Nunca se había sentido tan molesto como ese día. Cada vez que pensaba en que algo malo le pudo pasar a Hinata, sentía que las ganas de golpear al idiota del médico y al padre de Hinata iban en aumento. Para empezar, no permitiría que ninguno de esos dos volviera a estar cerca de su esposa. En cuanto tuviera oportunidad, les regresaría a golpes el mal rato que les habían hecho pasar.

Su enojo se intensificó cuando escuchó a su ex amiga gritar el nombre de su esposa con insultos. Estuvo a punto de ir a gritarle que se callara, le molestaba mucho que siempre la insultara, cuando él nunca había escuchado que Hinata la maldijera o se expresara con groserías de ella. Y vaya que su esposa sí tendría motivos para hacerlo. Pero ella no era así. No era una vulgar. Era pura y hermosa, y eso era una de las muchas razones por las que la amaba.

Escuchó las sirenas y luego alboroto en los pasillos del edificio. Era evidente que la abuelita estaba tentada en abrir la puerta, pero aquello no fue posible cuando los mismos policías avisaron que nadie saliera de sus casas.

Casi al instante recibió una llamada de Shikamaru, quien le dijo que no salieran del departamento donde estaban resguardados. Al parecer tardarían un buen rato en ser llamados por lo que aceptó tomar asiento en uno de los sillones que le ofreció la abuelita. Hinata parecía aferrada a su cuerpo, por lo que termino sentándola sobre su regazo para mantenerla bien abrazada a su cuerpo.

Mientras esperaban, acarició su vientre una y otra vez, empezaba a resultarle adictivo y satisfactorio tocar su abdomen que ya se podía notar hinchado. Aunque en un inicio el embarazo le resultó una noticia chocante por las circunstancias en que se dio, ahora le parecía que se hubiera sentido muy desgraciado si Hiashi hubiese logrado su cometido.

- Papá te cuidará y protegerá siempre – Hinata que estaba comiendo un emparedado que la abuelita le ofreció, volteó a verle. Y él sin dejar de acariciarle su barriguita le sonrió – ¿entonces es un varón? – ella de inmediato le devolvió la sonrisa

- Sí, es un niño – le confirmó – cuando me han hecho el último ultrasonido, me han dicho que para ser tan pequeño se mueve mucho.

Se prometió acompañar a Hinata a sus próximas visitas médicas. No le gustaba sentirse ajeno a lo que tuviera que ver con su ahora esposa e hijo.

- Quizá tenga la hiperactividad de su padre – le dijo sonriente – y lo lamento por ti, porque eso quiere decir que tendrás que lidiar con dos hiperactivos.

Hinata no tuvo oportunidad de responderle, porque escucharon un par de golpecitos en la puerta, seguido de la voz de Shikamaru avisando que podían salir.

Lo siguiente fue escuchar una historia de terror, donde a medida que Shikamaru les narraba lo acontecido abrazaba con más fuerza a Hinata.

Pudo perderla, Hinata de verdad había estado en peligro. Desde el momento que su padre la llevó a esa clínica, luego cuando Sasuke la llevó a su departamento, y finalmente cuando Sakura había ido literalmente para intentar asesinarla.

Afortunadamente ya se la habían llevado. Habían tenido que usar la fuerza para poder arrestarla cuando la encontraron caminando por los pasillos con un cuchillo en mano y con un evidente colapso mental. Portando unos jeans de mezclilla, tenis blancos y un brasier rosa. Todo su cuerpo estaba salpicado en sangre, y la blusa que alguna vez fue blanca y que seguramente portaba, estaba sobre el cuerpo de Sasuke. No quedaron dudas que fue ella quien le asesino, pues ella además lo reconoció en ese momento.

Tuvieron que ir a testificar junto a Shikamaru lo que había ocurrido desde la perspectiva de Hinata, no sin antes agradecer y prometer a la abuelita que le llamarían para contarle lo que sucediera a partir de ese momento.

