Nunca consideró que fuera un caliente a pesar de lo mucho que le gustaba el sexo, pero no mentía cuando decía que él ni siquiera lo buscaba, generalmente había una chica que se lo proponía y solo aceptaba si ésta le parecía atractiva, eso fue antes de salir con Shion, con quien jamás llego a hacerlo más de una vez al día, y pensándolo bien, ni siquiera le apetecía tener sexo a diario.
Con Hinata todo era diferente, no entendía porque con ella su deseo sexual aumentaba a tal magnitud, seguramente por lo mucho que le gustaba, tendría que reconocer que su cuerpo lo volvía loco, la suavidad y el aroma de su piel eran exquisitos, así como sus gestos y la dulzura de su voz; aunque la principal razón tendría que ser por amarla con tanta intensidad, y estaba seguro que a ella le sucedía lo mismo, ya que siempre respondía a sus deseos y también le buscaba en ese ámbito.
Llevaban quince días de novios y no podría negar que se sentía dichoso de que ella lo quisiera cada noche en su cama, por ello fue dejando cada vez más cosas en su casa, le daba pena estarse apropiando de su espacio, pero era imposible no hacerlo.
Primero le pidió que llevara más ropa y él llevo una maleta como para una semana, ella en verdad se había puesto feliz y por sí misma había acomodado su ropa en el closet.
- ¿Nunca usas ropa deportiva? – le había cuestionado cuando termino de ordenar sus cosas, mientras el recargado en la cabecera de la cama se dedicaba a realizar trabajos de su especialidad.
- Sí, claro, cuando tengo tiempo me gusta hacer ejercicio, aunque ahora mismo lo estoy haciendo contigo – le guiño un ojo y el rubor se reflejó en su rostro, en verdad esperaba que nunca dejara de sonrojarse, era adorable lograr aquel efecto en ella.
- Podrías traer algo de ropa cómoda – le dijo casual y él empezaba a entender que ella quería que se mudara, vivir con Hinata era algo que también anhelaba, pero prefirió no hablar del tema hasta que pasara un poco más de tiempo. Estaba seguro de querer pasar su vida junto a ella, pero sabía que lo mejor era esperar un tiempo a que la euforia del inicio de la relación pasara, seguramente cuando fueran capaces de no tener sexo por un día serían capaces de pensar fríamente y tomar buenas decisiones. Aunque ese día parecía muy lejano…
Evidentemente también tuvo que llevar libros porque realmente tendría que hacerse un espacio para estudiar y ella se mostró feliz al decirle que usara la sala como su lugar de estudio. Él accedió y de inmediato llenó aquel lugar de papeles, le daba un poco de pena que poco a poco parecía invadir su casa, pero honestamente era la mejor alternativa para pasar más tiempo juntos, ambos tenían horarios laborales demandantes y solo de ese modo podrían verse a diario.
En la cocina había ido agregando productos que necesitaba, como una cafetera debido a que Hinata en su lugar solía beber té, luego tuvo que llevar sus barras energéticas, empaques de galletas e incluso leche porque ahora se daba cuenta que Hinata solía comer demasiado ligero, y el en verdad necesitaba más energía de lo que su adorable novia comía, ahora entendía porque era tan delgadita.
En esos quince días estaba seguro que su sello masculino estaba impregnado en su casa y ella parecía feliz con ello. Incluso había colgado fotos de ambos en su habitación y un par en el resto de la casa, y por supuesto, le había dado un juego de llaves para que él pudiera entrar y salir con mayor facilidad. Ella parecía estar viviendo su fantasía de un cuento de princesas y él no iba negar que también lo estaba disfrutando.
