Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward


Capítulo 15: Convierte a un hombre en esclavo.


Crazy – Aerosmith.


Capítulo dedicado a Feña porque mañana es su cumpleañitos, y ella esperaba una dedicatoria pero no, jijiji.


— Señora, ¿hasta dónde…

— Hasta los hombros.

Murmuré a la peluquera en un estado catatónico. Mi cabeza había comenzado a trabajar a full luego del nuevo descubrimiento. No era un puto descubrimiento realmente, pero todo calzaba, ¡jodidamente todo lo que minino había dicho! Él dijo que la tipa lucía como yo –obviamente el original siempre será mejor, que va–, castaña, ojos del mismo color, tatuajes… Charlotte, le dicen Charlie por todo lo santo. Ella habló sobre el "niño pijo", ¡Tink llamaba de esa forma a Simba antes de conocerlo!, y lo que dijo la chica que se estaba tatuando, joder, ¿qué hacía aquí de todos modos?, minino estudiaba en Connecticut, ¡Connecticut!, ¡quedaba a la mierda del mundo!, ¿tenían que elegir Forks entre todos los putos pueblos que componen Estados Unidos?

— Siempre me pregunto cómo puedo ser su amiga…

— Si, bueno, los amigos son un dolor en el culo a veces, pero siempre están ahí cuando los necesitas.

— Ojalá Charlotte fuera así —alzó una de sus cejas, sonriendo con ironía—, a esa mujer no le importa nada más que ella misma —murmuró la chica, haciendo una mueca cuando Tink pasó por un lugar sensible con la aguja—. Ya la oyeron, hablando así de ese pobre chico… —suspiro y echó su cabeza hacia atrás, posando sus ojos sobre mí— Ese chico fue la mejor cosa que pudo haberle pasado, y lo arruinó, como siempre. A veces pienso que ella sabe que la cagó, pero no quiere aceptarlo, y por eso lo recuerda tanto…

— ¿Lo recuerda tanto? —pregunté, interesada.

Cuando la mujer que era un dolor en el culo salió de la tienda, le dije a los chicos que jugaran un rato en la parte trasera de la van donde Floyd aún guardaba unos cuantos juguetes. Quería sacar algo de conversación, no sé, como quien no quiere la cosa preguntar por la famosa Charlotte, pero no fue necesario. Kate, la muchacha, habló solita, solita. Como que la pobre mujer necesitaba desahogarse con alguien, ¡y aquí estaba tía B para eso!

Pff, no hay día en que no hable de él, nunca cosas buenas, claro, siempre son cosas como "Ugh, el marica hablaba de ese modo", "ah, mierda, ¡él siempre tiraba su mierda cuando quería salir!", "¿podrías dejar de cuidarme?, ¡él siempre me decía que tuviera puto cuidado!"

Tenía una tensa sonrisa en el rostro.

No quería creer que realmente esa perra mal nacida había venido aquí esperando algo de mi minino. Porque son muchas coincidencias y vaya a saber Dios si yo creo en las putas coincidencias. Si era la Charlotte de Simba estaba muerta, bien jodidamente muerta, yo personalmente iba a acabar con ella por todo lo que había hecho a mi hombre. Porque minino es mío ahora, y ninguna zorra mala clase va a venir a reclamar lo que es mío. Tanya me causaba ternura tratando de llamar la atención de Simba, Renesmee… Mi pobre hermanita que tenía su extraño –no tan extraño, minino estaba partible– enamoramiento me causaba tristeza… ¡Pero esta puta de mierda no iba a venir aquí como si nada poniéndolo de los nervios!

— Ah, está un poco zafada tu amiga, ¿eh?... ¿Y quién es él?

— No recuerdo su nombre, Charlotte nunca lo llamó por su nombre —la chica puso una expresión pensativa—, pero dijo algo sobre este pueblo, tal vez viva aquí… —frunció el ceño— ¡Mierda!, ¿cómo no lo pensé antes?, ¡por eso quería venir aquí!

Así que ella estaba tras mi minino.

Bien, nena, que empiece el show.

— ¡Mami, estamos listos!

La voz de Floyd me hizo volver a la realidad, despejando mi cabeza me giré lentamente hacia mi hijo.

Casi quise morir ahí mismo, me puse putamente pálida, como si hubiera visto un jodido fantasma.

Santa mierda.

Santísima mierda.

— ¿Qué… ¡¿Qué carajos fue lo que hizo?!

La peluquera me miraba con el horror plasmado en su rostro debido a mi grito. Oh, es que me importaba una verdadera mierda si la vieja se había asustado, ¡ella había cometido un sacrilegio por todo lo santo! Frente a mi estaban los dos mocosos sonrientes a morir, realmente, sus mejillas deberían doler por las gigantescas sonrisas en sus rostros. Ese era el problema en todo esto, los dos estaban sonrientes. Floyd movía su cabeza de un lado a otro, su cabello que ahora llegaba hasta sus hombros seguía el compás de sus movimientos… Y la pequeña Weasley estaba igual, llevaba ahora una corta melena pelirroja. Miré al suelo y tragué saliva sonoramente. Oh por toda la mierda, las hebras cobrizas de Grace estaban ahí tiradas, eran larguísimas, la peluquera había sacado bastante pelo, bastante…

Minino iba a matarme, joder.

— U-Usted m-me dijo hasta l-los hombros —murmuró la mujer, tartamudeando.

— ¡Pero el nene, solo el nene!

— P-Pero la princesita se subió a la silla y… Yo le pregunté y ustedes dijo hasta los hombros… —su voz fue un temeroso susurro. Agarré el puente de mi nariz entre mis dedos y suspiré un par de veces. B, es tu jodida culpa, no te tires sobre la mujer esa que está a punto de tener un patatús, no te vendría nada de bien un cargo por asesinato.

