Capitán Tsubasa no me pertenece.

Sanae 77 es la autora original


Mayo de 2020

Sentado en el avión, siguió mirando la pantalla del teléfono celular que mostraba esa extraña dirección.

«¿Ozora se mudó de casa?»

Siguió mirando con incredulidad como si fuera la primera prueba tangible de que el artículo del periódico era verdad y no un engaño como solía ocurrir. Los periódicos, después de todo, siempre estaban atentos a las primicias y no tenían reparos en publicar noticias falsas o verdades a medias.

Incluso si de sus compañeros de equipo siempre salieron muy pocas. Por eso, cuando vio las noticias de Misaki primero y Ozora después, se dio cuenta de que no eran engaños.

Lo sentía mucho por Taro, hablaron mucho de eso por teléfono y al darse cuenta de que su compañero ya no sentía amor por su esposa, entendió su posición respetándola.

Cuando le preguntó si hubo otra mujer, negó y agregó que un día le explicaría todo en persona.

Si bien lo que no esperaba, y que fue un rayo de la nada, fue el anuncio de Tsubasa.

Increíble que él y Anego llegaran al divorció después de tantos años, después de que el capitán no hubiera esperado nada más que la mayoría de edad para casarse con ella y llevársela. Conocía a la pareja y su unión desde la más tierna infancia; por eso estaba preocupado por la noticia.

Resopló mientras doblaba el periódico y lo volvía a guardar en su mochila. Volviéndose hacia la ventana, se dio cuenta de que pronto aterrizaría.

Cuando el letrero se iluminó señalando abrocharse los cinturones de seguridad, recordó la Nochevieja celebrada unos meses antes en Nankatsu. Todos se reunieron en su Villa y en esa ocasión pensó que la pareja Ozora estaba menos unida de lo habitual.

Sanae siempre estaba ocupada con la cocina y las demás mujeres. No los vio ni una vez cerca ni intercambiar un simple gesto de afecto.

No es que alguna vez brotaran afecto en público, por reservados que fueran: era obvio que en todos esos años nunca los vio con evidentes efusión; pero de ahí ni siquiera intercambiaron felicitaciones.

Culpó al hecho de que Misaki, por primera vez, estaba sin Azumi y para no incomodar a su compañero, tal vez Tsubasa consideró oportuno no echar cizaña al mostrarse con su esposa.

Tocándose la barbilla, Genzo pensó en esa noche. Por mucho que pasaran las imágenes en su cabeza, no recordaba ni una sola vez en que el Dueto Dorado no estuviera junto. Inseparables, como en el campo.

También hicieron dos partidos con los gemelos a pesar del elegante traje y, extrañamente, Sanae no se quejó de nada.

De esa noche recordó el brindis que Tsubasa intercambió primero con Taro y solo después con Sanae.

Genzo había levantado una ceja perplejo poa la ocasión, pero estando cerca del Dueto Dorado y escuchando el brindis no tenía dudas ... ya que los dos obsesionados brindaban en honor al fútbol.

Solo después de que Sanae se unió a su esposo con los gemelos y brindaron todos juntos por el Año Nuevo, intercambiaron gestos de afecto con los niños, pero no entre ellos.

Sí, le había parecido extraño.

Entonces el capitán volvió con Taro otra vez, conversaron un momento y cuando se dio la vuelta los dos se habían ido.

No lo notó hasta entonces. Quizás Taro necesitaba una charla dada la situación con Azumi, pensó en ese momento.

El rodar de los motores lo devolvió a la realidad, justo antes de que las ruedas llegaran a suelo español.

Cuando salió del portón, inmediatamente vio a Tsubasa esperándolo y, recuperando el equipaje, lo alcanzó con pasos rápidos; no podía esperar para aclarar todo esto.

Adivinó que había algo más detrás , pero no podía entender qué.

―¡Bienvenido! ―exclamó el capitán abrazándolo y dándole un par de palmaditas en el hombro.

―Ozora, ¿en que andas...? ―bromeó Wakabayashi, alborotando su cabello con cariño.

