Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward
Capítulo 6: Tan fría como un helado.
She's so cold – The Rolling Stones
— ¿A qué viene esto, viejo?
El chico giró su cabeza, observando a Emmett por sobre su hombro. La máquina sonaba mientras Emmett comenzaba a remarcar el tatuaje sobre su espalda, en su omoplato izquierdo. Era un extraño diseño oriental que Emmett había mejorado, era una especie de samurái que tenía un leve parecido con el portador del tatuaje, algunas flores de cerezo adornaban la catana que sostenía el samurái. Era extraño, se equilibraba entre la ferocidad de lo que un guerrero implica y la delicadeza de las flores.
— Un balance, hermano —el pelinegro suspiro e hizo una pequeña mueca—. Mierda, duele.
— Me gusta tu mente, el diseño estaba bastante bien distribuido y es único, ¿lo elaboraste tú? —le preguntó Emm, sin quitar sus ojos de su obra. El chico asintió—, ahora… Prepárate, te dolerá como la mierda —Emmett rió cuando el joven dio un pequeño respingo.
— ¡Hey!, ¿no se supone que ustedes infunden tranquilidad?, estás fallando en eso, amigo —con su ceño fruncido me dio una leve mirada, no pude evitar reír al igual que Emm.
— Estás jodido, esto implica dolor, ¿por qué te diría lo contrario? —quitó el exceso de tinta y prosiguió— además, el dolor es algo psicológico, debes mentalizarte, en cuerpo y alma, para así no sentirlo… O fumarte un porro, cualquiera de las dos sirve —ahora fue el turno del chico reír— ¿Por qué un samurái?
— La gente de este pueblo suele tenerme miedo —su tono de voz se tornó melancólico—, las personas tienden a calificarte por cosas que has hecho en el pasado. No te dan derecho a redimirte, y se hacen llamar buenos cristianos los muy cabrones.
— En eso te doy todo el apoyo, nene —me senté en el taburete y recargué mi cabeza sobre mis manos, escuchando con atención la historia del muchacho. No tendría más de diecisiete años, él venía con una autorización firmada ante notario por su madre, que conste.
— Cuando tenía quince la jodí, bastante grande —asentimos—. Me arrepentí de lo que había hecho, me llevaron a una correccional, volví hace un año atrás y todos me apuntaban con el dedo, es bastante molesto si me lo preguntan, incluso, tengo una mejor idea de donde pueden meterse ese jodido dedo —resopló y se tensó levemente cuando Emmett volvió a pasar con la máquina por uno de los puntos débiles. Volví a reír— Uh, elegí un samurái porque, muchos de ellos en la era Meiji se volvieron buenos, pero su pasado los condenaba. Es casi lo mismo que yo.
— ¿Y las flores? —preguntó Emm, justo cuando las estaba remarcando.
— Las flores muestran el otro lado, las flores están entorno a la espada del samurái por lo mismo, mostrando el doble filo de la persona, lo bueno y lo malo, lo brusco y lo delicado.
— ¿Cómo dijiste que te llamabas?
Su rostro se giró hacia mí nuevamente, una sonrisa inteligente se formó en sus labios.
— No lo dije, en realidad —rodé mis ojos ante su astucia juvenil—. Mi nombre es Nahuel.
— Bien, Nau, me agradas —le guiñé un ojo. El chico hizo una mueca por mi apodo, él simplemente no se iba a salvar de tener un apodo, no con nosotros, éramos los reyes de los apodos por todo lo santo— ¿Tienes diecisiete?
— Casi dieciocho —murmuró con orgullo—, estoy en la misma clase que tu hermana.
— Aw, me compadezco de ti Nau, Renesmee es un dolor en el trasero cuando se lo propone —todo eso lo dije a modo de broma, lo que no me esperaba era que el rostro del muchacho se tornara de rosa, haciendo así que por la vergüenza volviera su cabeza hacia el otro lado.
— Uh, n-no lo es, es… Linda.
Jodida mierda.
¡Resnesmee tenía un enamorado! Y era un chico adorable, un chico al que –dejo mis tetas en juego, si me equivoco siéntanse libres de cortarlas–, por mucha pena que me de decirlo, le romperán el corazón. Él ya debía estar en la lista de "Chicos que no debería mirar" de Ness por culpa de su prontuario.