— Vale, olvide toda esta mierda, ¿cuánto le debo?

La tipa incluso me hizo rebaja porque estaba cagadísima de miedo.

Ni que fuera a golpearla o algo –ganas no me faltaban–, pero no fue su culpa.

¡La culpa era de la perra esa de Charlotte que ocupaba mi mente!

Salí de la peluquería de la señora Paulette Stanley, con ambos mocosos agarrados de mis manos. No sabía qué coño iba a decirle a Simba, él iba a llorar, yo lo veía venir, él iba a llorar por el cabello de su nenita. Santa mierda, ¿por qué me pasan estas cosas a mí? Y Grace estaba como si nada hubiera pasado, ella seguía moviendo su cabecita y reía suavemente, su risita de niña pequeña como el tintineo de una campana. Cuando las puntas de su cabello golpeaban con sus labios o barbilla al mover su cabeza, soltaba las pequeñas risitas. Floyd estaba igual, creo que por un lado estaba feliz porque ya no le tiraría su cabello al peinarlo, era tan fino que se le enredaba por cualquier cosa y luego sufría con los nudos que tenía.

— ¿Estás enojada mamá Bella?

Pestañeé tratando de espabilar cuando escuché la voz de mi nena.

— ¿Por qué iba a estar yo enojada, bebé? —los cachetitos de Grace se tornaron rosa. Esperé su respuesta, sin despegar mi vista de la carretera. Oh, sudaba como un jodido puerco pensando en lo que minino diría— ¿Grace?, ¿bebé?

— ¿Por qué me llamas bebé? —me preguntó en un susurro.

— Porque eres un bebé para mí, mi nuevo bebé —fruncí el ceño y la observé de reojo—, ¿no te gusta que te llame así, nena? A Floyd le gusta, si a ti no te gusta solo tienes que decírmelo, ¿sí?

— M-Me gusta —murmuró, asintiendo con su cabeza, sus bucles rebotando adorablemente. Ahora que tenía el cabello corto era como si sus rulos hubiera decidido hacer acto de presencia, su cabello se veía más rizado que nunca—, yo también quiero ser tu bebé, mamá Bella.

— Ya lo eres, hermosa. Y no estoy molesta contigo —suspiré.

— ¿Y conmigo? —preguntó Floyd, haciendo un puchero—, ¿tampoco estás molesta conmigo?

— ¿Por qué debería estarlo, enano?, ¡no estoy molesta con ninguno de los dos! —chillé y luego los observé de reojo. Ay Dios, maldito día en el que se me ocurrió un corte de cabello— Solo es cabello… Crecerá… En un tiempo más crecerá, esperemos que a minino no le dé un infarto, joder… —mi teléfono celular comenzó a vibrar en el bolsillo de mi pantalón— ¿Qué onda?

Buenas tardes, Isabella —hice una mueca con mis labios y volví a mirar a los enanos. Oh, él se escuchaba tan amorosamente cariñoso, se le quitaría todo eso una vez viera a la pequeña Weasley—, ¿estás con los chicos?

— Uh, sí… Están aquí, estoy con los chicos, minino —reí estúpidamente y luego carraspeé—, ¿estás en casa ya?, nosotros nos demoraremos un poquito más en llegar, ¿sí?, aún no cerramos la tienda.

Estoy en casa, no te preocupes, prepararé algo para cenar —sonreí suavemente—. ¿Por qué no traes a los chicos a casa?, yo podría estar con ellos aquí mientras terminas tu turno, así no tendrías distracciones en tu trabajo…

— ¡No! —chillé como una loca—, uh, n-no, no. Simba, los mocosos no son una molestia, yo… Luego nos iremos todos juntos a casa, así que esclavo, más te vale hacer una comida digna de un Swan u obtendrás tu castigo a la noche —Edward rió al otro lado de la línea.

¿Te encuentras bien? —me preguntó entre risas por mi arrebato.

Yo estoy bastante bien, minino.

El que no estará bien serás tú.

— Excelente, primor —reí—. Nos vemos más tarde, muchos besos para ti minino, luego me dices donde los quieres —reí nuevamente cuando lo escuché carraspear al otro lado de la línea— ¡Enanos, despídanse de Simba!

— ¡Nos vemos más tarde, papi! —gritaron los dos renacuajos a la vez.

¿Floyd acaba de…

— Él lo hizo, sip —murmuré—. El renacuajo dijo que iba a decirlo cuando tuviera ganas, ¿no? Ahí lo tienes.

De tal palo tal astilla…

— ¿Qué estás insinuando, Simba? —fruncí el ceño, entretenida con sus palabras.

Nada, amor, nada —sonreí por cómo me llamó. Existen dos explicaciones para eso, o se le salió sin que él se diera cuenta, o en este mismo instante está tan rojo como un jitomate—. Bueno, nos vemos en casa, que tengas una fructífera tarde.

Corté el teléfono y suspiré una vez más. Estacioné la van en la acera contigua a la tienda de tatuajes y apoyé mi frente contra el manubrio por una milésima de segundo. La había cagado una vez más, todo por estar pensando en esa mujer indeseable que andaba rondando en mi pueblo. Al menos minino estaba en casa, ella no iba a ser capaz de verlo este día. Y que se atreva a poner sus jodidos ojos sobre él porque le saco hasta la madre a la jodida mujer.

— ¿Estás bien, mami? —Grace me observaba con preocupación en sus lindos ojitos. La miré y sonreí, acariciando sus cortos rizos anaranjados. Se veía hermosa de todas maneras—, ¿crees que papi se enoje?

— Oh, muñeca, papi pegará el grito al cielo. Estoy segura.

