Título: Lazos de familia

Autor: Lady chibineko

(Miembro de la Orden Sirusiana)

(Miembro de la Mazmorra del Snarry)

(Alumna de la casa de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)

Disclaimer: La franquicia de Star Trek es propiedad intelectual de Gene Roddenberry y los respectivos productores de cada saga. Esta historia entra en Star Trek: el Universo Alterno ("Alternate Original Series" o "AOS") que nos trajo J.J. Abrams en la película del 2009.

Advertencia: Este es un fic slash, lo que quiere decir relación chico-chico; si no es de su agrado este tipo de lectura por favor no sigan.

Nota: Este fic fue hecho en respuesta al reto de fics del SlashFest 2017 de la página Slash Fanworks groups/SlashFanworks/ .

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Capítulo III

El doctor Leonard McCoy suspiró por enésima vez justo antes de leer los resultados del tricorder. Jim seguía inconsciente... o más bien dicho, dormido por el momento. Llevaba casi 38 horas sin abrir los ojos, pero el doctor no podía culparlo. Las condiciones en las que encontraron a Jim habían sido deplorables, y para un período de tiempo no tan largo el cuerpo del capitán del Enterprise había terminado exhausto, estresado y maltrecho.

Con todo eso, dormir la mayor cantidad de horas posibles no estaba de más. Y aun así, Bones no podía dejar de preocuparse.

Acomodó un mechón rebelde de la, en aquellos momentos, despeinada cabeza de su mejor amigo y volvió a suspirar, justo antes de dirigirse a Christine, su enfermera.

- Voy a introducir la data de las evaluaciones a la memoria de la computadora. Por favor, mire si alguno de los pacientes necesita algo extra. En especial nuestro cuarteto de pequeños visitantes.

La rubia asintió antes de encaminarse a cumplir con lo ordenado, en tanto que McCoy se dirigía a su despacho privado en el área médica.

Y allí estaba de paso el otro asunto que lo preocupaba.

Las 4 nuevas adiciones temporales a la nave. Cuatro pequeños híbridos vulcanos, 4 inocentes que Jim había protegido casi con su vida; y a los cuales Spock, el condenado duende orejón, casi había evitado a toda costa y de manera nada discreta.

¡Demonios! Si Spock actuaba así, no quería ni pensar cómo iban a actuar el resto de vulcanos 'puros' ¡Cómo si no tuviese ya suficiente por lo cual preocuparse!

Comenzó a trabajar en los datos y pronto perdió la noción del tiempo y de lo que sucedía alrededor. O por lo menos así fue hasta que un llanto estridente, que luego se fue a cuarteto, le hizo levantar la cabeza de la pantalla del computador.

- Le dije a Christine que viese a los niños.- refunfuñó el galeno mientras se levantaba y sus instintos paternos gritaban por todo lo alto.

Sin embargo, pronto los llantos cesaron y el hombre paró sobre su sitio. Por un momento casi vuelve sobre sus pasos con la intención de seguir con el análisis de datos, pero luego un algo lo orilló a ir a ayudar a la rubia enfermera.

Eran 4 después de todo. Con esa cantidad nunca se tenían demasiadas manos para ayudar.

Claro que lo último que esperó encontrar al salir fue la biocama del capitán vacía, y al mencionado arrullando al pequeño híbrido vulcano orion.

- ¿Jim?- preguntó el doctor en un susurro.

El nombrado volteó, posó su mirada cansada sobre su mejor amigo y suspirando señaló.

- Uno estaba llorando... y luego Dos, Tres y Cinco también.- se encogió de hombros, como decidiendo que aquella era explicación suficiente, tras lo cual siguió arrullando al pequeño bebé híbrido, y prodigando ligeras caricias en las mejillas de los otros tres infantes, los cuales miraban al humano con franca adoración brillando en sus miradas de bebé.

A Leonard se le formó un nudo en la garganta.

- Ya veo.- señaló en un murmullo y se acercó a Jim- Y me alegra que nuestros pequeños huéspedes se encuentren con las caritas libres de lágrimas, pero tú aún necesitas descansar- señaló el hombre haciendo amago de tomar al niño de los brazos del rubio.

Sin embargo Jim fue más rápido a pesar de su notorio cansancio, y con un simple movimiento de balanceo evitó aquello y se alejó de su mejor amigo.

- Tienen hambre Bones ¿Y sus fórmulas? Logré alimentarlos, estoy seguro que encontraste sus fórmulas.

El mayor suspiró y reprimió un gruñido.

- Si, si. Tengo botellas listas por aquí.- respondió resignado, dirigiéndose a donde tenían almacenadas las mencionadas.

Pocos minutos después, Leonard McCoy observaba con una leve preocupación, como mientras Jim alimentaba a los bebés, uno a la vez; cada uno de estos, así como el rubio, mostraban aquellas mismas expresiones de adoración los unos por los otros.

