Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Todos Humanos. Bella&Edward
Capítulo 2: ¡Profesores, dejen a los niños en paz!
Another brick in the wall – Pink Floyd.
— ¿Tienes los papeles de Floyd al día?
— Todo está bien con mi hijo —tomé una musculosa gris que se transparentaba de tan putamente desgastada que estaba y la pasé por sobre mi cabeza—. Los papeles al día, eso suena como si el mocoso hubiera estado en la cárcel o algo parecido, ¿qué insinúas? ¡Ni yo he ido a parar allí!
— ¿Has estado enseñándole nuevas cosas, Isabella?
— Hemos recorrido prácticamente todos Estados Unidos en nuestra van, el muchacho puede que sepa más de pueblos aborígenes de lo que saben tus profesores de secundaria —rodé mis ojos—, él incluso vuela el trasero de Grizz en el póker. Floyd está listo, Ness.
— Mis padres me llamaron Renesmee, no Ness —terminé de subir el pantalón por mis piernas y la observé fijamente.
Si no fuera porque la apariencia de mi hermana era igual a la de mamá, rubia rojiza, ojos verdes, y pálida a morir, podría decir que era adoptada. Pero solo me queda sacar como conclusión que luego de vivir dieciocho años en Forks, bueno, las buenas costumbres se pegan –conmigo no resultó porque yo venía fallada de fábrica–. Renesmee era todo lo que Forks quería en sus adolescentes. Buenas calificaciones, dulce, amable, preocupada, un tanto neurótica y la santa patrona de todos los tiempos.
Todo lo contrario a su descarriada hermana mayor.
— Está bien, Renesmee —abroché mis zapatillas y suspiré—, no tendremos problemas.
— Solo estoy preocupada por mi sobrino.
— Creo que deberías preocuparte de… —me acomodé la gorra en mi cabeza y le di un vistazo a su ropa— Esas faldas… ¿Por qué coño usas esas cosas?, con suerte y se te ve el tobillo, muestra algo de carne mujer.
— ¡No uses ese tipo de vocabulario frente a Floyd! —chilló mi querida hermanita.
— El renacuajo sabe que no debe repetir lo que sale de la boca de mamá —me encogí de hombros—. Y ahora, creo que es hora de que te vayas al colegio, diviértete con los chicos, disfruta tu último año, no lo sé, ¿estudia?
Renesmee infló sus mejillas y, no sin antes darle un beso a mí mocoso, salió de mi habitación enfurruñada.
Sé que, en el fondo de su corazón, me extrañaba.
— Bella, cariño —papá golpeó la puerta de mi habitación luego de llamar.
— ¡Pasa, viejo!
Estaba acomodando la visera de la gorra frente al pequeño tocador que seguía intacto en mi antigua habitación, había pasado el tiempo vertiginosamente, pero era como si en ese lugar siguiera teniendo diecisiete años. Me giré hacia la puerta cuando Charlie la abrió para poder ingresar. Floyd estaba sobre la cama viendo sus caricaturas favoritas mientras terminaba de alistarme. Él ya estaba listo para los tramites que haríamos el día de hoy, usaba su remera que decía "'Kick butt first, ask names later!" (1) que había sido un obsequio de Emmett.
— ¿Irás a la escuela?
— Ajá —asentí, me puse una cazadora encima, luego recogí mi mochila y la colgué sobre mi hombro— Iré a inscribir a Floyd para el año escolar, se lo que debo hacer papá, no te preocupes. Renesmee ya estuvo aquí hinchando mis jodido ovarios —le guiñé un ojo y apagué la televisión, recibiendo quejas por parte de mi pequeño— Hora de partir renacuajo, despídete del abuelo.
— ¡Nos vemos más tarde, abuelo! —chocó su pequeño puño con el de papá antes de engancharse de mi mano.
— ¡Vayan con cuidado, y por favor, no uses malas palabras frente a la directora de la primaria Isabella!
Levanté mi pulgar en señal de aprobación antes de bajar la escalera con Floyd.
Alice y Emmett aún estaban durmiendo sobre los sofás de la sala de estar, nos habíamos olvidado de sacar el colchón que estaba en el ático para tirarlo en mi alcoba. Sip, estábamos apretados, pero nos la arreglábamos. La tienda la abriríamos a las once de la mañana, y recién eran las ocho, así que podían seguir durmiendo. Las clases ya habían comenzado y Floyd estaba un poco atrasado en la inscripción, pero estaba segura de que lo dejarían, ¿quién puede resistirse a esa carita de ángel? Yo los alcanzaría luego, cuando terminara todos los trámites respecto a mi bebé, tal vez y alcanzaba a llegar a la hora.
— ¿Por qué no puedo quedarme contigo? —me preguntó por enésima vez, ya estando en el establecimiento.
— Porque debes aprender, bebé —desordené su cabello—, así serás inteligente y patearás el trasero de mamá.
— No quiero patear tu trasero, mami.
— Bueno, patearás el trasero de los brabucones —le guiñé un ojo y abrí la puerta para que entrara.
— ¿Y si no hago amigos?
La tristeza en su voz estrujo mi corazón de mamá osa. Me acuclillé para quedar a su altura y besé la punta de su nariz dulcemente, mientras con mi otra mano acariciaba su mejilla. Entendía su miedo, su maldita madre era una nómade que no le había dado un hogar estable en sus cinco años de vida, siempre andábamos de un lugar a otro, conociendo, divirtiéndonos, nunca había logrado hacer amigos o crear algún tipo de lazo ya que nunca nos quedábamos el tiempo suficiente para eso.
Pero esta vez sería diferente.
La casa de papá estaba colapsada, pero de algún modo u otro estaríamos bien.
— Los harás, ya verás como todos te querrán renacuajo.
