Capítulo 16: Mejor amigo
¿Adrien le estaba dando una probada de su propia medicina? Él nunca había sido una persona vengativa, lo tenía claro. La mayor prueba de ello era que, pasados unos meses de la caída de Hawk Moth, había comenzado a visitar a su padre en la cárcel y seguía haciéndolo. Sabía de ello, aunque no porque Adrien hablara libremente de ello, con nadie en realidad. Cuando surgía el tema se cerraba en banda. Creo que las pocas veces que había visto a Adrien hablándole mal a los periodistas era cuando le hacían preguntas de su padre
Pero entonces, si tenía más que claro que Adrien no era el tipo de persona que hacía leña del árbol caído, ¿por qué no le había contestado el mensaje? ¿Le había pasado algo? No, no, seguro que no, pensó Marinette. Había visto un post en instagram de Nino y él desayunando juntos esa misma mañana. Él estaba bien.
Le dio un sorbo a su taza mientras, insegura, miraba la pantalla de su móvil. Con un suspiro de rendición, buscó nuevamente el perfil de Nino, que era quien había colgado la foto. Se le veía bien. No había rastro de ojeras ni la piel enfermiza que daba la preocupación. Tenía una mirada cálida y una sonrisa preciosa. Marinette bloqueó el teléfono, sabiendo que aquello no la llevaba a ninguna parte. Se terminó la infusión de manzanilla con lavanda y se levantó para dejar la taza en el fregadero cuando escuchó un golpeteo en su minúsculo balcón. Con duda, dejó lentamente la taza en el mostrador de la cocina antes de acercarse a las puertas acristaladas. Descorrió las cortinas antes de abrirlas con sorpresa.
—¿Chat Noir? —lo llamó, sorprendida de verle allí.
Estaba apenas a un paso de ella, acuclillado sobre la barandilla. Realmente su balcón era raquítico. Chat Noir se inclinó un poco más, sujetándose tenazmente a la baranda y acercando sus rostros. Las oscuridad de la noche y la luz de las farolas le conferían a su rostro una expresión extraña gracias al juego de sombras. Casi la hacían sentir que estaba a punto de ser cazada.
—Buenas noches Marinette —la saludó con una sonrisa pícara.
Marinette lo observó sentado en su sofá sin entender muy bien qué estaba pasando. ¿La ignoraba como Adrien, pero acudía a ella como Chat Noir? ¿A qué estaba jugando?
Le llevó un vaso de agua que bebió con calma y luego colocó en el suelo. Palmeó el espacio a su lado en el sofá para que se sentara. Marinette lo hizo sin quitarle la vista de encima.
—¿Tengo algo extraño en la cara? —preguntó Chat, divertido.
—No, no, al menos no más que de costumbre —se burló Marinette—. Solo que no te esperaba.
—Llevaba tiempo sin saber de ti —le comentó, y Marinette se preguntó si se estaba imaginando el doble sentido—. Así que pensé en pasar a saludar.
Marinette resopló.
—Agradecería que pasaras a saludarme sin intentar darme un susto de muerte.
—Tú eres demasiado dura para asustarte por eso —bromeó Chat—, además, ya tienes que estar más que acostumbrada.
Y, por triste o raro que pudiera parecer, se había acostumbrado a tener a ese gato travieso toqueteando su ventana noche sí y noche también desde hacía muchos años. Incluso antes de que terminara su gran batalla como héroes de París, cuando aún trataban de liberar a los akumatizados día si y noche también. Aunque no eran regulares, se había acostumbrado a aquellos encuentros y, en cierta medida, dependía de ellos. Había una parte de sí misma que solo salía a la luz cuando hablaba con Chat Noir siendo Marinette. Una parte que normalmente escondía del mundo, incluso de sí misma.
—Bueno, no te asustes si un día te doy con un bate en la cabeza —Marinette se encogió de hombros—. Una chica tiene que saber defenderse.
—Auch, princesa —se rió Chat—. Preferiría mantener mi cabeza en su sitio y con todas sus piezas.
—Aham —murmuró Marinette, mirándole fijamente—. Pues difícil me lo pones. Pero en fin, ¿qué te trae por aquí?
—Ya te lo he dicho, no te he visto en un tiempo y quería saber qué tal estabas. No es como si pudiera hablar contigo cuando quiera.
—Lo dice el que se acaba de colar por mi ventana.
—Disculpa, no me he colado. Educadamente yo he tocado la ventana y he esperado a que me abrieras. Soy un gato con modales.
—Menos en la mesa —apuntó Marinette antes de romper a reír—. O cuando te da por soltar un chiste.
—¿Y qué tienes tú ahora con mis chistes?
—Unos chistes tan malos tienen que ser considerados casi que una completa falta de modales. O de buen gusto al menos.
—Pues bien que te ríes cuando los cuentos.
—Ay, mi lindo gatito, no, no, me río de ti riéndote de tus propios chistes, ¡eres tan mono!
—¡No soy mono!
Marinette liberó una carcajada al verle ruborizarse, no sabía si de la vergüenza o de su orgullo herido.
