Habían pasado unos cuantos días en que Onoda sobreprotegía demasiado a su maestro, no es de extrañar, jamás en su 6 meses de estancia lo vio regresar tan lastimado, y sabía que tal vez se preocupaba demasiado, pero sentía en el fondo de su corazón que Midousuji era muy importante en su vida y no quería perderlo.
- Es todo por hoy.- anuncio Midousuji mientras el tono naranja y amarillo del atardecer se hacía presente en el lugar.-
- ¡Sí!.- obedeció Onoda.-
Ya en casa cenaron lo que cocinó Onoda, se bañaron y metieron al ofuro, luego se colocaron la ropa para dormir y se dispusieron a descansar, pero en el caso de Midousuji fue un auténtico fracaso, luego de dar vueltas en el futon, se levantó y se sentó en medio del jardín, era una noche de luna nueva, todo se encontraba en completa oscuridad, pero el aire nocturno le ayudaba a relajarse un poco. Hay muchas noches como esa, en las que no puede dormir, con Onoda las pesadillas desaparecieron por completo, por lo que ahora descansa mejor pero de vez en cuando vuelven y esa noche no tenía ánimos de despertarse atemorizado.
- Midousuji-sama...- le llamó Onoda asomándose detrás de la puerta corrediza, tallándose los ojos.- ¿Qué haces ahí afuera?.- preguntó con curiosidad.-
- Nada, iré pronto a dormir, descansa.- le ordeno, Onoda no muy convencido, asintió aceptando ya que tenía mucho sueño, cerró la puerta y volvió a acostarse.-
Midousuji una vez más se perdió en sus pensamientos, últimamente Sakamichi se esforzaba muchísimo, mucho más que antes, y logró progresar, muy pronto el entrenamiento subiría de nivel, tendría que involucrarse más en los entrenamientos de su pupilo.
Onoda por mientras se comía la cabeza en la habitación, tenía mucho sueño pero sus pensamientos no le dejaban dormir, específicamente sus pensamientos intrusivos, desde que Midousuji llegó lastimado empezó a ser consciente de que podría ser un estorbo para él, ya que antes vivía solo, pero ahora tiene que conseguir comida para ambos, eso le hacía sentir muy culpable y le hacía imaginar que sería mejor si el no estuviese alojándose en ese lugar.
Sacudió la cabeza, tratando de alejar esos horribles pensamientos y cerró los ojos con fuerza, esperando a que el sueño le venciera.
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Midousuji entró en la habitación abriendo y cerrando suavemente la puerta corrediza, se sentó en el futon y miró entre la oscuridad el rostro de Onoda profundamente dormido, desvió sus ojos hacia otro lado, como si tuviera miedo de que el chico le descubra observándolo, lo cual era estúpido, es bien sabido que muchas veces los vínculos de maestro y alumno fácilmente pueden escalar a un romance, pero Midousuji no quería eso, sería una perdida de tiempo y una distracción, ya que tarde o temprano su pupilo aprenderá todo lo que tiene que aprender y se irá, lo sabe muy bien... aún así su mente no lo deja en paz, sin darse cuenta día con día Onoda le enamoraba con sus encantos y su excesiva amabilidad, era imposible ignorarlo, con su bella sonrisa y sus ojos azules, su cuerpo esbelto pero masculino. Suspiró, como si eso pudiera alejar los pensamientos pecaminosos que pasaban por su mente, simplemente debía olvidar el asunto y ya está, esto no tenía solución, menos sabiendo lo despistado que era su pupilo, seguro ni siquiera lo ve como un hombre a quien amar, sino como su salvador... se recostó en el futon y cerró los ojos tratando de dormir de una vez.
Al día siguiente...
Onoda despertó primero, se sentó estirándose y comenzó un nuevo día, no sin antes voltear a ver el rostro sereno de su maestro, Midousuji se veía muy diferente dormido, se veía relajado, como si el Midousuji serio y centrado en enseñarle y ser su figura de autoridad no estuviera ahí. Sakamichi sonrió con un pequeño sonrojo en sus mejillas, el Midousuji estricto o el relajado o de igual manera el sonriente, todos le gustaban, sacudió la cabeza, no era momento de ser un estorbo, debía ser útil en esa casa, se levantó y comenzó con las tareas del hogar, cocinar el almuerzo, limpiar, tratar de lavar la ropa sucia lo mejor que podía.
- Sakamichi, ¿por qué no estás entrenando?.- le preguntó sobresaltando al chico que tallaba la ropa tan concentrado.-
- ¡M-Midousuji-kun!... ¡quiero decir, Midousuji-sama!.- se corrigió inmediatamente antes de recibir un regaño de parte de su maestro.- Es que hoy tocaba hacer las tareas del hogar.-
- Kimo, deja eso y entrena.- le ordenó.-
- P-Pero la ropa está muy sucia, es mi deber como su aprendiz hacer las tareas del hogar.-
- Kimo, solo ve a entrenar ya.-
- ¡Sí!.- le dijo marchándose.-
La expresión de Onoda se volvió triste en cuanto Midousuji no lo veía, ¿acaso también se le daba mal las tareas del hogar y por eso su maestro no quería que las hiciera? Camino deprimido, recogió su katana y comenzó a practicar, decidió concentrarse en su entrenamiento, debía mejorar y así, podría protegerlo, pero era un arma de doble filo mientras más aprendiera, más se acercaría el día de la despedida.
