Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola, es día de actualización, así que estoy aquí, con un capítulo más, esperando que sea de su agrado, quiero agradecerles todo el apoyo que me brindan con esta historia, mil gracias por sus reviews, favorites y follows, bien, espero que la historia esté gustándoles, sin más, los dejaré leer.

Gracias por todo, nos leeremos pronto, cualquier cosa, no duden en decirme 💖


La risa de alguien despertó a Scorpius, así que salió de la habitación de su amigo, y se quedó de pie en el umbral de la puerta, James le daba la espalda, estaba en la puerta de la habitación de Lily, y reía de forma divertida.

—Te dije que no los tomaras, y aun así, desobedeciste mi orden.

—Cállate ¿para qué tienes caramelos así?

—Porque obviamente ya te conozco, pero has estado negando que has estado entrando a mi habitación, no tenía pruebas, pero muchos chocolates desaparecidos.

—Nunca alguien de tus admiradores había sido tan cruel, tú rechazas sus ofrendas, yo me beneficio.

—Para que no vuelvas a entrar, confórmate con los que te da Teddy, y deja mis ofrendas en paz, nunca sabes que te van a mandar.

James cerró la puerta, se giró para toparse con él, como siempre, con ese semblante tranquilo, pero la pequeña sonrisa aun en sus labios, haciendo que Scorpius lo encontrara extrañamente guapo.

—Lamento si nuestro alboroto te despertó –se disculpó y avanzó hasta su habitación.

—Oye –lo detuvo, sin saber la razón, lo escuchó suspirar resignado, y se giró para encararlo de nuevo –tengo una pregunta para ti.

—De acuerdo –se cruzó de brazos.

— ¿Por qué lo haces?

La confusión en la cara de James fue clara para Scorpius, y aquello le pareció curioso, rara la vez dejaba que los demás observaran sus emociones, por pequeñas que fueran, como en ese momento.

—Necesitas darme un poco de contexto –argumentó él –no puedo trabajar de cero.

—Sabes de lo que hablo –argumentó.

—No, Scorpius, no sé de qué me hablas, pero si sólo soltarás preguntas sin fundamento y contexto, lamento que no pueda darte una respuesta –se giró hasta su habitación.

—Dime ¿por qué haces lo que haces? Normalmente eres tan amargado como un Malfoy, con la misma máscara impenetrable, pero… te pones a bailar con un ridículo tutú, y te dejas manipular por una niñita cuando claramente Albus no puede y no sé si alguien aparte de Luna pueda, dime ¿por qué ese cambio?

—Mejor dime ¿por qué no? –Se encogió de hombros.

No dijo nada, se quedó callado, como si aquella respuesta fuese tan simple, que hasta un bebé pudiese comprenderla, pero Scorpius no podía, seguía sin entenderlo.

—No te entiendo –se animó a confesar.

—Dime ¿por qué no lo haría? Es algo que está en mis posibilidades hacer, ¿puedo dedicarle una hora de mi tiempo a mi hermana? Sí, ¿voy a morirme si me pongo un tutú y bailo una de sus coreografías? No, ¿voy a hacerle feliz si lo hago? Por supuesto, yo no hago algo que no quiero, y que no está en mis posibilidades, hago lo mismo con las personas que conozco, ahora por ejemplo, estoy contestando tu pregunta –se encogió de hombros.

—Porque eso me haría feliz –se burló el rubio.

—No, simplemente porque tienes curiosidad, y no me afecta en nada el darte una respuesta, ya te lo dije, no hago nada que no quiero, aunque a veces no se me caiga nada con hacerlo, igual, si me afectan directamente las cosas, no las hago, pero, a nadie se le ha caído algo, o se ha muerto por usar un tutú, un vestido y bailar con uno de tus amigos ¿o sí? Bueno, sigo vivo, y lo hago seguido –le dio la espalda –descansa un poco más, esta casa no cobrará vida sino hasta dentro de dos horas, sueña bien, Scorpius.

Hacer felices a las personas no podía ser tan fácil como James Sirius decía, todo en la vida era complicado, nada tan sencillo ¿o es que él tenía conocimientos que el resto del mundo ignoraba?

Volvió a entrar a la habitación, con la pequeña plática en su cabeza, él siempre hacía eso, recordaba verlo hablando con algunas personas en el colegio, pero ¿qué tanto influía su filosofía en su vida diaria?

El rubio hizo una mueca, lo pondría a prueba, para ver si era verdad, o sólo quería confundirlo con palabrería idiota.

—X—

Tal como lo había dicho James, las personas en ese lugar, comenzaron a salir a las nueve de la mañana, el olor a tocino inundó el lugar, no importaba cuantas veces fuera, seguía sorprendiéndole que pudiesen bajar a desayunar en pijamas, se sentó junto al amigo de James, así que Albus se sentó a su otro lado, Lily lo evitó, pero saludó alegre.

—Te ves un poco amarilla, Lily ¿todo bien? –La cuestionó Alex.

—Ah –el tono amarillo cambió, así que Scorpius supuso que se sonrojó.

—Todo bien ¿cierto, Luneta? –Contestó James, sentándose a su lado –buenos días mamá ¿puedo ayudarte en algo?