Había otras tres mujeres en la sala de espera que daba a la oficina de la Directora de la primaria de Forks. Rubias platinadas, vestidas como para una sesión de modelaje, ojos azules, la imagen comercial de la mujer Americana. De vez en cuando me echaban unas miraditas de reojo, otra miraba discretamente por sobre la revista que estaba "leyendo". Rodé mis ojos y tomé asiento, subiendo a Floyd a mi regazo, para esperar el llamado de la secretaria.
— ¿Y si no puedo quedarme?
— ¿Por qué no podrías, campeón?
— No lo sé —se encogió de hombros— ¿Y si la directora es cascarrabias? —susurró a mi oído. Solté una gran carcajada, había estado usando esa palabra desde antes de ayer, cuando había escuchado a Esme decirla.
— Bebé, la directora te amará tanto como lo hacemos todos, ¿sí? —golpeé su hombro suavemente con mi puño— Hey, no estarás nervioso, ¿o sí?
— ¡No! —chilló, sus mejillas sonrojándose adorablemente— Un poco… ¡No le digas a tío Grizz!
— Secreto guardado —hice que cerraba mi boca con un candado y luego arrojaba la llave. Ese simple gesto me trajo de regalo una de sus melodiosas risas.
— Isabella Swan, la Directora King la espera.
Me puse de pie tomando a mi pequeño de la mano, caminamos entre las sillas donde se encontraban las otras mujeres para ir al despacho de la Directora. Una vez dentro, cerré la puerta tras nosotros y finalmente vi el rostro de la mujer. Traté de esconder la sorpresa que había llegado a mí una vez revelada su cara, en cambio, una torcida sonrisa se posó en mis labios.
— Rosalie Hale… King, mis disculpas. Quién iba a pensarlo… Lo de Royce lo pensaba, todo el mundo sabía de la pareja modelo, pero… ¿Directora? —solté un silbido por lo bajo, la rubia sonrió con sorna. Tomé asiento frente a su escritorio, indicándole a Floyd que siguiera mis pasos.
— Estaban todos muy expectantes a tu llegada, Isabella —me dijo con esa voz que me traía recuerdos para nada gratos de la secundaria. El cielo y el infierno en el mismo lugar para cualquier adolescente.
— Ya lo creo —reí—, pero no estoy aquí para hablar de mi ni de ti, estoy aquí por él —apunté a mi renacuajo, quien sonrió abiertamente— Necesito una plaza, Rosalie. Floyd necesita entrar.
— Las plazas están todas ocupadas, Isabella. El año escolar ha comenzado, ¿no pensaste, tal vez, en que debiste haber sido más responsable?
— Bueno, no todas tenemos el beneficio de tener un marido influyente, ¿no? Algunas nos ganamos el trabajo con arduo esfuerzo —suspiré y observé a mi pequeño que se veía levemente decepcionado— Mira, no suelo hacer esto, nunca —alcé mis cejas— pero por mi bebé soy capaz de todo. Hazle una prueba, pídeme lo que quieras, pero por favor no lo dejes fuera.
Me estremecí levemente cuando utilicé la palabra mágica.
— Lo siento, no tenemos más cupos —y la muy zorra sonrió.
— ¡Prometo portarme súper bien! —chilló mi pequeño, poniéndose de pie sobre la silla— ¡Por favorcito! —la reina del hielo iba a hablar otra vez, quizá que cosa iba a decir para romper el corazoncito de mi bebé, pero la interrumpí.
— Corazón, ten, Sex Pistols para ti —le entregué mi Ipod y coloqué los audífonos sobre sus orejas, subiendo la música al máximo volumen. Floyd rápidamente se olvidó de donde estaba y comenzó a mover su pequeña cabeza de atrás hacia adelante al compás de las melodías— Mira, Rosalie. Puedes ser todo lo perra que quieras conmigo, me vale mierda, lo juro. Pero no con mi hijo, no le hagas esto por cualquier puto rencor que me tengas.
— ¡Te acostaste con mi novio! —rodé mis ojos.
— Lo hice, una vez, no fue la gran cosa, su pequeño problema es, por otro lado, algo en lo que me compadezco de ti —levanté mi dedo meñique y lo flexione repetidas veces— si sabes de que hablo. Fue hace muchos malditos años, ¡supéralo, te casaste con él!
— ¡Jugaste con mi primo!
— ¿Edward? —resoplé y entorné mis ojos— No jugué con él, el chico bonito sabía que yo me iría al día siguiente y que era cosa de una noche, ¡él fue a mí para que le quitara su virginidad! Ustedes… —hice un gesto con mi mano abarcando toda la sala— son tan exagerados y rencorosos, todas esas cosas que recuerdan con ahínco pasaron hace milenios. ¿Por qué quieres castigar a mi hijo por los errores que yo he cometido? Espera, ¿Dios no habla sobre el perdón al prójimo o una mierda así?
Había leído un poco de la Biblia, uh, antes de usarla para hacer algunos porros cuando faltaba papel.
— Tu hijo no tiene la culpa de tener una mamá tan… Sangrona.
— Exacto.
— Él es un pobre angelito indefenso en las manos de una… Cualquiera.
— ¡Lo estás entendiendo, Rosalie! —chillé, dando pequeños aplausos.
— Pobre chico, Floyd, ¿qué clase de nombre es ese?, la vida que le espera junto a…
— Ya, vale, bájale a los insultos rubia —fruncí el ceño.
Rosalie carraspeó, volviendo en sí. Cruzo sus manos sobre el escritorio, no pude obviar el hecho de que sus uñas estaban pintados de un rosa tan chillón que estaba segura había dañado mis pobres ojos. Tenía el anillo de casada sobre su dedo, allí, una gigantesca piedra brillante que se burlaba de mí. La magia que haría vendiendo una piedra de ese tamaño.
— Floyd tiene que rendir una prueba de admisión antes de ingresar a su nivel, si quieres puedo tomarle la prueba enseguida, la reviso, y lo ingresamos inmediatamente si el porcentaje es el adecuado, para que no pierda más tiempo —asentí entusiasmada— Son diez preguntas, si responde más de seis tu hijo está dentro. ¿Me haces el favor de retirarte y esperar fuera? —hice un gesto con mi mano y le sonreí, incluso tuve el lésbico pensamiento de besarla— Esperemos que el niño sea como su tía.
