Título: Lazos de familia
Autor: Lady chibineko
(Miembro de la Orden Sirusiana)
(Miembro de la Mazmorra del Snarry)
(Alumna de la casa de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)
Disclaimer: La franquicia de Star Trek es propiedad intelectual de Gene Roddenberry y los respectivos productores de cada saga. Esta historia entra en Star Trek: el Universo Alterno ("Alternate Original Series" o "AOS") que nos trajo J.J. Abrams en la película del 2009.
Advertencia: Este es un fic slash, lo que quiere decir relación chico-chico; si no es de su agrado este tipo de lectura por favor no sigan.
Nota: Este fic fue hecho en respuesta al reto de fics del SlashFest 2017 de la página Slash Fanworks groups/SlashFanworks/ .
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Capítulo V
Habían pasado 3 meses desde que James T. Kirk encontrase la manera de equilibrar, por lo menos en parte, su faceta como padre con la de capitán.
Había tomado mucho más que hallar la perfecta rutina de ejercicios. En realidad, había tomado prácticamente la ayuda de toda la tripulación, dándole un nuevo significado al dicho sobre requerir todo un pueblo para criar a un niño. Ni que decir de cuatro... Pero estaba funcionando.
Aunque con Anauk ya gateando y Stalek haciendo sus primeros pininos por el mismo rumbo, no era de extrañar que la tranquilidad le durase tan poco, ni que el caos llegase en el peor momento posible.
Así que un día, sucedieron dos cosas.
La primera: T'Liri comenzó a llorar de manera descontrolada y sin motivo aparente durante la madrugada.
Luego de varias infructuosas horas de intentar calmarla, Jim llamó (justo una hora antes de comenzar el turno alpha) a un recién despertado Bones, el cual fue raudo a tratar de solucionar el problema.
Claro que tras la serie de análisis realizados a la llorosa niña, el desgarrador resultado fue que Bones no tenía ni idea de cómo actuar.
- Lo siento Jim, pero más que vulcano, el problema es andoriano. Creo que le están saliendo las antenas, los bulbos al final de su frente están inflamados, así que supongo que es algo así como cuando a un niño humano le salen los dientes. De ser así, es un proceso que se debe dar por sí solo.
Jim aspiró con algo de dificultad debido al nudo en su pecho, mientras trataba de calmar a la llorosa niña entre sus brazos.
- Como un niño dentando... De acuerdo, bien. Entonces ¿Les das algo para el dolor? Debe de haber algo.
McCoy hizo una mueca.
- Sí, claro que debe de haber algo. El problema es que no tengo idea de que puede ser. Como dije, es un problema andoriano, y no sé nada sobre pediatría andoriana.
Jim cerró los ojos, angustiado, mientras trataba de consolar a la niña con un beso en la cabeza, pero al rozar su mentón con uno de los bulbos inflamados, el aullido de la niña no solo atentó contra sus tímpanos, sino también contra su corazón.
Los otros bebés, que hasta el momento se habían mostrado incómodos pero silenciosos, comenzaron a llorar.
Leonard hizo otra mueca.
- No sé si la solidaridad entre estos cuatro es buena o mala. En fin, trata de no volver a tocar su frente Jim, mécela suavemente. Yo te ayudo con los otros.
Jim asintió en automático, y ambos hombres comenzaron el lento proceso de calmar al cuarteto de medio vulcanos y consecuentemente hacerlos desayunar y alistarse para ir a quedarse a enfermería, donde los cuidarían ese día; aunque tardaron bastante, y para cuando por fin el capitán llegó al puente 95 minutos tarde, con enormes ojeras negras bajo los ojos y sintiendo como si no hubiese dormido en siglos, fue recibido como era costumbre últimamente, por el frío e impersonal primer oficial en el que se había convertido Spock, quien le ofreció una mirada que incluía la baja opinión que tenía de momento del desempeño de su superior; todo ello justo antes de informar que habían recibido un mensaje del Alto Mando de la Flota Estelar y esperaban que devolviese la llamada.
Jim colocó como pudo su mejor máscara de diplomática indiferencia, y agradeció a Spock antes de retirarse a su estudio personal, donde se dio unos minutos para recomponerse antes de que Uhura le pasase la llamada.
Y es que a pesar de todo lo sucedido durante la madrugada, nada lo tiraba al suelo como la fría indiferencia de Spock. Aún amaba al maldito idiota, a pesar de todo lo sucedido meses atrás. Y claro, su propia actitud tampoco había ayudado.
