Aun con todas las declaraciones la Hyuga se había reusado a ser su novia, tampoco era como si le gustara realmente, pero por dios, era una "Hyuga", la heredera. Desde que Orochimaru le dio aquella información y la vio por primera vez en el hospital supo que debía ganarla. Por lo que no tardo en coquetearle, quizá no tan románticamente como lo espera una mujer, pero él es Sasuke Uchiha, él jamás tuvo que hacer demasiado para que una mujer se interesara en él, y sin embargo esa chiquilla lo había rechazado dejándolo en ridículo frente a todos.
Sintió su ego herido, y en un principio, quizá en un acto infantil le pidió a Orochimaru que la castigara por soberbia, y la verdad es que por órdenes del jefe del hospital varios médicos se portaron más estrictos y maleducados con ella. Para su sorpresa tenía carácter y soportaba las humillaciones, nunca se daba por vencida.
No paso mucho para que se diera cuenta de lo idiota que estaba siendo, cuando pudo pensar fríamente supo que tenía que tratarla mejor para podérsela ligar, a pesar de todo ella había demostrado ser diferente del resto y tendría que conquistarla con diferentes tácticas.
Para empezar, pidió que la Hyuga rotara más tiempo por su servicio y su piso, de ese modo estaría más cerca de ella. Jamás imagino que terminarían cargándole la mano en otros servicios, pues a pesar de todo tendría que rotar por todas las especialidades del hospital para poder concluir su internado. Tendría que haberse retractado, pero prefirió dejarlo así y ayudarle todos los días a terminar el trabajo, aun cuando ella se rehusaba a reconocer que le necesitaba.
Un viernes su suerte cambiaría…
Estaba molesto porque no estaba en el servicio que debería y había un paciente que la necesitaba, por supuesto dejo a cargo a otro médico que ya se hacía cargo del paciente, pero tendría que reprenderla por no estar ahí cuando era su deber, por fortuna sabía exactamente donde la podría encontrar, y no se equivocó, estaba al lado del pediatra Hatake tratando de salvar a un pequeño en el servicio de oncología pediátrica. La observó desesperada y luego observó cómo se descomponía cuando dieron la hora de defunción.
Tuvo que entrar por ella pues claramente era presa de una crisis, su llanto era motivo para regañarla, pero bien sabía que no era el momento. Siempre creyó que era una buena médico, de hecho consideraba que era la persona con mayor vocación, era evidente que Hinata tendría que especializarse más adelante en pediatría, tenía talento para desenvolverse en esa área, sin embargo aún le faltaba fortaleza para soportar el ambiente hospitalario, algo que estaba seguro lograría eventualmente.
Tuvo que aplicarle un calmante y luego la llevo a su departamento, no sin antes dejar a sus pacientes a cargo de Kabuto que siempre hacía cualquier cosa que le pidiera, como todos en ese lugar. Hinata estaba medio dormida por lo que no había tenido dificultades para quitarle la ropa y dejarla en ropa interior antes de meterla a su dormitorio y su cama, desde ese momento supo que no sería un sacrificio casarse con ella y él quería hacerlo, Hinata era guapa y sin duda le gustaba su curvilíneo cuerpo, podría dormir en su cama todas las noches si ella lo deseaba, aunque eso no era lo que más le gustaba de ella, era su enorme fortuna y su posición social, seguramente su padre Fugaku se enorgullecería si se casaba con una Hyuga.
Mentras Hinata dormía en su cama él se dedicó a estudiar en la comodidad de uno de los sillones de su habitación, finalmente se había quedado dormido en el sillón de su habitación y despertó cuando ella lo llamo un tanto alterada
– Sasuke, ¿dónde estamos? – tuvo que contenerse y explicarle lo que había pasado de la manera más amable, no era su estilo, pero si quería quedar bien con esa chiquilla, tendría que hacer méritos.
– ¿Y mi ropa? – pregunto totalmente roja, mientras se sentaba recargándose en el respaldo de la cama y cubría su pecho con la sábana.
– No iba a permitir que contaminaras mi cama con gérmenes del hospital.
Ella se quedó un momento observando el lugar y él entendió que ella necesitaba ayuda, en realidad sería un imbécil si no le brindaba el tratamiento que necesitaba.
- Hinata, necesitas empezar a tomar antidepresivos – ella le observó y de inmediato asintió.
- Lo sé, creo que he tenido más ansiedad en las últimas semanas.
Salió de la habitación y ubico en la sala una caja donde tenía medicamentos de muestras de compañías farmacéuticas.
En cuanto entro a la habitación le tendió el medicamento en su mano – empieza hoy mismo con tu tratamiento.
Ella tomo aquellas pastillas y bebió sin respingar de la botella de agua que le ofreció.
- Necesitas terapia – no era que ella no lo supiera, pero sabía que a veces los médicos eran los más cabezotas a la hora de atenderse.
Observó cómo sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, seguramente rememorando lo vivido horas atrás, ella realmente lo estaba pasando mal, por lo que tuvo que abrazarla a modo de consuelo.