Creo que Renesmee era connotada por estos lugares, meh.
— Bebé, harás una prueba —le dije al momento en que retiré los auriculares de sus oídos.
— ¿Una prueba, ma'?
— Si pasas esta prueba, podrás ingresar al salón a hacer nuevos amigos —le guiñé un ojo, notando como sus facciones cambiaban y mordía su labio inferior debido al nerviosismo—. Lo harás bien pequeño, recuerda todas las cosas que hemos aprendido y responde correctamente a las preguntas de la señorita King —asintió—, y recuerda, nada de malas palabras, solo…
— Solo mamá tiene derecho a decirlas porque tiene una boca de alcantarilla, y no queremos que el hada de los dientes, que le teme a las alcantarillas porque hay ratones, no me deje dinero por mis dientes.
— ¡Exacto! —dejé un beso sobre su cabeza—, estaré fuera.
Creo que yo estaba más nerviosa que él.
Las arpías seguían fuera, con sus miraditas idiotas y cuchicheos entre ellas. Yo, en cambio, estaba pendiente de la manecilla del reloj y mordía mis uñas de vez en cuando, contando los segundos que pasaban. Incluso me había quitado la chaqueta cuando comencé a sentir calor, extraño. Confiaba en los conocimientos de mi pequeño, sabía lo justo y necesario para un niño de su edad, pero eso no evitaba que los nervios me invadieran de una manera tan brutal. Era mi bebé y estaba dando una prueba de admisión, ¿esas mierdas no eran para la Universidad?, ¡aún quedaba tiempo para eso!
Joder, solo habían pasado tres míseros minutos.
— Papá dice que no puedo rayarme el cuerpo con mis plumones, ¿tu papá no te reta por rayar tu cuerpo con tus plumones? —fruncí el ceño al escuchar una suave voz, al girar mi cabeza me encontré con una pequeña niña pelirroja, unas adorable pecas adornaban el puente de su nariz y sus ojos verdes eran grandes, curiosos y expresivos.
— Uh, no, verás, no son plumones —pasé mi mano sobre el tatuaje de flores que tenía en mi hombro— ¿Ves?, no salen. Papá no me regaña, pequeña Weasley, porque estoy bastante mayorcita para rayar mi cuerpo.
— ¿Puedo tocar? —me preguntó, abriendo sus ojos aún más si es que era posible. La pequeña Weasley se inclinó sobre mí, observando con curiosidad todos mis tatuajes, luego sus ojos se posaron en la argolla de mi nariz y la pelotita de mi labio— ¿No te duelen esos? —acercó su dedo lentamente a la perforación de mi labio y luego lo retiró con rapidez, haciendo una extraña mueca con sus labios.
— Para nada, ven aquí —la tomé en mis brazos y la acomodé sobre mi regazo. La adorable niña tocó con su dedo índice mis perforaciones, y luego delineo mis tatuajes con suma lentitud— ¿Dónde está tu madre, tesoro?
— Es un angelito del señor —me contestó como si nada, sin dejar de observar mis tatuajes.
Ugh.
Bien hecho, B, la cagaste.
Momento incómodo.
— Uh, está bien —carraspeé y observé a lo largo de la sala para ver si alguien lucía desesperado en busca de una niña. Nope, las tres mujeres seguían enfrascada en lo suyo— ¿Tu padre, familia, el coco?
— Papi está en el baño, tía Rosie está allí —apuntó la puerta donde aún se encontraba mi hijo. Cuando dijo "tía Rosie" y, luego de escuchar el fuerte bramido, tan igual al rugido de un león, proveniente de uno de los pasillos, bueno, paso de ser la pequeña Weasley, a ser la pequeña Grace— ¡Y el coco no existe, bobita! —rió adorablemente.
La pequeña Grace Cullen.
— ¡Grace! —Edward estaba todo saltón, mirando a su pequeña que estaba en mis brazos. La niña lo observaba con una dulce sonrisa en sus labios— No vuelvas a hacerme eso, pequeña, ¿qué te he dicho sobre andar sola?
— ¡Mira papi, ella tiene dibujos y su papi no la reta! —la niña se agarró de mi cuello como un pulpo, enredando sus tentáculos en mí. Y su padre me quería matar con la mirada, ¡y yo no había hecho nada!— ¿Puedo quedarme con ella?
— No, ven aquí —me la arrebató bruscamente de los brazos—. Y esto es para ti Isabella, escúchame bien —su rostro se giró hacia su hija y le susurró algo al oído. La niña cubrió sus oídos con ambas de sus manitas y Edward prosiguió— No te quiero ver a ti, ni a ninguno de tus amigos, cerca de mi pequeña. ¿Me has escuchado?, y tampoco quiero…
— ¡Mamá, lo hice! —Floyd salió corriendo del despacho de Rosalie, y se lanzó a mis brazos— He obtenido un siete, mami, ¡Un siete de diez!, ¿es eso bueno? —frunció su ceño graciosamente, no pude hacer más que reír.
— Eso es fenomenal, renacuajo.
— Papi dice que un siete pudo haber sido un diez, si dejara de ver la televisión donde los abuelos —fruncí el ceño y observé a la pequeña niña que inocentemente había soltado aquella frase.
— La televisión es mala para tus neuronas, cariño —Cullen replicó, frunciendo el ceño.
— ¿Qué son nuronas? —Floyd miraba a Edward con los ojos entrecerrados— ¿Él aún esta cascarrabias, mami?
— El nació así, bebé.
— ¿Por qué le dices bebé?
— Porque… ¿Es mi hijo? —estaba un poco aturdida por la pregunta de la niña— Es mi bebé, tiene cinco nada más —me encogí de hombros. ¿Por qué carajos le estaba dando explicaciones a una petiza?
