Tuve un poco de problema con el nombre de este capítulo puesto que se llama Briar Rose, pero creo que en español siempre nos hemos referido a la bella durmiente o Aurora, cómo se llama la versión de Disney. ¿Alguien sabe si tiene algún otro nombre?
Además, creo que se me ha dificultado saber con qué tono hablan los personas. ¿Será algo formal como "usted" o estará bien seguir con el "tu"? Siento que los guardianes especialmente se dirigirían de manera formal hacia la familia real, y creo que en algunas ocasiones lo he puesto así pero no sé, ¿qué piensan ustedes?
Capítulo 8: La maldición de la bella durmiente
Sin saludar a nadie o ver a su alrededor, la hechicera alzo la voz, ¡"En su cumpleaños número quince la princesa se pinchará el dedo con un huso y cara muerta!" De La Bella Durmiente
La luna ya se había alzado sobre el castillo mientras que Serena, Andrew y Zoicite aún se encontraban en el jardín. El príncipe tenía la mirada fija sobre la luna mientras que les contaba animado lo que había sucedido durante la cacería de la que él y Endymion acababan de regresar, como alguien que se moría por contar la historia, pero no tenía a quién.
"Sucedió en la tercera noche," comenzó. "Habíamos viajado hacia el norte y nos encontrábamos a unas millas al sureste del reino de Odelia. Era la mitad de la tarde y habíamos decidido parar para descansar y almorzar, pero yo estaba un poco inquieto así que deje el grupo por un rato. No tenía planeado en ausentarme por mucho tiempo. Pensé que sería buena idea el tomar una corta caminata y ver si encontraba algo interesante. Estoy seguro que no me había alejado mucho del grupo cuando escuche…" hizo una pausa, y sus ojos se tornaron vidriosos, "a alguien cantando.
"Pero no era solamente— digo, no hay manera de describirlo. El canto— no era una canción que hubiera escuchado antes, y la voz… era el sonido más hermoso que había escuchado. No, hermoso no lo logra describir." Tomo un profundo suspiro, sacudiendo la cabeza, "Así que lo seguí. Sonaba como una chica, pero era demasiado celestial. Pensé que quizá era un ángel o una ninfa. Hasta pensé que era alguna clase de hechicera malévola que se encontraba en el bosque, pero el sonido era tan puro que no podía creer que fuera malo. Debí haber caminado por una milla o dos o tres hasta que llegué a un amplio valle lleno de arbustos espinosos. En el centro había una torre— de allí es que provenía el canto. De una ventana en lo más alto de esa torre. Yo me encontraba fascinado, completamente encantado, así que di una vuelta alrededor, pero no encontré ni una puerta, escalones o una escalera. Busque en cada piedra, pero no había nada. Estoy seguro. Entonces escuche unos pasos, así que me escondí y observe mientras que una horrorosa mujer se encaminaba hacia la torre. Era de estatura pequeña, cubierta en arrugas y con unos ojos que parecían que se le estaban hundiendo en el rostro, pero también había algo acerca de su forma de caminar y su estatura que me atemorizo. Se detuvo debajo de la ventana de la torre y grito, 'Rapunzel, Rapunzel, deja caer tu cabello, para que pueda escalar el bonito escalón.' El canto se detuvo y un momento después una cascada de grueso cabello del color más extraño que he visto salir volando por la ventana. Lucía azul en la luz del sol, casi del mismo color que el cielo, y cayó casi hasta el suelo. Luego la vieja comenzó a trepar, tan ágil como un elfo. Desapareció por la ventana y no escuche nada por un largo tiempo." Suspiró. "Se estaba oscureciendo así que regrese con el grupo. Les dije que había estado siguiendo a una cierva pero que se me había escapado." Zoicite se encogió de hombros, levantando de nuevo uno de los jacintos purpuras. "Y ahora no puedo quitarme la canción de la cabeza. Es todo en lo que puedo pensar. La escucho en sueños, cuando estoy despierto y dormido. La escucho en el viento y en los pájaros que cantan. Estoy rodeado por ella. Quizá sí fue un encantamiento después de todo."