Esos bebés eran vulcanos, al menos en parte. Con todo, el protocolo era devolverlos a Nuevo Vulcano y que el Consejo de ancianos decida que hacer.

El galeno suspiró. Aquello no pintaba bien.

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72 horas después de haber despertado por primera vez después de haber sido recuperado de sus abductores, James T. Kirk, era dado de alta y salía de la bahía médica con rigurosas instrucciones de notificar en caso de presencia de síntomas adversos, sean leves o graves y con prohibición de siquiera acercarse al puente por 48 horas más.

Tras recibir ese tipo de órdenes, James T. Kirk por lo general se recluía en su habitación hasta que el 'castigo' terminaba, obligando a McCoy a ir en su búsqueda para los chequeos necesarios.

Por eso, cuando a menos de 6 horas de haber sido 'liberado', Jim se presentó por cuenta propia en la enfermería; Leonard casi entra en pánico.

Pero cuando salió a la luz el motivo de la visita...

- ¿La hora de comer de los bebés?

- Si, ya sabes. Son bebés... Comen a intervalos regulares y todo eso ¿Ya comieron?

Leonard parpadeó... y su cerebro le informó que.

- Aún faltan unos minutos.

- ¡Oh, bueno! Entonces les doy de comer yo ¿Puedo?- dijo con una sonrisa entre pícara y sosegada, que la verdad se veía bastante extraña en los labios de Kirk. Era tan... madura.

McCoy no tuvo tiempo siquiera de contestar, antes de que Jim se encaminase hacia las biocunas de donde de pronto salieron gorjeos de felicidad absoluta, mientras Jim repartía caricias, y revisaba pañales, y probaba la temperatura de las botellas con la fórmula para cada niño.

McCoy suspiró profundo.

- Esto no va a acabar bien.- dijo con un tono de voz algo sufrido y en un susurro.

Y durante las próximas 42 horas aquello se repitió una y otra vez. Jamás le había sido al doctor en jefe de la nave, tan fácil llevar el control de recuperación de su paciente más frecuente y rebelde.

Y si ni siquiera pudo disfrutar de aquello, de lo preocupado que estaba por todo lo que estaba más que seguro que iba a salir mal.

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Tras haber recuperado a su capitán de la raza hostil, y tras asegurarse de que el mismo recibiese los cuidados necesarios de parte del jefe del área médica (¡Maldición Spock! ¡Aquí el doctor soy yo, y ese de allí no es solo mi capitán, sino mi mejor amigo! ¡Por supuesto que voy a darle el tratamiento adecuado y aún más!), Spock tomó el puesto de capitán suplente hasta la recuperación de Kirk.

Eso quería decir realizar no solo las labores programadas de Kirk, sino también informar sobre los últimos sucesos tanto a la Flota Estelar como al Alto Consejo Vulcano.

De por sí, todo lo ocurrido había sido informado en su momento, y el Alto Consejo Vulcano había tomado medidas inmediatas que ya habían sido llevabas a cabo: Tomar registro de los individuos encontrados, teniendo en cuenta género, edad, raza y planeta de origen; así como de los 'productos' generados a partir de la experimentación en el laboratorio por parte de los investigadores de la raza hostil.

Además, se colectaron los cadáveres de los hostiles con el fin de recabar información, puesto que era una raza desconocida.

Y por supuesto, estaban los 'productos' sobrevivientes.

Spock tenía un conflicto interno debido a dichos 'productos'.

Híbridos vulcanos, tal y como lo era él.

Su simple existencia traía a flote memorias que hablaban de exclusión, maltrato y penurias. No se sentía cómodo en la presencia de los 'productos' sobrevivientes, y sin embargo cumplió con su deber y tomó los datos necesarios tras efectuar los exámenes correspondientes, llegando a la conclusión de que eran 4 infantes híbridos que estaban en buenas condiciones físicas y, teniendo en cuenta cualquier posible complicación con el desarrollo de dichos 'productos' hasta la edad adulta, utilizando su propia historia médica como punto de comparación; podrían ser incluidos en la sociedad vulcana como futuros ciudadanos útiles, aún con la obvia 'desventaja' reproductiva.

Ciudadanos de segunda clase, supuso el medio vulcano; tal y como había sido considerado él mismo hasta hacía pocos años, cuando por fin ganó mediante sus acciones y logros el puesto de ciudadano vulcano que tanto había anhelado.

Y aun así, gran cantidad de vulcanos, al mirarlo, aún mostraban ese tinte de superioridad debido a sus orígenes.

Si, esos infantes tenían un largo y desdichado camino por delante. Pero Kaiidth. Lo que era, simplemente tenía que se aceptado.

Terminó de elaborar las cartillas de navegación con destino a Vafer-Tor, y reenvió el tiempo estimado de arribo tal y como se la había solicitado. No faltaba mucho: 8 días, 13 horas y 48 minutos estándar, y dejarían el episodio completamente atrás.