— Yo puedo decirle a papi que fue mi culpa, él no se enoja conmigo —Floyd sonrió con socarronería por la inteligente conclusión a la que había llegado—, ¡podemos llevar a papi a hacerse un corte de cabello también!

— ¿Papi? —alcé una de mis cejas en dirección a mi mocoso. Él solo se encogió de hombros y corrió su flequillo hacia un lado.

— Ahora tengo ganas de tener un papi —me respondió como si nada.

El mocoso era tan extraño a veces.

— Vale, terminemos este día para que volvamos a casa. Minino nos está esperando con una rica cena.

Bajamos de la van y caminamos hacia la tienda. A través de la ventana podía ver a Tink sentada tras el mesón y a Grizz sentado frente a ella. Reían por algo, había una tercera persona que no lograba divisar ya que la figura de Alice la cubría por el ángulo en el que se encontraba. Con mis dos enanos de la mano entré al local, la jodida campanita haciendo su molesto sonido. Creo que íbamos a tener que cambiar eso, odiaba ese puto tintinear que tenía, sobre todo cuando los chicos iban a la tienda y no encontraban nada más divertido que jugar con la puerta a abrirla y cerrarla para que la maldita campanita sonara incesantemente.

— ¿Qué mierda hiciste?

Los ojos de Tink estaban abiertos de dos en dos, mirando fijamente a la pequeña Weasley. Gruñí e ignoré por completo su pregunta, entrando a la tienda en compañía de los enanos. Tomé a Floyd y lo senté sobre la silla de tatuajes, luego hice lo mismo con Grace. Ambos mocosos movían sus piececitos hacia adelante y hacia atrás, sus gigantescas sonrisas habían vuelto.

— Fue… a la mierda, ¡fue un error! —chillé.

— El padre de la nena te freirá las tetas por eso. Yo nunca había visto un cabello más hermoso que el de la pequeña princesita aquí —Grizz negó con su cabeza, una sonrisita llena de burla en sus labios—, ¿qué hicimos mal contigo B?

— Cállate, cabrón. No vengas aquí a decirme esas cosas, tengo suficiente con mi conciencia gritando porque minino se transformará en un león y me comerá viva —ladeé mi cabeza—, no suena tan mal, eh… —Griz rió— Yo no te he preguntado por qué arrancaste con Hale —alcé una de mis cejas—, así que tú no te metas en mis asuntos.

Mis ojos se posaron sobre el hombre que estaba recargado contra la vitrina y que nos observaba atentamente, como estudiándonos en silencio. Alcé mis cejas y me crucé de brazos, tomando asiento junto a los renacuajos. Él no lucía como alguien que quería un tatuaje o una perforación. Lucía como un hombre de negocios, a decir verdad, con sus pantalones negros de vestir y la blanca camisa, agreguémosle a eso un cabello castaño pulcramente peinado. Y el infaltable maletín que siempre traían consigo todos esos cabrones.

— Puedo contarte con lujo y detalle lo que sucedió, B, no tengo tapujos —el muy cerdo se lamió su labio inferior, tenía esa mirada cachonda en su rostro, como si estuviera rememorando vívidamente lo que había hecho con la rubia de Rosalie. Otra santa más que no tenía nada de santa.

— No necesito saber cómo te la cogiste —entorné mis ojos—, guárdatelo para ti. Aunque me gustaría que te grabaras…

— ¿Quieres verme en acción, nena?, no tengo ningún problema, no pensé que fueras tan quisquillosa…

— Oh, no, es solo para enviarle la copia al monstruo de su esposo —sonreí con perversión—. Tengo todo planeado. Dejaría el vídeo en la puerta de entrada, golpearía tres veces y luego me escondería bajo la ventana, justo en el arbusto que está ahí. La ventana da a la sala de estar, él se sienta como si nada a poner el vídeo… ¡Y que se haga la magia!

— Estás enferma amiga —Tink negó con su cabeza y se acercó a mí—, te faltó decir que yo te acompañaría en la aventura.

— ¿Podemos ir nosotros, má? —Floyd y Grace me miraban expectantes, como si la supuesta aventura que había narrado era todo en comparación a Disneyland. Tink caminó hacia ellos y desordenó sus cabellos con sus manos.

— Nenes, cuando tengan estos —abrió y cerró muchas veces sus manos—, podrán ir a la aventura.

— ¡Pero queda mucho para tener esos tía Tink! —chilló Floyd, cruzándose de brazos—, ¡yo quiero ir ahora!

— ¿No puedo decirle a papi que me lleve? —Grace tenía un adorable puchero en sus labios.

— ¡Sí!, ¡podemos decirle a papi que nos lleve!, ¿verdad mami?

¿Qué hice para merecer esto?

Tampoco es como si fuera tan mala persona, ¿no?

— Ya hablaremos de eso cuando lleguemos a casa —suspiré con cansancio—, ahora yo quiero saber quién carajos eres tú. ¿No tienes modales, hombre?, ¿es que acaso no sabes presentarte o qué? —el tipo que seguía en la penumbras sonrió.

Vaya, pero que jodida sonrisa tenía.

— Dimitri Russo —estiró su mano hacia mí a modo de saludo. Entrecerré mis ojos y la acepté un tanto reticente. Me sonaba el apellido que tenía, pero no podía recordar de donde, joder—, me enviaron a hacer un chequeo.

— ¿Chequeo?, ¿qué carajos? —fruncí el ceño y observé a los chicos que estaban sonrientes. ¿Por qué tenían esas sonrisitas en sus rostro?, ¿qué era todo esto?—, ¿nos conocemos de algún lado?, algo me dice que si pero tengo una memoria de mierda…

— Conoces a mi hermano, en realidad —a su hermano, ¿quién era su hermano?

Russo…

¡Pero claro!, ¿cómo demonios lo pasé por alto?, ¡era un apellido italiano!

