ADVERTENCIA*
este capítulo contiene escenas para mayores de 18.
ps: los personajes no me pertenecen, son propiedad del magnifico Eiichiro Oda y su grandiosa obra One Piece
Cuando Zoro ingreso en la habitación vio a Robin dormida plácidamente entre las sabanas, se veía simplemente perfecta, aquel tonificado cuerpo lo llamaba y sería un completo ciego si no deseara a aquella mujer. Pero por primera vez en su vida no haría ningún movimiento hasta asegurarse de que ella estuviese completamente lista.
No era estúpido, sabia a la perfección lo que él causaba en ella, ambos se deseaban físicamente, pero su mente aún no estaba lista y él estaba dispuesto a esperarla el tiempo que fuese necesario.
Con una sonrisa en su rostro camino hasta el baño para darse una ducha, luego del desayuno dormiría un poco.
- No esperaba que estuvieses despierta aún. – le dijo al salir de la ducha y se acercó a besarla.
- Ah, Zoro, me mojaste. – le respondió entre risas, agregando a sabiendas el doble sentido a sus palabras, provocando que el peliverde le lanzara una mirada lasciva, aunque estaba perfectamente consciente que ella se refería a las gotas de agua que caían por su cabello aun mojado.
- Idiota, sabes a lo que me refiero. – sonrió de nuevo dándole un pequeño golpe con el cojín de la cama.
- ¿lo siento? – se burló él, y Robin le dio otro golpe con el cojín.
- Si me sigues golpeando te arrepentirás. – le advirtió con una sonrisa ladina.
- así, ¿y que me harás Ken - Shi- san? – le susurro las últimas palabras lenta y sensualmente lo que provocó que Zoro tragara en seco marcando su nuez de adán.
- No juegues conmigo mujer. – su voz salió totalmente ronca e hizo a Robin estremecer
- Pero me gusta jugar contigo, es divertido. – se burló ella otra vez intentando ocultar su propio deseo por el espadachín.
Aunque se quedó en total silencio al notar la mirada que el peliverde le lanzo y sin darle tiempo a reaccionar, Zoro se abalanzo sobre ella y comenzó a hacerle cosquillas hasta que lagrimas salían de sus ojos.
- Basta... Zoro jajaja por jaja…ya basta… por favor. – decía entre carcajadas y jadeos provocados por la risa.
- ¿Seguirás burlándote de mí? – inquirió totalmente serio
- No, prometo no volver a burlarme de ti, por el momento. – continuo aun riéndose
- Bien eso es suficiente para mí. – volvió a besarla, y esta vez Robin tomo control del beso hundiendo sus manos en el verde cabello del hombre y bajándolas lentamente por su cuello hasta la espalda acariciando cada musculo a su paso.
- Me encanta tu cabello. – le dijo cuando se separaron en busca de aire
- A mí me encantas tu. – fue su respuesta antes de levantarse de la cama y separarse de Robin, acto que tomo de todo su autocontrol y fuerza de voluntad.
- Creo que me iré a dar otra ducha, pero fría esta vez. – dijo caminando nuevamente hacia el baño
- Lo siento. – le susurro la morena cabizbaja, al notarlo, Zoro camino nuevamente hasta ella y se acuclillo frente a Robin.
- No lo sientas, no estoy enojado, ni nada que se le parezca, jamás te presionaría Robin, tu llevas el control de esta batalla. – le alzo el rostro para que lo mirara y tomo sus manos. – este es tu juego, cuando estés lista para el siguiente nivel estaré ahí esperándote, pero no te apresures a llegar por mí, debes sanar tu mente primero. - Robin mordió su labio inferior antes de responder.
- Es tan fácil poder amarte Zoro. – suspiro poniendo su frente junto a la de él
- Lo mismo para ti mujer, eres la única que ha despertado ese sentimiento en mí. – cerro sus ojos y sellaron sus palabras con un beso.
Llegaron al comedor tomados de la mano en el momento en que Sanji estaba sirviendo el desayuno.
- No creí que alguien de nuestra hermosa población femenina apareciera hoy para desayunar. – saludo el cocinero
- Buenos días Sanji, huele exquisito.