Finalmente, tras cumplir con aquello, tras organizar los horarios en los laboratorios y mandarlos a los destinatarios correspondientes, y tras terminar el turno alpha en el puente; Spock se decidió a cumplir de manera rápida la inspección necesaria de los 'productos', quienes se encontraban en la bahía médica.

Volvió a repasar mentalmente la lista de especies exitosamente combinadas con la vulcana durante el camino. Esa información también había sido enviada al Alto Consejo Vulcano, pues a pesar de todo y debido a la merma poblacional, aquella era una pieza de información casi vital. Y entre los sobrevivientes: un híbrido orion, un híbrido andoriano, un híbrido betazoide y (y aquí la respiración se le paraba por una fracción de segundo) un híbrido humano.

Los recuerdos volvieron una vez más a él con fuerza, y la sensación de soledad, aún entre sus congéneres y su pueblo, lo bañó casi hasta ahogarlo.

Lo mejor sería terminar de manera rápida con la tarea.

Tomó el turboelevador y fijó su destino, saliendo al mismo con prontitud al abrirse las puertas.

Más al llegar al área con las biocunas incorporadas, paró en seco.

Allí, sentado en una silla, con la pálida híbrida vulcano andoriana bien sujeta entre sus brazos mientras succionaba sin premura el alimento destinado a proveerla de nutrientes; se encontraba el capitán de la nave, ataviado con ropas informales y una ligera sonrisa, mientras murmuraba lo que parecía ser una historia sobre... ¿Chivos pequeños, un troll y un puente?

¡Ah! Su madre le había contado ese cuento entre muchos otros. Una fábula humana cuyo fin era el de inculcar el sentido de obediencia desde una edad temprana. Un objetivo importante para la formación a futuro de pequeños en sociedades como la humana o la vulcana.

Y sin embargo aquello le traía una sensación de incomodidad que no lo dejaba tranquilo.

Jim por su parte, permanecía completamente ajeno a la presencia de cualquiera que no fuese alguno de los 4 infantes presentes en las biocunas, y algo en su actitud hacía a Spock sentirse renuente a interrumpirlo, aun cuando sería lo más recomendable.

- Spock, bienvenido ¿Qué puedo hacer por ti?- fueron las palabras que lo recibieron por parte del doctor McCoy, quien se apersonó por detrás suyo. Y al voltear ligeramente, se encontró con el buen doctor mirándolo con el mismo toque de curiosidad que su voz había dejado notar previamente.

Spock ladeó la cabeza, tratando de encontrar la manera de formular el requerimiento sin herir susceptibilidades humanas, y de manera inconsciente volvió la vista a la escena previa.

- ¡Ah, si! Una escena tierna ¿Cierto? ¿Quién lo hubiese dicho de alguien como Jim? Es como un oso de felpa gigante con esos cuatro.

Spock apretó los labios, finalmente encontrando sus palabras.

- No es lo adecuado.

- ¿Disculpa?

Spock se envaró un poco, buscando como reformular lo dicho.

- Los infantes vulcanos son... altamente sensibles a estímulos externos debido al caracter de telepatía táctil propia de la raza vulcana, y al hecho de que aún no han aprendido a erigir algún tipo de barrera mental. Que un humano los mantenga en proximidad de manera tan... descuidada, no es adecuado.

McCoy pareció sopesar las palabras del primer oficial de la nave, frunció los labios, miró al techo y tras unos segundos asintió.

- Lo que tú dices tienen sentido. Sin embargo, supongo que la naturaleza híbrida de estos pequeños invalida lo que dices ¡Y qué manera de invalidarlo! Te lo digo por tu propia salud auditiva, en serio. Déjalos ser.

Spock enarcó una ceja ante lo dicho, interrogante.

- Mira, entre tantas idas y venidas, le terminé diciendo algo parecido al cabezotas ese ayer, y no lo dejé terminar de alimentar a los niños. A regañadientes se retiró del lugar, y ni bien la puerta del turboelevador se cerró, comenzó el concierto de llantos. Tratamos de todo, nada funcionó. No dejaban de llorar, no se calmaban y no querían comer. En especial Uno.- McCoy hizo una mueca- Te lo digo, ese niño deja a las banshees en vergüenza. En fin, decidí tragarme el orgullo e ir por Jim. Al abrirse la puerta del turboelevador, allí estaba él; estuvo allí los 15 minutos que duró el concierto de llantos. Se lo veía tan mal como a los niños, pero lo único que me dijo fue 'Nunca más', y creo que fue suficiente. No pienso volver a separarlos hasta que sea necesario.

Spock parpadeó, conflictuado. Entonces una palabra de lo dicho por McCoy salió de sus labios.

- ¿Uno?

McCoy suspiró y gruñó.

El pequeño orión. Uno, Dos y Tres son los niños.- el humano suspiró sabiendo lo que se veía tras lo que iba a decir- Cinco la niña.

