hola de nuevo... aquí un nuevo cap que espero disfruten.
la aclaración correspondiente. los personajes no me pertenecen son parte de la obra de One Piece y su creador Eiichiro Oda.
muchas gracias por sus visitas y por leer esta historia... espero sus comentarios que me dan animos a seguir... nos leemos!
Todos miraban maravillados aquel espectacular barco con un león en el mascaron de proa. La cubierta tenía césped, árboles y un columpio.
- Cuando estemos seguros y a salvo les hare un recorrido.- anuncio Franky. – Nami nos acaba de crear una ruta hacia el poneglyph más cercano, y está a al menos una semana de viaje si el clima es favorable. –
- ¿las provisiones alcanzan? – pregunto Luffy
- Al menos para 15 días. – respondió Sanji.
- Muy bien entonces ¡ZARPEMOS! – grito Luffy contagiando a todos, olvidando por un momento que aquel no era un viaje de placer, si no descubrir la verdad del siglo perdido y desenmascarar al gobierno corrupto que los regia.
Vivi fue la encargada de hacerles el recorrido una vez que todos se hubieron acomodado en sus habitaciones y Usopp les presentó a Kaya, quien de inmediato se llevó bien con el equipo de Robin.
Quedaron maravillados con el acuario y la biblioteca y para el alivio de Zoro tenían un gimnasio en lo más alto del barco. Sanji quedo más que satisfecho con la cocina era amplia y tenía todo lo necesario para trabajar con calma. Prometió hacer un gran banquete esa noche.
Chopper y Torao quedaron fascinados con la pequeña sala médica ya que tenía un espacio esterilizado en que el que se podría hasta realizar operaciones menores de ser necesario.
Una vez que todos se acostumbraron al que sería su nuevo hogar hasta quien sabe cuándo comenzaron a dedicarse a sus propias tareas. Nami y Vivi invitaron a Kaya a tomar el sol con ellas en la cubierta mientras Luffy, Chopper y Usopp jugueteaban por ahí.
- ¿No deberías estar descansado? – Robin se sobresaltó al escuchar la voz de Zoro a sus espaldas.
- No te sentí subir. – respondió a cambio
- Soy un espadachín y un mercenario, parte de mi trabajo es ser sigiloso. –
- Claro que sí. –
- No creas que no me di cuenta que cambiaste el tema
- No tengo tiempo para descansar debo revisar estos mapas, analizar la información y prepararme para otra excursión.
- No puedes hacer eso con tus heridas. – expreso algo molesto
- Todo esto es por mi culpa Zoro, lo menos que puedo hacer es dar todo de mí para encontrar esos poneglyph y descifrarlos. – suspiro algo cansada
- No estás sola. – dio un paso para acercarse pero no hizo nada más. Algo le impulsaba a querer estar cerca de ella, a abrazarla y protegerla. Pero a la vez se reprimía y reprendía a sí mismo, sabía de sobra que la vida que llevaba no le permitiría nunca tener una relación tranquila y pacifica como la de Usopp. Aunque habían renunciado a esa vida de mercenarios para que su amigo y francotirador pudiese casarse y formar una familia. él ya se encontraba en conversaciones con un conocido de su antiguo maestro para realizar operaciones especiales. Había crecido en la guerra y luchar era lo único que sabía hacer.
- No puedo arriesgar la vida de nadie, adentrarse en esas ruinas es como tener una guillotina pendiendo en tu cabeza todo el tiempo. –
- Un motivo más para que descanses un poco y no vayas sola.
- Zoro…
- No me convencerás con nada mujer, seré tu guardaespaldas personal, así que si tú vas yo voy. De todas maneras es mi forma de ayudar. La única mierda que se hacer es luchar y moriré luchando de ser necesario. – ante su tono solemne a Robin no le quedo más opción que resignarse.
- De acuerdo, tú ganas esta vez… - le acaricio la mejilla con el pulgar y continuo con su libro mientras el peliverde comenzó a entrenar a su lado en el gimnasio.
Abajo en la cima del león se encontraba Luffy sentando, su cabello negro revoloteaba con el aire marino.
- Tienes la mejor vista del lugar. – comento la peli naranja sentándose a su lado.
- Es genial. – una enorme sonrisa adornaba su rostro.
- Luffy, sé que amas la aventura y todo eso, pero no puedo evitar sentir algo de culpa por meterlos en este problema. – la chica miraba hacia el lejano horizonte que se alzaba en el vasto mar.
- Eso no es un problema Nami, no debes ni deben preocuparse por eso. – la miro y le dedico una sonrisa. – ya lo dijo Zoro todos estamos aquí por voluntad propia. Es parte de lo que hacemos, derrocar gobiernos corruptos y tiranos. Son nuestra especialidad.
- Lo sé, lo he vivido de primera mano recuerdas, son los héroes de mi pueblo.
- No… me niego a ser un héroe.
- Nunca he entendido el porqué.
- Es fácil, un héroe comparte lo que tiene con las demás personas y yo no pienso compartir mi comida en especial mi carne con los demás.
- Para ser el capitán de un equipo de mercenarios dispuestos a matar o morir a veces puedes ser muy idiota.
- Lo sé.
- De igual manera, quiero que sepas que si en algún momento esto es demasiado para alguno de ustedes no los culparemos por seguir con su camino y abandonar esta loca misión.
- Lo sabemos y estoy seguro que ninguno de mis compañeros abandonara a algún miembro de la familia. Y eso Nami te incluye a ti, Robin, Vivi y Franky. Desde el momento en que aceptamos ayudarte a rescatar a Robin todos nos volvimos parte de una misma familia. No lo olviden. – aquella sonrisa amable estaba en su rostro y eso provocó un gran sonrojo en la peli naranja.
