Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward
Capítulo 10: El mundo te amará, dulce hoja.
Sweet Leaf – Black Sabbath
— ¿Isabella?
Santísima mierda.
Mis ojos se abrieron en par al igual que los de los chicos. Emmett escondió la felicidad envasada dentro de su playera rápidamente, justo en el momento en el que Edward se hacía presente frente a nosotros. Al minino podría darle un ataque nervioso si supera que esta panda de ilegales tiene droga en su humilde morada. Tres sonrisas demasiado inocentonas le regalamos a Simba, quien nos observaba con suspicacia.
— ¿Sí, Edward? —contesté sumisamente, como una buena chica.
Siempre como una buena chica.
— ¿Está todo bien? —su ceño fruncido era de lo más adorable, sobre todo cuando tenía esa expresión temerosa en su rostro. Era como si él tratara de lucir intimidante pero algo dentro de su bondadoso ser no lo dejara serlo del todo.
— Todo está perfectamente, Simba.
— Uh-huh —Edward frunció el ceño levemente y luego suspiró, le dio una mirada a los chicos y trató de sonreír—. Es un gusto volver a verlos, chicos —murmuró con educación, tal y como Carli le había enseñado.
— ¡Qué onda, Cullen! —chillaron ambos a la vez.
Y ahí estaba.
Los ojos de mis dos queridos amigos haciendo presión en mí, podía leer claramente la pregunta no hecha. Ellos querían que me ofreciera cuál puta fuera, a Edward, para que así él nos prestara su patio. Al menos yo estaba pensando en eso, digo, era un buen plan, ¿no? Ofrecerle un pedazo de mi carne –carne de primera, si me lo permiten– al primor para ser felices por un momento. El patio de su casa era enorme, un frondoso césped lo cubría y unos cuantos pinos adornaban el lugar, haciéndolo un tanto místico. El cielo de Forks se veía esplendido desde allí. ¿Qué mejor manera de viajar a la estratosfera que estar bajo el manto de un hermoso cielo estrellado? Los chicos deben estar pensando en algo bastante similar, estoy segura de ello.
Y si no... Bueno, me vale verga de todos modos.
— Minino —me giré hacia Edward. Dios, enserio él lucía cansado—, ¿podríamos hablar a solas?
— C-Claro, lo que quieras.
Tomé su mano y lo jalé en dirección a la cocina, Edward me siguió sin chistar y le indiqué a los chicos con un gesto de mi mano que me esperaran en el angosto pasillo que daba a la puerta de entrada. Antes de desaparecer de sus vistas, coloqué mi brazo derecho doblado por mi espalda y alcé mi pulgar. Iba a convencer a Edward, y tal vez lo convencía de relajarse un poquito junto a nosotros, quien sabe, suelo ser bastante persuasiva cuando se trata del minino y por la cara que traía creo que de nosotros cuatro era él el que más lo necesitaba.
— Necesito pedirte un enorme favor, minino.
— ¿Qué favor? —se cruzó de brazos y se apoyó contra la encimera.
¿Por qué?
¿Por qué me haces esto señor?
El gatito se había ido y ahí frente a mi había un malditamente sexy león.
Ugh, él se veía intimidante de esa forma. ¿Por qué justo ahora se le ocurría lucir intimidante?, con la imagen de manso gatito que tenía siempre hubiera sido suficiente. Pero no me quejo, que va, era como si tuviera un radar de "B te pedirá hacer alguna cagada de la cual no podrás escapar, estate alerta hombre", y en plan de "hombre duro" se veía exquisito. Bendito fuera cualquier tipo de ejercicios que hubiera hecho en el pasado para tener esos brazos el día de hoy. Oh, las probabilidades amigos, las probabilidades de una noche entre esos brazos.
— Verás, los chicos me trajeron un regalo —asintió, alzando sus cejas para que continuara—. Un regalo que… Uh, digamos no es muy legal en este estado —Edward alzó una de sus cejas—. Y… Minino… ¿Me prestarías tu patio trasero para acompañar a Lucy in the Sky with Diamonds (1)?
Los ojos de Edward se abrieron de dos en dos.
Puta madre.
El minino iba a armar un show de esos gordos.
— ¡¿Quieres que te preste mi casa para que tú y tus amigos le hagan a sustancias peligrosas como el LSD?!, ¡¿en qué demonios estás pensando Isabella?!, ¡¿estás pensando siquiera?!, ¡tu hijo está en la habitación de arriba, por todo lo santo!
— Whoa, ¡whoa!, ¡bájale!, respira y relájate —entorné mis ojos, ¡él estaba haciendo la cosas con sus manos que hacía en secundaria!, ¡yo les dije! le faltaba el jodido tic en el ojo para hacerlo perfecto—. Primero… ¿LSD?, ¿quién carajos te habló de esa mierda?
— ¡Tú mencionaste la canción de The Beatles!
— Vale, vale, fue el peor ejemplo de la vida —sonreí, divertida por su histerismo—. Edward, mira, yo solo le hice a esa mierda una vez y fue cuando tenía dieciocho. Te digo, nunca más, fue asombrosamente horrible —hice una mueca con mis labios—. No, miento, fue la mejor experiencia de mi vida, deberías pegarte un trip (2) alguna vez en tu vida, hombre, ¡las cosas que ves! —sonreí recordando la vez, Edward seguía igual de serio, ugh— Simba, a lo largo de mi vida he probado bastante mierderío, y no he quedado prendada de ninguno, excepto una cosa…
— El alcohol.
— Dios, ¿también me dirás que debo ir a A.A. como tu padre?, ¡una cerveza no le hace mal a nadie de vez en cuando! —alcé mis manos al aire, pidiéndole perdón a quien fuera que me estuviera viendo allá arriba — Minino, solo quiero saber si podríamos fumarnos un porro en tu patio. Primero haré dormir a los nenes, si quieres, incluso puedo hacerte dormir a ti —moví mis cejas sugestivamente, con una pequeña sonrisa en mis labios pensando en ello—, ¿qué dices?
Edward me observaba fijo, sin cambiar su postura. Joder, podría darle un calambre en el culo o algo para que dejara esa firme postura de militar. Me apoyé contra la encimera y adopté una pose igual de decidida que la de él. Yo podía jugar su juego, veamos quien cede primero. Suspiró y con su mano derecha alborotó su anteriormente peinada melena, luego –santa mierda– con esa misma mano recorrió con su dedo pulgar su labio inferior, lentamente, en ningún momento él dejó de mirarme mientras completaba ese sensual gesto y después se enderezaba, volviendo a la pose que había adoptado con anterioridad, como si nada, como si no hubiera lucido más sexy que el infierno.
