Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward
Capítulo 8: Mi temperatura sube.
Do You Wanna Touch Me – Joan Jett and The Blackheart.
— Carajos, ¿eres Ricky Ricón (1) o qué?
Finalmente, luego de sacar todas las cosas que podían ser rescatables de nuestra casa en deterioro, Edward nos había traído a Floyd y a mí a su hogar. Él le explicó a Grace el problema que había pasado, la pequeña Weasley estuvo más que dispuesta a ayudarnos, así que al tan solo poner un pie en la casa había guiado a Floyd al que ahora sería nuestro cuarto.
Edward había insistido en cargar mi mochila.
Se las estaba dando de caballero de nuevo.
Lo dejé, él sería el culpable de su lumbago luego.
Su casa era… Bueno, digna de un Cullen, supongo, era enorme. Era la típica casa del sueño americano, blanca, de dos pisos, con la verja al otro lado del patio, ¡incluso tenían al perro! Un molesto labrador que corría de un lado a otro. ¿Pueden creerlo? Eso… Digo, hasta en eso era de ensueño, no pude evitar reír cuando el espécimen peludo se acercó a mí y comenzó a restregar su hocico por mis piernas.
— ¿Quién es este molestoso? —pregunté, acariciando al perro en la cabeza—. No puedo creer que en realidad tengas un labrador, es jodidamente gracioso, de algún modo. Me sorprendes, Edward.
— ¿Por qué no puedo tener un perro?, Grace quería uno —frunció el ceño sin entender mis palabras, dejando mi mochila a los pies de la escalera—, se lo di. Su nombre es Castiel.
— Castiel —murmuré, como quien no quiere la cosa—, no hare ninguna broma al respecto.
— Mas te vale, Grace se pondría muy triste, sería realmente descortés de tu parte.
— Claro… —rasqué mi nuca, no sabiendo cómo decir esto— ¿Sabes?, Floyd también tiene una mascota.
— ¿Enserio?, ¿dónde está?
Sonreí abiertamente.
— Ella está en tu hombro, de hecho.
Papá la odiaba, por eso había permanecido en la tienda hasta hoy que Floyd, para reemplazar la pérdida de su play station, había hecho esos ojos de borrego y prácticamente me había rogado traerla. No podía decirle que no así que acepté, con la condición de que cuidara muy bien de ella. Esa condición no estaba siendo cumplida si el bicharraco estaba sobre el hombro de Edward en vez de su mochila.
— ¿E-En mi hombro? —Cullen miró por sobre su hombro, su rostro blanco como la cal cuando sus ojos se posaron sobre los saltones de Amy— Uh —tragó saliva pesadamente—, ¿B-Bella?, ¿p-podrías sacar esta cosa de aquí?... —volvió a poner sus ojos en mi rápidamente—, ¡¿por favor?!
Era un llorón.
Reí, entornando mis ojos mientras tomaba a Amy entre mis manos.
— Edward, esta es la mascota de Floyd, es una camaleón, la compramos en Nuevo México —Edward aún la miraba asustado—. ¡No la mires así, Amy tiene sentimientos! —la coloqué sobre mi hombro— y un severo problema de daltonismo, nunca ha sabido camuflarse bien.
— ¿A-Amy? —preguntó.
— Amy Farrah Fowler —murmuré sonriendo.
— Amy Fa… ¿Qué?
— ¿The Big Bang Theory?, ¿la novia de Sheldon?, ¿hola? —rodé mis ojos—, solo déjalo en Amy, ¿sí?
Edward asintió sin convicción, un tanto aturdido por el nombre del animal. ¡Era un buen nombre y a Amy le gustaba! Cullen me guio a la sala de estar y me hizo tomar asiento, caminó hacia la escalera y llamó a los niños, quienes bajaron rápidamente al primer piso. Grace hizo que Floyd se sentara junto a mí en el sofá, mientras que ella permanecía de pie al lado de su padre.
Parecía que estábamos a punto de ser ejecutados.
— Bueno, Isabella, Floyd, bienvenidos sean a nuestro hogar —ambos Cullen sonrieron dulcemente. Con Floyd nos dimos una mirada sospechosa, algo estaba sucediendo o iba a suceder—. Me gustaría decirles que son libres de hacer lo que quieran, siéntanse como en su casa —asentimos suavemente—. Pero, en esta casa tenemos algunas pequeñas reglas…
— ¡Las niñas buenas van a la cama temprano! —chilló la pequeña Weasley, alzando sus manitas— Tendremos que acostarnos a las nueve, Floyd, así seremos unos buenos niños.
— ¡Pero a las nueve dan Dragon Ball! —exclamó mi pequeño, cruzándose de brazos—, mamá me deja ver mis monitos.
— Papá solo me dejar ver televisión hasta las siete —murmuró Grace, encogiéndose de hombros— ¡así que tu verás hasta las siete conmigo y nada más!
— P-Pero… ¡Mamá!
El ataque de los ojos de borrego comenzaba.
Ugh.
Pero no podía desobedecer a Edward, joder, nos estaba dejando quedarnos en su casa después de todo. No se acabaría el mundo si el no alcanzaba a ver sus caricaturas. Bien, B, es momento de ponerse firme aunque use esos ojos.
— A las siete se apaga la televisión, a las nueve en la cama —asentí—, entendido —me giré hacia Floyd que tenía su cabeza gacha, alicaído— ¿Sabes? Esto te servirá como castigo por no haber cuidado bien de Amy —un puchero se formó en sus labios mientras le pasaba al camaleón—, no es como si te fueras a morir.
— ¡Era la pelea con Freezer!
— Luego lo ves por el internet —rodé mis ojos.
— Bien, ahora, hay otra regla —Edward sonreía encantado, creo que le gustaba esto de tenernos al orden, era como una jodida escuela militar—. Nada de malas palabras en esta casa —murmuró, tragué saliva pesadamente. Grace se giró hacia la mesa de centro y tomó un jarrón en sus manos que tenía pegado un papel con el signo del dólar—, cada vez que digas una mala palabra pondrás un dólar en este jarro, Isabella.
— ¿Qué coño estás diciendo?, ¿me estás jodiendo?, ¡esto es un robo! —alzó una de sus cejas ante mis palabras pero lo ignoré olímpicamente— ¿Un puto dólar?, no hay manera de que haga eso, minino, estás loco, joder, loquísimo.
— Mamá debe cuatro dólares —Floyd sonreía satisfecho. Oh, el muy granuja se la estaba pasando de lo lindo, ¡todo porque estuve de acuerdo con su horario!—. No es como si te fueras a morir por no decir palabrotas, mami.
Había creado un monstruo.
Edward rió sonoramente por las palabras de mi hijo.
— Un dólar es mucho dinero —me crucé de brazos y bufé, ignorando las divertidas miradas de los presentes en la habitación—, cincuenta centavos o algo así, ahí estaríamos recién negociando.
— Una mala palabra. Un dólar. Me parece bastante justo a mí, ¿qué dicen chicos? —observé a esas pequeñas personitas maquiavélicas que asentían a la vez, apoyando las palabras del jefe de las personitas maquiavélicas.
Esto era un complot hacia mí.
— Que sepan que los odio, con todo mi corazón —murmuré, sacando cuatro dólares de mi bolsillo y, con el dolor de mi alma, depositándolos en el jarro. Grace me observaba con tristeza, fruncí el ceño ante su gesto— ¿Estás bien pequeña?
— ¿Me odias? —murmuró, su labio inferior sobresaliendo, una ternurita.
— No, corazón, no te odio. ¿Cómo podría odiarte? —sonreí. Jalé de su pequeña manita, atrayendo su cuerpo hacia mí y comencé a dar besos por toda su regordeta carita. Grace soltó pequeñas risitas mientras yo hacía eso— A estos dos, en cambio… —murmuré, apuntando a los dos hombres que nos observaban atentamente— No les haré la vida tan fácil.