¡Por un demonio! El corazón y los sentimientos eran un asunto de masoquistas.
Tomó otra bocanada de aire y tocó el botón para iniciar la transmisión con el almirante Cartwright, quien rápidamente lo puso al tanto de la segunda situación acaecida durante el día, y eso que aún no llegaba ni a la mitad del turno alpha.
Los andorianos iban a firmar un importante acuerdo con una nueva civilización recientemente adherida a la Federación, y representantes de ambas razas iban a reunirse en espacio neutro, en la estación espacial Perseus II. El Enterprise había sido designado como medio para llevar a la delegación andoriana, actuar como su escolta durante las negociaciones, y luego retornar al grupo sano y salvo a la luna de Andoria.
Kirk casi suelta un gemido de frustración.
Odiaba cuando tenían que hacerle de chofer a las delegaciones de los diferentes planetas que conformaban la Federación, pero era parte del trabajo.
- Entendido almirante. Se le ofrecerá a la delegación todas las comodidades y facilidades del caso. Kirk fuera.
Se dio un par de minutos para mirar al techo y renegar de su suerte, y luego procedió a volver al puente para comunicar a la tripulación principal sobre la nueva misión y cambiar el curso a Andoria.
Efectivamente, los gruñidos de algunos ante las nuevas órdenes no se dejaron esperar. Por lo menos no estaba solo en su dolor.
Cinco días después, la delegación andoriana era trasportada al Enterprise, siendo recibida por el capitán, el primer oficial y el jefe médico de la nave tal y como lo dictaba el protocolo; aun cuando lo ideal hubiese sido evitar el roce entre los andorianos y su primer oficial vulcano. Pero el protocolo era el protocolo, y nadie era tan apegado a este como lo era Spock, así que no había nada más que decir.
La delegación estaba compuesta de 3 diplomáticos de alto rango, uno de ellos acompañado de su esposa y la dama de compañía de la misma, la cual pertenecía a la raza orion.
Kirk dio un paso al frente y con una sonrisa en los labios, mientras escondía el cansancio que lo embargaba, saludó a los recién llegados haciendo gala de todo su encanto y un poco más.
- Embajador Tholen ch'Araqoo, sean usted y su comitiva bienvenidos al USS Enterprise. Soy el capitán James T. Kirk, mi primer oficial el Comandante Spock, y el jefe médico de la nave, el doctor Leonard McCoy.
Tholen asintió ante el discurso de bienvenida.
- Agradecemos el servicio ofrecido por la Flota Estelar para lograr las metas trazadas para las negociaciones que se llevarán a cabo en Perseus II. Espero que todo se lleve a cabo de manera pacífica y provechosa.
- Lo mismo desea la Flota Estelar, y puedo asegurarle que haremos todo lo que posible para que así sea.
El embajador volvió a asentir y extendió una mano hacia la dama en el grupo-
- Déjeme presentarle a mi zh'yi, Palas zh'Araqoo, y mis consejeros Thelios th'Voroth y Shonar ch'Vareth.
- Un placer. Por favor, permítanme llevarlos a sus habitaciones para que se instales y descansen. A las 18:00 horas estándar se llevará a cabo una cena de bienvenida para usted y su grupo. Por los siguientes 8 días estándar, serán provistos de lo necesario para que puedan terminar de coordinar los detalles de la reunión que se llevará a cabo en la estación espacial. Ante cualquier necesidad, no duden en solicitar lo necesario a mi personal.
El embajador volvió a asentir.
- Así lo haremos.
Kirk volvió a sonreír.
- Perfecto. Entonces si son tan amables de acompañarnos...
Y la delegación fue llevada a la sección de la nave donde se encontraban las habitaciones para invitados, y Kirk cruzó los dedos esperando que nada sucediese durante el viaje.
Antes de volver al puente, fue junto a McCoy al área médica donde estaban los bebés siendo cuidados, pues debido al coro de llantos que se llevaba a cabo por la situación de T'Liri, era imposible mantenerlos con solo un alférez en las habitaciones del capitán.
Y solo ver el estado lacrimoso en que se encontraba su niña era suficiente para tirarle el alma al suelo.
- ¿Y no sabes cómo en cuanto tiempo más terminarán de salirle las antenas?- preguntó Jim a Bones casi en un gemido de angustia.
