Cursaba el último año de preparatoria y actualmente se estaba preparando para los exámenes de ingreso a la universidad, añoraba entrar a la facultad de Física y con ello poder especializarse en algo referente a las Ciencias espaciales. Estaba seguro de tener capacidades para lograrlo y por lo mismo siempre terminaba por atribuirse actividades relacionadas, como hacerse cargo del taller de Astronomía de su escuela.

Sus objetivos eran claros y por ello sabía que no sería un camino sencillo, desde temprana edad supo que sus sueños implicaban sacrificios, estudio constante y no perder demasiado el tiempo en actividades o personas que pudieran estropear sus planes, incluso creía que tener una relación formal podría ser algo negativo, seguramente porque no había una sola chica en su escuela que llamara su atención.

Se dio cuenta que era atractivo desde que ingreso a la preparatoria, gran parte de las chicas y uno que otro chico se lo hicieron saber. A pesar de no tener problemas para socializar y de tener a un montón de amigos que le rodeaban, no era de salir demasiado con ellos, pues prefería mil veces quedarse en casa viendo alguna serie o leyendo algún libro antes que ir a bares o antros donde realmente nunca la pasaba bien.

Konoha era un pueblo pequeño y medio abandonado, haciendo que difícilmente pudiera conseguir las nuevas tecnologías o libros específicos de su interés. Por ello solía visitar a su abuelo una vez al mes en Tokio, aunque era evidente que Jiraiya deseaba que le visitará más seguido, no le agradaba que viviera solo al ser solo un preparatoriano.

Cabe destacar que fue en una de esas visitas donde su vida cambiaría para siempre. Generalmente solía ir él solo, pero un fin de semana su hiperactivo amigo Kiba le propuso acompañarle y él no tendría por qué negarse si ambos deseaban comprarse la última consola.

El primer día fue como de costumbre, viajar en camión y escuchar música en el camino, luego tomar un taxi para llegar hasta la casa de Jiraiya y encontrarse a Tsunade, la novia o quizá solo amiga con derechos de Jiraiya, no era como si le agradara, en realidad era bastante gruñona y gritona, pero siempre la había soportado porque tenía una hermosa nieta de la cual estuvo enamorado por años, hasta que finalmente ella le había dejado bien claro que nada entre ellos pasaría, sobre todo porque era cinco años mayor que él.

Sakura siempre le pareció hermosa, aunque con el paso del tiempo dejo de idolatrarla y tuvo que aceptar que ella jamás tendría ojos para él, y él no podría aferrarse a una persona que lo veía como su hermano menor.

Por ello cuando Sakura les propuso ir a un antro se tardó demasiado en aceptar. La idea para nada le entusiasmaba, sobre todo si esos lugares no le agradaban e iría con la chica que jamás correspondió a sus sentimientos.

- ¡Conoceremos universitarias! – Kiba era quien estaba más entusiasmado, y por lo tanto uso todo tipo de argumentos y amenazas para convencerlo.

Un tanto resignado se había puesto una camisa azul marino y pantalones oscuros, se había rehusado a usar zapatos de vestir, y en su lugar prefirió usar unas botas caterpillar que afortunadamente combinaban con la camisa gris que portaba. En cambio, Kiba se había vestido más formal y hasta se había peinado, cosa que nunca hacía.

El antro estaba atiborrado de jóvenes universitarios, y Sakura los condujo hasta una mesa donde ya se encontraban varios de sus amigos de la facultad. Todos se habían portado amables y les habían ofrecido varias bebidas que Naruto y Kiba aceptaron para entrar en ambiente.

No pasaron ni 20 minutos cuando a su amigo se le ocurrió que deberían ligar con alguna chica para tener una experiencia completa, él trato de rehusarse y al final terminó aceptando que llevarse a la cama a una chica universitaria sonaba como una buena experiencia.