— Mamá ama hacer bromas —le dijo Floyd a Edward, casi como si fueran compañeros en algo—, creo que tendremos que pensar en algo, ella enserio ama hacer bromas, señor cascarrabias.
— Ya pensaremos en ello, campeón —Edward desordenó el cabello de Floyd sonriente—. Y llámame Edward, por favor.
— Eward —las mejillas de mi pequeña se tornaron rojas.
…
Ya llevábamos tres días y tres noches viviendo con los Cullen.
Floyd y yo nos habíamos acoplado bien a todo esto, incluso yo había aprendido a hablar sin malas palabras. ¿Qué tan jodidamente bueno era eso?, les digo, es algo sumamente milagroso. Y Floyd no hacía berrinches porque no podía ver sus caricaturas. Todo estaba bien, mi bebé se dormía a las nueve treinta en punto y yo lo acompañaba. También, mi ojo había aprendido a calmar el tic cada vez que Edward ponía por las mañanas la emisora religiosa donde el padre vaya-a-saber-yo-su-puto-nombre rezaba unos pasajes de la Biblia.
Todo estaba fantástico, los chicos ya estaban trabajando en las cañerías en casa, y me estaba llevando demasiado bien con Edward para ser verdaderamente cierto. Y Grace había tenido razón, su papi cocina de puta madre.
Pero había un pequeño problema cuando anochecía.
La noche, ah, jodida noche que estaba hecha para que uno pegara el ojo…
Pero, ¿dormir?, nope, me era imposible.
Edward y Grace habían adoptado una nueva rutina en su vida diaria, cada noche venían a despedirse de nosotros a nuestra habitación. Cuando las luces estaban apagadas y Grace había terminado de hacer su oración nocturna. Y, compañeros, el gesto era lindo, que va, lo acepto, pero para mí libido era lo peor. El minino aparecía frente a mi cada noche luciendo unos reveladores pijamas… Si se les podía llamar pijamas, ¡incluso la noche de hoy había aparecido sin una puta polera!, ¿quién demonios se cree?
Y aquí estaba yo, tratando por todos los medios de no desnudar a Edward en mi mente y dormir como una buena samaritana.
Minino, ah, maldito minino.
Si él tan solo no se hubiera aparecido en la puerta de la habitación luciendo tan jodidamente apetecible en un pantalón de chándal como única prenda, nada de esto estaría pasando. Estaba putamente caliente, en cualquier momento iría a su habitación a violarlo o algo parecido. Cuando éramos unos púbers Edward era un flacucho sin gracia, guapísimo, pero Esme debería haberle dado un poco más de comida para que hubiera algo de carne en ese cuerpo que agarrar. ¿Esto era cuando la pubertad atacaba? Porque esa perra lo había hecho, y Edward tenía un torso de puta madre. Yo sé que babeé un poco al verlo, lo sé, y me había quedado con unas ganas enormes de pasar mi lengua por esa tableta de chocolate que tenía por estómago. ¡Santa mierda, estoy babeando otra vez! Y sus muslos, tengo algo con sus bien torneados muslos, eran como las piernas de los futbolistas que pasan en televisión.
¡Pubertad eres lo mejor que le puede pasar a algunas personas, te amo!
Debe ser un orgasmo completamente desnudo.
Cuando estuve con él, hace siete años atrás, sus muslos me gustaban de igual manera. Pero en ese entonces Edward era adorable, en ese entonces él sin ropa alguna era una cosita linda de admirar… Ahora, ahora era una cosita jodidamente linda para tocar, y lamer, y hacerle unas cuantas cosas por las que el reverendo Cullen me haría arrastrarme hacia la iglesia y rezar unos mil Ave Marías.
Ah la mierda, B, deja de pensar en cosas que te ponen más cachonda.
Pero lo peor de todo esto es que él no se daba cuenta de cuan jodidamente caliente era.
— Grizzly tenía razón cuando dijo que necesitaba un polvo, joder —murmuré—. Ugh, un vaso de leche, eso, un vaso de leche para superar la adversidad —suspiré mientras me ponía en pie con cuidado de no despertar a Floyd.
Bajé la escalera tratando de no hacer ruido. Hacía un poco de frio dentro de casa, yo solo usaba mis bragas y una polera sin mangas completamente roñosa como prenda para dormir. Me había ganado la polera en un carnaval en New Orleans –cómo amaba esa ciudad, ah, qué tiempos aquellos, New Orleans es la ciudad de la bohemia, en cada esquina había un borracho, el barrio francés es gloria–. También dormía sin brassier, las nenas necesitan descansar libremente en las noches. Llegué a la cocina a trompicones, estaba tan jodidamente oscuro todo, incluso tropecé con el pobre de Cas que soltó un pequeño quejido. Me acerqué al refrigerador para sacar una jarra de leche, estaba terminando de servirme en una pequeña taza que había encontrado cuando una voz salió de la ultratumba.
— ¿Qué significa eso?
Me giré sobresaltada al escuchar la voz de Edward a mi espalda. Joder, era un puto ninja, ni siquiera había sentido sus pisadas al acercarse. Estaba recargado contra el umbral de la puerta de la cocina, ahí, sin más, luciendo fresco y más follable que nunca. Meh, lo que hacía la luz nocturna, como había dicho mamá una vez "de noche todos los gatos son negros". Le sonreí y me apoyé en la encimera, la taza de leche entre mis manos.
Que no se dé cuenta de lo cachonda que te pone. Eso les da poder, Swan, imagina esa clase de poder en manos del inocente Simba.
Ah, caos.
— ¿Qué significa, qué?
— Ese tatuaje que tienes en la espalda —sus verdes ojos vagaron libremente por mi cuerpo. Santa mierda, él no puede mirarme así. Debería ser ilegal. Maldecí no usar brassier, mis nenas eran conscientes de la mirada de Edward y… Uh, echémosle la culpa al frío por qué mis pezones decidieron hacer acto de presencia.
El tatuaje que tenía en la espalda fue el primero que me hice, yo tenía catorce años. Era una especie de tributo a mi familia, a mi madre más que nadie, ella murió cuando yo tenía apenas diez. Estaba en mi paleta derecha, era un corazón que tenía cuatro flores rodeándolo, cada flor representaba a un integrante de mi familia, y en medio de este había un pergamino que rezaba "Born to be wild" (2). Mamá amaba esa canción, y desde pequeña siempre me dijo que todos habíamos nacido para ser libre, así que nadie podía restringir quien yo era en realidad.
¿Ven?, seguí sus palabras al pie de la letra.
— Mi familia, mamá amaba esa canción —sonreí con tristeza y me encogí de hombros—. Me lo hice a los catorce y recién te das cuenta de él. Follamos, bastante, y yo no tenía una prenda encima, minino.
— Uh, bueno, creo que aquella vez no estaba tan pendiente de preguntarte por tus tatuajes —aún se podían ver sus sonrojos bajo la tenue luz de la luna que alumbraba por la ventana de la cocina. Con un gesto de su barbilla apuntó la taza que estaba entre mis manos— ¿Insomnio?
— Más bien… calentamiento, por tu culpa —lo apunté acusadoramente con mi dedo índice y le di un sorbo a mi leche.
— ¿Calentamiento? —ladeo su cabeza confundido.
— Sip —murmuré, caminando hacia él lentamente. Edward se puso en alerta y descruzó sus brazos, dejándolos caer ambos a los costados de su cuerpo. Dejé la taza de leche fría sobre la encimera y me puse frente a frente con él. Eran tan malditamente alto—, tú eres caliente, por ende, yo me pongo caliente.
— Isabella…
— Es el ciclo de la vida, minino, no hay de que avergonzarse. La gente se calienta, folla y santo remedio. Así es como funciona el ser humano y sus hormonas, y ahora, por tu culpa, mis hormonas están jodidamente cachondas —y el muy maldito se mordió el labio inferior, un claro gesto de nerviosismo en su persona. Mierda— Edward…
Gemí.
El reverendo Cullen había creado un pecado andante, si tan solo lo supiera.
— ¿Sí, Isabella?
¡Y lo seguía haciendo!
