Capítulo 23: Firma oculta
Todas las creaciones de Marinette llevaban su firma. Vale, que había tenido algunos cambios desde que la había creado con trece años, pero en esencia seguía representada por la flor de cerezo. En realidad, era divertido pensar en cómo había surgido, aunque no se lo había contado jamás a nadie.
Fue la noche en que empezó su primera libreta de diseños, un regalo de su padre que al pasar por una librería a hacer los encargos de tarjetas para añadir en los envíos de tartas y dulces, la vio y pensó en ella. No era la primera libreta que tenía, claramente. Sus cuadernos del colegio estaban llenos de dibujos por todas partes. Pero era la primera que le regalaban específicamente para que creara sus sueños de telas y costuras. Hacía mucho que esa libreta se había agotado, pero la seguía guardando como un objeto preciado, sobre todo por la dedicatoria que su padre había escrito en la primera página.
Esa misma noche, motivada por el impulso de su padre, había empezado a dibujar. Pasaron las horas, pero ella no fue consciente del reloj ni de la forma en que la ciudad se quedaba en el silencio habitual de la noche primaveral. Se quedó dormida en su escritorio con la ventana abierta, ignorante a la brisa fría que hacía bailar las ramas de los árboles. Cuando se despertó, tenía el pelo, la libreta y, en realidad, gran parte de su cuarto, lleno de flores de cerezo que se habían colado durante la noche.
Marinette sonrió ante el recuerdo. Aquel día se había llevado tres cosas: el recordatorio de que tenía que cerrar la ventana por la noche si no quería pasarse la mañana limpiando, que dormir en su escritorio definitivamente no era buena idea, y que, como los pétalos de cerezo habían sido testigos de su nacimiento como artista, la acompañarían en su viaje. Y así había sido, seguía consigo y ya todo el mundo relacionaba esa imagen con ella, lo que era un pequeño logro del que se sentía orgullosa. La que no era tan conocida era su otra firma.
Al empezar a vender sus productos, quiso hacer una pequeña señal de aquellos que eran especiales para ella, aquellos que no estaban simplemente orientados a estar expuestos en las perchas de su pequeña boutique. Eran los que habían nacido para una persona en concreto, alguien muy querido.
Una pequeña etiqueta que iba junto a la etiqueta de su firma, una que tenía una luna que seguía el entramado metálico de la Torre Eiffel. Y todas y cada una de ellas las bordaba a mano con mucho cuidado, como estaba haciendo en ese momento con el vestido de Juleka. Era el punto final, el momento en que el traje estaba oficialmente terminado y listo para entrega. Alzó la mirada de su mesa de trabajo y observó el vestido de Rose, que estaba en una percha listo para ser correctamente guardado y trasladado.
Cuando le habían pedido que hiciera sus vestidos de novia, desde luego no había esperado hacer también de mensajera. Y como no podía entregarlo en el apartamento de las chicas por razones obvias, le tocaba ir como un agente secreto a las casas de sus padres para que no se descubriera el pastel hasta el mismo día de la boda.
—Lo que se hace por los amigos, ¿eh? —se preguntó a sí misma antes de lanzar un suspiro y cortar el hilo azul grisáceo de la etiqueta. Pinchó la aguja en el alfilero de su muñeca y alzó el vestido de Juleka con una sonrisa—. Es hora de empezar la ruta.
Marinette contempló el encantador barco antes de subir por la tarima. Pudo ver que Anarka le había dado una mano de pintura y barniz al barco desde la última vez que había estado allí, pero seguía siendo el rebelde barco de los Couffaine. Dudaba mucho que consiguieran que Anarka viviera en tierra alguna vez en su vida. Era más probable que se hundiera con el barco antes de irse a vivir al apartamento de alguno de sus hijos.
—¿Anarka? —la llamó Marinette, vigilando en todo momento que el porta trajes estuviera seguro y a salvo—. ¿Hola?
—¿Marinette?
Marinette se sobresaltó al escuchar su voz después de tanto tiempo. Tuvo cuidado de no dejar caer el vestido cubierto por el portatrajes, pero no tanto como para controlar la expresión de sorpresa de su rostro.
—¿Luka?
