hola a todos... aqui un nuevo capitulo... espero que lo disfruten.

*disclaimer: los personajes no me pertenecen, son parte de la exitosa One Piece y su creador Eiichiro Oda. solo la historia es mia.

**ADVERTENCIA: ESTE CAPITULO CONTIENE ESCENAS QUE PUEDEN HERIR SENSIBILIDADES... LEE BAJO TU PROPIO RIESGO.

Todo estaba oscuro y se sentía mareada por momentos había sentido un auto moverse y voces amortiguada. Intento ponerse de pie, y al instante sintió las cadenas que apresaban sus manos y pies a la fría cama de metal.

Sus ojos lentamente se fueron acostumbrando a la abrumadora oscuridad y pudo distinguir una única puerta al final de la fría habitación.

Podía escuchar el sonido de una gotera constante y para su espanto el correr de las ratas en algún lugar cercano.

No tenía idea de donde estaba y aun se encontraba algo adormilada.

"me debieron drogar con algo" pensó en un momento de lucidez. Debía idear un plan de escape, dar algún indicio a Nami y sus compañeros de donde se encontraba. Estaba hablando con ella cuando la capturaron así que al menos sus compañeros notaron su ausencia de inmediato. Rezo porque eso fuese suficiente y pudiesen llegar a ella de alguna forma.

Luffy y Zoro llegaron hasta el lugar donde marcaba la señal del celular de Robin, no había nadie en las calles a esa hora y para sorpresa de ambos el aparato móvil estaba tirado en la calle a simple vista. Como si lo hubiesen dejado allí con algún otro propósito. El peliverde lo tomo y lo apago de inmediato.

- Nami, encontramos el teléfono de tu amiga. No hay rastros de ella ni de que algo hubiese ocurrido, iremos al siguiente lugar donde dejo de tener señal el GPS… descuida, la traeremos de regreso.

Ambos jóvenes se subieron de regreso en el auto y siguieron las indicaciones.

- ¿Todos aceptaron? - volvió a preguntar el pelinegro.

- Solo me faltaba hablar con Torao, pero Sanji se iba a comunicar con él.

- ¿y Ussop?

- Estaba algo indeciso, pero Kaya prácticamente lo obligo, le dijo que una amiga lo necesitaba y debía cumplir con su deber.

- Shishishi, por eso siempre me ha agradado Kaya.

Condujeron hasta las afueras de la ciudad donde se perdía la señal del GPS. Aunque el encriptador de señal marcaba otros cinco kilómetros.

- Nami… déjame te pongo en alta voz

- Luffy, gracias a dios ya están cerca, han pasado casi 10 horas desde que se llevaron a Robin.

- Confía en nosotros Nami

- Por supuesto que lo hago, pero ahora te llame para darte la información que Franky encontró acerca del CP9. Es una organización secreta del gobierno… más bien "inexistente" está liderada por Rob Lucci. No sabemos a ciencia cierta quien se llevó a Robin o cuantas personas estarán vigilándola.

- No te preocupes por eso, ya nos arreglaremos. –ambos jóvenes se miraron esperando una buena pelea.

- Nuestros compañeros irán por ustedes y nos encontraremos en un sitio seguro.- le advirtió Zoro

- Por nosotros y ¿Por qué? – en la voz de Nami se notaba la preocupación.

- Es mejor hablarlo cuando estemos en el sitio seguro, las paredes tienen oídos. –

- De acuerdo.

- Lleven lo esencial. – le volvió a advertir el peliverde

- Si… y gracias chicos. –

- Shishishi no tienes nada que agradecer, somos amigos ¿no?

- Además aun no rescatamos a nadie. –añadió Zoro con tono mordaz.

- Bien, nos vemos en unas horas Nami. - Luffy termino la llamada y miro a su amigo, se habían demorado cerca de 6 horas en llegar a aquella casa abandonada. Era una cabaña en medio de la nada, rodeada de bosque. Ambos se bajaron del auto y acomodaron sus armas. Aunque Luffy era un experto en combate cuerpo a cuerpo y boxeo siempre llevaba consigo un par de pistolas de calibre 45, mientras Zoro era un maestro espadachín usuario del Santoryu (técnica de tres espadas) razón por la cual siempre llevaba consigo a sus tres amores, sus tres Katanas.