Era gracioso esto de algún modo –no sabía en realidad, si debía reír o llorar en esta situación, carajos–, estoy tan acostumbrada a los chicos que te dan esa mirada de: te comeré como ningún otro en este momento, que Edward simplemente me sacaba de onda. Era todo él, su cuerpo, su… Incluso cuando lucía como un puto pervertido que no podía quitar la vista de mis pechos, la ternura que el desprendía en sí estaba presente, la timidez que lo caracterizaba. Ugh, lo odio por ser así, lo odio por hacerme sentir como esa nena de antaño.
Yo simplemente no podía quedarme así.
Edward simplemente se jodió a sí mismo.
B, nena, ha llegado la hora.
— Voy a besarte ahora, tú lo estás pidiendo a gritos y yo simplemente no puedo ignorarlo.
Él ni siquiera tuvo tiempo de sonrojarse.
Y poniéndome de puntillas, rodeé su cuello con mis brazos jalando su rostro hacia el mío, finalmente juntando nuestros labios. Ah, había pasado tanto tiempo. Siempre me había gustado besar a Edward, sabía a especias y menta, y, por una extraña razón, él ha sido el único chico que ha logrado crear esas jodidas mariposas en mi estómago. Besé sus labios dulcemente, tanteando el terreno, no quería ahuyentarlo, aunque tenía unas ganas enormes de atacarlo con mi lengua lo más rápido posible. No fue necesario, de todos modos, el tomo la iniciativa sorprendiéndome enormemente. Posó sus manos suavemente sobre mis caderas, juntando nuestros cuerpos, su lengua se abrió paso tímidamente en mi boca.
Él sabía a ambrosia.
Edward también era el único hombre que me había besado con dulzura y calidez, sus besos eran de esos que te prometen muchas cosas, como caricias tiernas y palabras dulces por la mañana. Esas mierdas que chicas como yo simplemente no están acostumbradas. Yo soy más bien de besos rudos, mordidas en el labio y un polvo rápido, todo eso con cabrones que solían querer comerte la puta cara como jodidos zombies. Pero no, Simbra era diferente, siempre lo fue y lo seguía siendo.
Ugh, y yo seguía siendo tan no para él.
¿Dónde está el reverendo Cullen cuando se le necesita? Debería haberle enseñado a su hijo a no recibir besos de la niña problema, en vez del típico "no recibir dulces de extraños". Ahí fue donde Carli estuvo mal, eh.
— No has perdido tu toque, incluso, creo que lo has ido mejorando. Sacaste un master en besos, felicitaciones, minino. Aunque creo que estoy un poquitín celosa, ¿con quién habrás practicado? —murmuré, mi frente contra la suya. Sus ojos mirándome atentamente, su pecho bajando y subiendo en busca de aire y sus labios, esos malditamente apetitosos labios, torcidos en una dulce sonrisa.
— Gracias, supongo —y ahí estaba el sonrojo en sus mejillas. Sonreí, besando sus labios una vez más.
La puta madre, estaba perdida.
— Mierda, creo que puedo acostumbrarme a esto —gemí, sufriendo porque había encontrado una nueva adicción.
Nope.
No encontrado, simplemente vuelto a caer en ella.
Edward solo sonrió y se dejó besar.
…
Eran las siete de la mañana y yo me había levantado de un humor realmente bueno. Todos dormían aun, así que había preparado un desayuno rápido, con la ayuda de Renesmee. Había llamado a la enana por teléfono y finalmente, luego de hacer una asquerosa promesa con ella –que, si me pregunta, desearía olvidar–, me había dicho paso a paso como preparar unos jodidos huevos revueltos con tocino. ¡Ni siquiera eso podía hacer por mí misma!
Pero había quedado bien, gracias al cielo.
Prendí la radio y en ese mismo instante estaban trasmitiendo una de mis canciones favoritas. Le di todo el volumen a la melodía de Wake Me Up, y subí la escalera saltando al ritmo de la música. Octubre del dos mil doce pasado, saltando en Austin, Texas, en un concierto inolvidable de Avicii. Emmett hizo de niñera aquel día para que Alice y yo nos divirtiéramos bajo el efecto de la música electrónica. Hermosos recuerdos que aumentan mi felicidad. Creo, solo creo, que estaba más feliz de lo normal. Me acerqué a la habitación de Edward que era la primera del segundo piso y me encontré con una graciosa sorpresa.
— ¡Apaga eso mami, tengo sueño! —Floyd gruñó somnoliento— ¡Eward, dile que se calle!
Floyd se cubrió con una de las almohadas su cabeza luego de gritarme que apagara la música. Él estaba acostado junto a Edward, al lado derecho de él, y Grace estaba a su lado izquierdo. Los tres cubrían sus oídos y trataban de seguir durmiendo. Era una imagen realmente digna de un momento kodak, enserio, si tan solo tuviera el tiempo de ir a por mí cámara… Pero bueno, que amargada está la gente hoy en día por Dios.
— ¡Arriba todos, ya es jodi… —carraspeé cuando tuve tres pares de ojos sobre mí—, uh, ¿jodiasombrosamente tarde? —entorné mis ojos cuando vi sus sonrisillas de diversión— El desayuno está listo, ustedes tienen que poner sus traseros en el colegio —me acerqué a ambos niños, desordenando sus cabellos. Grace y Floyd dejaron un baboso beso sobre mi mejilla como buenos días—, y tú —apunté a Edward, frunciendo el ceño— La pequeña Weasley menciono algo sobre "reparar niños", así que supongo que el hospital es tu lugar.
— Supones bien —Edward sonrió y se puso de pie perezosamente.
Y ahí estaba de nuevo.
Demonios, ¿qué pasaba conmigo? No podía ir calentándome por la vida así como así, tenía un serio problema. Era cosa de ver a Edward y ¡zaz! mi vagina se volvía loca. Fiebre uterina, creo que así había llamado el reverendo Cullen a la enfermedad que atacaba a las mujeres libertinas. Eso debía tener, había pensado demasiado en sexo en estas pocas horas, desde que estaba bajo el mismo techo que el minino. Aunque, pensándolo bien, llevo bastante tiempo en abstinencia.
Dios santo, era una jodida necesitada.
¡Pero él lucía tan malditamente sexy con su cabello enmarañado y esos ojos somnolientos!
¡Ugh!
— ¡Los quiero abajo en este instante! —chillé, corriendo escalera abajo para llegar a la cocina.
La música seguía sonando, yo estaba completamente bañada y vestida. Hoy era el día en el que conocería al misterioso James Dean de Alice, eso también se sumaba un poco a mi estado de felicidad. Estaba incluso cantando, lucía como una jodida ama de casa. ¡Joder, quien lo diría! Edward fue el primero en bajar, yo estaba dejando los platos de cada uno frente a los asientos, sobre la encimera. Le sonreí y él me sonrió de vuelta, tímidamente. Tomó asiento en su lugar y no quitó sus ojos de mí.
— ¿Qué? —pregunté, un tanto incómoda por su insistente mirada.
— Nada… —dijo, sonriendo misteriosamente.
— Habla, ahora —lo apunté con un cuchillo que sostenía en mi mano derecha—, no puedes mirarme así y después decir "nada". Es desagradable, minino.
— Realmente es nada, solo quería mirarte, ¿tiene eso algo de malo?
Fruncí el ceño y me encogí de hombros.
— Sabes, tú olvidaste algo —apoyé mi espalda contra el lavabo y me crucé de brazos—, ¿dónde está mi beso de buenos días? —Edward se sonrojó y desordenó su cabello con nerviosismo.
— Oh, bueno, yo pensé que… Ya sabes…
— No sé, en realidad, y estoy esperando mi beso.
— No sabía… Yo pensé que solo era cosa de anoche —volvió a desordenar su cabello y desvió la mirada. Ah, odiaba que hiciera eso, él era tan fácil de leer cuando observabas fijamente sus ojos—, yo solo pensé que tú habías sentido esas ganas solo por la noche pasada… pensaba que había sido solo por la noche de ayer.