Le intrigaba saber lo que sucedería con Sakura, a pesar de todo fue su amiga durante la mayor parte de su vida. Y aunque tenía bien merecido la condena que le dieran, le daba mucho pesar que hubiese terminado en esas condiciones. Más porque ella siempre estuvo equivocada, lo que ella sentía por Sasuke no era amor, eso era ser masoquista, no tener amor propio, quizá una obsesión enfermiza rara, pero nada tenía que ver con el amor. De eso estaba seguro. Según palabras de Shikamaru, no saldría de la cárcel nunca, pues la familia de Sasuke no se quedaría de brazos cruzados, al menos su padre y su hermano estaban desesperadamente buscando venganza. Pero eso era algo en lo que ya no deseaba involucrarse.

En cuanto a Sasuke, por supuesto que nunca le simpatizó, pero ni así le hubiese deseado lo que le paso. Había tenido una muerte dolorosa y prematura. Con un futuro prometedor que al final de cuentas quedaría en el olvido.

Para Hinata, también fue impactante enterarse de lo que había pasado con ese par. Se mostró sorprendida por los sucesos, e incluso terminó vomitando en uno de los baños de la comisaría.

En ningún momento permitió que lo alejaran de Hinata, afortunadamente nadie insistió al verla tan asustada y al saber su estado. Así que apenas hizo su declaración, les dejaron ir para que no tuvieran que estar más tiempo en ese lugar de por sí deprimente.

Cansados por todo lo vivido fueron directo a casa. Merecían un buen descanso, darse una ducha y comer. Quería estar a solas con su esposa y abrazarla toda la noche, era lo único que deseaba en eses momento.

Jiraiya fue quien les recibió, y de inmediato se sintió abrumado cuando percibió en su rostro que algo andaba mal. Internamente maldijo lo que sea que ahora tuviera que resolver.

- ¿Qué pasa? – hizo la temida pregunta.

Jiraiya volteó en dirección a la sala y luego observó directamente a Hinata – tu padre está aquí.

Sintió una fuerte molestia en su pecho y un deseo enorme de golpear a ese imbécil – Hina, sube a nuestra recamara – le pidió lo más tranquilo que pudo.

No deseaba que Hinata tuviera que volver a pasar un mal rato, porque si bien no permitiría que intentara nada en su contra, no quería que tuviera la oportunidad de insultarla u ofenderla. No era admisible que volviera a vivir algo así.

- No, yo debo hablar con él – Hinata siempre tuvo el pensamiento de que ella debería resolver sus propios asuntos, pero eso ya no podría ser así, no desde que contrajo matrimonio con él.

- No te estoy preguntando – ella lo observó sorprendida por su tono de voz, y el tratando de no ser rudo con ella trato de convencerla elocuentemente – sube Hina, por nuestro bebé, te prometo que todo estará bien.

- Vamos niña – su abuelo al parecer había entendido su punto – una vez que hayan hablado yo mismo te llamare.

Afortunadamente Hinata cedió a sus palabras, y subió las escaleras obedientemente. Lo cual agradeció, porque de no ser así, la hubiese subido el mismo, aun cuando fuera en contra de su voluntad.

- Cuídala – le dijo a su padrino antes de dirigirse a la sala. Y con ello expresando que quería estar a solas con el padre de Hinata.

En la sala, estaba el tal Hiashi Hyuga, observando uno de los tantos libreros donde su abuelo almacenaba una ridícula cantidad de libros que nadie leería en toda su vida.

Carraspeo y entonces tuvo su atención cuando se giró hacia él. El hombre debería tener menos de 50 años, era delgado y se mostraba claramente preocupado.

- ¿Dónde está mi hija? – le confundió mucho verlo con ese aspecto afligido, pero después de que Hinata le contará lo que había intentado en su contra, para nada se creía su preocupación.

- Asustada – le dijo con firmeza – decepcionada – dio un par de pasos para acercarse más a ese hombre – dolida de que su padre y un par de chiflados hayan intentado en un solo día lastimarla.

