Título: Lazos de familia

Autor: Lady chibineko

(Miembro de la Orden Sirusiana)

(Miembro de la Mazmorra del Snarry)

(Alumna de la casa de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)

Disclaimer: La franquicia de Star Trek es propiedad intelectual de Gene Roddenberry y los respectivos productores de cada saga. Esta historia entra en Star Trek: el Universo Alterno ("Alternate Original Series" o "AOS") que nos trajo J.J. Abrams en la película del 2009.

Advertencia: Este es un fic slash, lo que quiere decir relación chico-chico; si no es de su agrado este tipo de lectura por favor no sigan.

Nota: Este fic fue hecho en respuesta al reto de fics del SlashFest 2017 de la página Slash Fanworks groups/SlashFanworks/ .

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Capítulo II

- ¡Comandante Spock!- chilló Checov emocionado cuando por fin encontró una extraña concordancia en un posible, muy fino, casi inexistente rastro de tecnología desconocida de transportación; y la posible estela dejada por una tecnología warp diferente a las actualmente conocidas por la Federación.

Por su parte Spock, quien durante las últimas 9 horas 39 minutos estándar no había levantado la mirada de los 4 PADD's con los que trabajaba incansablemente desde que la búsqueda diese inicio; levantó la cabeza con la fuerza de un latigazo y dejando los PADD's de lado, se dirigió raudo a la estación del joven genio ruso sin siquiera reparar en la rigidez y el doloroso agarrotamiento de la parte baja de su cuerpo.

- ¿Encontró algo, señor Checov?

- ¡DA!- contestó el alférez al tiempo que señalaba sus hallazgos en la consola frente a él- Ambos rastros coinciden a 5:22 horas antes de que se diese la alerta por la desaparrición del capitán Kirk, señorr ¡Tienen que ser los que buscamos! ¡Los que se llevaron al capitán!- insistió el joven oficial casi desesperado.

Spock ladeó la cabeza al tiempo que agudizaba la mirada sobre la información recolectada por Checov. Alzó las manos y las posó sobre el tablero, tras lo cual comenzó a correr análisis de espectro de onda, logrando triangular tras varios minutos la posición exacta donde había sido usado el rayo transportador alienígena, dando por fin con las habitaciones del capitán como respuesta, a lo cual Spock alzó una ceja y Checov, al igual que los que se habían acercado a observar (el doctor McCoy, el teniente Sulu y la teniente Uhura) perdieron el aliento.

- Al parecer- dijo entonces el comandante- usted está en lo correcto, señor Checov ¿Tiene trazado el rumbo que tomó la nave desconocida tras la sustracción del capitán Kirk?- preguntó el medio vulcano con voz y mirada dura.

El joven asintió sin siquiera dudarlo y Spock hizo lo mismo, tras lo cual dio media vuelta con la intención de volver a la silla del capitán.

Con suerte no por mucho tiempo más.

- Señor Sulu, fije rumbo en modo de persecución tras los abductores. Warp 8.- señaló tomando asiento.

- Aye, señor.- respondió el navegante con tono gélido.

Iban por su capitán, y pobre del que tratase de impedirlo.

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Tras un ataque de pánico bastante justificado, varios minutos (¿horas?) tratando de calmarse, y un extendido período de respiración controlada; el capitán James T. Kirk de la nave Enterprise logró calmarse lo suficiente para comenzar a pensar y planear como salir del predicamento en el cual había sido metido... Porque estaba malditamente seguro de que en esta ocasión ni Bones ni tan siquiera Spock iban a poder echar ni un 1% de culpa de aquella situación sobre su persona.

Ese mero hecho le daba nuevos bríos para salir de allí y volver a la nave, pues no era de todos los días el poder proclamar que nada de lo ocurrido había sido su culpa.

El solo pensamiento casi lo hizo reír, acción que tuvo que parar al instante pues el tubo en su garganta casi lo ahoga.

