-Epílogo-
Ciertamente Boruto era una copia de él, su padrino se lo había dicho, y él mismo lo sabía, y no se refería solo a su físico. El pequeño Boruto tenía su carácter hiperactivo. Constantemente quería que lo pasearan, y cuando empezó a gatear, se asombró de la rapidez con la que aprendió y luego de la velocidad con la que gateaba. Los bebés de su edad apenas estaban aprendiendo cuando Boruto ya gateaba por toda la casa.
Jiraiya se divertía mucho viéndolo jugar, de tal manera que por las mañanas siempre se pasaba un buen rato jugando en el piso con él. Mientras que Hiashi se pasaba casi todas las tardes gateando junto al pequeño. Estaba seguro que aquellos hombres estaban haciendo el ejercicio que no habían hecho en años.
Hiashi definitivamente se estaba comportando como un buen padre y abuelo, aunque a veces sus regalos le parecían excesivos, entendía que eso se debía a su posición económica, no sabía medirse en lo que era permitido y no regalar. Tuvo que rechazar en más de una ocasión que intentará regalarles casas y autos. Con su ahora trabajo en un importante centro de investigación en Astronomía, tenía un buen sueldo, con la posibilidad de vivir en una casa grande y bonita, así como de darle a su familia los lujos que pudieran necesitar. Por algo se había esmerado tanto, y el fruto de su trabajo ahora se reflejaba en el prestigioso trabajo que tenía.
Fue así que Hiashi terminó canalizando sus regalos únicamente a su nieto, los cuales aceptaban, pues en su mayoría consistía en ropa y juguetes. Estaba seguro que no había juguete en el mundo que no lo tuviera Boruto. Aunque tampoco es que los necesitara, Boruto solía jugar y entretenerse con los juguetes más sencillos, una simple pelota podía divertirlo durante todo el día, siempre y cuando alguien jugara con él. Tanto Jiraiya como Hiashi siempre se apuntaban para hacer de niñeros, y entre esos dos, lo estaban apapachando demasiado.
Y si a eso sumaba que cada vez que Hanabi y Konohamaru les visitaban, terminaban llevándolo a pasear, daba por hecho que no había un bebé más querido que Boruto.
Y bueno, tendría que confesar que él y Hinata tampoco se quedaban atrás. Siempre que regresaban de sus respectivos trabajos dedicaban prácticamente todo su tiempo a su bebé. Hinata se había leído muchos libros sobre paternidad y crianza, y por supuesto, siempre ponía en práctica todos los buenos hábitos que ella misma recomendaba como pediatra.
- Ya por fin podemos enseñarle a caminar – le dijo un viernes por la tarde cuando se habían quedado solos en casa.
- Podemos empezar mañana mismo – Hinata asintió y luego tomó a Boruto que seguía jugando con un montón de cubos – Hora de bañarse campeón.
Como cada tarde cuando se quedaban solos, duchó a su bebé, y luego Hinata le ayudó vistiéndolo. Boruto apenas mamó un poco de la teta de Hinata se quedó dormido. Desde que habían empezado a incluir alimentos en su dieta empezaba a tomar menos leche, aunque era de ley que necesitaba el pecho de su madre para poder dormir.
Él mismo tomo en brazos a Boruto y luego lo llevó a su cunita que estaba en un cuarto consiguiente al suyo. Le acarició sus cabellos y luego lo observó un rato dormir. El pequeño levantó sus bracitos y luego se acomodó en una mejor posición para dormir. Le dio un beso en su cabecita y luego regreso al lado de su esposa que lo esperaba con sus pechos todavía expuestos.
- ¿Ha quedado mucha leche? – le preguntó mientras subía a la cama y escalaba por su cuerpo.
Hinata se tocó sus tetas y luego asintió – una ha quedado prácticamente llena.