Aunque, para ser honestos, la pequeña Ness debe tener a todos los chicos de Forks en esa puta lista.
Prejuicios.
Nessie debería ver esa película, Orgullo y Prejuicio.
¿Por qué?, no tengo ni la más puta idea, solo se me vino a la cabeza el nombre.
La campanita sonó, anunciando la entrada de otra persona, quité mi mirada del chico y Emmett para ver entrar a Alice con Floyd de la mano, había sido su turno de ir a buscarlo el día de hoy. Mi pequeño parlanchín venía hablando hasta por los codos, la expresión divertida en el rostro de Alice me causo gracia, Floyd no dejaba de gesticular con sus manitas mientras que Allie asentía a todo lo que él decía.
— ¡Mamá, hoy fue un día fantabuloso! —Floyd rodeó el mesón y se acomodó rápidamente sobre mi regazo, dejó un corto beso sobre mi mejilla y prosiguió a contarme su día—, la maestra Weber nos envió esto —removió en su mochila hasta que encontró un arrugado papel—. ¿Podemos ir?, ¿porfis?, ¿porfis? —y empezó a rebotar sobre mis piernas, el niño no concebía que ya estaba bastante grande para hacer estas cosas y que su peso no era el mismo a cuando tenía dos años.
— Primero tengo que ver de qué trata esto —abrí el papel y lo leí minuciosamente—, un viaje a La Push. Ya conoces First Beach, ¿para qué quieres ir de nuevo? —fruncí el ceño, habíamos dormido incluso en la playa, habíamos hecho una jodida fogata para comer malvaviscos.
— ¡Porque iré con mi curso, duh! —rodó sus ojos y alzó sus brazos al aire, como si mi pregunta fuera de lo más estúpida—, pero tú debes ir conmigo, y tienes que firmar, iremos en la mañana y estaremos allí tooodo el día, ¡iremos todos juntos en el bus escolar!
— ¡B, el chico está listo! —mi atención fue hacia Emmett quien se estaba despidiendo amistosamente del moreno.
— Cuarenta y tres dólares que valieron la jodida pena —le sonreí a Nahuel, recibiendo el dinero que me entregaba—. Tal vez venga pronto a hacerme uno de esos —apuntó mis piercings—, siempre he querido uno en la ceja.
— Aquí estaremos, no tenemos intención de dejar el lugar —le entregué su boleta— Ten, aquí están todas las indicaciones para el cuidado de tu tatuaje, cualquier problema o duda que tengas no dudes en preguntarnos, Nau, no mordemos —fruncí mis labios—. Bueno, puede que Tink lo haga.
— Nau… —negó con su cabeza sonriente, luego observó a Alice por el rabillo de su ojo— No me importaría ser mordido por ella, ¿sabes? —su sonrisa cambió a una coqueta— estaría jodidamente honrado…
— ¡Sal de aquí, muchacho!
Dejó la tienda riendo, despidiéndose de los muchachos y lanzándole un beso a Alice que lo recibió gustosa. Era un chico coqueto, me agradaba bastante, no sería ningún problema en hacerlo parte del clan Swan, si Renesmee tan solo quisiera, pero la chica tenia pegado el cartel de monja en la espalda, frente, pecho… Estaba forrada en él.
Alguien debería decirle que salir no es malo.
Alguien que no sea yo, mi hermanita no lo recibiría bien de mí, aparte, me falta eso que llaman tacto para decir las cosas. Probablemente terminaríamos insultándonos mutuamente como habíamos estado haciendo desde que llegué al pueblucho.
— ¿Iremos?
Volví mi atención a Floyd.
Ugh.
Lo estaba haciendo otra vez.
Esa cosa con sus ojos que me hacía querer darle toda la mierda que me pidiera, por más difícil de conseguir que esta fuera. ¿Era acaso una técnica especial desarrollada por cada hijo? No podía pensar en algún padre que pudiera resistirse a esa puta mirada. Pequeño mocoso manipulador.
Suspiré resignada.
— ¿Dónde dijiste que tenía que firmar?