Era un domingo por la mañana cuando despertó sintiendo húmedos besos en sus mejillas y una presión suave sobre su pecho. Al abrir sus ojos visualizo a Hinata encima de él, que tan solo le dijo "buenos días" para luego apoderarse de sus labios. Ella en verdad parecía tener ánimos de mostrarse afectuosa, y el correspondió a la demanda de sus besos hasta enredar sus lenguas. Ambos seguían desnudos después de las intensas rondas de la noche anterior, por lo que no les costó mucho trabajo posicionarse.
Por primera vez era ella quien estaba encima de él, moviendo sus caderas de manera suave, logrando que sus sexos rozaran una y otra vez. Estaba seguro que su falo estaba completamente húmedo por sus jugos haciendo que anhelara poder enterrarse de una vez por todas en su vagina. Levantando su cadera intento acomodarse y ella se lo negó al seguir haciendo movimientos donde el largo de su miembro solo podía acariciar sus pliegues.
- Por favor, Hime – le dijo con desesperación, en verdad necesitaba hundirse en ella, pero tal parecía que ella quería jugar y sí eso quería tendría que participar hasta hacerla ceder.
Se llevó un pezón a su boca para chuparlo como si éste se tratara del dulce más delicioso que en su vida hubiese probado, la escucho suspirar y eso lo motivo a llevar sus manos a sus piernas para acariciarlas y luego llegar a sus muslos donde sus toques fueron más suaves, sabía la manera de tocarla para aumentar su excitación y uso sus habilidades hasta que la escucho gemir, indicándole que pronto cedería. No fue hasta que soltó su pezón para dirigirse al otro, que sintió como ella se comenzaba a ensartar en su pene y él tuvo que sujetar sus caderas para impulsarse y ayudarle a que entrara hasta el fondo. Ambos suspiraron por su unión y se quedaron así un momento, hasta que ella se apoyó en su pecho con sus manos y empezó a moverse como hasta ahora lo venía haciendo, de manera suave. Permitió que llevara por primera vez el ritmo, así que se dedicó a disfrutar de lo que ella le estaba regalando, mientras le agradecía con caricias en sus piernas, caderas y cintura y de vez en cuando en sus pechos que adoraba verlos rebotar frente a sus ojos.
Llegaron al orgasmo juntos y él tuvo que sujetarla fuerte de sus nalgas mientras se corría en su interior, adoraba hacerlo de esa manera, con ninguna otra mujer se sintió cómodo haciéndolo sin condón. Con Hinata sentía esa necesidad de marcarla como suya en cada entrega.
Esperaba poder convencerla de que dejara los anticonceptivos en un par de años, con ella quería tener hijos, fantaseaba con verla embarazada, con formar una familia. Esos pensamientos habían logrado prenderlo y había buscado nuevamente sus labios para ir por la segunda ronda, esta vez tomaría el control tomándola desde atrás, así fue como tomando sus caderas le ayudo a ponerse en cuatro, antes siquiera de meterle nuevamente su pene escucharon ruidos en la planta baja y luego un grito que escucharon perfectamente.
-"Oneechan"
No necesitaba que Hinata le dijera que tenían visitas inesperadas y él no estaba dispuesto a que la familia de su novia lo pillara en una situación vergonzosa, por lo que antes de que pudiera ocurrir una tragedia, corrió a ponerle seguro a la puerta. Hinata de inmediato se incorporó y le observo totalmente ruborizada – es mi hermana.
- Lo sé – le dijo mientras comenzaba a vestirse, era evidente que su sesión de sexo había terminado y quería estar presentable para conocer a su cuñada – ¿cuántas personas tienen tu llave? – pregunto serio.
- Ella y mi padre… – sudó frío.
- Tuviste que decírmelo – le recrimino – no deseo conocer a tu padre de esta manera – ella rio y a él no le pareció gracioso.
- Jamás viene sin avisarme antes, él vive en un pequeño pueblo y solo viene a la ciudad cuando tiene juntas importantes de su trabajo. Hanabi es diferente, es más espontanea – seguramente el mantenía un semblante serio, por lo que pronto sintió como ella se acercó para abrazarlo con cariño – vamos, no puedes enfadarte conmigo, no sabía que venía, seguramente quería darme una sorpresa – no alcanzó a responder porque entonces escucharon golpes en la puerta de la habitación y como intentaba girar la perilla, fue una suerte que hubiese puesto el seguro.