Midousuji talló la ropa mientras se perdía en sus pensamientos, era cierto que las tareas del hogar eran cosa de su alumno, pero ayudarlo de vez en cuando no haría daño, así podría entrenar más y muy pronto se iría, en su mente esto era una idea excelente para evitar sufrir y no pensar cosas innecesarias. Luego de terminar con la ropa, se acercó a Onoda, debía participar más en sus entrenamientos.
- Sakamichi, prepárate.- llamó su atención haciendo que el chico volteara.-
- Ah... M-Midousuji-sama.- al verlo entendió la que debía hacer y se puso en guardia.-
Mientras chocaban sus katana y esquivaban los ataques del otro, Midousuji creyó ver un aura amarilla alrededor de Onoda, la misma que ve cada atardecer a su lado, la misma que aparece cuando sonríe, y ahí se dio cuenta que entrenar con él sería más difícil de lo que pensó, se estaba divirtiendo muchísimo a su lado y cada vez se hacía más consciente de Sakamichi, consciente de sus atributos tanto mentales como físicos que tanto le atraían.
Sus cuerpos danzaban al pelear y Onoda a pesar de estar atemorizado de entrenar con su maestro, la verdad es que lo disfrutaba, podía ver más de cerca su rostro serio al pelear y cuando a veces se le escapaba una sonrisa, la verdad nunca vio tan de cerca a Midousuji en esta situación, excepto cuando lo salvó y comenzó su admiración por él, se sentía en un trance donde sus cuerpos sabían exactamente cómo moverse, totalmente sincronizados.
Luego de entrenar se dieron una pausa, Midousuji le enseñó a su pupilo como hacer la ceremonia del té y él seguía las instrucciones al pie de la letra, con algunas fallas en las que Onoda recriminaba a sí mismo.
Después en la tarde cenaron, se bañaron y se metieron al ofuro, y antes de dormir Onoda le aplicó a Midousuji algunas hierbas medicinales que le ayudarían a cicatrizar sus heridas más rápido, por último ambos se prepararon para dormir y eso hicieron.
Menos Sakamichi.
Él tenía otros planes esa noche, o más bien, no tenía ningún plan, pero esa tarde lo había decidido, huirá de casa para ya no ser un estorbo para su maestro, dejó una nota en su propio futon y se fue sin nada, solo con lo que llevaba puesto, estaría bien, además no podía ser un aprovechado y llevarse la comida que con tanto esfuerzo trajo su antiguo maestro. Abrió la puerta de entrada al jardín y la cerró detrás de él, por suerte no necesitaría nada abrigado por ahora, lo único importante era irse muy lejos y olvidar que alguna vez conoció a Midousuji Akira.
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Midousuji despertó agitado y sudando, otra pesadilla... ¿cuánto más podría resistir soñando esa clase de cosas? Ya se había vengado hace mucho, sin embargo esa persona que tanto quería en el pasado seguía muriendo ante sus ojos en sus pesadillas, no podía soportarlo más, lo mejor era entrenar aún más duro a Sakamichi, así muy pronto se iría, su mente y cuerpo no aguantaría la muere de otra persona importante para él. Se sentó un momento tratando de calmarse.
- Sakamichi...- limpió con la manga de su yukata el sudor de su cara, miró hacia un lado esperando encontrar el rostro durmiente de Onoda, pero en su lugar solo había una cama vacía.- Seguro fue al baño...- se dijo a sí mismo, de repente se fijó en la nota que estaba en el futon de su pupilo.-
Leyó con los ojos muy abiertos la nota, una nota de despedida por parte de Onoda... ¿cómo que se va?¿a donde?... suspiró hondo, dándose cuenta que se estaba alterando por nada, si Sakamichi se iba por su cuenta, era lo mejor, no tendría que echarlo, ni esperar a que complete su entrenamiento... pero ¿Por qué su corazón dolía tanto? A pesar de que esto es lo mejor para ambos... como adulto debía mantener la compostura y no dejarse llevar por sentimientos asquerosos, sin embargo, le era imposible, aunque su rostro se viera inexpresivo, le dolía mucho pensar en que ya no vería nunca más a su pequeño pupilo.
Onoda caminó un buen rato hasta que se agotó y tomó un pequeño descanso, se sentó apoyando su espalda en el muro de una casa, logró alejarse mucho de Midousuji, pero caminó tanto que ya le estaba dando hambre, su panza rugió.
