Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.
CAPÍTULO 9:
(SAGITARIO)
ESTÚPIDO CUPIDO
Si el culpable no fue Cupido, ¿entonces quién?
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Sentado junto a Levi en la sala de su departamento, Eren, sintiéndose el ser más infeliz del mundo, repasó una vez más el libro que leía sin comprender nada en absoluto.
Cuando esa mañana de sábado Levi lo llamó para avisarle que no hiciese planes, ya que iría a su casa para que pasasen el día juntos, su malhumor por ser despertado había cambiado a buen ánimo en cuestión de un segundo, sacando a Armin a la fuerza de la cama para que le ayudase a poner todo en orden y luego despachándolo sin muchos miramientos donde Annie, pidiéndole que no regresara hasta el día siguiente de ser posible.
No obstante, con lo que él no había contado, fue conque los planes de Levi fueran otros muy distintos, demasiado en su opinión, tanto que Eren en esos momentos se arrepentía enormemente de haber echado a su amigo de la casa, preguntándose si sería muy tarde para llamarlo y pedir perdón, implorando su ayuda.
—No veo tus páginas moverse, mocoso vago —lo regañó su novio, bebiendo un sorbo de té. Eren, mirándolo muy serio, intentó trasmitirle todo su descontento, cosa que al parecer funcionó, ya que este suspiró antes de preguntarle—: ¿Qué mierda pasa ahora?
—¡Que usted me ha engañado! —protestó él, cerrando el libro y dejándose caer contra el respaldo del sofá—. Me ilusionó pensando que tendríamos una cita y hemos acabado en… esto.
Las cejas de Levi se arquearon con sorpresa al oírlo, no obstante, cuando un atisbo de burlona sonrisa asomó a sus labios, a Eren le entraron unas ganas locas de golpearlo. Era injusto que aquel hombre tuviera la habilidad de acelerarle el corazón y enfurecerlo, todo al mismo tiempo.
—Tch, no recuerdo haber especificado que tipo de cita tendríamos, ¿verdad? Estamos pasando tiempo de calidad como pareja, tal como me pediste. Deberías estar contento.
—¿A esto se refiere con «tiempo de calidad»? —preguntó molesto, dejando el infame libro de esoterismo sobre el regazo de su novio—. ¡Es solo tiempo de lectura! Hasta las clases de Literatura de la escuela eran más entretenidas, y eso que me dormía todo el tiempo.
La mano de Levi pellizcando su mejilla ante su reclamo lo pilló por sorpresa, pero Eren aprovechó la oportunidad y tiró de él para tumbarlo encima suyo y así poder besarlo.
Nada más separarse, los grises ojos de su novio se afilaron a modo de advertencia por su osadía, pero debido a sus experiencias anteriores, Eren sabía que tenía un cincuenta por ciento de posibilidades de que aquello resultase bien y no terminara golpeado o regañado. De todos modos, el riesgo siempre valía la pena.
Lo que no pudo predecir, fue que el maldito libro que llevaba más de una hora atormentándolo se clavase dolorosamente en sus costillas, provocando que se retorciera de dolor y tirara a Levi sofá abajo, con un golpe sordo que le hizo abrir los ojos con espanto al ver lo que acababa de hacer.
—Te mataré, Jaeger. Puede que no hoy ni las próximas semanas, pero te mataré. Creo que esa será la única forma en que nos libremos de tu suerte de mierda.
—¡Levi, lo siento mucho! —se apresuró a disculparse, sujetándolo de un brazo para ayudarlo a sentarse y sacudirle el polvo; no fuera cosa que este se llenase de los diabólicos gérmenes que tanto aborrecía—. ¿Se encuentra bien?
—Tch, al menos mejor que tras la puta caída del elevador. Esa vez perdí veinte años de vida. De verdad pensé que no lo contaríamos, joder.
Al pensar en el incidente que habían protagonizado hacía cosa de un mes atrás, Eren tuvo que reconocer que Levi tenía razón. El accidente no había sido poca cosa, y si aún seguían vivitos y coleando, era solo debido a que el ascensor se quedó atascado antes de estrellarse con el piso. Aun así, el rescate de ellos había sido algo espectacular y muy entretenido. Casi de película.
—¡Pero salimos vivos! —acotó muy contento al recordar aquello—. Y ahora es una anécdota divertida de contar. Como también lo es el hecho de que nada más conocernos, usted sintió un odio irracional hacia mí; aunque al final igual lo flechó Cupido.
—Divertida y una mierda, mocoso tonto. ¿Y qué es eso de Cupido? Además, mi desprecio estaba justificado. Si decidí darte una oportunidad, fue solo porque no dejabas de lloriquear que te gustaba, y es por eso por lo que esto es tan necesario. —Volviendo a tomar asiento a su lado, Levi dejó nuevamente el libro de esoterismo en sus manos—. Tenemos que encontrar una solución a tu mala suerte, Jaeger. Debemos controlarla antes que acabe contigo, y conmigo de paso; sobre todo si vamos a seguir juntos.