El capitán miró pensativo a su alrededor antes de declarar.

―Aquí no, cuando lleguemos a casa te explicaré todo.

―Está bien ―él asintió con la cabeza siguiéndolo hasta el coche.


Dentro de los muros de la casa, Taro deambulaba con nerviosismo. Cuando Tsubasa le envió ese mensaje el día anterior, casi se atragantó con la botella de la que estaba bebiendo en el entrenamiento. El entrenador les dio cinco minutos de descanso y él aprovechó para beber y mirar su celular. Quizás hubiera sido mejor echar un vistazo más tarde.

Estaba tan conmocionado y atragantado que sus compañeros acudieron al rescate con fuertes palmadas en la espalda.

Había murmurado gracias y agradeció el color púrpura que cubría su rostro por la asfixia. Y el sonrojo no era solo por eso. Salir del armario frente a alguien lo avergonzaba. Mucho. Solo cuando llegó al vestuario y logró responder al capitán se calmó. Podrían decírselo a Wakabayashi sin ningún problema, lo entendería, después de un primer momento de desconcierto estaba seguro de que se burlaría de por vida.

Sonrió al llegar a la ventana; apoyando su frente en ella. La bocanada que escapó de sus labios empañó el cristal, oscureciendo su vista.

Se sentía exactamente así, un observador desprevenido de un futuro nublado e incierto.

A pesar de estar en 2020, la homofobia y la discriminación estaban a la orden del día, y la preocupación no era tanto por ellos ni por su carrera.

Los amigos lo entenderían y aceptarían, tal vez incluso el entrenador, después de todo, nunca habían hablado de ciertos temas. En retiro solo se contemplaba hablar de fútbol. La primera vez que hicieron una excepción fue cuando Tsubasa tuvo problemas para dormir en el Mundial de 2018. Solo en ese caso el entrenador investigó con escrutinio las incertidumbres fuera del equipo.

La mayor incógnita recaía en sus hijos y el posible acoso que pudieran sufrir; eso era lo único que realmente les preocupaba.


Aparcó el coche en el sótano y luego tomaron el ascensor privado. Cuando Genzo vio que el capitán insertaba la llave para acceder al botón reservado para el ático, arqueó una ceja desconcertado.

―Cuidándote, Ozora, ¿eh? ―comenzó, observándolo con curiosidad. El capitán parecía nervioso, como nunca lo había visto en el campo.

―Digamos que necesito mi privacidad ―aclaró, pasando una mano por su cabello.

El portero sintió que la tensión de su amigo aumentaba a medida que los pisos se acercaban al ático. Tsubasa no hizo nada más que golpear el suelo con un pie y cambiar su peso de una pierna a la otra.

Cuando se abrió la puerta, el Capitán lo invitó con un brazo a sentarse en el apartamento. Ya había visto la silueta de Taro, a contraluz frente a la ventana de la habitación, quien al instante se dio la vuelta al escuchar el ruido del ascensor.

Genzo no le prestó atención en el acto, imaginando que Tsubasa estaba solo, pero se sacudió cuando Taro le dio una cálida bienvenida.

―¡Hola, portero! ―exclamó el amigo, yendo a su encuentro.

Cuando las puertas se cerraron detrás de Ozora, Genzo se quedó inmóvil en la entrada sin poder dar un paso más.

«No. No esperaba a Misaki»

Después de unos segundos, se levantó extendiendo la mano para tomar la que le ofrecía su compañero. Agarrándola con firmeza, le devolvió el saludo y luego trató de satisfacer su curiosidad: ―Bueno, ¿qué están haciendo aquí? ¿una reunión clandestina de solteros?

Taro inclinó la cabeza sonriendo abiertamente; era inútil retrasarlo, no tenían bien establecido cómo debía realizarse la confesión, por lo que decidió improvisar.

―Yo vivo aquí. ―Con la tranquilidad y naturalidad que siempre lo distinguían a la hora de dar la noticia, consiguió desconcertar al portero.

La mirada perdida de Wakabayashi no paso desapercibida por Ozora quien, agarrando el equipaje de su amigo, decidió abrirse camino hacia la habitación de invitados.

