Él siempre fue éticamente correcto, de hecho, podía jactarse de ser el mejor médico en su área. Ni siquiera tenía dudas de ello. Jamás había tenido equivocaciones con sus pacientes, y eso era algo que muy pocos podrían presumir.

Ciertamente le daba satisfacción que Hinata la pasara mal, pero él realmente no deseaba que físicamente la dañaran. Además, que salvarla de las locuras de Hiashi podría beneficiarle, haciéndole creer a Hinata que él podría darle la seguridad que no le daba ni su propia familia.

Sabía a qué clínica la llevarían porque el mismo había conseguido los contactos. Obviamente los médicos no harían un aborto sin el consentimiento de la mujer implicada, pero le harían creer a Hiashi que lo harían. Jugo y Karin eran sus amigos, y se habían sensibilizado cuando les dijo que ese hombre estaba dispuesto a conseguir su objetivo por todos los medios, por lo que no dudaron en brindarle su ayuda.

Hiashi podría tener poder y dinero, pero en el ámbito médico, él tenía más contactos de los que podría tener el Hyuga, logrando así que todos los que laboraban en esa clínica cooperaran con él. El plan era muy sencillo, sus amigos de confianza los recibirían en esa clínica, ingresándolos en una habitación particular, posteriormente se llevarían a Hinata haciéndole creer al Hyuga que la llevarían a un quirófano, cuando realmente la sacarían del hospital por las puertas traseras, justo donde él la recibiría. La llevaría a su departamento y luego la consolaría por las atrocidades que su padre pensaba hacer en su contra. Se convertiría en su salvador, y dado que estaba sola, seguramente aceptaría vivir con él para sentirse segura, y eso sí que podría facilitarle las cosas. Porque de ese modo él podría brindarle todo lo que ella podría necesitar, consuelo, amor y seguridad. En el mejor de los casos Hinata le terminaría aceptando en su vida.

Al menos en el plano sexual estaba seguro que encajaban a la perfección. Pensar en sus tetas lo excitaba, e imaginar que podría volver a penetrarla lo ponía más caliente de lo que nunca estuvo en su vida. ¿Y cómo no?, Hinata era muy bonita, tenía el cuerpo perfecto para fantasear, y él estaba seguro que al menos en ese aspecto podrían llevarse bien. No tenía ningún problema con satisfacerla todas las noches, incluso estaba dispuesto a ser exclusivo de ella para no errar en su objetivo.

Si lo pensaba de ese modo, estaba seguro que lograría sus propósitos, eventualmente Hinata lo aceptaría como su esposo, y al Hyuga no le quedaría de otra que aceptarlo también.

Hiashi estaba actuando precipitadamente, quizá porque realmente le preocupaba el futuro de Hinata, pero esas jamás serían las formas correctas de solucionar los problemas. Estaba seguro que con el paso del tiempo se daría cuenta que estaba actuando erróneamente, puede que hasta le agradeciera por evitar que dañara a su propia hija.

Así que, siguiendo su plan, recogió a Hinata en la puerta trasera de aquella clínica. Jugo la había sedado para facilitar la tarea, y para darle credibilidad al aborto que supuestamente le harían. Al parecer había funcionado porque el Hyuga les había creído el teatrito que habían montado, y eso era importante para darles la ventaja de escapar.

Se aseguró de no ser visto cuando tomó a Hinata en brazos y la metió en los asientos traseros de su coche. Karin y Jugo ayudaron para que ni el Hyuga, ni sus guardias pudieran sospechar que la habían sacado del hospital, y él, con toda la tranquilidad del mundo condujo a su departamento.

Seguramente Hiashi Hyuga estaría en un par de horas buscándoles, pero eso era precisamente lo que él quería, que tanto Hinata como Hiashi creyeran que él estaba protegiéndola. Necesitaba dejarles claro, sobre todo al Hyuga, que él tenía verdaderos sentimientos por su hija. Aunque eso realmente estaba muy lejos de ser verdad…

Más entusiasmado que nunca aparcó en la entrada al edificio donde se encontraba su departamento. Se giró hacía los asientos traseros, solo para darse cuenta que Hinata estaba reaccionando. Seguramente estaría desorientada, por lo que era mejor meterla de inmediato a su casa.

