Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola de nuevo, bueno, aquí estoy con el que será el último capítulo del año, esperando que sea de su agrado, sin mucho más que agregar aquí, gracias por sus lecturas, sus reviews, follows y favoritos, nos leeremos el próximo año.

Gracias por todo, cualquier cosa, no duden en decirme 💖


James entró al comedor después que su madre, así que Scorpius se tranquilizó, que se quedara dormido en aquel lugar incómodo era algo que consideraba ajeno al chico, así que estaba preocupado, pero le había prometido a Alex que dejaría la intensidad, si quería ser amigo de James, al menos, tenía que actuar como si no le interesara, y dejar de hostigarlo, o le freiría los cables.

—Vaya, James, pensé que los aurores eran más precavidos, pero tú te duermes en el primer lugar que vez y ni te fijas ¿y si te hubiésemos intentado hechizar?

—Los niños pequeños, no pueden hacer magia fuera del colegio –comentó Lily en un tono meloso de niñita fastidiosa, pero con una mirada aguda y afilada a Albus.

—Yo no soy un niño pequeño –gruñó Albus.

—No puedes hacer magia fuera del colegio –batió sus largas pestañas pelirrojas –significa que lo eres.

—Basta, Lily, no pelees con tu hermano –la reprendió su madre.

—Solo los niños pequeños no saben defenderse, mami –sonrió la niña.

—Pues el imbécil a tu lado…

—Basta, Albus –soltó extrañamente enfadada Ginevra.

La mesa se quedó en silencio, James no abrió la boca para nada más, ni siquiera probó bocado alguno y la cena olía y sabía delicioso, tanto que todos repitieron plato, menos Ginevra y James, la primera observaba preocupada a su primogénito, que parecía ausente de todo a su alrededor.

—Yo le ayudo con los trastes, señora Potter –comentó Alex, alegre, o eso pretendió.

—Gracias, Alex, eres un encanto –sonrió, y observó a James.

Scorpius subió las escaleras de la casa Potter siendo jalado por Albus, que estaba enfurecido con Lily Luna por lo que había dicho a la hora de la cena, pero no prestó mucha atención.

Scorpius se quedó sentado en la cama de su mejor amigo, y ni siquiera se dio cuenta de en qué momento lo había dejado solo, el ruido de un golpe y un llanto lo hicieron ponerse de pie, así que salió apresurado de la habitación, la puerta del cuarto de Lily estaba un poco abierta y era quien lloraba.

La abrió preocupado, desvió la vista hasta su mejor amigo, que tenía la respiración agitada y una cara de miedo que no supo distinguir.

—Lily… cállate, no le digas a mamá –soltó asustado.

—Albus ¿qué rayos hiciste? –Cuestionó consternado.

—Nada, no hice nada ¿verdad, Lily?

La niña lo observó desde el suelo, se enjuagó las lágrimas y negó, haciendo que Albus se relajara y saliera de la habitación llevándose a su amigo de ahí.

—Tú tampoco vas a decirle nada a nadie –soltó Albus.

—Pero ¿qué rayos le hiciste a tu hermana? –Bufó.

—Sólo tuve una charla con ella, nada fuera del otro mundo, es una niñita al final de cuentas –arrojó una revista al suelo y se dejó caer sobre la cama.

Scorpius restó importancia, si hubiese hecho algo serio, Lily no se hubiese quedado callada, más bien hubiese gritado a todo pulmón lo que le había hecho, como la vez en que Albus se comió su caldero de chocolate y comenzó a gritar por su madre para que castigara el acto imperdonable de su hermano.

Además, sus pensamientos rondaban todos sobre James y su extraño comportamiento, si fuesen amigos, podría ir con él y preguntarle la razón de su conducta, ofrecerse como su guardador de secretos, pero ese era Alex, y dudaba que algún día cambiara.

Cuando Albus comenzó a roncar, aprovechó para salir de la habitación, James estaba recostado sobre el sofá, estaba luchando por dormirse, ya que sus ojos se cerraban pero volvían a abrirse al instante.

—Deberías ir a dormir a tu cama, supongo que es más cómoda.

—No quiero dormir –informó.

—Pues se te están cerrando los ojos.

—Pero no quiero dormir, aunque al final, el cansancio y el agotamiento es algo con lo que el cuerpo no puede luchar, supongo.

Scorpius sonrió, estaba tan cansado que ni siquiera se había percatado de que era él, y podía jurarlo sobre toda la dinastía Malfoy, su actitud era relajada y serena, como si lo hubiese confundido con Alex, y eso era imperdonable, pero lo dejó pasar por alto, para poder tener esa cercanía.

—Supongo que no podías dormir tampoco.

—Estoy preocupado por ti, eso es todo.

—No te preocupes, ya te lo he dicho.

—Pues entonces quita esa cara, deja eso de que no quieres dormir y sube a descansar.

—Mi padre dice que solo se descansa cuando se muere, y no quiero morirme, aún tengo cosas que hacer, terminar Hogwarts, y aunque no te guste la idea, casarme con Violet.