"No," dijo Serena, tomando a Zoicite de las manos. "Quizá solamente es una hermosa chica con una hermosa voz. Y quizá estabas destinado a escucharla, y ahora debes ir a rescatarla de la bruja malvada que la mantiene como prisionera en la torre."
Zoicite le dio una mirada extraña y dejó de jugar con la flor. Antes de que pudiera responder, Andrew agrego entusiasmado, "Por supuesto, podría tratarse de un amor verdadero, Príncipe Zoicite. Seguramente si su voz le ha encantado de tal manera, solo se puede imaginar lo que conocer a la chica le haría."
"Pero ni siquiera la he visto."
"Pero te gustaría?" Pregunto Serena.
El Príncipe no respondió por un largo rato, miró fijamente a Serena y Andrew, hasta que se encogió de hombros. "Si," admitió. "He pintado un millón de retratos en mi cabeza, y también he intentado desesperadamente plasmar lo que he visto," hizo un gesto hacia un cuaderno de bocetos y algunas tizas detrás de él que Serena no había notado, "pero no puedo. No es posible dibujar a una mujer que tiene una voz tan angelical. Y ese cabello." Dudo un momento. "Crees que su nombre es Rapunzel?"
Serena afirmo con la cabeza "Definitivamente."
"Un nombre extraño. Extraño y hermoso."
"Tienes que ir a buscarla de nuevo. ¡Debes salvarla!" Serena insistía. Sabía que Zoicite no estaba de acuerdo, pero también sabía que su sugerencia era algo que él tenía en la mente.
"Pero ¿qué pasa si no es una prisionera? ¿Qué pasa si le gusta la torre?"
Serena le dio una mirada de exasperación. "¿Te gustaría estar encerrado en una torre, sin ninguna puerta o escalones? ¿Y te gustaría que una vieja trepe por tu cabello todos los días?"
Zoicite negó con la cabeza. "No, supongo que tienes razón. Pero… es algo tonto. Ni siquiera conozco a esta chica. ¿Qué pasa si no es inteligente, encantadora o bondadosa?"
"Pero y sí lo es? ¿Y si es realmente la chica de tus sueños?" Andrew intervino, y Serena se dio cuenta en ese momento porque es que lo habían nombrado como Guardian del Romance. "Dejaras que se te escape por los dedos?"
Zoicite se movía con incertidumbre.
"Además," continuo Serena, "solo porque la rescates no quiere decir que te tienes que casar con ella." Ella lo dijo solamente para calmar la mente del príncipe, puesto que sabía sin duda alguna que querría casarse con ella una vez que conociera a Rapunzel, puesto que él era el príncipe de esa historia.
Este debía ser su cuento.
Pronto, una sonrisa apareció en el rostro de Zoicite, demostrando que al final había tomado una decisión y estaba satisfecho con ella. "Si, tienes razón. Ambos. ¡Iré a rescatarla! Tengo que hacerlo, si no ¿qué clase de príncipe seria? Y si supongamos que es la única para mí, mi otra mitad, ¿cómo podría haber pensado distinto?" Rápidamente se levantó y comenzó a recoger sus cosas. "Está decidido. Me iré a primera hora de la mañana."
"Ten cuidado!" Grito Serena mientras que Zoicite corría hacia el castillo. Cuando se volteo hacia Andrew, este la miraba con una sonrisa de orgullo.
"Fuimos unos tontos al dudar de ti. En realidad eres la Escogida. Hota se pondrá feliz cuando escuche sobre esto."
Serena estaba a punto de refutar, pero decidió no hacerlo. Después de todo, había convencido a un príncipe para hacer lo que debía hacer, y no había sido tan difícil. Quizá esto no estaba tan mal. "Solo Hota? ¿No crees que Seiya también se pondrá feliz?"
Andrew rio. "Lo dudo. Se pone feliz muy pocas veces. Además, no ha habido ninguna tragedia en esta historia—aun."
