Capítulo 17: Lenguaje del amor
Marinette sonrió encantada al ver a Rose dando vueltas y vueltas en su nuevo vestido. Ya estaba listo. Los últimos ajustes le habían sentado de maravilla y el vestido le quedaba como un guante. Era enternecedor verla tan contenta, ruborizada a más no poder y con lágrimas en los ojos. Por cosas así su boutique seguía haciendo vestidos de novia. Le era realmente tierno.
Rose dio otra vuelta sobre sí misma, logrando que la tela de la falda volara ligeramente con el movimiento. Desde que Rose se le plantó en la boutique, toda nerviosa y casi dando brincos del entusiasmo, pidiéndole que fuera la diseñadora de su vestido de novia, Marinette lo había tenido claro. Y se alegraba de haber acertado. Su vestido era de un blanco muy suave, de corte princesa y escote palabra de honor. El corpiño caía en un ligero pico en su espalda, dejándola al descubierto, y se cerraba por una fina línea de botones blancos. Tenía el talle en la cintura, permitiendo que los volantes de tela mikado cayeran gentilmente, dándole el aspecto de un hada en la bruma con cada uno de sus pasos. Con su cabello corto, su grandes ojos y los hombros al descubierto, Rose parecía una estrella de cine de la era dorada de Hollywood. Rose corrió hacia ella para estrecharla entre sus brazos.
—¡Oh, Marinette! ¡Es precioso! ¡Realmente precioso! ¡Sabía que hacíamos lo correcto al pedírtelo a ti!
Marinette rió enternecida y correspondió el abrazo.
—Ha sido un auténtico placer hacerlo, y el de Juleka también ha quedado maravilloso.
—¡Ay, no me cuentes nada, no me cuentes nada! —le pidió Rose, tapándose los oídos—. Queremos que sea una sorpresa.
Marinette volvió a reír. Las dos eran tan malditamente lindas. Juleka justo había ido a visitarla el día anterior para probarse su vestido y había tenido una reacción realmente similar al simplemente mencionar a Rose. Le maravillaba la relación tan bonita que tenían esas dos.
—Vale, vale, cremallera —bromeó Marinette, haciendo como que cerraba sus labios con un ágil tirón de un zip imaginario.
En realidad no iba a comentarle nada. El secreto del vestido de novia era algo básico. Pero le encantaba pincharlas. Aún así no mentía, Juleka en su vestido de novia estaba espectacular. A diferencia de con Rose, no tenía tan claros los gustos de Juleka en cuanto a moda nupcial. Se había vestido con diseños de todo tipo de diseñadores en su día a día como modelo, pero cuando quedaba con ella a tomar un café le gustaba llevar ropa cómoda y oscura. La verdad es que si ella tuviera que trabajar todos los días en tacones altísimos, también ella preferiría salir en deportivas.
Habían tenido que ver muchos diseños, incluso habían hecho pruebas con patrones de papel sobre la piel de Juleka, hasta que se había enamorado de uno. Y había que reconocerlo, su amiga tenía un ojo excelente. Se había decidido por un corte princesa, lo cual había sido una sorpresa. No quería nada de tul ni pompa, pero sí sentirse en su propio cuento de hadas. Al fin y al cabo, aquella promesa que estaba cerrando con Rose era, para ella, su versión de un cuento maravilloso. El escote corazón drapeado le quedaba a las mil maravillas y el cinturón violeta a la cintura se ceñía a ella perfectamente. Tenía unas pequeñas mangas japonesas en los hombros que habían probado a quitar y a poner varias veces, pero al final se habían quedado. Un pequeño escote dejaba parte de su espalda al descubierto. El toque de gracia estaba en la abertura frontal de la falda, mostrando su pierna derecha por encima de la rodilla y, con cada uno de sus pasos, se podía ver que el interior de la falda tenía una preciosa capa violeta. Juleka no había llorado ni dicho nada al verse en el vestido, solo había respirado hondo y la había abrazado más fuerte de lo que había hecho jamás.
—Entonces, ya solo queda terminar con los accesorios… —murmuró Rose— Y los vestidos de las damas de honor.
—No te preocupes, todo eso está en marcha —le aseguró Marinette, guiñándole un ojo—. Ya tengo cita con las chicas para empezar con las pruebas. Todo está yendo según el plan.
—Se lo advertí a Rose, se lo recordé a Juleka y te lo repito a ti, no pienso llevar un vestido —aseguró Alix, cruzándose de brazos.
—¿Ni por las chicas? —preguntó Myléné.
—Venga, es su boda —comentó Alya, dejando que Marinette le tomara las medidas—. El malva no es precisamente mi favorito, pero a ellas les hace ilusión.
—Porque es el color que resulta cuando combinas sus colores favoritos —suspiró Mylènè, conmovida. Esa clase de pequeños detalles realmente la emocionaban.
—Ya solo falta que me pidan que me ponga tacones de aguja —murmuró por lo bajo Alix—, y mira, los tacones altos gruesos los paso, pero nada de aguja.
Marinette soltó una ligera carcajada.
—¿Quieres dejar de quejarte? —le pidió Marinette con una sonrisa burlona—. Las chicas y yo hemos pensado en todo, deja de montar dramas y permíteme medirte.
