- Sostén más firme esa katana.- le ordenó después de golpear su mano haciendo que se le cayera el arma a su aprendiz.-
- L-Lo siento, Mi-Midousuji-kun.- dijo el aprendiz mientras recogía la katana y trataba de seguir las instrucciones, sujetándola más fuerte. Su maestro no tardó en tomar de manera brusca su rostro apretando sus mejillas.-
- ¿Quién te ha enseñado esos modales? Es Midousuji-sama, ¿entiendes? ¿Cuantas veces debo repetirlo?.- aclaró a su aprendiz con un aura aterradora, digna de un samurai.-
- Perdóneme, Midousuji-sama.- se disculpó el chico con dificultad por la fuerza con la que lo agarraba su maestro.-
- Haa, eres un crío asqueroso.- soltó mientras liberaba las mejillas del chico.- Sigue practicando.- le ordenó para luego ir a sentarse en el borde del suelo de madera, debía vigilar a su aprendiz, y, mientras lo hacía tomaría un té.-
Era un día espléndido para seguir el entrenamiento, el pupilo golpeaba al aire con su katana tratando de mantenerla bien sujeta. Midousuji le miraba de reojo mientras tomaba su té, su mente se encontraba dispersa entre el pasado y el presente, el chico que es ahora su aprendiz llevaba unos meses de haber llegado y no tiene ningún talento como samurai, sin embargo, sigue insistiendo con que le enseñe lo que sabe.
De repente una flecha se clavó contra la madera de su morada, con algo de pereza se levantó y quitó la flecha de su pared.
- Agh, como odio que los mensajes se entreguen así.- dijo lamentándose por los agujeros en la madera, leyó la carta que estaba clavada en la flecha, su expresión pronto se volvió seria.- Sakamichi.- le llamó.-
- ¿Sí?.- dijo de inmediato soltando su espada y poniéndose firme, por consecuencia casi se clava la katana en los pies, soltó un gritito por el susto y volvió a su posición firme, Midousuji suspiró exasperado.-
- Debo ir a hacer un trabajo, sigue practicando y te encargo la protección de mi casa.- dijo teniendo confianza en sus propias palabras, Sakamichi no tenía talento como samurai, pero siempre cumplía sus órdenes a la perfección.-
- ¡Sí, Midousuji-sama!.- dijo firme y seguro, Midousuji sonrió y se alistó, saliendo de su casa lo más rápido posible para cumplir su misión.-
Sakamichi lo vio marcharse y cerró la puerta que daba al jardín, nervioso pero decidido a defender la casa, comenzó a hacer rondas por todo el perímetro. Su maestro Midousuji Akira, a pesar de ser un ronin tenía una casa bastante decente, heredada por su familia. Caminó por varias horas en círculos hasta que se agotó, se sentó en medio del jardín y comenzaba a sentir hambre, pero trató de aguantarlo ya que no había comida últimamente, hace semanas que su maestro no le solicitaban en algún trabajo. Su única misión como aprendiz era esperar que su maestro regresara, esperanzado en que la comida que trajera a cambio del trabajo alcanzará para ambos.
Luego de estar un rato sentado se levantó y volvió a practicar otra vez como su maestro le había encargado, sinceramente no sabía como Midousuji no lo había abandonado a su suerte viendo sus pobres avances, aún no lograba manejar la katana a libertad, pero seguiría tratando hasta conseguirlo, si Midousuji confiaba en él entonces podría lograrlo.
- Al fin llegas, Midousuji.- le saludo el hombre mientras el peli-negro se sentaba en el suelo.-
- Me tomé mi tiempo, ¿qué desea?.- preguntó directamente para poder iniciar con su trabajo.-
- Necesito que mates a un daimyou* que me está poniendo en apuros, quiero que realices el trabajo antes del amanecer, te pagaré con una buena cantidad de comida.- explicó ante la atenta mirada de Akira.-
- Como usted ordene, tendré listo el trabajo en el tiempo estipulado, antes del amanecer.- dijo para luego hacer una reverencia.-
- Así me gusta, te entregarán un mapa al salir de mi casa para que puedas localizarlo.-
- Comprendo, con su permiso iré a cumplir mi misión.-
- Adelante.-
Midousuji se levantó retirándose del hogar de ese comerciante adinerado, una vez fuera sonrió con el mapa en la mano, sería muy fácil, demasiado fácil, todo saldría según su plan y regresaría a su hogar con los víveres que tanto necesitan Onoda y él.