—Claro –sonrió la pelirroja –ayuda a tu padre con el desayuno.

—Desde luego –se volvió a poner de pie.

La mirada de Scorpius fue hasta el joven, los pantalones de la pijama y la playera no eran los que había visto sobre la cama el otro día, así que sin quererlo, observó a Alex, y al notar que traía puesto lo que olió, le dio una sensación de malestar.

—Te pusiste verde –comentó Albus –dime ¿todo bien?

—Sí, me acordé de algo –comentó con desagrado.

—Más tocino para nosotros –comentó Alex, divertido.

—Si sigues comiendo tocino, comenzarás a sudarlo –argumentó James, colocando más cosas en la mesa.

—James ¿podrías pasar la mantequilla? –Preguntó Albus.

—Por supuesto –se levantó y fue hasta la cocina, volviendo con ella.

—Oye ¿y por qué no hay más leche en mi vaso? –Preguntó Lily cuando estuvo a su lado.

—No lo sé, mamá la sirvió –se encogió de hombros.

—Quiero más.

—Bien.

El moreno volvió a levantarse, sin chistar ni mala cara, observó a su mejor amigo y a la pequeña pelirrojita, aquello era tan normal, que no podían estar poniéndolo a prueba por él ¿o sí?

—Oye, James, Teddy dijo que si podías ir a ayudarlo con algunas búsquedas en la biblioteca –comentó Harry Potter saliendo al comedor –buenos días a todos.

—Buenos días –saludaron todos.

—Claro papá, dime ¿puedo aprovechar para hacer algunos de mis deberes? Podré llevar a Alex, o a Lily.

La niña se atoró con el panqué y observó aterrada a su hermano, no quería pasar el día en una biblioteca, y más porque la condición era, ella o Alex.

—Teddy puede solo, papá –argumentó Lily.

—No, necesita ayuda en una cosa para no sé qué.

— ¿Entonces para qué estudia algo con lo que no puede? –preguntó la pequeña, haciendo reír a todos a la mesa.

—Eso mismo vamos a preguntarte a ti, cuando decidas que vas a estudiar –argumentó James, negando divertido.

—Si es que puede terminar Hogwarts bien –soltó Albus.

—Claro que terminará –soltó Scorpius, pateando a su mejor amigo bajo la mesa.

—Ah, Scorpius –se quejó con la boca llena.

—Un poco de modales no te vendrían mal, Albus –soltó Ginny Potter.

—Mamá, quiero más –soltó Lily, extendiendo su plato, en las mismas condiciones que Albus.

—Ah, no sé por qué los genes de Ronald fueron más fuertes que los míos –rodó los ojos frustrada.

—Tío Ron es increíble –soltó la niña –me gusta hacer competencia de eructos con él –sonrió y cuando sus ojos notaron que Alex la observaba, se puso tan roja como su cabello.

—Quisiera estar presente en alguna –admitió el chico, divertido.

La vergüenza de la pelirroja fue cubierta por que alguien habló desde la estancia, los ojos de Lily brillaron y se levantó apresurada, completamente alegre, como la niña de diez años que era.

— ¡Teddy! –la escucharon gritar feliz.

Scorpius observó a Harry Potter mover la cabeza negativamente, mientras suspiraba, al parecer, él y James eran los únicos en saber que toda esa fiesta y algarabía se debía a los dulces clandestinos que le llevaba el metamorfomago, así que el rubio se preguntó ¿qué tanto cambiaría esa relación cuando ella creciera?

—Buenos días –saludó Ted, entrando al comedor.

La pequeña pelirroja estaba en sus brazos, y sus piernas rodeaban la cintura del hombre, tenía que ser muy ligera, porque la sostenía con mucha facilidad, o eso pensó Scorpius.

—Bájala, Ted, o se te pegará como sanguijuela y no te dejará el resto de tus días –se burló Albus.

—No me incomoda –se encogió de hombros, volteando a verla –dime ¿a ti si te incomoda estar en mis brazos el resto de tu vida?

La niña negó. —Para nada, eres mi niñero favorito –argumentó.

—Pero ponla en el suelo, Ted, aún no termina de desayunar –argumentó Ginny –señalando el plato.

—Ni modo, princesa Luneta, es hora de terminar el desayuno.

—Bien –contestó a regañadientes para ir hasta la mesa.

—Pero bien ¿quieres desayunar algo? –Cuestionó James.

—No, desayuné antes de venir.

—Es una lástima –soltó Ginny –James ¿podrías?

—Claro, mamá.

Se puso de pie y avanzó hasta la cocina por un plato, para que el metamorfo se sirviera un poco de lo que había, así que no tuvo más remedio que sentarse a la mesa.

—Gracias por tan bonita invitación –soltó divertido.

—Posiblemente es para que así puedas aprender a encontrar tú solito las cosas –argumentó Lily, inclinándose sobre la mesa para verlo.

—Compórtate, Lily Luna –soltó Ginevra enfadada –no seas grosera, te guste o no, Ted es tu mayor, y tienes que respetarlo.

—Respétame, eh –elevó las cejas, divertido por el regaño.

—Es viejo, pero no es ni mi tío ni un adulto desconocido –gruñó Lily.