¿Qué carajos era todo esto?, ¿estaba él tratando de provocarme?
¿Qué tipo de demonio se metió dentro de él?
Este no era mi Edward Cullen, pero joder si no me gustaba.
— Quieres que deje mi patio trasero a tu disposición para que así puedas pasar un buen rato con tus amigos consumiendo sustancias ilícitas en esta parte del condado —él hacía sonar todo peor de lo que realmente era.
— Quiero que me prestes tu patio para fumar un porro, sí.
— Quieres drogarte, quieres consumir drogas en mi hogar.
— ¡Es solo marihuana!, es natural, viejo, no tiene nada de malo. Cualquiera que diga que mata tus neuronas o te mata en sí, está mintiendo, ¡mírame a mí! No hay nada de malo conmigo —Edward entrecerró sus ojos, dudando de mis palabras. Resoplando entorné mis ojos y alcé mis brazos al aire con exasperación—. Lo que te jode es cuando la combinan con otras mierdas poderosas, pero la de nosotras minino, es cien por ciento natural. Podrías comprobarlo por ti mismo.
— Sigue siendo droga, natural o no, Isabella.
— La Coca-Cola es una droga también, ¿has visto como de adicta es tu nena a esa cosa? Mucho más dañina que mi preciada plantita, si me lo preguntas. Y tú eres una jodida contradicción, cariño, pensar que le prohíbes los dulces cuando esa cosa tiene toneladas de azúcar…
Edward suspiró y me dio la espalda por un momento. Cada vez que movía sus brazos su camisa se amoldaba perfectamente a la curvatura de su espalda, yo la estaba pasando de lo lindo con su estrés, era un acto digno de observar, esos músculos que se veían y que, oh como quería tocar. Y los iba a tocar, esta noche minino y yo tendremos un poco de diversión, de esta noche simplemente no pasaba, nope. Cuando Simba se giró para observarme nuevamente, un exagerado puchero se formó en mis labios como mecanismo de defensa ante la negativa que veía venir, era la última táctica que podía usar, el puchero de nena consentida siempre funcionaba. Una pequeña sonrisa juguetona se formó en sus labios y negó con su cabeza suavemente.
— Solo el patio trasero —advirtió, alzando una de sus cejas—, y te tocará bañar a los chicos esta vez.
No pude hacer más que chillar de felicidad y me arrojé a él, enredando mis brazos en su cuello.
— Prometo portarme bien esta noche, minino, te has ganado un premio —le guiñé un ojo y besé sus labios rápidamente—. Haré dormir a los niños, no haremos mucho ruido y… ¿no tienes velas aromatizantes? O tal vez algún incienso por ahí, para camuflar el olor…
— No tengo nada de eso, pero no creo que alguien aquí siquiera sepa cómo huele, así que no será necesario —Edward rodeó mi cintura con sus brazos y me apretujó en un delicioso abrazo—. ¿Te das cuenta las cosas que hago por ti?, eres una mala influencia para mí.
— Lo sé, y te lo he dicho un sinfín de veces pero eres un puto terco —rodé mis ojos—. Mientras voy con los mocosos, ¿puedes decirle a Tink y Grizz que diste el sí?, estarán más contentos que una mula, te lo aseguro.
— Claro —dio un bostezo antes de terminar la frase, fruncí el ceño—, lo siento.
— Hey, ¿estás bien?
— Estoy bien, solo un poco cansado —sonrió tenuemente—, ve con los chicos, yo haré pasar a tus amigos —asentí, aun observándolo ceñuda—. Isabella, estoy bien, deja de preocuparte —estiró su mano y con su dedo índice alisó delicadamente mi seño—, me gusta más cuando sonríes.
Él era un dulce, y yo quería comer ese dulce.
Salí de la cocina tarareando una de mis canciones favoritas de Black Sabbath mientras subía los peldaños de la escalera de dos en dos. Floyd y Grace estaban en la pieza que nos habían asignado a mí y a mi pequeño cuando nos vinimos donde los Cullen. Ambos mocosos estaban sentados en el alfombrado suelo hipnotizados por una caricatura jodidamente bizarra que Floyd amaba. ¿Hora de Aventura?, una mierda así. Los renacuajos estaban prácticamente pegados a la televisión, tan malditamente cerca del aparato. A veces extraño esos tiempos de Tom y Jerry, digo, las cosas que pasan hoy en día son claramente producto de una persona que le hace constantemente a las sustancias ilícitas, como mi minino la llama. ¿Qué persona no fumada tiene esa imaginación?, nadie, joder.
— ¿Qué hay sobre el toque de queda y el "papá me deja ver televisión hasta las siete"? —tenía dos pares de asustadizos ojos sobre mí. Verde y marrón observándome como si fuera la peor cosa que les pudo haber pasado en la tierra— Venga, apaguen eso y a dormir.
— Mamiii —Floyd hizo sobresalir su labio inferior y se acercó gateando hasta mí, cuando llegó donde me encontraba se alzó sobre sus rodillas y abrazó mis piernas—, solo un poquitín más, ¿sí? —me miraba bajo sus pestañas—, ¿porfis?, ¿porfis?
— ¡No le diremos a papi! —chilló la pequeña Weasley, cayendo en el lado oscuro de la fuerza—, será nuestro secleto.
— Gracie, cariño, creo que alguien no está siendo una buena influencia para ti —negué con mi cabeza, entretenida, dándole una pequeña miradita a Floyd—. Renacuajo, Weasley, ha sido suficiente televisión para ambos —los mocosos suspiraron abatidos—, ahora vamos a tomar el baño y luego a la cama, para que sueñen con dragones y princesas y mier… miércoles.
— ¿Miércoles?, ¿por qué vamos a soñar con miércoles, Bella? —la cabeza de zanahoria fruncía su ceño confundida ante mis palabras. Floyd cubrió su boca con una de sus manos para sofocar la risita que quería escapar de sus labios.
— ¡Mamá iba a decir una mala palabra! —gritó Floyd. Grace abrió sus ojitos de dos en dos y luego cubrió su boca rápidamente con ambas de sus regordetas manos. Sus cachetes se colorearon y soltó una dulce risita al darse cuenta de la situación. La niña era tan adorable como lo era su padre, estaba en el gen Cullen, creo.
— Eres un bocaza —tomé a Floyd en mis brazos y comencé a besar su cuello, causándole cosquillas—, deja de delatar a mamá, pequeño bribón traidor —mi pequeño niño reía y pataleaba feliz— ¡Hora del baño!
