hola... como prometí aquí les dejo un nuevo capitulo...con la declaracion de siempre, los personajes no me pertenecen, son parte de la gran obra de One Piece y su creador Eiichiro Oda.
disfruten del cap y espero sus comentarios!
Cuando volvió a abrir los ojos estaba otra vez recostada en aquella mullida cama afuera seguía oscuro, aunque la habitación estaba iluminada por una pequeña lámpara, no era un gran destello, pero el suficiente para poder moverse por el lugar.
Tenia la garganta seca, tenía sed. Con cuidado se levantó algo mareada, camino lentamente hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua mientras esperaba que la cafetera terminaba su proceso. La casa se encontraba en penumbras, pero las cortinas estaban abiertas así que la luz de la luna llena iluminaba el lugar. Nunca le había temido a la oscuridad, ese hubiese sido un grave problema en su trabajo. Pero ahora le producía un extraño escalofrío en la espalda y las manos le sudaban ante la poca iluminación.
Iba caminando de regreso a la habitación con su taza de humeante café cuando un destello de cabello verde llamo su atención. Abrió la puerta con cuidado de no hacer demasiado ruido y allí apoyado en la baranda del porche de entrada se encontraba aquel corpulento chico de cabellos verdes que la había rescatado.
- Deberías estar durmiendo mujer. – se sobresaltó cuando lo escucho hablar
- Lo siento, no quería molestarte espadachín. – se acercó hasta donde él se encontraba y se situó a su lado, recargando también sus codos en la barandilla.
- Tsk, como quieras. – ella rio suavemente a su reacción.
- Al parecer tú tampoco puedes dormir. – cuestiono sutilmente intentado inducir una conversación.
- Me toco hacer guardia, y tenía algunas cosas en las que pensar. – le respondió algo seco. Más Robin no lo tomo personal, había podido darse cuenta que era la forma de hablar del aquel peliverde.
- Lo siento, te he dado más trabajo del que debería. – volvió a decir antes de tomar un trago de su café. La noche estaba helando un poco.
- No te preocupes por eso, eres quien peor lo ha pasado.
- Que paso luego de que Franky nos mostrara las imágenes de aquellas personas. – Zoro pudo notar que la pelinegra no lo miro esta vez. Nunca había tenido mucho tacto para tratar a las mujeres, ya que siempre las había visto como a un igual y en ocasiones no lograba ser empático. De eso se encargaba Sanji. Pero con aquella mujer le sucedía lo contrario, despertaba en él un sentido de la protección que no había sentido anteriormente.
- Tuviste un ataque de pánico. – le susurro.
- Es lo que creí. – le sorprendió la calma con que ella hablaba. – no sé muy bien que sucedió, la verdad es que solo tengo algunas imágenes y sensaciones. – Zoro la miro alzando una ceja a modo de que continuara. – recuerdo escuchar un grito aterrador que me pone la piel de gallina, el pecho cerrarse a tal punto de no dejarme respirar y unos fuertes brazos rodearme y lograr tranquilizarme lentamente con el suave aroma a acero que tanto te caracteriza. – le respondió la arqueóloga ahora si volteando a mirarlo. Esta vez fue Zoro quien desvió la mirada para ocultar el leve sonrojo que había asomado en sus mejillas.
- Cualquiera de los chicos haría lo mismo. – le murmuro en respuesta
- Posiblemente, pero no ha sido ninguno de ellos has sido tú y quería agradecerte por eso y disculparme por las molestias ocasionadas.
- Ya te dije que no te preocupes por eso mujer, deberías estar descansando. Has tenido un día de mierda, yo dormiría una semana. – esta vez no le hablo con aquel tono brusco y mordaz. Más bien era un tono suave y sutil que en su gruesa y grave voz se oía terriblemente sexy.
- Tienes razón. – Robin se despegó del barandal y se posiciono frente a Zoro, levanto una de sus manos lentamente y acaricio su mejilla para luego depositar un suave beso en su otra mejilla.
- Gracias otra vez, espadachín. – y sin más la pelinegra se alejó de allí.
- Puedes ir a dormir marimo estúpido. – la odiosa voz de Sanji lo saco de sus pensamientos. No dejaba de rememorar aquel momento, hace ya media hora que Robin había vuelto a dormir y no podía sacarse de la cabeza aquellos ojos azules como el océano y su cálida mano acariciando su mejilla. Aquella mujer había pasado por más cosas de las que una persona normal pasaría en su vida y demostraba una calma que él estaba seguro no era más que una máscara. Y de ocultar sentimientos bajo una máscara Zoro sabía de sobra.
- Al fin llegas cocinero de pacotilla. – fue su respuesta antes de entrar en la casa. Alcanzo a percibir cuando su compañero encendía un cigarrillo y comenzaba a dar una vuelta al perímetro para asegurarse de no tener ningún intruso.
Subió hasta el segundo piso y se dirigió a la habitación que compartiría con Chopper, ya que su propio cuarto se lo había dejado a Robin. Luffy había cedido el suyo para que durmiese Nami y ellos compartirían habitación. Zoro con Chopper, Luffy con Torao, Sanji con Usopp y Franky. Ya que el rubio no quiso ser menos y cedió su habitación a Vivi.
Al pasar por su habitación no pudo resistir el impulso de asegurarse de que aquella misteriosa mujer se encontraba bien. Abrió la puerta lo más sigiloso que pudo y la vio allí tendida en la cama con un libro en su regazo. Se había quedado dormida leyendo.
Se acercó y suavemente quito un mechón de cabello que caía por su rostro acariciándolo en el proceso. Cuando iba a quitar el libro sintió que una pequeña y suave mano rodeaba su muñeca.