— ¿Qué parte de "podría acostumbrarme a esto", no te quedó clara? —rodé mis ojos y caminé hacia él. Apoyé mis manos sobre la encimera, inclinándome hacía su persona—. No te salvarás de mí, no ahora, tú eres el que empezó con todos esos inocentones gestos. Estabas jugando con fuego y te quemaste, ahora, quiero ese beso.
— ¿Nadie te ha dicho que tienes una vena dictadora? —alcé una de mis cejas en su dirección—, no es como si me oyeras quejarme por haberme quemado, ¿no? —sonreí con diversión y besé sus labios sin más, ¡él se estaba demorando mucho!
— Ahora, esos sí que son buenos días.
Me alejé, guiñándole un ojo justo cuando los renacuajos entraban corriendo como demonios a la cocina. Grace y Floyd llegaron a la cocina y cada uno tomo asiento en la encimera, coloqué sus platos con el respectivo desayuno frente a ellos y luego me giré para preparar lo mío. Al darme vuelta nuevamente hacia ellos me di cuenta de que ninguno se atrevía a tocar su comida, ni siquiera Edward, que miraba a los chicos con entendimiento. Con el ceño fruncido me digne a hacerles una pregunta.
Aunque estaba bastante, bastante segura de que iba todo esto.
— ¿Qué pasa ahora?
— No quiero ser rudo, Isabella, pero, uh, Floyd mencionó sobre tus dotes culinarias el día del paseo a La Push —murmuró Simba, mirando su plato de huevos y tocino con una extraña reticencia.
— Uh-huh, F-Floyd dijo que le explotó la olla —la pequeña Weasley tenía una mirada de terror.
— Creo que es mejor que lo pruebe el perro, si se muere no lo comemos.
— ¡No! —chilló Grace a Floyd, quien había soltado el comentario anterior— ¡Castiel no ha hecho nada!
— Ustedes… —mi alegría se fue al carajo. La gente… Tan malditamente malagradecidos— Esperen un momento…
Salí de la cocina lentamente y caminé hacia la sala de estar, donde reposaba el jarro de las malas palabras. Lo tomé entre mis manos y regresé a la cocina, donde me esperaban expectantes. Saqué un billete de diez y lo eché en el puto jarro y luego, sonreí. Como siempre, solo había que sonreír.
Habían mandado mi felicidad al caño.
Y yo, una persona para nada madrugadora, que había hecho todo eso para ellos.
Putos.
— Isabella…
— Me pasé toda la puta mañana preparando ese jodido desayuno, ¡toda la puta mañana!, ¡tuve que prometerle a Renesmee que usaría vestido este domingo y la acompañaría a misa para que me ayudara a preparar toda esta mierda! —gruñí, molesta— Y así es como me pagan. Joder, ustedes, son los peores, los peores de la vida. ¿Saben qué? Me importa una soberana mierda lo que hagan con el desayuno, ¡dénselo al jodido perro!, ¡ojala y se muera el cabrón! Me vale un carajo, y tú… —apunté a Edward, no podía ensañarme con los niños, oh, pero con él si podía hacerlo— ¡Vete a la mierda, cara de culo! —agarré una fruta y tomé mi bolso— Tendrás que llevar a los chicos al colegio, y bañarlos, y vestirlos, y todas esas mierdas, ¡porque tampoco se hacerlas y puede que alguna se muera si lo intento! Joder.
Estaba preparándome para salir de la casa con la frente en alto cuando la voz de Floyd me hizo detenerme en la mitad del rellano. Me giré hacia él, era mi hijo después de todo. No me gustó la sonrisita que tenía en sus labios. Ugh, él era tan parecido a mí a veces que me daba escalofríos.
— Mami…
— ¿Qué?
— Te faltó echar un dólar, fueron once malas palabras.
Yo solo quería hacer mi buena acción del día y así es como me pagan.
Malas personas, malas, malas personas.
¡Enano del demonio!
…
— Ya, está bien —Alice se acercó amenazadoramente a mí, apuntando mi pecho con su dedo índice. La enana estaba enojada, tenía esa vena en la frente que se le marcaba cuando algo la molestaba, ella odiaba ese puto gesto—, habla de una puta vez o te saco las palabras a golpes.
— Tink, no estoy de humor, no-estoy-de-humor.
— ¡Y yo tampoco estoy de humor para ver esa cara que traes!, joder, me pone de mal humor tan solo ver esa puta mueca de molestia y tristeza en tus labios, ¡ni siquiera sé que emoción es, eres tan deforme!, ¡y estás ahuyentando a la clientela con tu cara de culo!
Tampoco estaba tan fea.
Que la jodan.
— ¡Oh, cierra la puta boca!
— ¡Nenas, nenas! —Emmett se puso en medio de nosotras, deteniendo nuestra estúpida riña— Tranquilas, por favor, papá Oso está aquí, ¿sí? Grizzly está con ustedes, quiere a sus nenas, calmen los humos, aquí estoy para escucharlas. Siéntate —apuntó a Tink, quien se sentó en la vitrina que daba con la entrada—, ahora es tu turno B —tomé asiento en la silla reclinable— Ahora, ¿por qué estás de ese humor?
— Yo, ugh —ni siquiera me di cuenta del puchero que se había formado en mis labios cuando comencé a hablar—, yo les hice el desayuno, ya sabes, quería hacer algo bueno, ¿sí? Por alguna puta vez en mi vida. Me esmeré, joder, le pedí ayuda a Ness por todos los demonios, ¡y ellos simplemente lo miraron como si fuera la mierda de algún extraño sobre sus platos!
— Bueno, B, nena, no tienes un muy buen prontuario en lo que se refiere a la cocina.
— Grizz tiene razón, bebé, uh, tú sueles arruinar todo lo comestible.
— Gracias, amigos.
— Estamos siendo sinceros, corazón —ambos se encogieron de hombros pidiendo disculpas—. Y, te enojaste, supongo. Claro que lo hiciste, por todo lo santo, incluso me atrevería a apostar que le sacaste hasta la madre al tipo ese, ¿Cullen?, tiene cara de llamarse Alf.
— Él es Simba, Grizz —reí— ¿Alf?, ¿qué carajos?
— Se parecen, tiene ese mismo color de pelo —Emmett hizo una mueca con sus labios— Extraño.
— Nunca más trataré de jugar a la casita feliz, demonios, hasta esa mierda se me da fatal.
— No es tu culpa, esas cosas no están hechas para nosotros, deja que el niño pijo siga haciéndola de ama de casa —Tink se puso de pie y caminó hacia mí para dejar un beso sobre mi mejilla, sonreí— Te queremos.
— Con todo el corazón, tanto así que dejaremos que nos cocines a nosotros la próxima vez y comeremos todo, sin decir una palabra, lo prometo —rodé mis ojos cuando Grizz besó mi otra mejilla.
— Vale, no importa, ya pasó —suspiré—. Ahora, alguien me dijo que el tipo del piercing en la verga vendría hoy, queda una hora para cerrar la tienda y nadie ha aparecido. ¡Tenía fe de que él sería quien me alegraría el día, carajos! Hace tanto tiempo que no veo una polla que probablemente he olvidado como luce una.
— Uh, creo que "el tipo del piercing en la verga" soy yo.
Nuestros ojos volaron a la puerta de entrada que solo hace unos segundos, cuando el hombre había dicho esa frase, había hecho sonar la campanita que avisaba sobre nuestra nueva clientela. Ahí estaba el señor moja-bragas. Santísima mierda, Alice tenía toda la razón, toda la puta razón, ¡era una versión mejorada de Dean! Oh por todo lo divino, él estaba completamente comestible con esa chaqueta de cuero negra, playera blanca y su cabello pulcramente peinado en un copete.
La B interior comenzó a saltar alegremente, como si estuviera en una tienda de dulces.
— Siento eso —sonreí, no lo sentía para nada—, yo soy B, encantada.
— James, el gusto es mío.