Respiró profundo por la nariz y exhaló con lentitud de la misma forma, en tanto que repetía una y otra vez a manera de mantra *Piensa Kirk, piensa... Debe de haber alguna manera de salir de esto...*

Sin embargo, el hecho de no poder mover ni un dedo de lo restringido que se encontraba, limitaba bastante sus opciones. Y la ofuscación de lo que sea que fuese que le estaban metiendo en el cuerpo para tenerlo constantemente excitado en función de ordeñarlo como a una maldita vaca, estaba convirtiendo su cerebro en un montón de gelatina no pensante.

No... No debía de pensar en eso ni volver a entrar en pánico.

Adentro, afuera... Inspira, expira... Demonios, necesitaba sonarse la nariz.

Cerró los ojos ahogando un gemido. Aquello no estaba nada bien.

Y fue entonces que escuchó el ruido viniendo a él... pasos ¡Alguien se acercaba!

Dejó de moverse por instinto, tratando de aparentar seguir inconsciente, pues no esstaba muy seguro de lo que quisiesen hacer con él una vez despierto... y siempre existía la posibilidad de que no se supusiese que debía de estar consciente. En ese tipo de casos, el trato recibido no era para nada agradable y la cantidad de drogas inyectada a su sistema para devolverlo a la inconciencia siempre le habían causado llamados cercanos al más allá en demasiadas ocasiones ya.

*Muchas gracias por nada, sistema inmunológico de porquería.*

Los pasos se hicieron cada vez más cercanos y junto a ellos se hicieron presentes una serie de clicks y chillidos que le dieron a entender al rubio dos cosas:

Lo primero era que su traductor universal no estaba funcionando, por lo que o habían removido o desactivado el artefacto en su cuerpo, o aquél era un idioma completamente nuevo para los archivos de la Federación. Y su cerebro aún algo funcional rápidamente lo convenció de lo segundo, puesto que si bien no era un xenolingüista prodigio como Uhura, estaba seguro de conocer por lo menos uno o dos insultos en todos y cada uno de los lenguajes conocidos y esos clicks y chillidos no encajaban en ninguno.

Dejando aquel pensamiento de lado, se mantuvo completamente quieto, aún cuando sintió extrañas manos de dedos increíblemente largos y fríos sobre su piel, y tuvo que recurrir a todo su autocontrol cuando esos mismos dedos comenzaron a explorar sus genitales con una frialdad clínica que lo único que lograba era que el hombre desease poder arrastrarse al rincón más lejano de la habitación.

*Contrólate Kirk, deja los quejidos.*

Dios, todo aquello lo estaba haciendo sentirse enfermo en más de un sentido; y sin embargo y para su sorpresa, toda aquella tortura dio frutos al final.

Un par de aquella manos trató de revisarlo a profundidad bajo su escroto, y ante la imposibilidad de hacerlo y tras sentir una respiración fría a la altura de su rostro, como para comprobar su supuesta aún inconsciencia, sus brazos y piernas fueron liberados, y mientras que un par de aquellas manos lo alzaba un poco, como tratando de ver mejor su espalda; el otro par de manos volaron a sus piernas separándolas con el fin de tener mejor acceso a sepa el universo que. De hecho, Jim no se quería enterar.

Escuchó a los dos, porque a esas alturas Kirk suponía que solo eran 2 alienígenas abductores con fetiche por escenarios de películas malas de mediados del siglo XX, comenzar a discutir en aquel lenguaje de clicks, aparentemente embebidos en lo que veían en su cuerpo; y arriesgándose abrió tan solo un poco los ojos como para ver que hacían.

El maldito pervertido frente a él tenía la vista concentrada en su miembro duro y en como aquella máquina del mal extraía a sus pequeños nadadores.

Algo le dijo que no iba a tener mejor oportunidad que aquella para salir de esa pesadilla.

Apretó los dientes y los puños, enfocándose para salir de amodorramiento en el que lo habían puesto.

El par de idiotas pervertidos nunca supo que los golpeó.