El hombre suspiró derrotado.
- He buscado en todos los textos a mi alcance y nada. Los andorianos son celosos con la información acerca de sus niños. Lo siento chico.
Jim asintió, sacó a la niña de su cuna y comenzó a mecerla con suavidad.
- Ya pasa princesa. Ya pasa. Solo tienes que ser valiente un poco más, ya pasa.- el capitán alzó la vista y la fijó en su mejor amigo- ¿Y si le preguntó a la delegación andoriana?- inquirió casi desesperado.
El doctor arrugó el entrecejo.
- ¿Y estás dispuesto a revelar la existencia de una híbrida andoriano-vulcana y sufrir las consecuencias? Mira, es una posibilidad, pero una que trae cola Jim. Yo de ti lo pensaría varias veces antes de echarle mano.
El rubio asintió mientras la niña en sus brazos se calmaba lo suficiente como para caer en un sueño intranquilo.
- Tienes razón.
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Durante los siguientes cinco días, Jim se las arregló como pudo para cumplir su papel como anfitrión de la delegación andoriana, su deber como capitán de la nave, y su deber como padre de 4 niños, de los cuales uno no le había dejado cerrar los ojos noche tras noche desde que comenzaran a salirle las antenas.
La verdad, no sabía ni como estaba en pie, aunque definitivamente gran parte de ese milagro se lo debía a su tripulación.
¡Era la mejor tripulación de toda la maldita Flota!
Pero volviendo a papeles y deberes, allí estaba Kirk asintiendo a absolutamente todo bajo el sol y tratando de sonreír en los momentos correctos, mientras contaba los minutos para retirarse a sus aposentos, y no precisamente a dormir.
Ni a divertirse.
Había descubierto que T'Liri se tranquilizaba incluso más si la ponía en cierta posición contra su pecho mientras tarareaba las viejas canciones de cuna que su abuela solía cantarle de niño. Y si T'Liri dormía, todo el equipo de mini duendecitos se iba a dormir.
Una mano sobre su pierna (muy cercana a su entrepierna) lo sobresaltó.
Era Deras, la 'dama de compañía' orion que acompañaba a la señora Palas... La misma que se había mostrado bastante interesada en el rubio humano.
Si, bien... Tal vez bajo otras circunstancias (que Kirk no era ningún santo), pero con la niña enferma y los nervios a flor de piel, pues la compañía de la bella chica orion no era en realidad una opción en su menú; así que haciéndose el desentendido y poniendo la eterna sonrisa en su rostro, preguntó afable.
- ¿Necesita algo, señorita Deras?- lo suficientemente alto y claro para no solo llamar la atención de la mencionada, sino también la de la pareja de diplomáticos para los que la orion trabajaba.
El mohín de derrota en el rostro de la bella joven demostró que aquella no había sido la respuesta que esperaba.
La verdad a Jim no podía importarle menos, y más bien hasta se alegró cuando el embajador Tholen dictaminó que ya era hora de regresar a sus habitaciones para descansar.
Mostrando un poco más de galantería, el capitán Kirk se encargó personalmente de llevar a la comitiva a sus respectivas habitaciones con el único objetivo en mente de ir luego al área médica a rescatar a sus duendecitos y llevarlos a su habitación a dormir. O tratar de hacerlo.
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Spock llegó a su habitación y agudizó el oído.
Nada de ruido en la habitación contigua.
El capitán y los híbridos aún no habían llegado, lo cual tenía sentido ya que al ofrecerse Kirk a acompañar a los dignatarios, lógicamente sería el último en terminar con las obligaciones del día.
Decidió tomar entonces una ducha sónica para luego preparase para metidas, y luego dormir las horas necesarias. O por lo menos intentarlo, ya que era casi 95% seguro que la híbrido vulcano-andoriana pasase de nuevo la noche llorando debido a la aflicción que presentaba.
Una aflicción andoriana, por supuesto; así que no había ningún conocimiento que pudiese ofrecer para aminorar la aflicción de la infante. Lo cual hubiese sido beneficioso para Spock en relación a las horas de sueño necesarias para un óptimo funcionamiento, nada más.
Spock seleccionó los enseres necesarios mientras a su mente venía lo escuchado 3.8 días antes en el puente.
'Le están saliendo las antenas a la pobre.' le había informado Nyota sin que él realmente preguntase; pero claro... nada pasaba con los híbridos sin que toda la nave se enterase, le importase al individuo al que le llegaba la información o no.