…
El día había llegado, aquí estaba yo, levantada a las seis de la mañana terminando de poner las caluguitas de pescado con forma de animales marinos que Renesmee nos había preparado –había preparado para Floyd, en realidad–, tenía unas ojeras del asco, bostezaba cada dos por tres, y luego estaba Floyd. El maníaco. Parecía una pelota saltarina rebosante de alegría, rebotando de un lado a otro, echando cosas innecesarias a la mochila innecesaria que me había obligado llevar. Sip, había usado esa mirada especial nuevamente, lo manipulador tiene que haberlo sacado de su padre, quien quiera que sea. Hacía un frío de mierda, para agregarle a la desgracia de todo esto. Floyd vestía con sus pantalones pitillos, su polerón con capucha de color gris y la chaqueta negra de cuero encima. Claro, su infaltable gorro de lana negro.
Se veía exquisito.
Daban ganas de comérselo al muy infeliz.
— ¡Ve a vestirte, ma'!
— Uh, estoy vestida, ¿qué estás hablando?
— No… ¿Iras así?
Miré mi vestimenta detenidamente. Estaba normal. Jeans, vans, polera manga larga y gorro de lana. Listo, ¿qué más iba a necesitar? Alcé una ceja a Floyd que hizo un sonidito de desesperación, se quitó la gorra y desordenó su cabello, luego se perdió por la escalera. El niño estaba… Loco, bueno, era de familia. Bajo luego de unos minutos, sosteniendo una absurda cantidad de chaquetas en sus brazos.
— ¿Qué es todo esto, Floyd?
— Hace frío, te vas a enfermar —se cruzó de brazos observándome con su ceño fruncido—, tienes que abrigarte mamá, estaremos cerca de la playa, hará un montón de frío, ¿qué hay sobre tu nariz?
— Mi nariz está bien —hice una mueca.
— ¡Tu nariz se pondrá tan roja como la de Rodolfo! —y nuevamente gesticuló con sus manos—, y te dolerá, al igual que tus manitas, siempre te pasa cuando tienes frío. ¿Tengo que ir a despertar al abuelo para que te regañe?
Santísima mierda.
No podía creerlo.
¿Mi hijo me estaba regañando, amenazando y obligando a ponerme algo?
— ¿Qué… —fruncí el ceño y moví la cabeza confundida— ¡Cállate y ayúdame a guardar estas cosas! —resoplé—, y deja eso ahí, joder, no necesito más ropa, estoy bien.
— ¡Te estoy cuidando!
— El único que necesita ser cuidado aquí eres tú, mocoso. Yo ya estoy bastante crecidita, así que ven aquí y ayuda a mamá a guardar la comida que tía Ness preparó —enfurruñado se acercó a mí a terminar de guardar la comida en los potes. Nessie había hecho comida casi como para un pelotón completo.
Iba a ser un largo, largo jodido día.
Al llegar a la primaria me mordí la lengua firmemente.
No iba a aceptar que mi hijo había tenido razón, porque hacía un frío de puta madre, horrible, asqueroso, me tomó más de lo normal no temblar cada vez que una brisa corría libremente y cortaba mis desabrigadas mejillas. Al menos él estaba bien abrigado, eso era lo que contaba.
Nada más.
A la mierda mi nariz de tomate.
— ¡Niños, acérquense! —el grito de la maestra Weber hizo que todos los niños, que parecían osos polares con toda la ropa que llevaban encima, corrieran hacia ella, sus grititos de júbilo no se quedaron atrás. Uno por uno hicieron una fila frente a la puerta del autobús, la maestra pasaba la lista medida los niños iban subiendo.
— ¿No crees que estas un tanto ligera de ropa?
No me moví, sabía que era Edward quien había decidido joder mis pelotas. No es que era una niña altanera que no quería echarle una miradita al hombre este, quería moverme, lo hacía, créanme, pero estaba tan putamente congelada que sentía que en cualquier momento me quebraba, así sin más.
Mis dedos se iban a quebrar.
Era una Bellapaleta.
Congelada como el pobre de Capitán América.
— T-Tú sabes perfectamente cómo me veo cuando estoy ligera de ropa —mi voz sonó irregular.
— Claro, por supuesto —soltó una ronca carcajada—, pero no estaba hablando de eso.
— Lo sé, ahora, guarda silencio —me estremecí y escondí las manos en los bolsillos de mi pantalón—. Genial, simplemente genial, estamos en puto verano, ¿dónde está el jodido sol?
— ¡Edward!