La chica se había asomado a su balcón, amarrándose el cabello cerca de su cuello con un listón largo. Con un suspiro que nadie escucho, se inclinó sobre la baranda, mirando por un momento al cielo nublado, antes de bajar la mirada hacia el bosque debajo de ella. Los árboles intentaban alcanzarla como los dedos de un amigo que conocía de toda la vida pero que nunca había podido alcanzar. Se extendían en el conocido paisaje, desvaneciéndose en el horizonte. Observo como el viento jugaba con ellos y movía la hojas doradas y carmesí, haciendo que algunas cayeron al suelo oculto del bosque. Observo como el ultimo pájaro volaba hasta su nido, seguro y escondido de la noche. Observo como un poco de la luna apareció entre las nubes e iluminaba los árboles, antes de ocultarse de nuevo y no dejar nada más que la oscuridad.
Observo y observo hasta que sus brazos se sentían como piel de gallina y el chal de algodón sobre sus hombros no podía protegerla más del frio del otoño, y aun así no vio ningún rostro entre los arbustos. No ojos misteriosos o tímidos la veían desde el follaje. No quería comenzar a cantar para no interrumpir la quietud debajo de sus pies, así que se dio la vuelta hacia su habitación. La única habitación que conocía. Tirando el chal a un lado, se metió debajo de las chamarras y cerró los ojos, viendo una vez más a ese rostro que la había estado perturbando por casi una semana. Ese rostro que temía haber solo imaginado, pero que muy dentro sabía que no podía darle crédito a su mente por haber imaginado algo tan hermoso. Era un rostro como ningún otro que había visto antes, y solo podía describirlo de una manera, y sabía que era lo correcto. Era una palabra que su memoria recordaba de los cuentos que su guardiana le había contado años atrás, sobre una criatura de leyendas. Nunca había visto uno en los árboles, el aire o el rio que crecía en la primavera. Pero quizá ahora, quizá ahora sí.
Se durmió pensando sobre él.
Príncipe.
Serena se despertó sobresaltada, su estómago se retorcía de la angustia y su frente estaba algo sudorosa. Imágenes de su pesadilla le llenaban la mente, tan vividas y hostiles, antes de desaparecer en su subconsciente. Se sentó sobre la cama, intentando recordar y al mismo tiempo olvidar lo que había visto, su mente divagando por alarmas, horrores y la historia familiar de la doncella atrapada en una torre.
Moviendo las piernas a la orilla de la cama, tomo una capa y se la puso sobre su ropa de dormir y corrió descalza hacia el corredor. Los rayos del sol ya aparecían por el horizonte e iluminaban las ventanas de cristal del castillo. Se dirigió hacia la cocina, al darse cuenta que no sabía en dónde se encontraban las habitaciones de los príncipes, pero con la esperanza de encontrarse a alguien que pudiera ayudarla, su mente continuaba con el eco del sueño que había tenido.
Un Príncipe escalando la torre con la ayuda del cabello de la hermosa doncella, solo para encontrarse con la sonrisa de una malvada bruja. Con un cuchillo en una mano y el cabello dorado en la otra. Una puñalada, un grito, una caída. Arbustos espinosos desgarrando una capa. La piel. Los horríficos ojos ensangrentados.
Serena no se había dado cuenta de que estaba corriendo hasta que patino por una esquina y choco con la enorme figura del Príncipe Endymion. Impulsivamente este intento sujetarla mientras que ella daba un paso hacia atrás, sorprendida.
"Buenos días," le dijo el algo incomodo, observando la expresión nerviosa de la chica.
"Zoicite," logro decir Serena entre respiros.
"No, soy Endymion. Recuerdas, al que—"
"No, ¿dónde está? El Príncipe Zoicite— necesito verlo de inmediato."
Endymion frunció el ceño y soltó a la joven, encogiéndose de hombros. "Se ha ido."
"Ido? ¿Ido a dónde? ¡Apenas está amaneciendo!"