— ¿James?, me estás jodiendo.
— No, no lo estoy haciendo, aunque podríamos cambiar eso una vez terminemos aquí —estrechó mi mano y una sonrisa torcida se formó en sus labios. No pasé por alto los tatuajes que aparecían bajo la manga de su chaqueta cuando nuestras manos se juntaron—, así que tú eres la encargada de las perforaciones.
Ojos azules de puta madre, el chico iba sumando puntos.
— Esa soy yo, campeón —le guiñé un ojo, recargándome contra la silla—, ¿quieres empezar ahora?
— Mientras más rápido, mejor… Al menos eso dicen.
— Discrepamos ahí, prefiero mil veces ir lento —Grizz tosió tras de mí, tratando de esconder una risa y Alice soltó un pequeño gritito ahogado. La pobre, debe estar toda orgasmeada ahí—. Bien, hombre caliente, sígueme.
Guíe al monumento de la calentura hacia mi pequeño espacio de perforaciones. Una vez estuvimos dentro cerré la puerta y le indiqué que se acomodara sobre la silla reclinable. Sus ojos azules seguían todos y cada uno de mis movimientos, ambos estábamos completamente en silencio. Nunca me había gustado cuando la gente me miraba así, Edward tendía a hacerlo bastante seguido y este puto estaba siguiéndole los pasos.
— Vale, que es exactamente lo que quieres.
— Creo que ya lo sabes.
— Muñeco, hay bastantes formas. Puede que quieras un piercing justo en el glande, o alrededor de él. También puedes querer en la base de este, ya sabes, donde empiezan las bolas —rodé mis ojos—. Tienes un sinfín de probabilidades —me giré para sacar un álbum de fotos de uno de los compartimientos—. Ten, aquí tienes algunos de ellos —James lo tomó entre sus manos y comenzó a ver las fotografías—, dime cual es el que quieres.
— Este —el rubio cachondo apuntó la imagen. Era un ampallang, un piercing que atraviesa horizontalmente el glande. Asentí, pensando en las posibilidades, uniendo el sex-appeal que desprendía este tipo a su nueva perforación, dicen que el placer que se siente es jodidamente asombroso. Nunca lo había hecho con un tipo que tuviera perforado sus partes íntimas, creo que Tink sí.
Ah, mi amiga necesitaba atención, rápido.
— Buena elección —le sonreí mientras tomaba el álbum y lo dejaba sobre la mesilla—, bien, hombre, creo que llegó la hora de poner mis manos sobre tu amigo. Desembucha —él sonrió y comenzó a desabrochar su pantalón. Di media vuelta para buscar los guantes quirúrgicos mientras James se alistaba— Mierda, espérame aquí vuelvo enseguida.
Levantó su pulgar en señal de aceptación. No mentiré diciendo que no me quede un ratín prendada de su persona cuando se liberó finalmente de su pantalón y quedó solo en unos ajustados bóxers negros. Oculté un gritito de sorpresa, el tipo tenía un enorme paquete guardado. Moví mi cabeza para despejarme. Demonios, no podía con tantos hombres buenos en este mundo, ¿por qué, Dios? Y después él castigaba la poligamia. Salí de mi sala de perforaciones en búsqueda de unos guantes, estaba por preguntarle a Grizzly y Tink sobre los suyos cuando me llevé una sorpresa.
— ¿Qué haces aquí? —pregunté con el ceño fruncido, observando a Edward que estaba de pie junto a Emmett.
— Uh, yo… Bueno, vine a disculparme.
— ¿Dónde está Tink?
— Cuidando de los niños, en casa —hizo una mueca con sus labios—. Isabella, yo…
— Esta bien, está bien, estás perdonado —le resté importancia moviendo mi mano libremente—, estoy ocupada ahora, minino. Grizz, ¿dónde tienes los guantes? Se acabaron los míos y necesito empezar con esto luego, tengo a Dean desnudo sobre la camilla. Ya sabes cómo reacciona un pene ante el frío, horrible.
— Tú… Estas… ¿Qué? —Edward tenía el ceño fruncido.
— Oh, ¿recuerdas el tipo que quería un piercing en su polla?, está aquí, y yo realmente, realmente necesito volver al trabajo. En casa puedes disculparte todo lo que quieras Simba, pero ahora estoy ocupada.
— Los guantes están aquí, ten —Grizz me entregó una bolsa llena de guantes blancos. Le sonreí y desaparecí nuevamente en mi pequeño espacio de trabajo, dejando a Edward atrás.
— Bien, manos a la obra.
James, mi querido cliente, me esperaba pacientemente con una jodidamente gigantesca verga descansando en su muslo. Vaya, él era enorme, realmente enorme. El tipo podía partir prácticamente a alguien en dos con eso. Crucé las piernas de tan solo imaginarlo, puto dolor, puto placer. Abrí mis ojos y los guie a los suyos, que me observaban con diversión. Me encogí de hombros y coloqué los guantes para comenzar con el trabajo.
Que no te sorprenda, mujer, que no te sorprenda su súper verga.
— Déjame decirte que no estas nada mal, eh —rió cuando solté ese comentario haciendo alusión a su polla mutante. Que miedo, el probablemente ni siquiera podía meterla toda, esa cosa simplemente no cabía en la vagina de nadie, tenía que ser una súper vagina—. Deberías ir a un circo, presentarte en el show de los raros, ganarías bastante, nunca había visto algo así, y he visto bastantes, créeme.
— Ganaría más en la industria porno, si lo ponemos así —asentí, sonriendo, tenía toda la razón.
— Yo compraría tu película, créeme.
— Te daría una copia gratis —reí. Desinfecté la zona que iba a ser perforada con un poco de alcohol en una gasa, con mis manos tomé su miembro para comenzar con la desinfección— Lo siento, pero no puedes pedirme que no sienta nada cuando una chica tan caliente como tú me está tocando allí abajo.
Eh, yo no había dicho nada porque su amigo estaba cobrando vida.
Son gajes del oficio.
— Tranquilo, realmente, me siento halagada de que un gigante así se mueva por mí.
Una vez hube desinfectado, marqué dos puntos en ambos lados de su glande con el lápiz plumón. Me quité los guantes y ocupé otro par, esta vez tomando las pinzas para sostenerlo por la cabeza. Tenía que hacerlo todo con cuidado, hombres, son realmente sensibles en sus partes reproductoras. Estaba realmente concentrada en lo que estaba haciendo cuando unos golpes en la puerta me distrajeron de mi trabajo.
— ¿Isabella?
— Minino, ¡me estás interrumpiendo aquí! —fruncí el ceño, sin dejar de prestar atención a lo que hacía.
— Uh, yo… ¡bueno, lo seguiré haciendo mientras no abras esta puerta!
¿Qué era lo que le pasaba?
Suspiré derrotada y observé a James.
— ¿Te molesta si dejo entrar a ese idiota?, él realmente está un poco alterado porque tengo mis manos sobre un pene que no es el suyo, aunque no quiera aceptarlo, estoy segura de que cuando abra la puerta vendrá con la excusa de que es por mi propia seguridad.
— ¿Un novio?
— No, nada de eso, un algo —James sonrió y rodó sus ojos, encogiéndose de hombros.
— No me avergüenzo de nada, así que venga, no me importa quien esté viendo.
— Eres mi ídolo, grábate eso en la cabeza —me levanté del taburete en el que tenía mi trasero descansando y abrí la puerta de un sopetón. Edward lucía consternado, avergonzado y decidido por vaya a saber Dios que cosa— ¿qué excusa ocuparás ahora?
— No puedes estar encerrada en una habitación con un hombre al que apenas conoces, no es seguro para ti —sonreí. Miré a James por sobre mi hombro, el rubio me observaba completamente entretenido con la situación.
— Te lo dije, hombre —y mi cachondo cliente soltó una ronca carcajada. Volví a enfrentar a Edward—. Minino, cariño, tengo que terminar esto. Si quieres quedarte aquí, solo promete que no me joderas los nervios, tengo que ser cuidadosa o el amigo aquí no podrá ocupar su herramienta.