— Él tiene estos —Grace me mostró su manita, extendiendo sus cinco dedos— igual que yo, y papi dice que ya no soy una bebé —la niña infló sus rosadas mejillas, enfurruñada—. Papi me llama Grace porque ese es mi nombre y ya estoy grande —y le sacó la lengua a Floyd.
— ¡Mami me llama bebé porque me quiere! —y mi niño le sacó la lengua también.
— ¡Papi también me quiere, me da brócoli cuando me saco una buena calificación! —la pelirroja se cruzó de brazos y sonrió. Abrí mis ojos con sorpresa ante su gesto tan… Adulto.
— ¿Brócoli?, ¡puaj!, ¡mami me regala snickers cuando yo quiero! —y ahora fue el turno de Floyd de sonreír, haciéndose el vencedor. Grace observo a su padre con tristeza.
— ¿Por qué yo no puedo tener snickers, papi?
— Porque son dañinos para tu salud, dulzura —suspiró— ¿Recuerdas lo que dijo tío Jasper?, si comes chocolate tu garganta se cerrará y el aire no llegará a tus pulmones…
— Y explotaré, manchando de sangre la sala de la abuela —Edward hizo una extraña mueca con sus labios y abrió sus ojos de par en par.
— ¿Jasper te dijo eso? —la pequeña asintió—, procura no escuchar a tu tío. Si comes chocolate tu garganta se cerrará y no podrás respirar, amor.
— Pero no todos los dulces son chocolates, papi.
— Pero son igual de dañinos, corazón, y pueden hacerte crecer como una pelota de playa.
— Relájate un poco, hombre. Una golosina de vez en cuando no le hace daño a nadie, como tampoco un poco de televisión, ¿qué crees que estás haciendo?, ¿criando un robot? —me puse de pie con Floyd en mis brazos y me paré frente a Edward— ¡Son niños!, la chica no puede comer chocolate, ya está jodida, ¡dale una piruleta o algo!
— No me digas cómo criar a mi hija —se acercó un poco más a mí, su ceño fruncido aún— Estoy haciendo un buen trabajo con ella, para que sea decente, una buena chica y no como…
— ¿Cómo yo? —rodé mis ojos— ¿Aún estás resentido?, ¿qué problema tienen ustedes los Cullen-Hale? ¡Crezcan, por el amor de Dios! Pensé que habíamos dejado todo en buenos términos —Edward sonrió con burla.
— ¿Tú me estás diciendo a mí que crezca?
— Edward, vete a la verga.
La pequeña Grace abrió sus ojos enormemente y cubrió su boca con una de sus manos, una pequeña risita escapó de su sus labios ante la "palabra prohibida" que yo había dicho. Edward estaba como en estado de shock porque su adorada niña había escuchado la palabra "verga", tampoco era para tanto, ¿no? Floyd la escucha seguido y sigue siendo un bueno niño.
Rodé mis ojos y dejé a mi hijo sobre sus pies.
— Mami, la directora King me pidió que te diera esto —Floyd me entregó una hoja donde Rosalie me indicaba el número de sala que le correspondía a mi niño. La sala número ciento seis con la maestra Weber.
— Bien, el salón ciento seis —rasqué mi nuca y miré a lo largo del pasillo. Por el rabillo de mi ojo le eché una miradita a Cullen que aún permanecía de pie junto a mí con ese ceño fruncido permanente— Hey, tú, ¿sabes dónde queda esto?
— ¿Por qué debería decirte?
— ¡Joder, eres desagradable! —bufé— Olvídalo, lo buscaré por mi cuenta —tiré de la mano de Floyd para caminar a lo largo del pasillo buscando su sala— Fue un gusto conocerte, pequeña Weasley —y el ceño de Cullen se pronunció aún más—, ojalá y no seas una cascarrabias como tu padre cuando crezcas —luego me giré nuevamente hacia él— ¡Tu madre tiene razón cuando dice que te hace falta un buen polvo!
Mi hijo solo le sacó la lengua a ambos personajes, antes de caminar tranquilamente tomado de mi mano.
Nos tomó bastante tiempo buscar el salón. A decir verdad, aún rondábamos por los espacios de la primaria de Forks, tratando de encontrar el ciento seis, ¿tanto le costaba a King dibujar un puto mapa o alguna indicación como "está junto a la flor naranja"? Y el idiota de Edward, maldito cabrón, ¿qué le costaba decirme donde coño se encontraba la sala? Tanto odio en sus cuerpos hacia mi pobre persona, era joven y alocada, cometí errores, lo sigo haciendo, pero en un pueblo lleno de niñitos correctos eso era un sacrilegio.
¡Hola!, ¡somos humanos y no somos perfectos!
— ¿Entrarás conmigo?
— No puedo entrar contigo, Floyd —estábamos en el patio del colegio, apoyados en el tronco de un árbol— Si no encontramos tu salón rápidamente, tendremos problemas compañero.
— ¿Mamá?
— ¿Si, bebé? —mi pequeño me observaba contrariado, como si quisiera preguntar algo, pero a la vez tuviera miedo de ello— ¿Estás bien renacuajo?, ¿te sientes mal?, ¿te duele la panza? —entrecerré mis ojos— ¡El abuelo te dio chocolate!
— El abuelo no me dio chocolate, ma' —Floyd rodó sus ojos como si yo estuviera siendo absurda— Mami, ¿por qué todo el mundo aquí parece estar tan enojado contigo? Incluso tía Reneswe—me quedé en silencio por un momento y luego le sonreí con tristeza.
¿Qué le podía decir?
¿Qué su madre era la manzana de la discordia?
— ¿Aún necesitas ayuda con el salón? —fruncí el ceño y miré hacia mi derecha. Edward estaba de pie ahí sosteniendo la mano de su pequeña, una mueca enmarcaba sus labios y una de sus cejas estaba alzada en mi dirección— El salón ciento seis es el mismo de Grace, puedo llevarlos.
