Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.


CAPÍTULO 14:

(¿ARIES?)

Y AHORA, ¿QUÉ SOMOS?


Somos aquello que decidamos ser.

.

.

Mordiéndose la lengua para no comenzar a maldecir en plena calle, Eren cerró los ojos un momento y contó hasta veinte, preguntándose que había hecho mal en su vida para que el mismo tipo de desgracias se repitieran más de una vez.

Ya fuese por inercia, o porque la maldición surtía un efecto tipo imán, de inmediato su mano se fue hacia el colgante de llave que llevaba al cuello, meditando si sufrir tanto por aquel atesorado obsequio valdría la pena. No obstante, de inmediato desterró aquellos sombríos pensamientos y negó con efusión. Si Levi se lo había obsequiado siendo un bebé, de seguro era por algún motivo importante; aunque este no lo recordara.

Tras mirar su fallecida motocicleta nuevamente, dio unas palmaditas a la negra carrocería y se enjugó una lágrima mientras elevaba una oración por ella para que descansase en paz.

Sacando el móvil del bolsillo de su cazadora —y sintiendo como si de un déjà vu se tratase—, maldijo en todos los idiomas que conocía al comprender que, si no se daba prisa, volvería a llegar con retraso a la compañía el día de su cumpleaños, un año más.

Oh, demonios, de verdad que sí estaba muy, muy maldito.

Como siempre, llamar a su padre para pedir ayuda fue su primera opción, pero antes de marcar su número, una brillantísima idea acudió a su mente, haciéndolo sonreír y felicitarse por su enorme ingenio.

Apenas tardó unos minutos en escribir a Levi explicándole su triste situación, y cuando este respondió con un escueto «voy de camino», Eren no pudo más que sonreír feliz. Si su novio y él llegaban igual de retrasados a la compañía, este no podría regañarlo en absoluto.

Tarareando alegremente, se apoyó en su motocicleta averiada para comenzar a revisar su móvil mientras esperaba; pero, con lo que él no había contado, fue con aquella horrible noticia que hizo que su estructurado mundo de predicciones se cayese a pedazos.

¿Qué más quería la vida de él?


Nada más ubicar al chico en medio de la calle, Levi aparcó el coche junto a la motocicleta de este y se bajó para encararlo.

Se sentía más que un poco molesto, sobre todo porque el condenado mocoso lo había hecho devolverse cuando iba camino a la compañía; aun así, recordándose que aquel día era el cumpleaños de Eren, inspiró profundo e intentó relajarse, obligándose a contener sus enormes ganas de ser malo con él.

—Oi, mocoso —le llamó, posando una mano sobre su hombro, ya que este no parecía haberlo notado; pero, al ver como aquellos verdes y lechuciles ojos se llenaban de lágrimas, sintió pánico—. Mierda, Eren, ¿qué te ocurre?

—Levi —gimoteó su novio, casi con desesperación—. Hemos vivido engañados toda nuestra vida. Muy engañados.

—¿Eh?

—Mire —insistió su novio, poniendo la pantalla del móvil frente a sus ojos—. Ofiuco.

—¿Ofiuqué? —inquirió él, desconcertado como pocas veces.

—Ofiuco, Levi, ¡Ofiuco! El treceavo signo zodiacal —respondió este con desanimada voz de ultratumba.

Durante unos instantes, él intentó procesar toda aquella información lo mejor posible. Ya no solo era la motocicleta estropeada ni la seguridad de que llegarían tarde al trabajo, sino que ahora Eren sufría porque, al parecer, existía un signo del que ninguno de ellos sabía y que, aunque odiase admitirlo, de seguro serviría solo para traer más desgracias a la vida de ambos. ¡Joder con el zodiaco y todas sus predicciones de mierda!

—Mocoso, cálmate —demandó, intentando tomar el control de la situación—. Sé que ahora puedes estar asustado por ese signo de… lo que sea, pero te aseguro que no es algo por lo que debamos preocuparnos en estos momentos.

—¡Claro que lo es! ¡¿Es que no comprende la gravedad del asunto?! Con esto… ¡con esto ya ni siquiera sé que somos, Levi! Hemos sido timados todo este año por el horóscopo. Quizá por eso todo nos ha resultado tan, tan mal.

A pesar de no querer creer en ninguna de esas idioteces, algo en la forma que el chico dijo aquello encendió sus alarmas. Dios sabía que para ser alguien muy incrédulo meses atrás, Levi se había convertido en al menos un total creyente de la mala suerte. Conocer a Eren y enamorarse de Eren, le había hecho asumir muchas cosas de golpe.