— Y definitivamente no queremos eso.
— Ahí lo tienes, ¿escuchaste al hombre? —Edward asintió como un niño pequeño, mirando hacia cualquier lado excepto al hombre que estaba ahora frente a nosotros— Bien, y tampoco quiero alaridos ni celos. Yo tengo que tocarlo, ¿cómo quieres que le ponga este jodido arete si no?
— Guardaré silencio.
— Bien, así me gusta —besé su mejilla y volví a lo mío, bajo la atenta mirada de Edward— Volvamos a esto, entonces —mis ojos se posaron sobre los azules de James— James, este es Edward —James le hizo un gesto con su barbilla, luciendo tan despreocupado tendido sobre la silla reclinable con sus brazos cruzados detrás de su cabeza y su verga ahí, alzada orgullosamente, como si estuviera saludando a Edward—. Minino, este es James, el tipo de la verga mutante.
No obtuve más interrupciones, excepto que sabía Edward tenía un montón de cosas para decir pero se las estaba aguantando, sobre todo cuando la polla de James respondía a mis toques. ¡Era un hombre por todo lo santo!, era obvio que se le iba a parar o algo por el estilo, yo no era un troll después de todo, tenía lo mío. Y encontraba gracioso como daba pequeños respingos cuando mis dedos lo tocaban más de la cuenta. ¿Qué?, una chica puede aprovecharse de su trabajo de vez en cuando. Y, si soy sincera, encontraba realmente cachondo que Edward me estuviera mirando mientras tenía mis manos sobre otro. Una mujer tiene sus fantasías. Cuando finalmente el piercing estuvo en su lugar suspiré satisfecha, todo había salido según lo planeado e incluso, en la parte donde los chicos solían lloriquear como nenas, James solo mordió su labio sexymente y nada más.
Era un hombre valiente el muy cabrón.
¡Yo había esperado lloriqueos!
— Demora en cicatrizar de cuatro a seis meses, así que ya lo sabes, nada de sexo —lo apunté con mi dedo índice— y tampoco tienes permitido jalártela, ¿me has entendido? Abstinencia por el tiempo que sea necesario, incluso y si hablamos de sobajeos con el primer amor —el rubio asintió, divertido cuando apunté mi mano haciendo alusión al "primer amor"—. En la entrada cancelas, Grizz te dará el papel con las indicaciones de cuidado, ¿sí? Cualquier duda que tengas solo ven, no nos moveremos de aquí y estaré gustosa de responderlas —le sonreí.
— Chica, gracias, tienes unas manos mágicas. Sentí una mierda de dolor, creo que solo fueron los primeros segundos, luego, nada, absolutamente nada, eres una diosa —me guiñó un ojo a la vez que abrochaba su pantalón con cuidado— Vendré nuevamente, no te salvarás de mi… Y dile a tu amiga que estaré más que encantado de aceptar la petición que me hizo el otro día.
— ¿Algo sobre su lengua en tu garganta?
— Exactamente —reí. Él se acercó a mí y dejó un beso sobre la punta de mi nariz.
— Un gusto, nena.
— ¡Igualmente, Dean!
Y así se fue, dejándome con Edward en el diminuto cuarto. Simba estaba sentado sobre la silla, y ahí estaba de nuevo, esa mirada inquietante sobre mí, fija, como si me estuviera estudiando minuciosamente, tratando de encontrar alguna clase de anomalía. Ugh, me daba escalofríos. Comencé a limpiar los utensilios, primero botando los guantes que había ocupado.
— Edward, si tienes algo que decir, dilo ahora.
— Ni siquiera era tan guapo.
No pude evitar soltar una sonora carcajada por su comentario. ¡Era tan celoso!, y James sí que estaba guapo, yo lo sabía, él lo sabía, todo el mundo lo sabía, por eso había hecho ese comentario. Deje todo limpio, en su lugar y me giré, enfrentándolo de una vez por todas. Mi sonrisa perduró al verlo sentado ahí sobre la silla reclinable, tan perdido. Él lucía tan fuera de lugar dentro del local, con su camisa celeste y pantalones de vestir, y aun así me gustaba. Por qué señor mío, por qué.
— Este es mi trabajo —murmuré, abarcando el lugar con un gesto de mis brazos.
— Lo sé, Isabella, no he dicho nada, dijiste que permaneciera en silencio y eso estoy haciendo —fingió una sonrisa—. Sé que es tu trabajo, pero no por eso debe gustarme.
— Ya sé, tampoco es como si fuera a cambiarlo porque a ti no te gusta.
— Touché.
— Minino, no estoy molesta contigo —murmuré, observando sus ojos esmeraldas—. En la mañana lo estaba, con los tres en realidad, me pasé de la raya, lo sé, lo siento, pero no soy una mujer rencorosa. Tenían toda la razón de sospechar con mi comida.
— Debimos haberte dado el beneficio de la duda, no fue justo.
— Ah, está bien, solo quiero dormir —me acerqué a él haciendo un puchero y sin previo aviso me senté sobre sus piernas. Edward se tensó en un principio, y luego, lentamente, rodeó mi cintura con uno de sus brazos—. Eso, estás aprendiendo.
— En realidad, no tengo idea de lo que estoy haciendo.
— Tú solo déjate llevar.
— Creo que me has dicho esa frase antes —reí, acercando mi rostro al suyo—. Esta demasiado cerca, señorita Swan.
— ¿Te molesta? —murmuré, rozando mi nariz con la suya, tentándolo a jugar.
— ¿Quieres que sea honesto?
— Siempre.
— No, no me molesta, me encanta.
Y él cortó el poco espacio que nos separaba, juntando sus labios nuevamente con los míos.
…
Llegamos a casa a la velocidad de la luz, tuve que dejar la motocicleta fuera de la tienda ya que Edward había ido en su Volvo e insistió en que me fuera con él. Al llegar a la casa Cullen me pareció jodidamente extraño que todo estuviera en silencio, las luces de la casa estaban completamente prendidas, iluminando todo a su paso, pero no había rastro de Alice ni de los chicos. Con el ceño fruncido ambos entramos, hasta que finalmente escuchamos un grito.
— ¡Ahora minions, ataquen al hijo de puta ese!
Esa, estaba cien por ciento segura, que era Tink
La imagen que nos encontramos en la sala de estar era de puta madre. Alice, Grace y Floyd sostenían unas pistolas de agua y atacaban deliberadamente a Jasper, quien estaba actuando realmente bien su muerte, los renacuajos reían a mandíbula abierta y Alice tenía una especia de brillo maquiavélico en su mirada. Algo así como que mí querida amiga se estaba imaginando la verdadera muerte de Cobain.
Algún día esos dos terminarían teniendo hijos.
— ¿Qué carajos está pasando aquí?
— ¡Mami dijo una mala palabra! —chilló Floyd, a la vez que soltaba la pistola y corría hacia mí para darme un caluroso abrazo— Hola, mami, nos debes un dólar… Dos, contando el que debías en la mañana —besé su mejilla y rodé mis ojos.
— ¿Qué hay de tía Tink?, ¡ella también dijo malas palabras!
— Eh, marica, esta no es mi casa, la regla no va conmigo —sonrió angelicalmente a la vez que se cruzaba de brazos.
— Hola, Isabella, nosotros solo estábamos jugando mientras esperábamos que llegaras con papá —Grace estaba tras Floyd y movía su piecito de un lado a otro— Isabella… ¿a-aun nos odias?
La cara de borrego que usaba Floyd no era nada, nada comparada con la de la pequeña Weasley. Ella se transformaba literalmente en el gato de Shrek, ¡incluso tenían los mismo grandes ojos verdes!, ¿y aun así ella pensaba que yo podía odiarla? La nena era una ternurita, por Dios. Me agaché hasta quedar a su altura y le sonreí, atrayéndola a mí en un abrazo que respondió gustosa.
— No los odio, ya te lo había dicho, ¿recuerdas?