- Oneechan soy yo, ábreme, sé que estás ahí.
Se apresuró a ponerse los pantalones y camisa, y luego trato de acomodar su cabello. Hinata solo se puso encima un vestido luciendo tan adorable que por poco olvida que tienen visitas.
Ambos se observaron y luego fue Hinata quien abrió la puerta. Fue bonito observar como las hermanas se abrazaban emocionadas, era como si el no importara en ese momento donde ellas transmitían lo felices que estaban de verse. Tenía que reconocer que le resultaba agradable empezar a involucrarse en la vida familiar de su novia, quería conocer todo de ella.
Hinata los presentó y a él le dio mucho gusto conocer a la pequeña hermana de su novia, sobre todo porque sabía lo importante que era para Hinata, y lo mucho que la quería.
Ellas parecían tener muchos ánimos de platicar y el necesitaba hacer pendientes, por lo que aprovechando aquella visita decidió despedirse prometiendo a Hinata que volvería en unas cuantas horas.
...
...
Llevaban un buen rato charlando mientras bebían té, a pesar de que solían escribirse por mensajes y hablar por teléfono los fines de semana, no era lo mismo que tenerla cerca, poder abrazarla y saber que estaba perfectamente sana, incluso le dio emoción que le contara sobre su travesía por Corea y lo emocionada que estaba por haber conocido a un chico llamado Konohamaru. Le aviso que solo estaría un par de días por Japón y por lo tanto esa misma tarde viajaría al pueblo donde su padre vivía. Era lógico que ella tuviese que acompañarla en esos días, sin embargo aún no se sentía preparada para ver a su padre, y tampoco se creía con el derecho de pedirle que no lo visitara y se quedara con ella esos días. Dado que la tendría pocas horas trato de aprovecharla al máximo.
Ella también le contó de su vida, de cómo le iba en su formación como pediatra, así como de su reencuentro con Naruto y su decisión de volver a ser novios.
- Me alegro por ti oneechan, te ves feliz y eso es todo lo que me importa – al igual que ella, Hanabi siempre le demostraba lo mucho que la quería – si Naruto está viviendo contigo me quedó más tranquila, nunca me ha gustado que vivas sola.
- Bueno, no hemos hablado de que viva aquí, pero la verdad es que si hemos pasado mucho tiempo juntos.
- Pues no deberían pensárselo tanto, además tu novio es muy guapo, deberías cuidarlo porque seguramente ha de tener a muchas tipas detrás de él – no se había puesto a pensar en ello, pero realmente no era algo que le preocupara, ella confiaba plenamente en él y a final de cuentas el amor se sentía correspondido – si quieres puedo investigar sobre sus amistades.
- No creo que tenga que preocuparme de eso, ven, desayunemos – le dijo tratando de cambiar ese tema de conversación, pues bien sabía que su hermana podía ser muy intensa y ya podía imaginarla buscando información en sus redes sociales si no la distraía.
Hanabi no era muy buena cocinando, pero igual hacia su mejor esfuerzo y por ello dejo que le ayudara en la preparación del desayuno, el plan era hacer un enorme omelet, sin embargo, en cuanto vacío los huevos sobre la cacerola, el olor inundo su nariz provocándole nauseas, trato de controlar aquel síntoma, pero eso no fue posible a medida que el olor penetraba más y más por sus fosas nasales, haciéndola finalmente correr al baño.
Pronto su hermana estuvo a su lado dándole apoyo – ¿estás enferma?
- No, solo me dio asco el olor – Hanabi la analizo un momento.
- ¿Te estás cuidando? – de inmediato entendió su pregunta.