Spock abrió los ojos con sorpresa al entender por dónde iba la cosa.

- Ni lo pienses.- continuó McCoy- No sé qué le pasó a Cuatro, pero es obvio que no sobrevivió. Lo que si sé, es que Jim prohibió a cualquiera bajo su mando en esta nave volver a esa roca infernal. Respetemos eso.

Spock volvió a envararse y frunció el entrecejo, tras lo cual posó una mirada intensa sobre el aún convaleciente capitán; y el rubio, como si sintiese la atención de otros sobre su persona, volteó el rostro y por fin notó a sus acompañantes.

- ¡Bones! ¡Spock! ¿Qué hacen allí?- preguntó de buen humor.

El doctor solo sonrió ante la actitud de su amigo mientras que Spock borró todo rastro de sus pensamientos de su rostro.

Ambos se acercaron a Kirk.

- Mocoso irreverente. Espero que no estés extralimitándote. Nada de esfuerzos hasta mañana que retomas el mando ¿Recuerdas?

Los brillantes ojos azules rodaron de manera cómica ante el regaño.

- Dar unos cuantos biberones difícilmente cae en la categoría de ejercicios fuertes, Bones. Tranquilo.- terminó diciendo con un guiño coqueto que hizo al humano mayor negar divertido- Igual ya estoy terminando. Te los dejo comidos y cambiados, listos para soñar cosas bonitas.- agregó con una sonrisa y un gesto ahora soñador en sus facciones.

- Solo por eso, casi y voy a lamentar darte luz verde para que vuelvas a tus obligaciones como capitán.

Otra risa traviesa.

- Hablando de eso ¿Cómo van las cosas por mi puente, señor Spock? Espero que todo esté en orden.

El mencionado asintió de manera corta y precisa.

- Todo en orden, capitán. La tripulación espera ansiosa su regreso al puente.

Kirk asintió con suavidad, y en un movimiento por completo natural besó los pequeños dedos pálidos de la mano derecha de la niña, antes de retirar el biberón y pararse para, entre pasos lentos y con cierto contoneo y entre suaves caricias circulares en la espalda de la niña, propiciar la expulsión de aire con un eructo que apenas y se escuchó.

- Listo, déjame cambiarla y acabo por aquí hoy.

- Toda tuya.- señaló el galeno sin siquiera intentar interferir.

Jim cambió el pañal con maestría y tras ponerle un conjunto limpio, la arrulló hasta dormirla, dejándola con cuidado en la biocuna designada.

Sorprendentemente, no solo la niña sino también los otros tres bebés terminaron profundamente dormidos.

Jim sonrió con ternura, tras lo cual depositó un beso y una caricia en cada una de las cuatro pequeñas cabezas, justo a lado de alguna puntiaguda orejita.

Se giró tras esto para mirar a los otros dos adultos en la sección de la bahía médica que se encontraban con él.

- Entonces, me retiro por hoy señores.- dijo animado, aunque algo en el rostro de Spock lo hizo parar- ¿Sucede algo, Spock?

El primer oficial pareció pensarlo un momento, tras lo cual negó.

- Negativo, capitán. En realidad, solo vine a tomar nota sobre la condición de los 'productos' para el informe que me es necesario enviar el día de hoy al Alto Consejo Vulcano. El verlo en mejor estado es una noticia adicional, bien recibida.

Era el turno de Kirk de mostrar inconformidad en su rsotro.

- ¿Productos, señor Spock?

El medio vulcano asintió.

- Los infantes híbridos son productos creados de manera artificial en las instalaciones de la raza hostil que tomó posesión de usted, capitán; por lo tanto, el término es correcto.

Esta vez fue Jim quien frunció los labios, apretándolos hasta que solo una línea delgada fue visible.

- Ya veo.- carraspeó un poco- Bueno, nos vemos luego.- dijo un tanto cortante y pronto desaparecía tras la puerta del turboelevador.

Spock miró extrañado la puerta cerrada, y luego al doctor, quien simplemente negó.

- No lo entenderías. En fin, vamos duende; te daré los datos que necesitas de los mini duendecitos. Están en mi oficina.

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Jim llevaba casi 15 minutos despotricando y yendo de un extremo al otro de sus habitaciones.

Productos... ¡Productos! ¡¿Cómo demonios se atrevía Spock a llamar PRODUCTOS a sus bebés?!

El humano estaba más que molesto ¡Estaba furioso!

Pero pronto su frustración y enojo fueron aplastados por una sensación de preocupación que comenzaba a consumirlo.

Si Spock, el vulcano más emocional que conocía (aunque el mencionado lo negase), el único que debería de saber lo que ser un híbrido en una sociedad como la vulcana, pensaba así ¿Qué sería de sus bebés al ser entregados al Alto Consejo Vulcano? ¡No iba a haber nadie que viera por ellos! Se dijo a sí mismo casi temblando.