Se acercaron sigilosamente hacia un costado de la cabaña, no había nadie custodiando afuera así que probablemente estaban todos sus presuntos enemigos en el interior.

- Yo creare una distracción y tú entras por la chica. – le ordeno Luffy, aunque el estratega de su equipo era Trafalgar Law cada uno era capaz de ingeniárselas en situaciones peligrosas, aunque Luffy era conocido por no seguir los planes. Zoro con un asentimiento le dio a entender que estaba de acuerdo con el improvisado plan.

- No encontramos en el auto. – le dijo el peliverde

- Recuerda que la prioridad es rescatar a la chica.

- Recuérdalo tú, capitán. – Luffy le dio una amplia sonrisa y se separaron.

**Había abierto los ojos otra vez, seguía sin saber cuánto tiempo había pasado. Sabía que una mujer rubia y con anteojos le trajo un vaso de agua y pan rancio que le obligo a comer. Debían estar drogándola aun, nunca se había sentido tan vulnerable.

Había entrenado artes marciales y tenía entrenamiento con armas, era capaz de romper la espalda de una persona con un solo golpe, se adentraba en cuevas y grutas de miles de años llenas de trampas y esta era la primera vez que la tomaban por sorpresa.

La puerta volvió a abrirse por segunda vez. En esta ocasión entro un tipo alto vestido de traje y un sombrero de copa que dejo en la entrada de aquella habitación. Traía consigo una linterna antigua de esas que funcionan a vela. Solo esa pequeña luz iluminaba la oscura habitación. Acerco la lámpara hasta su rostro.

- Me alegro que ya estés despierta, no nos podemos divertir si no estás consiente de todo. – una sonrisa psicópata se asomó en su rostro. Robin quiso responderle e incluso lanzarle un escupitajo pero tenía la boca seca y la voz no le salía.

- Ahora mi hermosa Robin ¿me dirás que hacías en nuestras oficinas? – le susurro

- Na…na… nada, so…tengo… la…gar…gan...ta… se...ca. – logro decir a penas.

Aquel hombre le acerco un vaso de agua y le dio de beber pequeños sorbos, al menos para poder recuperar su voz.

- Ahora ya estás bien.

- No hacía nada, solo seguía una pista de mi investigación. Pero no me llevo a nada.

- MIENTES… - aquel grito despiadado la desconcertó, los ojos inyectados en sangre de aquel hombre la aterrorizaron.

- no digas después que no lo intente por las buenas. – el hombre saco una navaja del bolsillo de su pantalón y rasgo el vestido de Robin por la mitad dejando al descubierto la parte de en medio de sus pechos, su ombligo y sus bragas.

Le abrió el corte que hizo en su vestido y acerco la lámpara de vela dejando caer parte de la cera caliente en su cuerpo. El grito de dolor de la joven no se hizo esperar. Mientras aquel hombre no dejaba de sonreír con la locura reflejada en sus ojos.

- Mi hermosa Robin, mira lo que le haces a tu bello cuerpo. Dime que hacías en nuestras oficinas. – esta vez Robin no dijo nada prefería morir de una vez que decir algo acerca de lo que había descubierto y además poner en peligro a sus amigos.

- HABLA MALDITA. – esta vez su silencio le gano un golpe en el rostro que le hizo sangrar el labio.

- Me gustan las chicas difíciles, hacen que esto sea más… divertido. – susurro la última palabra mientras se lamia los labios.

Volvió a sacar su navaja y comenzó a pasarla suavemente por el borde de las bragas de Robin esta, trago seco al darse cuenta de lo que pretendía aquel hombre.

- Cuando acabe contigo, buscare a tus colegas… la peli naranja y aquella princesa que es tan inocente. – Robin lo miro aterrada, como es que ese maldito hijo de puta conocía a Nami y a Vivi. Ella podría aguantar lo que fuese, pero ellas no.

Si lo que bastaba para que dejaran a sus chicas en paz era hablar lo haría. Abrió la boca para llegar a un acuerdo con aquel bastardo cuando una explosión se escuchó cercana. El hombre volvió a poner un trapo húmedo en la boca de Robin que la dejo aturdida nuevamente, tenía los ojos abiertos y estaba semiconsciente. Pero su cuerpo no respondía para nada. Solo vio a alguien acercarse unos reflejos verdes y una voz gruesa que decía.

- La encontré capitán.