El Hyuga negó y fue a sentarse en uno de los sillones – yo no quería hacerle daño, yo quería ayudarla.

- ¿Cómo? – le dijo enfadado y controlando el impulso de golpearlo – ¿sedándola para intentar agredirla?, cuando ella claramente le dijo que no quería abortar, o bien, ¿diciéndole que su nacimiento arruinó su vida? ¡Ah!, ya entiendo, demostrándole que no la quiere en absoluto.

El Hyuga palideció y luego negó – no lo entiendes. Lo hice porque la quiero. La quiero desde que nació, desde que la tuve en mis brazos prometí que le daría el mundo entero – el padre de Hinata parecía estar conmocionado, hablaba rápida y atropelladamente – ciertamente yo nunca me sentí enamorado de la madre de Hinata, y si me casé con ella fue para darle una familia a mi niña. Incluso tuvimos otra niña. Ella estuvo enferma y me asustó mucho perderla. Así que cuando se recuperó, prometí que no las presionaría como mi padre lo hizo al obligarme a ser exitoso, quería que ellas vivieran a su manera, que estudiaran lo que se les diera la gana, que viajaran, que vivieran donde quisieran, que fueran felices.

El Hyuga claramente se veía alterado, pero aun así continúo su relato –. Saber que Hinata estaba mal psicológicamente, que estaba siendo manipulada por un par de idiotas me hizo sentir furioso, yo no quería lastimarla, yo quería liberarla del problema. No quería que se atará a ninguno de ustedes por el compromiso de un hijo. Eso no es correcto, ella debería poder elegir, tener todas las oportunidades y tomar la que más le guste, no que tenga que conformarse.

Omitiendo la parte donde lo insultaba directamente, trató de hacerle entender que había actuado completamente mal – lo que usted ha intentado tampoco es correcto, intentó hacer algo en contra de su voluntad. Si ella hubiese querido abortar, como médico lo hubiese hecho a tiempo y sin riesgos. Con seguridad le digo que yo la hubiese apoyado, pero es algo que ni a usted ni a mi nos corresponde decidir.

- Lo sé – aceptó finalmente el Hyuga – es una suerte que no le hayan hecho nada. Hoy los médicos de la clínica me han dados clases de medicina. Me han explicado los riesgos a los que Hinata pudo someterse por su avanzado embarazo – el Hyuga enterró su cara en sus manos – yo no quería dañarla, esa no era mi intención.

Verlo tan afligido casi le hizo compadecerse, de no ser porque había puesto a Hinata en peligro –. No solo estuvo en peligro por eso, usted la ha mandado directo a las manos equivocadas, ¿sabe lo que ha pasado en casa de Sasuke Uchiha?

El hombre negó confundido, y él se sintió satisfecho de contarle a detalle lo que había pasado. La manera en que el idiota siempre acosó a Hinata, y lo repulsivo que había sido para Hinata soportar su presencia horas atrás. Finalmente, cuando le detalló que una mujer intentó matarla, estuvo seguro que el Hyuga envejeció un par de años.

Ni siquiera insistió en ver a Hinata cuando le negó la oportunidad. El hombre sencillamente se fue cabizbajo, claramente avergonzado por sus acciones. Acepto que no era bienvenido, al menos no ese día, ni en mucho tiempo más.

Satisfecho por la conversación que tuvo con Hiashi Hyuga, y porque fue capaz de controlar su impulso de golpearlo, decidió concentrarse en su esposa, ella era quien merecía toda su atención a partir de ahora.

Pidió que prepararan la cena, luego subió hasta la habitación donde su adorada esposa esperaba. Ella de inmediato lo interrogó y él le contó lo que había pasado. Que su padre estuviera más tranquilo, fue algo que también la tranquilizo a ella, fue como si le quitara un peso de encima, aunque por supuesto, seguía lastimada y dolida por sus acciones.

