hola a todos mis hermosos lectores... aquí les traigo un nuevo cap... espero que lo disfruten y me dejen sus comentarios...
la aclaración correspondiente: los personajes no me pertenecen, son propiedad de one piece la fantástica obra de Eiichiro Oda. la historia es totalmente mía...
gracias por leer y sin más les dejo el cap.
Zoro esperaba atento a la señal de Luffy, conociendo a su capitán sabía que debía esperar por algo escandaloso y llamativo, aun no sabía cómo habían logrado llevar a cabo cada una de sus misiones con aquel impaciente y aventurero capitán. Aunque lo compensaba con su fuerza monstruosa y lealtad.
La señal llego cuando sintió una explosión en la parte trasera de la cabaña. Un minuto después vio salir de allí a un tipo alto de traje caminaba con un arma en la mano, listo para atacar. Le envió la señal en morse a Luffy a través del intercomunicador que llevaba en su oído. En cada una de sus misiones llevaban esos intercomunicadores para mantenerse en contacto permanente.
Con sigilo y en alerta máxima Zoro se acercó a la cabaña vigilando en espera de más enemigos. Sin embargo a medida que se adentraba en aquella oscura cabaña pudo notar que aquel tipo de traje estaba solo. Escucho unos tiros a través de su intercomunicador.
- Luffy
- Tranquilo, he disparado yo.
- 10/4. – Zoro siguió su camino la cabaña estaba mal trecha y descuidada. Constaba de una cocina pequeña un pasillo angosto y dos puertas al final de este. Se decidió por la que estaba entre abierta.
No pudo esconder su asombro cuando se dio cuenta que aquella habitación estaba totalmente a oscuras, solo iluminada por una antigua linterna de vela que se notaba había sido encendida hace poco. Ajusto su vista a aquella oscuridad y pudo darse cuenta del cuerpo de la mujer que yacía en aquella cama metálica, estaba encadenada de sus muñecas y tobillos. Le sangraba el labio inferior y su vestido estaba rasgado a la mitad.
- La encontré capitán.
- Bien, nos vemos en el auto. El maldito se escondió en el bosque. Ten cuidado
- Por supuesto.-
Lo primero que hizo fue acercase y asegurarse de que seguía con vida. Al comprobar su pulso llego a la conclusión de que le habían dado algún somnífero. Saco su katana blanca su preciada wado ichimonji y con ella corto las cadenas que la amarraban a la cama. Se quitó su abrigo verde y lo puso con cuidado extremo rodeando y abrigando el cuerpo de la mujer. La tomo en brazos con una delicadeza extraña en él, ya que ese era un comportamiento más bien de Sanji su rubio compañero de equipo.
Llego al auto y Luffy ya se encontraba allí. Zoro se sentó en el asiento trasero sin soltar a la mujer de sus brazos, su negro cabello caía inerte a través de sus brazos. Las extremidades de la morena caían igual que su cabello. Estaba totalmente inconsciente.
- ¿Cómo está? – la voz de su capitán lo saco de sus pensamientos.
- Mejor de lo que esperaba, peor de lo que debería estar. – Zoro frunció el ceño y apretó la mandíbula de solo recordar como la encontró.
- El maldito la tenía encadenada a una puta mesa metálica.- hablo entre su aliento.
- Hijo de puta.- fue la respuesta del moreno. – le diremos a Chopper que la revise en cuanto lleguemos. Si necesita de algún otro cuidado se lo pediremos a Torao. – el espadachín asintió ante la afirmación de su capitán.
- Llamare a Sanji para que notifique a todos que esta noche llegaremos al sitio seguro. Los teléfonos de las chicas pueden estar tomados y no queremos que los rastreen. Ya los chicos les dijeron que los apagaran y van de camino en este momento.
- Bien, que tengan preparado el equipo médico. – en ese momento el peli verde volvió a mirar a aquella mujer quito un mechón de cabello que se había pegado a su rostro en la sangre del labio que comenzaba a secarse.
- Si, Sanji por favor comunícale a Nami y a su equipo que ya tenemos a la chica con nosotros y llegaremos por la noche. – escucho a su capitán decir por el teléfono descartable que usaban para estas operaciones.
- Si, equipo médico y Sanji, no te olvides de hacer la cena… y quiero ¡CARNE! – Luffy no cambiaría jamás. Siempre exigía su cuota de carne antes, durante y después de cada misión.
- ¿Cómo sigue? – le pregunto el moreno
- Dormida. – fue su escueta respuesta. - ¿Qué crees que quiere el gobierno con ella?
- Nami dijo que encontraron una escritura antigua que esconde un secreto que no quieren que se sepa, o algo así, no le entendí muy bien. –
- Debe ser algo grande
- Para que actúen de esta manera ya lo creo.
Siguieron el resto del camino conjeturando acerca de Robin y su vínculo con el gobierno. Además de decidir que harían una vez que estuviesen todos juntos. Llegando a la conclusión de que lo mejor era tener toda la información antes de tomar alguna decisión.
…
Cuando volvió en si seguía acostada en una cama, aunque ya no era de metal. Sintió un cómodo colchón bajo su espalda. Ya no llevaba aquel rasgado vestido en su lugar tenía una mullida y cálida bata, el pecho le ardía pero sentía alguna sustancia un tanto pegajosa. No supo si aquello la tranquilizaba o le preocupaba aún más.
