Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola de nuevo, estoy aquí con esta historia, esperando, desde el fondo de mi oscuro y negro corazón, que sea de su agrado, muchas gracias por sus lecturas, significan mucho para mí.

Gracias por todo, nos leeremos pronto, cualquier cosa, no duden en decirme 💖


La sonrisa en su rostro se ensanchó demasiado, los aplausos a su victoria se unieron los de Malfoy, así que eso le quitó todo el entusiasmo, aquello tendría que ser más que nada una burla, no una verdadera muestra de alegría por su victoria, se alejó incómodo de Ted y nadó hasta la orilla.

—Pero no te vayas, podemos ir por un pastel y festejarte –soltó Ted, aun con ese tono alegre.

—No puedo comerlo –informó en tono tranquilo, tomó la toalla que Alex le ofreció y se secó.

—Ah, vamos ¿en serio llevas esa dieta al calque? –Cuestionó Ted con una sonrisa divertida.

—No hiciste esa pregunta en serio ¿o sí? –Soltó burlesco Albus –el niño que comió estiércol de gallina porque una vez se me ocurrió decirle que lo hiciera.

La risa de todos resonó fuertemente en el patio, recordó aquella vez cuando eran niños, ni siquiera iban a Hogwarts, cuando en un momento de enfado de Albus, le dijo "Sabes qué, come estiércol de gallina", cuando le pidió disculpas.

—No es gracioso –soltó Alex a su ayuda.

—Vamos, Alex, como anécdota lo es –admitió Ted.

—Bueno, entonces te diré cuando le dije que se perdiera y literalmente se perdió en el Callejón Diagon.

Las risas aumentaron, así que lo único que hizo fue restar importancia a aquello, avanzó hasta el otro lado del patio y comenzó con su rutina de ejercicio, por lo menos podía concentrarse en otra cosa que no fueran las burlas de los demás a sus espaldas, ya que Albus había decidido contarle a todos las cosas estúpidas que hizo siendo un niño, sólo porque su hermano le decía.

Habían sido regaños constantes de su padre para él, por ser tan ingenuo, y peleas constantes entre sus padres porque el Grandioso Harry Potter, creía que le había tocado tener un hijo estúpido.

James apuntó su varita al montón de bolas de billar enfrente de él, que le había dado su padre para ayudarlo a entrenar durante las vacaciones, con la condición de que su abuelo Arthur no se enterara que él las había tomado de su cobertizo.

La primera bola lo golpeó directamente en el rostro cuando escuchó las palabras de Scorpius Malfoy "Se necesita ser muy estúpido para hacer todo eso, de forma literal, vamos, hasta un idiota entendería la norma básica". Después de eso, las demás comenzaron a golpearlo por todos lados, acelerando cada vez más por el hechizo que le puso.

— ¡Jamie! –Escuchó el grito de Lily.

— ¡Lily, no!

James observó sobre su hombro y se agachó para cubrir a la niña, Alex se levantó apresurado, logrando que las bolas de billar dejaran de golpear la espalda de su mejor amigo.

— ¿Están bien? –Preguntó preocupado.

—Sí, estoy bien –contestó evitando que lo revisara –Lily ¿estás bien?

—Yo sí, no te preocupes ¿pero tú? –Frunció su pequeño ceño, el castaño sonrió restando importancia.

—Debió ser un buen golpe, ya se te puso morado el ojo –comentó Ted, llegando hasta ellos.

—Vaya auror serás, genio –se burló Albus al otro lado, con una sonrisa burlona.

—James ¿en serio estás bien? –Preguntó Alex –te he visto esquivar Bludger, como para que algo así se te salga de control ¿seguro que todo contigo va bien?

—Ya déjame en paz –soltó la pequeña Lily, haciendo que todos voltearan, Scorpius se alejó vencido.

—Vamos a san Mungo –ordenó Ted, pero James se quitó la mano que le puso en el hombro –no te pongas en ese plan ¿quieres? –bufó.

—Estoy bien –contestó.

—Ginevra se pondrá…

—Fue un descuido, se enfadará pero solo por eso –se zafó de Ted y Alex y avanzó hasta el interior de la casa.

Estaba ofuscado, nunca le había gustado tener la atención sobre él, y menos por cosas así, fue hasta el baño, tenía que solucionar eso o realmente se metería en problemas con su padre, por ser tan descuidado, algo serio pudo haberle ocurrido a Lily, no podía descuidarse, él no importaba, pero si esas bolas de billar le hubiesen golpeado a Lily, no se lo perdonaría.

Frunció el ceño cuando se revisó los demás golpes, las marcas eran bastante claras.

—Así que serás auror –la voz de Malfoy lo hizo girarse.

—Sí –contestó tranquilo, bajando su playera, cubriendo los golpes en su torso.

—Con razón te estás poniendo en muy buena forma, normalmente con el uniforme no se nota, pero ahora, sí –se aclaró la garganta.

James ignoró eso, tomó una de los ungüentos que usaba su padre para los golpes y se propuso irse a su habitación, para tener un poco de privacidad, no estaba de humor y con la presencia ahí de Malfoy extrañamente se puso peor.

