Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola, después de tantos miércoles y sábados sin actualizar esta historia, estoy aquí de vuelta con un nuevo capítulo, como siempre, esperando que sea de su agrado, y perdón por no actualizar antes, pero había estado un poco ocupada, así que bueno, nos leeremos pronto, muchas gracias por todo su apoyo.

Gracias por todo, nos leeremos pronto, cualquier cosa, no duden en decirme 💖


El sol se había ocultado hacía unos minutos, la mirada azul de James Sirius se posó en el horizonte oscuro, se llevó una mano a su cabello para sacudirlo del exceso de agua, avanzó despreocupado hasta el castillo, Violet se había marchado antes de que él comenzara su entrenamiento.

El trayecto fue bastante tranquilo, tenía la gran habilidad de aislarse de todo a su alrededor, para poder mantener la paz mental y que nada de lo que estaba fuera de su control lo alterara, como el hecho de que algunos de sus compañeros gustasen de tener el uniforme mal colocado.

—Tardaste bastante ¿por? –Lo acusó Alex, frunciendo el cejo.

—Mañana tengo sesión con el profesor Smith, quiero estar de mejor forma, papá me dijo que tengo que hacer hasta lo imposible por mejorar.

—Bueno, supongo que tu papá quiere que estés en su misma capacidad, claro que para eso, tendrías que ser huérfano, hijo único y ser perseguido por un mago tenebroso ¿no?

—Tengo que tener el mejor entrenamiento si quiero unirme al Departamento al salir del colegio.

—Pero… ¿no habías dicho que te dejaría cursar la Academia un par de años antes de unirte a él?

—Las cosas cambian –comentó.

Alex observó el plato de su amigo, la cantidad de comida disminuyó hacía un tiempo y solo comía lo que Smith le había aprobado en una lista de consumo que como siempre, James siguió al pie de la letra, tan fielmente como se podía.

—Estoy preocupado por ti, aún recuerdo cuando Lily te hizo adicto al pastel de chocolate, y ni siquiera lo pruebas.

—El profesor Smith me permite una rebanada cada seis meses –admitió, levantó el rostro con una sonrisa bonita –supongo que podré comerla en el cumpleaños de Lily.

—Bien, contigo aprendí hace años, que no puedo ayudar a alguien que no se deja –gruñó –pero ten por seguro, que aunque respeto a tu padre, en realidad, a partir de hoy, lo detesto.

—Estás exagerando, Alex.

—No, no lo hago, tú deberías…

—La profesora Trelawney una vez me dijo que era imposible para alguien como yo, desafiar el destino –se encogió de hombros.

—Tú no crees en la adivinación y todo eso –soltó indignado Alex, tan alto, que el bullicio del gran comedor se apagó y los observaron.

—Ya sé, ella me dijo eso mismo –soltó, su rostro era como el de un pequeño niño sorprendido por algún truco de magia viejo, tonto y predecible en el mundo muggle –también me dijo que tengo el corazón tan seco y la mente tan cuadrada como una pasa y un dado usado por los torposoplos.

—Sí, en eso no le erró –soltó Alex, en un tono desesperanzado.

—También me dijo como voy a morir ¿quieres saberlo? –Soltó alegre.

—No, quiero que sea una sorpresa.

—Bueno, pero será sorprendente –rió.

El sonido hizo que Alex volviera a verlo, y aunque en un momento pensó que había estado jugando con él, la decepción lo cubrió al notar que aquello realmente le parecía fantástico, cuando la profesora Trelawney tenía un récord bastante corto, en eso de hacer predicciones acertadas.

Después de la cena, James fue hasta la biblioteca, quería adelantar todo lo que pudiera para las tareas que tendría que entregar el próximo lunes, y así dedicarse a entrenar todavía más horas de las que Smith le había dicho, y que su padre había aumentado.

Acomodó por quinta vez el tintero, para que quedara acomodado simétricamente con lo demás y no estorbara cuando estuviese escribiendo, pero que no estuviese muy lejos como para que manchara el pergamino cuando sumergiera la pluma.

—Ah, aquí estabas.

James levantó la vista hasta Violet, que se sentó a su lado, colocó sus cosas en la mesa, desacomodando todo lo del castaño, que no dijo absolutamente nada.

—Dime ¿qué has hecho desde que te dejé entrenar?

—Cenar, y ahora, mis deberes.

—La gente dice que eres un cerebrito, dime ¿crees poder ayudarme? Tengo un pergamino de 45 cm que tengo que entregar mañana, y solo tiene mi nombre –se acercó a él y le besó el cuello.

—Sí, podría decirte…

—La verdad, es que los únicos centímetros en los que estoy interesada en este momento, son los tuyos.

La mano de la chica se colocó en la entrepierna de James, que de inmediato levantó la vista, para ver si alguien más los estaba observando, ya no era prefecto, así que los pocos beneficios que eso le traía al momento de estar en la biblioteca, se habían esfumado.