- No podemos llegar y decir que somos preparatorianos porque nos batearan, diremos que también somos universitarios –. En un principio quiso negarse, pero luego se dio cuenta que era verdad, los hombres más chicos generalmente no eran atractivos, y quizá como el alcohol ya había hecho su efecto, ahora mismo no le importaban los medios para conseguir su propósito.

Kiba le había señalado una de las mesas donde de inmediato enfoco a una chica con cabellera negra, su busto sobresalía de su delgada anatomía, "deben ser operadas" pensó, aunque eso realmente no le importaba, esa chica le había gustado y sin duda intentaría tener sexo con ella.

Agradecía que su amigo fuera tan bueno socializando, pues no tardo en introducirse con gracia entre aquellas chicas, haciéndolas hasta reír por sus bobas ocurrencias que claramente funcionaban para llamar su atención.

Se presentó con cada una de ellas de manera cortes.

La primera se llamaba Ino, rubia, cabello largo y ojos azules, usaba un top y una minifalda de color morado. Era guapa y al parecer era consciente de ello pues actuaba como toda una diva.

La siguiente fue Matsuri, una chica de ojos y cabello negro, usaba un vestido rojo que llamaba la atención por la exagerada cantidad de brillos que tenía.

La tercera se trataba de una chica de nombre Konan, de cabello corto y azulado, lucía simpática pero no lo suficiente como para detenerse demasiado a conversar con ella.

Pues finalmente había llegado a su presa, Hinata, quien de cerca era mucho más guapa de lo que imaginaba, lo primero que llamó su atención fue su bonita cara de perfectas y femeninas facciones, sus ojos plateados incluso le intimidaron, jamás había visto una mujer tan guapa como ella. Su cabello largo y negro enmarcaba su rostro haciéndola lucir más hermosa si eso era posible. Sus generosos pechos cubiertos por una delgada blusa negra, que además dejaba ver su pequeña cintura para enmarcar aún más sus anchas caderas. Esa chica era un sueño, honestamente no le pedía nada a las actrices y modelos de televisión.

No creía que fuera soltera, demasiado bonita como para no tener todo un ejército de pretendientes, seguramente él se convertiría en uno más. Por lo que desde ese momento se cuestionó si ella siquiera fijaría su atención en un simple mortal como él.

Lo primero fue presentarse con esa belleza y luego buscó sentarse a su lado, le emocionó e incluso sorprendió que no estuviera acompañada, desde ese momento aprovecharía cada segundo para estar a su lado, pues era la primera vez que conocía a una mujer tan guapa y que además le produjera tanto interés por conocerla.

Ella se mostró amable y sonriente, por lo que no les fue difícil entablar una conversación.

Incluso con un par de bebidas encima se dio cuenta de la innegable química que había entre ellos, era demasiado fácil hablar con ella, todo fluía de una manera exquisita, y por supuesto se sentía hipnotizado por esa belleza que en su vida imagino existiría.

Ella no tardó en narrarle que estudiaba la Licenciatura en Medicina, el décimo semestre al igual que su amiga Sakura. Le conto que ella quería ser pediatra y tenía el sueño de ayudar a cuantas personas pudiera, parecía realmente tener vocación por su carrera.

Pudo darse cuenta del enorme corazón que tenía apenas con charlar un poco con ella, entre otras cosas le contó que estaba en una asociación de rescate animal, narraba sus aventuras con tanta pasión que estaba seguro era la chica más noble que había conocido en su vida.

Vivía sola ya que su familia se mudó a un pequeño pueblo muchos años atrás. Tenía 22 años y solo había tenido un par de novios, al parecer no le gustaban los antros, pero sus amigas le habían convencido de asistir para que saliera de la rutina del estudio.

