Fic

DENTRO DE TI

Por Mayra Exitosa

Capítulo III

Morrison negaba que se mencionara ningún nombre de su integrante fémina desaparecida, solo sus hombres la buscarían y sin que nadie lo supiera, Candy estaba escondida, su nombre en el grupo era Delta, fue la única que alcanzó a entrar, ya estaba conviviendo en la mansión cuando todo esto se descubría, su nombre civil como Candy White era real, la joven había ingresado junto a un grupo de menores a la fuerza de la milicia, poseía un tatuaje que los unía de por vida como hermanos, habían prometido protegerse dentro de ese lugar en el que decidieron unirse para siempre a trabajar, dos de ellos estaba en el FBI, tres en la DEA, los demás en varias partes que resultarían estratégicas con el paso del tiempo, todos sabían donde estaban cada uno, nunca se perdían totalmente, si uno se desaparecía, sabrían porque e investigarían hasta traerlo sano y salvo, el que uno de ellos falleciera, hacía a los demás vulnerables, se conocían desde niños, se sentían familia realmente, habían pasado por muchas cosas juntos y gracias a haberse unido habían sobrevivido, ocho niños que no tenían padres, no tenían nada, pero se tenían los unos a los otros.

Candy despertaba y volvía a fingir en dormir, él se encontraba abrazándola, sus cuerpos completamente desnudos, el rubio la había amado por horas, estaba molesto a esas horas y tenso por volver a desearla. Analizaba como habían llegado, habiendo terminado el concierto y lo único que deseaba estaba junto a él, la cena no fue algo que compartieran con los demás, lo hacían a solas, quien cena a las dos de la madrugada. Ella estaba firme y tranquila, había logrado ir y volver hasta el armario público, donde tenía sus documentos escondidos, había dejado dentro un aviso, pedía que no la buscaran, explicaba en clave su situación y regresaba con su nuevo disfraz y escondite, asistente de la banda de rock. Definitivamente había sido el mejor lugar para esconderse, no estarían a la vista, Johnson había contratado personal cualificado y protegía a los cinco y a la joven novia del cantautor, el cual estaba perdidamente enamorado de ella y ahora volvía a escribir música y lo traía descolocado.

El despertaba de su meditación ella no parecía hacerlo y la veía de nuevo, completamente desnuda, suya, entregada y apasionada, casi no habían dormido, pero despertaba pensando que podía desaparecer, era divina, le había hecho el amor desesperadamente y hasta sintió que se había excedido por volverse agresivo, duro, al haberse dejado llevar, chocando con toda fuerza su cuerpo, el sonido de sus caderas con las de ella, dejando lo dulce por lo apasionado, temiendo haberla lastimado, la miraba anhelando que hiciera un movimiento cualquiera y la abrazaba de nuevo, sus pechos estaban expuestos y su cuerpo relajado, ella lo había dado todo, nunca se imaginó encontrar en una pequeña mujer, una fortaleza y una pasión ardiente y lujuriosa.

Dormía todavía y el seguía endurecido, le mordía el labio inferior y no podía dejarla, probaba su piel desde su barbilla hasta su oreja, ya había amanecido y el deseaba de nuevo poseerla, estaba agotada se podía ver en su rostro, pero no podía evitar estaba dolido por no culminar una vez más, así relajada, le abría sus piernas y se acomodaba subiéndola a su cuerpo le introducía todo su miembro, para luego en un gemido sentir la humedad y el ajuste de su cuerpo estrecho. Se movía lentamente con ella, como si fuera una muñeca con la que podía dejarse liberar, pero ella como un tierno gatito abría lentamente sus ojos modorra y lo miraba, abriendo su boca para morderle los labios y anclarse en la cama dándole una pasión insaciable y desesperada, sorprendiendo agradablemente al rubio, movía su cuerpo con intensidad y se rozaba sintiéndolo y gimiendo de la potencia con la que su miembro tocaba su interior, ella lo disfrutaba acelerando el vaivén al ritmo que el anhelaba. - ¡Así, pequeña! ¡Sí! ¡Eso es! ¡Dios! ¡Vente conmigo, mi amor! ¡Ahora! ¡Vamos! ¡Juntos!