— ¡Pero eso fue antes de que explotaras!
— Bien, pero no lo hago, así que no me pongas esa cara, ¿sí? —ella asintió, limpiando unas pequeñas lágrimas que habían rodado por sus mejillas—. Me gustas cuando sonríes, así que te quiero siempre sonriente para mí pequeña.
— ¿Por qué estás aquí?
— ¿Por qué están viviendo juntos?, ¿jugaran a la casita feliz? —Jasper respondió a la pregunta de Edward con más preguntas. Una sonrisa pícara estaba en los labios de Cobain—. Te traigo una noticia que te hará caer de culo —me apuntó con su dedo índice—, y, estaba ayudando a la hadita aquí.
— No es como si hubiera necesitado tu ayuda, tú simplemente apareciste a cagarnos la existencia.
— Te serví de blanco, que conste.
— Para algo que sirvas, cabrón.
— Vale, vale, luego se van a un motel a arreglar sus problemas, joder —Alice frunció el ceño con disgusto y Jasper sonrió abiertamente ante mis palabras— ¿Qué noticia?
— Edd, hermanito, ¿no le has dicho? —la sonrisa de Jasper no podía ser más espeluznante—. Isabella, mi querida B. Te traigo una cordial invitación a la casa Cullen, papá espera verlos allí el sábado a la hora de almorzar. Hermanito —Cobain negó con la cabeza—, papá está impaciente por intercambiar palabras con tu novia y la nueva madre de Grace.
¿Qué mierda?
— ¿Isabella es mi nueva mami? —los ojitos de Grace se iluminaron.
— ¿Están de novios? —Floyd frunció el ceño.
Joder, ¿dónde me había metido?
— Chicos, ¿por qué no van arriba?, les tengo una historia realmente fantabulosa para la noche de hoy, con dragones y princesas y esas mier… miércoles —lo niños asintieron con entusiasmo y corrieron escalera arriba. Me giré hacia Jasper, quería matarlo— Y tú, para ahí con todo lo que estás diciendo y explícate, ¿de qué estás hablando? —mi ceño se frunció.
Bien, basta, Edward y yo solo nos habíamos besado, hace unas pocas horas atrás. Besar, juntar nuestros labios, eso, nada más. ¡No quería decir que de la noche a la mañana me casaría con él y viviríamos felices por siempre! Que carajos, ¿qué parte de "lento por las piedras" la gente no entiende? Ya me estaba entrando el pánico con tanto compromiso sobre mis hombros. ¿Edward le había dicho a su padre todo eso? Iba a matarlo si era así.
Tenía ganas de matarlos a todos.
¿Ahora ni siquiera podíamos besarnos en paz?
Si alguien me hubiera dicho que me pondrían la soga al cuello por un simple beso nunca lo hubiera hecho, me hubiera tragado la calentura del momento, desahogado yo misma, que se yo, para algo tengo diez dedos que me pueden ayudar a ver las estrellas de igual manera.
— Papá tiene esta… imagen, por así decirlo. Edd lo sabe, ¿cierto, hermanito?
— Isabella y Floyd están aquí porque lo necesitan, no porque… No por lo que papá piensa, por Dios —el minino desordenó su cabello con una de sus manos, la otra la tenía cerrada en un puño de la muerte, sus nudillos estaban putamente blancos.
— ¿Y qué es lo que papá piensa? —pregunté, un tanto alterada ya.
Edward se sonrojó furiosamente y Jasper sonrió aún más si es posible.
— ¿Aun no se lo has dicho hermanito? —la carcajada que soltó Cobain mandó un escalofrío directo por mi columna vertebral— Papá piensa que están viviendo juntos, como pareja… Las campanas de boda sonando ya, ¿has entendido?
— ¿Carli piensa que me casaré con el minino y por eso estamos juntos?
Jasper se acercó a mí lentamente, para el todo era un jodido chiste, quería tanto borrar esa expresión de diversión de su puñetero rostro. Cobain sonrió, acercando su boca a mi oído para murmurar algo en un bajo volumen para que así solo yo escuchara.
— En realidad, papá piensa que Floyd es hijo de Edward y que después de todos estos años de libertinaje que has vivido finalmente has sentado cabeza y visto la luz. Él está dispuesto a perdonarte, por su nieto e hijo.
Gemí internamente.
Estas cosas solo podían pasarme a mí, claro.
¿Qué sorpresa se llevaría el reverendo al saber que ni siquiera sé quién es el padre de mi mocoso?
…
El sábado del dichoso almuerzo había llegado. Nos levantamos a una hora prudente para dejar la casa en orden y partir a la casona Cullen donde mi verdugo personal estaría esperándome. Edward andaba un tanto nervioso, el nene siempre le tuvo una especie de miedo a su padre, a veces creo incluso que por eso Jasper le había salido fallado, porque el viejo Carlisle era muy cuadrado con respecto a todo. Blanco o negro, nada más, no hay matices ni intermedios, o es blanco o es jodidamente negro.
Así que aquí estaba, lista, tratando de dejarle unos puntos claros a mi pequeño bribón que lucía realmente adorable en su playera gris de corte en v. Floyd me observaba con sus grandes ojos marrones atentamente, tratando de procesar todas las advertencias que le decía para que así pasáramos una tarde amena, siendo yo la única con derecho de romper la calma y joderle las pelotas a Carli.
— Nada de travesuras.
— Por el meñique.
— No hables cuando los grandes lo hacen, mocoso.
— Entendido, mami.
— Y no… Floyd, no, no. Demonios, ¡no me pongas esa jodida cara! —él tenía una mueca angelical en su rostro, demasiado inocente para ser verdad, solo asentía y sonreía a mis palabras, me daba escalofríos, Chucky no da miedo en comparación con este niño.
— ¡Mamá dijo…
Cubrí su boca con mi mano rápidamente para que Edward no lo escuchara. Ellos ya habían tomado muchos dólares de mí, podía ser nuestro pequeño secreto, aunque mi hijo fuera un traidor de mierda. Observé sus cafés ojos tan parecidos a los míos y negué con mi cabeza, él sonreía contra mi mano, tan divertido con la situación, ¡me estaba dejando en la puta bancarrota!, ¡como si no lo estuviera ya!
— Si hablas, no habrá más Dragon Ball para ti. No más internet, no más Snickers, no más nada, ¿sabes por qué? Porque ustedes, con esa puta regla, me están haciendo pobre. Y sí, dije otra mala palabra, pero esos dos dólares serán nuestro secreto. ¿Cierto, enano? Porque eres mi hijito preferido —Floyd frunció el ceño cuando dejé su boca en libertad.
— Así que dos dólares que quieres guardarte bajo la manga, ¿le estás enseñando a mentir a tu hijo?
Santa mierda.
Floyd me sonreía con suficiencia y zafándose de mi corrió hacia las manos del enemigo a refugiarse, ugh. Mi hijo estaba agarrado de una de las piernas de Edward y el muy bribón me sacaba la lengua cantando victoria. Bufé y me crucé de brazos, si querían esos dos dólares pues tendrían que sacármelos a la fuerza. Ya basta de restricción, ¡viva la libre expresión carajo!
— No le estaba enseñando a mentir, Simba, solo era un secreto entre madre e hijo. ¿Quieres esos dos dólares, minino? Porque no te los daré, es más, mira —los saqué del bolsillo de mi pantalón y descaradamente los escondí en mi sostén—. Ahora, los quieres, los obtienes por tus medios.
— Eso es jugar sucio.
— Este traidor de aquí —apunté a Floyd que se había aliado con Edward— quiere su play station de vuelta, si siguen robándome de esta manera por decir solo una palabrita mala de vez en cuando, nunca conseguiremos esa compra.
— Solo por esta vez haré como que no he visto ni escuchado nada, ¿sí? Vamos un poco tarde.
— ¡Bella!, ¡iremos donde el abuelito!