Bajé a Floyd y tomé su mano, mientras que con la otra sostenía la mano de Grace. Los tres abandonamos la pieza y fuimos al baño que se encontraba en el corredor, el cual era más amplio que el resto. Una vez allí pasamos por todo el proceso del baño nocturno, sacarle la ropa a los renacuajos, calentar el agua de la bañera. Ahí fue exactamente cuando el caos comenzó, porque mientras regulaba el agua para que no sufrieran quemaduras o chillaran como nenas por lo fría que estaba –y Floyd nos deleitaba a mí y Grace con un exótico baile moviendo sus pompas enfundado en sus calzoncillos de Un Show Más (2)mientras yo trataba de quitarle el vestido a la nena–, bueno, mi querido hijo tuvo la brillante idea de hacer burbujas. Santa mierda, el mocoso dio vuelta todo el frasco de burbujas de princesa que pertenecía a Grace dentro de la jodida bañera.
— Oops —murmuró, riéndose nerviosamente. Él observaba con verdadera curiosidad como las burbujas se formaba en el agua rápidamente, creando una especie de espuma blanca que lo tenía hipnotizado.
— Carajos, Floyd —mi renacuajo seguía de pie sobre la tapa del váter, su mirada pasaba de mi al acontecimiento en la bañera. Era una cosa graciosa él ahí, solo vistiendo sus calzoncillos, con sus manos escondidas tras su espalda tratando de lucir inocente— ¡No me pongas esa cara!, minino nos matará por esto, ugh, ahora entiendo porque siempre insiste tanto en ser él el que se ocupe del baño…
— ¡Burbujas! —chilló Grace, sonriente, solo vistiendo sus calzoncitos de corazones y saltando de un lugar a otro. Con sus manitas trataba de atrapar las burbujas que sobrevolaban por el cuarto de baño. Sus bucles pelirrojos rebotaban con cada saltito que daba— ¡Mira Bella, muchas burbujas! —tomó un puñado de espuma blanca y lo lanzó al aire, este cayó rápidamente sobre su cabello.
— Mocoso, al agua, ahora —apunté la bañera y el renacuajo me hizo un saludo militar antes de tirarse desastrosamente a la bañera y empaparme completamente en agua. Resoplé, tratando de quitar un mechón de mi ahora mojado cabello que se había adherido a mi rostro y molestaba como la puta madre— Grace, ven aquí princesa, es hora del baño —tomé a la niña en mis brazos y la metí a la tina.
Cada nene en un extremo distinto, ellos la estaba pasando de lo lindo en las burbujas.
Fue una completa odisea bañarlos, sobre todo a Floyd, parecía un puto gusano escabulléndose de mis manos, el mocoso le tenía alergia al agua o algo por el estilo, porque cuando acerqué la regadera a él para quitarle el resto de burbujas y el bigote que se había hecho con ellas, él chilló como una jodida nena, ¡el agua ni siquiera estaba caliente! Con la ayuda de Gracie –quién agarró sus pies, sin dejar de reír en ningún momento– pude terminar con su baño a duras penas. Grace no era molestia alguna, ella se dejaba hacer sumisamente, ni siquiera chillaba cuando accidentalmente le tiraba de su cabello al tratar de enjuagarlo. Floyd podría aprender buenos modales de ella, solo es una idea que podría plantear en la cabeza de mi renacuajo.
— Deja de refunfuñar, mira a Grace, ¡ella no puso problema alguno! —Floyd seguía con sus brazos cruzados, ignorándome completamente—, pareces una niña.
— ¡No soy una niña! —chilló, inflando sus mejillas.
— No, no lo eres —sonreí y dejé de secar su cabello para sacar sus partes íntimas—, mi bebé tiene pilín, ¿cierto?, el pequeño pilín de mamá —besé su sonrojada mejilla sonoramente.
— ¡Mamá! —él estaba avergonzado y yo me lo comería a besos en cualquier momento—, ¡no se llama pilín!
— ¿Y cómo se llama, renacuajo?
— Pene —susurró en un bajo volumen de voz, formando un cono con sus manos y poniéndolas sobre su boca.
— ¿Y por qué estás susurrando? —le pregunté nuevamente, sonriendo. Él era tan extraño a veces.
— Porque si —contestó, encogiendo sus pequeños hombros como si nada hubiera pasado.
— Eres un raro —entorné mis ojos y dejé la toalla de lado. Lo ayudé a ponerse su ropa interior y su pijama de Dragon Ball. Floyd tenía una extraña obsesión con esa serie animada, a veces cuando pensaba que nadie lo veía él hacía los mismos gestos que esos monos raros—. Dormirán los dos aquí esta noche, ¿sí?, tía Tink y tío Grizz están acá y ocuparan la pieza de Grace, al igual que yo.
Ambos niños asintieron, acobijados en la cama.
— Buenas noches, mami —me dijo Floyd, sus ojitos somnolientos.
— Buenas noches, corazón —corrí su flequillo y dejé un beso sobre su frente—, dulces sueños, recuerda que mañana tenemos que madrugar —desgraciadamente, gracias a Carli y Ness—, así que duerman, cualquier cosa estaremos abajo—asintió. Rodeé la cama y me fui al costado de Grace, quien me observaba atentamente con sus ojitos abiertos— Buenas noches a ti también, dulce.
— Buenas noches, Bella —sonrió con dulzura cuando dejé un beso sobre su frente.
Apagué las luces de la habitación y salí, dejando la puerta semi abierta por cualquier cosa, la luz del pasillo se colaba por el estrecho espacio iluminando tenuemente la estancia. Estaba a punto de dar la vuelta para ir con los chicos cuando sentí ruidos provenientes de la pieza donde estaban los pequeños. Retrocedí un tanto confundida y los espié a través de la rendija que había dejado en la puerta. La pequeña Weasley había prendido la pequeña lámpara que estaba sobre el buró en su lado de la cama. Se destapó cuidadosamente, bajo la atenta mirada de Floyd, y gateó hasta la orilla de la cama para bajar cautelosamente de esta, luego, se arrodillo a un costado, juntando sus manitas en forma de rezo.
— ¿Qué estás haciendo? —le preguntó Floyd con confusión. Su ingenuo ser no entendía lo que estaba pasando, ¿cómo iba a hacerlo?, yo nunca lo había hecho rezar ni nada de eso, con suerte le hablaba de Dios.