Ambos miramos a la mujer que lo había llamado con esa voz tan dulzona que estaba punto de darme diabetes. La rubia mujer caminaba hacia nosotros enfundando en un abrigo de piel blanco, con unas calzas blancas y un gorro blanco. Sus ojos fijos en el hombre que estaba junto a mí, fríos como el hielo, por un segundo pesé que sería Rosalie, pero luego la reconocí.
Como olvidarla.
— ¿Tanya?, ¿qué estás haciendo aquí? —Edward tenía una sonrisa en su rostro, aunque la confusión estaba presente en sus palabras. Tanya se acercó a él y dejó un beso sobre su mejilla, luego le sonrió dulcemente.
— La maestra Weber me pidió que la ayudara, algunos pequeños venía sin sus padres, vine a supervisar.
¿Quién era ella y que había hecho con Tanya?
Luego de haber soltado esas palabras, sus ojos se posaron a mí, tan filosos como los recordaba.
Forks había hecho de las suyas nuevamente.
…
— Blondie, ¿trajiste lo que te pedí?
— ¿Por quién me tomas?, y deja de llamarme así, ¿cuántas putas veces te lo he dicho?
Y me tiró la bolsita de yerba en la cara, la muy puta. Rodé mis ojos y la agarré una vez esta cayó al suelo. Si hay una persona que, en un mundo paralelo, me resultaría intimidante, esa sería la zorra de Tanya. Con esa pinta de Dominatrix que tiene, ¿a quién no? Ella tenía algo así como una doble vida, en Forks era la chica buena, en los antros de Port Ángeles era la dealer.
Vendía la mejor marihuana de la historia, de eso no hay duda.
— Muchas gracias, Blondie, muchas gracias. Mis neuronas no te lo agradecen tanto, pero que va, tenemos muchas de ellas aquí —golpeé mi frente con mi dedo índice y sonreí—. Big Bob nunca me ha defraudado, lo disfrutaré en tu nombre —Big Bob era el nombre de su planta, era alucinante, una de las mejores que he probado.
— Nada de gracias, quiero mi puto dinero.
— Tranquila, amiga —reí, metiendo la mano a mi bolsillo y sacando los billetes—, aquí tienes.
— Y ahora, Swan, está de más decir que no quiero que nadie sepa sobre esto —sellé mis labios ante su amenaza no dicha. Sonrió cínicamente y asintió— Así me gusta bonita, puedes largarte.
— Nos estamos viendo, Tanya —le hice un gesto con la mano al dar media vuelta—, espero que lo estés pasando excelente en el retiro espiritual.
— No sabes lo feliz que mami y papi estarán cuando se enteren de que finalmente daré mi confirmación —rodó sus ojos sonriendo con malicia—. Que Dios te bendiga, Swan.
— Que Dios te bendiga el puto trasero.
…
¿Seguirá vendiendo?
Le preguntaría luego, nos hacía falta un poco de felicidad.
— Isabella, es un placer volver a verte.
Y la muy cabrona se hacía la decente, ¡esto era divertidísimo!
Esto, y eso de que Edward dijera que era la consejera del club de celibato.
— Blondie, mucho tiempo, ¿huh? —un músculo se tensó ahí, justo en su mandíbula, cuando la llamé por el apodo que le había impuesto, la sonrisa en cambio, nunca se borró de su rostro— Edward mención algo sobre que haces de consejera en su club de frígidos.
— Celibato —murmuraron los dos a la vez, corrigiéndo mi error intencional.
— Lo que sea —le resté importancia con un movimiento de mi mano—, es un placer volver a verte, también. Luego me gustaría preguntarte algo, a solas, por supuesto —Edward frunció el ceño, pasando su mirada entre las dos consecutivamente— Ahora, creo que somos los tres únicos que no hemos montado el bus, ¿deberíamos…
— Oh, sí, claro, vamos.
Edward apuró el paso, dejándonos atrás.
— Espero que aún te quede un poco de Big Bob.
— Bob murió hace bastante y no dejó descendencia —hice un puchero, recordando los hermosos viajes que me hizo tomar Bob cada vez que lo fumaba—, ya no hago ese tipo de negocios, Swan. No me jodas, estoy tratando de hacer las cosas bien —sus ojos seguían viendo al frente, extrañamente veían a Edward.