Ella parecía tan transparente en todo lo que le contaba que realmente se sintió nervioso ante una chica tan perfecta como ella. En cambio, el mintió sobre su edad, le dijo que estaba próximo a cumplir los 22 cuando en realidad tenía 17 años, sabía que su altura y su forma física le ayudaban a dar esa apariencia; también le dijo que estudiaba la carrera de Física y le hablo de su sueño de especializarse en Astronomía. Su sueño y su nombre, fue quizá la única verdad que le dijo, pues una que otra mentira se le hizo fácil soltar, como decirle que había tenido un par de novias, consideraba que a los 21 años sería raro no haberlas tenido, como era su caso.

Sin duda la conversación fluía, prácticamente todo de ella le había gustado, era linda y al parecer él también había llamado su atención. Sin embargo y muy a su pesar se dio cuenta que Hinata no buscaba sexo casual, no podría pedirle simplemente que se acostaran porque ahora estaba seguro de que eso no pasaría.

No fue hasta que un mesero les notifico que el lugar estaba por cerrar que se dio cuenta que eran las 3 de la mañana, ni siquiera supo en qué momento se quedaron solos en la mesa, por lo que seguramente no solo a él lo habían abandonado sus amigos, también a ella.

– ¿Te puedo llevar a tu casa?, no me gustaría que te fueras sola – estaba realmente interesado en pasar más tiempo a su lado, y ella le hizo feliz al aceptar con una enorme sonrisa. Le dio pena no poder llevarla en un coche, sino en un taxi, aunque a ella no pareció importarle pues su sonrisa era la misma desde que la conoció horas atrás.

Se dio cuenta que Hinata tenía una buena posición económica cuando llegaron a la residencia donde vivía, y sin embargo se mostraba tan transparente y amigable que de inmediato pudo identificar su sencillez, algo que no volvería a encontrar otra vez, era única. Lamentablemente había empezado con el pie izquierdo, ella siendo 5 años mayor y el diciéndole mentiras, nada bueno podría salir de esa situación, por lo que asumió que lo mejor era guardar aquella velada como algo único, algo que recordaría para toda la vida.

Se despidió galantemente al darle un beso al dorso de su mano y sonriendo a esos bellos ojos color perla. Tal vez así hubiera sido mejor, se hubiera evitado un tormento de sufrimiento en el futuro, pero no fue así, porque nada en la vida es así de fácil.

– Naruto – no había permitido que se fuera, ella prácticamente le había robado un beso, le había tomado con ambas manos de la chaqueta y había literalmente estampado sus labios contra los suyos. ¿Qué podía hacer?, en realidad no lo pensó demasiado y correspondió al instante como era debido, la tomó de la cintura y profundizo el beso que ella había iniciado.

– O-olvidaste pedir m-mi número de teléfono – la escucho tartamudear, y entonces se dio cuenta que había hecho un esfuerzo por pedírselo, estaba totalmente ruborizada y eso le pareció adorable.

Antes de intercambiar números la beso una vez más, el sabor de sus labios era una adicción de la que no quería desprenderse ni en ese momento, ni en el futuro, y aun así tuvo la fuerza de moderarse, no quería asustarla.

Debieron tardar alrededor de treinta minutos en despedirse, entre besos y sonrisas supo que por primera vez se había enganchado a una mujer.

Aquella noche donde su amigo seguramente había logrado llevarse a la cama a una de las universitarias, él permanecía con una enorme sonrisa acostado en su cama sin poder dormir. Tomó su celular y luego abrió una conversación de whatsApp.

Naruto: "Hinata, déjame dormir, no puedo dejar de pensar en tus ojos"

Hina: "Yo tampoco puedo dormir, fue un día bonito"

Naruto: "¿Estás pensando en mí?"

Hina: "En tus ojos azules"

Naruto: "Eres muy bonita, me gustas, sal conmigo mañana"

Hina: "Tú también me gustas Naruto, así que… sii, salgamos"

Naruto: "¿A qué hora paso por ti?"

Hinata: "¿A mediodía?"