- Quédate. – le susurro adormilada
- ¿Qué? – debía asegurarse de haber escuchado bien, quizá solo estaba soñando. Además no sabía nada de ella.
- Quédate conmigo esta noche por favor Zoro, no logro dormir tranquila.- la voz de la chica se quebró. El espadachín dejo el libro en la mesita de noche, se quitó las botas, el abrigo y el cinto en el que guardaba sus Katanas a su cintura. Se levantó de la cama y apoyo sus preciadas espadas al lado de la cama como siempre lo hacía.
Se recostó junto a Robin y dejo que la morena apoyara su cabeza en su pecho mientras él acariciaba su cabello con una mano y con la otra secaba las silenciosas lagrimas que caían por sus mejillas. Ninguno dijo nada y así en silencio se sumergió en un profundo sueño.
Un leve rayo de sol se colaba desde la pequeña rendija abierta de la cortina de la habitación. Zoro intento girarse para que ese molesto rayo no le impidiera seguir con su preciado sueño. Y fue cuando se percató de la presencia de otro cuerpo junto a él en la cama, los sucesos del día y la noche anterior agolparon su memoria en ese instante. Abrió su ojo derecho lentamente para efectivamente encontrarse con el delicado cuerpo de la mujer que había ido a rescatar aun apoyada contra su pecho.
Opto por poner sobre sus ojos su mano libre y con la otra continuo con la labor que tenía la noche anterior, acariciar los oscuros cabellos de la chica que dormía a su lado.
Quito la mano de sus ojos cuando sintió la puerta abrirse de par en par. Sabía que si era Sanji que entraba por esa puerta armaría un escándalo y probablemente la morena se avergonzaría. Para su agrado no era el rubio cocinero trayendo el desayuno, si no que era el pequeño doctor con su gorrito de reno que venía a ver como seguía su paciente. Antes de que siquiera pudiese emitir sonido, Zoro se llevó el dedo índice a los labios indicándole que guardara silencio. El joven doctor abrió los ojos por la sorpresa de la imagen que se presentaba ante él. Su amigo espadachín sin camisa y solo con sus pantalones acostado en la misma cama con la joven mujer que habían conocido ayer, mientras ella dormía cómodamente apoyada en su pecho aun con la bata puesta.
Zoro se levantó lentamente procurando no molestar ni despertar a Robin. Camino hasta la puerta del baño.
- ¡qué haces! – le susurro sorprendido el doctor, la verdad es que el comportamiento del peliverde con aquella mujer no era común en él, por lo general era quien menos se involucraba emocionalmente con las personas que estaban involucradas en sus misiones.
- Despertó anoche cuando paso el efecto de los calmantes, no podía dormir. Hablamos un poco mientras estaba de guardia, cuando iba de camino a tu habitación pase a ver como seguía y me pidió si la podía acompañar mientras se dormía, me debo haber dormido antes. – le explico a su pequeño amigo, quien a pesar de ser un genio y haberse graduado de la facultad de medicina a los 13 años seguía siendo un niño en muchos sentidos a pesar de tener 16. Sin decir más entro en el cuarto de baño de su habitación en aquella casa de seguridad. Cada uno de los 6 miembros del equipo tenía su propia habitación.
Robin despertó con un suave y cariñoso toque en su hombro que la sobresalto al no ser un toque familiar.
- Tranquila, soy yo… solo vengo a hacerte un chequeo y cambiar tus vendas. – le explico Chopper ante su cara de sorpresa. Escaneo rápidamente la habitación y al no encontrar rastro del peliverde creyó que lo de la anoche había sido un sueño.
- Muchas gracias doctor, no es necesario que te preocupes tanto. - le dedico una amable sonrisa
- Es parte de mi trabajo preocuparme por mis pacientes. Y acaba de entrar a darse una ducha – añadió lo último en un tono cómplice sonriéndole también. – ahora necesito que te abras un poco la bata para chequearte. – ella hizo lo que el joven doctor le pedía con un leve sonrojo por haber sido descubierta.
- Debes aplicarte esta crema cada 8 horas para aliviar la quemadura de tu pecho y cuando comience a cicatrizar te daré otra para que no te queden marcas. – Chopper seguía dándole indicaciones, pero Robin perdió la concentración en las palabras del joven doctor cuando la imagen de su rescatador saliendo de la puerta del baño solo con pantalones, el torso desnudo y secando su verde cabello con una toalla blanca y dejando caer pequeñas gotas que resbalaban a través de sus pronunciados músculos apareció frente a ella.
- Bueno días dormilona. – Zoro le dedico una arrogante sonrisa de medio lado al notar como Robin se lo comía con los ojos. Ella muy por el contrario de lo esperado no sintió ninguna pena de que la hubiesen encontrado en pleno acto.
- Buenos días espadachín. – le saludo a cambio con una tímida sonrisa bailando en sus labios.
- Iré a hablar con Luffy, debemos decidir qué haremos de ahora en adelante. – anuncio poniéndose una camisa negra cubriendo parte de su musculado cuerpo, aunque dejo desabotonado la parte superior.
Cuando abrió la puerta Nami y Vivi entraron por ella, él les dio un asentimiento de cabeza a modo de saludo. Las dejo en la habitación y siguió su camino rumbo al único lugar donde estaría su capitán a esta hora, la cocina.
- ¿De que hablas abuelo? – lo escucho decir al memento en que entraba en la habitación.
- Está hablando con Garp. – le informo Usopp como si eso no fuese obvio.
- Como que Zoro y yo… ¿¡QUE HICIMOS QUE?!