¿Estaba colada por el minino aún?
— Aw, he escuchado eso bastante últimamente, están todos así como… Maduros, o una mierda parecida. ¿Te estas fumando uno del bueno y no quieres compartir? Porque esa imagen de chica buena… —alcé mis cejas e hice una mueca con mis labios— Nope, simplemente no.
Estaba a punto de contestarme algo cuando la maestra nos apuró a que montáramos en el bus. Me subí rápidamente, buscando con la mirada a Floyd… ¿Por qué no me extraña que él y Grace compartieran asiento? Rodando mis ojos me acerqué a él, para tomarlo en mis brazos y sentarme junto a Cullen, que ya estaba allí con su niña, la cual se veía realmente adorable en su peluda chaqueta rosa.
— Creo que tendrás que dejar de comer basura, estás pesado hombrecito —Floyd negó con su cabeza fervientemente, haciendo que el gorro se resbalara hasta cubrir sus ojos. La pequeña Weasley rió dulcemente y estiró su manita para descubrir los ojos de mi nene.
— ¡Estoy bien! —chilló—, gracias Grace —le sonrió a la niña y volvió su atención a mí. Su ceño se frunció y se cruzó de brazos— Mamá… —abrí mis ojos inocentemente.
— ¿Qué hice ahora?
— Tu nariz está roja —murmuró, dándole un pequeño toque. Seh, puede que esté un poco roja, puede que me haya dolido un poquito el pequeño toque que me dio con su dedo índice, ¿a quién le importa?—, tus cachetes igual.
— Estoy bien, mocoso —rodé mis ojos—, deje de preocuparte por mamá, tu solo pasa un buen día, ¿sí? Has que valga la puta pena que me esté congelando como los mil demonios.
— ¿Trajiste la cámara, mami?
— ¡Por supuesto!, no te salvarás de mis fotos —Floyd sonrió y se acomodó mejor en mis brazos, recargando su cabeza sobre mi pecho—. ¿Por qué no duermes un poco? —le pregunté, mirando de soslayo a Grace que ya tenía sus ojitos cerrados—, estarás más despierto una vez lleguemos —Floyd asintió, cerrando sus ojitos.
Ahora me encontraba calientita, con mi hijo abrigándome así.
Ni siquiera podía mirar por la ventana para matar el tiempo, Edward me tapa toda la vista.
Faltaba solo la musiquita de ascensor para hacer de esto más incómodo.
— Y… ¿cómo has estado?
Esa manera de comenzar una conversación que tenía Edward era tan efectiva como preguntar si te gusta el clima o qué hora era. Al chico tienen que enseñarle un poco sobre cómo abordar una mujer, tal vez y yo misma se lo enseñe, quien sabe. Sonreí, me contuve de rodar mis ojos para que el pobre no se sintiera mal, era encantador que quisiera conversar después de todo.
— Bien, aquí —me encogí de hombros, apoyando la barbilla en la cabeza de Floyd—, tratando de aguantar este frío de mierda. ¿Qué hay de ti Simba?
— No me puedo quejar.
Y nos quedamos callados, para después romper en unas risitas idiotas.
— Esta es la conversación más idiota que hemos tenido, ¿te das cuenta de eso?
— Mhm, lo hago —murmuró, volviendo a reír quedamente—, no sabía cómo entablar una conversación contigo, lo siento. Estoy seguro de que con Jasper no tienes estos problemas, ¿eh?
— Nadie tiene problemas hablando con Jasper, él solo… Habla si quiere hacerlo, le importa una mierda si la otra persona escucha o no —entorné mis ojos—. Y tú deberías dejar de hacer eso —murmuré con burla.
— ¿Hacer el qué? —me preguntó curioso.
— Eso, Edward, maullar como un pequeño gatito celoso.
— Y-Yo no sueno así —por el rabillo de mi ojo vi como sus mejillas se tornaban rosa—, solo fue una veracidad, nada más que eso, un inocente comentario de mi parte, ¿o me dirás que es mentira?
— Es distinto, Edward. La relación que tuve con cada uno.
— Por supuesto, con él si tuviste una relación.
— ¡Oh, cállate! Eres una nena despechada.