Abrí la boca para soltar algún sarcástico comentario, el cual comenzaría con otra riña. Pero antes de venir a Forks me había hecho una promesa a mí misma, una promesa por lo más importante que tengo en el mundo que es Floyd. Esa promesa significaba que iba a tratar, por mi renacuajo iba a tratar de ser una mejor persona.
— Gracias —murmuré entre dientes, ganándome una sonrisita pedante por parte del niño bonito.
Caminamos en silencio detrás de Edward y su hija, creo que a Floyd no le agradaba mucho la pequeña niña, y… Bueno, su padre se había convertido en un hincha bolas certificado, así que puede decirse que entendía un poco el sentimiento de mi hijo. Finalmente llegamos al salón, creo que estúpidamente yo había pasado frente a él con Floyd antes de salir al patio, pero que importa, ya estábamos aquí. Cullen golpeó con sus nudillos tres veces, la puerta la abrió una morena con rostro de corazón, quien sonrió dulcemente a Grace.
— ¡Grace, te estábamos esperando, entra cariño! —la niña se despidió de su padre y corrió dentro del salón, con su rosada mochila colgando de su hombros. Los ojos de la maestra se posaron en nosotros, Floyd se apretó contra mi costado y escondió su rostro ligeramente— ¿A quién tenemos aquí?
— Floyd Swan —sonreí a modo de disculpa por la actitud de mi pequeño, la verdad es que nunca habíamos estado tanto tiempo separados—, la directora King mandó esto —le entregué la hoja a la maestra.
— ¿Floyd? —llamó. Mi pequeño levantó levemente su cabeza para observarla a través de su flequillo. Creo que papá tenía razón sobre su corte de pelo, este ya le llegaba hasta un poco más allá de la barbilla— ¿Quieres despedirte de tu madre antes de entrar a hacer nuevos amigos? —asintió, tomando el dobladillo de mi musculosa entre sus manitas. La maestra Weber me guiñó un ojo y sonrió.
Me agaché a la altura de mi pequeño y retiré el cabello de sus ojos. Me rompió el corazón ver como sus ojitos estaba cristalizados por las lágrimas no derramadas. Mi pobre bebé. Dejé un beso sobre su frente y lo atraje hacia mí en un abrazo de oso.
— No quiero.
— Tienes que hacerlo, bebé, mamá necesita ir al trabajo, luego vendré a recogerte con tío Grizz y tía Tink, ¿sí? Así podrás contarnos sobre tu maravilloso día y cuantos amigos hiciste —Floyd escondió su rostro en mi cuello y negó con su cabeza— Floyd Swan, ve ahí dentro y haz muchos amiguitos.
— No.
— Mocoso…
— ¡No!
— Hey, mírame —lo tomé por sus hombros, sus ojitos rojos por las lágrimas derramadas. Joder, era tan difícil ser madre—, ¿sabes porque la gente de aquí está tan enojada conmigo? —negó con su cabeza— Bueno, porque mami nunca encajó en este lugar —me encogí de hombros—, pero eso no tiene nada que ver contigo, ¿sí?, tu encajaras perfecto aquí tal cual lo hizo tía Ness, porque tú eres mejor que mami —le guiñé un ojo y besé su mejilla—. Ahora ve ahí dentro y patea algunos traseros —la maestra Weber abrió sus ojos sorprendida— Uh, olvida eso, sin patear traseros, haz el amor no la guerra, sigue las palabras de sir Lennon —rodé mis ojos cuando la maestra estiro su mano hacia él satisfecha con mis palabras. Floyd vaciló por unos segundos, pero luego de dejar un sonoro beso sobre mi mejilla, tomó la mano de la maestra y los dos se perdieron dentro del salón.
Bueno… ¿por qué nadie me había advertido de lo difícil que era el primer día de clases?
— ¿Estás bien? —había tratado de ignorar a Edward, que por una extraña razón había permanecido aquí incluso y cuando su hija había entrado al salón sin problema alguno.
— Estoy bien —asentí, con la vista fija en la puerta— Putamente bien. Será mejor que me vaya, gracias Cullen, nuevamente, por ayudarme con la sala —carraspeé y di media vuelta para salir de allí— Uh, no estamos viendo, supongo.
Y corrí, porque estaba completamente segura de que si seguía un minuto más de pie allí frente a la puerta del salón iba a entrar a esa puta aula y sacar a mi hijo en brazos de aquel lugar rápidamente, para tenerlo a mi lado todo el tiempo que fuera posible.
Crecen tan rápido.
…
— ¡Les quedó realmente hermoso y acogedor!
Los tres giramos las cabezas cuando la voz de Esme llegó desde la puerta principal. Habíamos estado aquí por unas cuatro horas y solo recibíamos visitas de algunos curiosos que querían echar un ojo a los freaks del pueblo. Esme lucía una gran sonrisa en su rostro, una vaporosa falda de colores y un pañuelo sobre su cabeza eran su atuendo.
Definitivamente me recordaba bastante a mamá.
— ¡Esme!, un gusto tenerte aquí mujer —me acerqué a ella y dejé un beso sobre su mejilla.
— Le dije a Charlie que sería el primer cliente que tendrían, chicos. Yo cumplo mi palabra —nos guiñó un ojo—, así que aquí estoy. Si mal no recuerdo, tú eres la que hace perforaciones, ¿cierto? —asentí— bien cariño, siempre he querido tener una de esas —y apuntó la argolla de mi nariz.
— ¿Estás segura?, ¿qué piensa nuestro querido reverendo y tu adorado hijo sobre esto?
— ¿Es que acaso tengo quince años? —Esme rodó sus ojos— Jasper dice que seré la mamá más cool del mundo —reí ante la salida que tuvo— No es como si no lo fuera ya —Esme sonrió con diversión.
— Estoy segura de que Jasper dijo eso, pero me refería a tu otro hijo, el que sigue los pasos de papi, Edward.