Se puso en marcha, debía llegar lo antes posible al lugar y matar a esa persona antes del amanecer. Cuando estuvo cerca se escabulló entrando sigilosamente saltando por el techo, no era un ninja, pero aprovechaba a la perfección su cuerpo delgado y flexible. Entró en la habitación que debía ser la del daimyou, no encontró a nadie ahí, extrañado se puso en guardia tomando la funda de la katana con una mano y el mango con la otra, había algo muy sospechoso en todo esto y Midousuji lo sabía.
De repente fue rodeado por todos los samurai al servicio del daimyou, chasqueó la lengua, se metió en un gran problema, solo esperaba volver vivo a casa.
- Que pena por ti.- empezó a decir el daimyo saliendo de entre las sombras, la única luz tenue que entraba era la de la ventana abierta.- Al parecer alguien te traicionó y decidió entregarte para reclamar la recompensa.- le confesó.-
- Kimo.- pronunció con el rostro serio para luego transformarlo en una sonrisa.- Ese viejo si que tardó en traicionarme... ahora puedo hacer lo que quiera.- dijo para luego reír por lo bajo. Luego en un rápido movimiento acortó la distancia entre él y el daimyou.-
- ¡Jefe, cuidado!.- gritó uno de los samurai al ver pasar al enemigo.-
Midousuji estaba listo para cortar la cabeza del daimyou, uno de los samurai se interpuso en su camino chocando su katana con la del peli-negro, a pesar de verse interrumpido siguió sonriendo, sabía que vendrían a por él, pero no se dejaría capturar, en un rápido movimiento pisó el pie de su contrincante, aprovechó el momento de debilidad para desarmarlo y cortarle la cabeza, fue tan veloz que pudo acabar también con el daimyou, él solo pudo mirar con horror a Akira antes de ver su final, ambas cabezas rodaron manchando de sangre las paredes, el suelo y al propio Midousuji que se mostraba aún sonriente.
- Solamente me faltan este montón de zakus, y podré ir a casa.- sentenció confiado, los samurai atacaron tratando de vengar a su daimyou asesinado.-
Onoda se encontraba sentado en el suelo de madera, mirando el jardín, era una noche de verano bastante calurosa, eso junto con su misión de proteger la casa y el hecho de que su maestro no volvía lo tenían en vela, espero y espero, mientras recordaba como llegó hace unos meses, rogando que el ronin le tomara como su aprendiz, a pesar de su mala fama Onoda lo admiraba muchísimo, por eso quería aprender del mejor, según su punto de vista.
Onoda Sakamichi a sus 15 años era huérfano y sobrevivía robando comida, hasta que conoció a Midousuji Akira, que en ese momento tenía 28 años recién cumplidos, y lo acogió en su casa luego de tanto insistir que fuera su maestro.
El chico recordaba esos momentos con una sonrisa, estaba decidido a aprender más y a no decepcionar a Midousuji de ninguna forma posible, de alguna forma sentía que tenían una conexión especial que esperaba que nunca acabara...
Se escuchó un ruido en la puerta que daba al jardín de enfrente, como si la hubieran abierto de golpe, Sakamichi tomó su katana y se levantó corriendo hacia allí, encontrando a Midousuji tirado en el suelo junto a un saco bastante grande, se acercó a la escena pues su vista no era muy buena, en cuanto confirmó que era su maestro miró impactado toda la situación, no sabía que hacer, respiró agitado, cerró la puerta de entrada y tomó a Midousuji de los hombros arrastrándolo hacia adentro, todo se tiñó de rojo, Onoda sentía que iba a entrar en pánico al ver tanta sangre, le quitó la armadura y la ropa que llevaba debajo, limpió las heridas como pudo, ni se paró a pensar en el horrible aspecto que tenían esas cortadas en su cuerpo, por suerte no se veía ninguna herida grave, le tapó hasta la cintura con una manta y esperó. Midousuji estuvo inconsciente unas cuantas horas mientras Onoda le vigilaba, cuidándolo por si había algún signo de que empeorara. Así pasó la noche mientras bebía el poco sake que quedaba en casa, se sentía culpable de tomarlo sin permiso, pero lo necesitaba, sentía que estaba colapsando por la preocupación de no saber si su maestro se iba a recuperar o no.