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Aproximadamente 20 minutos después Kirk se arrastraba por los pasillos, sintiéndose aún una piltrafa humana, pero con la satisfacción de haber despachado a esos dos hijos de perra.

En realidad, sus cuerpos finos y espigados apenas habían soportado el embate de las piernas y espalda del humano, rompiendo el cuello de uno y aplastando la cabeza del otro, logrando así matarlos de manera sumamente fácil, algo así como doblar cartón corrugado grueso con el peso del cuerpo.

Pues bien, al diablo. No se sentía culpable en lo absoluto. Lo único que casi acaba con sus nervios fue el hecho de que una vez liberado de los cables y tubos, había caído de la camilla al suelo como un saco de papas y se había tardado en retomar el control de su cuerpo. Y al hacerlo, lo primero que hizo fue romper el frasco donde estaba todo el semen colectado. Su material genético no era algo que pudiesen tomar sin su permiso, solo para aclarar las cosas.

Lo siguiente fue buscar algo con que cubrirse, y de suerte encontró la pijama que había estado usando al ser abducido en lo que parecía ser el armario del lugar, junto con docenas de prendas más, ropajes típicos de 2 o más docenas de razas conocidas y otras tantas que nunca había siquiera visto. Muchas más de las pertenecientes a los pobres diablos que se encontraban en las otras camillas de la habitación, y quienes a diferencia de él no parecían estar cercanos a despertar.

Aquello lo había estremecido, pero no podía darse el lujo de perder tiempo ni en aquellos pensamientos ni en aquél lugar.

Vistió su pijama y se hizo de un abrigador ropaje romulano, otro que parecía ser vulcano y ante lo cual reprimió un escalofrío; y además tomó lo que parecían ser dos bolsas estandard de la Federación para viajeros, aunque de diseños un tanto antiguos.

Dejando todo lo demás intacto, Kirk apretó los dientes al darse cuenta que estos sujetos llevaban ya buen tiempo en el negocio de los secuestros.

- Ahora no Kirk. Ahora no...- dijo con voz rasposa y casi inentendible en auto reprimenda, tras lo cual se obligó a dejar el lugar.

Aunque las drogas en sus sistema lo hacían lento y torpe, pero igual se obligó a huír de allí.

Una de las pocas ventajas, por el momento, era que entre tanto tubo que había tenido metido, podía asegurar que su estómago e intestino estaban limpios, y sin embargo no sentía hambre, pues seguro lo habían estado alimentando vía intravenosa.

Con suerte no desfallecería de hambre hasta dentro de algunos días, así que en medio de su huída esperaba encontrar algo lo suficientemente pasable para comer y beber... y al diablo con las alergias.

*Lo siento Bones, pero no estoy en posición de ser exigente.*- fue el único pensamiento que dio el hombre al respecto y repitiéndose a sí mismo que iba a salir de aquello y que pronto iba a estar tratando de sacarse de encima a su mejor amigo y sus hypos, avanzó como pudo entre sombras y pasillos.

Y fue así como casi 20 minutos después continuaba en la tarea, obligándose a avanzar a pesar del dolor y el cansancio, y con la suerte de no haberse topado con ningún hostil hasta el momento.

*O esos dos eran los únicos, o todos están reunidos en la habitación contigua a mi y en 5 segundos se me acaba la suerte.*- pensó con mordacidad, tratando de sacarse de encima las ganas de acurrucarse en una esquina y cerrar los ojos sin que le importase nada más- *No. Debo de seguir. Tal vez detrás de esa puerta haya algo de comer, o la salida... O un maldito sistema de comunicaciones ¡Algo!*- se dio aliento el exhausto humano, y echándolo una vez más a la suerte, apretó el botón del panel a su lado, que ahora sabía servía para abrir las puertas de aquel lugar; y se aventuró al interior.

Lo que vio lo dejó paralizado por unos segundos.

-¡¿Quiénes carajos son estos malditos hijos de perra?!- se preguntó en voz alta justo antes de pasar, con la poca saliva que le quedaba, el norme nudo que se le había formado en la garganta.

