Sasuke estaba mal, tenía heridas, pero aún así sonreía, siempre lo hacía, cada vez decía lo hermosa que podía ser la vida, pero esa su forma de imaginarla, ya que su vida era una mierda.

Era increíble ver a una persona tan bien, pero en realidad estaba tan mal. Por que una cosa es lo que quieres que las personas vean y crean, y otra es lo que realmente eres.

— Sasuke.

— ¿Sakura? Me sorprende que me hables.

A mi también, pero debo saber.— Ese día, ¿Por qué ese señor te pego?

— A, eso, tranquila no tiene importancia.

— A ti también te gusta la música ¿No?

— Sí...

— Te gusta bailar ¿O me equivoco?

— A donde quieres llegar con esto.

— Sasuke, por lo general la gente crítica, es posible que tu hubieras querido bailar, y quien sea ese señor no estuvo de acuerdo, te golpeo por que pensó, no sé... algo.

— Sakura, Aquel no es tu asunto, agradezco tu preocupación, pero soy bastante mayor cómo para resolver eso solo.

— Pues entonces la próxima que me quieras hablar asegurate de no estar golpeado.

— Déjame solo entonces.

— Sasuke, en el mundo no eres el único que tiene una frágil estabilidad.

— Lo sé, pero al mundo le sobra gente rota y necesita personas fuertes que sepan unir.