Fue entonces que una voz le dijo, casi cantando burlona, que no; Spock no era el único... ¡Selik!

De manera casi frenética apuró el paso hasta la consola e inició la transmisión subespacial, cruzando los dedos para que el receptor estuviese allí.

Y la dama fortuna pareció sonreírle, casi tanto como el arrugado pero alegre rostro al otro lado de la pantalla.

- ¡Jim! Que maravillosa sorpresa recibir tu llamado, en especial después de enterarme de lo sucedido ¿Cómo te encuentras? ¿Cómo va tu recuperación?

- Sea lo que sea que te hayan dicho, son todas exageraciones. Yo estoy de maravilla.- declaró con una sonrisa- ¿Y tú, viejo amigo? Debería ser yo quien pregunto cómo estás. Por allí escuché sobre un susto o dos.

El medio vulcano solo se encogió de hombros con una sonrisa.

- Achaques de la edad, nada más. No tienes por qué preocuparte, Jim. Pero cuéntame ¿Cómo estás?

Y como si aquello hubiese sido una señal, Jim comenzó a contarle de todo un poco al viajero temporal, llegando finalmente al punto que tanto lo había molestado, haciendo casi un puchero en el proceso.

- ¡Productos! ¿Puedes creerlo? ¿Cómo pudo llamarlos así? ¡Son bebés por un demonio! ¡BEBÉS!- y tras aquellas últimas palabras, Jim pareció desinflarse- ¿Van a pensar todos así de ellos allá en Nuevo Vulcano? ¿Tú también piensas así?

Selik miró con una combinación de lástima y comprensión a aquel que llevaba en este universo el nombre del ser que más había significado en su vida.

- No te voy a mentir, Jim. Es muy probable que así sea.

Ante aquello, el rubio pareció desinflarse aún más. Sin embargo, el otro continuó.

- Es la forma de ser de la sociedad vulcana, aunque para ser sinceros, no es un punto de vista con el que me sienta ni cómodo ni identificado. Aunque entiendo el alejamiento de Spock en el tema, con todo lo sucedido a Lady Amanda, las vivencias de su niñez y la pérdida de su pueblo. No lo puedo culpar... y no creo que debas hacerlo tú tampoco.

Jim volvió a suspirar.

- Supongo.

El anciano medio vulcano se sintió conmovido al ver la tristeza en las facciones del joven terrano, por lo que decidió cambiar de tema de manera estratégica.

- Sin embargo, tu pareces conocer bastante a los pequeños ¿Por qué no me cuentas sobre ellos, Jim?

Tal y como lo esperaba, la luz volvió al joven rostro y pronto Jim comenzaba a describir a los niños. A Uno, el híbrido orion, travieso, alegre y dispuesto a deshacerse en risitas por todo. A Dos, quien al igual que Spock y Selik resultó ser en parte humano, con vivarachos ojitos chocolate que lo miraban todo, ansioso de aprender sobre todo lo que estaba a su alrededor. De Tres, el híbrido betazoide, con nacientes habilidades psíquicas y telepáticas, listas para comenzar a desarrollarse; con pequeños ojos negros llenos de paz, que hacían desear a Jim nunca apartarse de su lado. De Cuatro, su pequeño y valiente Cuatro, quien aunque ya no estuviese a su lado, había dejado una huella fuertemente impresa en su corazón, en la forma de las pequeñas crestas en formación en su frente, inequívoca señal de la que fue su herencia klingon. Y por supuesto de Cinco, su princesita de hielo, la pequeña híbrida andoriana; tímida y dulce.

Y al terminar su relato, Jim pareció estar completamente drenado de todo. De enojos, de frustraciones, de dolor en el alma, de ganas de gritar. Selik sonrió indulgente.

- Suena como un grupo singular.

Jim asintió.

- Lo son, créeme. Y merecen más que techo, comida, medicinas y educación luego de todo lo que han pasado, Selik. Merecen alguien que los quiera allá en Nuevo Vulcano, sobre todo cuando de pronto parece que van a estar solos en medio de tanta gente.- Jim suspiró- ¿Serías tú esa persona, Selik? ¿Crees poder quererlos?

El medio vulcano ofreció una sonrisa calmada esta vez.

- Puedes estar seguro de ello, Jim. Aún sin conocerlos, por medio de tus apasionadas y amorosas palabras, puedo sentir que empiezo a quererlos, y me encuentro ansioso por conocerlos. Y es por ello que te pido me ayudes a escoger los nombres que reclamarán como suyos el resto de sus vidas. Ese sería un magnífico regalo.

- ¿Nombrarlos?- preguntó el humano tímido, antes de aspirar hondo y asentir emocionado- ¿En serio podemos?

- Por supuesto que podemos. Me encargaré de hablar directamente con T'Pau al respecto.- de pronto un brillo travieso apareció en los ojos chocolate- Ahora, comencemos con el pequeño híbrido orion ¿Dices que tiene un buen par de pulmones?- preguntó el anciano.