- Por supuesto, uso anticonceptivos – Hanabi pareció no darle más importancia al asunto.
- Bien, entonces espera en el comedor, te llevare algo de fruta con yogur – tuvo que agradecer aquel gesto. Al intentar levantarse sintió cansancio, como si hubiera corrido un maratón y entonces supuso que seguramente se debía a las intensas sesiones de sexo que estaba teniendo con el rubio.
Pasaron la mañana juntas y más tarde Hanabi se despidió para esta vez visitar a su padre, le hizo prometer que la visitaría en Corea y también que la próxima vez que le visitara en Tokio le avisaría con anticipación, al parecer Hanabi tampoco quería tener una sorpresa incomoda. Entre abrazos se despidieron y ella realmente se sintió más tranquila de saber que Hanabi parecía estar llevando una vida normal y feliz.
Al quedarse sola en casa intentó lavar los trastes, pero al notar nuevamente ese desagradable olor prefirió hacerlo más tarde, de hacerlo estaba segura que terminaría vomitando nuevamente, bien, ahora estaba segura que no volvería a comer omelets, al menos por un tiempo.
Para su fortuna el rubio no tardó en comunicarse para preguntarle si quería dar un paseo por la ciudad y ella emocionada acepto, tenía que reconocer que se la habían pasado teniendo sexo la mayor parte del tiempo y sería buena idea hacer otras actividades juntos. Se esmeró en su arreglo personal, pues pensar en el rubio siempre la motivaba para querer verse linda, además que le encantaba la manera en que siempre la halagaba.
Se sintió como una adolescente cuando el rubio pasó por ella a su casa, portaba unos pantalones grises que le quedaban a medida y una camisa azul que hacía resaltar sus ojos, tan solo de verlo sintió sus mejillas encenderse, realmente era muy guapo y varonil, y si además se portaba de manera tan galante al llevarle flores y chocolates sospechaba que sus sentimientos podrían crecer más. Le abrió la puerta del coche y ella emocionada comenzó a contarle lo que Hanabi le platicó de Corea. Ahora mismo quería hacer todo con él: viajar, disfrutar de una buena comida, dormir juntos, hacer el amor, ver películas, absolutamente todo lo quería con él. Y por lo mismo le propuso viajar, él de inmediato acepto, al igual que ella pensaba que merecían vacaciones.
Caminaron por las calles de Tokio, le parecía de lo más romántico caminar a su lado. Evidentemente él tenía un rumbo fijo a donde ir, pues la dirigía por aquellas calles hasta que supo a donde la llevaba – aun recuerdas mi adoración por los rollos de canela – le dijo con emoción.
- Jamás podría olvidar las cosas que te gustan – era muy lindo que quisiera consentirla y en verdad lo hubiera disfrutado, de no ser porque antes de entrar a la cafetería donde vendían aquellas delicias, el olor que antes adoraba le provocó malestar al sentir nauseas, sabía que si no se alejaba pronto terminaría vomitando.
- Mejor no – le dijo apretando su mano para alejarlo de aquel lugar, la observo extrañado – no me he sentido muy bien de mi estómago desde la mañana – eso pareció convencerlo y accedió a retirarse del lugar.
- Tal vez deberías comer más – le dijo de repente – me he dado cuenta que comes muy poco, tal vez por eso te sientas mal.
- ¿Tú crees? – tuvo que pensar en esa opción, realmente se sentía cansada desde que despertó esa mañana, una buena dosis de vitaminas y quizá empezar a realizar ejercicio para aumentar su condición física sería la solución.
- Absolutamente – le dijo al soltar su mano y pasar un brazo por sus hombros, de ese modo ella le abrazo por la cintura.
Caminaron un momento mientras Naruto le hablaba de su abuelo, parecía realmente interesado en presentarlos, y eso a ella le ponía contenta, claro que quería conocer a sus amistades, su familia y todo lo que tuviera que ver con él. Su atención se perdió de la efusiva platica del rubio cuando vio un puesto donde vendían exclusivamente ramen, se le había antojado tanto que tuvo que interrumpirle.