Nada más oírlo, Eren se arrepintió de todo su infantil berrinche. ¡Levi estaba preocupado por él! Si había ido aquel sábado a su casa cargado de libros de esoterismo y brujería, era por él y porque no deseaba perderlo. ¡Porque lo quería!
—¡Lo haré, lo haré! ¡Trabajaré duro! —señaló, ya más animado; no obstante, nada más abrir el libro, una idea repentina cruzó su cabeza—. ¿Y si le pedimos ayuda a Hange? Ella sabe de estos temas.
Las cejas de Levi se fruncieron un momento, como si meditase su respuesta y fuese a soltarle un rotundo «no»; sin embargo, luego de una evidente lucha interna, aceptó a regañadientes.
—No estaría mal; puede que Hange sepa algo o de alguien que pueda ayudarnos. Estoy tan desesperado que ya cualquier cosa me sirve, joder. ¿Estás seguro de que no maldijeron a tu madre antes de tenerte, mocoso?
Eren acababa de negar su supuesta maldición, cuando la alarma del móvil avisándole de un mensaje lo hizo cambiar el foco de su atención; no obstante, al leer las predicciones del horóscopo de ese día, se desinfló al ver que ni su ranking ni el de Levi eran especialmente buenos, sino más bien regulares. Ese mes Sagitario regía en todo su esplendor, y aunque eso debería haber sido bueno para él al compartir el mismo elemento, lo que iba a de esa semana estaba resultando de pena.
Tras mirar detenidamente a su novio, frunció el ceño.
—¿Y ahora que, mocoso?
—Le falta algo rojo.
—¿Qué? —preguntó Levi sin entender en absoluto.
—Que le falta algo rojo. Su horóscopo asegura que, si viste algo rojo hoy, su suerte mejorará.
—Y mi sentido común me grita que si me mantengo alejado de ti también lo hará, Eren, y mírame.
Sin poder evitarlo, él rompió a reír, abrazando a Levi con fuerza. Este protestó un poco, por supuesto, pero al final le devolvió el gesto, haciendo que, a pesar de su mala suerte, Eren se sintiese muy afortunado.
—Cine —oyó decir a Levi amortiguadamente contra su cuello—. Realmente tenía pensado llevarte al cine y a comer después de esto. Aún no hemos tenido esa jodida cita que dejamos pendiente, ¿verdad?
La alegría de Eren se desbordó ante aquellos inesperados planes, y mientras le decía al otro lo muy feliz que estaba, debido a su entusiasmo acabaron cayendo del sofá una vez más.
Después de todo, la mala suerte parecía ser su karma.
Tosiendo como si la vida se le fuera en ello —y probablemente lo hacía—, Levi a duras penas logró abrir la ventana de la sala del departamento, alegrándose de poder volver a respirar, aunque fuese el gélido aire de noviembre.
—¡Que te jodan, cuatro ojos! ¡¿Pero qué mierda acabas de echarnos?! —inquirió furioso a su amiga, quien en ese momento soltaba una oración maligna mientras rociaba a Eren con alguna mezcla de extrañas hierbas y humo que olían fatal, y las cuales había regado por toda la casa—. ¡Te pedimos ayuda para contrarrestar la mala suerte del mocoso, no que invocaras a Satanás!
—Que escandaloso eres, enano, esto es solo salvia blanca, romero y lavanda —respondió esta, volviendo a acercar su plato ahumado hacia él, haciéndolo toser una vez más—. Técnicamente los estoy purificando, y créeme que no es fácil. Nada más entrar a esta casa supe que las energías eran muy negativas.
Los verdes y crédulos ojos del mocoso se abrieron al oírla, llenos de terror.
—¿De verdad? ¿Tan mal están las cosas?
—Así de horribles —respondió Hange, echándole un poquito más de humo—. Creo que el problema de tu mala suerte radica en haber conocido a Levi, Eren.
El gritito ahogado de su novio se intercaló con su protesta sobre lo absurdo que aquello era, porque lo hacía parecer como si él fuese el maldito y no Eren; pero antes de que pudiese decir nada, Levi se lo pensó mejor. Por supuesto no era que repentinamente él hubiera comenzado a creer en todas esas tonterías, pero, joder, ¿y si su relación con el chico era una especie de debacle cósmico que una vez reunidos podía ocasionar la destrucción del mundo?
—Ni se le ocurra —le advirtió Eren, ya lejos de ser el cachorro asustado y triste para volver a convertirse en la lechuza asesina—. Le prohíbo que termine conmigo.