El comportamiento de la tripulación era ilógico.
Tras una ducha moderada, Spock se preparó para realizar los ejercicios de meditación necesarios, y con ello organizar los sucesos del día. Llevaba casi 1.2 horas estándar de meditación, cuando el ruido en la habitación vecina le dio a entender que el capitán y los prod... híbridos, habían arribado.
Por supuesto Spock decidió simplemente continuar con su rutina, aunque eso se viese ligeramente interrumpido por el pronto llanto del infante, que a su vez propició los llantos de los otros híbridos.
Spock aspiró profundo y trató de bloquear todo sonido externo tal y como había hecho las noches anteriores, volviendo pronto a su trance meditativo, ignorando los llantos de los niños o las súplicas del capitán por que estos se quedasen quietos a la hora de ser cambiados, o tomasen sus últimos biberones del día, o 'por favor, por favor, por favor' se fuesen a dormir.
Sin embargo, tal y como llevaba sucediendo ya desde hacía unos días, una vez que la profunda voz del capitán comenzaba a entonar las estrofas de canciones de cuna terrestres o 'nanas' tal y como su propia madre, Amanda, con tanto cariño las llamaba; algo en su interior lo arrastró a levantarse y sin siquiera notarlo, a sentarse en el suelo con la espalda apoyada contra la pared que lo separaba de la habitación contigua; tras lo cual cerró los ojos dejándose llevar por la melodía.
Su mente se llenó de recuerdos de su niñez, con su madre cantándole canciones para invitarlo a dormir entre el calor del maternal abrazo y el perfume que desprendía la mujer que tanta seguridad le brindaba. Y no fue hasta varias horas después, al inicio de un nuevo llanto por parte de la niña, que Spock se dio cuenta de que de nuevo se había quedado dormida en aquella posición.
Sintiéndose intranquilo ante su propio proceder, decidió que era hora de ir a su propia cama a descansar, y olvidar todo el asunto; prometiéndose a sí mismo no volver a perder así el control de sus acciones.
De nuevo
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Para el séptimo día de viaje, todo había salido tal cual se esperaba. Así que como era obvio, algún infortunio tenía que pasar.
Solo que esta vez no fue un ataque a la nave, un intento de sabotaje o tan siquiera cruzarse con algún fenómeno extraño en el universo.
Esta vez, la causa de la desesperación en el capitán sucedió como algo tal vez pequeño para el resto, pero enorme para él.
Estaba el hombre sentado en el puente, cuando el doctor McCoy lo llamó de emergencia al área médica. Y al llegar, sintió que se le escapaba el alma.
Dos gotitas de sangre azulada brotaban de los muñones de piel al final de la frente de la niña.
- Por todos los cielos mocoso ¡Tranquilízate! NO te llamé para verte correr dentro de mi enfermería como una maldita gallina sin cabeza, sino para que te enteraras por mi antes que por otros. No es tan grave como parece.
- ¡Pero está sangrando!
- Apenas son un par de gotas.
- ¡ES SANGRE!
- Y hasta donde sabemos, puede ser algo completamente normal. Parte del proceso.- casi gruñó el hombre mientras evaluaba si aplicar o no un tranquilizante al nervioso padre- Mira, las estamos monitoreando de todas maneras.
- ¡HAS ALGO!
McCoy gruñó.
- ¡En eso estoy, por un demonio!
Jim vio a la enfermera que estaba atendiendo a T'Liri, limpiar una vez más las gotitas de sangre solo para ser reemplazadas por otras nuevas casi de inmediato.
¡Eso no podía ser normal!
La niña dio otro berrido.
¡Al diablo con las consecuencias!
Kirk salió corriendo de la bahía médica con un solo objetivo en mente.
Llegó a donde se alojaban los diplomáticos andorianos sin ser muy consciente de la hora o de que decir, solo que necesitaba que uno de ellos le ayudase.
Tocó la primera puerta, la del embajador Tholen, y fue recibido por Deras, la chica orion; quien lo miró sorprendida pero feliz.
- ¡Capitán! ¿Hay algo que pueda hacer por usted?- preguntó casi en un ronroneo.
Kirk parpadeó, pareció pensarlo un momento y luego negó.
Y entonces llegó la voz de la compañera/esposa del embajador.
- ¿Deras? ¿Sucede algo?
