Los dulces de Némesis
Rito y Némesis estaban juntos en la recámara del chico. Mikan había salido de compras y las princesas habían operado por ir con Haruna a una fiesta para ayudarla con el entrenamiento. No había nadie que interrumpiera y preguntará la razón por la que Némesis estaba sentada en el regazo del chico. Solo ellos sabían la razón y nada más importaba.
—¿Puedo comer más dulces? —preguntó Némesis con una voz molesta mientras seguía intentando pasar el nivel en el que se había atorado en su Nintendo DS.
—Ya has comido demasiados—contestó Rito quien se hallaba viendo algunas cosas en su laptop—. Recuerda que Mikan hará la cena muy pronto.
—No quiero cenar—casi como si fuera un puchero, Némesis presionó con más fuerza los botones de su consola portátil.
Rito sabía que ya estaba enojada. No era su culpa el hecho de que le atrajeran los caramelos y demás cosas llenas de azúcar, era un defecto de su creación, pero debía ponerle límites debido a su condición actual. Simplemente no podía perderla a causa de sus caprichos alimenticios.
Antes de que pudiera hacer algo, la pequeña Némesis se levantó casi con dificultad debido a que su cuerpo se había entumecido ante la inactividad. Rito sabía que ella iría con todo a fin de que le diera sus golosinas por lo que debía mantenerse firme ante su postura.
—Eres un sirviente malo—empezó a hablar nuevamente Némesis mientras ponía ambas manos en su cadera—, pero eres peor cuando no disimulas que veías los senos de mi personaje—con algo de fastidio y envidia, Némesis se quitó su pequeño vestido café dejando ver su cuerpo joven.
—¿Eh? ¿No se trataba de los dulces? —el joven estudiante no sabía cómo había llegado a este punto—. Además, yo no estaba viendo los pechos de tu personaje.
—¡¿Y entonces por qué no reaccionas como antes al verme desnuda?! —exclamó la morena mientras señalaba lo que sucedía actualmente—. ¡¿Acaso prefieres los senos grandes?! ¡Puedo tenerlos también!
Mil pensamientos acababan de cruzar la mente del prometido de Lala. Una de ellas eran con respecto a su relación con Némesis. Debía saber que algo cómo esto pasaría cuando llevaban casi medio año juntos y ella no dejaba de bombardearlo con su cuerpo día tras día. Por otro lado, ella no solía portarse de esta forma a menos que el azúcar en su organismo se encontrara bajo; además debía agregar el hecho de que estaba frustrada por el juego que compró.
Si algo había aprendido en estos cinco meses y medio, era que debía ser cuidadoso cuando Némesis sufría alguna crisis.
—M-Me gustan tus senos así—comenzó a hablar Rito, intentando emular un poco la actitud que toma cuando se siente apenado al ver los cuerpos de las otras chicas—, son lindos y pequeños, casi como unos d-dulces.
Las mejillas de Némesis se tiñeron de un rubor apenas visible para Rito. No había forma que ella se calmara después de esto, por lo que debía estar preparado para más problemas.
—Por supuesto que te gustan, tonto sirviente.
—¿Eh?
Ella nuevamente se sentó en regazo de Rito, acomodándose de tal manera que pudiera tomar los brazos del chico para que la rodearan en una especie de abrazo.
—Ahora veamos una película—pidió ella con una sonrisa—, ya después dejaré que veas mis dulces, Rito.
Básicamente, así sería si Némesis fuera un poco más normal.