Y es que frente a él se extendían hileras con decenas... no, con cientos de ¿incubadoras? Sí, definitivamente parecían incubadoras, aunque sin cúpula superior, estaban descubiertas. Y dentro de cada una se podía ver con bastante nitidez la presencia de pequeños seres.

Con el cuerpo temblándole por completo, el hombre se acercó a la primera fila y tuvo que reprimir la arcada que lo asaltó.

En la incubadora de la derecha pudo distinguir un pequeño bebé, en donde reconoció sin problemas no solo características de los habitantes de Pandora VIII (piel azulada, crestas típicas en mejillas y nariz), sino también algo inusual pero a la vez bastante conocido... orejas puntiagudas.

- Vulcanas- exhaló en un suspiro, acercando un dedo para delinear la pequeña oreja, y retirándolo de inmediato al sentir la frialdad de la muerte en lo que debería de ser piel cálida.

El pequeño estaba muerto, aún conectado a todos esos tubos... y nadie se había preocupado en hacer algo al respecto.

Casi con temor volteó a la izquierda y notó los rasgos de los caitian en la peluda forma del bebé que asemejaba un cachorro de gato, y sin embargo algo estaba mal con las pequeñas puntiagudas orejas y las rectas cejitas. Eso era definitivamente vulcano.

- ¡¿Qué demonios?!- se preguntó al ver el pequeño pecho subir y bajar, y sin embargo notar la rigidez del infante.

Ese niño no estaba consciente, y seguramente nunca lo llegase a estar.

Con ojos atormentados vio docenas de filas y columnas de incubadoras, y a pesar de sus ganas de salir de allí, algo lo obligó a caminar entre las incubadoras, notando de pronto que al lado de cada incubadora había un tablero donde se mostraban datos en un idioma extraño; aunque si pudo entender las dos imágenes que se mostraban en cada pantalla: dos tomas de individuos, cada uno de diferentes razas... Y en todos siempre uno era vulcano.

Alguien estaba jugando a crear híbridos, y por alguna razón habían elegido al parecer, a la raza vulcana como la otra mitad de la ecuación.

Sus pasos lo llevaron sin que él se diese cuenta, y pronto recorría fila tras fila mirando con el corazón cada vez más pesado las docenas de pequeños rostros con ojos cerrados, con respiraciones algo trabajadas a pesar del soporte de vida, y en más de una ocasión... pequeños cuerpos sin vida.

Combinación tras combinación, cada cuadro era más desgarrador que el anterior; por lo que finalmente el humano buscó apoyo al borde de una de las incubadoras para recuperar el aliento y recomponerse un poco.

- Malditos bastardos.- dijo entre dientes, mientras apretaba los ojos y respiraba profundo, completamente embebido en superar el cuadro que se extendía a su alrededor; por lo cual es comprensible que cuando algo suave y pequeño se cerró alrededor de uno de sus dedos, casi se le saliese el alma del cuerpo.

Abrió los ojos buscando al enemigo, y nuevamente perdió el aliento al ver vivarachos ojos chocolate mirarlo con atención, enmarcados por un rostro verdoso que terminaba en una cabecita calva adornada por simpáticas orejas puntiagudas. Orión sin duda... o por lo menos en parte.

El bebé pateó, se movió, alejó la mano y abanicó los brazos, solo para volver a sujetarse del dedo previamente liberado, y de pronto el corazón del humano se saltó un par de latidos.

El bebé volvió a repetir todo lo anterior, pero esta vez mostrando claramente su inconformidad con el tubo que tenía hasta el fondo de la garganta.

Kirk recordaba como hacía menos de una hora él mismo se había sacado uno de esos también, y decidió que no culpaba al bebé en absoluto por pensar así, esas cosas eran malditamente incómodas.

- ¡Ey, hombrecito!- saludó entonces con voz aún rasposa, y fue recompensado con la completa atención del bebé a través de pequeños ojos que lo miraban casi con adoración, y una manito verde que se cerró alrededor de su dedo medio con toda la fuerza que un bebé podía mostrar.