"Se despertó antes del cacareo del gallo esta mañana, tomo su desayuno, monto a su caballo y se dirigió al norte. Algunos sirvientes lo vieron salir, aunque no le dijo a nadie a donde se dirigía. ¿Para qué lo necesitas?"
"No! ¡No puede haberse ido ya!" Gimió Serena, agarrando fuertemente la capa alrededor de su cintura. "Tengo que advertirle. ¡Se encuentra en peligro!"
El Príncipe frunció el ceño, su desinterés se convirtió en preocupación. "Peligro? ¿A qué te refieres? ¿Sabes a dónde se dirige?"
"¡Si, pero es una larga historia! Por favor, necesito ir a encontrarlo."
"No hay manera de hacerlo. Se fue hace una hora y muy deprisa, por lo que me dijeron. Se ha de encontrar a millas de aquí. Aun con los caballos más rápidos no podríamos alcanzarlo hasta entrada la noche, y eso es asumiendo que él se detendrá a acampar por la noche. De todas maneras, ¿a donde es que se dirige?"
"Donde estuvieron de cacería. O por los alrededores."
"Hasta allá? Pero fue casi cerca de Odelia. ¿Por qué es que regreso a ese lugar?"
Serena suspiro, sus hombros cayendo en derrota. "Oh, todo es mi culpa," murmuro. "Si no se le hubiera sugerido… si hubiera tomado un momento para pensar… pero se me había olvidado por completo!"
Endymion la miro extrañado al principio, pero luego le lanzo una mirada asesina, sus ojos parecían atravesarla como flechas. "Has dicho que mi hermano se dirige al norte y está en peligro. Explícate. ¿Qué te ha dicho y cómo sabes que está en peligro? ¿Qué clase de peligro? ¿Quién eres tú para saber estas cosas?"
Serena levanto la mirada, sobresaltada. El tono con el que Endymion le hablaba era uno que había escuchado antes— curiosamente, pero de manera idéntica— de la boca de Darien Shields. Era una voz que demandaba respuestas, negándose a razonar hasta que sus preocupaciones y curiosidades hubieren sido apaciguadas. Ella tomo un cauteloso paso hacia atrás, insegura de cuánto podría o debería decirle. Su mente aun recordaba los gritos horríficos de Zoicite y las ramas de los arbustos rompiéndose.
Pero Serena fue rescata de la penetrante mirada de Endymion por otra vez profunda.
"Ella es una invitada en el castillo y sabe de estas cosas porque observa y escucha: un pasatiempo que le seria de utilidad de vez en cuando, Su Alteza." Serena observo como Seiya se acercaba a ellos con pasos largos pero lentos. Su cabello negro estaba suelto y caía como olas alrededor de sus hombros. Su ceño fruncido, aun cuando era intenso y con un toque de premonición, aunque también parecía tener unos brillos diversión— aunque esto último desapareció al momento en que la luz le ilumino el rostro.
"Seiya," dijo Endymion inclinando levemente la cabeza e ignorando el insulto. "Que haces despierto tan temprano?"
Inclinando la cabeza hacia un lado, Seiya respondió, ¿"Y usted?"
En la repentina presencia de la expresión siniestra de Seiya, Serena de repente pensó en que quizá había tres residentes en el castillo que podrían proteger a Zoicite: los tres guardianes.
"Seiya!" Dijo ella, interrumpiendo el trivial dialogo entre él y el príncipe. "Me alegra mucho que estés aquí! Zoicite—"
"—está bien."
Ella pauso por un momento. "No, pero—"
"El Príncipe Zoicite está bien, Lady Serena. Se encuentra precisamente donde se supone que debe de estar, haciendo lo que precisamente tiene que hacer."
"No, no te das cuenta. En la historia…"
"Si, Lady Serena, no nos olvidemos de la historia. Y todos sus ingredientes." Dirigió sus oscuros ojos hacia ella, con una mirada llena de sabiduría. Ella dudo, echándole un vistazo al tatuaje de lagrima debajo de su ojo izquierdo.
