No estoy exagerando! Yo estaba—" Serena se quedó sin aliento, cerro los labios, y se dio la vuelta con enojo.

Hota se quedó callada por un momento, dándole una mirada peculiar a Seiya antes de soltar un largo suspiro. "Está bien niña, estas siendo perfectamente racional. Pero, aun así, el festín se está enfriando y estoy segura que no esperaran para siempre por ti."

"Oh no, no regresare a ese lugar, no después de lo que paso. ¡Me porte como una tonta! Enfrente de todos y ni siquiera era Darien… No, les puedes decir que manden mi comida a mi habitación." Se levanto y cruzo los brazos, intentando rápidamente recordar en dónde estaba y decidir en qué dirección marcharse.

"Eso no se podrá," dijo Hota, volando detrás de ella. "No debes olvidar el por qué estás aquí. Tienes una misión muy importante que cumplir, y parte de tus obligaciones incluye el fraternizar con la familia real para poder descubrir que es lo que está pasando, cuáles son los problemas y como puedes arreglarlos."

Serena le dio una mirada de exasperación. "No me importan sus estúpidas historias. ¡Mañana me iré a casa! Con mi mama, Melvin, ¡y Darien Shields!"

"De veras? Oh, eso me pone muy triste," dijo Hota de manera melancólica y algo incrédula. "Te perderlas la boda"

Serena dejo de caminar y se volteó hacia Hota, sus espíritus elevándose. "Una boda? Pero quieres decir… Nephlite encontró a Lita? ¿Le propuso matrimonio?" Le pregunto esperanzada, pero Hota negó con la cabeza.

"No, no su boda."

"Quien más se va a casar?"

"Quien? El Príncipe Endymion."

La sonrisa de emoción se desvaneció de su rostro.

Aun cuando se había dicho a si misma que el Príncipe de Aysel y el rompecorazones de Crossroads eran dos personas totalmente diferentes, que no era el mismo chico al que se moría por ver todos los días, quien podía hacerla reír tan fácilmente como hacerla llorar, Serena aun sintió un tanto mareada y se le formo un nudo en el estómago. ¡No era su amor imposible quien se casaría! ¿Por qué debería importarle? Por qué tendría que importarle que el príncipe— quien tenía los mismos ojos inolvidables y la extraña sonrisa— estuviera comprometido y enamorado de alguien más?

Aun así, Serena no pudo evitar que su voz sonara decepcionada cuando pregunto, "El Príncipe Endymion se casara?"

"Oh si," dijo Hota orgullosa. "Es uno de los pocos cuentos de esta tierra que no ha salido mal. Ha estado comprometido desde que la chica nació y el cumpleaños dieciséis de la princesa se acerca rápidamente, por lo que se casaran al día siguiente. Pensé que, porque parecía que estabas extrañamente atraída a él, tu importaría un poco. Pero si no, veremos cómo te llevaremos mañana a tu casa. Duerme bien."

Hota se unió a Seiya, quien había observado la conversación con interés, y los dos continuaron caminando calladamente por el corrector, hacia el lado opuesto del comedor.

Serena se quedó parada por un largo tiempo, para después dirigirse lentamente hacia el corredor que llevaba a su habitación. Él es solamente otro príncipe, pensó amargamente. Estoy segura que es una extraña coincidencia. Probablemente tienen personalidades opuestas. Solo son idénticos por fuera. Por supuesto, eso tiene más sentido.

Dio una pausa en la intersección para escoger qué camino tomar, el que la llevaría hacia su habitación o el otro que la llevaría de regreso al comedor. Soltó un suspiro. Bueno, si ese es el caso, no habría ningún problema en conocerlo y hablarle, solo por un momento. Así poder estar segura. Sí, eso estará bien. Con una sonrisa de alivio y de excitación, se dirigió hacia el festín.


Cuando Serena entro al salón, la familia real ya se encontraba sentada, disfrutando de los frutos de la cacería junto con varias clases de panes y salsas. Endymion se encontraba parado al final de la larga mesa, narrando vívidamente sus aventuras de cacería mientras que el rey, la reina, Mina y sus tres hermanos mayores escuchaban con atención. El Príncipe Zoicite era el único que lucía desinteresado. Se encontraba sentado apenas probando la ensalada delante de él.