Abrió los ojos poco a poco, aún seguía oscuro solo una pequeña lámpara alumbraba la habitación. Recorrió el lugar con la mirada y no reconoció donde se encontraba. Se levantó de golpe esta podría ser su oportunidad de escapar. Ya se encargaría de las secuelas de lo que le había ocurrido más tarde. Lo importante ahora era salir de aquel lugar.
Abrió la puerta con cuidado y mirando a ambos lados, se encontraba en un pasillo con puertas en ambos lados, al final del corredor había una escalera.
- No deberías levantarte aun. – un joven alto de cabello negro y llevaba en su cabeza un sombrero blanco con diseños en negro. La morena abrió los ojos por la sorpresa y el susto. Corrió directo hacia las escaleras y bajo por ellas. No veía muy bien por donde iba, solo corría en dirección a alguna puerta en la que pudiese escapar. Concentrada en eso no noto cuando chocó contra una pared. O más bien una pared de músculos, ya que aquel duro cuerpo pertenecía a alguien. Un aroma familiar la inundo y por alguna razón se sintió segura en aquellos brazos que la rodearon de inmediato.
- Tranquila, estas a salvo… estas en confianza. Acompáñame. – no completamente convencida pero ya sin fuerzas para oponerse siguió a aquel joven de cabellos verdes hasta lo que parecía ser un comedor.
- Nami… - aquel susurro ahogado y apenas audible estaba cargado de miedo. El que Nami y Vivi estuviesen allí solo significaban dos cosas, o las habían capturado a ellas también o alguien la había rescatado. Por la forma tan desenvuelta de sus amigas se inclinaba más por lo segundo, aunque no estaba segura, ya que no veía a Franky por ningún lado y no reconocía a ninguno de los hombres allí presentes.
Nami corrió a abrazarla y el roce la llevo a hacer una mueca de dolor. Con la adrenalina no había sentido el conocido ardor de un corte en su bajo vientre. Además de aquel dolor en el pecho en medio de sus senos.
- Me alegro tanto de que hayas despertado. – su amiga peli naranja le dijo con una sonrisa.
- Debes tener cuidado Nami sus heridas están frescas. – un joven de unos 16 años le dijo, Robin tuvo que mirarlo dos veces para creer que realmente estaba allí dando consejos médicos un niño.
- Lo siento, ven siéntate junto a mí.
- Debes tener muchas preguntas, yo estuve siempre consciente y aun no entiendo todo lo que está pasando.
- ¿Quiénes son ellos Nami?
- Ellos. – Nami barrió con su mano indicando a cada uno de los jóvenes que allí se encontraban. – son mi amigos, los mercenarios que salvaron mi pueblo. – susurro la palabra "mercenarios"
- Él es Luffy, el líder y capitán del equipo. – presento al moreno que se quitó el extraño sombrero de paja que traía en su cabeza.
- Monkey D. Luffy, solo Luffy para los amigos. – ella asintió.
- Aquel es Sanji, es un excelente cocinero y experto en kickboxing, su estilo de pelea es a patadas, realmente impresionante. – Nami ahora presento a un joven rubio que el fleco del cabello le ocultaba uno de sus ojos, por el ojo que estaba a la vista sobre salía una encrespada ceja.
- Mi lady, puedo prepararle algo especial si lo desea
- Muchas gracias, comeré lo mismo que todos. – le dedico una amable sonrisa
- Ellos son Usopp, el francotirador y Chopper el doctor. – ahora le presento a un joven moreno de cabello encrespado y nariz alargada y al niño que le había hablado antes.
- ¿doctor? Pero si es un niño. – susurro
- Chopper es un niño genio, termino sus estudios de medicina a los 13 y se unió a nuestro equipo hace dos años.
- Y no soy un niño, tengo 16.- dijo algo ofendido el joven de cabellos castaños y un extraño sombrero con orejas de reno.
- Él es Trafalgar Law, es cirujano. Pero en el equipo de Luffy cumple la función de ser estratega. – Robin noto que se refería al joven del que había arrancado en el piso superior. Junto a él venia entrando Franky.
- Jefa, que alivio verte súper consiente. – acoto alegremente el hacker.
- Y con energías, jamás había visto a un paciente convaleciente correr de esa manera.- dijo Law algo burlesco.
- Le asustaron tus ojeras Torao. – hablo el único que no había sido presentado. Robin lo miro detenidamente y recordó ver un destello de cabellos verdes en aquella oscura habitación antes de sumergirse en la completa inconsciencia.
- Tú me rescataste.- declaro.
- Y él es Roronoa Zoro, maestro espadachín y mano derecha de Luffy.
- En realidad fuimos ambos. – apunto con su mentón hacia su capitán. – yo solo te saque de la habitación.
- Aun así… gracias…a ambos… a todos. – dijo con una calma que en realidad no sentía pero debía darle ánimos a su equipo.
- Estábamos a punto de cenar. – le dijo Vivi añadiendo otro puesto en la mesa.
Cenaron en una amena conversación recordando el tiempo en que Nami los conoció, eran todos más delgados y Zoro no tenía aquella cicatriz que cruzaba su ojo izquierdo. Robin se percató de ella solo cuando Nami lo hizo notar. Además supieron que habían sido ellos también quienes liberaron al reino de Vivi. Así que ambas chicas conocían al equipo de Luffy desde mucho antes.
Franky se llevó bien con todos de inmediato, si hasta parecía que formaba parte del equipo de "los sombrero de paja" como los llamaban en el bajo mundo.
- Bien, es el momento de saber en qué nos estamos metiendo.