Luka salió a la cubierta con la sorpresa grabada en sus hermosos ojos azules. Tuvo que agacharse un poco para poder pasar por la puerta, lo que no era una gran sorpresa ahora que medía dos metros. Marinette siempre se sentía Pulgarcita a su lado, la distancia de cuarenta centímetros era una gran rival. Y seguía tan esbelto como siempre. Definitivamente lo del modelaje Juleka lo tenía en los genes.
—No sabía que ibas a venir… —susurró Luka, acercándose a ella.
—Yo tampoco sabía que estarías aquí… Y sí, me toca hacer de ninja —rió nerviosamente Marinette—. Ya sabes, por el traje.
—¡Oh, sí, claro! Espera y te ayudo.
Luka, con mucho mimo y cuidado tomó el traje de novia de su hermana y lo alzó con elegancia. Los brazos de Marinette lo agradecieron, no solo por el peso del vestido, sino que ella tenía que hacer malabares para que estuviera en perfecto estado cuando Juleka también le sacaba dos cabezas. Marinette detestaba un poco a los modelos, tenía que decirlo.
—He venido a ayudar con todo el tema de la boda, ya sabes. Espera un momento, voy a dejarlo en el cuerto de Juleka —le dijo Luka, adentrándose de nuevo en el interior del barco—. ¡Y no te vayas!
—¡Espera yo…! —exclamó Marinette, pero Luka ya se había marchado—. ¡Ni se te ocurra fisgonear!
Marinette suspiró e, incómoda, miró a su alrededor. La espera no se le podía hacer más lenta. Se sentó en uno de los sillones hamaca de la cubierta, agradecida por el suave abrazo de la tela y cómo la brisa del río le acariciaba la piel. Cerró los ojos e intentó no pensar.
—Estoy sorprendido de que aún lo lleves.
Luka apareció de pronto, sobresaltándola de nuevo. Era curioso, ese chico siempre había tenido el don de calmarla, pero ese día parecía dispuesto a ponerla de los nervios.
—¿Qué?
—El anillo.
No fue hasta ese momento que se dio cuenta de que estaba jugueteando con él. Lo hacía frecuentemente cuando estaba nerviosa y, para su sorpresa, muchas veces lo conseguía. Pero no para esa pillada in fraganti. Así que se detuvo de inmediato.
—Ah, sí, yo, sí lo sigo llevando —admitió Marinette con un asentimiento vago.
—Me alegra —dijo él, sentándose en la hamaca de al lado.
—¿Por qué?
—¿Cómo que por qué?
—Que por qué te alegra que aún lo lleve.
—No sé, me parece bonito, es como si siquiera acompañándote, dándote apoyo.
Marinette suspiró profundamente y Luka emitió una risa baja. Marinette lo miró de soslayo. El maldito chico estaba incluso más guapo que la última vez que lo había visto. Tenía la nuca rapada, sin teñir, pero el resto de su pelo estaba ahora completamente celeste y peinado en desordenadas ondas. Llevaba un pantalón vaquero oscuro y desgastado, con un cinturón de hebilla de plata. Una camiseta blanca y una camisa de leñador pintarrajeada con palabras, símbolos y dibujos que tenía toda la pinta que había alterado él mismo . Se había arremangado las mangas de la camisa, dejándole ver todos los tatuajes que tenía en la piel. Sonrió al ver uno en particular.
—Tú también lo conservas —comentó Marinette.
Luka sonrió y acarició con suavidad el tatuaje. Una brújula minimalista, pero Marinette sabía que las siglas de norte, sur, este y oeste tenía un significado particular para Luka, precisamente por eso lo había ilustrado para él. Eso sí, no se había atrevido a pintarle la piel con la aguja, como le había pedido.
—Por supuesto, es un valioso recuerdo.
A Marinette se le deshizo el recogido desenfadado que se había hecho con un pañuelo de flores. Era algo que tenía que pasar, desde que salió del coche lo había sentido. Con un bufido molesto, tomó el pañuelo y se dispuso a arreglarse el pelo de nuevo, pero la mano amable de Luka la detuvo.
—¿Te importa? Como en los viejos tiempos.