- Tranquila.
- Nunca pensé que fuera a necesitar atención psiquiátrica – le dijo algo sarcástica.
- Estarás bien – trato de que su llanto se calmara.
- En este estado es cuando entiendo porque muchos terminan consumiendo drogas.
- Boberías, lo único que necesitas es una buena dosis de endorfinas. Algo de sexo te caería bien para complementar tu terapia.
Lo que prosiguió fue algo que ni el mismo espero, ella había cortado el abrazo tan solo para dejar que la sábana se deslizara dejándola en sostén ante su vista.
- Bien, hagámoslo – no estaba seguro de su cambio de actitud, pero estaba seguro que tendría que ver con la crisis vivida anteriormente.
Técnicamente no estaba drogada y era ella quien lo había propuesto por lo que no tenía sentido hacerse del rogar cuando él también lo deseaba – me gustas – se confesó nuevamente, tenerla semidesnuda y dispuesta era algo que había despertado su libido y sería capaz de decirle cualquier cosa para prenderla como él que ya tenía una erección esperando por ser liberada de sus pantalones.
En verdad nunca hubiera esperado que ella se dejara tocar por él, sobre todo cuando le había hecho la vida imposible desde que llego al hospital. Recibió sus caricias y dejo que fueran subiendo de tono, había retirado su sostén y besado ambos pechos y pezones hasta dejar algunas marcas. Finalmente retiro su braguita y la acostó en la cama donde la hizo su mujer, tenía que reconocer que se sintió satisfecho cuando supo que era él quien la desvirgaba. No se hubiera preocupado en usar condón, pero fue ella quien le pidió que lo usara, no dejándole otra opción.
Le molesto y mucho que eso no fuera suficiente para que ella aceptara un noviazgo con él, por segunda vez se sintió humillado al saber que esa chica solo estaba satisfaciendo una necesidad con él, lo estaba usando, y corroboro aquella teoría cuando siguieron teniendo sexo sin que ella quisiera formalizar una relación con él, generalmente lo hacían en su departamento, tanto que en aquel lugar ya había varias cosas que ella había dejado por comodidad, como su cepillo de dientes, cremas faciales e incluso bragas que olvidaba; también tenían mucho sexo en el hospital, aunque este era más morboso, le gustaba castigarla aun cuando ella sabía que el castigo no tenía que ver con hacer guardias o trabajar más de lo que ya hacía, sus castigos eran únicamente sexuales, algo que ella tendría que reconocer también le excitaba.
El sexo con Hinata era realmente bueno, pero no la amaba, ni sentía algo más profundo por ella, más que un deseo carnal e interés económico. Además, siendo realista él no podría amarla si ella no permitía que tuvieran una unión más allá de lo sexual. En cambio, había una chica pelirosa llamada Sakura, ella también le gustaba físicamente, le atraía su forma de pensar, lo inteligente y lo segura que siempre se mostraba, le encantaba platicar con ella, sobre todo porque demostraba que también estaba interesada en él, algo que no podía obtener de Hinata. Por ello accedió a salir con ella cuando se lo pidió y no perdió oportunidad para llevársela a la cama, la deseaba. Sin duda era del tipo de chica que se enamoraría, pero eso no era suficiente porque sencillamente no tenía la posición económica que Hinata. Por eso, antes de acostarse con ella le dejo las cartas sobre la mesa, "solo será sexo casual", "esto jamás se convertirá en un noviazgo", "ni siquiera seremos amigovios", "no hay ningún derecho sobre el otro" – increíblemente acepto y con gusto mantuvo esa conexión sexual con ella.
Jamás se olvidó de su principal objetivo y ese era escalar a la posición social que tenían los Hyuga. Sí Hinata no quería una relación con él, tendría que buscar la manera de que se viera obligada y no le quedará de otra más que aceptar casarse con él, y con esto posicionarse en la elite de Japón.
Un embarazo sería lo ideal, pero eso no sería tan fácil porque Hinata usaba anticonceptivos desde que sus encuentros se volvieron frecuentes, tendría que buscar un plan para que ella dejara de tomarlos, no era idiota así que no sería sencillo, quizá cambiar esas pastillas por placebo, eso sería un buen plan si tan solo pudiera acceder a su casa donde las guardaba, lugar al que nunca fue invitado, sabía dónde vivía porque obviamente la había investigado, pero ella siempre evito que él fuera a su hogar.
Tuvo que buscar un plan b, uno en el que la grababa a escondidas cuando tenían sexo. Por supuesto la verdadera intención de grabarla no era enviarle los vídeos para avergonzarla, aunque era divertido claro está, la verdadera intención era que sí al final lo seguía rechazando, la amenazaría con mostrar esos videos a su familia, que era por lejos la más recatada de Japón, seguramente eso podría ayudar a que ella se casara con él y si no, por lo menos le haría pasar un mal rato como ella se lo hacía pasar a él por no aceptar una relación con él.
