- No esperes que repita esas asquerosas palabras otra vez.- dijo mientras aún se abrazaban.-
- No, es suficiente para mí.- respondió Onoda con una gran sonrisa, para Midousuji a pesar de que era de noche y apenas les daba claridad una pequeña lámpara de papel, siente como si ese pequeño gesto de parte de su aprendiz iluminará las más oscuras de sus noches, inundando el lugar del color amarillo que tanto le gusta.-
- Kimo.-
El resto de la noche no pudieron dormir, juntaron los futones lo más que podían, se recostaron completamente desnudos solo tapados por una manta, aprovechando que hacía calor esa noche. Se quedaron varias horas mirándose entre la oscuridad y tomándose de las manos, de alguna forma sentían que habían escalado a otro tipo de intimidad.
- Naruko era un viajero y alguien muy amable, me ofreció dango al ver que estaba hambriento.- dijo con una sonrisa mientras Midousuji trataba de ignorar los celos que crecían en su interior.- Pero fue increíble cuando apareciste, como utilizaste el arco, me emocioné mucho.- habló con estrellitas en los ojos, en consecuencia un pequeño sonrojo apareció en las mejillas de Akira.-
- Kimo, si tan increíble te parece, deberías intentarlo.- le retó poniendo nervioso a Onoda.-
- Ah... pero, no creo que pueda manejar un arco tan pronto, soy un principiante con la katana aún.- dijo algo acelerado.-
- Lo harás.- sentenció.-
- Sí, maestro.- dijo inseguro de lo que pasaría al día siguiente.-
- Es más, inténtalo ahora, está amaneciendo.- dijo levantándose y abriendo la puerta corrediza.-
- ¿Qué? Pero... Midousuji-sama...- comenzó a decir mientras este volteaba a verlo.- ... Nada, no es nada... lo intentaré.- Midousuji sonrió ante sus palabras.-
- Buscaré el arco.-
Akira se marchó sin darle importancia a su desnudez, Sakamichi se colocó la yukata y salió a recibir los primeros rayos del sol, respiró hondo con una sonrisa, debía estar listo para intentar disparar con el arco hoy. Su maestro apareció con el arco, las flechas y ya vestido con otra yukata.
Los primeros intentos fueron un fracaso, no tenía la suficiente fuerza como para tensionar el arco, se le hacía muy difícil.
- Usa toda tu fuerza.- le ordenó Midousuji.-
- Eso hago... p-pero, no puedo.- dijo con la voz entrecortada por el esfuerzo.-
- Debes mantener una buena posición.- dijo y se acercó a su pupilo poniendo las manos sobre sus hombros, provocando que este dejara de tensionar su arco, Midousuji sonrió y apoyó su cabeza en el hombro izquierdo de su aprendiz.- Así...- susurró a su oído mientras tomaba a Onoda de las manos y lo guió hasta lograr una buena postura.- Y jalas la cuerda...- volvió a susurrar, Sakamichi trataba de concentrarse como podía en las instrucciones de su maestro, pero su voz y cercanía le mareaban. Se dejó guiar y al fin pudo disparar la flecha que cayó al suelo sin dar en el blanco.-
- ¡Lo hice!... pero no le di a nada.- dijo decepcionado de sí mismo.-
- Ya le darás, practica lo que te acabo de enseñar.- dijo Midousuji poniendo su mejilla junto a la de su pupilo.-
- ¡Sí!.- respondió animado y con un sonrojo en las mejillas por la cercanía. Su maestro se alejó.-
- Ahora, iré a preparar un té.- anunció retirándose.-
- ¡M-Midousuji-sama!.- le llamó y este volteó.- Muchas gracias...- dijo con una sonrisa, aún con el rubor en sus mejillas.-
- Me pagarás más tarde.- dijo con una sonrisa seductora que dejó de una pieza a Onoda.-
El pobre aprendiz se quedó sin saber que hacer, ¿qué significaba eso de 'pagarselo más tarde'? ¿Acaso le cobraría por sus lecciones? Estuvo un rato comiéndose la cabeza hasta que decidió entrenar, como su maestro le había dicho, debía obedecerle.
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Onoda disparó una flecha, esta falló a varios centímetros de distancia del blanco, pero ya había un gran progreso. Midousuji le observaba mientras tomaba su té verde, su pupilo progresaba a gran velocidad, ¿será que lo suyo es el arco y no la katana? Aún así, tendría que aprender a usarla, para un samurai su katana es como su alma.