Mina vio a Serena y le hizo señas emocionada hacia el asiento vacío a la par de ella, y Serena agradecida y en silencio, se sentó a la par de la princesa y comenzó a saborear el delicioso platillo de cordero y champiñones. Los demás miembros del festín parecían ignorarla de manera cortes, recordando repentinamente la embarazosa situación de antes. Solo Mina, sin darse importarle mucho, se inclinó hacia Serena y le susurró de manera reconfortante, "Estas bien?"

Serena sonrió lo más amigable que pudo y asintió con la cabeza, agradecida de que Mina siempre tenía una actitud cálida hacia ella.

Sin embargo, la humildad nunca había sido una de sus cualidades más fuertes, y pronto se encontró a si misma observando a Endymion mientras que este contaba sus historias, poniéndole tanta atención como los demás. De una manera, todo se sentía como una extraña fantasía— estar en un gran festín con Darien y su familia. Como si estuvieran saliendo juntos en la vida real y este la había invitado a una cena de Acción de Gracias o alguna otra ocasión especial. Se sentía peculiarmente familiar y por un momento, dejo que la fantasía la envolviera.

"Allí nos encontrábamos," dijo Endymion de manera misteriosa, usando ambas manos para enfatizar la situación. "El ciervo estaba acorralado— y lo sabía. Nos miraba con sus furiosos ojos negros y movía la cabeza de un lado para el otro. Estaba desesperado. Salvaje. Le dije a los demás que se quedaran atrás mientras yo me acercaba con la espada en una mano y la lanza en otra." Agarro un tenedor y un cuchillo para simbolizar las armas y Serena noto que su plato no tenía ninguna señal de comida. Los espectadores lo miraban fijamente en anticipación. "Me acerque a unos arbustos. El bosque estaba en completo silencio. No podía escuchar nada más que el pesado aliento del ciervo mientras que resoplaba enojado— el cual estaba a solo unos cuantos pies de mí. Luego una rama se partió en dos— SNAP! — justo detrás de mí el animal cambio de dirección. Sus ojos estaban a mi nivel. Dio una pisoteada sobre la tierra. Una, dos, luego encorvo sus amplios hombros y bajó sus enormes cuernos. Se alistaba para una última y desesperada lucha.

"Considere en hacerla señas a los arqueros, pero sabía que no podrían ni aturdirlo ni matarlo. Además, que si era atacado en ese momento él me atacaría a mí. Así que, en vez de eso, sostuve su mirada y me mantuve perfectamente quieto. Los minutos seguían pasando. El aire se congelo a nuestro alrededor— ni una brisa, ni un sonido podían escucharse.

"Finalmente, preparándome, tiré la lanza lo más fuerte que pude hacia su corazón! Pero el dio un paso hacia delante y el acero le golpeo el hombro. El ciervo se levantó sobre sus patas traseras y cuando bajo estaba furioso. Solo tuve un momento para situarme antes de que se abalanzara contra mí, sus enormes cuernos apuntando hacia mi pecho. Lo esquive y trate de pegarle con la espada, pero solamente logre herirlo en un costado. Se dio la vuelta para enfrentarme de nuevo, justo cuando una lluvia de flechas caía desde el cielo. Se lanzo de nuevo contra mí, pero yo me encontraba mejor preparado. Las flechas apenas habían debilitado a la criatura, pero si lo habían lastimado.

"Lo vi venir. El suelo se estremeció bajo sus pezuñas. Enterré mis talones en la tierra y levanté mi espada, y justo cuando se encontraba cerca de mí, ¡di un paso al frente y enterré mi espada — tan fuerte como pude— en su estómago!" La multitud soltó un grito. Las mujeres se tapaban la boca con sus servilletas y solo se les podía ver los enormes ojos. Serena no era una de ellas. Ella únicamente podía observar la familiar sonrisa en el rostro de Endymion: los ojos llenos de excitación, los gestos exagerados, y el familiar sonido de su voz.