— Uh, siempre rezo con papi antes de dormir —le contestó Grace en el mismo bajo volumen de voz, ladeando su cabeza en el proceso—, ¿quieres rezar conmigo, Floyd?, es fácil, yo puedo enseñarte como papi me enseño a mi.
— ¿Rezar?, tía Reneswe hace mucho de eso —su ceño se frunció pronunciadamente— ¿Qué es eso?, ¿es un juego nuevo?
— No, bobito, es para dar gracias y pedir cosas a Dios.
— Oh… —Floyd se encogió de hombros y rápidamente se posicionó junto a Grace. Copió su gesto con sus manos y luego la observó, esperando alguna otra indicación— ¿Qué más se hace?
— Bueno, papi siempre dice así —Grace cerró sus ojos e inclinó su cabeza— Dios, gracias por habernos dado un día más de vida, cuida de mi papito y de… —el ceño de Grace se contrajo. Abrió uno de sus verdes ojos y observó a mi renacuajo, Floyd le devolvió la mirada, guardando silencio en todo momento—, ¡tienes que repetir conmigo!
— Yo no tengo papito —murmuró mi pequeño.
— Pero… Yo te presto a mi papito si tú me prestas a tu mamita.
— Uh… Está bien —Floyd asintió. Ambos nenes volvieron a cerrar sus ojos y a reanudar su oración— Dios, cuida de papito Edward y mami B, también cuida de nosotros y de tooodos los niños del mundo. Amén —una sonrisa había aparecido en los labios de mi pequeño niño.
— Ahora vamos a dormir —la pequeña Weasley se encaramó en la cama nuevamente, Floyd siguió sus pasos y ambos pequeños volvieron a acobijarse bajo las frazadas—... ¿Floyd?
— ¿Qué?
— ¿Puedo llamar mami a tu mami?
Hubo un pequeño silencio luego de la tierna pregunta de Grace, no podía observar bien el rostro de Floyd ahora que había vuelto a acostarse en la cama, así que no sabía realmente que estaba pasando por su pequeña cabecita. LA pregunta que la mocosa le había hecho con suma inocencia a mi bebé me llenaba de un extraño sentimiento, pero como niños que son, no sabían realmente que todo esto generaba un problema más grande de como ellos lo veían. Personalmente me importaría una verga si ella quiere llamarme así, realmente, joder, sería un completo halago tener una nenita tan linda como lo era ella, pero hay un factor Edward aquí que es el que me preocupa.
— Solo si yo puedo llamar papá a Eward.
Ah, señor, nos estábamos metiendo en una grande aquí con estos mocosos.
Antes de bajar la escalera me escabullí dentro de la habitación de Edward para tomar una de las mantas de polar que usaba para tapar a los chicos cuando se dormían sobre el sofá. Les había mentido un poquitín a los enanos cuando les dije sobre Tink y Grizz quedándose en la habitación de Grace esta noche, en realidad, era una excusa que había usado para no dejar a Floyd durmiendo solo, el solía buscar compañía en la cama, no estaba acostumbrado a pasar una noche por sí mismo. Además tenía pensado en una muy buena noche para mí y el minino. Espero y se le vaya el cansancio que vi en su rostro minutos atrás. Tan solo me bastaría convencerlo, lamentablemente él es tan correcto cuando se trata de estas cosas que algo dentro de mí me decía que me iba a costar un buen resto el poder conseguir algo. Una chica tiene necesidades, venga, que no me enojo si quiere aunque sea manosearme un poco.
— ¡Joder, ya era hora! —chilló Tink, alzando sus brazos al aire exageradamente.
— Oh, vale, ¡si no demoré tanto! Ve tú a bañar a esos monstruos y veremos si dices lo mismo —entorné mis ojos y me senté junto a Edward en el verde pasto. Los tres estaban sentados estilo indio sobre el mullido césped. Ninguna luz estaba prendida, solo la luna nos acompañaba la noche de hoy— ¿Te han convencido?
— Tus amigos son bastante… persuasivos —las mejillas de Edward se colorearon vaya a saber Dios porque mierda. Ellos algo le habían hecho o dicho a mi minino para que se pusiera de ese modo— ¿Los niños?
— Acostados como dos angelitos —Simba sonrió—, uh, pero hubo un pequeño percance con el frasco de burbujas…
— ¿Qué pasó?, ¿Grace bebió del frasco? Ella lo hizo cuando tenía tres, nunca pensé que volvería a hacerlo…
— No, ¿qué?, ¡no! —negué con mi cabeza—. Floyd puede que lo haya echado todo en la bañera, todo.
— Oh, bueno, eso no importa, pensé que…
— ¡Ya bájenle! Son tan jodidamente aburridos ustedes dos —Grizz resopló mientras sacaba la felicidad envasada de su escondite—, hermanos, hemos venido a una cosa el día de hoy y no nos sentaremos aquí a escuchar sobre las cagadas del mocoso y la princesita, por mucho que los amemos, esta noche se trata de nosotros, ¡amén!
— ¡Amén hermano! —Tink secundó el estúpido monólogo de Grizzly.
— Te sedo el enrolamiento —le entregué el paquete de papelillos. Emmett hizo una tonta reverencia y procedió a preparar un porro. Edward observaba atentamente cada movimiento de Grizz al preparar el cigarrillo de marihuana.
Era bastante fácil a decir verdad, tomabas el papelillo, echabas la yerba, enrolabas, pasabas la lengua por el pegamento, ¡y travesura realizada! Un perfecto cigarrillo de mary jane listo para fumarse. Emmett preparó tres de un hilo, todos de un tamaño considerable, tampoco queríamos quedar tan en la estratosfera, habían niños en casa, soy un poco consciente créanlo o no. Grizz le entregó un porro a Tink y luego me dio otro a mí, quedándose él finalmente con el último que había hecho. Mi querida Alice alzó el brazo que sostenía su cigarrillo y lo puso al centro, Emmett imitó su gesto, juntando ambos porros. Bien, creo que solo quedaba yo. Juntamos nuestras manos de manera teatral y Tink comenzó a hablar. Edward rio divertido por la situación.
— Amigos, hermanos, estamos esta noche reunidos para probar las delicias que nos entrega la madre tierra. A ti, señora naturaleza, te agradecemos el día de hoy estas hojitas que nos has regalado. La fumaremos en tu honor, ¡encendedor! —Emmett le entregó rápidamente el encendedor a Alice, esta llevó el cigarrillo a sus labios y habló por última vez— Seré la primera —y finalmente se dejó de jodas y prendió el puto porro.