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- Saka...michi...- le llamó Midousuji, despertó por los rayos del sol que impactaron en su rostro.-
Onoda se encontraba durmiendo en la misma habitación con la botella de sake al lado, con sus mejillas rojas y apestando a alcohol. Midousuji se levantó sintiendo el dolor en sus heridas, aún así estaban limpias y la hemorragia había parado, se acercó gateando hacia Onoda, se sentó y le miró inexpresivo.
- ¡Despierta, crío asqueroso!.- alzó la voz mientras le dio un papirotazo* en la cabeza, sobresaltando al chico.- ¿Estás borracho?.-
- ¿Q-Qué?... ¡Ah!¡Midousuji-kun!.- dijo emocionado por verlo despierto.-
- ¡Es Midousuji-sama!.- le dio otro papirotazo, Onoda se quejó pero luego sonrió.-
- Midousuji-sama... ¿te sientes mejor?¿te duele mucho?.- preguntó preocupado.-
- Estoy bien, no seas tan dramático, solo me desmayé en la entrada porque estaba cansado.- mintió.-
- ¡Mentiroso!... estabas sangrando mucho.- dijo Onoda a punto de llorar, Midousuji suspiró mientras agarraba su frente.- Pensé que ibas a morir...-
- Kimo, eres tan asqueroso.- dijo para luego mirarlo, tomó suavemente las manos de Onoda en un intento de tranquilizarlo.- No te preocupes tanto por mi, Ahomichi... esto es el precio que pago por ser un ronin...-
- Pero...-
- Pero nada, si te sigues quejando te echo de mi casa.- dijo frunciendo el ceño.-
- ¡L-Lo siento mucho, no se repetirá!.- se disculpó alzando la voz y haciendo reverencias.-
- Bien, y ahora, ¿dónde está el saco que traje hasta aquí?.-
- Ah... lo dejé en la entrada...- explicó con algo de temor mientras hacía memoria de lo que ocurrió ayer, le dolía un poco la cabeza y el estómago por el sake, Midousuji suspiró de nuevo y se levantó.-
- Iré a buscarlo, es la comida que gané por el trabajo.- dijo con una sonrisa.-
- Pero...- Onoda iba a mencionarle a su maestro su desnudez, sin embargo decidió no hacerlo, luego de esos meses en su casa sabía que Midousuji no le daba importancia esas cosas.-
- Por cierto, bañate, estás cubierto de sangre.-
Akira se marchó dejando a su pupilo algo alterado, antes no notó que se había manchado tanto, acató las órdenes de su maestro y fue a darse un baño mientras Midousuji fue hasta la entrada y tiró del saco hasta meterlo dentro de la casa.
- Kimo, se abrió la herida.- comentó para sí mismo algo fastidiado, se habría ahorrado esas heridas si simplemente huía, pero no quería ser un cobarde, necesitaba la comida para ambos y la emoción de cortar algunas cabezas pudo más que su sentido común.-
Sacó las cosas del saco y las guardó en un lugar seguro. Para cuando terminó Onoda ya se había bañado y vestido, además traía una muda de ropa para que su maestro se dignara a vestirse, cuando vio la herida abierta en el pecho de Midousuji gritó exaltándolo.
- ¡Sakamichi!.- pronunció arrastrando las sílabas de su nombre.-
- ¡L-Lo siento mucho, Midousuji-sama!.- se disculpó de inmediato.- Es que su herida se abrió.- dijo señalando el pecho del otro.-
- ¿Esto? Ya te dije que no te preocupes tanto, es asqueroso.- dijo casi en un susurro y tomó la ropa que le trajo Onoda, vistiéndose ahí mismo.- ¿Qué haces ahí parado? Ve a cocinar algo.-
- ¡Sí!.-
CONTINUARÁ...
Daimyou= señor feudal
Papirotazo= Golpe dado haciendo resbalar con fuerza, sobre la yema del pulgar, el revés de la última falange de otro dedo de la misma mano, normalmente el corazón.