"Fue allí cuando realmente me encontré indefenso," continúo hablando Endymion de manera dramática. "El ciervo sabía que estaba muriendo y planeaba llevarme con él. Yo ya no tenía ningún arma y él se encontraba delante de mí con sus poderosas patas. Mi lanza había caído demasiado lejos y mi espada estaba perdida dentro de él. Intente gatear fuera de su camino, pero fue en vano. Los arqueros no querían disparar por temor a herirme. Luego, mientras me preparaba a morir aplastado, Zoicite salió a mi rescate! Con un movimiento de su espada le corto la garganta!"

Otro grito de la multitud y el Príncipe Jadeite le dio una palmada de orgullo a Zoicite en la espalda. El héroe, sin embargo, solo logro dar una pequeña sonrisa mientras que partía su pan de manera mecánica.

Endymion continuó, "Con más poder del que yo había visto jamás en un guerrero, apuñaló al ciervo a un costado— tan rápido como un rayo— antes de que pudiera recuperarse de la sorpresa. Ambos estábamos cubiertos de sangre caliente mientras que el ciervo se tambaleo viéndonos con una mirada hermosa y desesperada por última vez. Luego sus rodillas cedieron y cayó al suelo. Soltó un último aliento y cerró los ojos por última vez." Endymion soltó un largo suspiro mientras que dejaba que todos absorbieran la historia, cerró los ojos como símbolo de la muerte del ciervo y finalmente se sentó. Inmediatamente colocó un enorme pedazo de carne en su plato y comenzó a devorarlo con glotonería.

Pronto, la habitación se animó con las pláticas y los elogios mientras que la familia admiraba a los valientes cazadores. Endymion respondió a todas las preguntas con una sonrisa de orgullo y una boca llena de comida mientras que Zoicite se sentó en silencio observando su copa de vino rojo.

Serena no se unió a la conversación, y nadie la tomó en cuenta. Comiendo uvas mantuvo los ojos principalmente sobre los huéspedes de honor— Endymion era un espectáculo para sus ojos nostálgicos, podía distinguir unas cuantas pequeñas diferencias más además que también comenzaba a hacérsele un poco más familiar. La manera en que masticaba la comida, cómo se peinaba el sedoso cabello negro con las puntas de los dedos, la manera en que sostenía el tenedor y usaba su servilleta, y cómo se mojaba los labios. Le dolía saber que no era su Darien, que no tenían ese vínculo que ella pensó que compartían— aun si era tan pequeño y simple como asistir al mismo colegio. En este extraño lugar de fantasía que parecía que era demasiado para ella. Pero él no era su Darien. Y cuando pensó en lo que Hota había mencionado, que el Príncipe Endymion se encontraba comprometido con una princesa, un dolor fuerte le partió el corazón. Y, aun así, ¿porque debería de sentirse eso?

Y luego estaba Zoicite, quien no parecía que tenía relación alguna con su energético hermano. Apenas había tocado su comida y Serena no lo había escuchado decir ni una sola palabra desde su encuentro inicial. Dudaba, en realidad, que esta era su única personalidad— callado e introvertido. Puesto que al verlo de reojo podría notar una sonrisa extraña para sí, antes de que la pequeña sonrisa se perdiera en ceño desesperado y perdido. Estas emociones variaron y cambiaron a lo largo de la cena y cuando los sirvientes se acercaron para limpiar la mesa, el Príncipe Zoicite fue el primero en levantarse.


Después de que todos los platos desaparecieron, la familia real se acomodó en el salón de estar, mientras que Endymion y sus hermanos bromeaban entre sí. Él apenas si le había dado un vistazo a Serena, y hasta Mina pareció perder interés en entretenerla mientras que platicaba amena con su familia. Así que discretamente Serena salió de la habitación y se dirigió hacia otro lado. Sus pensamientos estaban llenos de preguntas, memorias e imágenes, pero ninguna respuesta certera. Se encontró a si misma comparando continuamente al Príncipe Endymion con Darien Shields, como un disco rayado de todas las características físicas que había memorizado, cada peculiaridad en su personalidad con la que estaba familiarizada. El Príncipe Endymion ni siquiera se comportaba como un típico príncipe, no como Malachite o Nephlite, al menos. Parecía que, si fuera llevado de este mundo de fantasía y puesto en su colegio, probablemente se mezclaría a la perfección con los otros estudiantes. Se volvería popular y deseado— justo como su equivalente en el otro mundo.