―Vamos, te mostraré tu habitación. ―El capitán pasó a su lado, señalando el camino.

Al entrar en el pasillo, Genzo comenzó a mirar alrededor; después de pasar la habitación principal y el baño, llegaron a un dormitorio pequeño con una cama individual y media.

―Acomódate donde mejor te parezca ―informó Taro después de entregarle una pila de toallas.

―¿Y dónde están tus cosas? ―preguntó el portero, todavía perplejo.

―En el dormitorio principal, junto a Tsubasa ―respondió con calma, entendió a la perfección que su amigo no podía conectar todos los puntos.

―¿Duermen juntos?

Fue el capitán quien tomó la situación en la mano, no podían continuar ese discurso para siempre sin ningún sentido. Luego agarró al portero por los hombros y lo miró con atención, pero una mano se desprendió de su hombro y recorrió su cabello, en su clásico gesto desde pequeño por su timidez.

―Escucha, Genzo, Taro vive aquí conmigo y ... dormimos juntos, ¿entendido?

Soltó el otro hombro y dio un paso atrás, uniéndose a su mitad en el campo. Y nunca olvidarían la mirada de Wakabayashi cambiando de cara a cara por nada del mundo.

No.

Era demasiado bueno verlo perdido y confundido por una vez en la vida. Él, antes un niño prodigio y un hombre exitoso después, tal expresión debía registrarse en la historia; lástima que no lo hubieran pensado, confundidos como estaban desde que confesaran.

Y sucedió, de la forma más sencilla posible y también con un toque de ironía.

Genzo retrocedió unos pasos antes de sentarse en la cama. Necesitaba un apoyo sólido. Muy sólido.

―Entonces, ¿es esto ―dijo, señalando a la pareja― el motivo de sus divorcios? ¿Están juntos? ―se levantó de un salto y empezó a deambular por la habitación en una perorata comprensible―. Es decir, no solo son pareja en el campo, sino también en la vida privada y también ... ¿en la cama? ―La mirada desconcertada del portero no tenía precio.

―Sí ―admitió Taro, apoyando un codo en el hombro de su compañero. Tsubasa, con los brazos cruzados, estaba estropeando el espectáculo.

―No puedo creer que ustedes también sean pareja. Después de Mamoru y Yuzo, no pensé que pudiera haber otros en el equipo…

El capitán se movió inquieto en el lugar, dio un paso adelante y dejó a Taro sin apoyo, tanto que se arriesgó a caer.

―¿Cómo? ¿Mamoru y Yuzo? ―preguntó Ozora con los ojos muy abiertos.

―¡Joder, hablé demasiado! ―exclamó el portero, maldiciéndose mentalmente y llevándose una mano a la boca; le había prometido a la pareja que nunca se lo mencionaría a nadie. Sin embargo, permanecer en silencio después de tal descubrimiento era imposible. La respuesta sin saberlo vino de lo más profundo.

Taro se inclinó sobre el hombro del capitán, volviendo a apoyarse después de que su compañero se moviera. Y ese apoyo impidió no solo caer sino también asimilar la noticia.

Genzo los miró aturdido. ¿Qué se suponía que debía hacer? A estas alturas estaba deshonrado y tratar de negarlo sería inútil.

Taro tenía una expresión tan sorprendida que le hizo sonreír. Y solo esa insinuación de doblar los labios fue suficiente para hacer que el trío estallara en una risa liberadora.

Risas que continuaron en la mesa frente a una excelente cerveza y comida preparada por Misaki.

―Entonces, explícame bien: ¿todo empezó con tu falta de sueño? ―preguntó Genzo, señalando al capitán con la mano.

―Sí, esas pesadillas me mostraron otros razonamientos y puntos de vista que nunca había considerado.

―Es asombroso como funciona el inconsciente aunque no nos demos cuenta ...― dijo el portero, escuchando con interés toda la historia que sus amigos le estaban dando a conocer.