Jim volvió a parpadear y sin siquiera pedir permiso ingresó y se plantó frente a la andoriana que terminaba de acercarse.
- ¡Usted! ¡Usted debe de saber! ¡Venga a la enfermería conmigo, por favor!- suplicó casi frenético.
Palas palideció.
- ¿Enfermería? ¿Acaso mi esposo...?
Jim negó.
- No, no. El embajador Tholen está bien ¡Pero mi niña! ¡Hay sangre en su frente! ¡Bones dice que son las antenas, pero no sabe!- y sin esperar más la tomó del brazo con suavidad pero con firmeza, y mientras continuaba hablando la dirigió al turboelevador donde ambos se perdieron de vista.
La orion parpadeó entre indignada y asustada.
¿Acaso el humano había preferido a su señora por encima de ella? ¡Ridículo!
Pero luego estaba lo de la sangre y la enfermería.
Optó por avisarle a su señor de manera directa.
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Palas había escuchado mucho sobre el Enterprise y su capitán, el humano James T. Kirk. Y le habían recomendado esperar hasta lo inesperado.
Pero nunca, ni siquiera en sus pensamientos más salvajes, se hubiese imaginado ser testigo de algo como aquello.
¡Una pequeña bebé hibrida! ¡Una de cuatro! Pero ésta era mitad vulcana, mitad andoriana; algo nunca antes visto. Y con un padre humano primerizo típicamente aterrorizado ante la salida de las antenas de la pequeña.
Aún recordaba cuando Tholen y Therok casi se desmayaron cuando le tocó la salida de las antenas al primer hijo del grupo de 4 esposos. Ella y Sharda tuvieron no solo que cuidar de su bebé, sino de sus llorosos compañeros ¡Que recuerdos!
- ¿Entonces señora? ¿Puede ayudar? ¿Es esto normal?- preguntó con calma el médico en jefe de la nave, mientras que a su lado, el según las lenguas a través del universo, fiero, avezado y sin temor a nada James T. Kirk, temblaba como una hoja.
La mujer extendió los brazos y acunó a la niña cuando ésta le fue entregada, y dirigió una mano a la pequeña frente.
- ¡No! ¡Llora si algo la toca!- dijo el estresado padre con el corazón en la garganta.
Palas rodó los ojos y llevó un dedo hacia el costado del montículo de piel, para luego, delicadamente, comenzar a hacer círculos en la piel sin tocar en montículo.
La niña dejó de llorar de inmediato. Palas sonrió.
- Así está mejor ¿Cierto?
Jim se dejó caer sobre una silla. El doctor y su personal suspiraron aliviados. Los otros bebés, que hasta hacía un segundo habían estado berreando, observaron la escena tranquilos y con ojitos curiosos.
- De acuerdo, sí. Fue buena idea traerla Jim. Lidiaremos con las consecuencias luego.- le dijo el doctor al capitán, y luego se dirigió hacia la andoriana- ¿Hay, por si acaso, alguna medicina o ungüento que podamos usar con ella? Lo he intentado todo con medicamentos estándar e incluso vulcanos, pero no he logrado más que lapsos muy pequeños de mejora para ella. Y es muy pequeña para usar algo fuerte.
Palas sonrió a la pequeña y asintió.
- Pondré la fórmula en su replicador.
El humano suspiró y asintió agradecido.
- Le estaremos todos infinitamente agradecidos por ello.
La andoriana abrió la boca para decir algo, cuando de pronto su ch'te ingresó al lugar haciendo más ruido que una avalancha andoriana. Palas resopló molesta cuando la niña comenzó a berrear de nuevo.
- ¡Tholen ch'Araqoo!- siseó la andoriana, tratando de volver a calmar a la bebé entre sus brazos.
Esto detuvo en su sitio no solo al embajador, sino a la sorprendida chica orion detrás de él.
Luego de ese incidente, tras calmar una vez más a los cuatro bebés, dar la fórmula del ungüento al doctor y explicar cómo la niña ya estaba en la última fase del brotamiento de sus antenas y como en unos cuantos días más todo terminaría; la pareja se sentó junto al capitán y el doctor enla oficina del último, mientras el personal médico libre le hacía de niñeros por unos minutos más.
Tras un suspiro, Jim contó lo sucedido tras su abducción, y el embajador concordó con que efectivamente el Alto Consejo Vulcano y al Alto Mando de la Federación les habían devuelto los restos de los andorianos que habían desaparecido desde hacía años atrás, así como el material genético que habían sido llevado a Andoria con la esperanza de ser utilizado en traer nueva vida entre su gente.