Tink aspiro el humo por un tiempo prolongado y luego una radiante sonrisa se posó en sus labios carmesí, le cedió el encendedor a Grizz mientras le daba otra calada a su pitillo. Emmett no esperó más y también encendió el suyo, el idiota aspiró tanto que comenzó a toser rápidamente por culpa del humo. Entorné mis ojos y, bajo la atenta mirada de Simba, llevé el pitillo a mis labios para encenderlo. Cerré mis ojos cuando le di una fumada, aspirando todo lo que podía, reteniendo el humo en mis pulmones para que causara un buen efecto. Luego de un momento abrí mis ojos y solté el humo lentamente, disfrutándolo.
— Esto está de lujo, ¿dónde lo consiguieron? —pregunté, echándome hacia atrás y recargando mi peso en mis codos. Edward tomó la manta que yo había traído y dulcemente rodeó mis hombros con ella, le sonreí mientras le daba otra calada al porro.
— Oh, cariño, el amigo de la verga grande es nuestro dealer (3) —Alice suspiró soñadoramente y se estiró en el pasto, sus ojos a las estrellas—. ¿Es que acaso puede ser más perfecto?, es el hermano hetero de James Dean, tiene la polla de un caballo y vende nuestra querida felicidad, ¿se puede pedir algo mejor en esta mierda de planeta?
— ¡James! —reí estúpidamente—, me gusta ese chico, es buena onda. ¿Lo recuerdas, minino?
— Difícil olvidarlo —Edward hizo una mueca que nos sacó sonoras carcajadas.
— ¡Ustedes tendrían que haberlo visto! —hice una pausa para fumar nuevamente y luego procedí entre risas—, la cara del minino no tenía precio. Y el muy puto de Dean ahí, echado sobre la camilla con su verga alzada imponente, ¡era como si estuviera saludando a Simba! —Alice soltó una sonora carcajada.
— Yo solo espero que el tiempo de cicatrización pase rápido para probar un poco de eso, joder —se lamió los labios sensualmente. Edward se sonrojó ante el gesto y Emmett golpeó su hombro brutamente con su puño, divertidísimo por su reacción.
— ¡Mira cómo se sonroja! —ah, él le estaba haciendo bullying a mi adorable minino, que se avergonzó aún más si es posible. Alice rio coquetamente, los ojos de Simba miraban a cualquier lugar excepto a nosotros— Hombre, ¿qué especie eres?, nunca había visto aun tipo de tu edad sonrojarse como una quinceañera.
— Ah, cabrón, déjalo en paz, se ve de lo más adorable —me enderecé y dejé un sonoro beso en la mejilla de Edward—, ¿cierto que eres adorable, minino?, si es mi pequeño minino… —su ceño estaba fruncido, pero una extraña sonrisita bailaba en sus labios.
— Me hablas como si fuera tu mascota… o tu hijo.
— Gracias al cielo no eres ninguna de las dos, una sería zoofilia y la otra incesto —me estremecí—, no podríamos hacer cosas divertidas, y yo tengo unas ganas enromes de hacer esas cosas contigo Simba —moví mis cejas sugestivamente y esta vez dejé un suave beso sobre sus apetitosos labios.
— Oye, Alf —Grizz carraspeó y trató de adoptar una pose seria. La confusión en el rostro de minino era enternecedora. Emmett y su puto apodo—, ¿has probado alguna vez? —le apuntó el porro y esperó por su respuesta. Edward no lo había hecho, por supuesto, él era demasiado bueno para hacer estas cosas.
— Una vez, en la Universidad —se encogió de hombros restándole importancia.
¿Qué demonios había escuchado?
¡Edward se había revelado en la Universidad, coño!
— ¿Estás hablando enserio minino? —me senté recta, mirándolo fijamente sin poder creer sus palabras—, ¿realmente?, quién iba a pensarlo de ti, ¡fuiste un chico malo!
— Alguien me dijo que debía disfrutar de mi vida en algún momento —murmuró dándome una mirada de soslayo—, también me dijo: "¿Qué es de la vida si no se rompen algunas reglas?" —sonreí recordando el día que le había dicho aquellas palabras.
— Creo que seguiste muy al pie de la letra esas palabras —apoyé mi cabeza en su hombro y le di una nueva fumada a mi porro. La idea de invitar a Edward a viajar a la vía láctea volvió a mí—, ¿quieres?
— ¿Disculpa? —me preguntó, genuinamente confundido.
— Que si quieres un poco —le mostré el cigarrillo—, estamos en confianza aquí, no te pasará nada malo, además, es natural, no tiene ninguna sustancia extraña, si te da una pálida (4) juro que cuidaré de ti —los chicos comenzaron a vitorear para que Edward aceptara, vi el titubeo en su mirada, pero luego de unos segundos y con un poco de reticencia, tomó el pitillo y se lo llevó a la boca.
Él se veía malditamente sensual fumando.
Le dio una suave calada al principio que lo hizo toser como los mil demonios, no pudimos evitar reírnos por eso, los efectos de la droga estaban causando estragos en nosotros ya. Edward sonrió, cuando pudo estabilizar su respiración y la tos finalmente lo abandonó, él le dio una fumada de puta madre. Realmente, quedamos jodidamente sorprendidos, el puto pitillo se prendía y él aspiraba y aspiraba como si no hubiera un mañana. ¡Joder!, ¡el minino era una caja de sorpresas enormes! Luego de la fumada infernal que le pegó al porro, me lo devolvió. Sonreí completamente colocada cuando observé su rostro.
Era una ternurita.
Debido a su inexperiencia sus ojos se habían achicado inmediatamente y adoptado un tenue color rojo.
— ¿Y? —Emmett le dio unos codazos en sus costillas—, ¿qué tal?
— Como diría Isabella, está de puta madre.
Y comenzó a reír como un poseso, contagiándonos su singular risa a nosotros.
Estuvimos así por un buen rato, riéndonos de nada y todo a la vez, a veces Tink apuntaba a las estrellas y hablaba de constelaciones que, estaba cien por ciento segura, la muy perra se estaba inventando. ¿La constelación del misionero?, la muy zorra estaba viendo el kamasutra en las estrellas por Dios, y Grizz le seguía el juego, apuntando un grupo de estrellas que según él lucían como dos conejos follando. No era la única a la que le hacía falta un buen polvo después de todo. Mis queridos amigos se reían como un par de idiotas y yo no podía dejar de sonreír, era como si me hubiera cosido una jodida sonrisa en el rostro. Era el Guasón. Me encontraba en una calma absoluta, mi cabeza descansaba despreocupadamente sobre el hombro de Edward, quien acariciaba mi cabello delicadamente.