— Te aprovechaste de mi inocencia y te metiste en mis pantalones —abrí mis ojos y lo observé incrédula. Una sonrisilla combatía por formarse en sus labios, pero él estaba tratando realmente de permanecer serio—, para luego meterte con mi hermano mayor, mala forma de jugar, Swan.
— Eres despreciable —reímos nuevamente.
El bus se detuvo en un estacionamiento cerca de la costa, la maestra nos indicó a todos que bajaremos con cuidado, los niños que venían acompañados de sus padres bajarían primero, luego los que venían por si solos bajarían supervisados por Tanya. Con Edward despertamos a nuestros pequeños, fuimos los últimos en bajarnos, la verdad es que solo habían unos cuatro padres más aparte de nosotros, así que tenía tendría un difícil trabajo el día de hoy.
— ¿Sucede algo, Tanya? —le preguntó la maestra, cuando bajó uno por uno a los niños, pero su rostro de exasperación era notorio totalmente.
— Hay un pequeño que no quiere bajar, Ángela —Tanya suspiró, observando al bus nuevamente—, he tratado de todo, dice que no quiere y que prefiere quedarse arriba solo.
La maestra Weber frunció sus labios y subió para hacer bajar al pequeño niño, cuando volvió a bajar su cara de decepción nos dejó todo claro. ¿Qué tan difícil era bajar a un mocoso?, ¿es que no conocían el chantaje estas mujeres?, iba a tener que tomar las riendas del asunto, por Dios.
— ¿Podrías echarle un ojo a Floyd? —le pregunté a Edward, quien asintió confundido—, maestra, ¿puedo tratar? —apunté el bus con mi dedo pulgar, Ángela asintió, no perdiendo nada en el proceso.
Cuando subí al bus, cagadísima de frío, mis ojos se fijaron rápidamente en el mocoso que estaba sentado en el último asiento, abrazando sus rodillas y con el ceño levemente fruncido. Me acerqué a él con rapidez y me senté a su lado, su cabeza se movió para observarme con sospecha, sus azules ojos entrecerrados hacia mí.
— ¿Qué?
— ¿No puedo sentarme aquí? —pregunté despreocupada—, ¿está reservado o algo? Porque no había ningún nombre sobre el jodido asiento como para que no pudiera sentarme aquí, y si lo hubiera habido… Me habría sentado de todos modos.
— No voy a bajar.
— ¿Cómo te llamas mocoso?
— Ethan.
Ethan.
El gusano que había atacado a mi bebé.
— ¿Sabes?, yo soy la mamá de Floyd —por el rabillo del ojo pude ver como su cuerpecito se tensó— Conoces a mi pequeño, ¿cierto? —asintió— bien, me gustaría que supieras que si algo le pasa a mi hijo… Bueno, su mamá es bastante protectora.
— Uh-huh —murmuró—, m-mi mamá no quiso venir —agregó cabizbajo—, dijo que ella solo se levantaba temprano para misa —sus manos se formaron en un puño—, ¿por qué otras mamás si vinieron y la mía no?
— Eh, bueno, a veces las mamás dicen cosas que no sienten —desordené su cabello rubio, en un intento de calmarlo. La verdad es que no se me daba muy bien esta mierda de reconfortar a la gente—, pero ahora, muchacho, debemos bajar. Te propongo un trato —me puse de pie y luego me agaché hasta quedar frente a él—, si bajas ahora conmigo, prometo darte de las caluguitas de pescado con formas de animales que trajimos para comer.
— ¿Con formas de animalitos? —sus ojos se iluminaron.
— Así es, campeón —le guiñé un ojo, y así fue como me gané su total confianza.
Quise hacer un baile cuando la gente me observaba anonadada, como si no creyeran que lo hubiera conseguido. Soy mamá, por todo lo santo, se cómo ganarme a un niño aunque no lo parezca. Edward sonreía como si estuviera orgulloso, bah, no era para tanto. Cuando traté de soltar la mano del pequeño, este afianzó más su agarre, le indiqué a Tanya que yo me encargaría de él con un gesto de mi cabeza, así que ahora aparte de Floyd, tenía un hijo adoptivo.
Genial.
Y para variar, mi pequeño hijo estaba enojado.