— No seas así con mi bebé, él tan solo es incomprendido —alcé una de mis cejas y volví a reír—. Carlisle y Edward no saben nada de esto, así que será una sorpresa para ambos. ¿Siempre interrogas así a tus clientes?
— No suelo conocer a la familia de ninguno de mis clientes —me encogí de hombros y me giré hacia los chicos— Lamentablemente para ustedes, esta hermosa mujer es mía. Sígueme Esme —la guie entre la silla para tatuar, donde estaba echado Emmett, quien le hizo una seña con su mano a modo de saludo— Adelante —abrí la puerta del cuarto de perforaciones, cerrando la puerta una vez las dos estuvimos dentro— Mira la vitrina de allí y dime cual te gusta.
— ¿Puedo ponerme cualquiera de estos? —me acerqué a ella y apunté los piercings que estaban a la derecha.
— Cualquiera de esos, argollas, brillantes, puntitos, elige uno y yo haré el resto.
— Me quedo con ese —Esme apuntó una pequeña brillantina plateada. Sonreí y le indiqué que tomara asiento en la silla reclinable.
Me lavé las manos con desinfectante y luego me coloqué unos guantes quirúrgicos, la limpieza ante todo. Tomé el pequeño arete con unas pinzas y lo dejé en un frasquito desinfectado. Existían dos maneras de hacer estas cosas, con una pistola para perforaciones, o a pulso con una bránula. Yo prefería la segunda, nunca había confiado plenamente en la pistola ya que no había certeza de que la perforación quedaría bien porque esta seguía un solo camino, en cambio de forma manual, uno podía guiar la aguja por el camino que quisiese.
Pero cuando se trataba de pequeñas brillantinas, era necesario usar la pistola.
— No te dolerá nada, ya verás —marqué con un plumón un punto sobre el lado izquierdo de la nariz de Esme y luego le entregue un espejo— ¿Está bien ahí?
— Está perfecto, cariño —Esme me regresó el espejo y volvió a acomodarse sobre el asiento.
Eché un poco de desinfectante sobre el lado izquierdo de su nariz, donde estaba el punto que había dibujado con anterioridad. Luego saqué la pistola y se la mostré a Esme, ese era un movimiento que había que hacer, al igual que abrir todo tipo de productos ante la atenta mirada de los clientes, le daba confianza a la gente sobre la higiene del lugar. Acomodé la brillantina plateada en la pistola y la acomodé sobre la nariz de Esme.
Esme cerró los ojos.
Y yo apreté el botón.
— Listo, ha sido todo.
— ¿Eso y nada más? —su ceño estaba fruncido, le acerqué el espejo para que se viera— ¡Se ve maravilloso! —chilló Esme, sonriente, sin dejar de mirar su reflejo— Tienes unas manos realmente suaves, ¡ni siquiera sentí el pinchazo!
— Eso fue gracias a esta bebé —apunté la pistola—, me alegra que te guste.
— ¿Dónde cancelo? —me preguntó una vez estuvimos fuera del cuarto.
— Tink, ella es la encargada de eso —apunté a Alice que estaba tras el mesón que se encontraba en la entrada, detrás del ventanal que daba a la calle.
Esme se despidió de nosotros con un amoroso beso en nuestras mejillas, luego de halagar mi trabajo y agradecerme una vez más, y a Alice, por haberle entregado los papeles que fotocopiamos con los cuidados de una perforación o un tatuaje, la campanita de la puerta de entrada nos indicó que había dejado el lugar y nuevamente nos encontrábamos solos. Ahora había que seguir esperando, para que, por arte de magia, llegara un nuevo cliente…
Joder.
— Le prometí a Floyd que iríamos a recogerlo los tres —murmuré, dejando caer mi cabeza sobre el mesón— Este día ha sido apestoso, un puto cliente, ¿qué coño es eso? Deberíamos hacer algo al respecto.
— ¿Los primeros diez clientes tendrán tatuajes gratis?
— Ni de coña, Tink —Emmett negó con la cabeza— ¡Ya sé!, una muestra en la plaza del pueblo. Podríamos promocionar la tienda, y hacer muestras de tatuajes y perforaciones gratis. Sé que es peor que los diez tatuajes gratis que dijo Tink, pero piénsenlo, ellos verán de primera mano cuan buenos somos.
— No podeos darnos el lujo de regalar, Grizz.
— Tampoco podemos seguir así, es el primer día, carajo, lo sé, pero ¿estás segura de que los próximos serán mejores? La gente de este pueblo está reprimida, tal vez solo necesitan un empujoncito de nuestra parte.
— ¿Desde cuando hablas tan… Maduramente? —una divertida sonrisa se formó en sus labios y me guiñó un ojo, mientras se cruzaba de brazos y se apoyaba contra el mesón— Una exposición de nuestro trabajo… —hice una mueca, pensando— ¿Qué piensas Tink?
— ¿Qué es de la vida sin riesgos? —se encogió de hombros— hagámoslo.
— Hagámoslo —juntamos nuestros puños en el aire como una promesa indirecta, de la cual ninguno quería hacer comentario. Haríamos lo posible por permanecer en este lugar.
…
Estábamos fuera de la primaria esperando a que Floyd saliera de su primer día de clases, no podía dejar de morder mis uñas mientras veía pequeños niños salir de sus salones haciendo una fila tras la maestra, para luego correr desbocadamente hacia sus padres. Alice y Emmett me acompañaban, los tres estábamos recargados contra la van esperando a que el renacuajo saliera corriendo entre ese mar de pequeñuelos.
— ¿Cómo crees que se lo haya tomado? —Tink tenía la vista fija en la puerta de entrada de la primaria cuando me hizo esa pregunta. La miré de soslayo y suspiré.