Serena deambulo lentamente por los corredores y se encontró en el patio, el mismo al que había entrado cuando había seguido a Rumpelstiltskin al castillo, solo unos días atrás. Había visto por primera vez este jardín entrada la tarde. Ahora anochecía y las altas paredes ocultaban los últimos rayos anaranjados del sol. El cielo se había tornado del color azul de los huevos de los petirrojos, manchado con las estrellas y algunas pequeñas nubes.

Se quito las zapatillas antes de adentrarse al jardín, sintiendo los tréboles entre los azulejos blancos y negros debajo de sus pies. Las hojas verdes brindaban comodidad a sus dedos, su fría suavidad como una almohadilla mientras se encaminaba hacia el follaje en forma de piezas de ajedrez. Había comenzado a seguir el camino que llevaba hacia la derecha, hacia el sol poniente, cuando escuchó la gran puerta abrirse de nuevo. Su primer pensamiento, Darien, fue tan prematuro y decepcionante puesto que al voltearse se encontró con Andrew, quien le sonreía coquetamente. Ella le devolvió la sonrisa a medias.

"¿Te gustaría un poco de compañía, Lady Serena?"

Ella se encogió de hombros, retomando su camino. "Seguro." Pronto se encontró caminando a su lado, admirando los arbustos, aun cuando los hubiera visto un millón de veces antes.

"Espero que tus preocupaciones sobre el príncipe más joven se hayan desvanecido."

Ella le dio una mirada curiosa a Andrew. "Que preocupaciones?"

"Oh, acerca de que el fuera el amigo de tu país. Estoy seguro de que te has dado cuenta que son dos personas diferentes."

Ella apretó los labios y bajo la mirada hacia el musgo que se extendía delante de ella. "Si," susurro vagamente. "Supongo."

"Bien. ¿Entonces no tienes problema en quedarte un poco más? Realmente podríamos usar tu ayuda, Lady Serena."

Ella soltó un resoplido. "Si claro, he sido de gran ayuda. Haciendo que Lita se convierta en una sirvienta en la casa del pretencioso Príncipe Nephlite."

Andrew rio. "Entiendo porque te sientes amarga la situación, pero creo que las cosas se arreglaran para bien entre ellos. Solo necesita un poco más de tiempo. Y también porque gracias a ti, una vez que el príncipe entre en razón, por lo menos podrá encontrar a la chica. Además, es una aprendiz, no una sirvienta, y eso es mejor que la vida con su madrastra, ¿no lo crees?"

"Supongo." Ella sabía que él tenía razón, pero no podía dejar de desear que su primer intento real en el mundo de cuentos de hadas (ya que parecía que Rumpelstiltskin había sido cuestiona de suerte) habría resultado en un final feliz y no un "pronto pasará".

"Había algo especial entre Darien y tú, no es así?" Andrew le pregunto casualmente, aun cuando la pregunta repentina hizo que Serena se tropezara.

Nerviosa, respondió, "Solo le di un abrazo al príncipe, Andrew. No es nada importante."

Sus ojos verdes brillaron. "Me refería al Darien de tu mundo, por supuesto."

"Lo sé," dijo Serena encogiendo los hombros de manera evasiva.

"Solo pregunto porque cuando viste por primera vez al Príncipe y creíste que era tu amigo, lo saludaste… bastante entusiasmada."

Serena sintió como sus mejillas se sonrojaban y se preguntó si alguna vez podría olvidar ese embarazoso momento. Encogiendo los hombros, bajo la mirada hacia sus pies mientras caminaban. "Nada especial… en realidad, apenas nos conocemos. Olvida eso, él no me conoce. Hemos asistido al mismo colegio desde quinto grado y hemos tenido unas cuantas clases juntos, pero dudo que hayamos intercambiado más de cincuenta palabras."