"Tragedia."
"Ciertamente."
"Perdón," interrumpió Endymion con toda la frialdad de un volcán que ha esperado siglos en hacer erupción. "Pero estamos hablando de mi hermano y si se encuentra en peligro, tengo el derecho de saberlo."
"No tienes más que el derecho a tener festines lujosos y un enorme dote," dijo Seiya alargando las palabras y metiendo una mano en su bolsillo. "Pero si debes saberlo, Serena tuvo una horrible pesadilla. Te aseguro que el Príncipe Zoicite estará bien."
Endymion, no convencido, se volteó hacia Serena. "Es esto verdad?"
Pero en vez de responderle, Serena se volteo hacia Seiya. "Mira, realmente no sé lo que estoy haciendo. ¿Estás seguro que así es como las cosas deben pasar? ¿Como sabemos que no he cometido un error?"
Por un momento, parecía que Seiya sonreiría, pero sus labios únicamente se movieron como un tic. Dos veces. Pasando a la par de la chica, continuo su caminata por el corredor. "Tenemos fe."
Después de que Seiya desapareció por una esquina y sus pasos no podían escucharse más, Serena se enfrentó a la mirada escéptica de Endymion. Ella trago saliva, abrazándose incomoda y respondiendo lentamente. "Es cierto, tuve una pesadilla," murmuro. "Y estoy segura… estoy segura que Zoicite está bien."
El Príncipe tenía sus dudas, pero su mirada se suavizo.
"Entonces por qué luces tan preocupada?"
"Fue un sueño bastante feo." Sosteniendo la parte de enfrente de su capa, Serena intento hacer una reverencia. "Me disculpo por haberte preocupado. Creo que lo mejor será regresar a mi habitación."
"Lady Serena, si te interesa," dijo Endymion seriamente pero no de manera enojada, "En realidad esperaba poder hablar contigo por un rato. ¿Sería demasiado atrevido el pedirte que me acompañes a desayunar?"
Serena dudó por un momento, sus ojos buscaban algo en los del príncipe, los de Darien. Por primera vez se dio cuenta de ya se encontraba vestido y rasurado, además que no mostraba signos de cansancio en su rostro. Darien también parecía tener bastantes energías y estar bien despierto en las clases de la mañana. "Está bien, de todos modos ya estoy despierta."
De manera silenciosa lo siguió por el pasillo, observando cómo el suelo se tornaba de color rosado por los primeros rayos del sol. El comedor estaba casi vacío, pero había varios sirvientes colocando los platos y los cubiertos. La mirada en sus rostros demostraba que llevaban ya varias horas dispuestos, y una adorable mujer saludo a Endymion y a Serena con una sonrisa alegre.
"Buenos días! Tenemos ya algunas salchichas en el fuego. ¿Panqueques, Príncipe Endymion? ¿Algo especial para ti, cariño?" Preguntó, doblando unas servilletas para el elaborado servicio de mesa.
Endymion gruño en aprobación y movió una silla para que Serena pudiera sentarse. Ella se sentó nerviosa y coloco sus manos sobre su regazo mientras que el príncipe tomaba el asiento enfrente de ella.
"Capitán Crunch?" Pregunto Serena. La mujer la vio de manera perpleja, antes de levantar una ceja con curiosidad hacia Endymion. Él se encogió de hombros."
Suspirando, Serena dijo. "No importa. Unos panqueques me caerán de maravilla."
La mujer sonrió de nuevo. "En un momento."
Desapareció rápidamente, las cintas de su delantal moviéndose detrás de ella.
"Los panqueques son tu desayuno favorito?" Le pregunto ella cuándo se encontraron solos de nuevo.
Endymion asintió, sus ojos azules la miraban fijamente. "No hay nada mejor."
"Darien también escoge panqueques en la cafetería cuando hay."
"Quien?"
Serena sacudió la cabeza. "Nadie."
"El chico al que te recuerdo?" Le dijo él. "El chico con el que me confundiste ayer?"