La tomo nuevamente en brazos, y aunque no estaba cooperando mucho, se las ingenió para cargarla al estilo princesa. Apenas cerró la puerta del coche, se percató de la presencia de Sakura al otro lado de la calle.

Aunque le gustaba y adoraba a la pelirosa, empezaba a sentirse irritado de que lo estuviera acosando cada maldito día de su vida. Él había sido claro con ella desde el principio, en que no quería una relación y la muy idiota seguía insistiendo. Ir hasta su departamento sin ser invitada era una actitud que últimamente había adoptado y que honestamente le molestaba mucho.

Como siempre ignoró el hecho de que Sakura estuviera allí y se concentró en Hinata que estaba en sus brazos. Temiendo que la pelirosa pudiera ir a molestar actuó con precaución al entrar al edificio. Al llegar al departamento, lo primero que hizo fue adentrarse en su habitación donde acostó a Hinata en su cama. Volver a verla dónde la desvirgo y donde tantas veces tuvieron sexo le produjo un placer tan grande que incluso se dio cuenta que estaba sonriendo. Hinata tendría que ser suya y esperaba que pronto lo aceptara en su vida, porque de momento ya había perdido demasiado tiempo esperando por ella.

Hinata despertó confundida, y no fue hasta que lo visualizó que seguramente rememoro lo que vivió horas atrás. Observó el movimiento de sus manos a su vientre; algo que seguramente a otra persona le hubiese causado ternura, pero a él honestamente no le provocaba ni un solo sentimiento – ¿mi bebé? – preguntó angustiada.

Se sentó a su lado y acarició una de sus manos – nuestro bebé está bien, sigue dentro de ti –. Le observó y en su mirada notó angustia – te he sacado de la clínica antes de que tu padre pudiera hacerles daño.

Lagrimas brotaron de sus perlados ojos y él intentando consolarla la abrazó. Le sorprendió que no rechazara su contacto, tampoco era como si lo recibiera con alegría, pero al menos no le había dicho que la dejara en paz como siempre hacía Debieron pasar un par de minutos cuando Hinata le habló.

- Sasuke, no permitas que mi padre nos haga daño, por favor – en su voz podía notar que seguía asustada – ¿él sabe que estoy aquí? – verla tan alterada le ocasiono la satisfacción que no había sentido desde hace meses. Por fin la idiota dejaba de mostrarse altanera.

- No, por supuesto que no. Seguramente lo sabrá pronto, pero puedes estar segura que no permitiré que les haga daño.

- ¿Y si viene?

- No dejaré que te lleven a ningún lado – esta vez acarició el mismo su abdomen y Hinata reaccionó a su toque tratando de evitarlo – Hinata, no te haré daño, te cuidare, ¿quieres que haga algo por ti? – ella lo observó como si tratara de descifrar si podía confiar en él.

- ¿De verdad quieres ayudarme, Sasuke? – la notaba todavía alterada, y él tuvo que fingir sentirse preocupado por ella.

- Claro que sí, haría cualquier cosa para que tú y mi bebé estén bien – ella asintió a sus palabras, aunque estaba seguro que no era porque confiara en él – aquí puedes quedarte el tiempo que sea necesario, lo importante ahora mismo es que estés segura.

- ¿De verdad harías eso por mí? – verla tan vulnerable le hizo sentir dichoso. No podría negar que la estupidez de su padre le había beneficiado más de lo que esperaba.

- Claro que sí – acarició una de sus manos, y le agradó que esta vez no huyera de su contacto –. Mientras estés conmigo puedes estar segura que yo te protegeré, no dejaré que ni tu padre, ni cualquier otra persona te haga daño.

Esta vez fue ella quien acarició su mano – gracias Sasuke, yo confío en ti.

- No tienes nada que agradecerme preciosa, sabes que lo hago con gusto – le dio un beso a la palma de sus manos y estuvo atento a sus reacciones, dándose cuenta que ella lo estaba aceptando. Estaba seguro que aquello tenía que ver por el trauma vivido horas atrás. Porque de otro modo Hinata estaría huyendo de él. Aunque a él no le importaban los motivos que lo acercaran a Hinata, mientras funcionara era suficiente.