— Antes de que me vengas con tus berrinches —me agaché a su lado y lo miré fijamente a sus rabiosos ojos chocolate—, sé un niño sin rencores, todos se equivocan, el mocoso de aquí lo hizo. Juega y no jodas, déjale el ceño fruncido a los mayores, ¿entendido? —resopló y asintió reticente—, ¿juagarás con él entonces?
— Solo si no molesta a Grace.
— Tienes que prometer que no molestarás a la pequeña Grace, Ethan —Edward frunció el ceño al escuchar el nombre del chico, pero no dijo nada—, si quieres jugar con los chicos debes ser un buen niño.
— Papá dice que yo soy mejor que todos.
— ¿Quién es tu papá?
— Michael Newton —contestó Edward, sonando irritado.
— Bueno, corazón, tu padre es un hijo de puta —el niño abrió sus ojos mientras yo desordenaba su cabello nuevamente como si nada—, nadie es mejor que nadie aquí. Ustedes… son niños, corran, jueguen, hagan travesuras, ignora a tu padre, y si tiene problemas dile que vaya a hablar con Bella Swan, ahí le haré saber quién es el mejor.
El rubio niño asintió a mis palabras.
— ¡Niños, presten atención! —la maestra Weber llamó la atención de todos—, bien, primero que todo me gustaría presentarles a alguien —y apareció un hombre aborigen que se me hizo demasiado conocido—. Él es el oficial Clearwater, niños —se oyó un coro de pequeños saludando al oficial—, el oficial será el encargado de contarnos sobre algunas historias que rodean La Push.
— Pero antes, niños… —el oficial sonrió— ¿quién quiere asar malvaviscos? —todos los pequeños comenzaron a chillar a modo de aprobación ante la sugerencia del oficial Clearwater.
Bajamos a First Beach, donde una enorme fogata que estaba en medio de unos cuantos troncos, nos esperaba. Había una mujer allí esperando nuestra llegada, sus rasgos eran parecidos a los del señor, una sonrisa conciliadora suavizaba su rostro. Era un tanto tedioso caminar por la playa con los zapatos puestos, y… Y yo seguía muerta del puto frío, Floyd tenía toda la razón cuando dijo eso sobre que en la costa el frío era peor.
— Les presento a nuestra cocinera, Sue —vaya, vaya, así que ella era la Sue de papá—, ella es la encargada de nuestros malvaviscos bañados en chocolate, ¡tomen asiento pequeños! —cada niño se sentó sobre un tronco. Grace estaba sentada en medio de Ethan y Floyd, la mujer, Sue, les fue entregando una brocheta a cada uno donde pondrían sus malvaviscos— Entonces, niños, ¿quieren escuchar una historia?
— ¡Sí! —chillaron todos emocionados a la vez.
— ¡Una de terror! —gritó Floyd sonriente, levantando su puño en el aire.
— Bien, haremos caso al chico Swan —el oficial me observó por un breve momento y sonrió. Él también nos recordaba, por supuesto— Esta es la historia de los fríos…
Era divertido ver a los mocosos prestar atención, estaban todos en silencio con sus ojos abiertos de par en par. Sus expresiones expectantes y daban pequeños respingos a cada palabra que el oficial soltaba, era la historia más absurda que había escuchado pero los niños estaban encandilados. Eran niños después de todo.
— ¿Qué estás haciendo? —murmuré en un bajo volumen de voz a Edward cuando se posicionó tras de mí. Cullen estaba demasiado cerca de mi persona— Edward…
— Estás temblando —respondió, y sin quitarse su gigantesca chaqueta nos envolvió a ambos en ella. Una de sus manos se enredó en mi cintura y me apegó rápidamente a tu pecho, luego cerró su chaqueta, conmigo dentro. Estábamos los dos usando la misma chaqueta—, mamá me enseñó a ser un caballero, pero hace demasiado frío para darte mi chaqueta y quedarme solo en mi camisa, así que esta fue la única solución que encontré.
Joder.
No quería ni moverme.
Lo sentía tras de mí, a él entero, su duro pecho contra mi espalda.
Esto no estaba bien amigos, no lo estaba.
— Uh, g-gracias Cullen —me removí un tanto incómoda por la situación.
— De nada… Pero, eh, no te muevas, por favor.
Claro, claro, le estábamos dando un espectáculo a la gente.