—Explícate —pidió a su novio, dándole un par de palmaditas en la espalda para que se tranquilizara, e ignorando lo mejor posible el hecho de que muchos de los transeúntes que pasaban por la calle los miraban sin ningún disimulo, de seguro pensando que él había hecho algo malo al chico.

—Es que, si Ofiuco existe, usted y yo ya no somos lo que debíamos ser —soltó Eren, ahogando a duras penas un sollozo—. Ahora soy Piscis, ¿puede creerlo? ¡Piscis! Y usted no es más que un simple Sagitario.

—¿Y tan malo sería eso? —cuestionó.

Los verdes ojos de Eren lo fulminaron, dejando muy clara su indignación.

—¡Pues claro que es malo! ¡Es horrible! ¡¿Me veo como un Piscis acaso?! Además, llevamos todo un año guiándonos por un horóscopo incorrecto. ¡Con razón tenemos tan mala suerte!

Apoyándose en la moto junto al chico, Levi cruzó sus brazos sobre el pecho e intentó analizar aquello. Un signo más, un signo menos no creía que importase mucho en realidad, pero aun así daba que pensar, ¿no?

—Oi, mocoso, ¿de verdad crees que ese Ofiuco puede haber afectado nuestra suerte? —inquirió, alzando el rostro para ver al otro.

Eren asintió.

—Estoy seguro. De hecho, creo que es más posible que haya sido por cosa de una mala lectura de los astros y sus predicciones, que por el hecho de que usted me obsequiase un colgante que ha estado a punto de matarnos estos últimos meses.

Nada más recordar el colgante, Levi abrió la boca para decirle una vez más al terco de su novio que dejara de aferrarse a este y mejor se lo regresase; pero recordando sus planes para esa tarde, cambió de idea.

Tomando la mano del chico para entrelazarla con la suya, le sonrió.

—Por cierto, Eren, feliz-

—¡Ladrón! ¡Que alguien detenga al ladrón!

Desconcertados, ambos se volvieron al mismo tiempo para ver a un sujeto que corría hacia donde ellos se encontraban, seguido de unas cuantas personas más.

Ya fuese por impulso, o porque era sumamente idiota, Levi se apresuró a intervenir; pero, como la mala suerte de Eren parecía ser siempre un imán de desgracias, una vez dio alcance al delincuente para detener su avance, este se desestabilizó y lo arrastró consigo, yéndose entonces de cabeza contra el pavimento.

Lo último que Levi vio antes de que sus ojos se cerraran, fue el rostro de Eren completamente aterrado, y esa vez por algo muy diferente al horóscopo y los astros.


Nada más ver que Levi abría lentamente los ojos tras dos larguísimas horas de inconciencia, Eren sintió que el alma le regresaba al cuerpo y deseó ponerse a llorar.

Kuchel, notando aquello, le dio un par de consoladoras palmaditas en el brazo antes de dirigirse a su hijo:

—¿Te encuentras bien, cariño? —preguntó a Levi, ante lo que este apenas pestañeó.

—¿Mamá? ¿Qué demonios haces aquí?

—Esperando a que despertaras luego de tu pobre intento de ser un héroe —lo reprendió esta—. Por Dios, Levi, piensa ya en tus años, y los míos de paso. No me hago más joven con estos disgustos.

—Fue mi madre quien la llamó cuando lo trajimos al hospital. Aseguró que era necesario —intervino él, no deseando que su novio pensase que había sido el responsable de aquello—. ¿Cómo se siente?

Los grises ojos de Levi, aun algo velados por el sueño, se volvieron a verlo. Eren sonrió tranquilizador y fue a tomar su mano, pero cuando el ceño de este se frunció, un miedo frío recorrió sus venas hasta volverlas hielo líquido.

—¿Quién mierda eres tú, mocoso?

Kuchel abrió los ojos con espanto al oírlo.

—¿Cómo que quién soy? ¡Su novio, por supuesto! —soltó él, sintiendo que su devota preocupación mutaba en disgusto de uno a cien en apenas un segundo—. No bromee con ese tipo de cosas, por favor.

—Joder, ¿cómo vas a ser mi novio? ¡Si no eres más que un crío!

Durante unos instantes los tres se quedaron en un pesado y contemplativo silencio, mirándose con igual expresión de incredulidad. Kuchel, que seguía al lado de su hijo, lanzó a este una mirada de profundo reproche por su actuar, antes de volver sus claros ojos hacia Eren, llenos de conmiseración.

—Cariño, no te angusties. A veces ocurre que tras un accidente de este tipo la memor-

—No se preocupe, ya lo soluciono yo mismo —la detuvo Eren, agarrando el pesado libro que había estado leyendo al dormido Levi, preguntándose cuanta fuerza necesitaría para arreglar aquel desastre.