- ¿Necesitas algo? – observó sus labios secos, y supo de inmediato que por el sedante debería estar muriendo de sed – te traeré algo de beber.

- ¿Podrías traerme también algo de comida? – la vio acariciar su abdomen que ya era visible. Y luego la observó chuparse los labios.

- ¿Qué te apetece? – le dijo y al tiempo llevo nuevamente una de sus manos a su abdomen. Esta vez ella no mostró incomodidad alguna. Se sintió satisfecho de que fuera así. Porque realmente necesitaba que Hinata empezará a cooperar.

- Lo que sea está bien – la vio acomodarse en la cama – solo quiero comer algo para el bebé.

- ¿Te apetece comida italiana? – a ella le brillaron los ojos, y luego vio como lo meditaba – no me tardaré nada, el restaurante está en la esquina.

Era la comida favorita de Hinata y ya que la estaba tratando de reconquistar trató de darle todo lo que le gustaba.

- Bien, pero no tardes mucho – sintió como sujetaba su mano – me da miedo quedarme sola.

- De acuerdo preciosa – se atrevió a darle un beso en la mejilla que ella no rechazó, y luego salió del departamento.

Ya que iría por comida para Hinata, aprovecharía para pedirle a Sakura que dejara de molestarlo. Hasta ahora había sido realmente paciente, pero ya no podía serlo más.

Fuera del edificio no estaba, y honestamente prefería que fuera así. Sakura se estaba comportando como una verdadera maniaca, mientras hablaba con Hinata sintió vibrar su celular al menos 20 veces y no tenía que desbloquearlo para saber que se trataba de ella. Jamás quiso ser rudo porque de verdad la quería, pero con esa actitud posesiva, sencillamente lo único que deseaba era tenerla bien lejos de él.

...

Comenzó a reaccionar mientras viajaba en el coche con Sasuke, y fue totalmente consciente cuando aparcó y la tomó en brazos, aunque en un inicio quiso resistirse, pronto se dio cuenta que no era inteligente hacerlo. Sasuke había propiciado que su padre enloqueciera al punto de querer hacerla abortar, seguramente también era quien le estaba provocando accidentes en su casa. Y ahora estaba completamente segura que no la dejaría ir tan fácil.

Lo más inteligente y se lo repitió a cada momento, fue hacerle creer que ella no estaba tratando de huir, que no le molestaba que la tocara o besara. Aun cuando estuvo a punto de gritarle que no quería que le tocara un solo cabello. Tuvo que fingir las emociones negativas que sentía al tenerlo cerca, porque de no hacerlo estaba segura que reaccionaría de manera explosiva como siempre lo había hecho. Y ahora mismo no pensaba arriesgarse a provocar su furia.

Necesitaba que Sasuke confiara en que ella no intentaría escapar, así que cuando él mismo se ofreció a buscarle comida, fingió que no quería quedarse sola, y seguramente debió creerlo, lo que acababa de pasarle no era cualquier cosa.

Apenas escuchó la puerta cerrarse se levantó de la cama y buscando rápida y superficialmente se dio cuenta que su bolso no estaba por ningún lado, seguramente se había quedado en la limosina de su padre.

Sin perder mucho el tiempo salió rápidamente del departamento, y luego sencillamente golpeó la puerta de al lado. Sin éxito volvió a intentarlo en un par de puertas más, hasta que finalmente una anciana de alrededor de 70 años le abrió la puerta. Aquella mujer se portó amable al dejarla entrar a su hogar y prestarle su teléfono.

Le llamó a Naruto esperando que respondiera al ser un número desconocido. Después de tres timbres sintió que volvió a respirar cuando escuchó su voz del otro lado del teléfono.

- Naruto Uzumaki, ¿Quién llama? – lo amaba, escuchar su voz fue suficiente para sentirse más segura.

- Naruto, soy yo, Hinata.

- Esposa mía – detectó como su voz cambió a una más dulce – he contestado la llamada porque he pensado que podrías ser tú, ya que nuestros celulares siguen sin funcionar correctamente. Afortunadamente tu esposo es realmente eficiente, he conseguido dos números nuevos.