— Alec —el asintió lentamente—, vale, eres el hermano de Alec. ¿De qué jodido chequeo estás hablando?

— Oh, solo para ver si estabas bien —se encogió de hombros—, es algo de rutina.

— Espera, no entiendo nada…

— No espero que lo hagas —sonrió misteriosamente y tomó su maletín—. Ya lo he comprobado con mis propios ojos, nos vemos en algún otro momento chicos, B —hizo una ademán con su cabeza—. Un gusto conocer al pequeña Floyd… Y a esta hermosa señorita.

— Pero… Qué…

Y el abandonó la tienda como si nada, ¡y los chicos no hicieron nada para detener al jodido hombre extraño!, ¡que carajos estaba pasando aquí! Me giré a mirarlos y ellos seguían como si no hubiera pasado nada, de hecho estaban ensimismados en una extraña conversación con los enanos, ¿es que nadie me iba a explicar aquí que coño hacía el hermano de Alec?, ¿y que mierda era eso de un chequeo?, ¿en qué clase de retorcido mundo vivo?, ¡meses en que no sabía nada de Alec y ahora mandaba a su jodido hermano a Dios sabe que mierda!

— ¡Hey, B!

— ¡¿Qué?! —chillé aturdida.

— Tranquila, fiera —Tink rió—, cerraremos la tienda, va siendo hora…

— ¿Es que nadie me explicará lo que acaba de pasar aquí?, ¡que mierda está pasando!

Y mis dos "amigos" se encogieron de hombro.

Puta madre.

Al llegar a casa tenía tanta mierda metida en la cabeza que sentía que en cualquier momento me iba a explotar. Primero estaba papá queriéndonos de vuelta en casa, la cual ya estaba habitable y por todo lo que estaba pensando había olvidado decírselo a los chicos. Segundo, la llegada de esa mujerzuela de quinta que anda de casería en búsqueda de mi minino. Tercero, el corte de pelo de la pequeña Weasley, santa mierda. Y por último, el jodido hermano de Alec. Por más que pensaba no lograba entender que hacía el aquí, Alec y yo habíamos terminado lo nuestro hace bastante tiempo atrás, seguimos caminos distintos, él se había ido con su grupo hacía Alaska y yo me venía a Forks con los chicos. Relación a larga distancia y una mierda, la pasamos bien mientras estuvimos juntos, pero solo fue eso, ¿por qué coño tenía que andar mandando a su hermano?, ¿qué quería de mi ahora ese hombre?

— ¿Mami?

— Estoy bien, enano —sonreí y le di un beso en la mejilla— Venga, papá se pondrá un poco gritón cuando nos vea así que no quiero que se asusten, ¿sí? —ambos asintieron— Vale… —suspiré— Ahí vamos.

Había cavado mi propia jodida tumba.

Entramos a la casa como si todo estuviera bien, podía escuchar a Edward haciendo de las suyas en la cocina, los sonidos de ollas y cosas así se oían hasta la entrada. Los chicos se soltaron de mis manos rápidamente y corrieron ambos hacia minino, me quedé en la entrada contando mentalmente hasta que llegara el rugido de mi adorado Simba. No pasó realmente, lo único que escuché fue a los pequeños chillar de alegría y una mierda caerse al suelo. Joder, era como si una gran jodida olla se hubiera caído al suelo. Ahí viene, B, ahí viene el grito.

¡Isabella!

Se los dije, ahí venía.

— ¿Verdad que me veo bonita, papi? —Grace tenía un puchero en sus labios cuando entré en la cocina. Simba estaba acuclillado frente a ella y tocaba su cabello con manos temblorosas—, ¿no te gusta?, ¿ya no parezco una princesa?

— Gracie… —murmuró minino, su voz quebrada— Dios, hermosa… ¿qué fue lo que hiciste?

— ¡Me corté el cabello! —chilló la pequeña, volviendo a su característica alegría— mamá Bella llevó a Floyd a cortar su pelo, porque lo tenía muy largo y ya parecía una niña…

— ¡Yo no parecía una niña!, ¡papá!

— No parecías una niña campeón —Edward le sonrió tenuemente a Floyd, sus ojos brillando por como lo había llamado—, pero… ¿No pensaste que papá querría dar su opinión sobre esto? —uh, los verdes ojos de minino finalmente se posaron en mí. Santa mierda, él estaba realmente molesto—, ¿no pensó mamá en eso?

— Para ser honestos mamá no pensó ni una mierda —me encogí de hombros—, la vieja esa de la peluquera preguntó "¿hasta dónde?" y yo respondí "hasta los hombros", ¡no tenía idea que la enana se había subido a la silla!, ¡era Floyd el del corte de pelo!

— ¿Cómo puedes no darte cuenta de eso?, ¿en qué estabas pensando?

¡En tu maldita ex mujer, joder!

— En… En —fruncí mis labios y me crucé de brazos. Si él no se hubiera metido con alguien tan repugnante como la mujer que conocí hoy, nada habría pasado— Estaba pensando en que papá llamó en la mañana para hacerme saber que la casa Swan está lista y que podemos volver en cualquier momento —volví a encogerme de hombros.

Tres pares de ojo estaban sobre mí luego de que el silencio se apoderara del lugar.

— ¿Se van? —susurró Edward, creo que momentáneamente olvidando el corte de pelo de su preciosa.

— ¡No se vayan! —gritó Grace, abriendo sus ojitos con terror. Corrió hacia mí y se lanzó contra mis piernas, apresándolas en un tierno abrazo—, ¡no se vayan!, no quiero que Floyd se vaya… Y-Yo quiero a mi mami aquí conmigo… Y t-tú eres mi mami Bella… —la pequeña Weasley comenzó a sollozar contra mis piernas.

Santa mierda, me rompía el corazón verla así.