— ¿Estás bien? —le pregunté a Edward luego de un rato. Al no recibir respuesta alcé mi cabeza de su hombro y lo vi realmente interesado y enfocado en las estrellas, su ceño estaba fruncido y una mueca de concentración se había formado en sus labios—, ¿minino?, ¿qué coño?
— Emmett tiene razón, realmente se ven dos conejos follando —apuntó al cielo, ignorando por completo la palabra que había dicho. Eso no era Edward, uh, "coito" era más Edward—, y dijiste una mala palabra —murmuró, sin quitar la expresión de concentración de su rostro.
— ¿Eh?, ¿qué carajos?
— Ya van dos.
— ¡Simba! —chillé, empujándolo por su hombros. Sus ojos estaban un tanto idos, me sonrió torpemente.
¡Las malas palabras no contaban esta noche, que no joda!
— ¿Sí, Isabella? —rio tontamente y desordenó su cabello—, ah, no me había sentido así desde aquella noche en la que conocí a Charlotte, es primera y única vez que había probado la cannabis —murmuró, volviendo a reír. Alcé mis cejas y me concentré en el nombre que había dicho. Como quien no quiere la cosa, pregunté inocentemente:
— ¿Quién es Charlotte?
— ¿Charlotte? —preguntó de vuelta, sus mirada perdida por un momento—, oh, Charlie, ella fue mi novia en la Universidad —asintió repetidas veces y luego soltó una nueva risita—, ella es la madre de Grace, también.
Y la difunta finalmente tenía nombre.
Charlotte.
Charlie.
La mamá de la pequeña Weasley.
— Oh —murmuré, el efecto de la marihuana abandonando mi cuerpo lentamente debido a las buenas nuevas—, así que la mamá de la mocosa tiene nombre finalmente. Charlie, vaya. ¿Cuánto tiempo estuvieron de novios? —estaba siendo una perra al aprovecharme de su estado de no lucidez, pero me vale madre, si este era el único método que tenía de que no comenzara con una de sus crisis histéricas a la mención de la difunta…
— Nosotros… Uh, ¿dos año? Creo, no lo recuerdo realmente —Edward se echó hacia atrás, estirando su cuerpo sobre el pasto, sin dejar de observar las estrellas. Sus ojos seguían rojos y cristalinos, yo los encontraba realmente hermosos—. Ella tenía el cabello oscuro, como tú —me observó de soslayo y sonrió, perdido en los recuerdos—, también llevaba tatuajes.
— ¿Ah, sí? —solté un bufido y me estiré a su lado, ignorando a Grizz y Tink que estaban metidos en su burbuja, enrolando otro porro—, dos años… Tú comenzaste a salir con ella el mismo año en el que dejé Forks… —acoté, armando el puzzle en mi cabeza.
— Lo hice, sí.
— ¿En qué estabas pensando? —le pregunté, un tanto confundida por su confesión.
Deseé nunca haber preguntado eso, no luego de la mirada que me dio. Ah, esos ojos verdes que tanto me gustaban estaban llenos de secretos que me costaría más que un porro para descifrar. Minino giró sobre su costado, quedando frente a mí. Levantó su mano y la acercó con lentitud hacia mi rostro, con su dedo índice trazó el contorno de mi cara, partiendo por mi frente y bajando lentamente hacía mi quijada, luego delineo mis labios, se sentía como el suave toque de una pluma, él me estaba despistando con su juego.
— En ti, por supuesto —susurró con melancolía.
— Edward…
— Y lo arruiné, como era de esperarse —soltó una risita amarga—, ¿qué esperaba realmente?, ¿acaso pensaba que buscando una chica como tú lograría olvidarte?, fue incluso peor. Ella realmente no era tú, ella podía lucir como tú pero eran completamente distintas. Charlotte trató de arrebatarme a mi hija y eso es algo que nunca le perdonaré…
Las risas habían pasado a seriedad de un momento a otro.
— Ella está muerta Edward, creo que…
— Charlotte está tan muerta como que el padre de Floyd es un rockero que anda de gira —y diciendo esas últimas palabras se puso de pie a una velocidad asombrosa, alisó su ropa y suspiró sonoramente—. Gracias por invitarme a pasar un buen rato, lo necesitaba, chicos. Siéntanse como en su casa, es hora de que yo me vaya a dormir —y dando media vuelta caminó con parsimonia hacía la puerta de la cocina.
— ¿Qué carajos hiciste? —me preguntó Tink, sonriente—, el niño pijo lucía cabreado. ¿Quién es Charlotte?, agarré al hilo ese nombre y por la cara de culo que tienes, algo me dice que se trata de otra corrompedora de vírgenes como tú.
— ¡No fue mi jodida culpa!, él la nombro primero, joder —me crucé de brazos después de cubrirme nuevamente con la manta, un escalofrío recorrió mi columna vertebral—, él había dicho que la mamá de la nena estaba muerta, ¿qué iba a saber yo que la muy cabrona andaba de parranda?
— ¿Marilyn?
— ¿Qué carajos, Grizz?
— ¿Marilyn no está muerta? —preguntó serio, fumando del último porro de la noche.
— ¿Marilyn?, ¿quién coño es Marilyn? —le preguntó Tink, igual de confundida que yo.
— ¡Marilyn Monroe! —gritó indignado, alzando sus brazos al aire—, ¿enserio chicas?, ¿cómo pueden no conocer a la diosa de Monroe?, todas esas curvas, por Dios, todas esas curvas… —Alice entornó sus ojos y rio, negando con su cabeza.
— Bebé, ve a arreglar las cosas con tu hombre.
— ¿Se peleó con Alf?, ¿cuándo pasó eso?, ¿por qué mierda me pierdo de lo bueno?, ¡maldita yerba que me haces perder la noción de las cosas!, me gustaría decir que te odio pero te amo tanto, nena…
— Ignora a este drogadicto de mierda, ¿lo ves?, está perdido —pasó una mano frente al rostro de Emmett, quien estaba completamente pegado en un punto inexacto—. B, nena, levanta tu trasero y ve a por ese pedazo de carne.
— ¡Sexo de reconciliación!, ¡demonios, sí! —chilló Grizz, alzando su puño al aire.
Mis amigos a veces solían tener la razón, y esta era una de esas veces.
— La puerta de la cocina estará abierta, hay mantas sobre los sofás por si no pueden mover el culo hasta la tienda. Iré a darle una buena noche a ese amargado hombre —les guiñé un ojo y me puse de pie rápidamente para llegar a mi destino.