Se sintió conmovida de que Naruto estuviera resolviendo todos los problemas que podrían tener, con ello estaba reflejando lo mucho que la amaba. Se lamentó por darle tantos problemas antes de interrumpirlo.

- Naruto, estoy en apuros.

- ¿Qué pasa? – escuchó la preocupación en su voz – ¿estás bien?, ¿dónde estás?

- Mi padre vino a visitarme. Se ha enterado mi embarazo y de las circunstancias en que se dio. Lo sabe todo. No me ha dado oportunidad de dialogar con él. ÉL… él… - sintió que se le formaba un nudo en la garganta al rememorar lo que su padre había intentado en su contra – él ha intentado que me practiquen un aborto, me sedó – eliminó una lagrima que rodo por su mejilla. No entendía porque su padre había actuado de esa manera, porque había intentado dañarla de esa manera.

- ¿Estás bien? – escuchó la preocupación en su voz – ¿te ha hecho daño?, ¿dónde estás?

– No lo ha conseguido – le aclaró – por alguna razón, Sasuke estaba ahí y me ha sacado de esa clínica para traerme a su departamento.

- ¿Y él como demonios lo sabía? – pudo sentir la molestia en su voz, Naruto estaba enojado.

- Creo que él ha sido el culpable de que mi padre supiera mi situación – antes de poder divagar más, le pidió la ayuda que solo él podría darle en ese momento – ven por mi Naruto, tengo mucho miedo de que nos pueda pasar algo. No confió en Sasuke.

- No me cuelgues, voy por mi vehículo, estaré ahí en menos de 15 minutos.

Agradeció que Naruto no colgara la llamada. En todo momento estuvo en comunicación con ella. Incluso mientras manejaba le pidió que le narrara con detalle lo que había sucedido, y ella tratando de no llorar le contó cada cosa que recordaba.

Sintió un profundo alivió cuando Naruto le informó que ya estaba fuera del edificio. La anciana que estuvo escuchando toda su conversación se apresuró a presionar el botón que le permitía el acceso al conjunto de departamentos, incluso tratando de ayudarla le dijo el número de su vivienda.

Naruto no tardó ni un par de minutos en localizar el departamento, y ella aliviada abrió la puerta para recibirle. Pudo notar en sus ojos la preocupación que lo recorría. La abrazó y luego le recorrió el cuerpo con sus manos, como tratando de encontrar si algo le dolía o molestaba – ¿estás bien?

- Creo que si – le contesto todavía al sentirse asustada por lo que acababa de vivir.

- ¿Llamamos a la policía? – les interrumpió la abuelita, que apenas se daba cuenta ni siquiera sabía su nombre.

- No sé si deba demandar a mi padre – respondió sincera.

- Tenemos que hacerlo – replicó la abuelita – ¡tu padre es un monstruo!

Nadie tendría porque demandar a su propia familia. Aunque nunca hubiese tenido una relación cercana con su padre, se sentía éticamente incorrecto hacerlo.

Naruto la tomó de los hombros llamando así su atención – entiendo que te sientas confundida, pero tu padre actuó como si no fuera tu progenitor, ha intentado lastimarte y pudiste perder a nuestro bebé. Creo que no hay mucho que pensar Hinata, lo correcto es que le denunciemos.

- Además, ¿quién te garantiza que no intentará lastimarlos de vuelta?

Naruto y la abuelita tenían buenos argumentos, y aunque seguía sintiendo que no debería denunciar a su padre, sabía que al menos tendría que notificar lo ocurrido para que su padre no volviera a intentar una tontería así en su contra.

Cuando asintió, Naruto llamó a un tal Shikamaru. Le escuchó notificarle lo ocurrido, y luego sencillamente brindó la dirección del lugar donde ahora se encontraban.

- La policía viene en camino – le dijo el rubio – el idiota también tiene que dar explicaciones de porque te ha traído a su casa.

- Y además explicar cómo sabía de los planes de tu padre – la abuelita estaba bastante indignada, y seguramente querría saber cómo acabaría todo.