Andrew asintió con la cabeza.

"Aunque realmente he disfrutado de esas cincuenta palabras," murmuro ella con picardía, ignorando como los labios de Andrew se curvaban. "Pienso que solo estoy un poco nostálgica. Estoy segura que al ver a alguien— a cualquiera— de mi mundo hubiera resultado en la misma reacción. Aun… aun Ms. Haruna. O la bibliotecaria. O quizá esa chica extraña que siempre se pica la nariz en la clase de historia. Así que cuando vi a Dar—Endymion, me emocioné mucho." Tomo una pausa, notando que su voz se había desvanecido tanto que parecía que estaba hablando consigo misma. Sacudiendo los sentimientos, termino de decir. "Es todo. No hay nada especial entre nosotros. Nada."

Andrew asintió de nuevo, pero viéndolo de reojo, Serena podía ver por la expresión en su rostro, que Andrew no estaba totalmente convencido. Ella frunció el ceño, preguntándose a quien había intentado convencer.

Una cosa era segura: realmente extrañaba su hogar. También extrañaba ver a Darien pasar cada día entre clases. Y probablemente no habría derribado a la chica rara de la clase de historia.

Serena estaba sorprendida de ver que había llegado hasta la entrada del lado oeste y que los colores del crepúsculo habían sido reemplazados por un azul oscuro y algunas estrellas. Viendo más allá del camino, su mirada se encontró con algo inesperado: el Príncipe Zoicite tarareaba para si sentado sobre una banca de marfil. En sus manos sostenía un ramo de jacintos, retorciéndolo entre sus manos y observando confundido a los pétalos morados.

Andrew también noto al joven y aclarándose la garganta alertó al príncipe sobre su presencia. Zoicite, sin embargo, no los noto, perdido en sus pensamientos.

"Príncipe Zoicite?" Lo llamo Serena en voz baja, y cuando no hubo respuesta, lo volvió a llamar. Finalmente, el príncipe levanto la mirada, parecía como si lo hubieran despertado a la fuerza de un hermoso sueño. Inmediatamente se recompuso y se levantó, ocultando el ramo detrás de su espalda e inclinándose hacia Serena y Andrew.

"Miladi, y caballero, una placentera noche para ambos," dijo, las palabras salían tan fácilmente de su boca como si hubiera nacido con ellas. Serena sonrió e hizo una reverencia.

"Una placentera noche, ciertamente," dijo el elfo. "Podríamos acompañarlo por un momento?"

Parecía que Zoicite hubiera deseado declinar la oferta, pero en vez de eso asintió con la cabeza y se sentó a la orilla de la banca, dejando espacio para los otros dos. Serena se sentó a la par de él, pero Andrew calladamente se sentó en una parte de la grama al otro lado del camino.

"Era una canción hermosa la que estabas tarareando," dijo Serena mientras que Zoicite volvía a jugar con las flores en su regazo.

"Gracias," respondió el con voz ronca, sus ojos ya habían encontrado algo interesante en el camino, su expresión no mostraba ninguna señal de que supiera que Serena y Andrew estuvieran allí. Serena se movió algo incomoda y le lanzo una mirada a Andrew. El frunció el ceño y se encogió de hombros, sugiriendo que este comportamiento era extraño en un príncipe.

"Príncipe Zoicite, no quiero inmiscuirme," dijo Andrew gentilmente, tratando de encontrar la mirada de Zoicite, "pero ha estado comportándose de manera extraña desde esta tarde. ¿Habrá algo en lo que podemos ayudarle? ¿O algo de lo que le gustaría hablar?"

Zoicite observó al elfo por un largo momento, antes de tirar la flor hacia un lado e inclinó su rostro sobre sus manos, soltando un gruñido de frustración. Serena se hizo hacia atrás, preguntándose si quizá Andrew había dicho algo equivocado, pero luego Zoicite comenzó a hablar.

"Si, pienso que me hará bien hablar con alguien, aunque no se ni por dónde empezar. Es una historia extraña," dijo, levantando sus ojos hacia el cielo oscuro. "Pero creo… creo que me he enamorado."