- Madeimoselle, su café. – dejo frente a Robin una humeante taza de café y un plato con sándwich. – aquí tienes marimo. – toda la cordialidad y amabilidad con la que trato a la mujer desapareció al hablarle al peliverde. Casi lanzando frente a él un plato con onigiris y una taza de té.
- ¿y mi sake? - Pregunto Zoro extrañado
- Te estoy cuidando maldito cabeza de alga
- No necesito que me cuides idiota cejas rizadas
- Marimo estúpido
- Cocinero de mierda
- Fufufufu. – la alegre risa de Robin los saco a ambos de su habitual discusión. – lo siento no los quise interrumpir, pero son muy tiernos cuando pelean, además el rostro de Nami y Vivi no tienen precio. – en ese momento ambos giraron sus rostros hasta la puerta del comedor por donde venían entrando las susodichas con marcadas ojeras en sus rostros.
Sanji corrio rápidamente hasta la encimera y luego le dio a cada una pastilla y un vaso de agua.
- Ayuda con la resaca. – dijeron ambos hombres a la vez, Sanji preocupado y Zoro con mofa y una sonrisa sarcástica pintada en la cara.
El resto de los habitantes del Sunny comenzaron a llegar de a poco, todos burlándose de la apariencia que tenían las chicas.
- Es totalmente injusto que tú te veas tan bien. – le reclamo Nami a Robin
- Eso se debe a que yo bebi solo una copa de vino y no toda la botella. – le recordó la aludida.
- Sigue siendo injusto, me veo horrible, parezco un mapache. – se quejó nuevamente la pelinaranja.
- Yo creo que te ves hermosa Nami. – comento Luffy inocentemente comiendo un trozo de carne, todos quedaron en absoluto silencio mientras el pelinegro seguía comiendo y Nami estaba totalmente sonrojada.
Luego del desayuno cada uno siguió con sus tareas, aunque por ese día Nami y Vivi regresaron a la cama por una siesta matutina.
Robin y Kaya continuaron con su sesión interrumpida del día anterior, esta vez en la biblioteca.
Zoro se durmió en la cubierta mientras los demás continuaban con su día.
…
- ¿lo dices en serio Kaya? – Robin sonaba realmente emocionada
- claro que sí, estás lista, y lo he venido notando hace un tiempo. – la rubia psicóloga la miro con una sonrisa y continuo. –Nami me dijo que estas vistiendo tu ropa habitual nuevamente, has dejado esas prendas holgadas. Eso significa que estás cómoda con tu cuerpo otra vez, e incluso ayer usaste un bikini para tomar sol.
- Tienes razón, he comenzado a sentirme cómoda conmigo, con mi cuerpo y he dejado de culparme por lo que paso, pero ¿no crees que es muy apresurado?
- Robin, tuvimos 13 días de sesiones, en una situación normal eso equivale a casi 4 meses de terapia. Además, los procesos de recuperación dependen de cada persona. – le explico
- No sabes cuánto me alegra oír eso, Zoro estará feliz. -la morena no oculto la sonrisa pícara que se instaló en su rostro. Recordando la conversación de la noche anterior con el peliverde.
*Flashback*
"Robin y Zoro se encontraban recostados en la cama abrazados uno frente al otro, el peliverde acariciaba el brazo de la morena mientras ella pasaba sus dedos por la enorme cicatriz que cruzaba su pecho.
- Te veías realmente hermosa en ese bikini hoy, ¿estabas cómoda?
- La verdad es que si, cada día me siento más como yo otra vez. – comenzó a acariciar el brazo de Zoro guiándolo hasta su cintura. Llevaba puesta una camiseta de él y unas diminutas bragas. Volvió a subir su propia mano hasta su pecho y continúo acariciando su cicatriz.
- Eso es algo bueno ¿no? – pregunto él con una sonrisa ladina mientras bajaba su mano y posicionándola en el mismo lugar donde ella lo había dejado pero esta vez por debajo de la camiseta, rozando su muslo en el proceso.