Naruto: "Ahí estaré"

Se había levantado más temprano de lo habitual para irse de compras, aunque no serían consolas, videojuegos o libros, esta vez se compraría ropa decente para impresionar a Hinata, y si eso no era suficiente le llevaría algún presente, deseaba cortejarla como a una princesa, y bien sabía que ella valía todo lo que tenía en sus bolsillos.

Se había olvidado por completo de su amigo, ni siquiera le interesaba escuchar la historia de su conquista, en su mente solo podía pensar en ella, en Hinata.

Tanta emoción debió demostrar que su abuelo le prestó con bastante facilidad su coche, al parecer verlo entusiasmado por una mujer era suficiente para considerarlo apto para manejar, y él no iba a desaprovechar esa oportunidad.

Llegó exactamente a la hora acordada a su casa y esperó pacientemente al margen de su puerta, con un ramo de rosas blancas en una de sus manos y con una pequeña cajita que tenía en su interior una pulsera de oro que escogió especialmente para ella. No estaba seguro de si era lo normal en la primera cita, pero él estaba enganchado de esa mujer, y le nacía llevarle un detalle como muestra del interés que despertaba en él.

Su rostro de sorpresa al verlo fue suficiente para saber que había hecho lo correcto y que además quería repetir esa escena una y otra vez, y aquello lo corroboró cuando le abrazo y luego le dio un beso en su mejilla, aquello era tan valioso que supo que tendría que ganarse muchos más abrazos y besos de esa mujer que ante sus ojos era única e irrepetible.

La llevó a una bonita cafetería que la misma Sakura le recomendó, el lugar era perfecto y un tanto romántico, por lo que la cita fue más que perfecta, volvieron a compartir gustos y la plática fue más que amena.

Debió decirle la verdad, tal vez aún estaba a tiempo de solucionar el problema en el que se estaba metiendo…

Pero no lo hizo.

A cambio de eso, se había sentado a un lado de ella para besar sus mejillas y luego sus labios cada vez que tenía oportunidad, le gustaba, esa chica era la mujer de sus sueños, más de lo que incluso él había soñado como la mujer perfecta.

Tuvo miedo de perderla cuando apenas la había conocido, creía firmemente que si le decía la verdad ella terminaría por rechazarlo. ¿Qué chica de 22 años querría salir con un mocoso de 17 y que además le había mentido? Ninguna. El temor de cómo había sido rechazado por Sakura lo perseguía, si bien ya no sentía nada romántico por ella, lo recordaba por temor a que Hinata lo rechazara de la misma manera.

Tal vez era inmaduro e incrédulo, pero pensaba firmemente que sería más fácil que ella le aceptara si la enamoraba primero, ya después podría decirle la verdad, seguramente en un principio se molestaría con él, pero al estar enamorada le terminaría perdonando.

No quiso darle muchas vueltas al asunto, y quizá por ello pasaron un agradable día charlando en la cafetería, luego caminaron por el centro de Tokio y se adentraron a un karaoke donde ambos demostraron que no era una buena idea dedicarse a la música, finalmente fueron al cine donde Hinata eligió una cursi película de amor, ni en sueños hubiera accedido a ver aquel horror de película, pero era Hinata quien lo pedía y el jamás podría negarse a una petición suya, y sinceramente verla emocionada le hizo sentir feliz, sobre todo que él pudo disfrutar de tenerla entre sus brazos e incluso le robo más de un beso durante aquella película, principalmente en escenas aburridas y predecibles.

Hinata le gustaba demasiado, sería capaz de volver a ver películas cursis con tal de estar a su lado, hasta de volver a comer esos rollos de canela que definitivamente era una carga exagerada de azúcar para su paladar.

Pasaron prácticamente todo el día juntos y aun así sentía que el tiempo había sido demasiado corto. Le costó, pero finalmente se despidió de ella al margen de su puerta con un beso un poco subido de tono, y abrazándola la pegó a su cuerpo, no quería irse, quería estar con ella para siempre, quería decirle que vendría a verla cada semana, incluso si ella quería verlo entre semana, lo haría, al final de cuentas ella lo valía todo.

