Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.


James dejó su túnica en el perchero junto a la chimenea, observó el montón de cartas sobre la mesa, observó a su lechuza y sonrió, estaba dormida, así que intentó hacer el menor ruido posible, avanzó hasta su correspondencia, la primera en ver, fue la de Scorpius, con su letra elegante, la forma de su caligrafía le daba paz mental, de lo uniforme y constante que era.

Querido James,

Me encanta que volvieras de tu misión, yo he estado bien, el colegio es bastante aburrido, lo cierto es que quisiera estar de vacaciones, y estar cuando vuelvas a casa, pero no ha sido posible, espero que estés bien, no puedo evitar preocuparme al pensar que algo malo pudiese llegar a pasarte, por favor, ten mucho cuidado.

Te veré pronto, he pensado, que en Navidad, podrías venir a la mansión Malfoy a cenar, y aprovechar para informar a mi padre, y en año nuevo, podemos hacer a tu familia partícipe de la noticia.

¿Qué te parece la idea?

Espero tu respuesta pronto.

Te ama,

Scorpius.

El castaño se quedó quieto, no recordaba que su nota diera para tanta contestación ¿debería ser más vago en sus cartas como Malfoy? Sacudió la cabeza, volvió a guardarla y continúo con las demás.

Gruñó, no podía soportar tener cosas pendientes, por eso mismo, lo primero que hizo fue tomar pergamino y tinta para contestarle a Malfoy.

Hola,

Estoy bien, gracias por preocuparte.

Arrugó el pergamino y tomó otro:

Scorpius,

Hola, estoy bastante bien, no tienes por qué preocuparte por mí, no es necesario, en cuanto a lo otro, me atengo a lo que dispongas.

Frunció el cejo ¿cómo debería despedir la nota? ¿Cómo lo había hecho el rubio? ¿Con un solo adiós? Negó, así que solo agregó sus iniciales, de nuevo, y como siempre lo hacía en las notas personales, de otro modo agregaría "se despide de usted, o un quedo atento de su respuesta", y no creía que fuese la forma correcta de despedirse de su novio en una nota.

Aprovechando su tarde libre, fue en busca de su mejor amigo una vez que se tomó una ducha y se cambió, para su desgracia, Ted se unió a ellos, así que no pudo interrogar respecto a lo que quería.

—Me alegro que te dejes ver –soltó Ted, alegre.

—Mejor dicho, que tú tienes tiempo –argumentó el castaño.

—Es cierto, entre la Academia, la pasantía y las chicas –negó –no hay mucho tiempo que tenga libre.

—Lo supongo –admitió Alex.

—Pero dime ¿cómo sobrellevas lo de tu novia? Digo, ex, nunca no la presentaste.

—Ella nunca quiso conocerlos, por eso nunca se las presenté –murmuró James, bajando la mirada.

—Lo siento, Ginny me comentó que había sido serio.

—Al menos para mí, lo fue –admitió.

—Pero cuéntanos mejor, Teddy ¿para cuándo una relación seria? –Preguntó Alex.

—Para jamás ¿en serio me ves como un marido? –Se señaló.

James observó a su amigo, la verdad era que desde que aquella tarde, Lily lo había llamado gordo, se había puesto a hacer ejercicio, incluso decidió hacer la misma rutina que hacía él, así que con el tiempo había adquirido una figura bastante marcada, además de que era bastante atractivo.

—Te ves como un tipo que le tiene miedo al compromiso, simple como eso –se encogió de hombros Alex.

—Mira quién lo dice –se burló Ted –no te he conocido una novia, amigo.

—Audrey McLaggen –comentó James –fue su novia en el colegio, y la única, porque las demás chicas, solo querían una noche con él.

—Eso no se dice, James –soltó irritado Alex –deja que las personas crean lo que quieran.

—Pues lo mismo va para ti –soltó Ted, divertido.

—No, eso sí te lo dije en serio, amigo, le tienes miedo al compromiso, ignoro el porqué, pero créeme, algún día vas a enamorarte hasta los huesos, de la persona menos esperada, en el momento menos esperado, y van a pagarte con la misma moneda.

—Esa mujer aún no ha nacido, y cuando lo haga, estaré muerto y enterrado ¿lo escuchas?

—Miedo al compromiso ¿lo ves? –Señaló Alex para James –está igual que tú, no te veas en ese espejo, y mejor échale ganas.

—No es miedo al compromiso, Alex, es simplemente que no quiero una familia, soy como tú, me gustan las cosas de una noche.

—La chica que le gusta no está disponible –informó James.

—Eso no es cierto –frunció el cejo Ted.