No era secreto, la ya preocupante disminución en el número de andorianos generación tras generación, y es que se necesitaban 4 individuos para la concepción de uno, y eso no hacía la tarea fácil.
Incluso el hogar de la familia Araqoo, el cual contaba con 3 niños, era visto como un fenómeno poco frecuente.
Leonard casi podía ver por dónde iban los pensamientos de la pareja.
Una híbrido vulcano-andoriana, algo imposible y que sin embargo estaba allí ¿Sería ella una zhen? ¿Una shen tal vez? ¿O como las hembras vulcanas, sería capaz de tanto ser fecundada y producir al infante, así como llevar a término la gestación?
El galeno decidió intervenir.
- Embajador, milady. No es por ser irrespetuoso, pero si están pensando en la niña como una respuesta al problema reproductivo de su pueblo, les recuerdo que la mayoría de los híbridos, según registros, son estériles. E incluso si no lo fuese, puede que sea solo fértil con material genético vulcano. Igual esto se sabrá solo cuando ella alcance la edad fértil, y para eso faltan muchos años.
Si claro. Sangre azul y un ADN más próximo a andorianos que a vulcanos; pero McCoy tenía que proteger a su sobrina ¿De acuerdo?
Jim abrió los ojos asustado y casi saltó de su asiento.
- ¡¿Qué?! ¡No! ¡No voy a dejar que usen a mi hija como fábrica de bebés!- anunció fiero el rubio.
La pareja negó de inmediato. Palas tomó la palabra.
- ¡por supuesto que no, capitán! ¡Jamás haríamos eso! Los niños son casi sagrados para nuestra raza, y cada uno cuenta.
Jim volvió a tomar asiento un poco más tranquilo, aunque no demasiado.
- Sin embargo- intervino el embajador- las palabras del doctor poseen verdad. Nunca le infligiríamos daño a su hija, capitán; y como bien han dicho, faltan años para que su cuerpo complete su desarrollo. Sin embargo, y solo con su consentimiento y el de su hija, llegado el momento ¿Sería capaz de dejar que nuestros doctores le hicieran las pruebas necesarias? Cualquier oportunidad de ver crecer a nuestro pueblo es una oportunidad que no se puede desperdiciar.- el hombre mostró congoja- Año a año somos menos, y es posible que en unos pocos siglos ya no exista ningún andoriano en el universo, de no encontrarse una solución a nuestro problema.
A Jim y a Leonard se le formaron nudos en la garganta.
- Le doy mi palabra de hablar con ella llegado el momento, explicarle bien lo que sucede, y luego dejarla elegir.
La pareja aceptó aquello agradecida. No podían pedir más.
Luego de eso, el resto de la misión fue de maravilla.
La delegación andoriana logró un excelente tratado con los nuevos miembros de la Federación, y a mitad del viaje de regreso a la luna de Andoria, T'Liri lucía ya orgullosa su nuevo y delicado par de antenas, las cuales se mostraban justo donde acababa la frente y comenzaba su blanco cabello.
A Jim se le caía la baba cada vez que la veía, para diversión de Bones y muchos otros, incluyendo a la pareja de andorianos, quien habían prometido guardar el secreto de la existencia de la niña, incluso de sus compañeros de viaje, hasta que el capitán (que era el padre, después de todo) decidiera darla a conocer al universo. Tras llegar a Andoria, dejaron a los dignatarios y retomaron su rumbo a zonas no mapeadas del universo.
Entonces Andoria estaba feliz, el Alto Mando de la Flota estaba feliz y Jim dormía de nuevo por las noches.
El universo era un lugar maravilloso.
Hasta que por supuesto un día, casi finalizando el turno alpha y en una de esas pocas ocasiones donde los cuatro pequeños y ya móviles niños del capitán se encontraban en el puente (gateando y poniendo sus pequeñas manitas en todo lo que estuviese a su alcance hasta el momento en que papi y tío Bones los alzaran y los llevasen a la habitación para bañarlos, cambiarlos, alimentarlo y besar sus pequeñas cabezas antes de hacerlos dormir), una nave desconocida apareció de improviso y la nave completa entro en alerta amarilla.