—No creo que ese ungüento ayude mucho a ocultar el golpe, y todos hemos visto lo morado, así que un hechizo glamur no te ayudará.

—Sólo… por favor, déjame en paz –pidió, el rubio se colocó en la puerta, dispuesto a no dejarlo salir hasta terminar de decir lo que quería.

Los ojos azules de James se posaron en Scorpius, así que el chico se inquietó de más, las palabras se le fueron ¿para qué lo siguió hasta el interior? Ahora realmente no sabía.

—Deberías ir a san Mungo, realmente podría ser…

—Estoy bien, ya lo dije en el patio, ahora, por favor, déjame en paz.

—Es lo único que sabes decir ¿no? Déjame en paz, déjame en paz.

—No sé en qué idioma necesito decirlo para que lo entiendas, déjame en paz, Scorpius, por favor.

El castaño empujó a Scorpius un poco, para poder salir, no quería más problemas, y si Albus los veía hablando, se pondría de un humor que nadie soportaría.

—Nunca voy a dejarte en paz ¿lo entiendes?

James se detuvo a mitad del corredor tras escuchar las palabras del rubio ¿por qué estaba tan empeñado en molestarlo y perseguirlo? Y en ese momento decidió que lo primero que haría después de terminar Hogwarts sería irse de esa casa, no volvería a poner ni un solo pie, para no tener que encontrarse con él.

—Así que ya deja de pedírmelo, jamás voy a dejarte en paz, no hasta que te des cuenta de que…

James regresó hasta Scorpius, se agachó lo suficiente y sus labios se pegaron a los del chico, pudo notar como el rubio se tensaba un instante ante la sorpresa, sus labios se quedaron quietos por completo, hasta que sus manos fueron hasta su playera y lo jaló, el castaño aumentó el beso, mientras sentía una suave caricia en su pecho.

Los ojos grises de Scorpius brillaban intensamente cuando él se alejó, su expresión era tan impasible como siempre, su respiración ni siquiera estaba agitada como la de él, parecía que ni se había alterado, como si solo le hubiese dicho la hora, y no le hubiese besado tan apasionado como jamás lo habían besado, él había tenido diversos intereses sexuales, y ninguno le había provocado tanto como el castaño frente a él, y sabía que nadie podría igualarlo jamás.

—Po-Por-Por qué ¿por qué lo hiciste? –Preguntó sorprendido, con el corazón a mil por hora y la respiración cada vez más agitada.

—Ahora ya puedes dejarme en paz –comentó.

—No lo creo –se burló el rubio –no entiendo cómo funcionan las cosas…

—Para un idiota como yo –habló antes de que Scorpius terminara –Violet lo dijo, que eres un niño encaprichado, que siempre tienes que tener lo que quieres y se te antoja, así que debería besarte, para que el capricho se te quitara y me dejaras en paz.

—Así que ella te pidió que me besaras –comentó enfadado.

—Era lo que querías, ella me dijo que por ella no habría problema, que lo hiciera –repitió.

—Pero sus palabras fueron que me dejaras besarte –le repitió.

James frunció el ceño cuando los labios de Scorpius se pegaron a los de él, lo sujetó de la nuca para llevarlo hasta él, ya que era más bajo que él, pero no por mucha diferencia, se quedó quieto, notando que su aliento olía a regaliz, posiblemente había estado comiendo dulces con Albus antes del incidente, sus labios eran suaves, en comparación del beso que le estaba dando ¿alguien lo había besado con tanto entusiasmo con anterioridad? No que él recordara.

Gruñó un poco de dolor cuando Scorpius lo empujó contra la barda, los golpes previos enviaron una seria punzada aguda de dolor, el rubio se alejó preocupado.

—Lo… lo lamento, olvidé tus golpes –se disculpó.

—Ya déjame en paz.

James entró a su habitación sin ninguna alteración visible, contrario a la de él, se arregló el cabello que se había despeinado y bajó la vista.

—Maldición –bufó.

Entró al baño y se recargó en la puerta, echó la cabeza atrás como cuando James lo besó, había sido la sensación más perfecta sobre el mundo entero, sus labios un poco resecos, su aliento a yerbabuena mezclado con el olor a almizcle de su cuerpo, se mordió el labio, ese chico iba a terminar por volverlo loco, no podía simplemente besarlo tan apasionado como lo hizo y después pedir que lo dejara en paz, eso no iba en el mismo contexto.

¿Por qué de la nada lo quería lejos? No era como que antes le cayera bien, pero por lo menos lo toleraba, ahora ni eso ¿por qué? Cerró los ojos de nuevo, recreando la sensación de James Sirius contra él.

—M—

Scorpius se detuvo cuando vio a James recostado en el pasto, le costó un momento entenderlo, se estaba riendo, pero el encanto de verlo relajado se murió cuando Alex salió debajo de su cuerpo, riendo también, los celos lo invadieron, lo había besado, hacía cinco días atrás, lo había besado y ahora ¿estaba así de cariñoso con Alex?

—Vaya, se animaron a hacer pública su relación –soltó mordaz.

