Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola de nuevo, quiero disculparme por tardarme en actualizar, pero para ser completamente honesta con ustedes, he estado un poco mal de salud, y bueno, apenas estoy teniendo cabeza para algo, gracias por el apoyo, y ojalá les guste el capítulo.

Gracias por todo, nos leeremos pronto, cualquier cosa, no duden en decirme 💖


Scorpius escondió la caja enorme de chocolates en su espalda cuando vio a su mejor amigo casi frente a él, no quería que lo viera comprando dulces, normalmente no le importaría, pero se había sentido tan culpable que por su culpa castigaran a Lily Luna, que decidió disculparse con ella de una manera anónima, así que compraría esos chocolates y los enviaría, obviamente como si fuese un "tributo" para James, y ella pudiese comerlos en venganza.

No necesitaba ser un genio como el mayor de los Potter, para haber deducido el comportamiento de esa familia, así que sabía muy bien que ese plan era infalible.

—Te has tardado años ¿son para alguien especial? –Elevó una ceja Albus.

—No comprendo lo que dices, Albus –fingió demencia.

—Los chocolates ¿son para alguien especial?

—Yo no…

—Scor, estás frente a un espejo –señaló con la vista.

La mirada gris de Scorpius se posó sobre su hombro y en efecto, la enorme caja en forma de corazón con los chocolates "más deliciosos" que había en Honeydukes resaltaba demasiado.

—Sí, para alguien muy especial –se encogió de hombros, mostrando la caja a su amigo.

—Vaya que sí, Malfoy, son los más caros que hay en la tienda.

—Bueno, que puedo decir, jamás escatimo en gastos cuando se trata de obsequiar cosas a alguien importante para mí.

—Ese chico tiene que ser realmente guapo –admitió el moreno, observando las varitas de regaliz.

—Bueno…

—Tranquilízate –pidió Albus en tono tranquilo –realmente no me interesa que te gusten los chicos, para mí que busques dulces para una chica o un chico es igual, eres mi amigo, y aunque no lo demuestro o digo mucho, eres importante para mí.

—Ahora suenas como tu hermano –se burló Scorpius.

—Olvídalo, ahora eres el décimo en la lista de personas cool.

—Voy a llorar desconsolado por la noche, te lo aseguro –se burló.

—Como sea, paga esto y vámonos.

Scorpius sonrió cuando Albus puso una cantidad considerable de varitas de regaliz sobre la caja de chocolates, no dijo nada, se dirigió a la caja a pagar ¿cómo iba a negarse? Después de todo, pagaría más de quince galeones por unos chocolates para Lily Luna, que no pagara cuatro por los dulces de su mejor amigo, las amistades no se compraban, pero si se les invertía.

Albus y él corrieron apresurados por los pasillos del colegio en dirección al gran comedor, habían decidido regresar caminando a los terrenos del colegio y aquella había sido una mala idea, porque se habían comido la mayoría de sus dulces de la semana y aun así seguían con hambre, así que la hora del banquete era lo mejor que les había pasado ese día.

—Realmente sentía que me desmayaría del hambre –murmuró Albus, mordiendo una pierna de pollo.

—Puedo verlo por la cantidad de huesos en tu plato –se burló el rubio.

—Cállate, que no porque comas como de la realeza, significa que no haya gran cantidad de comida en tu estómago en estos momentos.

El rubio le otorgó una sonrisa divertida, y sus ojos se posaron en la mesa de Gryffindor, James Sirius estaba absorto en un libro, completamente solo, Alex charlaba con un apuesto chico ¿se habían peleado? Aquello era realmente extraño, a veces tenía la sensación que esos dos eran algo más que buenos amigos.

Se distrajo un momento, para notar que realmente no era el único con su vista en el castaño, incluso la muy solicitada Violet estaba idiotizada en esos momentos, una sonrisa de oreja a oreja se mostraba, y no le interesaba que los demás lo notaran, menos el chico indicado.

La carta de rechazo que le había escrito, sin duda había afianzado el gusto de la chica por Sirius Potter ¿qué acaso no tenía ni una sola gota de amor propio?

—Estás irritado –comentó Albus –dime ¿por qué?

—Bueno, tendremos que hacer algo más serio al respecto –señaló a Violet de forma discreta.

El moreno se giró con poca discreción, haciendo que su amigo pusiera los ojos en blanco, negó, y notó el disgusto en Albus, así que era normal que se sintiera así de irritado también.

—No sé qué tiene, siempre le va bien, incluso cuando le va mal –bufó.

—Tiene buena suerte, supongo.