- Exactamente – Naruto le dio la razón – tiene mucho que explicar ese idiota.

Naruto la mantuvo abrazada a su cuerpo mientras esperaban a que llegara la policía. Constantemente le daba caricias en su vientre y besos en su sien, haciéndola sentir segura y querida.

Un fuerte portazo se escuchó al exterior y luego gritos. Gritos que ella conocía. Sakura estaba gritando su nombre, en frases que no podía distinguir muy bien.

- ¿Quién será la loca que está gritando? – la abuelita intentaba ver por la mirilla de la puerta, tratando de no perderse ni un solo acontecimiento.

Supo que Naruto estaba tentado en salir por lo que sujetó su brazo con fuerza – por favor, esperemos a que la policía llegué. Sakura además ha intentado lastimarme antes…

Naruto volvió a rodearla con sus brazos y ella se quedó tranquila de que se quedara a su lado.

...

Era de suma importante que Sasuke supiera que Hinata estaba viviendo con Naruto, necesitaba que se quitara la venda de los ojos, que se diera cuenta de lo que en realidad era esa idiota. Y dado que Sasuke la estaba ignorando al no contestar sus llamadas y al dejar sus mensajes en visto, optó por buscarle en el hospital donde laboraba. Fue raro que no llegara a su hora de entrada, así que curiosa preguntó por él en la recepción.

"Se reportó enfermo desde ayer" le habían dicho, "no vendrá la semana entera". Preocupada decidió ir a visitarle a su departamento, y frustrada se dio por vencida cuando después de timbrar varias veces fue nuevamente ignorada. Le llamó a su celular un par de veces más, y como era de esperar sus llamadas fueron directas al buzón de voz.

Sentada frente al elegante edificio esperó al menos media hora y cuando creyó que no tenía caso seguir esperando, apareció su coche. Fue a punto de interceptarlo cuando se dio cuenta que en realidad iba acompañado.

Colérica observo cuando Sasuke sacó del coche a Hinata en brazos. No entendía porque esa estúpida actuaba como una verdadera zorra al estar con dos hombres a la vez, que es lo que hasta ahora había demostrado con sus acciones.

Su deseo de golpear y matar a esa estúpida era abismal, pero bien sabía que Sasuke no se lo permitiría, él siempre la defendía a pesar de lo maldita que era con él.

Sasuke se percató de su presencia, ya que sus miradas se encontraron por breves segundos, y él ni siquiera intento saludarla.

Tenía que hablar con él, tenía que advertirle lo que Hinata estaba haciendo. Le llamó varias veces, le mandó mensajes, pero él no se tomó la molestia de contestarle. En ese punto no le quedaba de otra que entrar al edificio para poder hablar con él. Ya no estaba para fingir que todo estaba bien. Él la estaba lastimando al ignorarla.

Como pudo se coló en el edificio cuando una pareja ingresó y luego se escondió detrás de un muro cuando visualizó a Sasuke saliendo del elevador. Se mantuvo escondida al darse cuenta que no iba acompañado, lo cual significaba que había dejado a Hinata sola en el departamento. La oportunidad para estar a solas con ella no podría desaprovecharla por nada del mundo.

Hinata siempre habías sido una enorme piedra en su zapato, y estaba segura que de no existir, Sasuke la habría elegido a ella. Eliminar a Hinata era la única manera de recuperar lo que era suyo, así que furiosa subió al departamento de Sasuke. El encuentro que tendría con esa idiota sería realmente gratificante.

Ni siquiera tuvo que timbrar. La puerta estaba mal cerrada, y eso lo aprovecho para adentrarse. Con toda la velocidad que sus pies se lo permitieron se dirigió a la cocina, donde sin dudarlo tomó el cuchillo más filoso, y con aquel artefacto en su mano se dispuso a buscarla.

Si inicialmente solo quería sacarle el engendro, ahora también quería desfigurar su rostro, verla bañada en sangre, verla sufrir y retorcerse del dolor. Sí, eso era justamente lo que deseaba.

