Hola mis amados lectores, si no comentas por lo menos votaaa anda.

Como siempre los invito a leer mis demás trabajos, y a comentar siendo respetuosos.

Disfrútenlo

YYY

Capítulo 20. Una tortura que no pareciera tener fin.

─No deberías de venir aquí con tanta confianza, Hitoshi.

Reprendió pero sin gritar, la voz de Aizawa quien estaba en su minimalista oficina, sentado en su escritorio, haciendo papeleo. Ni siquiera alzó la vista de estos para conversar o recibir al peli morado recién llegado.

─ Tío, de verdad no sé porque insistes tanto con el tema.

Dijo sin inmutarse ante el regaño y tomando asiento delante del escritorio de su tío, quien seguía sin mirarlo.

─ Esta es mi oficina, yo no soy dueño del edificio para que te pasees en el libremente. Trabajo aquí y no me gusta usarlo para tener reuniones personales.

─ Siempre tan serio sin embargo, tanto como Yamada-san como Fukukado-san vienen a visitarte aquí.

Ante la mención de aquellos dos, el adulto arrugó visiblemente el entrecejo.

─ Ellos son idiotas, yo no puedo evitar que vengan a molestarme, pese a que ya se los he explicado miles de veces.

El adolescente hizo una ligera sonrisa de suficiencia.

─ Tal vez dices eso tío, pero te puedo asegurar que las visitas de Fukukado-san te hacen feliz.

El adulto suspiro con resignación y se tocó con los dedos el entrecejo pero no dijo nada. No iba a negar o alegar ante su sobrino lo que era obvio para todos desde hacía mucho: su profundo amor hacia Emi. Sin embargo, era un tema incómodo para él.

─ Sabes tío, ella puede casarse en cualquier momento y si no haces algo al respecto puede ser pronto…

Si bien Shinso realmente no quería meterse mucho en esa clase de temas y mucho menos sabiendo cómo estaban las cosas, le dolía ver a su tío tan herido por ese amor tan complicado que lo tenía hundido desde ya hacia tanto tiempo.

Mas como de costumbre su tío se giró para no escuchar nada de la conversación.

─ Dime de una vez a que viniste, Hitoshi.

Cortó el tema de tajo, de nuevo no queriendo escuchar lo que probablemente le dolía más que nada. El menor se preocupó pero dejo las cosas así, no quería seguir importunando a su tío.

─ Bueno, tengo un contrato esta noche y quería pedirte que si me prestas tu camioneta para mover los instrumentos de nuevo. La mía sigue en el mecánico.

Entonces, Aizawa por fin se dedicó a obsérvalo con fijeza.

─ Nada de rallones, ni suciedad, no quiero que me la regreses oliendo horrible, no la coches y ponle gasolina.

─ Está bien.

Tras eso, el adulto le dio las llaves a su sobrino quien se levantó listo para salir de ahí.

─ Si no tengo mucho que hacer, iré a visitarte el domingo.

El pelinegro asintió una vez, ya sin responder lo que le dijo su querido sobrino. Quien salió de ahí, dejándolo solo para que pudiese trabajar con tranquilidad.

─ ¡Hola Shota!

O al menos esa fue su intención cuando se dio cuenta que, detrás de la puerta abierta estaba parado su amigo rubio y escandaloso: Yamada Hizashi.

─ Estoy trabajando, lárgate.

Dijo el dueño de la oficina pero, como sucedió con su sobrino, Hizashi tomó asiento delante de él, ignorando sus palabras.

─ Sabes, no sé cuántas veces a lo largo de los años me has dicho eso ¿No te rindes?

─ ¿Y tú no te cansas de ser un tarado desesperante?

─ ¡Serias muy miserable si yo no fuera parte de tu vida!

─ Mi vida es miserable porque existes.

Aunque su relación fuese así, lo cierto era que eran mejores amigos desde hacía 20 años. Hizashi era de los pocos lazos reales que Aizawa alguna vez tuvo o había tenido.

─ He venido a decirte algo muy importante.

El rubio parecía serio, lo que era ciertamente extraño. Nunca hablaba en serio, por lo que si lo hacía entonces era algo importante. Por lo que contrario a su costumbre de ignorarlos mientras revisaba sus archivos, Shota dejó de leer estos para por fin mirarlo a la cara.

─ ¿Qué es ahora?

─ Voy a pedirle a Emi que se case conmigo.

Su mejor amigo no se anduvo con tapujos, dijo la verdad directa y sin filtro. Dándole un golpe mortal a Aizawa. Desde que ambos llevaban enamorados de la misma mujer buena parte de su vida, el tema del largo noviazgo de Hizashi con ella era bastante evitado. El rubio amaba a su amigo, pero también amaba a Emi y no iba a renunciar a la mujer que era su razón de ser solo para evitarle dolencias a su mejor amigo. Quien fue quien en primer lugar, la dejó ir por idiota.

─ Ya veo.

Fue todo lo que pudo salir de la boca de Aizawa quien logró conservar su mirada apática.

─ Si accede, serás el padrino.

─ Eso ya lo sabía, eres muy predecible.

El rubio sonrió.

─ Entonces ya me voy, nos vemos luego.

Hizashi sabía que el pelinegro necesitaba espacio para procesar las cosas. Cerró la puerta tras de sí, alejándose apresurado. Cuando estuvo solo el pelinegro estuvo a punto de llorar. Él la perdió por estúpido, por ciego, por lento. Sabia de los sentimientos que ella le tuvo por tantos años, para dejarla escapar de entre sus manos por tonterías que dio la brecha para que su mejor amigo fuera quien al final terminara saliendo con ella. Hizashi llevaba enamorado de la mujer fácil unos 17 años, de los cuales llevaban 4 en una relación. Era lógico que eso pasaría tarde o temprano. Aizawa no podía con el dolor de que, por fin aquello que había querido evitar por fin estaba pasando: Su adorada Emi iba a casarse con otro, y no con cualquiera, con su mejor amigo Hizashi. En momentos así, solamente quería ir y robársela para desaparecer juntos; aunque eso sería egoísta pues ella ya no lo amaba. La derrota era obvia y pronto, la tortura de la cual era víctima desde hacía años, sería más permanente que nunca.

YYY

¿Qué tal si Bakugo intenta algo? Lo comenzaremos a saber en el próximo capítulo 21. Nada sutil.