El nefasto día había llegado. Sonreí a la pequeña Weasley, quien brincaba alegremente, haciendo que su vestido blanco con degradé en azul siguiera sus libres movimientos al igual que las dos trenzas que traía. Se veía mona la mocosa, su mata naranja de pelo resaltaba aún más debido a su vestimenta. Ella estaba tan feliz de que iríamos a visitar a sus abuelitos y yo… Yo solo esperaba salir indemne de esto, algo tiene el reverendo Cullen que me hace hablar más idioteces de las que normalmente estoy acostumbrada.
— Bien, el abu Carli nos espera —tomé a Grace en mis brazos, la pequeña rio alegremente— Será mejor que nos apuremos, no queremos sacarle más canas de las que tiene el viejo ese.
— ¡Bella le dijo viejo al abuelo, papi! —chilló la niña. Edward entornó sus ojos y, acomodando la gorra de Floyd sobre su cabeza, le tomó la mano y caminó hacia el garaje. Nosotras íbamos tras ellos— Te ves muy bonita hoy, Bella.
— Muchas gracias, pequeña —besé su mejilla a modo de agradecimiento. La verdad es que me había vestido como siempre, llevaba una chaqueta de cuero encima de mi playera de Led Zepellin, unos pantalones entallados y mis botas negras— Tú luces como una verdadera princesita.
Nos montamos en el Volvo de Edward rápidamente. Decir que no estaba nerviosa era mentir. No tenía miedo del viejo reverendo, mis bolas, ¿miedo a Cullen?, ¡oh, vamos! Pero ahora no iba sola y por muy siervo del señor que este hombre sea, sé que en algún momento de la velada dirá algo con respecto a mi pequeño. Y cuando tocan a mi bebé yo no respondo, así que crucemos los dedos para que todo salga armoniosamente, incluso, me abstendré de decir malas palabras solo porque no quiero discutir.
Estoy tan cansada de discutir.
— Papá no es tan malo, Isabella.
— ¿Eh?
— Tu mano —observé como había empuñado mi mano sin darme cuenta de ello—, papá es un tanto anticuado.
— Demasiado, diría yo, y tú estás por las mismas —sonreí—, tengo que preguntarte un día de estos que me hables a fondo sobre ese club de frígidos que tienes.
— Club de celibato, no son frígidos solo porque creen en la espera.
— Frígidos.
— Hay personas que piensan en compartir ese regalo con la persona indicada, no es un pecado esperar por ello, hay algo, Isabella, que se llama amor, y entregar la virginidad en un acto de amor es lo más hermoso.
— ¿Hablas por experiencia propia, minino?
— ¿Cómo lo has adivinado? —y nuevamente me dejó sin palabras.
Odiaba cuando tenía esas respuestas ingeniosas que me hacían tragar mis palabras solo por el placer de pillarlo y hacerlo sonrojar. Me salía el tiro por la culata, demonios. Decidí permanecer en silencio, prendí la radio y la cambié enseguida. Edward, Dios, no sé cómo le pueden gustar esas emisoras religiosas, son tan aburridas, gracias al cielo una melodiosa guitarra se escuchó en una de las radiales. Ah, Santana, divinamente sublime.
Edward solo tuvo que manejar unos minutos más cuando finalmente aparecimos frente a la gigantesca casona del reverendo. Era inconfundible, una bandera de los Estados Unidos se alzaba en el porche, creo incluso que esta casa es más grande que la del mismísimo alcalde del pueblo. Simba aparcó a un costado y me ayudó a bajar, sacamos a los niños de la parte trasera y caminamos hacia mi pesadilla.
Floyd agarraba mi mano como si fuera de vida o muerte.
Edward tocó el timbre que estaba en la entrada.
Ding, dong.
Grace soltó una pequeña risa en el preciso momento en que la puerta se abría.
Ahí estaba él, oh, el viejo lucía igual a como lo recordaba, solo unas cuantas canas casi imperceptible habían aparecido en su rubio cabello, sus ojos celeste cielo me observaban con censura y sabiduría. Al menos la mirada de "eres un caso completamente perdido" ya no seguía ahí, un punto a favor de Bella. Carlisle Cullen desvió la mirada con parsimonia hacia el pequeño hombrecito que sostenía mi mano fuertemente. Floyd se acercó a mí, tratando de esconderse de aquel hombre que le dedicó una calurosa sonrisa. Su mirada volvió a posarse sobre mí, la sonrisa casi extinta, y él habló, con esa voz que recibía a los habitantes de Forks en la iglesia día a día:
— Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros, y no hicieron distinción entre nosotros y ellos, purificando sus corazones por la fe—Carlisle se cruzó de brazos—. Nuestro señor te recibirá en su reino, al igual que yo lo haré en el mío. Bienvenida, Isabella.
Ahí estaba con sus mierdas místicas.
— Eh, si bueno —rasqué mi nuca y luego sonreí abiertamente—, ¿qué onda, Carli? Dile a tu señor que muchas gracias, pero no estoy preparada para pertenecer a su reino aún, Luci tiene unas fiestas allá abajo de puta madre, le manda sus saludos y espera, sinceramente, que se divierta un poco.
Un silencio reino en el lugar, Edward se removía nervioso junto a mí.
La seriedad en el rostro de Carlisle era impresionante, yo traté de seguirle el juego. Ni de coña perdía contra él, esta era la sobrevivencia del más fuerte, nada más. Nos miramos fijamente por unos segundos que se hicieron jodidamente eternos, hasta que pasó lo esperado. Una pequeña, casi imperceptible, sonrisa se posó en los labios del rubio señor.
— No has cambiado en absolutamente nada, muchacha.
— Seh, puedo decir lo mismo de ti, viejo.
(1) Es una película donde Macaulay Culkin interpreta a un niño que vive en la familia Ricón, la familia mas acaudalada de Estados Unidos.
(2) Born to be wild: Nacido para ser libre.
¡Buenas noches!
Esto es el capítulo que les dije que me había salido más largo de lo normal. Es culpa del fic que me da tantas ideas para ustedes jajajaja. Buenooooo, sé que muchas pensaban que el papi de mi renacuajo era James, el chico del piercing en la verga. Pues, nope, se equivocaron :/ lamentablemente jijijiji, aun queda para que aparezca, primero tengo que hacerlos disfrutar a los muchachos, ya empezaron con besitos eh, alguien tiene que llegar en algún momento a cagar la armonía, y tenemos dos posibles alguienes para eso, mamá o papá, ahí elegiré en algún momento y cuando menos se lo esperen porque soy mala muajajaja (?). Espero les haya gustado el, bueno, no primer beso pero, ya saben, el recordatorio de (?) mi querida B anda un poco alterada con esto de que necesiata alguien que le caliente la cama así que será mejor que el minino se cuide, o tal vez el se deje llevar, quién sabe, quién sabe, es tan moldeable Edward que puede pasar cualquier cosa jajaja.
En fin, espero lo hayan disfrutado, yo lo hice un montón escribiendolo. Una chica me preguntó si yo había escrito "¡Perfecto!, un nuevo profesor" Te respondo por aquí porque eres guest y no pude enviar reply: ¡SI! jajaj, soy yo, ese fue mi primer fic a subir en fanfiction, por allá por el 2008 si no me equivoco :3
Y ahora, les vengo con la lata. Les digo que puede que demore mas en actualizar el próximo capítulo porque empezaré con las cosas finales de la U que, lamentablemente aunque las odie, tengo que hacerlas. Yo soy una mujer bastante no-estudiosa, pero para esto tengo que volverme estudiosa por obligación, ni siquiera sé si podré ver mis series como lo hago todas las semanas y heme aquí, sufriendo por eso. Las tendré al tanto en el grupo :)
PD: Chicas lindas, si me agregan a facebook yo no tengo ningún problema :3 ¡pero por favor díganme quienes son! a veces al no ver amigos en común le doy al botón de ignorar y luego me entero que son chicas de fanfiction y me siento pésimo por dejarlas en el ciberespacio ajajaja XD
¡Muuuuuchas gracias por sus rr, alertas y favoritos!
Every girl and boy needs a little joy.
Lamb.
