Se acostaron en los futones cuando casi estaba amaneciendo, pero no les importó, sobretodo a Midousuji, por hoy descansarán, Onoda se llevó un gran susto al ser secuestrado, además de que después del baño se encargó de limpiar sus heridas otra vez, se merecía un día libre al menos. Durmieron abrazados hasta el medio día.
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Un lugar muy conocido para él, ese castillo del daimyou donde fue aprendiz de Ishigaki Koutarou, el mejor samurai en ese lugar, lo admiraba tanto, era como si un aura amarilla rodeara a esa persona, le hacía muy feliz.
- Midousuji, haz avanzado muchísimo en tan poco tiempo, tienes bastante talento.- le dijo con una sonrisa, el pequeño Midousuji de 14 años sonrió feliz de haber enorgullecido a su maestro mientras un sentimiento cálido afloraba en su interior.-
De repente esa imagen cambió radicalmente, a ese momento, 20 años recién cumplidos, era feliz con Ishigaki, nunca le confesó sus sentimientos, pero estaba bien siendo solo su aprendiz y amigo cercano.
Una flecha atravesó el corazón de la persona a quien más quería, mientras los demás samurai que fueron sus aprendices ni siquiera se inmutaron. Ishigaki cayó en sus brazos, Midousuji se encontraba en shock por lo ocurrido, sus manos se llenaron de sangre al sujetarlo y empezó a hiperventilar, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras tomaba su pulso, el cual era inexistente.
- ¿Esta muerto, Midousuji?.- le preguntó uno, le miró con rabia, el desgraciado estaba sonriendo, al igual que los otros.-
- ¿Qué significa esto?.- preguntó con la voz temblorosa.-
- No es difícil de deducir, todos odiamos a Ishigaki, era demasiado talentoso.- dijo uno con total indiferencia.-
- Así que lo quitamos de en medio.- finalizó otro.-
- Relájate, Midousuji, era un estúpido al fin y al cabo, por eso no te dijimos nuestro plan, sabíamos que te pondrías así.-
Midousuji no siguió escuchando sus palabras, tomó la katana de Ishigaki dispuesto a crear una masacre en ese lugar, pagarían por matar al hombre que tanto amó.
Solo podía ver sangre por todos lados, en el suelo, las paredes, su propia ropa y sus manos, hizo un desastre sin darse cuenta, se dejó llevar por la rabia y pronto fue expulsado por el daimyou, no escucharon sus razones, deshonraron su nombre, y se vio obligado a vivir como un ronin por el resto de su vida.
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Midousuji despertó conmocionado, otra vez esa pesadilla, miró a Onoda durmiendo, acarició su cabello sintiendo que regresaba al presente de a poco, y observó la puerta corrediza con desconfianza, degolló tan fácil a ese estupido comerciante solo por tener su habitación mal ubicada, no quería que sucediera lo mismo con ellos, en cuanto Onoda se levantara cambiaría los futones de habitación junto con los pocos muebles que habían allí. Pero al final cambió de opinión, debía buscar un nuevo trabajo primero.
Se levantó e hizo el almuerzo, bostezaba mientras hacía todo, aún tenía sueño, pero no podía permitirse estar en cama todo el día, dejaría todo echo, almorzaría y se iría por ahí ofreciendo sus servicios como asesino. Aún le quedaban alimentos, sin embargo, Midousuji prefería prevenir que pasaran hambre otra vez. Luego de almorzar dejó una nota en la mesa de la cocina, se marchó llevando su katana.
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Unas horas después Onoda despertó, buscó a su maestro por toda la casa y se topó con su nota, comió su almuerzo que ya estaba frío y esperó pacientemente a Midousuji mientras limpió las armas que ayer utilizaron y luego siguió practicando con el arco.
Luego de un rato escuchó la puerta de entrada abrirse, fue directamente hacia allá con el arco incluido, solo por si las dudas. Era Midousuji, cerró la puerta y luego suspiró por el cansancio.