Marinette apretó los labios en una gentil rendición y le dejó tomar el pañuelo. Los finos dedos de Luka, llenos de callos por la guitarra, peinaron hábilmente su pelo separándolo en mechones y agrupándolo en otros. Le hizo dos trenzas anchas partiendo de los laterales y las enlazó en el centro con el pañuelo. Marinette toqueteó el peinado con cuidado antes de darse por satisfecha.
—Sigues teniendo un don con esto.
—Lo que tiene pasar tantos años peinando a mi hermana.
—¿Y me vas a decir que tú no te ponías guapo también?
Luka se encogió de hombros, pero no lo negó. Marinette se rió.
—¿Sabes? Te echaba mucho de menos.
—Ha pasado mucho tiempo —suspiró Marinette.
—Me habría gustado que no hubiera sido tanto, pero supongo que la situación lo pedía.
—Acabamos bastante mal aquella vez, ¿verdad?
—Intentamos darle un broche final medio decente, pero desde luego no fue suficiente. Lo noté desde el momento en que te perdí de vista. Y ahora estás tan cambiada…
—Tú también estás muy cambiado, aunque supongo que es lo normal, la vida sigue. Y me alegra que te vaya tan bien.
—Yo también me alegro por ti, pero lamento haber tenido que enterarme de todo a través de una tercera persona. Hemos intentado mantener el contacto, pero ha sido más un acto que una realidad. Te echo de menos —repitió.
—¿Me echas de menos a mí o a la Marinette que recuerdas?
—Supongo que esa es una buena pregunta, creo que a las dos. Añoro a la Marinette del pasado, pero también quiero estar en la vida de la Marinette del presente.
—Sí, entiendo lo que quieres decir…
—¿Crees que habría funcionado? —preguntó de pronto—. ¿Crees que si hubiéramos insistido un poco más nuestro matrimonio habría resistido?
—Nuestra boda fue un descontrol, llevada por el alcohol y rodeada por un montón de desconocidos. Creo que empezamos con muy mal pie, muchas esperanzas y expectativas frustradas… Nos saltamos infinidad de pasos por esa decisión, fue algo muy abrupto que nos abocó al desastre. Desde el momento en que dijimos 'Sí quiero' ante aquel oficial de abordo, todo estaba destinado a fracasar. ¿Y tú qué piensas? ¿Si hubiéramos sido diferentes las cosas nos habrían salido bien?
—Creo que si hubiéramos sido diferentes, la Marinette de ese momento y el Luka de ese momento no se habrían enamorado ni lanzado a aquella locura juntos. Aunque quizás las cosas habrían sido distintas si hubiéramos tenido más tiempo o si nos ocurriera ahora. Al fin y al cabo, siempre voy a quererte, de la forma que sea.
Marinette lo observó enternecida y tomó su mano en un gesto afectuoso.
—Puede que lo nuestro no haya funcionado, pero siempre te he considerado un amigo y una persona muy importante en mi vida. Sería muy feliz si pudiéramos retomar el contacto como antes.
—¿Eso quiere decir que ya puedo decir en las entrevistas que estuve casado contigo? —bromeó.
Marinette le dio un ligero golpe con el dorso de la mano en el hombro, logrando que Luka riera.
—¡Ahora tú también serás un personaje público! ¡Va a pasar!
—Como se te ocurra abrir esa bocota tuya Couffaine, ¡haré ceviche de marinero contigo!
Martes, 23 de marzo de 2021
¡Hola a todos, lindas flores!
Bueno, pues ya tienen un pedacito más de la boda pública y la boda secreta. Me gusta mucho pensar que, pese a los errores y que las cosas entre ellos no salieran bien desde el punto de vista romántico, aún así se tendrían cariño siempre. No todas las relaciones tienen que terminar fatal y algunas pueden seguir teniendo una bonita amistad. Es un tipo de relación que me parece muy hermosa, que el cariño que se han tenido siempre prime por encima de si su relación romántica ha fracasado, y sigan dándose apoyo. Y si hay un par de personajes a los que me pega esto es a Marinette y Luka.
Evee Chelle, que Marinette cuente con una red de apoyo que la quiere y la valora me parece muy importante, pero también que cumpla esos sueños por los que se ha esforzado tanto. Y por eso estamos aquí jajajaja
perlapuccabf, es maravilloso ver como Marinette crece capítulo por capítulo, sí /
Bueno, pues con esto y un bizcocho, ¡nos leemos mañana!