—Yo no he dicho nada —se defendió Levi, odiando la mirada de pena y conmiseración de Hange, quien volvió a rociarlo con su mierdosa mezcla de hierbas.
—Pero lo ha pensado. Lo vi en sus ojos.
Levi iba a responder que no era cierto, ya que estaba demasiado ocupado pensando en un desastre superior como para analizar siquiera la posibilidad de un quiebre entre ellos; no obstante, antes de que el mocoso siguiera con su diatriba indignada, sintió que algo estaba mal con él. No era que se estuviese ahogando con el maldito humo como antes, ¡sino que de un momento a otro simplemente no pudo respirar más!
Desesperado, miró a Hange, quien le roció un poco más de esa mezcla maldita en la cara, y luego a Eren, que al comprender que algo le pasaba, se puso de pie a toda prisa para ayudarlo. Aun así, sintiéndose mareado por la falta de oxígeno, Levi simplemente acabó por desmayarse.
—Estoy seguro de que esto ha sido cosa de tu mala suerte, mocoso. No hay otra explicación posible —dijo al chico mientras ambos se acomodaban como podían en la cama de este—. Es eso o que las entradas al cine que Hange me obsequió están malditas.
—Pero igual veremos una película —respondió Eren, solícito, agarrando un puñado de las palomitas que acababa de preparar para comenzar a comer.
—Tch, y de seguro es una película de terror de mierda. ¿Dónde quedó el consenso de elección del que hablamos?
—Se perdió en el momento en que usted resultó ser el más corto de los dos. —Al ver su ceño fruncido, el chico se apresuró a justificarse—. ¡La varilla más corta, me refería a la varilla más corta!
—Realmente te estás volviendo un descarado, Eren. Cada vez te tomas más libertades.
—Porque es mi novio. Tengo derecho a hacerlo, ¿no? —le dijo contento, acurrucándose a su lado—. No proteste tanto, puede que la película lo sorprenda.
Levi lo dudaba, pero de todos modos aceptó, quizá porque estaba cansado del horrible desastre que aquel día había resultado ser. Hange no solo había estado a punto de matarlo al intoxicarlo con sus condenadas hierbas «purificadoras», sino que cuando llegaron con él a urgencias, las enfermeras los saludaron como si ya fuesen viejos amigos.
Aun así, allí estaba él, se dijo Levi: en casa del mocoso, solo porque este había insistido en cuidarlo, y a pesar de que temblaba de miedo al imaginar sus modos. Aun así, debía reconocer que —mala suerte de Eren aparte— ese mes de noviazgo no había sido tan malo después de todo. De hecho, aquella era la primera vez que él no deseaba acabar una relación a apenas dos semanas de que hubiese dado inicio.
—¿Y ahora que te tiene tan contento, mocoso tonto? —preguntó a este, viendo como sus verdeazulados ojos brillaban de emoción nada más comenzar la película.
—Que está usando mi ropa —le dijo Eren feliz, pellizcando entre sus dedos la roja camiseta que le había prestado tras ducharse para sacarse el asqueroso olor a sahumerio—. ¡Estoy muy emocionado! Además de que le traerá buena suerte.
—¿Te hace ilusión verme con algo que me queda jodidamente grande? En verdad algo no funciona bien en tu cerebro, Eren.
Durante la siguiente hora, tumbados en la cama viendo aquella película de mierda y sufriendo los nervios del chico —quien le estaba dejando el brazo lleno de hematomas debido a lo fuerte que lo sujetaba cuando algo lo asustaba—, Levi tuvo de repente una epifanía. No una revelación trascendental que cambiaría el rumbo de la humanidad para siempre, pero sí lo suficientemente importante para cambiar al menos su vida.
Por eso, armándose de un valor que jamás pensó llegar a necesitar, porque las relaciones sentimentales no eran su fuerte, le dijo a Eren:
—Oi, mocoso, a fines de diciembre es mi cumpleaños, por lo que mi madre vendrá a pasar la Navidad conmigo para celebrarlo; ¿por qué no vienes también?
La tensión que él había sentido se le bajaba a causa de los nervios, repentinamente se elevó hasta lo imposible al ver como Eren lo contemplaba, lleno de una emoción tan abrumadora que Levi temió dejase de respirar.
—¿Quiere que conozca a su familia?
—Bueno… sí. Supongo —admitió a regañadientes, jugueteando con el colgante de este—. Les he hablado de ti y… Joder, me gusta estar contigo, mocoso. No ha sido Cupido ni mucho menos, pero supongo que al final sí me has flechado. Un poco.
El efusivo abrazo de Eren lo dejó momentáneamente sin aire, pero el oírlo reír fue algo maravilloso para Levi. Que se jodiera la mala suerte; ya encontrarían la manera de hacer que su relación funcionase sin que fuera potencialmente peligrosa para ambos.