- Bienvenido... A-Akira.- dijo Onoda, aún le daba algo de vergüenza tratarlo de forma tan informal.-
- He vuelto.- dijo con una sonrisa.-
- Prepararé el ofuro.-
- Espera.- le ordeno antes de que se fuera.-
- ¿Qué sucede?.- preguntó con curiosidad. Midousuji le tomó de los hombros, ya que las manos de Onoda estaban ocupadas.-
- Sakamichi, ¿te gustaría compartir un tatuaje conmigo?.- preguntó con una gran sonrisa.-
- ¡Akira!¡Claro que me gustaría!.- dijo emocionado.- Pero dicen que duele mucho... p-pero no es que no quiera... solo no quiero que me vean mal si grito o algo.- dijo algo apenado de su intolerancia al dolor.-
- Ahomichi, si te duele me agarras de la mano lo más fuerte que puedas.- le dijo restándole importancia.- Si algún zaku se burla de ti, le corto la cabeza.-
- ¡N-No es necesario ser tan radical!.- le dijo preocupado de que hiciera una locura, Midousuji rió tapando su boca.-
- Vamos.- le jaló del brazo para que se apresurara.-
- ¿Eh? ¿Ahora?.- preguntó desconcertado.-
- Claro que sí, crío asqueroso.- dijo y Onoda sonrió.-
Onoda se alistó y ambos partieron al encuentro del tatuador, Onoda agarraba fuertemente la manga de Midousuji tratando de deshacerse de los nervios. Cuando llegaron decidieron el diseño, unas flores rojas con un fondo entre grisáceo y negro, que se extendiera del codo hasta el hombro y luego tapara todo el omóplato, Midousuji se lo haría a la izquierda y Onoda a la derecha.
El aprendiz fue el primero en sufrir, no era tan terrible como pensó pero sí dolía mucho, se agarró fuerte de la mano de Midousuji mientras aguantaba. Una vez terminó su suplicio suspiró aliviado viendo el tatuaje, aún le faltaban más sesiones, pero se veía precioso. Luego llegó el turno de Midousuji, ni se inmutó ante el dolor, aunque le dolía, no era tan terrible como recibir una herida de katana o de alguna flecha, Onoda le miraba con gran admiración.
Cuando terminó agradecieron por el tatuaje, pagaron y se fueron, Onoda recién caía en cuenta de la gran decisión que acaba de tomar, era como si con ese tatuaje se juraran amor eterno, no estaba seguro si será digno de un hombre tan admirable como su maestro, pero se esforzará para estar a la altura. Midousuji pensaba en la locura que acaba de cometer, pero cree que fue la mejor opción para darle seguridad a Onoda, aún los fantasmas del pasado le persiguen, pero espera poder proteger y amar a su pequeño pupilo como se merece.
- Midousuji-sama.- le llamó mientras caminaban.- No sabía que tuviera dinero para pagarles.-
- Se lo robé al comerciante.- dijo con una sonrisa traviesa, tapó su boca tratando de hacerla más sutil. Onoda asintió aceptando la respuesta, no podía reclamar nada puesto que él lo conoció mientras robaba un saco de arroz.-
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Onoda Sakamichi de 15 años, era un huérfano, no tenía casa, ni a donde ir, sobrevivía comiendo sobras o robando comida, escapaba y se jugaba la vida solo para comer una pequeña fruta o verdura o cualquier alimento que pudiera comer al momento, prefería robar frutas, no necesitaba aliñarlas para darles más sabor. Ese día de verdad quería comer un plato de arroz y sin pensarlo demasiado le robó a un comerciante en plena calle, siendo visto por la gente del pueblo y los mismos vendedores. Además de una persona más, quien se encontraba comprando en el puesto de enfrente.
Onoda corrió con el saco de arroz, pero no podía ir rápido porque este le pesaba demasiado, se alejó de todos los puestos, ya no había gente a la vista, pero muy pronto se tropezó y cayó, siendo alcanzado por el comerciante a quien le robó.