Jim rió.

- ¡Oh, sí! Como ningún otro bebé al que he conocido.

La sonrisa traviesa se acentuó.

- En ese caso ¿Qué te parece Anauk? Significa 'El que grita vigorosamente'. A menos que tengas otra sugerencia.

Jim echó a reír ¡Selik era un bandido! Miren nomás ese sentido del humor retorcido.

- Suena ideal.- dijo una vez que se recuperó del ataque de risa.

La próxima hora fue la mejor que tuvo Jim desde su rescate, y lo mejor de todo es que había eliminado un montón de peso de encima de sus hombros.

Los niños iban a estar bien, mientras Selik estuviese allí para ellos. Y eso era algo con lo que Jim estaba seguro que podía contar.

Selik se lo había prometido.

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Tanto el tiempo como la nave siguieron su curso, y mientras que Jim retomaba su puesto como capitán del Enterprise y su tiempo con los pequeños híbridos vulcanos disminuía drásticamente; por fin llegaron a la órbita de Vafer-Tor.

Y James T. Kirk se preparó para uno de los momentos más duros de su vida.

Jim, Spock, Leonard y Scotty observaron con detenimiento como la comisión vulcana, precedida por la misma matriarca del pueblo vulcano, T'Pau; terminaba de materializarse en el cuarto de transportación principal. Iban a ser 4 días bastante ajetreados, llenos de informes de parte de los 3 oficiales de mayor rango en la nave a la comisión vulcana, todo lo cual iba a finalizar con el regreso de la comisión a Vafer-Tor, junto a los 4 pequeños sobrevivientes de ese laboratorio del infierno.

Claro que Jim no esperaba los invitados extra, así como tampoco Spock.

- ¡Selik!- susurró Jim emocionado.

- Sa-mekh.- exclamó Spock extrañado.

El galeno gruñó ante la falta de etiqueta de ese par.

- Señora matriarca, eh... T'Pau; bienvenida al Enterprise.

Eso sacó de su estupor a los otros dos, quienes pronto tomaron sus puestos y recibieron, según el protocolo, a sus invitados; ofreciéndose a llevarlos a sus respectivas habitaciones en la nave, con la promesa de iniciar todo al día siguiente a primera hora.

Y Leonard no pudo evitar suspirar.

Iban a ser unos días muy, muy largos.

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Al cuarto día de la visita de la comisión vulcana, Jim salió de la sala de conferencias con los dientes apretados, un dolor de cabeza de antología y unas ganas un tanto homicidas.

¿Es que los vulcanos iban en serio?... ¡¿Es que Spock iba en serio?!

Aspiró profundo, con el único fin de bajar un poco el nivel de cólera; porque lo que era tranquilizarse, sabía que era imposible.

Tan metido en su momento de rabia, que no sintió a la otra persona que lo siguió desde un inicio.

- Capitán.- fue la única y exasperante palabra.

Los hombros se le pusieron rígidos mientras que un escalofrío de pura rabia le recorrió la columna vertebral.

- Señor Spock.- respondió el otro entre dientes, y sin el habitual tono de juego- Creí haber pedido un momento.

El silencio que siguió a sus palabras le dieron a entender que el medio vulcano estaba evaluando qué decir ¡¿Cómo si hubiese algo que decir?!

Con casi un gruñido, Jim dio la media vuelta con el fin de encarar a su interlocutor.

Se cruzó de brazos, haciendo despliegue de su actitud más desafiante.

Casi sonrió al ver a Spock envararse ante aquello... Casi.

- Capitán.- volvió a iniciar Spock- Debo de expresar mi preocupación por su actitud ante la comisión del Alto Consejo Vulcano, y en especial ante la matriarca T'Pau. Sus acciones actuales podrían comprometer a futuro la alianza entre...

En serio, Jim había tenido más que suficiente ese día ¡Más que suficiente durante los útlimos 4 malditos días!

- ¡¿ES EN SERIO?!- explotó el humano sin esperar a que su primer oficial terminase de hablar- ¡Llevo cuatro... CUATRO- señaló alzando una mano con cuatro dedos extendidos- malditos días escuchando pura BASURA salir de la boca de esos... esos... ARGH! Mire, el saber que Selik iba a ser quien cuidase de los niños era mi única fuente de tranquilidad ¿De acuerdo? ¿Y que hicieron? ¡Lo vetaron! ¡Por su edad! ¡Así de simple!- Kirk apretó los puños y gruñó de nuevo- ¡Y usted viene y me habla de... ¿Alianzas?! ¡Al diablo las alianzas! ¡Hay 4 vidas al borde de ser destinadas a vivir un infierno y usted piensa en ¿política?!

- Capitán, los 'productos'...

- ¡BEBÉS por un demonio!- el rugido de Kirk se escuchó en casi toda la sección, y fue suficiente para detener al resto de los que antes habían estado reunidos y sin desear esperar más (de parte de T'Pau en especial) habían decidido seguir al par.