—Su ex compañera, Susan –informó el castaño –has estado enamorado de ella desde el colegio ¿no es así? Tío George se lo dijo a la abuela Molly, cuando preguntó si no te gustaban los chicos.

—Tu tío George es un bocazas, eso era entre él y yo.

—Entonces no digas que no ha nacido la mujer que te enamore, ya nació, tiene nombre, apellido y dirección postal.

—Lo mío con Susan jamás va a pasar, primero llego a Azkaban, que al altar con Susan o con otra mujer.

—Bueno, supongo que el padre de James puede arreglar las cosas para que te casen en tu celda.

—Cambiemos de tema.

—Sí, mejor díganme ¿qué se lleva a una cena? –Preguntó James.

—A una cena, no lo sé –admitió Ted –dependiendo, normalmente llevas una botella, vino, whiskey, lo que sea que tu anfitrión le guste.

—Ah –asintió tranquilo, pensativo.

¿Qué clase de licor le gustaría a Draco Malfoy? Por lo poco que recordaba de su casa, debía ser una persona elegante con un gusto exquisito, no sabía si le alcanzaría para comprar algo digno de un Malfoy con su sueldo.

—Pero ¿por qué la pregunta, a donde irás? –Elevó una ceja el metamorfomago.

—Es de negocios –soltó Alex, de inmediato.

—Entonces sí, es más normal, o puedes regalarle un reloj –se encogió de hombros –dependiendo de qué tan… importante sea la persona.

—Bastante, importante, supongo –comentó pensativo.

Los ánimos de la charla se relajaron una vez que James externó su duda, comenzaron a charlar de quidditch, de política, del trabajo, del mundo muggle y los padres de Alex, mientras James repasaba mentalmente la cuenta de cuanto le costaría comprar una de las mejores botellas, al final del día, se rindió, terminó enviándole una nota a Scorpius, preguntándole sobre qué clase de licor bebía su padre.

La respuesta llegó un par de días después, como siempre, con más palabras de las que el castaño necesitaba.

Esa pregunta me causa curiosidad ¿por qué quieres saber? Bien, te diré, para no alterar tu paz mental, le gusta el whiskey de fuego, ahora dime ¿para qué quieres saber eso?

—M—

Albus avanzó tranquilo hasta la sala común una vez que salió de su habitación, se detuvo cuando la voz de Audrey se escuchó un poco fuerte y Scorpius la acalló.

—Albus no debe escucharte –soltó Scorpius.

—Scor, de todos modos tendrás que decirle –contestó lógicamente –y conociéndolo, hará un escándalo.

—Él no tiene por qué saber que te dije a ti primero, que estoy saliendo con su hermano.

—Ah, lo dices porque gracias a él, James te ignoró los últimos años, y te rechazó dos veces, antes de comenzar a salir contigo hace ¿dos meses? –Se burló –la casa Potter explotará el día último de año, créeme, amigo.

—Bueno, sí, Albus es un poco… ya me había dicho que no me perdonaría si me enamoraba de su hermano, pero es que… James es perfecto, es dulce, encantador y…

—Y está como tallado por Circe, Merlín y Morgana juntos ¿no?

—Casi, es como la mismísima encarnación de Adonis, no lo sé, creo que James es el ser más perfecto sobre la tierra.

—Te trae loco, realmente loco –se burló Audrey.

—Más que eso, desde la primera vez que me besó en la casa de sus padres, no hubo marcha atrás.

Scorpius y Audrey se alejaron rumbo a los sofás, así que Albus aguardó unos minutos más, para poder controlar su furia, y fingir como que seguía siendo el mismo tipo al que su mejor amigo le había visto la cara.

Lo que más lo sorprendía era la información de que a su perfecto hermanito, le gustaban los hombres, y al parecer, no había servido de nada que le dijera a su hermano que se mantuviera lejos de su mejor amigo, James siempre se las arreglaba para volverse el centro del universo, lo quería todo, y ahí estaba el claro ejemplo.

—Ah, hola, Albus, te estábamos esperando para ir al gran comedor, en unos días más, estaremos libres de este colegio, al menos, unas semanas –soltó divertido el rubio.

—Sí, por fin, desde que James evita ir a casa durante las vacaciones, creo que la paso mejor.

—Lo evita ¿por qué razón? –Preguntó Audrey.

—Lily dijo que no le gustaba la presencia de Scor, así que mejor en cuanto tuvo oportunidad, no quiso poner un pie más, como precaución y no encontrárselo –Albus observó a su amigo, que se tensó ante la información, pero él no agregó más ya que en eso, no mentía.

—Que dulce –se burló la rubia.