―Y al final, cuando Tsubasa confesó el motivo de sus pesadillas ... ahí, estaba enojado como una bestia... ― admitió Taro, mirando a su compañero.

Cada vez que pensaba en ello sentía una mezcla de emociones. Ira, asombro y amor al mismo tiempo. Y el vacío en el estómago, seguido de las sucesivas mariposas, reaparecía cada vez que el recuerdo cobraba vida en su mente. Como la mirada decidida con la que Ozora le confesó que él era la fuente de sus pesadillas. Esa mirada quedó grabada en sus recuerdos.

―¿Enfadado? ¿Y por qué? ―preguntó Genzo, mirando de uno a otro y agarrando otro trozo de comida.

―Porque Taro siempre estuvo enamorado de mí desde la adolescencia y nunca me lo dijo ―señaló el capitán cruzando los brazos sobre el pecho.

Era evidente que ese problema aún no había terminado.

El trago de cerveza se fue por otro lado a Genzo, como era de esperar. Taro levantó una ceja desafiante a Tsubasa mientras le daba dos palmaditas resonantes detrás de sus omóplatos a Genzo para que no se muriera allí mismo.

―¿Quieres pelear, capitán? ―preguntó con sarcasmo tras evitar la asfixia del portero número uno del mundo. Muchos le habrían estado agradecidos.

Wakabayashi se puso de pie y estiró las palmas hacia adelante en defensa.

―Oigan, basta, tortolitos, no voy a meterme en sus peleas eh, ya estoy bastante conmocionado, gracias.

―Bien ―respondió Tsubasa, dejando sueltos sus brazos y tomando una posición más relajada― así que ahora cuéntanos sobre Izawa y Morisaki.

―Oh, sí, queremos saberlo todo. Dado que nadie notó nada. ¿Cuánto tiempo ha estado sucediendo su historia?

El portero se dejó caer en su silla y se rindió. Por segunda vez, se había metido en problemas. Miró a los dos amigos sonriendo. Pero la sonrisa cambió de sociable a furtiva.

«No pensaron que me arrinconarían así, ¿verdad?»

―Mh, pero primero una pregunta.

―Pregunta ―respondió Ozora en la más total ingenuidad.

―Así que puedo deducir de su rendimiento en el campo que el sexo previo al partido es bueno, ¿verdad?―el tono franco contrastaba con la mirada sucia que les dirigió.

Y Tsubasa eligió un mal momento para beber su cerveza, ya que todo el contenido golpeó a Misaki, empapándolo por completo.

Wakabayashi estalló en una carcajada desenfrenada mientras observaba la divertida escena que se desarrollaba frente a sus ojos. Nunca había visto la cara de Tsubasa tan roja. Tampoco a Taro tan enojado como nunca. Por lo general, Misaki era la personificación de la calma y descubrir este pequeño lado oculto suyo lo enorgullecía: solo él era capaz de esto. Sacar lo peor de las personas era su especialidad, recordaba con orgullo las veces que había enojado a Anego antes y a Kojiro después.

Pero Taro no era Tsubasa.

No, definitivamente no lo era.

Y, tras un momento de desconcierto, Taro decidió responder al portero con la misma moneda, y si Ozora se sonrojaba aún más no le importaba, le encantaba verlo avergonzado: era tan emocionante.

―Me temo que necesito una ducha, acompáñame... ―el tono persuasivo y sensual tuvo el efecto deseado.

Tsubasa tomó un color púrpura, mientras Genzo se levantó de un salto casi gritando.

―¡No quiero escuchar ni saber de estas cosas!

―¡Miedo, eh! ―exclamó el número once antes de desaparecer riendo.

Esa salida del armario se produjo de la mejor manera, pero después de todo sobre Genzo, el Dueto Dorado no tenían dudas.

Él era su amigo y siempre lo sería sin importar la elección que hicieran en su vida.


NOTA DE TRADUCCIÓN: Muchas gracias por leer. Les informo que el primer capítulo de Spin-off ya se ha publicado. Faltan dos, pero se ambientan acabada la secuela así que habrá que esperar. Agradecimiento especial a Arya80.