- Naruto… – fue la primera en hablar después de aquel beso, tomándola de la cintura la incito a que prosiguiera – ¿quieres ser m-mi n-novio? – su tartamudeo fue hermoso y que ella lo pidiera fue más que maravilloso, estaba totalmente roja y seguramente nerviosa – si n-no quieres, e-está bien, es solo que me la he pasado m-muy bien contigo, sé que es m-muy pronto, pero vives tan lejos.

No quería torturarla más, por lo que nuevamente la beso con ganas para luego dejarla sin aliento, supo que ella era de palabras por lo que decidió declararse – Hinata, nada me haría más feliz que ser tu novio, me gustas mucho, así que mi respuesta es sí, con mucho gusto – su sonrisa se amplió, aunque claramente aún seguía avergonzada, seguramente por haberle pedido algo que usualmente las mujeres no hacían, pero que para él había sido lo más bonito que había experimentado en su vida, no le hubiese gustado que fuese de otro modo – me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo, preciosa.

Se habían despedido de madrugada, y él había prometido volver a visitarla el próximo fin de semana. Estaba consciente que debería decirle la verdad, sin embargo, se aferró a su plan de creer que era mejor esperar a que ella estuviera perdidamente enamorada de él, incluso le parecía que cuando ya estuviera en la facultad ella lo aceptaría con mayor facilidad, al final de cuentas faltaba muy poco tiempo.

Los primeros meses fueron maravillosos, Naruto la había visitado sin fallar cada fin de semana, llegaba a Tokio el viernes y se iba el domingo por la noche, aprovechando al máximo el tiempo que pasaba con su novia, estaba seguro que ella sería su esposa y la madre de sus hijos. Ver sus preciosos ojos color perla le hacía desear que ella le observara para siempre con esa dulce mirada, sus manos eran delicadas y precisamente sería médico, lo cual le encantaba, y deseaba que fuera ella quien cuidara de él, sus prominentes caderas le llevaban a un primitivo deseo de reproducirse, y sabía que sería una buena madre y esposa por ser tan dulce y delicada.

Por supuesto los besos y caricias fueron subiendo de tono, pero él no quería solo acostarse con ella, él quería todo de ella, quería hacer el amor por primera vez, con ella.

En bastantes ocasiones habían terminado fajando. Al principio todo era cosa de besos, luego de caricias en sus pechos y besos en su cuello. Hasta que un día terminaron masturbándose mutuamente en su sala. Quizá había estado con algunas mujeres antes, pero estaba seguro que solo Hinata lograba ponerlo nervioso, aun cuando las cosas resultaban tan naturales con ella, no quería apresurar las cosas.

Después de 6 meses de noviazgo, Naruto estaba más que enamorado de Hinata, pues no solo le gustaba físicamente, su personalidad cada vez le atraía más y más, y por lo mismo llevaba como cada vez que la visitaba un obsequio para cortejarla, esta vez un bonito collar y aretes hechos con perlas. Desde que se hicieron novios, siempre le llevaba regalos para consentirla: chocolates, peluches, flores y joyería, la adoraba y por lo tanto quería llenarla de detalles.

Ese día, Naruto tuvo que aprender a la mala que aun cuando te esmeras en mentir, la verdad siempre sale a la luz y quizá de la peor manera posible.

Pensaba que no habría manera de que ella se enterara de la verdad, al final de cuentas sus amistades eran totalmente diferentes. Había cerrado su cuenta de Facebook pues estaba seguro que éste solo podría traerle problemas, además le había confesado a Sakura en el enrollo que estaba, ella había prometido mantener su secreto y confiaba que así sería, pues además asistía a la misma universidad que Hinata.

Aun cuando tuviera cubiertas aquellas partes para proteger su mentira, no pudo evitar que Hinata se diera cuenta, y ese día sería el fin, o el principio de todos sus males.