—Es verdad, es verdad —dijo Marinette, palmeándole el hombro—. Ya eres un niño mayor.
Chat la fulminó con la mirada y ella volvió a reírse. Su teléfono vibró y lo agarró de un salto. Luego quiso golpearse, por tonta. Había estado tan pendiente a la respuesta de Adrien que había saltado por instinto, ¿pero cómo iba a ser él quien le había escrito si lo tenía al lado? Efectivamente, solo era un anuncio de una tienda a la que estaba suscrita. Suspiró, sintiéndose idiota.
—¿Algún problema?
Marinette iba a responderle que no, pero antes de que la palabra saliera de su boca lo medito. ¿No había jugado Adrien a las frases con doble sentido al ir a su casa como Chat? ¿Por qué no jugar ella también?
—Pues la verdad… —comenzó Marinette—. Estoy muy confundida.
—¿Y qué te tiene así, mi querida princesa?
—Pues que me pasaron algunas cosas con un amigo y…
—¿Cosas? —la cortó Chat, alzando sugestivamente las cejas—. ¿Qué clase de cosas?
—Cosas que no voy a contarle a un gato pervertido —se burló, logrando que Chat soltara un bufido. A Marinette no la engañaba, detrás de esa pose burlona había verdadera preocupación por saber si tenía algún romance secreto bien escondido—. En fin, pasaron cosas y yo dejé que los días siguieran y siguieran sin dar señales de vida.
—¿Y eso por qué lo hiciste?
—Porque soy una cobarde.
—Eres muchas cosas Marinette, pero no una cobarde.
Marinette sonrió, pero en sus labios pudo saborear el sentimiento amargo.
—Te sorprenderías… —susurró, con un significado en aquellas palabras que solo ella comprendió— Pero, bueno, decidí echarle valor y enviarle un mensaje, ¡y ahora es él el que no me contesta!
—¿Te está haciendo el vacío?
—Pues eso parece —respondió Marinette, cruzándose de brazos—. Vale, sé que no respondí a sus llamadas, ni a sus mensajes, ni a sus intentos porque Alya y Nino me hicieran entrar en razón, pero… Al final le escribí, ¿no? Aunque supongo que fue demasiado tarde…
Marinette suspiró, agotada, con ese pensamiento aplastándole el estómago. Quizás Chat estaba en su piso porque estaba realmente preocupado por ella, pero después de hacerle esperar tanto tiempo, de darle largas de esa manera tan fea, quizás era demasiado tarde de verdad. Quizás Adrien había aceptado que la quería como amiga, pero nada más. Y por eso estaba ahí como Chat. Aunque se había distanciado de "Adrien", era obvio que su mejor amigo era Chat Noir. Desde aquellas primeras noches que pasaron juntos observando el cielo estrellado desde la azotea de la casa de sus padres mientras hablaban sin parar. Chat era una parte imprescindible de su vida. Y no fue hasta ese momento en que veía que incluso su relación con Chat podía desaparecer por su torpeza con Adrien que se dio cuenta de ello, de lo absurdo que era todo. Quería a Chat. Quería a Adrien. Amaba a esa persona, sin importar la de años que había pasado engañándose a sí misma.
—Marinette… —la llamó Chat, sobresaltándola. Su voz era muy baja y calmada, con un timbre de duda—. ¿Estás segura de que le enviaste ese mensaje?
Marinette lo observó con el ceño fruncido.
—Claro que sí.
—¿Segura?
—Que sí.
—¿Pero segura, segura, segura?
—Ay, que sí, mira que… ¡Oh!
Marinette había sacado su móvil, dispuesta a enseñarle la fecha y hora del mensaje enviado. Pero entonces se dio cuenta de que no era así. Se había quedado en borrador.
—No lo envié —suspiró Marinette, sintiéndose como una estúpida—. Le di al botón, pero debí hacerlo mal y no lo envié.
Los dos se hundieron en el sofá, cada uno perdido en sus propios pensamientos, burlándose de sus propias inseguridades y las películas que se habían creado por sí solos. Cruzaron durante un momento las miradas antes de romper a reír.
Martes, 16 de marzo de 2021
¡Hola a todos, lindas flores!
POR POCO NO LLEGO. ¡Qué locura de capítulo y de día! ¿Por qué hago planes si todo se va al traste? Pero en fin, el capítulo llegó a tiempo y espero que lo hayan disfrutado. Y si ven algún fallo que se me haya pasado por alto díganmelo plis para poder corregirlo, que con las prisas puede que se me haya pasado algo, ¡ay!
Neko lila, créeme, no sé cómo me las apaño para sacar un capítulo todos los días. Hoy por poco me pilla el tren jajajajaja. Y sí, Alya es un amor de personaje y la adoro. Me gusta que Marinette y Alya estén una junto a la otra para lo que sea, que siempre se apoyen mutuamente. Es una amistad verdaderamente especial y preciosa.
Kimisse, pues ya has podido ver lo que pasó jajajajajaja.
Bueno, pues con esto y un bizcocho, ¡hasta mañana!