Y entonces lo decidió. No podía dejar al pequeño allí.

Pero no podía llevarlo para dejarlo morir de hambre ¿Cierto?... Cierto.

Respiró hondo y miró al niño, tras lo cual le regaló una sonrisa salida de quien sabía dónde.

- Mira campeón... Te voy a sacar de allí, pero debes de portarte bien ¿Entendido?- aspiró profundo para recuperar el aliento perdido por el solo hecho de hablar- No quiero lastimarte más de lo necesario... porque de va a doler cuando te quite las agujas y todo eso... ¿Quién demonios usa esas cosas hoy en día? Las malditas dolieron cuando me las saqué... No me vuelvo a quejar de las hypos de Bones... Pero... voy a ser más cuidadoso contigo ¿Bien?... Bien, entonces...

Y procedió a sacar con todo el cuidado del mundo las agujas, sondas y demás del pequeño cuerpo; y de milagro el bebé no lloró, y no fue hasta que lo apretó contra su pecho que se sintió tranquilo.

- Ahora a buscar algo para abrigarte, transportarte y alimentarte... ¿De acuerdo, campeón?

Y con el niño, porque era un varoncito, bien apretado contra su pecho; fue hasta donde se encontraban varios paneles y comenzó a apretar lo que parecían ser en aquello botones de puertas y su esfuerzo una vez más rindió frutos cuando, tras varios minutos e intentos, se hizo de un transportador para 2 bebés, polvos que parecían ser nutrientes, envases con lo que según probó era un líquido apto para el consumo (no había caído muerto, eso debía de contar de alguna manera), telas y ropajes que podría romper para vestir o abrigar al niño y otras cosas más que ni idea de para que eran, pero que igual metió a los maletines que previamente había traído consigo.

Solo que una vez que tuvo todo en los maletines y al niño en el transportador, pensó ¿Y si hay más? ¿Si hay más bebés que aún pueden ser salvados?

Nadie se quedaba atrás, no mientras él estuviese a cargo. Era su regla más importante; la había instaurado durante su estadía en el infierno llamado Tarsus IV y seguía estando vigente aún ahora que era capitán... Sobre todo ahora que era capitán.

- Espera aquí campeón, shhhh... Sin hacer ruido.

Casi dos horas después, Kirk recorría de nuevo los pasillos. 2 bebés en el portabebés, 1 sujeto contra su espalda y otros dos contra su pecho gracias a 2 sábanas o lo que parecían ser sábanas; no que eso en realidad importase mucho.

Los dos maletines eran casi arrastrados, pero eso era lo de menos. Tenía que salir de allí.

Finalmente la dama fortuna pareció estar de su lado, y por fin tras una de las puertas se abrió el exterior ante sus ojos. Y no, no cayó muerto al exponerse al medio ambiente.

Planeta clase M entonces.

Sin pensarlo dos veces, salió del lugar lo más rápido que pudo, encaminándose hacia la formación rocosa más grande frente a él, donde con suerte encontraría una cueva tranquila donde esconderse, recuperar fuerzas, cuidar de los bebés y planear como demonios salir de allí.

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Unos días después Kirk no estaba muy seguro en realidad de cuánto tiempo había pasado y el hombre estaba a un paso de perder la poca razón que le quedaba.

De los 5 bebés había perdido a uno, el cual había sido mitad vulcano y mitad klingon, y la verdad aquello había sido demasiado para los pocos nervios y cordura que le quedaban.

Y lo peor de todo es que con los sucesos podía escuchar con claridad en aquellos momentos, incluso estando despierto, el llanto y la desolación que en la actualidad solo acostumbraba a escuchar en sus peores pesadillas, en las que revivía una y otra vez los peores días en Tarsus, esos donde veía a los niños que protegió alguna vez morir uno a uno a causa del hambre y la enfermedad sin poder hacer nada al respecto; tal y como le pasó al pequeño cuatro.