- Naruto, ¿te apetece comer ramen?, vamos – ni siquiera espero a saber su respuesta, lo había arrastrado hasta ese lugar, y Naruto no pudo sentirse más feliz de que su novia tuviera sus mismos gustos.
- No creí que el ramen te gustara tanto – no era su comida favorita, pero en ese momento sentía su boca salivar mientras esperaban ser atendidos.
El rubio la observaba divertido cada vez que saboreaba un bocado y ella no le dio importancia pues de verdad lo estaba disfrutando.
Estaban sentados en una pequeña mesita de aquel local, y el rubio tan solo bebía de una botella de agua. Ella estaba lista para continuar, pero al parecer el rubio fijo su atención en su frente y luego toco ese punto que llamaba su atención – nunca te había visto una espinilla – le dijo sonriendo – pensé que a ti no te salían esas cosas.
Ella saco un pequeño espejito que siempre llevaba en su bolso y se dio cuenta que era verdad, ahí estaban dos pequeños granitos en su frente, no era que no le salieran, pero después de la adolescencia eran muy raros en ella, no le tomo mucha importancia porque generalmente le salía un barrito antes de que periodo llegara, con ese pensamiento se olvidó del asunto para seguir disfrutando de su cita con el rubio.
Apenas llegaron a casa retiro sus zapatos, no habían caminado demasiado y sin embargo se había cansado de manera exagerada. Además, sentía que su sostén lastimaba sus pechos y por ello subió hasta su recamara para quitarse dicha prenda, observo su brasier, pensando que a lo mejor éste le había lastimado pues sentía sus senos algo sensibles. El rubio no tardo en alcanzarla y al verla sin las prendas superiores, evidentemente se acercó para besarla mientras la recostaba en la cama, para el siempre sería una invitación si la veía sin ropa.
- Podría jurar que tus pechos crecieron – escucho al rubio decirle mientras los masajeaba con sus manos y ella solo pudo agradecer esas caricias, luego sintió su boca sobre sus demasiado sensibles pezones haciéndola gemir más fuerte que otros días. Quizá el hecho de que ella estuviera así de excitada hizo que el rubio también lo estuviera, pues no tardaron mucho en deshacerse de sus prendas para luego hacer el amor, en cuanto el rubio eyaculo en su interior, su mente comenzó a juntar todas las piezas.
Aun con la respiración agitada tomó su celular para ver un calendario, y ahí se dio cuenta que tenía dos días de retraso cuando ella era bastante regular. Llevaba mucho tiempo tomando anticonceptivos por lo que le parecía ilógico que estos pudieran fallar. Trato de negar aquella idea pensando que era un simple retraso, aunque en su cabeza ya estaba la idea de hacerse la prueba de embarazo al día siguiente.
Esa noche solo tuvieron sexo una vez, en verdad se sentía cansada y el rubio pareció entenderlo al instante, durmió en sus brazos sintiéndose amada y despertó totalmente relajada al notar que seguían abrazados. Naruto fue el primero en salir de la cama y ella aunque intentó seguirlo fue incapaz de levantarse, al menos hasta que vio la hora en su celular y supo que ya se le estaba haciendo tarde, así que mientras ella se duchaba, el rubio preparó el desayuno.
Naruto tenía ahora la costumbre de llevarla al hospital, ella no tenía coche y a él, aunque no le quedaba de paso parecía hacerle feliz poder llevarla, se despidieron con un beso y ella lo primero que hizo fue ir al departamento de análisis clínicos para que le hicieran la prueba correspondiente. Una prueba sanguina siempre daría el resultado más confiable, lamentablemente tuvo que esperar una hora para que le entregaran los resultados y la verdad es que la pareció lo más eterno que había esperado en su vida.