Spock se envaró más aún de ser posible.

- Capitán... Jim- probó el hombre suavizando la voz, tanteando el terreno e intentando llegar a expresar su punto- El apego que muestra por los pro-bebés, tal vez no lo haya notado, pero no es una acción propia sino una generada.

- Explíquese señor Spock.- exigió Kirk casi en un rugido.

El medio vulcano, viendo por fin una oportunidad, decidió explicarse de la manera más directa y concisa posible.

- No es un hecho de conocimiento estrictamente público, capitán; pero es deducible debido a la naturaleza de telepatía táctil de la raza vulcana. Los infantes vulcanos crean rápidamente lazos a nivel emocional y psíquico con el primer contacto de piel a piel. Es por ello que se acostumbra que sean los padres o futuros guardianes los que realicen en primer lugar dicha acción. Y siendo que fue usted quien al parecer tuvo el primer contacto con cada uno de los híbridos, no es de extrañar su comportamiento. Le aseguro que los efectos pasarán tras un tiempo sin que ocurra dicho acontecimiento... y tras alejarse del rango de alcance del híbrido vulcano betazoide. Una raza que además de poseer telepatía táctil, también posee telepatía mental, y cuyas habilidades están mucho más desarrolladas que las vulcanas. Como puede observar, Jim, sus acciones no son realmente aquellas que se darían dentro de su proceder normal.

Jim se cruzó de brazos, como sopesando las palabras del medio vulcano.

En tanto que los otros espectadores exhibían un despliegue de diferentes reacciones.

- Lo dicho por Spock tiene sentido.- dijo uno de los vulcanos de la comisión, y varios asintieron una sola vez, mientras que Selik solo movió la cabeza negando suavemente. Tanto Sarek como T'Pau decidieron sabiamente mantener un perfil bajo, las bocas cerradas y seguir observando.

Y en cuanto a McCoy, Uhura y Sulu, quienes habían sido designados junto a Kirk y a Spock como los representantes de la Federación durante esa última jornada... Bueno...

- ¡¿Y yo quería compartir mi vida con ese... ese...?!

- ¿Estúpido duende verde sin sentimientos?- dio McCoy un tanto de apoyo a la teniente Uhura.

La mujer solo gruñó en respuesta.

Sulu tampoco se veía muy feliz.

Kirk asintió.

- No lo había visto de esa manera señor Spock, pero ahora que me ha abierto los ojos en cuanto a ello, solo puedo decir ¡Esos son mis niños! Pequeños duendecitos listos.

- ¿Capitán?

- ¿Qué? Es la manera perfecta de asegurarse un futuro con alguien confiable ¿Y sabe qué? Creo que ellos ya eligieron.

- Señor...

- No, no. Antes de que me venga con más argumentos, déjeme preguntarle Spock ¿Su madre, Amanda, fue por eso por lo que lo quiso tanto? ¿Por su telepatía táctil?

Aquello fue como una bofetada para el primer oficial, quien de pronto con un rostro muy severo y peligroso respondió.

- Ella era mi madre biológica, capitán. no hay punto de comparación.

La sonrisa burlona de Kirk le dio un escalofrío a todos los presentes que ya lo conocía lo suficiente, porque eso solo significaba una cosa: el ratón había caído en la trampa.

El humano rubio chasqueó la lengua, emitiendo un sonido de negación ante aquella frase.

- Nah. Verá señor Spock, hay madres biológicas y hay... bueno, está la persona que te da a luz y ya. No necesariamente el que una mujer humana dé a luz significa que sea una madre. Hay mujeres que solo conservan a su descendencia por presión social ¿Qué dirían de mí si lo dejo abandonado? ¿Qué dirían si dejo al hijo de un héroe intergaláctico botado por allí? Aun cuando no lo pueda ni ver a la cara ¿Qué dirían?- el terrano asintió casi con resignación- Bueno, para eso existen los padrastros abusivos y las tías en colonias lejanas, para alejarse del niño que no quieres ni ver. Sin importar cuantas veces ese niño despertó llorando asustado por los monstruos bajo la cama, o con el pañal húmedo y sucio, o con frío... o con hambre... o adolorido.- Spock sostuvo la respiración, y no fue el único- Así que no me venga con eso de padres biológicos como excusa señor Spock. Lo sé por experiencia propia, no significan nada si no desean significar nada para el niño o niña. Sus palabras no me las trago ni con ambrosía, sé que son mentira.- más de un jadeo se escuchó ante ello, pero Kirk no había terminado- Y es más ¿Usted Spock? Tras todos estos años, sé quién es usted en la sociedad vulcana. Uno de los herederos de la casa más influyente dentro de su sociedad... Y aún así le hicieron la infancia una mierda, con todo y su título de pequeño príncipe, tanto los niños a su alrededor como los adultos... En la familia, en la escuela ¿O me equivoco?