Ella no se iba cuando se lo ordenaba, mientras que él estaba haciendo un esfuerzo por no dejarse ir, sus ojos denotaban la dificultad que le estaba costando, su boca ajustaba las quijadas para dar en su mente, ¡un poco más! ¡un poco más! ¡un poco más! Y él no se derramaba porque la estaba esperando y notaba como todavía ella no se relajaba ni se soltaba por lo que soportaba con decisión culminar hasta que ella lo hiciera, que supiera que eran una pareja complementaria y que él la haría gozar tanto o más de lo que jamás había hecho con alguien, apretaba las quijadas y de pronto él se anclaba y la giraba dejándola abajo. Ahora el se movía con más intensidad, desesperado por hacerla llegar a su cúspide juntos, ella temblaba, humedecía su dedo en la boca y lo miraba tentándolo a que siguiera con mayor fuerza, este lo hacía más agresivo hasta que ella gemía y daba muestra de que ya se soltaba, así por fin él también lo hacía se liberaba en ella, subiendo su cadera en cada embate que le estaba dando, escuchando los choques de sus caderas y por fin derramándose en su interior, el sonido de la puerta los alertaba a los dos, él de inmediato movía las sabanas cubriendo el esquicito cuerpo de su mujer aunque el quedaba expuesto y todavía con su miembro dentro, estando completamente desnudo no le importaba que lo vieran.

La puerta se abría y era Archie quien les decía, - ¡llegó el almuerzo! ¡Ya deténganse!, todos estamos alterados escuchándolos, ¿lo saben, cierto? lo hacen intencionalmente por milésima vez. Salía cerrando la puerta y ambos corrían a darse un baño, a lo que continuaba la pasión de caricias encendidas y una efusiva realidad extra en continuar de nuevo con lo que comenzaron el día a sabiendas que casi no habían dormido, un sexo oral que culminaba en la pared y ella aun parecía desear satisfacer lo que él había iniciado al despertarla, el agua los volvía a la realidad, ambos desconocían la hora que era y solo sabían que habían dado un concierto en la noche anterior.

Albert salía con el pantalón puesto el zíper subido y el botón abierto con una sonrisa de satisfacción que no podía negar, los que estaban almorzando lo miraban con los ojos entre cerrados, el rubio desconocía como les había ido a cada uno, por lo que le daba igual, pero ella salía con una camisa de vestir puesta encima y en su cintura el cinturón de cuero que no podía cerrar completamente al faltarle agujeritos en su estrecha cintura, tomaba el plato y se servía colmándolo como si se tratara de un bufete donde si no entraba en el plato te lo cobrarían el doble y ella aun extra se llevaba en su boca un panecillo y con agilidad de sus dedos se anexaba en sus manos dos pastelillos más, dejando a todos con la boca abierta cuando se sentaba y soltaba todo con una sonrisa satisfecha mirando con deleite el plato rebosante y tomando el tenedor como si fuera a comérselo completo.

Era una lógica que todos se sirvieran de forma similar, más no una dama, siempre terminaban comiendo solo lechugas o vegetales crudos con aderezos en gotas encima, más ella igualaba los platos que ellos comían y todavía los rebasaba, sin mirarlos comenzaba y Archie abría sus ojos y comentaba, - ¿Realmente te lo acabarás? - ¿Se vale servir de nuevo?

Albert soltaba la carcajada y todos lo seguían, al final ella no se limitaba ni comía como dama fina. La llegada de Johnson con mas de ocho bolsos en cada brazo, sonriente comentaba, que su asistente había comprado todo lo que necesitaba de su talla y esperaba que le gustara. Candy emocionada sin dejar de tomar una pierna de pollo en la mano agradecía gustosa, porque no podía seguir con su misma ropa, - ¡Oh Johnson! Te prometo que en Navidad yo misma te enviare tu regalo con anticipación. - No agradezcas Candy, el dinero no es mío y yo no he elegido nada de lo que he traído, no me visualizo aun en un departamento de lencería fina, aunque fuera la mujer de mis sueños a quien le llevará su ropa. Candy le cuestionaba, - ¿Eres casado? - No. Con la forma de vida que llevo sería un sacrificio enorme ser mi pareja, mi asistente es lo más cercano a una pareja que he tenido. Terry sin tapujos y comiendo su pastel agregaba, - ¿Te tiras a tu asistente? - Nunca hemos llegado a esos extremos, si acaso la he recostado o quizás en otras la ponga encima, pero nunca la he arrojado como basura a ningún lado, no tiraría a una mujer, aunque llevará prisa. Anthony y Stear se reían porque Terry lo miraba incrédulo por su propiedad con las palabras.

Albert tomaba todos los bolsos y los colocaba sobre un mueble en su habitación, estaba ansioso de verla probarse lo que había mandado comprarle, ahora que se irían juntos a la gira.