Me arrodillé en el suelo, atraje su pequeño cuerpecito hacia mí y la abracé fuertemente.

— Nos quedaremos aquí, ¿cierto, mami? —Floyd se acercó a nosotras y pasó su manita suavemente por la espalda de Grace que seguía sollozando— Grace, con mami nos quedaremos aquí, no llores. Los papis y las mamis viven con sus hijos, y ahora Eward es mi papi y mami es tu mami, entonces no podemos irnos, ¿cierto, má?

Sonreí dejando un beso sobre la frente de mi enano.

— ¿Es cierto, mami? —Grace sacó su cabecita del hueco entre mi cuello y me observó con sus llorosos ojos esmeralda. Besé la punta de su pequeña nariz y quité las lágrimas de su rostro. Me había ablandado como la mierda con estos mocosos.

— Bueno, si a minino no le molesta tenernos aquí…

— Ustedes no son una molestia —Edward se arrodilló junto a nosotros y me sonrió con una dulzura que hizo doler mi maldito corazón. Ah, por qué, estaba tan malditamente perdida—, nunca serán una molestia, esta casa es suya tanto como nuestra.

— ¡Nos quedaremos! —chilló Floyd, recargando su espalda inconscientemente contra el pecho de minino, que estaba tras él. La pequeña Grace sonrió aún en mis brazos, escondió su cabecita en mi pecho y volvió a darme un delicioso abrazo.

— Bueno… Será, ¿no? Tendré que seguir aguantando el vivir con ustedes… —entorné mis ojos, diciendo aquello con fingida molestia. Mis mocosos rieron por mis palabras— Eso quiere decir que… ¿Estoy perdonada por esto? —mordí mi labio inferior y acaricié los cortos rizos de Grace.

Minino miró de mí hacia el cabello de su enana.

Realmente no podía culparme, yo no lo había hecho a propósito. Y solo era cabello, eh.

— Supongo que… El… Supongo que el cabello crece —murmuró Edward dándose por vencido—. Estoy siendo muy complaciente contigo, alguien debe poner alguna reglas aquí, te malcriaré si sigo dándote la razón en todo… —sonreí y dejé un rápido beso en sus labios.

— Prometo hacer todo lo que tú digas de ahora en adelante.

Ni siquiera él se creyó esas palabras, ah.

No perdía nada intentando.

Simba se movía por la cocina como un verdadero chef. Era algo fascinante de ver, supongo que yo, una persona realmente alérgica a la cocina, nunca iba a entender todo esto. Pero él se complementaba, y era un verdadero espectáculo verlo cocinando. Habíamos ido a acostar a los chicos luego de nuestra pequeña charla y darles algún tentempié. Simba había insistido en cocinar algo para nosotros dos una vez los chicos estuvieron dormidos, y como yo amo su cocina, bueno, quien coño podría negarle algo a él de todos modos.

— Y tienes un jodido delantal… —murmuré, observando la prenda que llevaba encima y recordando aquel exquisito sueño que había tenido— Deberías estar solo vistiendo eso, para fines prácticos, tendría una vista perfecta de tu redondo y respingón trasero…

— No me gustaría quemarme una parte de mi anatomía precisamente.

— ¿Y por qué ibas a quemártela?, tampoco es como si se te escapara debajo del delantal o algo…

— Isabella… —murmuró, mirándome de reojo con sus mejillas encendidas.

— ¿Qué?, es cierto… ¿O es que si lo haría? —sonreí—, igual… —comencé a gesticular con mis manos, simulando la medida de su verga. Siempre me iba a causar gracia su vergüenza— Mhm, creo que podría ser posible, ¿por qué no te quitas la ropa para probar la teoría?

— Si me quito la ropa tengo la leve sospecha de que no comeremos nada de lo que he hecho…

— O puedo enseñarte una nueva manera de alimentarte, minino —me puse de pie y caminé hacia él a paso lento. Simba limpió sus manos con el paño de cocina y apagó la sartén—. Comemos, pasamos un buen rato, cumples la fantasía de tu chica… ¿qué puede ser mejor?

— ¿Qué quieres que haga exactamente?

— Que termines de cocinar solo usando eso, ¿por favor?, ¿sí? —las mejillas de Edward se encendieron aún más, desordenó su cabello, dudando sobre sus próximas palabras. Me alcé en las puntas de mis pies y dejé un beso sobre sus labios. Había que hacer presión, él iba a decir que si, solo se estaba haciendo de rogar.

— Primera y última vez que haré esto —hice una señal de victoria y volví a besarlo—. ¿Te das cuenta las cosas que hago porque te amo? —me preguntó, sus ojos cargados de aquel sentimiento.

— El sentimiento es recíproco, gatito —le guiñé un ojo—, prometo que la próxima vez será tu turno.

— Me gusta cómo suena eso —inclinó su cabeza y besó mis labios por un prolongado tiempo—, cubre tus ojos.

— ¿Qué?, ¿por qué?

— Esa es mi única petición.

— ¡Oh vamos, Simba!, ¿cómo carajos voy a verte si tengo los ojos tapados?

— Yo te diré cuando puedes abrirlos, boba —rio suavemente y besó mi frente—. Ahora, ciérralos.

Y escuché a mi hombre, cerré mis ojos esperando por lo que venía.

Simba me ayudó a tomar asiento en el taburete ya que no veía y una mierda. Estuve tentada de abrir los ojos, dar una pequeña miradita, cuando comencé a escuchar el sonido de ropa siendo removida. Tuve que empuñar mis manos o en cualquier momento me levantaba y le sacaba la ropa a jirones, realmente. De repente todo quedó en silencio, luego una suave música se escuchó en el lugar. Gemí internamente por la expectación y sonreí entretenida con todo esto, ¡minino estaba haciendo un esfuerzo enorme en esto, eh!, ¡ese es mi hombre!