Empezó por buscarla en la recamara de Sasuke, en la cual percibió un ligero destello de su perfume; eso y que la cama mostrará que antes estuvo ahí acostada la hizo sentirse más colérica de lo que ya estaba. La muy estúpida debería seguir por ahí, ¿a dónde más podría irse?, ¿se estaría escondiendo? Buscó debajo de la cama, incluso dentro del armario, en el baño privado, salió a la terraza. La muy estúpida no estaba por ningún lado.

Se empezaba a sentir frustrada hasta que escuchó pasos acercándose a la habitación, sin dudarlo se colocó a un lado de la entrada al cuarto, le daría a esa estúpida una bonita bienvenida al encajarle por sorpresa un cuchillo en su vientre, donde estaba creciendo su maldito engendro.

Y eso hizo.

Le encajó el cuchillo con toda su fuerza en su vientre. Fue tal fuerza y velocidad que ejerció, que el cuchillo entró casi en su totalidad, luego lo retiró con la misma brusquedad. Lamentablemente no era Hinata a quien había agredido, era Sasuke...

- ¡Sasuke! – gritó desesperada tratando de asimilar lo que acababa de pasar.

El Uchiha la observó con una mezcla de sorpresa y decepción. Luego sencillamente dio un par de pasos para alejarse de ella. Observó su herida y luego camino hasta sentarse en el sillón de la habitación.

Se quedó en shock al ver que había lastimado a la persona más importante de su vida. Reaccionó cuando se dio cuenta que el mismo Sasuke trataba de frenar el sangrado al presionar la herida. Sin pensarlo se quitó su blusa y le ayudó presionando la herida.

- ¡Pide una ambulancia, estúpida! – lucía tan enfadado que pudo imaginar que Sasuke jamás la perdonaría. Si era coherente, no cualquier persona perdonaría a quien le apuñala.

- Perdóname Sasuke, por favor perdóname – le dijo llorando mientras se aferraba a él.

- Sakura me voy a desmayar, necesito que pidas una maldita ambulancia… Por una vez en tu vida, has algo útil.

Nerviosa hizo caso a su mandato, apenas fue consciente cuando proporcionó todos los datos. Luego volvió a fijar su vista en Sasuke, quien la observaba con una mezcla de molestia.

- ¿Dónde está Hinata?, ¿le hiciste daño? – le preguntó furioso.

- ¿Por qué te importa esa zorra?, sale con mil tipos, el bebé que espera no es tuyo. ¡No es tuyo, Sasuke!

- ¡Me hartas! – le dijo enfadado –. No me importa. Así se acostará con mil tipos me casaría con ella. Mientras que contigo… – la observó de una manera tan despectiva que sintió su corazón achicarse – no me interesa si quiera volver a verte, me hartas, eres un maldito estorbo, quiero que desaparezcas de mi vida. ¡Lárgate! – le grito furioso.

El dolor y el enojo se mezclaron de manera veloz sobre su alma. Fue como si su cuerpo actuara por sí solo. Apretando el cuchillo volvió a encajarlo en el cuerpo de Sasuke, algo que sin duda lo tomó desprevenido.

Sasuke chillo de dolor y luego sintió como trató de golpearla para seguramente alejarla de su cuerpo. Pero no por nada ella había estudiado artes marciales y había sido la mejor. Arrancó el cuchillo de su cuerpo y volvió a encajarlo una y otra vez sobre cualquier parte de su cuerpo. No dejó de repetir esa acción durante varios minutos, hasta que finalmente se percató que Sasuke había dejado de luchar. Lo había matado…

Durante un par de minutos se quedó observando su cuerpo sin vida, luego sabiendo que Hinata seguía con vida, empezó nuevamente su búsqueda.

Tomó el cuchillo ensangrentado y mientras gritaba su nombre salió del departamento azotando la puerta.

- ¡Hinata!, ¿dónde estás maldita?, ¿dónde demonios estás?, ¡Hinata!

...

¿Alguien ha leído el libro "el túnel"?, de ahí me inspire para la muerte de Sasuke. Ya había dado demasiada lata como para dejarlo vivo xD

Gracias por sus amables comentarios y seguir la historia. Me han motivado mucho para continuar esta historia, ya solo un capítulo más.

¡Un abrazo grande!