—Tienes razón, no me agrada la idea –admitió.

—Ella es la chica que tanto te gusta ¿verdad? –Preguntó con los ojos entrecerrados por el cansancio –no lo hubiese ni pensado si Derek no me lo hubiese dicho, por eso estás celoso cuando estoy con ella, porque te gusta Violet.

—Te lo diré en un instante, solo… cierra los ojos un minuto.

James obedeció, después de treinta segundos, su cabeza se recargó en el respaldo del sofá, su respiración se volvió uniforme, se veía bastante guapo así, dormido, aunque el Sirius borracho de sueño también le gustó.

Se acercó a él y lo recostó en el sofá, sujetó la manta en el respaldo del otro sofá y lo cobijó, acercó su rostro al de él, dispuesto a besarlo otra vez, no lo recordaría, pero tampoco quería caer tan bajo como para aprovecharse de un chico dormido.

Pasó su mano sobre su rostro, haciendo el cabello que cubría su cara a un lado, se hincó sobre el suelo y se recostó un poco sobre su pecho, los latidos de su corazón eran tranquilos comparados con los de él, que sentía un silbido en las orejas a causa de lo rápido que su respiración y su corazón latía.

Cerró los ojos solo un momento, sino fuese él, si no fuese Scorpius Malfoy, posiblemente no tendría que conformarse con solo imaginarse estando así con él, el resto de sus días.

Iba a alejarse en contra de su voluntad, no quería que alguien lo viera así, la mano de James sujetó la de él, soltó un ligero ronquido, bastante tenue, que se confundía con otros sonidos de la noche, pegó sus labios al dorso de James y se alejó apresurado.

Toda la calma se la llevó consigo, porque cuando se alejó, el rostro del castaño se transformó en una mueca y se incorporó rápidamente, por fortuna, él estaba al pie de la escalera, observó sobre su hombro al agitado chico.

— ¡Kropockul! –Masculló James irritado –me quedé dormido.

Sus ojos azules buscaron a su alrededor, topándose con Scorpius, que lo veía confundido, así que James se puso de pie apresurado, acomodó la manta en el sofá que iba.

—Solo bajé por agua –informó el rubio –ya estabas dormido cuando bajé –mintió.

—Sí –asintió –perdón el espectáculo.

Avanzó hasta el patio y lo vio arrojarse a la piscina, para después salir a la superficie como si nada ¿tanto era su deseo por no dormir?

—M—

James observó a su padre, estaba al otro lado de la mesa, desayunando tranquilamente, las heridas que le había ocasionado se habían borrado casi por completo, pero seguía sin hablarle como normalmente lo hacía.

El chillido de Lily hizo que sus padres sonrieran felices, Albus puso los ojos en blanco, Alex y Scorpius pusieron cara de confusión, la niña entró feliz, mostrando su carta de Hogwarts a todo el que quiso verla.

—Vayamos a comprar lo que necesitas mañana, Lily –comentó su padre, con una sonrisa.

—Sí, papi –sonrió feliz, recargándose en su hermano mayor, para que la viera de nuevo –mira, es mía, esta vez, es mía por completo, no tengo que limitarme a verla un instante, es mía toda mía.

—Ya cállate –soltó Albus –todos aquí hemos recibido ya nuestra carta, eres la última, así que no nos interesa.

—No seas tan rudo con tu hermana, Albus –soltó su padre en un tono serio, pero nada demasiado formal.

Lily no pudo compartir su emoción con nadie más, cuando fueron a la Madriguera, Hugo ya había recibido la suya, así que la emoción solo duró una fracción de segundos y Ted se había limitado a enviarle una nota escueta de felicitaciones, la excusa era que estaba ocupado con la escuela, la oficial, que solo James, Alex y Scorpius sabían, estaba teniendo un romance muy apasionado con una chica, así que no había querido salir de la cama para ir a felicitarla.

—Ven, vamos a jugar –comentó James, poniéndose de pie.

—Pero…

Los ojos olivo de Lily se posaron en los demás, que estaban cada uno en sus cosas, ella había tenido muchas altas expectativas en ese día, todo el mundo la felicitaría y estaría emocionado y feliz porque por fin había recibido su carta, pero tal y como dijo Albus a la niña, como ya todos habían recibido la suya, menos Lily Luna, a nadie en sí le interesaba, era la última nieta en recibirla.

—Deja eso, Alexander y únete a nosotros un rato –soltó James.

El chico iba a protestar, pero la advertencia en el movimiento de cejas de James le hizo ponerse de pie, sumando la cara de tristeza de la niña.

—Tranquila, Lily –sonrió Alex alegre –cuando mi carta llegó a casa, mis padres casi la queman, porque pensaron que era una broma de mal gusto, no les alegró mucho, pero lo aceptaron.

—Tus padres son muggles, como los de tía Hermione ¿cierto? –Preguntó Lily curiosa.