—¡¿Qué haces, Eren?! —exclamó Grisha al verlo acercarse a su novio con intenciones asesinas.

—¡¿Pero qué pasa por esa cabeza tuya, niño?! —lo regañó su madre, Carla, quitándole el libro y pegándole una colleja que lo hizo aullar del dolor—. Levi acaba de tener un accidente. ¡No puedes golpearlo!

—¡Es que perdió la memoria! —protestó él—. Una vez le prometí que, si llegaba a suceder algo así, yo mismo me encargaría de hacer que volviera a recordarme.

—¡¿Pero qué tipo de promesas se hacen ustedes, por Dios?! —exclamó, Kuchel, entre desconcertada e incrédula.

—Es que nuestras vidas han sido algo difíciles este último año, Kuchel —se justificó Eren—. Ustedes no lo entenderían.

—Esperen un momento, ¿cómo es eso de que Levi perdió la memoria? ¿Tiene amnesia? —preguntó su padre preocupado, acercándose hasta su novio para examinarlo.

Levi, no obstante, frunció el ceño.

—Manos fuera, doctor. Aun no le perdono lo que le hizo a mi coche.

Nada más oír aquello, el cerebro de Eren ató cabos, y se llenó de indignación; una rabia que se convirtió en hoguera al ver que su amadísimo novio sonreía contrito al saber que había sido pillado en su farsa.

—Váyase al Infierno y quédese allí una buena temporada, señor Ackerman —le espetó, aguantándose las ganas de enseñarle el dedo medio solo porque sabía que su madre luego se lo haría pagar caro.

Saliendo del cuarto a toda prisa, Eren cruzó los pasillos del hospital saludando al personal, muchos de los cuales le preguntaron por Levi ya que, bueno, durante el último año ellos habían pasado bastante por allí.

Una vez llegó a uno de los jardines, donde algunos pacientes paseaban tranquilamente, se apoyó en la barandilla que bordeaba el pequeño lago y comenzó a tirar piedrecillas mientras rumiaba su rabia.

Cuando horas antes vio a Levi perder la conciencia luego de que frenara a aquel delincuente, su corazón realmente había parecido detenerse a causa de la angustia y la culpa, convencido de que, si algo malo le pasaba a este, era debido a su mala suerte; por eso, que Levi le hubiese hecho aquella broma tan desagradable lo había llenado de indignación, ya que con las desgracias que parecían perseguirlos, que se olvidara de él resultaba hasta probable.

Maldito fuese Ofiuco por cambiar sus signos y arruinar sus cuidadosos resguardos.

—Ha tardado menos de lo que esperaba —dijo sin volverse, sabiendo que era Levi quien acababa de llegar a su lado.

—Y lo hubiese hecho mucho antes si esas condenadas enfermeras no se hubieran empeñado en preguntarme como estaba, joder. Y de regañarme por asustarte así.

A pesar de que todavía estaba algo molesto con este, Eren no pudo evitar reír, lo que le pareció bien; después de todo, su relación con Levi siempre había sido un poco así, como subirse a una vertiginosa montaña rusa en la que nunca sabías como sería el viaje.

—Si vuelve a hacerme una broma tan desagradable, tenga por seguro de que se lo haré pagar caro —advirtió a su novio, mirándolo seriamente—. No juegue de ese modo con mi estabilidad emocional, por favor. Soy un chico delicado.

—Tch, delicado y una mierda, mocoso. Si no eres más que un dolor en el culo —añadió Levi, tomando su mano—. Pero, si vuelvo a ser tan idiota, tienes permiso para noquearme con un libro.

—Ya sabe, a situaciones desesperadas, medidas desesperadas. —Sonriendo, Eren se inclinó para dejar un beso en su nariz—. Además, con nuestra mala suerte es mejor no confiarse, sobre todo ahora que ya ni siquiera sabemos bien que somos.

—Tú y yo, Eren. Solo somos tú y yo, desde el comienzo. Sin signos zodiacales, sin designios astrológicos ni mala suerte. Solo tú y yo desde que te obsequié esto —le dijo, tomando entre sus dedos el colgante de llave—. Hace unos días recordé por qué te lo di; realmente pensé que iba a protegerte, ¿sabes? Pero quizá la buena suerte solo duró hasta que una vez más el destino se empeñó en juntarnos y volví a verte.

Eren se quedó boquiabierto.

—Entonces, ¿cree que mi mala suerte es solo porque la buena se agotó al reencontrarnos?

—Quien sabe, mocoso, la vida es una cabrona misteriosa a veces, pero estoy decidido a tomar la responsabilidad.