Tío Bones recogió a Grelek y Stalek, mientras que la tía Nyota se hizo de Anauk y T'Liri; todo mientras papi Jim gruñía órdenes a diestra y siniestra sobre cosas como levantar escudos, correr los sensores en la nave extraña y otras cosas más que la verdad ellos aún no entendían muy bien, porque no tenían nada que ver con biberones o sus suaves frazadas o sus juguetes.
Entonces tía Nyota maldijo de pronto, pues ella debía de centrarse en tratar de entablar comunicación con los desconocidos, pero estos no estaban respondiendo. Y entre el estrés y los dos niños en sus faldas, poco era lo que estaba avanzando.
- ¡Len!- gritó la teniente.
- ¡Ya tengo a dos!- gruñó el galeno con su acento sureño.
Tía Nyota bufó y Anauk igual terminó arrimado junto a sus hermanos.
Y T'Liri... bueno, ella de pronto llegó a los brazos del primero que pasó al lado de su estresada tía, quien resultó ser el adulto que tenía orejas como ella, el que nunca jugaba ni con ella ni con ninguno de sus hermanos, y quien hasta ahora ni siquiera los había cargado.
T'Liri se sintió muy feliz de que este adulto la cargase. Se sentía tan bien que ofreció una sonrisita mostrando todos los pequeños dientecitos.
Spock se sentía paralizado. Hacia tan solo un segundo estaba corriendo de un panel a otro mientras contrastaba lecturas, y ahora estaba parado a medio camino con la híbrido vulcano-andoriana en sus manos, mirándolo a los ojos con un grado de confianza antinatural, y una sonrisa que mostraba pequeños dientes nuevos.
No tenía ni idea de que hacer.
Lo peor de todo, para colmo, no estaba sucediendo en el exterior, sino en el interior. El contacto con la niña le estaba trayendo una especie de hormigueo que iniciaba en sus manos y se extendía como una cálida manta hasta cubrir todo su cuerpo. A un costado, su corazón latía desbocado.
Entonces la niña soltó un suave gorjeo, alzó sus azuladas y pequeñas manos y las colocó una en cada mejilla del primer oficial.
Spock casi podía ver el lazo formándose en el interior de su mente, afianzándose con la templanza del titanio y la inamovilidad de una roca madre.
Y de pronto todo eso le fue arrebatado de un plumazo.
El comandante observó confundido al alférez que tomó a la niña entre sus brazos y se disculpó, asegurándole que aquello no volvería a pasar, justo antes de verlo seguir al doctor McCoy al turboelevador, sacando efectivamente a los infantes del puente.
- ¡Señor Spock! ¡Que dicen los sensores!- la pregunta realizada con un grado de exigencia por parte del capitán lo sacó de su ensoñación, y pronto volvió a su trabajo como si lo anterior nunca hubiese ocurrido.
Pero ocurrió.
Y una vez que la situación se encontró bajo control, y la alerta amarilla pasó y el personal del turno alpha por fin salió del puente, Spock se dirigió casi como autómata hasta la sección donde se encontraban los laboratorios para trabajar y supervisar sus varios ensayos y experimentos, y cuando terminó, se dirigió a su habitación y realizó su rutina habitual igualmente en automático.
Excepto que una vez más, en medio de su meditación, la voz del capitán cantando nanas lo atrajo como en un trance hasta la pared, donde se apoyó una vez más y volvió a escurrirse hasta el suelo, completamente hechizado sin siquiera notarlo.
Pero esta vez, junto a los recuerdos de su madre y su niñez, pudo sentir en sus mejillas las pequeñas, delicadas y frías manos de la pequeña niña que en aquellos momentos se encontraba al otro lado de la pared.
Cerrando los ojos, Spock se dejó llevar.
Fin del quinto capítulo
Notas de la autora:
Bueno, esta vez no demoré tanto, así que lo cuento como un triunfo. Gracias a todos los que han esperado, leído y los que comentan.
Ahora bien, estamos entrando a un punto donde nuestro querido Spock está bastante conflictuado con sus sentimientos; a ver si luego se ordena un poco todo en su interior. Además... la información sobre la existencia de los híbridos comienza a ser conocida por gente fuera del Enterprise, el Alto Mando de la Federación y del pueblo vulcano, eso podría ser un problema.
Eso y más en el siguiente capítulo ¡Nos leemos pronto!
Un beso felino para todos.
chibineko chan
(Miembro de la Orden Sirusiana)
(Alumna de la casa de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)
(Miembro de la Mazmorra del Snarry)
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