—Violet…

—Jamsie –murmuró coqueta.

—Ah, no me agrada ese apelativo –comentó.

—Bueno, haré algo que te gusta más –sonrió.

—M—

Scorpius sonrió encantado, se acercó al chico de Ravenclaw, que estaba un poco nervioso porque lo había interceptado, sabía muy bien que le había dicho a Albus que se comportaría, pero… simplemente no quería.

—Y-Yo… no estoy seguro –admitió el chico.

—Ah, por favor, estoy seguro…

—Puedo imaginarlo, pero… yo no quiero problemas con James Sirius Potter, mi hermana está enamorada de él, y no quiero entorpecer sus planes con él, así que…

—Bueno, es que… James no va a enterarse, al menos no por mí.

—Escucha, Scorpius, me gustas, creo que eres guapo, y ese cierto desdén que tienes por lo demás, me parece atractivo, pero también soy consciente de que ni siquiera recordarás mi nombre después.

—Sólo es por diversión.

—Exacto.

La mano del chico se colocó en la de Scorpius, que para ese momento, ya lo había sujetado de la mejilla, para besarlo, sin embargo, se quedó solo, siendo rechazado de nueva cuenta, sólo porque a Albus le había parecido divertido involucrar a su hermano.

—Les dejo solos –soltó el chico y se alejó rápidamente.

El rubio frunció el cejo, así que desvió la vista, James acababa de dar la vuelta por el pasillo y se acercó hasta ellos, Scorpius evitó observarlo directamente.

—Eres una molestia ¿sabías? –bufó enfadado.

—Yo no quería interrumpir –informó –lamento sí parece que lo hice.

—Bueno, a menos que seas tan estudioso como para quedarte con Smith tanto tiempo, no sé qué haces por aquí.

—Ah, bueno, a decir verdad, sí estaba pensando en ti.

Scorpius retrocedió un paso, sus mejillas se pusieron rojas de inmediato ante aquella información ¿había estado pensando en él? ¿En qué forma?

—Estaba pensando en ir a buscarte, pero ahora que te veo…

—Y… ¿por qué estabas pensando en mí?

—Quería darte algo –buscó entre su túnica y sacó su varita.

Scorpius tardó un instante en darse cuenta de que James le estaba estirando un ramo de flores, aumentando el sonrojo en sus mejillas por un segundo, confundiéndolo.

—Pero… ¿qué?

—Quería darte las gracias –admitió –no soy muy bueno en esto, así que le pregunté a alguien, qué podía obsequiar como agradecimiento, así que me dijo que flores, no sabía de qué clase, así que me puse a investigar y en el libro que encontré en la biblioteca del lenguaje de las flores, dice que las hortensias significan agradecimiento.

Su corazón se agitó, sin duda James Sirius se veía asquerosamente atractivo con la luz de las antorchas iluminándolo, y con aquel ramo de hortensias en la mano, ofreciéndoselas; las tomó con la respiración agitada, por el gesto.

—No sé quién te dio la brillante idea de obsequiarle flores a un chico –murmuró incómodo.

—Ah, yo… no sabía que a los chicos no se les puede dar flores –comentó –el libro no aclaraba si el significado cambia –admitió.

—Una mejor forma de agradecer, sería si desmintieras el decreto falso que ha esparcido Albus –informó.

—No es falso, yo pedí que lo dijera –informó tranquilo –supongo que eso hará que…

—Que los chicos me rechacen, sí, sin duda lo has conseguido, tengo necesidades ¿sabes? –Bufó –y a menos que seas tú quien vaya a solucionarlas…

—Yo no tengo la habilidad para sanar un corazón roto, ni para llenar un vacío de esa forma –completó en un tono tranquilo, y con un rostro que alteró a Scorpius, por su tranquila apariencia, acelerando de nuevo su corazón.

—Yo no hablaba de eso, además, yo no…

—Deberías darte un tiempo, para comprender la razón del porqué y no evadirlo.

—Es algo que a ti no te importa –comentó serio.

—Tienes razón –admitió, avanzando hasta él, le dio las flores y sonrió mecánicamente –aun así, muchas gracias, papá me ha dicho que Lily asistirá a Hogwarts, y es gracias a ti.

—No lo hice por ti –comentó.

—Alex dice que Lily te agrada, así que supongo que solo lo hiciste por eso, y no tengo nada que ver al respecto, pero… significó mucho para mí que con tu intervención, mi hermanita pueda venir aquí –guardó silencio un momento.

Los chicos observaron a un lado cuando escucharon que alguien se acercaba, Scorpius puso mala cara al ver a Violet, que observó atenta la escena, y se colgó del brazo de su novio, besándolo.

—Piensa en lo que te dije –comentó James.

—No tengo nada que pensar –arrojó las flores a los pies del castaño –y menos si el consejo viene de un idiota sin voluntad ni personalidad, como tú.