- Sakamichi, hay que comer.- le avisó para que se detuviera.-
- ¡Sí!.-
Ambos se dirigieron a la cocina, prepararon el almuerzo y se sentaron a comer, Onoda se sentía algo avergonzado, ya que su maestro le ayudó cuando no es su obligación y Midousuji se veía imperturbable. Comieron su almuerzo y se tomaron un receso, se dirigieron a una de las habitaciones donde contenía todas las armas para limpiarlas y aplicarles su mantenimiento, de a poco Onoda se fue perfeccionando en ello.
- Recuerda limpiar bien la hoja y lubricarla.- le dijo su maestro mientras daba el correcto mantenimiento a su katana.-
- ¡S-Sí, Midousuji-sama!.-
- Llámame Akira.- dijo tan repentinamente que Onoda se le quedó mirando impactado.-
- Y-Yo... si hiciera eso le hacía estaría faltando el respeto como mi maestro.- dijo Onoda nervioso.-
- Si tu maestro te lo ordena deberías obedecer.- dijo mientras se encontraba concentrado en su katana.- Además, solo será cuando no haya nadie.-
- ... E-Está bien, Akira...- dijo casi en un susurro sonrojado. Su maestro al igual que él, se sonrojó levemente mientras el corazón le iba a mil por hora, se recriminaba un poco por sus emociones descontroladas, después de todo, ya no era un niño.-
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Ambos samurai se recostaron en el jardín a ver las estrellas, Onoda se sentía bastante nervioso mientras que Midousuji estaba perdido mirando al cielo.
- M-Mid... quiero decir, Akira...- le llamó.-
- ¿Um?.-
- El pago por las lecciones... ¿qué debo hacer?.- preguntó mientras jugueteaba con sus propias manos. De repente escuchó como Midousuji comenzaba a reír descontrolado, tapando su boca, Onoda le miró embelesado, pues nunca le había escuchado reír así.-
- ¡Kimo!.- reía sin parar hasta que no pudo más.- ... Era una broma, Ahomichi.- dijo con una sonrisa traviesa. Onoda suspiró aliviado.-
- ¡Qué alivio, pensé que debía traer comida por mi cuenta o algo así!... Pero me sigo sintiendo en deuda con usted.-
- Eres bastante terco e ingenuo, crío asqueroso.- dijo y le tomó de la mano.- Si tanto quieres compensarme, quédate conmigo mirando las estrellas.-
- ¡Sí!.- dijo animado y luego su rostro se tornó triste.- Pero... yo quiero quedarme contigo para siempre.- dijo mientras apretaba la mano que tenía agarrada.-
- Eres asqueroso, Ahomichi.- dijo con simpleza y seriedad haciendo sentir algo mal a Onoda.- Nuestro lazo como maestro y aprendiz terminara algún día...-
- Ya veo...- río un poco tratando de bajar la tensión en el ambiente.-
- Pero... si quieres quedarte en mi casa, no me negaré.-
- ¡¿Enserio?!.- exclamó medio levantándose.-
- Obvio, ¿por qué no?.-
- Es que... pensé que me echaría de casa una vez terminará con mi formación como samurai.-
- Idiota.- dijo dándole un papirotazo en la cabeza.- Deja de pensar en cosas estúpidas.-
- Lo siento.- dijo con una sonrisa, Midousuji tomó a Onoda de la nuca, jalándolo hacia él y dándole un beso. Ambos estaban con los ojos cerrados cuando de repente comenzó una lluvia de estrellas, Midousuji entreabrió sus ojos, separó un poco a Onoda de él.- Mira eso.- su aprendiz, quien estaba algo distraído por el beso de hace un instante, se volteó y miró la lluvia impresionado.-
- ¡Waao! ¿Qué es eso, Midousu... Q-Quiero decir, Akira?.- preguntó, con su vista las pequeñas líneas que dejaban esos meteoros parecían más borrosas, pero no menos hermosas.- Es hermoso.-
- Es cierto.-
- Akira.- le llamó y él asintió dándole a entender que lo escuchaba.- ¿Crees que exista algo más allá del cielo?.- preguntó con curiosidad.- ¿Te imaginas que cada uno de esas líneas sea alguien viajando por el cielo?.- dijo señalando la lluvia de estrellas.-
- Tú... haces preguntas bastante extrañas.- dijo mientras una sonrisa se formaba en sus labios.- ... Es mejor que no la haya, no vaya a ser que vengan a buscarnos.- Onoda sintió un escalofrío en la espalda al pensar eso y río nervioso.-
- Ah... es verdad.- siguió riendo. "No quiero que me lleven al cielo" pensó con temor. Midousuji aguantaba la risa por ver a su pupilo asustado, era muy fácil tomarle el pelo.-
CONTINUARÁ...