Sin importar cuando suplicó y hasta lloró, el niño simplemente se rehusó a ingerir alimento alguno, para finalmente suspirar y cerrar sus pequeños ojos, exhalando por fin su último aliento a la vez que el fuerte agarre del niño sobre el dedo pulgar de la mano izquierda del humano, se deshacía.

Si el rubio no terminó de perder la cabeza, fue solo porque los otros cuatro aún lo necesitaban; y a diferencia de cuatro, pues uno, dos, tres y cinco comían y necesitaban cambios de pañal de manera regular, además de a alguien que protegiese su sueño.

Aunque la verdad, la manera en la que dos y tres despertaban, con ojitos asustados y buscándolo desesperadamente alrededor, no ayudaba mucho a calmar al humano luego.

El pobre hombre tuvo que esperar a que oscureciese en aquella roca en medio del espacio para poder salir a enterrar a cuatro, para lo cual utilizó varias rocas que apiló sobre el pequeño cuerpo entre lágrimas.

*Mientras viva, nunca te voy a olvidar.*

Y de vuelta en la cueva donde se había resguardado, luego de atizar la fogata que había logrado prender con los pocos pedazos que encontró de algo parrecido a vegetación seca, contó las raciones y los trapos que utilizaba como pañal y se dio cuenta que tenía lo necesario solo para 6 días y noches más en aquel lugar.

Y volver a las instalaciones alienígenas no era una opción, en lo absoluto.

Miró a los bebés... Dos y tres parecían ser mitad humanoides, o por lo menos no presentaban ninguna cresta o característica aparte de las vulcanas, a excepción de ojos llenos de vida y emoción; en tanto que uno era mitad orión y cinco, la única niña del grupo, era mitad andoriana, presentando además de las orejas y cejas vulcanas, piel azulina y pelusa blanca en la cabeza, donde además se mostraban dos pequeñas protuberancias que seguro eran las antenas en emergencia, propias de cualquier andoriano. Era perfecta y la verdad era que James T. Kirk había caído irremediablemente enamorado a primera vista de esa pequeña, y no iba a permitirse perderla. Ni a ella ni a los otros.

Se reprendió mentalmente, diciéndose que si volver a ese agujero era lo necesario para salvar a sus niños, pues volvería y luego regresaría a la cueva sin importar nada más.

- Por ustedes.- dijo acariciando suavemente la mejilla de uno, el pequeño orión.

Definitivamente por ellos.

De pronto un ruido a la entrada de la cueva lo alertó. Era su alarma, alguien había encontrado el escondite.

Echó tierra sobre la fogata para apagarla, miró que los niños estuviesen bien y tomó un tronco aún humeante a manera de bate de beisbol, posicionándose entre los bebés y quien fuera que quisiera quitárselos.

Casi al borde de la locura, el único pensamiento en su mente era que iban a tener que pasar sobre su maldito cadáver si lo que querían era poner siquiera un dedo sobre los niños; y de ser así, él no pensaba ponérselos fácil.

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25 horas antes - Nave Enterprise

Tras 3 agonizantes días buscando, finalmente habían llegado a un planetoide clase M, de superficie rocosa, con poco o nada de vegetación en algunas zonas, pero donde se encontraba una construcción metálica bastante avanzada según sus sensores.

- ¡Tiene que ser el lugar!- dijo McCoy con esperanza y desesperación en la mirada- Está allí, lo sé. Y solo el cielo sabe que demonios le estarán haciendo ¡Tenemos que ir por Jim!- urgió al medio vulcano sentado en la silla del capitán.

Spock le dio una breve mirada al doctor antes de dirigirse a Checov.

- Rastreo de la superficie, señor Checov.

- ¡Da! Hay presencia de vida, señorr... Perro... los campos magnéticos que rodean al planetoide no permiten tener señales claras en los instrumentos.- señaló el joven genio mientras trataba de calibrar las lecturas en el tablero. El muchacho gruñó el señal de frustración.