Un fantasma del pasado como lo era la cabrona esa de Charlie –el peor apodo que puede haber en la vida, si me lo preguntan, ¿qué clase de mujer que se ama a si misma se deja poner Charlie, por todo lo santo?, ¡me hacía recordar a mi viejo!–, no iba a arruinar mi noche con Edward.
Es ahora o nunca B.
Veremos qué tan divertido es jugar con el rey de la selva.
…
La puerta de su habitación estaba entreabierta, me sentía como una jodida acosadora espiándolo. Edward salió de su cuarto de baño refregando una toalla por toda su cara, se había desecho de su polera y solo usaba un pantalón de chándal que le venía como anillo al dedo. Se sentó al borde de su enorme cama y suspiró abatido, desordenando su cabellera en el proceso.
Esta era mi oportunidad.
— Hoy dormiré contigo y no acepto un no como respuesta —entré a su habitación sin más y cerré la puerta tras de mí. Sus cansados ojos se posaron sobre mi persona. Me apoyé contra la puerta de brazos cruzados, esperando a que refutara mis palabras o reaccionara de algún modo.
— Está bien.
¿Por qué demonios tenía que ser tan condescendiente?
— Recuérdame nunca más darte de mi felicidad, fue todo menos felicidad para ti —me saqué la polera bajo su atenta mirada, quedando solamente con mi sostén negro de encaje. Sus ojos me recorrieron con modestia, pausadamente.
— Siento haber arruinado tu velada…
— Tú no arruinaste nada, joder —tiré de mis pantalones lejos. Ahora solo lucía mi ropa interior a juego. La manzana de Adán de Edward subió y bajó en un raudo movimiento—, deja de comportarte como un mártir, no sabes cuánto me apesta eso. El pasado es pasado, ¡déjalo atrás!
— Tienes razón.
— ¡Y deja de darme la razón en todo o juro que te patearé el culo! —chillé con exasperación. Toda la situación me estaba hartando, él y su actitud sumisa me estaba enervando los nervios— Ven aquí.
— Me acabas de decir que no quieres que te dé la razón y ahora me ordenas…
— ¡Que vengas aquí!
Él simplemente no sabía cuándo callarse.
Se puso de pie y dejó la toalla tirada sobre la cama, caminó hacia mí a un paso lento. Debido a su altura yo le llegaba prácticamente a los hombros. No había algo que me gustara más que los chicos altos, te hacían sentir protegida, de algún modo, era excitante. Suspiré y recargué mi frente sobre su desnudo pecho, una pequeña sonrisa apareció en mis labios cuando Edward se estremeció levemente. Hacía un embrollo por todo, le faltaba vivir la vida tranquilamente, sin estrés, sin preocupaciones, vivirla plenamente. Con la yema de mis dedos comencé a trazar distintas formas sobre su estómago, suavemente, mis dedos apenas y lo tocaban, era una sensación divina acariciar su piel, más aún lo era ver el tipo de efecto que lograba tener en él, como su piel se ponía de gallina por un efímero toque.
— ¿Qué estás haciendo? —susurró en un bajo volumen de voz. Su voz más ronca de lo normal, sus manos empuñadas a ambos costados de su cuerpo. Reí y dejé un casto beso en el centro de su pecho, mis ojos se prendaron de los suyos luego de ese movimiento.
— Te estoy acariciando, ¿tengo prohibido hacerlo? —le pregunté, recorriendo sus brazos con mis dedos esta vez—, me gusta tocarte, me gusta ver como reaccionas a mí, minino. Igual —murmuré, riendo quedamente—, igual a como lo hacías cuando éramos unos críos.
— Siento haber… —mi dedo índice dio velozmente con sus labios, haciéndolo callar.
— No te disculpes, demonios. No tienes por qué hacerlo, no has hecho nada malo… aún —sonreí pícaramente—. Aún estas un poco colocado, ¿a qué no?, lo veo en el brillo de tus ojos, Simba.
— Lo estoy, sí —fue lo único que dijo cuándo mis dedos recorrieron su fuerte mandíbula lentamente.
— ¿Te han dicho alguna vez que el sexo bajo los efectos de la marihuana es glorioso?, tus sentidos están más agudizados, es el doblemente de excitante —Edward tragó saliva y negó lentamente con su cabeza—. Qué bien, eso quiere decir que tendré otra de tus primeras veces…
Lo empujé sin ninguna sutileza, haciendo que cayera sentado sobre su mullida cama. Edward me observaba como un pequeño cachorrito asustadizo, ¡tan igual que hace como siete años atrás! Acomodé mis piernas a cada lado de su cuerpo, quedando a horcajadas sobre él. Sus manos fueron fuego cuando se posaron sobre mi desnuda cintura y me mantuvieron ahí, al borde, reteniéndome sobre el calor de su sexo. Lo sentía a través de la delgada tela que lo cubría, ese jodido pantalón de chándal que se estaba convirtiendo en un estorbo.
Acaricié su rostro con ternura. Ardía como el puto infierno de tan caliente que me encontraba, pero no habría momento en la vida en que Edward no me causara ternura con su genuina inocencia y disposición. Acerqué mi rostro al suyo y besé sus labios partiendo con un suave vaivén, su boca sabía a especias exóticas, el sabor de la yerba combinado con menta, las puertas del mismísimo infierno. Y, demonios, yo ansiaba quemarme. Mis brazos se enrollaron alrededor de su cuello en un rápido movimiento, nuestro beso se volvió más carnal, había mucha más pasión en este contacto de nuestros labios. Había madurez, esa era la diferencia de años atrás. Ya no éramos unos niños que estaban descubriendo o experimentando, éramos adultos, adultos que sabían completamente bien lo que estaban haciendo y que anhelaban hacerlo. Su lengua encontró la mía tímidamente, un pequeño toque, como si me estuviera pidiendo permiso para continuar.
Juro que en ese momento decidí que no lo dejaría ir más.
Hasta aquí llegaba la B idiota.
Años atrás había cagado con creces lo que Edward y yo tuvimos en nuestra adolescencia, lo había arruinado por mis sueños de niña de una libertad que había visto en películas y escuchado en un sinfín de canciones de rock. Inmaduros pensamientos de una chiquilla que quería ir en contra de las reglas, que creía que revelándose ante el resto iba a conseguir sentirse plena. Libertad, independencia, una vida de excesos, vivir al máximo la única vida que tenemos. Pero sobre todo plenitud para mi persona y mi alma. Necesitaba sentirme llena, completa. Ni siquiera en los siete años que estuve lejos me di cuenta hasta ahora que ansiaba tener algo que, siendo niña, hubiera tenido solo quedándome junto a él. Porque aunque no quisiera aceptarlo, aunque tratara de negarlo diciéndome que era por su propio bien, joder, Edward me había amado incondicionalmente cuando fue un púber y, gracias al puto buen karma que rige mi vida, él lo seguía haciendo aun ahora.