La mañana pasó sin más que contar, el oficial Clearwater encandiló a los niños con sus historias de "los fríos" y sobre el clan Quileute que vivía antiguamente en la reserva. Aún quedaban algunos, otros… A los otros yo los conocía muy bien, típicos niños que no quisieron seguir con la tradición familiar, ¿qué íbamos a hacer con las nuevas generaciones? Arruinaban años y años de tradición.
— Si Jake escuchara esto —murmuré, escuchando las historias Quileutes.
— ¿Aún tienes contacto con ellos? —me preguntó Edward. Ah, ¿tenía que hablarme justo ahí, cerca de mi oído? O Cullen era muy inocentón o el muy puto me estaba tentando, yo era una mujer, y esta mujer no era de piedra, y menos si me tentaba de esa forma.
— Nope, hace unos meses que no sé nada de ellos —me encogí de hombros—. ¿Minino?
— ¿Sí?
— ¿Tienes una roca escondida en tus pantalones? Hay algo que me clava el trasero, quiero creer que es una roca, por tu propio bien o no respondo —Edward se removió incómodo, sin decir nada, podía jurar por Dios mismo que estaba sonrojado a más no poder— Y otra cosa, me estás agarrando el culo.
— ¿Q-Qué? —preguntó confundido, y yo calmadamente le volví a repetir lo que sus manos estaban haciendo.
— Uh, me estás agarrando el culo —era tan gracioso tomarle el pelo.
— ¡Oh!, l-lo siento, no quería… Digo, no es que no quiera, es… No sabía… No sé dónde poner las manos —era adorable cuando se ponía tartamudo y todo nervioso, solo por eso lo perdonaba.
Tomé sus manos, la cuales estaban atrapadas entre nuestros cuerpos –mi parte trasera y su amigo, para ser exactos– y lo hice rodearme la cintura con ambas de ellas. Para que ambos cupiéramos en su chaqueta había tenido que desistir de las mangas. Dejé sus manos sobre mi estómago, descansando inocentemente, mis manos estaban sobre las suyas… No es que me estuviera aprovechando de Simba, simplemente tampoco sabía dónde ponerlas, ¿sí?
— Así está mejor, no es que no me guste que me agarren el culo, me encanta, de hecho, sobre todo las nalgadas —un objeto no identificado hizo acto de presencia, por ahí por en mi trasero nuevamente—, pero… Joder, invítame una cerveza primero o que se yo —Edward rio quedito ante mis palabras, sus manos presionaron mi estómago levemente.
No sé si Forks me estaba volviendo estúpida o qué, pero fue la peor idea lo de dejar sus manos ahí.
Y dejarme encerrar por él en su chaqueta.
Podría haberme hecho la fuerte y mamado el frío sin más.
El minino estaba sacando sus garras, algo me estaba haciendo el muy cabrón.
¡Buenas noches!
Bien, no me he demorado mucho en subir, ¿no?, ¿ah? gfdknskhkjd jajaja. Bueno, ¡espero les haya gustado el capítulo! aquí está Tanya finalmente, toda una blanca paloma la mujer, está tratando de irse al lado de los buenos pero B... Bueno, B no la dejará ir tan facilmente, al menos sin antes obtener algo de ella, algo como uno de esos cigarrillos que te causan risa (?) En el próximo capítulo B tomará una decisión sobre Edward y sus roces simultaneos, como ya se habrán dado cuenta esta Bella no es alguien que se ande con rodeos y dude mucho sobre sus actos, solo les diré que cuando ella quiere algo... Teman, porque sea como sea lo obtendrá, así que el minino tendrá que tener un poco más de cuidado si no quiere quemarse por jugar con fuego ;)
Por otro lado, el agunos reviews me han preguntado cada cuanto actualizo, como dije en el grupo, la verdad es que no tengo un tiempo estimado, ¡lo sieeeento! pero las chicas que ya me conocen saben que soy un tanto... bastante impuntual para esas cosas XDD y sinceramente prefiero no decirles fecha a decirla e incumplir como me suele suceder XDD ¡Les doy una enorrrrme bienvenida a las chica que se estan uniendo a la historia y me dejan esos reviews enorrrrmes que me encanta leer! enserio, me hacen reír y sonrojar un montón jajajaja.
Bueno, creo que eso sería todo, si se me olvida algo solo preguntan y prometo responder :)
¡Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos!
Lamb.