Cenaron solos, porque en algún momento Jiraiya se enteró de lo sucedido y fue a darle apoyo a Tsunade, quien claramente estaba pasando el peor día de su vida. No solo ella, sus padres y por supuesto la familia de Sasuke Uchiha también. El comportamiento de esos dos finalmente había afectado a quienes los querían. La noticia ya se había esparcido, incluso saliendo en los medios de comunicación, pero ellos prefirieron no saber más del asunto.

...

Verse acorralada por los policías no fue nada bonito. Le habían quitado el cuchillo con demasiada facilidad, quizá porque la tomaron desprevenida. Aunque honestamente no era que deseara atacarlos a ellos, su único objetivo era Hinata Hyuga. Desafortunadamente al meterla tras las rejas se vería imposibilitada de sacarle al engendro de su cuerpo.

Y ahora mismo nadie quería hacerle el favor de matarla. Su abuela la llamó loca, y sus padres ni siquiera podían verla a los ojos, aparentemente les ocasionaba demasiada repulsión para hacerlo.

Con eso confirmaba que nadie podría entenderla.

Nadie.

Desde que su abuela la consideró una paciente psiquiátrica le hicieron tomar un montón de medicamentos. Dudaba que lo fuera. Sencillamente había protegido lo que era suyo. Matar a Sasuke Uchiha había garantizado que nadie, ni Hinata, ni cualquier otra persona pudiera robárselo. Al final de cuentas había logrado su objetivo. Nunca más volvería a sentirse insegura, nunca más volvería a sentir esos celos enfermizos que le hacían hervir la sangre. Nunca más sería de otra mujer.

"Pero tampoco será tuyo" Le dijo una vocecita en su consciencia que trató de ignorar.

Seguramente los medicamentos ya estaban haciendo su trabajo, pero ella no estaba dispuesta a seguir el tratamiento que esos idiotas le daban. Él único que podría recetarle un buen tratamiento psiquiátrico era Sasuke, y eso se repitió y repetiría cada vez que alguien le hiciera tomar algún medicamento. Sencillamente lo mandaría por el inodoro cuando tuviera oportunidad.

Quizá lo que más le dolió tras su arresto, fue que no le permitieran despedirse de Sasuke. Le hubiese gustado mucho darle un beso de despedida, quizá quedarse con alguna de sus fotos para poder sentirlo cerca mientras estuviera en prisión. Pero no le habían dado la oportunidad. Ni los policías ni el hermano de Sasuke que no paraba de juzgarla por sus acciones.

"Él no era una blanca palomita" le dijo nuevamente esa vocecita en su consciencia.

No, no lo era, pero ella lo amaba igual. Lo amaba con sus defectos y con esa personalidad egocéntrica. Con sus arrebatos y su personalidad prepotente.

"Pero él no te amaba"

Nuevamente se sintió enfadada al saber que aquello era culpa del medicamento, la estaban haciendo delirar.

Lo siguiente fue someterse a una serie de juicios sin sentido. Mientras que sus padres y su abuela peleaban por reducir su condena, la familia de Sasuke peleaba por refundirla en la cárcel toda su vida. Ella no quería pelear, por eso había reconocido de inmediato que ella había sido quien lo acuchillo, les había dicho sus motivos y había sido lo bastante elocuente al decirles que lo mató por su propio bien. Pero tal parecía que esa respuesta no le gusto a los presentes. Y se temía que no descansarían hasta que muriera entre gusanos, al menos eso le había dicho el hermano mayor de Sasuke…

A ella no le importaba, por ella podían sentenciarla a cadena perpetua, podían darle pena de muerte o podían matarla de manera dolorosa como al parecer la familia de Sasuke deseaba. No le importaba, hicieran lo que hicieran, a ella le daba igual, porque al final de cuentas de aquí en adelante solo tendría que contar los días para reencontrarse con Sasuke en la otra vida…

...

...

Hey!, esta vez no he tardado taanto en traer la continuación.

Desde ayer me llegó la inspiración y mandé a todos al carajo para escribir y subir el final hoy mismo, que por cierto partí en dos capítulos, en un momento publicó la segunda parte.

Gracias por sus comentarios! Me han motivado para continuar hasta el final ?