— ¿Puedo abrir los putos ojos o qué?

— Solo… Espera un poco más…

— Minino… —gruñí desesperada.

— Está bien, puedes abrirlos.

Alguien tráigame un jodido babero ahora, ya.

Y un poco de chocolate líquido, porque el muñeco que estaba frente a mi estaba para comérselo.

Tragué saliva y lo recorrí lentamente con mi mirada, comencé por sus descalzos pies, recorriendo con parsimonia sus pantorrillas y luego estaban ellos, esos jodidos muslos que estaban de puta madre. El maldito delantal de cocina le quedaba un tanto estrecho, oh, yo veía perfectamente la protuberancia que sobresalía entre sus piernas. Delicioso. Y las tiras de la puta prenda pasaban justo sobre sus exquisitos oblicuos. Edward es perfección, si me lo preguntan, él estaba absolutamente como quería. Sus pectorales también se veían, al igual que el hueso sobresaliente de su clavícula. Sonreí con dulzura cuando finalmente llegué a su rostro, el cual mostraba todo el bochorno por el que estaba pasando. ¡Aws!, ¡es tan jodidamente caliente y adorable a la misma vez! El delantal que llevaba era completamente blanco y en el centro estaba escrito "Kiss the cook" (1).

— Dame de comer, ahora —murmuré con mis ojos fijos en él.

— ¿Qué quieres de comer?

— Bueno, tiene un pepino ahí entre las piernas que se ve realmente…

— ¡Bella! —gritó, poniéndose aún más rojo si era posible. Reí y negué con mi cabeza.

— Sorpréndeme —me crucé de brazos, sin dejar de observarlo.

Era una vista divina la que tenía, joder.

Tendría que haberle dado algún shot de alcohol o algo para que dejara esa timidez de lado. ¿Por qué era tan tímido si era jodidamente hermoso?, está bien, sé que algunas mujeres por ejemplo, son hermosas pero no lo creen aun cuando se lo gritas a los cuatro vientos. ¿Es que acaso eso pasa con los hombres también?, minino no tenía de que avergonzarse, él tenía un cuerpo de infarto, si bien no era grotesco ni tan marcado, ¡hey!, para mi es completamente perfecto. Pero él siempre lucía tan desconfiado de sí mismo, como si cualquier movimiento que hiciera iba a terminar mal y alguien lo iba a regañar por eso.

Entrecerré mis ojos cuando un pensamiento pasó por mi cabeza.

¿Tendrá que ver la puta esa en todo este problema de su autoestima?

— ¡Minino es verano!

Reí viendo cómo se quedaba a orillas de la playa, sin quitarse la playera de encima. Un día soleado en Forks era cosa de celebración, era verano, el último verano de Edward en el pueblo, teníamos que aprovecharlo, ¿no? ¡Pero él no quería bañarse en la playa!, sí, el agua estaba putamente fría y te calaba los huesos, pero valía la pena. ¡El sol se sentía de puta madre sobre la piel!, todo cálido y en contraste con el frío mar, era sublime.

— Sé que es verano, también sé que es un hermoso día para tomar un baño. Pero, ¿es necesario que me quite la playera?, no quiero quemarme… —entorné mis ojos— No traje protector solar, y sería de mala suerte que…

— ¡Tú solo no quieres dejar al descubierto tu flacucho cuerpo!

Él se sonrojó y se rascó la nuca.

— Bueno… Eso también…

Regresé hacia donde se encontraba y le di frentón. Jalé del dobladillo de su playera y lo acerqué a mí. El problema de Simba era que no sabía lidiar con su delgadez, lo que él no entendía es que era una jodida etapa, éramos adolescentes por todo lo santo, él era largo y flaco y yo tenía una pequeña panza como la de los niñitos Haitianos, ¿me ven quejándome por eso?, no señor, porque en algún momento de mi vida iba hacer algo para que se fuera… Supongo. Él podía hacer ejercicios luego, que mierda se yo.

— Vamos a darnos un chapuzón, ¿sí? Y no me vengas con esa jodida charla del sol y sus rayos.

— Pero, yo…

— Hey, quiere a tu cuerpo, después te servirá de mucho —le guiñé un ojo—, si no quieres estar así de flaco te pones a hacer unas pesas y yo, todo tiene solución en esta vida, deja la baja autoestima —Edward sonrió suavemente—. Aparte… Sigues siendo lindo así.

Sus mejillas se colorearon tenuemente antes de retirar la playera de su torso.

Edward retorcía sus manos, cuando estaba a punto de girarse volvía a su puesto otra vez, sin dejar de mirarme.

— Si me doy vuelta tú…

— Veré tu hermoso culo, sí —asentí.

— Uh, sí —minino carraspeó—, yo no puedo…

— Sí puedes, bebé —le guiñé un ojo y lo alenté—, ¿de qué te avergüenzas?, soy yo, joder, no tienes que tener vergüenza conmigo, conozco todo eso muy bien —apunté su anatomía con mi dedo índice—, y me encanta, ¿te he dicho cuánto me encanta?

— Eh, n-no…

— Bueno, Simba, ahora te lo digo —me puse de pie y caminé hacia él. Cuando llegué a su altura puse mis manos en su cadera. A la mierda, sus oblicuos justo ahí donde tenía mis dedos—, me encantas. Me encantan tus ojos, tu cuerpo y la manera tan adorable que tienes de sonrojarte —me alcé en las puntillas de mis dedos y besé su nariz—, y me encantan las pecas que tienes en el puente de tu nariz.