La diversión se murió en el rostro de Alex, que entrecerró los ojos, James negó como todo, restándole importancia a sus comentarios.

—Bueno, si les incomodo en su intimidad, mejor me voy –gruñó.

—Iré a guardar mis cosas –se puso de pie James, dándole la mano a su amigo para ayudarlo a levantarse –te veré en unos días, mamá dijo que podías quedarte, mi habitación es tu habitación, ya sabes.

—No, no, si tú te vas, lo mejor es que yo también –se encogió de hombros –nos veremos en el colegio.

—Solo serán tres días, Alex, por favor.

—Estoy aquí, eh –se acercó a ellos, sujetando a James del brazo, para llevarlo hasta él.

—Puedes –soltó Alex en un tono enfadado, controlándose un poco antes de continuar –dejar de meterte –terminó más tranquilo.

—La verdad es que puedo, pero no se me da la gana ¿te molesta?

—Ya, Alex, te enviaré una lechuza en cuanto llegue.

Se estrecharon la mano y se golpearon el hombro, James se alejó sin darle una sola mirada a Scorpius y entró a la casa, así que eso dejó a Alex y a él completamente solos en el patio.

—Vaya, Alexander, dime ¿acaso no fue James el nombre que gemiste cuando estabas con Audrey? –Soltó burlesco, para molestarlo.

—Si así fuera –se giró hasta él, acortando el espacio entre los dos y sonriendo enfadado –no es algo que te incumba a ti –lo empujó –me alegra que estemos solos, porque así tendré la oportunidad de hablar contigo respecto a tu actitud para con él.

—No es algo que te incumba –bufó.

—Oh, claro que me incumbe, James es mi mejor amigo, el mejor que alguien pudiese tener –informó –y créeme, si antes abogaba por ti, porque él se fijara en ti, incluso antes de saber que él "te gustaba en serio" ahora haré que mire en cualquier dirección menos en la tuya –bufó.

—Creo que lo quieres para ti ¿no es así? ¿No es por eso que te pones celoso porque esté con Violet? Vamos, Alex, a mí no me engañas, por mucho que veas chicas desnudas, por mucho que te involucres con una cada determinado tiempo, estás enamorado de él, se te nota a kilómetros que estás enamorado de él.

— ¿Por qué te gusta James? –Le preguntó tranquilo –Si yo estuviese enamorado de él, al menos sabría las razones por las que me gusta, y no es su cara bonita y sus ojos de cielo –se encogió de hombros –al menos yo conozco cada aspecto de su vida, pero… ¿tú? –Se burló.

—Ya te dije que no te interesa –lo empujó enfadado, logrando que Alex soltara una carcajada divertida.

—Ni siquiera tú mismo sabes por qué te gusta –negó –él tiene razón, siempre la ha tenido respecto a ti, no eres más que un niño confundido al respecto, no sabes qué te gusta ni cómo te gusta, nada, absolutamente nada, a ti solo te gusta James por su físico ¿miento?

—No tengo por qué contestar tus estupideces, no eres nadie.

—Nunca subestimes la influencia del mejor amigo –se encogió de hombros –y te lo digo en serio, Scorpius Malfoy, si te atreves de nuevo a levantar tu varita contra él, y más por la espalda, te prometo que vas a arrepentirte de haber nacido –le sonrió tranquilo.

—No me intimidas –comentó –tú no sabes nada de mí.

—Sé más de lo que tú sabes de mí, te ofrecí mi amistad, porque en un momento, pensé, estúpidamente, que tú tenías algo bueno, lograste algo que nadie había podido, sin siquiera proponértelo, pero no voy a dejar que vayas por ahí, inyectando tu veneno, y después sacudirte la culpa con que te gusta mucho, con que estás enamorado, porque no te lo creo, tú no sabes lo que es el amor.

—Tú tampoco –soltó a la defensiva Scorpius.

—Ya te lo dije, vuelve siquiera a lastimarlo de nuevo, física o emocionalmente, y yo mismo, me encargaré de ti ¿entendido?

—Recuerda que soy un Malfoy, tú eres un donnadie, asqueroso sangre sucia.

—Azkaban es un lugar en el que estoy dispuesto a pasar el resto de mis días, si eso me asegura que ni tú, ni nadie va a dañarlo ¿te queda claro?

Alex pasó empujándolo del hombro, jamás le había visto esa etapa al chico, y no sabía la razón por la cual estaba temblando, una vez que escuchó la voz de James a sus espaldas supo porque el rostro de amenaza de Alex se desvaneció.

—James…

—Voy a estar bien, Alex –pasó su brazo sobre los hombros de su mejor amigo –no te preocupes, si me matan, podrás quedarte con mi colección de discos, pero prométeme que los acomodarás como los tengo.

—No es gracioso, sabes que odio que bromees sobre esto –bufó.

—Discúlpame –pidió tranquilo –promete que cuidarás de Lily mientras no estoy –suplicó.

—Descuida, lo haré –aceptó –en serio, procura que no te maten.

—Lo haré, y por favor, deja de retar a mi padre, o ya no te dejará venir a casa conmigo –soltó una risa tranquila.