- ¿Alguna señal humana?- interrumpió McCoy con urgencia.

Checov miró al doctor y asintió a medias.

- Según esto sí, perro... no puedo determinar donde... o cuantos serres vivos hay.

Spock ladeó la cabeza, sopesando las opciones y asintió.

- Dadas las circunstancias, con eso es suficiente. Bajaré de inmediato a la superficie con un equipo de rescate.

- Bajaremos, querrás decir.

- ¿Doctor?

- Nada de doctor, duende del demonio. Mi mejor amigo está allí abajo, hasta donde yo sé podría estar desangrándose o siendo víctima de alguna de sus alergias o que sé yo. No me pienso quedar aquí cuando seguro lo primero que necesita es atención médica... o un maldito golpe en medio de la cabezota por andar preocupándome de esta manera.- dijo el hombre apretando los dientes para luego respirar profundo y aclarar la garganta- Tú vas con tu equipo, yo con el mio ¿Nos entendemos?

Spock miró al doctor por un total de 47 segundos exactos antes de ladear la cabeza, mirar a la nada, levantar una ceja sopesando la situación y asentir.

- Si es que basa su decisión en su opinión profesional...

- ¡Y un demonio que lo hago! Pongo todos mis malditos años de experiencia por delante. y ahora apúrate y arma tu equipo.- le dio un toque a su insignia- McCoy a bahía médica. Torres, Xrap y Nazra al cuarto de transportación; y traigan sus malditos fazers además de su equipo de emergencias.- gruñó el galeno antes de entrar al turboelevador.

Spock asintió e hizo lo propio, llevando a Hendorff, Sulu, Smith, Zafra y da Silva consigo.

- Señor Scott, se solicita su presencia en el puente. Queda a cargo de la nave.

- Aye, señor. En camino.

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El enfrentamiento fue brutal, pues encontraron gran cantidad de alienígenas hostiles; y sin embargo no duró mucho tiempo y las bajas del lado del Enterprise fueron de un solo oficial de seguridad, el alférez Ordoval, quien se había unido a último momento al grupo.

Y es que al parecer, aun cuando los hostiles los habían superado en número, igual fueron tomados por sorpresa; y tras eliminar a 6 de ellos, el resto se teletransportó del lugar con rumbo desconocido. Ni Checov pudo determinar adonde con los sensores del Enterprise; quedando de esa manera los 10 tripulantes y los cadáveres caídos, solos en lo que parecía ser un enorme laboratorio.

Y sin embargo, lo que encontraron los dejó a todos enfermos de preocupación y terror.

McCoy incluso tuvo que desalojar a Spock de la sala con los cadáveres de varios individuos adultos de diferentes razas, algunos de ellos vulcanos. Y ni que decir de la reacción de todos cuando encontraron la habitación con las incubadoras.

- Ninguno tiene salvación.- dijo McCoy sombrío- Sus signos vitales están colapsados, solo respiran debido a los soportes vitales a los que están conectados... En realidad lo siento mucho Spock.

El medio vulcano asintió, afectado, y decidió dejar todo lo que estaba sintiendo para después, tenían un objetivo más importante en aquel momento.

En ese momento Uhura y Checov entraron a donde se encontraban los otros dos oficiales superiores junto a los equipos médicos y científicos.

- No hay señal del capitán en ninguno de los otrros ambientes, señor.- señaló el joven alférez.

- Ya establecí comunicación con el comando central de la Flota y di aviso de lo encontrado. Se van a contactar con el Alto mando vulcano para decidir un curso de acción.

Tanto Spock como McCoy asintieron, sin saber que más hacer; cuando de pronto Sulu se unió al grupo y Checov comentó con su amigo.

- Parra haber estado esperrando un ataque, se defendierron muy mal.

Sulu frunció el entrecejo.

- Tal vez no nos esperaban. Tal vez se reunieron por otra cosa.

Spock alzó la cabeza y frunció el entrecejo, sopesando conclusiones.

- Un equipo de búsqueda.- señaló mirando a McCoy.