Spock tragó duro, bajando la mirada. Nunca creyó que Kirk utilizara lo dicho durante sus conversaciones como un arma contra él.

Kirk continuó, decidiéndose a atacar sin piedad.

- IDIC y un cuerno. Muy bonito como pregonan la aceptación: Infinita diversidad en infinitas combinaciones, pero mezclan su preciosa raza vulcana y de pronto son una sociedad de estirados con palos de 2 metros metidos por el trasero ¿Y usted quiere que MIS bebés se críen en un ambiente como ese? ¿Separados? ¿Lejos del único vulcano que me ha mostrado algo de aceptación ante el hecho de su existencia?- la mueca del humano respondió su propia pregunta- Lo siento, pero no lo creo. Y tal vez los vulcanos no acostumbren caerle a golpes a sus niños como 'forma de corregirlos', pero la indiferencia y el sentirse culpables por existir duelen igual. Así que no. No los dejo irse a ningún lado, esos niños se quedan conmigo. Yo los encontré y tengo el derecho a solicitar su custodia, a adoptarlos. Y eso es justo lo que va a pasar.

Otra ronda de jadeos se dejó escuchar.

Spock miró a Kirk incrédulo.

- ¿Piensa abandonar la flota por... por...?

- ¿Mis niños? De ser necesario, sí lo haría. Pero debe de recordar siempre lo siguiente señor Spock: yo no creo en escenarios en los que no pueda ganar. Y pienso luchar hasta el final para conservar no solo a mis niños, sino también a mi tripulación y a mi nave.

Y sin dejar a Spock decir ni media palabra más, se dirigió de frente a los otros espectadores, sin mostrar ni una pizca de arrepentimiento por las palabras previamente usadas.

- Solicito la custodia de los niños vulcanos híbridos rescatados del laboratorio donde fui retenido.- dijo de frente a T'Pau- Así como solicito que desde este momento sean conocidos como Anauk George Kirk, híbrido vulcano orion. Stalek Leonard Kirk, híbrido vulcano humano. Grelek Thomas Kirk, híbrido vulcano betazoide; y por último, T'Liri Valeria Kirk, híbrido vulcano andoriano.

T'Pau posó su mirada dura sobre el terrano, y éste ni se inmutó.

- Su pedido es recibido y será evaluado por el Alto Consejo Vulcano.

Kirk asintió, satisfecho; y tras una venia se retiró.

Aun observando el sendero por el cual el terrano se había retirado, T'Pau comenzó a hablar.

- Anauk, el que grita vigorosamente; Stalek, el que es preciado; Grelek, armonía total; T'Liri, dama portadora de la nieve lejana. Al parecer el humano le ha dado mucho más que un pensamiento a todo este menester.

Selik medio emitió una sonrisa.

- La idea era que yo me quedase con ellos matriarca, pero aún así él quería poner su toque personal y yo con gusto lo ayudé. Aunque los segundos nombres on algo nuevo... una agradable sorpresa.

T'Pau emitió un sonido de aprobación. Luego volvió a hablar.

- La última vez que un humano criticó tanto nuestro método de crianza delante de mi persona, fue aquella que fue tu esposa, Sarek de la casa de Surak.- había un brillo divertido escondido en la mirada de la anciana, aun cuando su voz no dejase denotar nada de ello.

- Eso es correcto matriarca. Y no fue hasta mucho después que aprecié la verdad en sus palabras. Fue fuente de gran arrepentimiento no haberlo hecho antes.

- Tomaré eso en cuenta para la emisión de mi decisión final.- retrucó la matriarca.

- Lo mismo que yo, matriarca. Lo mismo que yo.

Fin del tercer capítulo

Notas de la autora:

Hola a todos y disculpen la extensiva demora una vez más. Lo sé, han sido varios meses desde que actualicé... pero no pienso dejar este fic tirado para nada, ni ningún otro ¡Ando avanzando! Y la verdad también ando bordando un mantel donde el 25% son motivos trekkies... y de mis OTP en el fandom (Spirk, Garashir, DaForge) y como que me ha dado el impulso para continuar. Cada vez que veo los bordados, mi imaginación se dispara xD.

En fin, espero que les haya gustado ¡BAMF Jim al ataque! Nadie se mete con sus duendecitos, ni Spock, ni T'Pau, ni prejuicios. Nadie ni nada, y Jim lo ha demostrado. A ver que opina T'Pau al respecto. Lo que sí, por lo menos Bones está allí para Jim al igual que Selik (¡Quien está vivo! ¡Yay!), eso lo puedo asegurar.

Espero que les haya gustado este chapter, lo he escrito con mucho love. Solo faltan 7 para terminar.

Un beso felino para todos.

chibineko chan

(Miembro de la Orden Sirusiana)

(Alumna de la casa de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)

(Miembro de la Mazmorra del Snarry)

~.~.~.~.~.~

Campaña de NO AL PLAGIO

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