Muy lejos de ahí un intento fallaba y otro se complicaba a los tres heridos una nueva tunda les llegaba, entre guardias y defensa, a bala tendida se defendían y todos lo que lo intentaron muertos finalizaban. Tom revisaba directamente a sus compañeros, su equipo aun tintineaba el sonido que reflejaba estar con vida. Jim enojado comentaba, - Todos muertos, ningún testigo, no podemos dejarlos aquí, debemos llevárnoslos, estoy seguro de que a ella también deben estar buscándola. Confirmaba Jim, Tom le respondía tenso, - Si, pero ellos están aquí y ella no, eso me molesta y me tiene inquieto. Jim lo tranquilizaba, - Mientras que no la atrapen, no podrán hacer nada, cualquier cosa que hagan será su fin, Robert y su familia estuvo comprometida todo el tiempo, eso sí fue duro, Candy debió saberlo por eso se preparó y no vendrá si con ella, se pueden multiplicar para acabarnos. - Tienes razón debemos movernos y ocultarlos, ellos son testigos y ellos están en la cuerda floja, si no los matan, todos ellos los vieron por lo que sabremos quienes son e identificarlos.

Morrison autorizaba el traslado incognito dejando los cuerpos de muñecos falsos, Así el equipo de sobrevivientes, se trasladaban a la zona más protegida de la DEA y el FBI, los militares no se andarían con rodeos cuando los vieran llegar, sabrían que al final, ellos eran nuestros. Los cuidarían ahí, y sería mejor refugio hacerlos pasar por militares activos, que por muertos reconocidos. Todos esperaban ver a Candy junto a ellos, pero no era así y nadie podía preguntar nada ni responder tampoco, porque, aunque supieran nadie diría nada que los comprometiera de nuevo.

Ene l hotel después de los conciertos programados en los autobuses salían los integrantes custodiados y Candy junto a Albert en su litera por fin dormían, para descanso de sus compañeros que ya no los oían, estaban exhaustos era de esperarse, el camión los mecía y abrazados en la litera de el permanecieron por todo el viaje. Candy no podía creer tener tanta suerte, aun con todos los caminos y cámaras de vigilancia, ella iba trasladándose de una ciudad a otra, en el mejor escondite de todos, los brazos de un rock ero apasionado y hecho a su medida, parecía tener el nivel de deseo equilibrado al de ella, habían quedado contentos desde el comienzo, su cuerpo parecía embonarse al son de sus movimientos, era como viajar en las nubes, subir y montar los cielos, cada que su cuerpo se liberaba, la tensión de ambos desaparecía, incluso más en ella que había recordado todo, ahora con él, era como haber recibido el masaje de un spa que hacía años no tenía, tenerlo dentro la hacía reaccionar de formas que no se imaginaba que se pudieran, era tremendamente sexy y parecía que todo de ella le gustaba, no había quejas, ni agresiones, solo una pasión desmedida entre dos seres que se entregaban sin condiciones, ahí su olor a loción de madera y especias, inundaba sus fosas nasales, provocando un intenso relajamiento que hacia mucho tiempo no tenía y el constante movimiento del camión parecía los brazos de una madre cuidando a su bebe, protegida con el cuerpo de su pareja y el clima del camión, era definitivamente el mejor descanso de toda su vida.

Horas después en el camino, algunos sonidos de guitarra se escuchaba, y para la pareja de oídos finos, las manos de ambos despertaban, sus ojos permanecían cerrados, más todo su cuerpo reaccionaba así Candy, le abría el pantalón y estimulaba, para anclarse de nuevo en el vaivén que mas deseaba, el sonreía de manera chueca, ambos sincronizadas ante la melodía que se escuchaba, los gemidos comenzaron a oírse, y unos golpes de afuera los alentaban, ellos deseando que se detuvieran y para la pareja eran como si los golpes formarán porras alentadoras para que continuaran. - ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! - ¡Aaaaaaaaaaaah!

- ¡Ya basta! - ¡No tuvieron con el hotel! - ¡Se hubieran ido en el otro camión! - Que no pueden detenerse, piensen en los que estamos aquí. La sonrisa y los besos mudos, satisfechos por volver a hacer el silencio, si ellos tocaba, podían despertar, así que nadie decía nada, con tal de no volver a quererse masturbar, uno se iba a la cocineta, el otro al fondo y otro en le baño, todos a desfogarse por los sonidos que estaban escuchando.


Esperando sea de su agrado, aquí un capítulo más de esta historia,

gracias por todos los comentarios en mis historias

espero les haya gustado este capítulo

Un abrazo a la distancia

Mayra Exitosa