- Jim escapó... ¡Jim escapó!- el hombre se pasó las manos por el cabello- ¡Maldición Spock! ¡Está solo allí afuera en algún lugar! ¡Debemos buscarlo!

- Perro... los sensorres... Con las ondas magnéticas de este planetoide ¡No funcionan!- señaló Checov con súbita, renovada desesperación.

- Entonces tendremos que utilizar el resto de recursos a nuestra disposición.- señaló el comandante- Empezando por el escenario más plausible. Si era un equipo de búsqueda al otro lado de las compuertas de entrada a estas instalaciones, entonces el doctor tiene razón. El capitán se encuentra en las afueras.

Y dicho aquello el grupo, que para entonces conocía como moverse en aquél lugar, salió a las afueras del laboratorio, coincidiendo para su fortuna con el amanecer y por lo tanto contando con horas de luz.

Spock miró el paisaje delante de él y señaló la formación rocosa a un par de kilómetros adelante.

- Puedo ver cuevas en esa pared de roca. Sería la ubicación ideal para buscar refugio.

- Debe de haber docenas de cuevas en ese lugar.- señaló Sulu lo obvio.

- Pues buscaré en todas y cada una de ella de ser necesario.- gruñó el doctor antes de encaminarse hacia el lugar, seguido del resto.

Finalmente se separaron en 4 grupos de tres personas cada uno, yendo McCoy con Spock y Uhura en uno; Checov, Sulu y Nazra en el segundo; Hendorff, da Silva y Xrap en el tercero; y Smith, Zafra y Torres en el cuarto; siendo que todos los demás tripulantes en la superficie seguían buscando a su capitán en el laboratorio por si acaso.

Y fue así que de pronto Spock captó un ligero aroma a madera quemada, lo cual señaló a sus acompañantes antes de seguir la pista.

Y fue una suerte que se alejase del tronco aún cardiente que casi le cae encima al doblar una esquina, dentro de la cueva, justo antes de que Uhura posara la luz de su linterna sobre la figura sucia y salvaje de James Tiberius Kirk, quien de pronto al reconocer a los que tenía delante suyo cayó de rodillas, susurrando "Gracias a Dios" mientras rodaba los ojos y caía presa de la maravillosa inconciencia.

Y ni tiempo tuvieron de alzarlo, cuando un gorjeo llamó la atención del grupo; haciendo que la teniente iluminase un punto detrás del capitán, siendo de pronto objeto de atención de cuatro pequeños pares de ojos.

- ¡Oh, cielos!

Fin del segundo capítulo

Notas de la autora:

Hola a todos y disculpen la extensiva demora, pero he estado con el trabajo hasta el cuello. Si he podido avanzar este chapter y otro par de cosillas ha sido de puras ganas que tenía de escribir... y también porque no tuve luz eléctrica en mi habitación el fin de semana pasado y me puse a avanzar a lapiz y en hoja de papel con las ideas que me rondaban.

En fin, allí en la trama la cosa se aclara un poco más. Y a todos aquellos que me pedían más POV de Kirk (porque mis dos anteriores fics fueron full Spock POV, lo admito y no me arrepiento de nada) pues allí tienen. No se quejen de que sean un tanto desesperados los pensamientos del hombre, van en contexto con el momento que está viviendo.

En cuanto a lo otro, dije que iba a haber medio vulcanos cayendo hasta de las esquinas... solo que no dije como. Espero que no me quieran matar por tanto angst que ya yo solita me estoy dando duro. No me gusta escribirlo, pero si es necesario lo hago.

En fin, ya introduje al cuarteto de duendecitos y como se imaginarán, estos van a tener mucho protagonismo en adelante en la historia.

Esperen futuros capítulos, que con suerte no demoro tanto en el siguiente. Solo faltan 8.

Un beso felino para todos.

chibineko chan

(Miembro de la Orden Sirusiana)

(Alumna de la casa de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)

(Miembro de la Mazmorra del Snarry)

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