- Hola... no pareces un pordiosero, ¿de dónde eres? ¿tienes hambre?.- preguntó un chico bastante llamativo, además de tener los ojos y cabello rojos, también traía una yukata roja.-
- Ah... ehh... sí.- dijo algo apenado de que le pillara en ese momento de debilidad.-
- Te daré algo.- dijo y Onoda recién se percató de que el chico traía lo que parecía ser su compra.- Toma, es dango.-
- ¡M-Muchas gracias!.- agradeció Onoda emocionado por la amabilidad del chico.-
- No es nada, come.- dijo y el peli-negro tomó el dulce metiendo las bolitas en su boca y saboreándolas.-
- ¡Están deliciosas!.- dijo feliz de comer algo luego de estar tantas horas caminando, fue mala idea no llevarse nada.-
- ¡Que bien! Por cierto, ¿qué haces por aquí de noche?.- preguntó con curiosidad.-
- Ah... digamos que me escapé de casa...- respondió algo apenado.- ¿Cómo te llamas?.- preguntó tratando de desviar el tema.-
- Yo soy Naruko Shoukichi.- dijo el pelirrojo con una sonrisa.- Soy un viajero, ¿y tú?.-
- Me llamo Onoda Sakamichi.- le dijo con una sonrisa.- ¿Enserio viajas? Es increíble, ¿cómo lo haces?.- preguntó interesado y Naruko lo pensó un poco.-
- No sé lo cuentes a nadie.- advirtió y Onoda asintió, el pelirrojo se acercó más y susurró.- Robando.-
- ¿Qué? N-No deberías robar, quiero decir... yo también he robado pero, es algo malo.- le regañó.-
- Shh te pueden escuchar, y no me preocupa si es malo o no, al final tengo que comer algo mientras realizo mi viaje por Japón.-
- Bueno... tienes razón pero...-
- ¡Ya sé! ¿Quieres acompañarme?.- le ofreció con una sonrisa.-
- Yo... no sé.-
- Vamos será divertido, además parece que no tienes adónde ir.-
- ...Sí, está bien, tienes razón.- dijo decidido a alejarse para siempre de esa ciudad.-
- ¡Así se habla!, vamos.- dijo ayudándolo a levantarse.-
Antes de que se pusieran en marcha una flecha les interrumpió el paso clavándose en el suelo, Onoda miró preocupado el objeto, ¿acaso era una emboscada?.
- ¡Oye tú, ten cuidado! Casi me atraviesas el pie.- dijo Naruko al hombre que se encontraba sentado en el techo de una de las casas.-
- Oh, lo siento mucho.- soltó aguantando sus ganas de reír.- Pero te estás llevando a mi aprendiz.-
- ¿M-Midousuji-sama?.- dijo Onoda sorprendido de que lo buscara, Midousuji bajó del techo acercándose a ambos chicos.-
- ¡Vaya Onoda, eres un rebelde total!.- dijo Naruko divirtiéndose con la situación.-
- N-No es tan así...- dijo Onoda apenado. Midousuji llegó con ellos y jaló a su pupilo de los hombros poniéndolo a su lado.-
- Espero que no te moleste que tome de vuelta a mi aprendiz.- dijo con una sonrisa.-
- Claro que no, solo quisiera saber si Onoda está de acuerdo.- dijo serio.-
- Esto... Naruko, quiero quedarme con mi maestro, si no es mucha molestia...- dijo refiriéndose tanto a Midousuji como a Naruko.-
- No, está bien... fue un gusto conocerte.- sonrió y le tendió otro dango, el chico lo aceptó sin dudar.- Hasta otra y la próxima piensa mejor si te quieres escapar o no, sería divertido tener una aventura juntos.- dijo para luego soltar una sonora carcajada, se marchó agitando la mano.-
Midousuji tomó a Onoda de la mano y ambos caminaron hacia la casa del más alto en completo silencio, que ninguno de los dos quería perturbar. Midousuji veía al frente mientras Onoda se distraía comiendo los dango.
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- ¿Qué pretendías escapando de casa y sin comida? ¿Acaso eres idiota?.- le regañó Midousuji en cuanto llegaron a casa.-
- Esto... lo siento, yo... ¡Lo siento mucho!.- se disculpó con una reverencia.- ¡Es solo que creí que era un estorbo para Midousuji-sama, luego de que regresarás tan herido pensé que no fui capaz de hacer nada, siempre me enseñas lo que sabes, me das techo y comida...- Midousuji lo tomó de los hombros interrumpiendo sus palabras e hizo que le mirara.-
- ¡No es necesario que hagas nada! Estás bajo mi cuidado, crío asqueroso.- dijo frunciendo el ceño, luego lo atrajo hacia sus brazos, Onoda se quedó completamente paralizado y sus mejillas se sonrojaron.- ... Me perteneces, Sakamichi...- susurró lo bastante audible como para que lo escuchara, el nombrado sorprendido correspondió el abrazo.-
- Midousuji... sama... pensé que jamás lo dirías.- dijo abrazándolo más fuerte.-
- Sakamichi...- dijo apartándose un poco para ver su rostro, sin dudarlo se acercó a sus labios, dándole un tierno beso.- Kimo.-
CONTINUARÁ...