— Son estúpidas —murmuró—, y mis sonrojos, ¿estás hablando enserio?, odio que pase eso. Tengo veinticinco años, tengo una hija, soy un hombre ¡y me sonrojo!, ¿qué clase de idiota no puede lidiar con algo y se avergüenza por todo?, bueno, ese soy yo…

— Hombre, cállate —entorné mis ojos—, nunca pensé que fueras tan nena, minino. Esas cosas las dicen las mujeres, joder, que marica te ha salido eso —solté una pequeña risita—. Ahora, gírate y cocina para mí —alcé mis cejas cuando abrió su boca para refutar—. No miraré, yo estaré aquí, terminaré mirando fijamente tu espalda, lo prometo —entrecerró sus ojos—, ¡oh, basta de tu mierda y date vuelta!

A regañadientes me hizo caso.

Mentí, por cierto, no me iba a quedar sin ver su jodido y espectacular trasero.

Yo no sé por qué no le gustaba, era la envidia de las féminas por Dios, tenía un trasero de puta madre.

Yo iba a morderlo algún día.

Esa era la meta de B, tachemos la fantasía de mi lista y pongamos esta nueva.

Lo abracé desde atrás y pegué mi frente contra su desnuda espalda, dejé pequeños besos a lo largo de su espina dorsal. Sonreí contra su piel cuando lo sentí estremecerse un poco a causa de mis besos. No sé si es porque realmente quiero sacarle la madre a esa Charlotte, pero estoy segura de que esa hija de puta tiene que ver en su comportamiento, al menos antes cuando éramos unos púber no era tan así y eso que era un flacucho que la pubertad había cagado con creces. La chica lo dijo, Kate, ella no lo trataba bien, carajos, ¿qué estaba pensando minino cuando tuvo algo con ella?

— Isabella…

— ¿Sí, minino? —dejé un nuevo beso en su espalda, mis brazos no habían dejado su lugar, mis manos descansaban sobre su estómago libremente.

— Realmente me es imposible cocinar estando así —murmuró con la voz ronca, carraspeando—, ¿no quieres hacer otra cosa?

— Estaba esperando que lo dijeras, corazón —reí recargando mi frente sobre su pecho una vez se volteó. Tomé sus manos entre las mías y tiré de él— Ayúdame aquí, minino —sus manos se posaron en mi cintura y me ayudó a sentarme sobre la encimera. Enredé mis piernas en su cadera y lo jalé hacia mí, aprisionándolo entre mis muslos. A esta altura quedábamos cara a cara—. Ahora, ¿en qué estábamos?

— ¿Comer? —susurró, pegando su nariz con la mía. Sonreí y besé sus labios.

— Comer… Verdad, verdad, yo te iba a enseñar cómo comer…

— Uh, creo… Creo que soy bastante bueno en eso —alcé una de mis cejas, confundida por sus palabras.

— ¿Ah, sí?

— Uh-huh —asintió, un brillo pícaro apareció en sus orbes verdes—, ¿quieres que te muestre que tan bueno soy?

— ¿Sabes?, perdí el hilo de lo que estábamos hablando aquí, ¿de qué carajos… —Edward rio y se separó de mí, empujó mis muslos para escapar de la prisión en la que lo tenía y tomó asiento en uno de los taburetes, su rostro a la altura de mis bragas. Oh-oh, él no iba a hacerlo— Joder, minino, joder, joder, joder… —tragué saliva al verlo acercarse a esa parte de mi anatomía que ahora gritaba por su puto toque. Dejó un beso en la cara interna de mi muslo y luego la magia pasó.

Santísima mierda.

Él tenía toda la razón de la vida, no necesitaba clases para esto.

Puede que la cocina no quedara muy limpia después de nuestro pequeño juego ahí. Íbamos a tener que hacer esto más jodidamente seguido porque, carajo, fue de puta madre. Y minino… Oh, minino, ¿cómo podía ser un gatuno tan tímido y de un momento a otro convertirse en un osado león? Enserio, él… No tengo nada más que decir, le aplaudo de pie por cómo se mueve. Edward era el sueño de toda mujer porque en la parte sexual, minino se preocupaba de tu placer sin pedir nada a cambio, no como los hijos de puta que a la primera te agarran del cabello y te obligan a que les des una mamada. Él era entregado y completamente devota, enserio, se ganaba todas las mamadas del mundo y más.

— Estás pensativa, ¿te encuentras bien?

— Perfectamente bien, gatito —ronroneé y me acomodé a su costado aún más.

Habíamos terminado en su habitación, exhaustos, solo con nuestra ropa interior.

— Eso fue… Espectacular, ¿no lo crees?

— Tú eres espectacular, hombre, que nadie te diga lo contrario —dejé un beso en su pecho—. Te lo digo yo, que he conocido bastantes hombres en mi vida… Pero ninguno como tú, bebé.

— ¿Te quedarás entonces? —me preguntó en un murmullo, su timidez volviendo una vez más.

— ¿Me sedujiste para que no dejara tu casa? —solté una sonora carcajada—, si tengo de esto todos los días, ten por seguro que sería jodidamente agradable quedarme aquí con ustedes —Edward sonrió y besó mi frente.

— Te quiero —murmuró—, quise matarte por lo de Grace, pero es solo cabello, le crecerá, y se ve preciosa como sea.

— También te quiero, minino, y enserio que lo siento por eso… —cerré los ojos, disfrutando por un momento estar entre sus brazos—. Hey, hay algo que necesito decirte… No, más bien es una puta pregunta que no puedo sacar de mi cabeza, de verdad, he tratado de hacerlo pero la muy cabrona sigue ahí…

— Puedes preguntarme lo que sea, lo sabes, ¿no?

— ¿Cómo es Charlotte?

Su cuerpo se tensó a la sola mención del nombre.

— ¿Por qué quieres saber eso?