—Es un mojigato, no sé qué le ven todos estos idiotas en el gran comedor, solo es inteligente.

—Bueno, sí es un poco guapo –comentó Scorpius.

Los ojos esmeraldas de Albus Potter se posaron en él, con ganas de que Scorpius se ahogara con su propia sangre en ese momento.

—M—

Alex levantó la vista cuando James se sentó frente a él, no sabía si quería arreglar las cosas porque le interesaba la información sobre Violet, o su brillante mente se había atrofiado, y se le había olvidado que no se hablaban.

—Lárgate –comentó en tono seco.

La mirada del chico se posó en lo que el castaño puso sobre la mesa y deslizó hasta él, tuvo unas ganas enormes de reírse, era bastante consiente de la poca finesa de su amigo al socializar, aquello sinceramente no era lo de él, así que intentara sobornar su perdón con un muffin horneado claramente por su abuela, y sus segundos favoritos, era algo digno de recordarse.

—Le pedí a la abuela que los horneara –se encogió de hombros –así que vamos ¿me disculpas?

—No creo que merezcas un perdón tan rápido, James.

El castaño hizo una mueca de confusión clara, Alex observó sobre su hombro cuando escuchó suspiros a su alrededor, aquella escena debía parecer o romántica o dulce ante los ojos de las chicas o no tenía idea de qué podía pasar por sus cabezas.

—Lo cierto es que no comprendo la razón por la cuál te enfadaste conmigo, pero como dejaste de hablarme, claramente supe que tenía que disculparme, por lo que sea que hice.

—He de admitir que eso es de las cosas que más me molestan de ti, James, que no sé si eres demasiado inocente, o demasiado manipulador.

—Un manipulador ¿por qué? –Elevó una ceja.

—Deja de hacer esas caras –sujetó el muffin, mientras le dedicaba una mueca de enfado –van a pensar que estamos saliendo y que claramente soy el malo de la relación.

Alex se puso de pie enfadado, tomó sus cosas y comenzó a alejarse a grandes zancadas.

—Pero ni siquiera me gustas –soltó James, completamente confundido por la actitud se su amigo.

Decidió no prestar demasiada atención a eso, él había cumplido con el requisito social de disculparse aun desconociendo su falla, si él no quería disculparlo, era decisión suya, así que sacó sus cosas y se puso de pie para ir por un libro que necesitaba.

Cuando volvió a la mesa donde estaban sus cosas, encontró una caja de chocolates y una nota, hizo los dulces a un lado, y tomó la nota.

Has incrementado mi interés en ti, y no soy una persona a la que tengas posibilidad de resistir, deberías saberlo, te veré por los pasillos, disfruta los chocolates.

Violet Z.

Levantó la vista, algunos estaban murmurando sobre su expresión, pero la sensación de que tenía un cubo de hielo recorriendo su espina dorsal no se fue ¿por qué rayos Violet le dejaba esas notas?

¿Qué dementores era lo que estaba pasando?

La mirada de Violet también estaba sobre él, se levantó de su asiento y se perdió en uno de los pasillos de la biblioteca, las manos le temblaron y las piernas le pesaron cuando la idea de saber de una vez por todas lo que pasaba llegó a su mente.

Él no encajaba en la descripción de un Gryffindor, así que no entendió porque el sombrero no dudo ni un microsegundo ponerlo ahí, ni siquiera lo habían colocado sobre su cabeza cuando él había tomado una decisión, tampoco comprendía por qué era un prefecto.

Recordó cuando el mejor amigo de su hermano se burló de él, y dijo que debió ser un Hufflepuff o un Ravenclaw, pero no un Gryffindor, porque era todo, menos valiente.

Avanzó rápidamente por la biblioteca hasta el pasillo por donde Violet desapareció, ocasionando un cuchicheo que no se apagó ni porque la señora Pince los mandara callar, pero no detuvo la sorpresa en los alumnos.

James dobló en el pasillo, pero había perdido su oportunidad de cuestionar a la chica sobre su repentino interés.

¿Qué había alterado el curso del universo para que alguien tan popular como ella se fijara en él? Que por lo único que los demás lo volteaban a ver, era por quién era su padre.

Gruñó un poco frustrado, apretó la quijada, tendría que rogarle a Alex sobre la información, eso daría luz a todo aquel misterio, se giró para regresar a sus cosas y ponerse a estudiar, o su padre se enfadaría si no avanzaba en su educación.

Su espalda chocó con un librero y un momento después percibió el aroma de Violet, y los labios de la chica estaban sobre los de él.