Antes de que pudiese preguntar a Levi a que se refería con aquello, Eren sintió el tirón en su cuello, solo segundos antes de ver como este lanzaba el colgante con una puntería perfecta al centro del lago.

—¡Levi, ¿pero qué-?! —comenzó; aun así, su protesta murió al ver como su novio tomaba su mano izquierda y pasaba una sortija en su dedo anular, haciendo que el aliento se escapara de sus labios y boqueara como un pez moribundo.

—No es una proposición, aún, pero sí es una promesa para el futuro y todo lo que venga, mocoso —le dijo su novio, siendo todo seriedad—. Te quiero conmigo, Eren, aunque sea con mala suerte incluida. Feliz cumpleaños.

A pesar de intentar contenerlas con todas sus fuerzas, las lágrimas acabaron aguando de todas formas sus ojos, sobre todo al ver una vez más sus manos unidas, con la sortija descansando en la suya.

Un año atrás, en el peor cumpleaños de la historia, Eren jamás imaginó que al cumplir los veinticuatro sería así, junto a Levi y la perspectiva de la vida que los esperaba. Y aunque quizá los astros a veces sí tuviesen un poquito de razón, al fin y al cabo, el futuro que ellos eligieran estaba solo en sus manos.

Sin dudarlo echó los brazos al cuello de su novio, besándolo como si la vida se le fuese en ello; sin importarle nada el estar en un hospital a plena vista de ojos curiosos, ni que la verja donde presionaba a Levi crujiera y pareciera hundirse bajo su peso, y mucho menos que, segundos después, ambos estuvieran sumergidos en la fría agua del lago.

—Eren —fue todo lo que Levi dijo, soltando un suspiro.

Y él, riendo al oírlo y sentir su mano entrelazada con la suya, pensó que hasta con mala suerte incluida, hasta con los momentos difíciles, la vida seguía siendo buena y maravillosa.

FIN


Lo primero, como siempre, y por última vez por aquí, es agradecer a quien llegase hasta aquí por el tiempo brindado a la lectura y esperar que esta fuese de su agrado.

Lo siguiente, es desear un muy feliz cumpleaños a todos los aries que cumplan por estas fechas. Espero que este nuevo año que comienzan a recorrer llegue lleno de cosas buenas, a montones, y sobre todo salud y mucho amor, ya que el resto son cosas que se pueden ir arreglando en el camino.

Y por supuesto, con este último capítulo de la historia, una vez más felicito a Eren por su cumpleaños, y también por última vez lo hago mientras el manga sigue en emisión. Así que del mismo modo que esta historia comenzó celebrándolo, acaba haciéndolo de igual manera.

Así que de esta forma ya damos por finalizado Zodiaco, una historia por completo absurda que nació a base de este año tan malo que nos tocó pasar, y que aun nos toca a veces. Una historia para reírse un poquito de las desgracias y llena de situaciones que a veces sí fueron reales, y no lindas en su momento, pero que, vistas hacia atrás, ahora resultan graciosas. Y es que, personalmente, así es como quiero recordar este año que pasó, tan lleno de encierro, de angustia y muchas veces miedo. Un año en el que a algunos les tocó perder mucho, en diferentes ámbitos, y que nos hizo replantearnos muchas cosas. Puede que aun sea muy pronto, pero quien sabe, quizá dentro de diez o veinte años al mirar atrás, hasta podremos reírnos de ello, porque a pesar de las situaciones malas, de las difíciles y tristes, la vida sigue siendo buena y maravillosa.

Por eso, quiero agradecer a todos quienes me acompañaron a lo largo de este año y muchas veces me alegraron e hicieron reír con sus comentarios; de verdad espero haber compensado al menos un poco, un poquito, con esta historia. Si logré hacerles pasar un buen rato y reír de vez en cuando, alegrarles el momento, pues entonces me doy completamente por satisfecha.

Así que ya comienzo a despedirme, dejándoles a ustedes la tarea de imaginar como será el resto de los años que le quedan a Eren junto a Levi, tal vez con su mala suerte incluida; aunque eso no impide que puedan ser muy felices, jaja.

Y bueno, como hoy es también mi cumpleaños, tengo derecho a pedir algo especial. Así que, cierro los ojos y pido un deseo para todos ustedes, para que este año, y los que vengan, lleguen cargados de cosas buenas. Para que la vida no deje nunca de parecerles buena y maravillosa.

Muchas gracias por acompañarme en este año de travesía. Ha sido un viaje maravilloso, no les quepa duda, y como siempre, me dejan en deuda infinita.

Un abrazo a la distancia y mis mejores deseos para todos ustedes.

Tessa.