Alix soltó un suspiro tan profundo que probablemente soltó todo el aire de sus pulmones de una.
—Lo que hago por ellas…
Todas rompieron a reír, y es que era una gran verdad. Todas estaban ahí, dejando que Marinette las tratara como muñecas a las que vestir, porque querían muchísimo a la Rose y a Juleka y estaban realmente felices por ellas. Eran esas cosas las que fascinaban a Marinette. No era el tul, ni la seda, las diademas o las joyas. Eran esas formas tan distintas que tenía el amor de mostrarse, de comunicarse, fuera del tipo que fuera.
—Va a ser un día precioso, ya lo veréis —aseguró Marinette con una sonrisa.
—Mira que eres ñoña—dijo Alix, aún sin moverse mientras Marinette seguía con su trabajo.
—¿Marinette? —preguntó Alya—. ¡Qué va! ¡Imposible!
Y todas rompieron a reír. Marinette terminó con Alix y recogió la cinta métrica amarilla en su puño, ordenadamente, antes de guardarla en su cinturón.
—Muy bonito, burlaos de las que os hace los trajes y ya veremos cómo les va.
—¡Oh, vamos! Eres una romántica, Mari —aseguró Alix.
—Siempre lo has sido —aseguró Mylènè con una sonrisa cálida.
—Siempre te emocionas con los pequeños detalles —añadió Alya—. ¿Se acuerdan cómo se puso cuando aquellos becarios que hicieron las prácticas con ella le regalaron una pulsera hecha por todos para despedirse?
Lo peor es que no podía negarlo, al menos no del todo. A Marinette le fascinaban, no tanto los grandes actos llenos de confeti y fanfarria, sino los pequeños gestos, los mensajes y los códigos del amor. Aquella pulsera estaba en su casa, guardada con cariño, y le recordaba que el trabajo duro y la empatía sí alcanzaban a la gente. Cada una de las cuentas de aquella preciosa pulsera había sido hecha a mano por sus alumnos.
Le encantaba cuando Alya le enviaba una foto siempre que veía una flor de cerezo abriéndose. O cuando sus padres se estrechaban durante un momento las manos y se perdían en una mirada dulce cuando ella se quedaba en el mostrador y él traía la hornada nueva para que la expusiera. O como Nino solo le recomendaba películas que sabía a ciencia cierta que le iban a gustar porque la conocía. O cuando Juleka y Rose se apoyaban la una en la otra sin decir palabra, sentadas en el sofá, aun si cada una estaba haciendo una cosa distinta. O que Chat fuera a visitarla las noches de lluvia porque sabía que la hacían sentir triste, aunque jamás sacaban ese tema. Había millones de muestras de amor distintas, y todas viajaban a través de lazos igual de importantes, pero totalmente diferentes. Y eso era lo que Marinette quería con las personas de su vida.
Miércoles, 17 de marzo de 2021
¡Hola a todos, lindas flores!
Este capítulo fue realmente lindo de escribir. Rose y Juleka son de mis ships favoritas de la serie así que, por supuesto que si iba a poner a alguien en modo bodorrio iban a ser ellas dos. Al igual que me hacía mucha ilusión mostrar que no es nada malo que dos personas deseen casarse, es una muestra de amor, por supuesto, pero también existen otras igual de maravillosas y cada uno decide con qué muestras de afecto se siente más cómodo y representado. Cada corazón es un mundo y, mientras esos gestos de amor provoquen felicidad y no dolor, no somos quién para juzgar a los demás. Ahora soy yo la cursi jajajajajajaja
Tengo que agradecerle a AquaticWhisper que me aguante bien temprano en la mañana con mi crisis de vestuario, sin ella a saber si logro terminar el capítulo bien y a tiempo jajajajajaja
AquaticWhisper, ¡he conseguido que comentes de nuevo aquí! ¡Milagro! Tengo que estar tocándote mucho la fibra sensible, ¿eh? jajajajaja
Kimisse, jajajajajajaja, ¡muchas gracias! Parece que no, ¡pero llevamos ya 17 capítulos!
perlapuccabf, los sentimientos no son fáciles, menos cuando chocan constantemente con nuestras obligaciones. O al menos eso es lo que piensa Marinette. Y como no puede hablar con nadie del cacao mental que tiene montado, le es aún más difícil salir. Tiene la ayuda de los kwamis, pero ni ellos con todos sus años pueden hacer milagros. Es Marinette la que poco a poco tiene que cambiar la percepción que tiene de sí misma y su razón de ser.
Evee Chelle, ¡muchísimas gracias por tan bonito comentario! ¡Me has tocado la fibra! Estoy muy contenta de que la historia te esté gustando tanto. Es un reto hecho a toda prisa, así que tiene sus fallos, pero estoy muy feliz y orgullosa de lo que estamos logrando : 3
Neko lila, es que es lo típico, que se te quede justo ESE MENSAJE en borrador y por miedo a que te vea en línea o veas que escribe, borra, escribe, borra, escribe, borra y se desconecta dejándote sin respuesta, pues no entras al chat. Y claro, pasa lo que pasa jajajajajaja
Bueno, pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos mañana!