— Espero que bien, por su propio bien espero que todo haya ido de maravillas —tallé mi ojo derecho antes de seguir hablando— No lo viste, cuando tuvo que entrar al salón, él estaba tan jodidamente triste y asustado —me giré hacia Emmett y lo apunté con mi dedo índice— ninguna palabra sobre esto, Floyd casi tuvo un colapso nervioso al pensar en que diría tío Grizz si supiera lo nervioso que estaba.
— Sabes que no lo haría, B —Emmett sonrió.
— Más te vale, campeón. Mi padre es policía y se cómo robar su arma.
A lo lejos vi a la maestra Weber seguida de una fila de unos veinte niños pequeños. La pequeña Weasley encabezaba la fila, sus coletas pelirrojas rebotaban a cada saltito que daba, una enorme sonrisa adornaba sus labios. Ese era el salón de mi pequeño, me acerqué rápidamente a la puerta, dejando a los chicos atrás, para ir a coger a mi bebé. Los padres se amontonaron tratando de ver a sus pequeños, me alcé en las puntas de mis pies buscando la cabellera caoba de mi pequeño, pero no la encontraba.
Me estaba alterando.
¿Dónde podría estar?
El tumulto de gente se estaba dispersando mediante recogían a sus hijos, cada vez iba quedando menos gente y yo no encontraba a Floyd por ningún lugar. Me acerqué a la maestra con el ceño fruncido, no había pasado por alto que la niña Cullen seguía de la mano de Weber, la sonrisa que había en su rostro con anterioridad cada vez más se estaba desvaneciendo.
— ¿Dónde está Floyd? —puede que la pregunta haya salido un poco brusca, la maestra dio un leve respingo ante el tono de mi voz. ¿Por qué no estaba con los otros niños?
— Floyd está aún en el salón, señora Swan —me respondió un tanto nerviosa— Necesito que me acompañe —asentí—, tan solo estamos esperando al señor Cullen.
— ¿Qué tiene que ver Simba en esto? —la maestra Weber alzó una de sus cejas ante mi apodo a Edward— ¿Qué le pasó a mi hijo? —la maestra sonrió con censura e hizo una mueca con sus labios, apuntando levemente a Grace que me observaba con un poco de temor en sus ojos— Enseguida regreso.
Caminé de regreso hacia los chicos, ambos me observaban confundidos. Suspiré y desordené mi cabello, comencé a jugar con el arete de mi labio con nerviosismo a la vez que llegaba a su lado y les contaba sobre las palabras dichas por la profesora. Me hicieron una seña, indicándome que esperarían lo que fuera dentro de la van mientras yo arreglaba lo que fuera que tuviera que arreglar en el primer día de Floyd.
Mi idea de que el fuera un buen niño y no un caso perdido como su madre se estaba yendo a la mierda.
¿Qué habrá hecho?
— ¡Señora Swan! —la maestra me estaba llamando, Cullen estaba junto a ella y sostenía a Grace en sus brazos. La pequeña tenía su rostro escondido en el cuello de su padre, y el susodicho me observaba con su ceño fruncido.
— B —murmuré, observando a Weber.
— ¿Disculpe?
— La señora Swan fue mi madre, yo soy B —la morena asintió, sus mejillas tenuemente sonrosadas.
— Entendido… B —sonreí—, por favor síganme.
Caminamos tras la maestra en completo silencio, Cullen iba murmurando suaves palabras al oído de su hija, quien asentía y se aferraba aún más a su cuello. No entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero algo me decía que Floyd estaba en problemas. Para seguir con este día de mierda, simplemente genial. Cuando llegamos al salón, ingresé rápidamente en él, al fondo de este estaba mi hijo sentado en una de esas pequeñas mesas características de estos lugares, su rostro estaba inclinado ligeramente hacia abajo, haciendo así que su largo cabello lo cubriera parcialmente.
— ¿Renacuajo? —murmuré, caminando hacia él— Bebé, mírame —su cabecita se movió de manera negativa—. Floyd, por favor, sabes que no te regañaré bebé, mírame.
Y cuando levanto su rostro vi todo rojo.
Rojo, burdeo, borgoña, sangre.
Tomé su rostro entre mis manos, tenía un golpe en la mejilla derecha que estaba cambiando de color con rapidez, estaba de un rojo realmente fuerte, pronto se transformaría en un cardenal. Suspiré y conté mentalmente hasta diez para tranquilizarme, acaricie con cuidado su mejilla y dejé un beso sobre su frente.
— Tú me dijiste que no golpeara traseros, mami —murmuró como pidiendo disculpas por no haberse defendido.
Aquí iba a correr sangre.
— Isabella…
— Cubre tus oídos, bebé —Floyd asintió tenuemente y obedeció a mis palabras después de que pusiero los auriculares en sus oídos, lo tomé en mis brazos en un veloz movimiento. Con sus oídos aun tapados se acurrucó contra mí, escondiendo su pequeño rostro en el hueco entre mi hombro y mi cuello.
— ¿Quién fue el hijo de puta que le hizo esto?, ¡voy a matar a ese bastardo, me importa una reverenda mierda si tiene solo cinco años! —chillé, dando grandes zancadas hasta llegar donde la maestra y Edward esperaban de manera paciente— ¿Quién carajos lo hizo? ¡Y en su primer día, cabrones!
— Señora Swan…
— ¡Es B, joder! —la maestra abrió sus ojos de dos en dos y asintió, asustada.
— B-B… —carraspeó y continuó— Floyd tuvo unos cuantos problemas en su primer día —alcé una de mis cejas, para no soltar un sarcástico "no me digas, genia"—, por eso quise que esta señorita estuviera aquí —apuntó a la pequeña Cullen que seguía observándome con temor—. ¿Tienes algo que decir, Grace?
— L-Lo s-siento —murmuró, su labio inferior temblando tenuemente—, n-no lo volveré a hacer.
— ¿Qué sientes? —nuevamente mi voz salió más brusca de lo necesario.
— Tranquilízate, es una niña —Cullen rodeó a su pequeña hija protectoramente con sus brazos.