- Hinata, aquí están tus resultados – le dijo Suigetsu, seguramente la química le pidió a ese enfermero que le llevara sus estudios a su consultorio.
- Gracias – antes de que pudiera retirarse le habló – recuerda que los estudios de los pacientes son confidenciales – no quería ser grosera pero Suigetsu era amigo de Sasuke, y aunque debería confiar en que los miembros de ese hospital eran éticos, no dejaba de pensar que Sasuke siempre hacia todo para manipular su entorno.
En cuanto se quedó sola, abrió el sobre y desplego la hoja que venía dentro, visualizo el resultado y sin poder evitarlo una enorme angustia se instaló en su pecho.
De acuerdo a sus cuentas comenzó a tener sexo con Naruto justo un día después de la última vez que lo hizo con Sasuke, sí aquello sonaba mal, lo peor venía cuando revisaba que durante sus días fértiles había tenido sexo con los dos. Evidentemente los anticonceptivos habían decidido fallar en el peor momento y ella en verdad se sentía desesperada.
Llamó a Naruto pidiéndole comer juntos en un restaurante cercano a su trabajo y él de inmediato acepto, estaba tan nerviosa que no estaba segura de cómo explicarle aquella situación. Ella fue la primera en llegar y lo agradeció pues pudo elegir la mesa más apartada para poder hablar con privacidad. En cuanto lo visualizo sintió su corazón estrujarse, él la observo regalándole una enorme sonrisa y de inmediato llego hasta ella para abrazarla.
- ¿Qué pasa, preciosa? – le dijo al instante, ella no contesto, trataba fuertemente de no llorar – sé que algo te pasa, desde que hablamos por teléfono te note ansiosa y ahora lo confirmo, te ves angustiada y eso no me gusta.
- Tengo que decirte algo importante – él la observo y ella le pidió que se sentaran. Después de pedir una simple botella de agua, él fue quien se encargó de pedir comida para ambos, parecía que el rubio tenía muy metida la idea de que debería comer más.
- ¿Qué pasa Hina? – volvió a preguntar.
Su corazón latía con fuerza y sin más se lo dijo – estoy embarazada – sintió su corazón estrujarse cuando vio que una enorme sonrisa se formaba en su rostro y luego volvía a levantarse para abrazarla con emoción.
- Pero Hinata, esa noticia es maravillosa, aun cuando no es planeado a mí me hace feliz ser papá sí es contigo – ella tuvo que llorar ante sus palabras y él evidentemente no se daba cuenta del motivo de su llanto – no llores preciosa, a veces los anticonceptivos fallan, pero tú y yo nos amamos, ambos tenemos estabilidad financiera, todo saldrá bien.
- No es eso Naruto, yo… tengo algo más que decirte – hasta ese momento él volvió a sentarse, pero tomando una de sus manos y sin borrar su sonrisa, al parecer él estaba demasiado contento por aquella noticia. Tuvo que cerrar los ojos para atreverse a confesar aquello, de otra manera sería incapaz – no es seguro que tú seas el padre – en cuanto dijo aquello sintió que su mano era liberada y eso la motivo a abrir los ojos, ahora el lucía con el ceño fruncido.
- No entiendo – le dijo ya serio.
- Los anticonceptivos pudieron fallar contigo o con Sasuke – el rubio mostró toda la decepción en su rostro, le dolió verlo de esa manera pues reflejaba quizá el mismo sentimiento que ella sentía. Por un momento lo vio tomarse el cabello y mover las piernas y luego de pronto habló al sujetar su frente entre sus manos.
- Hinata, yo no puedo – se veía claramente molesto, triste, ¿decepcionado? – yo no puedo con esta situación.
Se levantó y camino a la salida del restaurante, en ningún momento volteó hacía atrás y eso simplemente le hizo sentir que su corazón se apretara, que sus manos temblaran y que gruesas lagrimas amenazaran con salir de sus ojos.