Scorpius avanzó serio hasta el gran comedor, Audrey y su amigo iban charlando tranquilamente, pero gracias a las palabras que le había comunicado, le hizo sentirse mal ¿realmente era la razón por la cual había dejado de visitar a su familia? ¿Tanto le desagradaba que había tomado una decisión así? ¿Por qué había aceptado salir con él entonces?

Sacudió la cabeza, él no le había dado tregua, se había impuesto a que le diera una oportunidad, y quizás para quitárselo de encima, había dicho que sí, la prueba eran sus cartas escuetas, con un lenguaje educado, formal y frío.

—Te quedaste atrás, vamos o no quedará nada de lo bueno en el desayuno –lo llamó Albus, bastante tranquilo.

Scorpius levantó la mirada, por un instante, el brillo en sus ojos esmeraldas fue un poco distinto, algo que jamás había visto, y por ese mismo tiempo, creyó que lo sabía, que sabía que estaba con James, haciéndolo sentir culpable.

Elevó una ceja oscura, irritado, así que descartó toda posibilidad de que supiera la verdad, lo conocía, ya le había advertido, si lo supiera se hubiese puesto como loco, le habría dejado de hablar, no lo sabía, hubiese casi explotado del enfado.

—Sí, tienes razón.

Avanzaron juntos al gran comedor, su amigo entró como si nada, pero Scorpius se detuvo, irritado al ver al chico de tercer curso, pasando su brazo sobre los hombros delgaduchos de Lily Luna, iba a acercarse, pero su mirada se topó de nuevo con la de su amigo.

—Ya te lo dije, ella no es tu asunto, deja de entrometerte.

—Pero, Albus…

—Ella no va por ahí, ahuyentando tus conquistas, no le interesa, deberías hacer lo mismo.

—Pero es tu hermana, Al.

—Lo sé, y como ya te lo había dicho años antes, la que terminará con un embarazo adolescente, no soy yo, y si a mí no me importa ¿por qué a ti sí? –Elevó una ceja.

—Porque es una niña, y no quiero que un tipo le rompa el corazón, por eso.

—Eres el menos indicado para pregonar eso de que es una niña, tomando en cuenta que a su edad, desvirgaste a una chica.

—Sí, y no me siento muy orgulloso de eso –admitió.

—Cada quién sus errores, así que, déjala en paz, Scor, mejor dedícate a buscar algo que valga la pena para ti.

Los días, tal y como se lo había dicho a su mejor amigo, avanzaron, así que cuando llegaron a la estación de King's Cross, se sintieron en parte, un poco libres del estrés del colegio, solo Merlín sabría cómo les iría el siguiente año con todos los exámenes que tenían que presentar.

Bajaron del expreso, tranquilos, charlando de sus planes para las vacaciones, así que cuando Scorpius escuchó el gruñido de su amigo, apartó la vista de él y miró al frente, James Sirius estaba delante de ellos, con su traje de auror, tan atractivo como siempre, su corazón se aceleró por completo, pensando que había ido ahí para esperarlo, sentía como si todo a su alrededor se hubiese llenado de una luz extraña y todo a su alrededor avanzara en cámara lenta.

—Papá me ordenó que viniera por ti –le comunicó.

Aquello mató la ilusión del rubio, su novio, delante de él, le dedicó una mirada nerviosa, pero duró una fracción de segundos, para enfocarse a su hermano otra vez.

—De acuerdo –contestó en tono prepotente –te invitaría a venir, pero dijiste que tu papá te estaba forzando a pasar Navidad con él, aunque detestas la idea de eso, no puedo hacer nada –se giró y comenzó a avanzar –vamos, robot –ordenó a su hermano.

James observó a Scorpius por un segundo de reojo, pero al final se dio media vuelta y siguió a Albus como si fuese un guardaespaldas, y no su hermano mayor que fue por él para llevarlo a casa.

Suspiró, no le había dicho nada, no lo había mirado como hubiese deseado que lo hiciera, ni siquiera lo vio emocionado porque estuviese ahí.

—Ah, aquí estás –la voz de Alex lo hizo girarse.

—Albus y James se fueron ya –informó.

—Lo sé –admitió.

—Y… mi papá no tarda…

—Le envíe una nota, le dije que vendría por ti, si me daba permiso, claro –se burló divertido.

Scorpius negó, divertido también, lo más cercano a James que iba a tener ese día, era Alex, así que lo siguió sin poner objeciones.

—Iremos a comer algo, y después te llevaré a tu casa –le guiñó un ojo, así que asintió, tranquilo.

—Pero mis cosas…

—Tu papá envió a un elfo por ellas, descuida.