Pero pensarlo y aceptarlo eran dos cosas muy diferentes, porque cuando en su emoción Eren tiró la lámpara de la mesilla de noche al suelo, no solo se quedaron totalmente a oscuras en la habitación, sino que vieron como poco a poco las luces del resto de los departamentos también comenzaban a apagarse, hasta que a través de la ventana solo pudo verse la renegrida ciudad.
—Oh, joder… Por favor, dime que no ha sido tu suerte del culo, Eren —imploró Levi, angustiado, al notar que la señal de su móvil también acababa de morir.
—No lo sé, ¿cree que sí? —preguntó el chico, levantando la cabeza y acercando su rostro al suyo para contemplarlo mejor.
—Quien sabe; contigo nada es seguro, Jaeger. El sahumerio de Hange fue una completa mierda.
Aun así, Levi no protestó cuando los labios de Eren lo besaron, ni tampoco cuando los besos se convirtieron en algo mucho más divertido que lo hizo olvidarse de la mala suerte, el apagón y el final de la malísima película que no acabaron de ver.
Después de todo, la mala suerte podía convertirse en algo bueno; si se miraba desde el cristal adecuado, claro.
Lo primero, como siempre, es agradecer a todos quienes llegaron hasta aquí. Espero que el capítulo fuese de su agrado y valiera la pena el tiempo invertido en él.
Lo siguiente, es felicitar a todos los sagitario que ya hayan cumplido o cumplan añitos durante este mes. Deseo que este nuevo año que comienzan a recorrer les llegue lleno de cosas buenas, aprendizaje y sobre todo mucho, mucho amor. Mis mejores deseos para ustedes y un enorme abrazo a la distancia, así que, ¡muy feliz cumpleaños!
También lamento mucho no haber subido el capítulo ayer, pero como estoy en periodo final de clases y exámenes, todo parece haberse complicado una vez más por estas fechas y a veces ni los tiempos ni ánimos me rinden tanto como en otras ocasiones. Aun así, ya estamos aquí con el noveno capítulo de esta historia que cada vez se acerca más a su final. Como ha pasado de rápido este año a pesar de todo, jaja.
Y hablando del capítulo, para que quede claro por si surgieron dudas, este está ubicado a finales de noviembre, los últimos días, por lo que el siguiente será a finales de diciembre, concretamente en el cumpleaños de Levi, aunque se desfasará unos poquitos días más, ya que lo publicaré el 30. Por eso hablan de que falta un mes para el cumpleaños de este.
Por lo demás, aclaro que la intoxicación que tuvo Levi fue debido a la salvia blanca. Esto ocurre porque ella contiene tujona, que es un aceite esencial perteneciente a la familia del alcanfor. Hay plantas como el ajenjo que poseen una concentración más alta, y de allí su característica alucinógena y que lo hace tan peligroso, pero hay otras como la salvia que también la poseen, aunque en menor medida, y que en un uso moderado no generan daño; no obstante en este caso, donde Levi inhaló una cantidad considerable, su sistema nervioso sí se vio afectado, cerrando sus vías respiratorias y haciéndolo convulsionar. Yo soy una creyente absoluta de lo buenas que son las infusiones y hierbas para uso terapéutico y medicinal, pero como se habrán dado cuenta, siempre es importante informarse de los riesgos que el exceso de estas puede generar.
Igualmente, la mezcla de hierbas que Hange utiliza sí se usan para purificar y en sahumerios. Los tres elementos elegidos por ella son contrarrestadores de malas vibras.
Otra cosita aparte, es que el título de este capítulo hace alusión directa al hecho de que Sagitario es el arquero del zodiaco, de allí que Eren lo asocie también en su mente un poco a Cupido. Igualmente, a su vez el título hace referencia a la canción del mismo nombre Stupid Cupid de Connie Francis y que tiene un sinfín de covers, por lo que es seguro la hayan oído alguna vez al menos. No tiene nada que ver con la de Red Velvet, con la que solo comparten el nombre. Lo explico porque fue la primera la que me rondaba la cabeza mientras escribía el capítulo.
Para quienes leen el resto de mis historias, aviso que de aquí al viernes debería estar saliendo ya el capítulo 39 de In Focus, y para el domingo el 5 de Tú + Yo = Allegro. Luego de eso, vendrá Cantarella que ya necesita actualizarse también. Lamento si ven un poquito de atraso estos días, así como también con la respuesta de mensajes y comentarios, pero el final de semestre apenas y me ha dejado respirar.
Un enorme abrazo a la distancia y mis mejores deseos para ustedes. Hasta el siguiente mes con Capricornio, el mes de Levi.
Tess.