Desde que empezó la lactancia, la misma Hinata lo había involucrado, porque Boruto había optado por tomar del pecho derecho con mayor insistencia. Y Hinata que temía que su leche no fuera suficiente para alimentarlo, terminó produciendo más de la que su hijo podría beber. Ella misma le había pedido que le succionara la leche de su pecho izquierdo para darle un descanso. Finalmente, siempre que él estaba presente terminó por hacerse su costumbre succionarle ambos pechos después de que Boruto se alimentara, solo de ese modo Hinata sentía un descanso real en sus pechos.
Así que con suma habilidad recostó a Hinata en la cama y luego empezó a succionar el pecho izquierdo, el que tenía más leche. De inmediato sintió el sabor, que para él, era la cosa más deliciosa del mundo, la leche de Hinata era dulce. Succionó con delicadeza mientras lamía su pezón, y su esposa de inmediato empezó a gemir. Por supuesto que no era lo mismo que él le chupara sus tetas, porque aquello siempre los terminaba excitando. Cuando termino con un pecho, fue a chupar su otra teta, extrayendo el resto de leche que quedaba, y asegurándose de beberse hasta la última gota. Se lamió los labios antes de besarla en los labios y luego sencillamente se bajó los pantalones, y haciendo su braguita a un lado la penetró de una sola embestida. Ambos gimieron al sentir la humedad entre sus sexos.
- ¿Cuándo puedo volver a embarazarte? – le pregunto mientras empezaba a moverse en su interior. Hinata en respuesta empezó a gemir un poquito más fuerte. Temiendo que pudieran despertar a su hijo, la beso para acallar sus gemidos. Después de martillar en su interior por varios minutos, la sintió tensarse, su orgasmo llegó pronto, y él le siguió el paso cuando su vagina se contrajo, apretándolo fuerte y dulce a la vez.
Se retiró el condón que usaba y luego volvió a cuestionarla.
- ¿Cuándo Hina?, ¿cuándo es buena idea que llene tu coñito de mi semen? – supo que ella se estaba excitando de nuevo y no pudo evitar sentirse del mismo modo que ella.
Se desvistieron completamente y luego la besó con entusiasmo. Ella misma tomo su pene entre sus manos y lo dirigió a su entrada, sin condón. Gimió cuando su punta hizo contacto con su sexo – ¿segura? – le dijo emocionado al saber que por fin se metería en su interior sin un plástico de por medio.
- Nunca había estado más segura – estuvo a punto de perder el control cuando se enterró en su interior, piel contra piel. Había olvidado lo rico que se sentía hacerlo de manera directa, y luego sin poder evitarlo empezó a moverse más rápido.
Se besaron e hicieron el amor durante varios minutos, hasta que finalmente ambos llegaron al anhelado orgasmo. Cuando se derramó en su interior, estuvo seguro que Hinata tuvo un tercer orgasmo y luego entre respiraciones agitadas la escuchó hablar – espero que sea una niña – Hinata daba por hecho que con esa primera descarga de semen quedaría embarazada, y la realidad es que él también lo pensaba así. Sin embargo, no pensaba arriesgarse, trabajaría muy duro para tenerla siempre llena y asegurar que su trabajo tuviera frutos.
- Si es una niña, quiero que se parezca a ti – le dijo mientras tomaba su rostro entre sus manos y empezaba a moverse nuevamente.
- Y la llamaremos Himawari – su esposa busco sus labios, y con un beso cerraron el trato. Luego se sumergieron en una serie de besos y caricias durante gran parte de la noche, lo cual finalmente garantizaría su embarazo.
Muchas gracias por seguir la historia hasta el final
No saben lo que me ha costado concluir esta historia. Han pasado ya algunos años de que la empecé, de que la abandoné, de que la retomé y hoy por fin cumplí mi objetivo con esta historia.
De corazón espero no defraudarlos con el final (al menos no mucho jeje). Pero bueno, que si no les gusta, saben que soy abierta a las críticas, y pueden darme sus opiniones, al final todo eso me ayuda a mejorar.
En fin, un abrazo grande a todos los que siguieron la historia y quienes me animaron a continuar, sin ustedes no hubiera podido concluirla, porque me motivaron un montón siempre.
Gracias