Sonrojándose, Serena no pudo evitar recordarse del momento embarazoso de la noche anterior. "Si, él."
"Se llama Darien?"
Ella asintió.
"Y donde se encuentra ahora?"
"Oh, probablemente en su casa. En realidad, probablemente sentado en su comedor, disfrutando de unos panqueques."
El Príncipe sonrió burlonamente mientras que la sirvienta regresaba cargando dos platos llenos de panqueques y salchichas. "¿Algo más, cariños?"
"No, gracias."
Ella se escabullo hacia la cocina mientras que Endymion comenzó a llenar su plato con miel de Maple. Un plato enfrente de ellos estaba repleto de una cremosa mantequilla de maní y el también agarro un poco para colocarlo sobre sus panqueques, devorándolos en grandes bocados. Observándolo, el estómago de Serena dio una voltereta, y se forzó a sí misma a mirar hacia otro lado y enfocarse en su propia comida.
"Si, comiendo panqueques con miel de maple y mantequilla de maní."
Endymion no dijo nada por un momento, pero luego se dio a la tarea de seguir comiendo. "Y donde se encuentra esta casa?"
"En una tierra muy, muy lejana"
Endymion le dio una rápida mirada, con una pequeña sonrisa en el rostro. "Malachite me contó sobre el enano, el cual intento llevarse a mi sobrina, y de cómo lo detuviste. ¿Cómo sabias su nombre?"
"De eso era lo que querías hablar?"
"Quizá," dijo misteriosamente antes de llenarse la boca con salchichas.
"Un golpe de suerte, quizá.'
Endymion rio, bajándose la carne con unos tragos de jugo de naranja. "Uno no adivina un nombre tan raro como Rumpelstiltskin. Dime la verdad, ¿cómo lo sabias?"
Serena pensó sobre la historia, en la cual un sirviente había escuchado a Rumpelstiltskin proclamar su nombre en una canción. "Lo escuche cantando. Estaba tomando una caminata la noche anterior y lo escuché cantando sobre cómo había engañado a la princesa y como se quedaría con su primogénita si no podía adivinar su nombre. Fue de suerte que me yo me encontraba allí en ese momento."
Endymion la analizo silenciosamente por un momento y ella se preguntó si él podría ver a través de sus mentiras— siempre le habían dicho que era una mala mentirosa. Si se dio cuenta, no dijo nada y se sirvió otro vaso de jugo. Serena se terminó su primer panqueque y le echo miel al segundo.
"Ahora tengo yo una pregunta para ti, si no te importa."
Él inclino la cabeza, señalándole que continuara.
"Escuche que te casaras en una semana ¿Es cierto?"
Él bajo la mirada hacia su desayuno. "Es cierto que me encuentro comprometido y que la boda está programada para dentro de una semana. Si en realidad me casare o no en una semana, pues, me tendrás que preguntar de nuevo en ocho días."
Serena frunció el ceño. "Y porque no habrías de estarlo?"
"Es complicado. Un extranjero quizá no lo entendería, y no me gustaría aburrirte con políticas de nuestros Reinos en tu primera visita."
"Como sabes que soy una extranjera?"
"Pues, no te estarías quedando en el castillo si tu casa se encontraba fuera de las paredes del castillo, ¿o sí?"
"Por supuesto que sí. Me tratan muy bien y me consienten aquí."
Endymion sonrió. "Además que tu acento es uno que no he escuchado antes. Tu hogar de verdad debe encontrarse muy muy lejos."
Frunciendo el ceño Serena tomo unos cuantos bocados. Aun cuando había notado la manera bastante formal en la que los residentes del reino hablaban, no se había dado cuenta de que ella sonaba diferente de alguien local. "Aún tengo curiosidad de porque puede ser que no te cases con esta chica."
La sonrisa de Endymion pronto desapareció y éste comenzó a hacer diseños con su tenedor en lo que sobraba de la miel sobre su plato. "Es posible que la princesa se encuentre inconsciente durante la ceremonia."