Los veía en esos hermosos ojos verdes que él tenía, cada vez que me observaban.
— ¿Esto es por Floyd? —uno de sus largos dedos recorrió con ternura la cicatriz que tenía en mi bajo vientre debido a la cesárea. Asentí a sus palabras y me derretí por completo cuando el minino dejó un beso cargado de emociones sobre esa pequeña marca que tenía mi cuerpo— My father said: one life, one love (5)—me observó por debajo de sus pestañas al leer el tatuaje que tenía en mi antebrazo, una suave sonrisa en su rostro. Nunca había creído tanto en ese escrito como ahora al observarlo a él—, nunca te dije cuanto me gusta cómo se ven los tatuajes en ti.
— Pensé que los odiabas.
— ¿Cómo podría hacerlo?, son parte de ti. Esto —apuntó mis tatuajes y luego los fue besando un por uno, besos de mariposa, sus labios apenas rozando mi piel que ardía ante sus pequeñas muestras de afecto— eres tú. Y todo tú es lo que me vuelve loco.
— Minino, tú sí que sabes cómo dejar a una mujer sin palabras.
Y después de regalarme una tímida sonrisa, sus labios se apoderaron de los míos una vez más.
Recorrió mi cuerpo lentamente con sus manos, trazando la forma de mis tatuajes, dejando castos besos de vez en cuando. El niño que no sabía que hacer había quedado atrás, frente a mí se alzaba un hombre que ya no se avergonzaba de los placeres carnales, de su persona, ni se sentía inferior ante mí. Edward era tan dulce y delicado, me trataba de una forma tan distinta a los demás, casi como si me venerara, como si yo lo valiera. Un oscuro pensamiento atravesó mi mente como un rayo, me sentí indigna de su persona por un mísero momento en el que me vi reflejada en esos dos orbes esmeraldas llenas de sinceridad. Yo sabía que él merecía más y mejor, pero oye, los seres humanos somos egoístas, está en nuestra naturaleza el serlo, y yo era una perra jodidamente egoísta por no querer dejarlo en libertad.
Sentirlo adentrarse en mi fue más que la puta gloria, podía escuchar de fondo a los Guns con su Knock, knock, knocking on heaven's door. Cuando nuestros cuerpos finalmente fueron uno, casi chillé de alegría. Ah, dulce Jesús, había pasado tanto tiempo en el que no me sentía llena. Y Simba me llenaba completamente, literal como no literalmente, sus caderas se movían a un compás suave, el cual fue aumentado vertiginosamente a medida que pasaba el tiempo. Su boca situada junto a mi oído soltaba pequeños jadeos que prendían el fuego en mi bajo vientre. Me afirmé férreamente de sus hombros y perdí la cuenta de cuantas veces besé su cuello, había encontrado mi nuevo lugar favorito para besarlo, él aún hacía esa cosa de ronronear cuando lo besaba en un punto exacto tras su oreja.
El momento era perfecto.
¡Era el mejor sexo de mi vida!
Sus estoques tocaron un punto exacto dentro de mí que me hizo alcanzar el clímax al cabo de unos largos minutos, el maldito nirvana en todo su esplendor. Me mordí la mejilla para sofocar el grito de satisfacción que quería salir desde lo más profundo de mi garganta, era consciente de que los niños se encontraban a unos pasos más allá. Edward bombeó dentro de mí unas cuantas veces más mientras yo seguía disfrutando de mi dulce orgasmo, hasta que finalmente tocó el cielo con sus dedos. Él, a lo contrario que yo, no pudo retener el ronco grito que desgarró su garganta. Bien, alguien la había pasado de maravillas aquí. Cayó lacio sobre mí, su respiración agitada completamente, reí acariciando su espalda que estaba repleta de sudor. Ambos lo estábamos, joder, pero que importaba eso ahora. Dejó un dulce beso en la curvatura de mi cuello y se alzó sobre sus codos, quedando nuestros rostros a una distancia relativamente cerca, nuestras narices pegadas la una con la otra.
Y ahí estaba, ese brillo en sus ojos.
— Te quiero, Isabella —susurró.
Y yo solo sonreí.
(1) Lucy in the Sky with Diamonds es una canción de The Beatles que hace alución a la droga LSD.
(2) No se como es la jerga en otros países, aquí básicamente "pegarse un trip o tripa" es eso, viajar a otro mundo bajo los efectos del LSD u otra droga.
(3) Quien vende las sustancias ilícitas.
(4) Que te de la pálida, aquí nuevamente, es cuando por fumar tanto te viene un bajón de presión, tersianas, mareos. En fin, un sin fin de reacciones en contra que no le recomiendo a absolutamente nadie.
(5) "Mi padre dijo: Una vida, un amor"
¡Buenas noches!
Me demoré más de unos minutines en subirles el capítulo, jajaja, estaba revisándolo así que tengo excusa (?) En la Universidad me queda solo un examen que rendir, así que me di el lujo de dejar de estudiar y ponerme a escribir para traerles esto. El capítulo iba a ser más largo pero decidí cortarlo en ese punto por una razón que verán luego. Les traje el lemmon no lemmon que pedían (?) las que me conocen saben que es crítico para mí escribir escenas de lemmon y generalmente las haga nada explícitas, así que si algunas se sienten decepcionadas por el poco detalle, lo siento XD Aquí salió algo sobre la mamá de Grace, para que vayan descifrando las cosas, aun queda que Edward suelte la incógnita de lo que pasó cuando Bella dejó Forks, todo de a poco. Y como habrán visto en el capítulo, nuestra B se está ablandando con este hombre... ¿Quién no?, es un puto dulce. El próximo capítulo es la mañana del trío en misa y Floyd en su clases dominicales (?) Grizz finalmente conocerá a la señora King, veremos que tal esos dos...
En el grupo dije que subiría el capítulo de Tres, dos, uno, pero no lo haré, ese lo subiré junto al de Cada príncipe con su color (que está en beteo), porque me falta afinar algunos detalles del capítulo, apenas Di me entregue el cap de CPCSC beteado subo ambos en un santiamén.
¡Graaaaaaacias a mil por sus rr, alertas y lindos favoritos!
Lamb.