—Así es, soy un sangre sucia –soltó como si nada.

Los adultos se quedaron callados y los observaron con sorpresa, quizás para Alex esas palabras no significaban nada, pero para el resto de sangre puras en ese jardín, era algo prohibido, el disgusto bañó el rostro de Arthur Weasley.

—Esas palabras son prohibidas, chico –soltó indignado.

—Ah, no, tranquilo, señor Weasley –sonrió relajado Alex –le explicaba a Lily, que yo soy un sangre sucia.

—Pues ni siquiera a ti mismo deberías referirte de esa forma.

—Está bien, hace poco me lo han recordado –los ojos de su amigo se posaron en Scorpius y sonrió –y no lo tomo como insulto, porque… bueno, para nosotros, los sangre sucia, hay peores en el mundo muggle, así que no se enoje.

—Aun así, en mi casa y en mi familia, no se puede hacer uso de ese apelativo, a nadie, hemos luchado y peleado en contra de los estereotipos desagradables toda la vida, y se lo dije a mis hijos, y ahora se los digo a mis nietos, tienen prohibido, casarse con una persona sangre pura.

—Lo bueno que tu novia es mestiza, James –se burló Albus divertido.

James prefirió no decir nada sobre el comentario de su hermano, se giró hasta su hermana y sin decirlo, el Accio funcionó, la escoba llegó a su mano un momento después.

—Toma –le sonrió –jugaremos un poco de quidditch, es mi último año en el colegio, y quiero que entres al equipo de la casa a donde seas seleccionada.

—La única casa que puedo ser seleccionada es Gryffindor, James –soltó irritada –sino quedo ahí –observó sobre su hombro a sus demás primos –seré una burla para la familia.

—Pero Albus no es una burla por ser de Slytherin, Lily –comentó Alex.

—Él ya era una burla desde antes –comentó Lily, lógicamente.

—Cierto –admitió el chico.

Las otras dos escobas llegaron hasta los chicos una vez que las llamaron, no era necesario enseñarle a Lily como elevarse, era bastante buena, tenía el mismo talento que sus padres para el deporte, aunque nunca habían sido tan rudos con ella, porque era bastante joven.

Al parecer, la niña se relajó y volvió a ese humor alegre que siempre tenía, así que James pudo sentirse alegre por poder hacer algo bueno por alguien, sin arruinar las cosas magistralmente, como siempre le pasaba cuando intentaba ser bueno.

Su juego llamó la atención de algunos, así que comenzaron a animarlos, James era bastante habilidoso en el juego, a diferencia de Albus, que era demasiado parecido a su padre, o de Lily, que era la mezcla perfecta de sus padres, él era muy similar a su madre, así que su habilidad venía de ella, no de su padre, por eso era un excelente jugador, y aunque quería mucho a su progenitor, adoraba que las personas pensaran en su madre cuando lo veían a él, incluso su cabello castaño claro era un tanto rojizo.

—Aún me pregunto por qué James quiere ser un tonto auror, si puede ser jugador profesional como tía Ginny –bufó Rose –no puedo creerlo.

—Bueno, es un imbécil –soltó Albus –está tan desesperado por parecerse un poco a papá, que tiene que hacer esta clase de cosas, me tiene envidia porque me parezco tanto y él no.

—Pero ¿quién quisiera parecerse a tío Harry? Digo, pudiendo parecerse a tía Ginny –soltó Rose lógicamente –además, él es tan guapo.

—Te sonrojaste –soltó Albus, haciendo que Scorpius viera a la chica.

—No es cierto –bufó.

—Sí, lo hiciste, te recuerdo que es tu primo –argumentó Albus.

—Que sea mi primo no hace que no sepa apreciar lo atractivo que es, la mayoría de los chicos en mi curso…

—A James no le gustan los hombres –soltó Albus –así que diles a esos tipos que pierden su tiempo, sale con Violet ¿recuerdas?

—Dije chicos, porque engloba hombres y mujeres, idiota –bufó Rose -¡Bravo, Jamie! –chilló Rose entusiasta cuando robó la pelota.

Una vez que el juego hubiese terminado, bajó primero de la escoba y ayudó a su hermanita, sujetándola de la cintura y sonriéndole encantado, al parecer, la niña se había olvidado del poco entusiasmo de los demás porque ya fuese una niña grande.

—Te tengo un regalo, pero te lo daré luego –le guiñó un ojo.

—Un regalo ¿por qué? –Preguntó en voz bajita, guardando el secreto.

—Por haber entrado a Hogwarts –le despeinó el cabello.

— ¡Sí! –Se alejó corriendo feliz –James me tiene un regalo por haber entrado a Hogwarts.

El castaño sonrió de oreja a oreja, completamente divertido, no entendía por qué, pero Lily y su madre ayudaban tanto a hacerlo sentir como una persona normal, como alguien que valía la pena.

—Nunca ha podido guardar un secreto –soltó Alex divertido junto a James –entonces ¿por qué nadie sabe porque le desagrada Scor tanto?