— ¿Qué es lo que siente? —las palabras salieron entre mis dientes, ignoré completamente a Edward, solo sabía que esa pequeña niña tenía la culpa de lo que le había pasado a mi bebé.
— ¡Floyd se estaba riendo de Marie! —chilló Grace— Y-yo fui donde Ethan y-y le dije que tenía que golpear a Floyd porque estaba riéndose de mi muñeca, a-además Ethan quería ser novios, pero yo no quería agarrar su mano —hizo una mueca de desagrado— así que le dije que lo haría si iba d-donde Floyd —miré la muñeca que la niña sostenía entre sus brazos. Una muñeca de trapo a la que le faltaba un ojo y tenía pelos de lana café.
Era la muñeca más horrible que haya visto en la vida.
Sonreí porque yo conocía esa puta muñeca.
— ¿Me dejas ver tu muñeca? —le pregunté dulcemente, estirando mi mano. La pequeña Weasley me observó con sospecha por unos instantes y luego me entregó su muñeca con suma lentitud. Froté mi mentón en la frente de Floyd para que levantara su cabeza. Floyd me miró, retirando uno de los auriculares para escuchar lo que le decía— ¿Te estabas riendo de su muñeca, amor? —mi pequeño asintió— ¿Por qué?
— P-Porque se parece a ti —sonreí y volví a observar la muñeca de la niña. Claro que se parecía a mí, había sido un regalo para Jasper antes de que abandonara a la banda— ¿V-Ves, mami?, tiene tu playera de Bad Religion.
— Lo sé, cariño —le sonreí a mi bebé y dejé un nuevo beso sobre su frente. Luego me giré hacia la niña maquiavélica y el correctito de su padre. Hijo de puta, ¿no que le estaba enseñando buenos modales a su mocosa?, ¿qué clase de bárbaro comportamiento era ese de mandar matones a hacer su trabajo sucio?, ¡joder, tenían cinco años!
¿Y él no quería que fuera como yo?
Al menos yo me defendía con mis propios puños y dientes a su edad.
— ¿Isabella? —Edward me miraba precavido.
— Deberías enseñarle a tu nenita a resolver sus propios problemas —tomé la cabeza de la puta muñeca de trapo y se la arranqué de un tirón— Nadie se mete con mi bebé, ¿está claro Cullen? —le entregué el cuerpo de la muñeca a la niña que me miraba en estado de shock, y me dejé la cabeza para mí— Enséñale a la pequeña Grace que la próxima vez no utilice los puños, aunque sea de manera indirecta, y se abstenga al dialogo. Floyd no es un puto mono, el entiende con palabras, joder —me giré para abandonar el salón de clases.
— ¡Es una niña, maldita loca con perforaciones! —chilló Edward, bastante afeminado cabe decir.
— ¿Soy loca por tener perforaciones? —lo miré por sobre mi hombro alzando una de mi cejas.
— ¡Por eso y por todo!
— Deberías pensar sobre tus palabras una vez llegues a casa, minino —sonreí—. Una vez que veas a Esme, en realidad. No es nada educado de tu parte tratar de loca a tu propia madre.
— ¿De qué diantres…
— ¿Te dijo Esme que fue nuestra primer cliente? —y dejando esa pregunta en el aire salí de allí.
Esa nenita se había metido con el niño equivocado.
Y Cullen trataba de meterse conmigo. ¿Es que la secundaria no le sirvió de experiencia?
Un gran llanto se escuchó cuando estábamos ya fuera del salón, mientras caminábamos a lo largo del pasillo. Floyd levantó su pequeña cabecita y corrió algunos mechones de su rostro, una adorable sonrisa se posaba en sus labios y alzó su puño para chocarlo con el mío.
— Y la próxima vez, bebé, no te contengas de patear sus traseros, ¿sí?
— Si, ma'.
— Ahora, tus tíos y yo necesitamos tus poderes artísticos —Floyd esperó paciente a que le diera su tarea—. Necesitamos uno de tus diseños, bebé, trabajaremos en la plaza junto a la iglesia para promocionar la tienda y debemos pegar algunos afiches por todo el pueblo, ¿qué dices?
— ¡Sí!
Acaricié su amoratada mejilla con dulzura.
— Bien, porque necesitaremos muchos de ellos.
Sonreímos a la par, se vendría una larga semana para nosotros.
(1) "¡Patea traseros primero, después pregunta los nombres!" (Sí, la playera que usaba mi amor, KStew, en su primer día, aw)
¡Buenas noches!
¡Segundo capítulo arriba!, espero les guste :) Aquí esta la pequeña Grace Cullen, primer día y ya se metieron en problema. Sé que a muchas no les gusta la actitud de Edward XD y tal vez encuentren que Bella es muy bruta, pero así son las cosas (?) todo se irá calmando mediante pasen los capítulos. Respondí todos los rr del capítulo anterior, ¡son todas unos amores! lamentablemente hay chicas que comentan como invitado a las cuales no pude agradecer por mensaje, así que les agradezco por aquí: ¡Gracias por darse el tiempo de leer! En el próximo capítulo se calmaran las cosas entre Edward y B, y llega alguien que yo amo con todo mi ser (?) y como dice el Disclaimer allá arriba, es mío (?) jajajaja.
PS: Llevo 7 páginas de Primerizo y siento que le falta un montón al capítulo para que quede como realmente quiero, así que solo queda la espera, voy avanzando tranquilamente, sé que soy de lo peor por hacerlas esperar ahora en las últimas pero no puedo obligar a mi mente a escribir algo y que no quede satisfecha con el resultado, es peor, porque tendría que borrarlo y empezar de nuevo x) tampoco he escrito de CPCSC porque he estado enfocada en Primerizo, una vez termine con el bendito capítulo final, me tendrán de vuelta (?) :3
Como siempre les digo chicas,
¡muuuuuchas gracias por su apoyo, reviews, alertas, favoritos y todo!
Ustedes rockean intensamente, lo crean o no :3
Lamb.
