Capítulo 22: Sketchbook

Eran las tantas de la madrugada, pero Marinette realmente no era consciente ni de la hora ni de que no había comido nada. Y eso que Tikki le había insistido mucho con el tema, pero Marinette tenía la cabeza en otra parte. Concretamente en su libro de diseños.

Pasó los dedos por cada uno de los dibujos, acariciando con suavidad las líneas, los trazos, las manchas que habían dejado los borrones tras de sí… Era buena diseñadora, pero tristemente no era de esas cuyo cuaderno de bosquejos era pulcro y milimetrado. Ahí estaba todo, por eso estaba tan maltratada y sucia.

No era solo la idea inicial, también los cambios que la seguían. A veces se arrepentía o veía que no iba a funcionar y borraba y volvía a empezar. Así hasta estar segura de qué era lo que estaba haciendo, del mensaje que transmitía y que funcionaba. Cada diseño estaba lleno de notas, algunas con preguntas que se hacía al momento y que dejaba tiempo para reposar y repensar, y otras permanentes. Por ejemplo, uno de sus trajes de corte sirena tenía la anotación de "¿la modelo estará incómoda con él?". Vale que los trajes de alta costura no tenían que ser idóneos para hacer footing, pero tampoco podían ser una tortura. Había dejado la duda descansar un par de días, había hecho unos experimentos y se había dado cuenta de que su duda era lícita y había tenido que empezar de nuevo. Había trozos de materiales pegados a los diseños, códigos de color, estampados ideados por ella misma… Estaba todo ahí, era la traslación más directa de lo que había en su cabeza. Aunque no la única.

Se giró sobre el asiento, contemplando cómo los diversos maniquies ajustables portaban cada uno de los diseños. Ahí estaba, toda su colección. Solo faltaban los últimos ajustes con los modelos, pero el trabajo que le había hecho derramar sudor y lágrimas, y puede que algo de sangre de su nariz después de pasar demasiadas horas sin dormir, estaba terminado. Marinette se estiró en la silla y por primera vez notó que no estaba sola, que Tikki la estaba observando después de verse ignorada durante un buen rato.

—¿Tikki?

—¿Marinette? ¿Has vuelto ya de la otra dimensión?

Marinette soltó una risa baja y cansada.

—Lo siento, lo siento, culpa mía —admitió, estirándose en el asiento—. Solo me he dado cuenta de que ya está lista y, no sé, soy muy feliz Tikki. Es un gran paso para mí.

Tikki suspiró y voló hasta su mano.

—Todo esto es precioso, Marinette. Estoy muy orgullosa de ti.

Marinette sonrió suavemente, acariciando con gentiliza la mejilla de Tikki.

—Se acerca la hora, Tikki, pronto mi pequeño sueño estará expuesto a los ojos de todos.

—Y será maravilloso Marinette —aseguró Tikki, palmeando suavemente su mano—. Creo que has pasado tanto tiempo sola, llevando tu talento en solitario, que piensas que lo que haces no es nada de otro mundo. Y te equivocas, ¡haces cosas increíbles Marinette! Y si dejas que los demás vean también aunque sea una parte de tu mundo, también lo comprenderán.

Marinette se limpió la mejilla con el dorso de la mano, haciendo desaparecer la intrusa lágrima que se había deslizado por su piel.

—Oh, Marinette… —suspiró Tikki—. No llores, por favor.

—No lo hago a malas —rió torpemente Marinette, atragantándose un poco por las nuevas lágrimas que trataba de detener, sin éxito—. Es solo que, es mucho para mí. Este es mi sueño más antiguo, mi esperanza, y verlo tan real y a la vez tan expuesto y que tú me digas eso.

—Marinette, te prometo que no soy la única que cree en ti y en tu proyecto. Creo que lo te hace falta ahora mismo son unas buenas horas de sueño y recordarte a ti misma que eres increíble.

Marinette volvió a reír y, limpiándose las lágrimas, asintió. Se levantó del sitio, poniéndose su abrigo e invitando a Tikki a ir con ella.

—Pero no antes de tomarnos un buen vaso de leche con galletas.


Juleka fue a la boutique a la hora prometida, las cuatro de la tarde. Entró en el local aunque la placa de la puerta decía que estaba cerrado y se adentró en el taller en silencio.

—Hola Juleka —la saludó Marinette sin mirarla, había visto su sombra por el rabillo del ojo.

Estaba terminando los ajustes apuntados del maniquí tres, cuyo modelo había estado ahí para sus pruebas hacía menos de media hora.

—Hola Marinette —la saludó Juleka con voz gentil.

Marinette alzó la mirada sin cambiar de posición y le dedicó una sonrisa. Juleka llevaba su largo pelo negro en dos trenzas que tenían toda la pinta de que se las había hecho Rose. El mechón violeta le caía grácilmente por la frente. Llevaba un top negro sin mangas y unos pantalones negros de pitillo de tiro alto. El largo abrigo de lana gris le cubría uno de sus hombros y le caía elegantemente por su otro brazo. Sus pasos eran insonoros gracias a sus deportivas oscuras.

—Acércate —le pidió Marinette, dejando en su lugar la carpeta del diseño tres y levantándose de su asiento—, vamos a ver qué tal te queda.

—Todo esto es increíble —susurró Juleka, echándole un vistazo a todos los diseños mientras se acercaba a ella.

—Muchas gracias, que tú me digas eso es un gran halago, has trabajado con muchos de los grandes —contestó Marinette, que pese a su voz baja la había oído. Trató de ignorar el sonrojo de sus mejillas y sacó adelante el maniquí número doce, el que cerraría la colección—. Aún no me creo que estemos tan cerca.

—Todos sabíamos que en algún momento iba a pasar —dijo Juleka con una sonrisa amable—, porque tú siempre has tenido la estrella para ser de los grandes, Marinette. Es un orgullo para mí que hayas decidido contar conmigo.

—Lo mismo digo —le respondió Marinette con una enorme sonrisa—. Y ahora vamos a ver qué tal te queda esto.

Lunes, 22 de marzo de 2021


¡Hola a todos, lindas flores!

Al final me quedé dormida, así que no te preocupes Evee Chelle, que no me estoy fustigando por el reto jajajajajajaja. Estoy muy contenta de llevar a Marinette a este punto. Ha dado pequeños pasitos para cumplir su sueño y ya está muy cerca de celebrar su primer gran desfile en solitario, aysh...

En fin, con esto y un bizcocho, ¡nos leemos mañana!