- ¡Maldito mocoso, pagarás por esto!.- dijo furioso empuñando una katana listo para cortarlo, Onoda vio su muerte llegar y aterrado, se rindió cerrando los ojos.- ¡T-Tú...!- notó la voz asustada del hombre.-
- Kimo, que hombre tan asqueroso, dejas que te roben así de fácil y ahora quieres saldar cuentas con un niño.- dijo una voz desconocida para Onoda, abrió los ojos viendo que un hombre bastante alto y delgado detuvo la katana del comerciante atravesando la suya, ni siquiera tuvo que ponerse él en medio, ni usar mucha fuerza, de repente sintió una enorme admiración y gratitud por ese hombre que acababa de conocer.-
- ¡¿De qué hablas?!¡Tú como ronin eres peor que escoria, todos conocen tu nombre y como te desonraste en frente de uno de los daimyou!.- gritó asustado, Midousuji en una maniobra con su katana lo desarmó y puso su arma en el cuello del hombre.-
- Te pido que cuides tus palabras si no quieres que te corte la cabeza.- dijo con desinterés para luego sonreír divertido.- No es como que el niño me interese, mi cuerpo se movió solo.- dijo mientras el hombre sudaba frío.- Vete, eres un asco... no mereces ser cortado por mi katana.- dijo entre risas mientras guardaba su arma, el comerciante huyó despavorido.-
- E-Eso fue increíble, señor...- dijo Onoda levantándose, estaba maravillado por las habilidades de ese samurai, aunque fuera un ronin no puede ser tan malo ¿no? Después de todo le salvó sin siquiera conocerle.-
- Eres un crío asqueroso y estúpido.- dijo sin pelos en la lengua deprimiendo a Onoda.-
- P-Perdón.- se disculpó, el ronin se extrañó por la respuesta.-
- ¿Qué pretendías hacer con un saco de arroz? Se nota que no tienes ni siquiera un lugar donde ir.- le dijo observando su vestimenta toda rasgada y llena de polvo, y él mismo tenía un aspecto asqueroso, flaco y sucio, olía fatal también.-
- Es que... quería comer arroz...- se excusó Onoda sin tener ningún argumento de peso.-
- Kimo, eres un desastre... si quieres puedes cocinar el arroz en mi casa.- le ofreció, a Onoda se le iluminó el rostro y sonrió, esa sonrisa para Midousuji se sintió como si un polvo amarillo rodease a ese chico. "QUE MOCOSO TAN DESAGRADABLE" pensaba mientras su ceño se frunció en un gesto de asco.-
- Sí, muchas gracias.-
Fueron hasta la casa del ronin, Onoda cocinó por sí mismo el arroz y comió mientras veía a Midousuji vigilarlo, le conocía de hace unas horas y ya le tenía una admiración y gratitud tremendas, sentía las ganas de ser como él. Y ahí pasó una idea por su cabeza, acabo de comer y se la comunicó a su interlocutor.
- Midousuji-kun... ¡Quiero ser su aprendiz!.- dijo con determinación, Midousuji le miró como si estuviera loco.-
- ¿Haa? No, ni loco.- respondio de inmediato.-
- ¡¿Por qué no?! ¿No quiere traspasar su conocimiento a otra generación? Es muy bueno en lo que hace... quiero ser más como usted.- le confesó.-
- De eso nada, un chiquillo huérfano debería querer ser aprendiz de un samurai, no de un ronin.- le dijo algo molesto por la terquedad de Onoda.-
- ¡Pero yo quiero aprender de usted!¡Le admiro!.-
- ¡Kimo!.- elevó su voz sorprendiendo a Onoda.- ¡Crío asqueroso! Aunque aprendas algo de mi seguirás muriendo de hambre.-
- ¡No me importa!.- dijo Onoda frunciendo el ceño.- ¡Quiero ser su aprendiz!.- Midousuji frunció el ceño mientras rechinó los dientes de la rabia, Onoda le tenía respeto a aquel hombre así que le sabía mal comportarse así, pero de verdad quería aprender de él.-
- Haz lo que quieras, maldito mocoso.- aceptó abandonando la cocina, Onoda sonrió feliz.- Y dime Midousuji-sama si no quieres morir.- le advirtió asomándose a la cocina.-
- ¡Sí, Midousuji-sama!.-
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Estaba anocheciendo, Midousuji y Onoda veían la puesta de sol mientras comían sus onigiri, ambos con la yukata hasta la cintura, Onoda veía atento como el sol se ocultaba, desvió su mirada hacia Midousuji para tomar otro onigiri, la bandeja de madera estaba entre ellos dos, sin embargo, sus ojos se quedaron fijos en la figura varonil de Midousuji, piel blanca pero algo bronceada, cabello ordenado en un corte algo extraño para la época, espalda ancha, dientes blancos y perfectos, y rostro sereno, siempre calmado e impasible al lado de él. Se sonrojó sin quererlo, se dio cuenta otra vez que Midousuji le gustaba mucho, además ver ese tatuaje en su brazo le daba la seguridad de que ese hombre era todo suyo.
- Akira... eres hermoso.- soltó sin pensarlo realmente, Midousuji volteó a mirarlo anonadado mientras los colores se le subían al rostro.-
- ¡Kimo!.- dijo frunciendo el ceño.- ¿A que viene eso, crío asqueroso?.-
- P-Perdón, solo lo pensé y se me salió sin querer.- habló acelerado.- ... pero sí pienso eso.-
- ¡PIIGIII!.- soltó sorprendiendo a Onoda, jamás vio una reacción así por parte de su maestro, admitía que le gustaba ver esa nueva faceta de él.- Kimo, que asqueroso eres, Sakamichi.-
- Perdón.- dijo con una sonrisa tímida, Midousuji le miró aún con el sonrojo en sus mejillas, apoyó su mano en el suelo de madera y besó los labios de Onoda, debía admitir que le gusta mucho ese mocoso y contra todo pronóstico, volvió a enamorarse una vez más en su vida.-
CONTINUARÁ...