- Es realmente bueno… oh mierda… esto es una tortura. – su voz sonó quejumbrosa
- Lo sé, quisiera tomarte aquí mismo y reclamarte como mía con mis instintos más primitivos. Pero no haré nada que te perjudique. Cuando estemos juntos por primera vez te quiero solo concentrada en nosotros, que toda tu, disfrute del momento, en cuerpo, mente y alma.
- Definitivamente tienes muchas más paciencia y fuerza de voluntad que yo.
- Lo de la paciencia no es verdad, pero si tengo entrenamiento para mi fuerza de voluntad y sobre todo autocontrol, la espera y duro entrenamiento trae sus frutos. – le dijo mientras subía su mano por su espalda, dejando un suave cosquilleo por donde las yemas de sus dedos tocaban.
Robin volvió a guiar la mano del peliverde, sin dejar de mirarse directamente a los ojos, hasta posicionarla en uno de sus senos.
- Estoy lista para esto. – le susurro y él entendió de inmediato a que se refería.
Comenzó lentamente con una caricia suave y lenta rozando solo la yema de sus dedos para luego presionarlo y masajearlo con delicadeza.
Robin cerro los ojos dejándose llevar por el placentero momento, su cuerpo pedía a gritos por más. Pero sabía de ante mano que el espadachín no haría nada más hasta que Kaya le diese el "alta" y les dijera que su mente ya estaba completamente sana.
O por lo menos que estaba lista para avanzar.
La morena se removió en su lugar hasta quedar a horcajadas sobre Zoro y comenzó a besarlo antes de que este la bajara de su lugar. Enredaba sus dedos entre sus cabellos y esta vez él hizo algo diferente a las otras noches, posiciono sus manos en el trasero de la chica y comenzó a trazar círculos en el mientras meneaba sus caderas suavemente.
Robin le siguió el ritmo meneándose junto a él, sus intimidades rozándose debajo de la ropa interior. La mujer soltó un suave gemido entre sus labios al sentir lo que lo que provocaba en aquel hombre, que despertaba sus más profundos instintos animales.
- Ro… Robin, Robin debemos… debemos detenernos… - la chica podía darse cuenta de lo mucho que costaba pronunciar aquellas palabras. - Si… si no nos detenemos ahora todo el entrenamiento de mi autocontrol se ira a la mierda. – a Zoro cada vez le costaba más hablar, Robin bajo de él lentamente consciente de que el espadachín hacia esto por ella.
Volvió a su posición inicial sobre su costado y se acurruco en el musculoso pecho del peliverde.
- No sé si podré seguir aguantando estos juegos sin llegar hasta el final. – sabía que se estaba comportando como una adolescente hormonal.
- Lo sé mujer, pero lo hago por ti, entiendes eso ¿verdad? – Zoro no quería que Robin sintiera que la estaba rechazando, porque tendría que ser estúpido para eso.
- Claro que lo entiendo, es solo que yo no tengo entrenamiento en autocontrol y fuerza de voluntad. – saco su cabeza del pecho de Zoro y lo miro a los ojos. - En la sesión de mañana hablare con Kaya, me siento lista para avanzar. Hasta mis pesadillas han bajado de intensidad.
- Estoy de acuerdo, pero no te apresures, debes sanar. Tenemos toda la vida para estar juntos. Y cuando estés lista no te libraras de mi jamás
- Cuando esté lista no saldremos de esta habitación por un mes ¿me lo prometes?
- Te prometo que cuando acabemos esta misión, tú y yo nos iremos a algún lugar apartados del mundo y no saldremos de la cama en un mes. – Robin acaricio el rostro de Zoro y se detuvo jugueteando con sus pendientes.
- Eres especial para mí, Roronoa Zoro, te quiero. – beso suavemente sus labios.
- Y yo te quiero a ti, mujer. – el peliverde los acomodo a ambos y apago la lampara de la mesita de noche para dormir"
- No quiero ser entrometida, pero debo preguntar esto Robin ¿Zoro te ha presionado de algún modo para avanzar la relación al siguiente nivel? – la voz de Kaya la sacó de sus recuerdos, sonaba preocupada.