— Curiosidad, supongo. Dijiste que se parecía a mí. Imposible, si me preguntas, yo soy jodidamente única —sonreí más tranquila cuando escuché su suave risa y su cuerpo se relajó un poco—. Tengo curiosidad de como luce esa sucia perra…

— Isabella, esas palabras no…

El timbre de la puerta de entrada interrumpió sus palabras.

— ¿Quién carajos viene a esta hora de la noche? —ya era de madrugada, no se escuchaba ninguna motocicleta fuera que me dijera que se trataba de los chicos, ¿quién coño podía ser?— Iré a ver quién es, espérame aquí.

— ¿Qué?, no, no, ni lo sueñes —minino se sentó en la cama y se puso su pantalón de chándal—, yo iré a ver, tú quédate aquí, regreso en unos minutos —entorné mis ojos y me puse de pie junto a él, sin tomarme la molestia de vestirme. Estaba en ropa interior, que se jodan.

Salí de la habitación antes que Simba y llegué a la planta baja primero que él. Lo escuchaba seguir mis pasos tras de mí, puse mi ojo en la mirilla de la puerta principal. No se veía nada, estaba todo absolutamente de color negro allá afuera. Sin dejar de fruncir el ceño abrí la puerta justo cuando Edward se posicionaba tras de mí y me jalaba hacia su pecho, como si con una sola de sus manos pudiera cubrir mi desnudez. Frente a nosotros no había nadie, santísima mierda, era como una de esas estúpidas películas de terror donde algún cabrón asesino violador del hacha aparecía y nos mutilaba a todos. Pero nada de eso pasó, aunque, joder, hubiera preferido mil veces que apareciera el asesino violador del hacha a la hija de perra que, sumamente sonriente, osaba a poner sus asquerosos pies en la entrada de nuestra casa.

— Veo que sigues siendo el mismo idiota de antes —su sucia mirada recorrió a minino de arriba abajo—, y tienes compañía —alzó una de sus castañas cejas—, la tía de la tienda de tatuajes. Un dolor en el culo, te gustan los dolores en el culo, ¿no, niño pijo? Debes ser un jodido cabrón masoquista. ¿Interrumpí algo?, ¿te la estabas follando como me lo hacía a mí?

— ¿Follando?, ¿cómo a ti?, por favor, nena —entorné mis ojos y solté una seca risita—, a las putas se las follan, él me estaba haciendo el amor —¡toma esa maldita perra!— Supongo que no es necesario que me digas como es tu Charlotte —murmuré entre dientes a Edward, que permanecía como piedra tras de mí.

— ¿Tu Charlotte? —la muy zorra rió—, ¡no me hagas reír!

— ¡Cierra la puta boca, mierda! —me giré hacia minino. Su mirada era incrédula, estaba sobre la figura de la estúpida mujer esa, su boca era como la de un pez, abierta y boqueando sin encontrar las palabras—, ¿es ella, minino? Porque realmente no puedo creer que dijeras que se parecía a mí, me hieres…

Estaba tratando de aligerar el ambiente pero era imposible cuando Simba no dejaba de centrar toda su atención en el jodido fantasma que teníamos frente a nosotros. ¿Cuánto que no se veían?, supongo que los cinco años que tiene Grace, ¿por qué tenía que aparecer ahora que yo había vuelta?, maldita mujer.

— ¿Ch-Charlotte? —su voz salió en un susurro al pronunciar su nombre.

Los ojos castaños de la mujer brillaron, una depredadora sonrisa apareció en sus labios del color del coral.

— ¿Cuántas putas veces tuve que decirte que es Charlie?


(1) "Besa al cocinero"


¡Buenas noches!

Aquí les traigo nuevo capítulo, se los tenía desde hace unas horas atrás pero mientras estaba "editandolo" me quedé dormida XDDDDDDDDDD y bueno, como que desperté hace solo un momento atrás con el word destrozado porque había dejado una tecla apretada. Bien, ¡espero haya sido de su agrado!, sé que muchas querían la pelea B/Charlie, tranquilas que esta mujer es agresiva y queda charla para rato, en el próximo capítulo sabremos que demonios quiere de minino esta bruja. Por cierto, la imagen que puse en face sobre Floyd tocando una bateria artesanal es para el próximo, me pasó lo mismo que con el corte de cabello de los enanos XDDDD Ah, hablando de eso, ya ven, Edward no le puso tanto colors (?) y B cumplió su fantasía con el cocinero, jajaja. May Cullen M me re morí de la risa con tu pregunta sobre echarle todos esos males a Charlotte, enserio, reí como una hora JAJAJAJA trataré de llenar sus expectativas sobre lo mal que lo pasará esa mujer Nyx-88 el cómo, porqué y dónde no puedo decirtelo aún (?) jajaja, subiré Outtakes sobre la escapada de Grizz/Rose y del momento Cobaink en la playa, así que ahí sabrán todo lo que pasó :3 Alisaness sipis, el papá de Floyd aparecerá eventualmente, pero más adelante, primero B tiene que descubrir quien carajos es XDDD Polacullenswan2627 yo tengo, uh, cuatro tatuajes, un piercing y actualmente el pelo fucsia, morado y otros colores XD

Bien, creo que eso es todo, como les digo siempre, si tiene alguna duda o algo, pueden hacérmela saber por un rr o en el grupo de los fanfics :3

¡Nos estamos leyendo chicas!

PS: Para las chicas que me preguntas sobre el grupo de los fics, en mi perfil está el link si lo quieren :)

(Me había olvidado de esto, muchísimas gracias a las chicas que votaron en unos awards. Eddie de "Primerizo" ganó mejor protagonista del 2013 y "Forks Ink" ganó como mejor fic de humor, ¡muchas gracias por esto chicas!)

¡Muchísimas gracias por todos sus reviews, alertas y favoritos!

Lamb.