"Inconsciente?" Dijo Serena riendo fuertemente, pero su diversión rápidamente desapareció al ver la expresión seria de Endymion.
"Si, ya te dije. Es complicado."
"Bueno, comienza por el principio. ¿Como se llama?"
Él suspiro, luciendo aburrido repentinamente por la conversación, pero aun así contesto. "Briar Rose, la única princesa de Odelia."
"El Reino del norte?"
Él asintió.
"No pareces estar cautivado por ella."
"No es mi lugar ni mi deber el estar cautivado por ella."
"Pero te casaras con ella." Serena dijo, con una mueca. "No te gusta?"
"Solo la vi una vez, hace años. Estaba tan joven que apenas lo recuerdo, y ella solamente era una bebe."
"Y no piensas que te gustara?"
Endymion puso los ojos en blanco. "Es una princesa. Todas son iguales. Hermosas, educadas y con alguna maldición."
"Maldición?"
Endymion empujo su plato, el tenedor sonando sobre la cerámica. "Realmente eres una extranjera si no sabes sobre la maldición de Briar Rose."
"Qué clase de maldición?" Pregunto Serena, aun cuando sabía perfectamente que tipo de maldición era.
Aclarándose la garganta, Endymion proclamo en una voz seria y en un tono resonante, "Durante su cumpleaños número quince, la princesa se pinchará el dedo con una rueca y cara en un profundo sueño, hasta que reciba el beso virgen de su verdadero amor." Dejando a un lado la voz profética, Endymion sacudió la cabeza. "Dramático, ¿no es así? La maldición fue hecha por la Reina Beryl de la tierra de Cashlin. Bueno, excepto por la parte sobre el profundo sueño; esa parte fue agregada después. De todos modos, solo quedan seis días más en su cumpleaños número quince así que la maldición aún está por cumplirse, así que no podemos saber si se encontrara dormida en su propia boda, lo cual no estará muy bien para la luna de miel. ¿Te encuentras bien?"
Serena asintió vigorosamente, dándose cuenta que había estado machacando los panqueques con su tenedor de manera inconsciente. "Pero por supuesto que no estará dormida. El beso del verdadero amor la despertara."
Endymion se quedó en silencio por un largo rato, mirándola sin expresión alguna en sus ojos, antes de que la más pequeña de las sonrisas apareciera en sus labios. "Si," admitió, "por supuesto."
"Lady Serena," apareció Hota, un manchón de dorado y carmesí flotando en la habitación. La guardiana del Drama estaba sobre la mesa, viendo el desorden de platos con mal gusto. "Perdón por interrumpir, pero tus servicios son requeridos en la entrada sur. Ha habido un… disturbio." Con una gran sonrisa de color rojo, hizo una reverencia hacia el Príncipe Endymion. "Espero que no le moleste que me la lleve por el día?"
Viendo al hada especulativamente, Endymion se encogió de hombros. "Claro que no. Parece ser una invitada bastante popular. Espero que no la estén sofocando."
"Por supuesto que no," dijo Hota. "Es demasiado hermosa para volverla de color azul. Ven conmigo entonces Serena. Buen día, su alteza."
Serena se levantó mientras que Hota volaba hacia el pasillo, Endymion también se había levantado para hacer una pequeña reverencia.
"Gracias por acompañarme, Lady Serena."
"Por favor, contrario a lo que todos creen, apenas soy una dama." Dijo Serena.
"Lo entiendo. El título de Prince tampoco me sienta."
Serena sonrió ampliamente e hizo una reverencia. "Buen día."
Endymion le regreso la sonrisa, aunque sus ojos nunca paraban de analizar las expresiones y movimientos de la chica mientras salía de la habitación. Con un largo y profundo suspiro, se dejó caer sobre su silla y se pasó una mano por su grueso cabello negro.
"Tus servicios son requeridos en la entrada sur?" Imito de manera curiosa. "Quien eres realmente, Serena de un lugar muy, muy lejano."