La noche había caído y con ella la hora de la cena. Sanji preparo un gran banquete para celebrar su primera noche en el barco, Vivi se ofreció a ayudarle con algunas cosas y a pesar de que el rubio era un chef profesional accedió a darle pequeñas tareas sobre todo para estar en compañía de la chica. Sobre la mesa se extendía una gran variedad de platillos y todos lucían deliciosos.
- Donde está el sake cocinero de pacotilla.
- Debiste traerlo tu marimo estúpido
- No hay sake… ¡pretendes que viva una semana sin sake!
- Sabía que eras un alcohólico cabeza de lechuga.
- BASTA YA. – el grito de Nami que venía entrando en la cocina junto a Robin seso de inmediato con la discusión.
- En la bodega tenemos unos cuantos barriles de sake y vino.- le susurro Robin al oído del peliverde cuando paso junto a él.
- Cada vez me gustas más, mujer. – salió rumbo a la bodega dejando a Robin sonrojada y a sus amigos cada vez más sorprendidos.
- No sé qué hiciste con Zoro, pero sigue así. – le dijo Usopp palmeando el hombro de la arqueóloga. Esta miro a Nami sin entender. Su amiga solo le hizo un gesto para que le restara importancia.
Quince minutos más tarde todos se encontraban cenando y riendo.
- Chicas necesitan saber defenderse, en caso extremo o de ataque sorpresa, debemos estar todos preparados, ¿alguien además de Franky y nosotros sabe usar un arma?
- Yo. – Robin fue la única que hablo
- Nos turnaremos para enseñarles lo básico en defensa personal, Luffy y Sanji pelean en su mayoría sin armas, puños y patadas, Usopp con armas de larga distancia Zoro y yo con espadas, aunque el maestro espadachín es él. – Law les explicaba a las chicas la especialidad de cada uno. – pero no nos limitamos solo a eso, todos incluido Chopper sabemos utilizar una pistola, un cuchillo incluso una piedra de ser necesario. Así que a partir de mañana comenzaremos un entrenamiento general para saber defenderse. – todos asintieron de acuerdo con él.
Esa noche Franky haría la guardia, aunque solo era por seguridad extra, ya que habían anclado en medio del océano sin nadie cerca, a miles de kilómetros de la costa más cercana.
Nami y Vivi compartirían habitación y le dejarían la de Vivi a Kaya y Usopp, el barco tenía una habitación para cada uno y dos extras. Robin dormiría sola en su habitación y nadie había discutido eso, ya que era ella quien había pasado por los eventos más traumáticos. Franky compartiría habitación con Chopper y en las otras dos dormirían Luffy y Zoro y en la otra Sanji y Law.
Como era su costumbre Zoro fue el último en irse a dormir y tal como lo había hecho la noche anterior fue a ver como se encontraba Robin, no entendía muy bien que lo llevaba a actuar de esa manera, pero antes de poder reaccionar ya se encontraba tocando a la puerta.
La joven mujer llevaba puesta una camiseta demasiado grande para ser de ella, que utilizaba de pijama.
- Zoro! – exclamo sorprendida
- Lo siento ¿te desperté?
- No… no puedo dormir, no te preocupes… ¿quieres pasar? – él solo asintió y se dejó llevar hacia donde sus pies se dirigían.
- Necesitabas algo – consulto la arqueóloga una vez dentro de su habitación.
- Solo quería asegurarme de que estuvieses bien.
- Muchas gracias, eres muy amable no debes preocuparte tanto, con mantenerme a salvo ya estas cumpliendo con tu trabajo.
- Crees que… ¿crees que mi preocupación por ti es solo trabajo? –estaba molesto e incrédulo, él nunca se involucraba con nadie, era la primera vez que se salía totalmente de protocolo y ella creía que era solo parte de su trabajo.
- ¿Entonces por qué lo haces? – cuestiono otra vez, pero él no estaba listo para esa respuesta.
- No… no lo sé… solo puedo decirte, que tengo esta maldita necesidad de tenerte a salvo, que aunque puedas proteger de ti misma, siento que debo estar ahí para protegerte, que mis espadas deben frenar cada uno de los ataques que vienen hacia ti y que si no lo hago no me lo perdonare jamás.
- Zoro… - el susurro de Robin fue casi inaudible y cargado de sentimientos que en ese momento ninguno de los dos supo descifrar ni estaban listos para hacerlo tampoco
- Lo siento… creo que me iré a dormir, ya vi que estabas bien. Buenas noches.
- Buenas noches espadachín. – Robin dejo otro marcado beso en su mejilla igual a la noche anterior.
…
- NO… NO DE…DEJAME… SUELTAME… ¡POR FAVOR NO! – aquellos gritos despertaron a todos los pasajeros del Thousand Sunny, pero solo el peliverde supo de inmediato de donde provenían, se levantó y corrió hasta la habitación de Robin, abrió la puerta de golpe y encontró a la morena con las sabanas revueltas y el rostro inundado en lágrimas.
- Hey, shh... ya paso… despierta...estas en casa…estas a salvo. – Robin abrió los ojos lentamente y los poso junto a los oscuros ojos Zoro que la inundaron de inmediato de paz.
- Solo fue una pesadilla. – le volvió a susurrar él mientras le servía un vaso de agua de la jarra que tenía en su mesita de noche.
- Quédate. – volvió a susurrarle ella con un nudo en la garganta. – por favor. – igual que le sucedió la noche anterior no pudo negarse a aquella petición. Dirigió su mirada hacia la puerta de la habitación donde se encontraban el resto de sus compañeros. Con Nami encabezando al grupo, las lágrimas surcaban su rostro mientras agradecía a Zoro silenciosamente por estar ayudando a su amiga.