- ¿Zoro? – exclamo con una sonrisa. –como crees, él ha sido mucho más paciente que yo, no debes preocuparte por eso, ha sido todo un protector y no me ha presionado de ningún modo. – le dijo esta vez más seria entendiendo la preocupación de Kaya. -¿o tú crees que es demasiado pronto? – ahora llego hasta ella una preocupación en la que no había pensado, no habían hablado del poco tiempo que llevaban de relación.
Los juegos insinuantes comenzaron aquel día de la ducha de Zoro, él estuvo algo reticente al comienzo, pero había logrado convencerlo y cada día avanzaban en algo nuevo, su cuerpo se estremeció al sentir sus duras manos acostumbradas a empuñar sus Katanas, recorrer delicadamente la piel de su espalda.
A sus treinta años había tenido muchas parejas sexuales, pero ninguno la había hecho sentir con solo un toque toda la cantidad de sensaciones diferentes que experimento cuando el peliverde espadachín puso sus manos sobre ella.
Estaba realmente ansiosa por que sus cuerpos se encontraran al fin, y ahora que Kaya ya le había dado luz verde, aprovecharía que ese día debían desembarcar en busca del poneglyph.
Ya había pensado en un plan para hacer de esa noche su noche especial.
Y Kaya la ayudo a disipar su pequeña duda cuando comenzó a hablar.
- Solo ustedes pueden determinar eso, cada pareja, cada relación es un universo exclusivo en el que nadie más tiene una respuesta, por ejemplo, Usopp y yo, me enamore de el en cuanto comenzó a hablar. – Kaya tomo un trago de su taza de té y Robin hizo lo mismo con su café, esperando atenta a que su amiga continuara. –Usopp es voluntario en el hospital, según él para expiar los pecados de su profesión, pero en realidad le gusta conectar con las personas. En ese tiempo me dio una enfermedad respiratoria y me encontraba internada en el hospital al que asistía como voluntario, él comenzó a contarme historias exageradas de sus aventuras, su imaginación y simpatía pudieron conmigo, me enamore en el primer instante y nadie puede cuestionarlo porque es mi sentir y no hay ninguna persona en mi interior para decir lo contrario y si lo hubiese sufriría de trastorno de personalidad múltiple. – Kaya rio de su propio chiste, pero Robin pudo distinguir la nostálgica alegría que aquella historia despertaba en Kaya.
- Es una hermosa historia de amor Kaya
- Gracias. – le sonrió. – lo que quiero decir es que no hay tiempos correctos, no existe manual, lo que funciona para algunos puede no resultar con otros, porque todos somos diferentes. Lo único que siempre debe haber en toda relación es el respeto.
- Gracias por tus consejos Kaya, me has ayudado mucho, y no hablo solo como psicóloga, eres una muy buena amiga. – Robin le regalo una de sus cálidas sonrisas, que cada vez eran más frecuentes.
- Para eso están las amigas ¿verdad? – le sonrío de regreso
- Por supuesto que sí. – ambas se abrazaron antes de salir a cubierta y reunirse con los demás.
Al salir de la biblioteca encontraron que la cubierta del barco se encontraba en total ajetreo, todos corrían de un lado para el otro y lucían molestos.
- ¿Qué ocurrió? – pregunto Robin a nadie en particular.
- Lo siento, lo siento, lo siento mucho Robin no pude detectarlo a tiempo, soy un suuuuper idiota. – la morena no entendía el lloriqueo de su amigo.
- La marina nos pisa los talones. – le dijo Zoro que venía bajando del mástil donde acababa de soltar las velas
- ¿Cómo nos encontraron? – esta vez fue Kaya quien pregunto.
- En el encuentro que tuvimos con ellos antes de llegar a la isla donde desembarco Perona, le pusieron un rastreador al Sunny en el casco, no lo notamos y los sensores de escaneo de Franky lo acaban de detectar. – comenzó a explicar Vivi
- Franky utilizo sus radares mágicos y nos vienen siguiendo, están como a un día de distancia, pero estamos a dos horas de llegar a la isla, ya saben nuestro destino. – siguió Nami
- ¿tenemos algún plan? – la morena se dirigió a Torao esperanzada
- ¿Alguna vez he fallado? – sonrío arrogante el cirujano y comenzó a relatarles su estrategia.
